jueves, 20 de diciembre de 2007

Por qué a los homosexuales les dio por hacer política: respuesta a un elector

Manuel Velandia Mora
Candidatura al Concejo de Bogotá
Oficina de prensa
15.08.03


Los homosexuales, lesbianas y demás miembros de las minorías sexuales estamos en todos los espacios de la vida cotidiana y por supuesto también en la política. Probablemente, para algunos es extraño que en Colombia se esté hablando actual y públicamente del tema, pero recordemos que en Europa, dos grandes capitales cuentan con alcaldes abiertamente homosexuales: Klaus Wowereit en Berlín y Bertrand Delanöe en París. En Gales (Reino Unido), Jacy Taylor llegó a ser la primera alcaldesa lesbiana de las islas británicas al ser elegida en Aberystwyth. Previamente, en Winnipeg, Canadá, en 1998 Glenn Murray había sido elegido y en Australia Occidental, John Hyde fue nombrado alcalde de Vincent en 1995, donde sigue siendo alcalde tras dos elecciones consecutivas. En Estados Unidos, en Plattsburgh, Nueva York, su alcalde también es gay. Australia eligió a John Hyde, en Vincent, un municipio de Perth, y en Colombia Gustavo Álvarez Gardeazabal fue alcalde y Gobernador.

En Colombia hemos tenido o tenemos senadores, representantes a la cámara, gobernadores, alcaldes, y algunos afirman que hasta expresidentes, que son homosexuales; la diferencia radica en que en mi caso yo soy, desde hace 25 años, públicamente homosexual y mi lucha se ha dado en los terrenos de los derechos sexuales, el sida, los derechos de pareja. Dichas acciones también son políticas como declararse homosexual, no hacerlo o pretender sacar a alguien del closet, pero recordemos que la sexualidad debe comprenderse como un hecho político.

Recordemos dos claros ejemplo de ello, el reciente debate de la ley de parejas, que se dio tanto afuera como dentro del congreso de la república y el hecho de que un reconocido y escandaloso senador le dijera “maríquita” a un expresidente de la república y al presidente de la cámara convirtió su comentario en vox populi e hizo necesaria aclaraciones a los medios en las que “aderezó la idea” aclarando que mariquita y pusilánime eran sinónimos.

Recientes investigaciones demuestran que en Bogotá algunas personas en la comunidad temen vivir cerca de homosexuales y esto es un tema político de la vida cotidiana que afecta la convivencia solidaria y democrática, no solo de los y las estigmatizadas sino igualmente de los vulneradores.

Pensar en construir una ciudad que pueda convivir de forma democrática es uno de mis intereses políticos y en este caso el tema político me afecta directamente por ser homosexual, pero aspirar desde el Concejo porque el Plan de Desarrollo Distrital cumpla a cabalidad su función social, y que la prestación de los servicios a cargo del Distrito, en especial la de aquellas entidades y personas quienes laboran en los campos de la salud y de la educación, sea eficiente; vigilar y controlar la gestión de las autoridades distritales, o apoyar para que se dicten y cumplan las normas pertinentes para que se garantice la participación y veedurías ciudadanas no es algo que me preocupe desde mi orientación sexual sino desde mi ser un ciudadano político, como todos deberíamos serlo. Por eso creo que los y las ciudadanas no deben elegir a alguien por ser homosexual o lesbiana sino porque sus ideas políticas logran representar sus propios intereses.