jueves, 27 de diciembre de 2007

Antes eran tan simple: Un camino para la co-construcción de escenarios posibles

Manuel Velandia Mora
Oficina de prensa
8 de enero de 2004


Antes era tan simple: el cielo era el cielo,
La tierra era la tierra, lo bueno era el amor
y lo malo la violencia. Luego vino el deseo
de ir mas allá, y todo se confundió.
Sabina Berman, en “Amante de lo ajeno”.

Le pregunté a un grupo de amigos y amigas sobre sus deseos para el nuevo año y es evidente por sus respuestas que siempre tenemos buenos deseos por alcanzar; sin embargo, en la medida en que pasan los meses y días nos vamos olvidando de dichos propósitos y cambios propuestos y solemos continuar en la rutina de la vida cotidiana.

En las respuestas había varios elementos en común: siempre queremos ser mejores personas, parejas, amantes, compañeros, cómplices o amigos. Nos proponemos cumplir con nuestras acciones políticas y realizar todas las tareas propuestas, hacer más ejercicio, bajar de peso e igualmente queremos una pareja propia en vez de tener ocasionalmente las de los otros.

Me pregunto, por qué nos será tan difícil cumplir la mayoría de cosas que nos proponemos? La respuesta probablemente tenga que ver con que es muy fácil tener buenos deseos pero muy difícil hacerlos realidad. En algunos casos porque lo que deseamos no depende tan solo de nosotros, en algunas más porque para alcanzarlo se requiere poseer condiciones previas con las que no contamos, en otras situaciones simplemente porque no tenemos un interés real en alcanzarlo.

Por ejemplo, pensarse bajo de peso es fácil, lo difícil es hacer dieta, ir al gimnasio cada día durante dos horas y no abandonar la rutina. Es fácil decir que se va a tener pareja propia pero es mucho más difícil conseguirla sobre todo porque a la hora de escoger nos volvemos algo exigentes, y más aún porque aun cuando todos tenemos la fantasía de formar una relación a la hora de tener que abandonar ciertas necesidades corporales y emocionales nos duele abandonarlas, pero sobre todo porque quines también están buscando pareja tienen similares exigencias y necesidades. Lo de la militancia se torna cada vez más difícil.

Pensarse militante sexoizquierdista en estos tiempos de la croactividad y los batallones de sapos dispuestos a “denunciar” a quienes piensan, actúan, o se emocionan distinto incrementa el riesgo de ser declarado auxiliador ya sea de la guerrilla o los paramilitares y esto ayuda a que nos quedemos en las buenas intenciones.

Cuando repensamos el deseo de ir más allá de nuestra tradicional vida alejada de las discusiones, los encuentros, las lecturas y las listas de correo nos asaltan las dudas, nos hacemos concientes del riesgo y de que se incrementa nuestra vulnerabilidad. A pesar de ello, creo que la posibilidad de encontrarse con otros, otras y otres cuyas buenas intenciones de año nuevo pasen a convertirse en metas es todo un avance porque no puede negarse que en la complicidad de los afectos y el encuentro los caminos se tornas menos ásperos y las cargas mas livianas.

Por supuesto el encuentro con las otras personas no deja de plantearse igualmente tortuoso, sobre todo si se nos dificulta entender que otros explican, vivencian y sienten el mundo de manera diferente a nosotros; es más, que lo hacen de manera única y particular. Esa unicidad del ser y sus posibilidades suele antojársenos contradictoria, en especial cuando las explicaciones parecen ir en contravía de las nuestras, como si fuera posible que alguien estuviera realmente de acuerdo con nosotros. Pero así el acuerdo no sea pleno nos es posible transitar por el mundo solo y plantear-nos todas las respuestas. Por tanto, si queremos transformar el mundo en que vivimos y las relaciones que en él sostenemos se hace necesario reconocerse sujeto social y evidenciar la necesidad que tenemos de los otros y las otras.

Todo trabajo en equipo se fundamenta en el reconocimiento de dicha unicidad y por tanto, de la diferencia y la contradicción como motores del desarrollo individual, grupal y social, y del acuerdo como principio de acción.

En el trabajo al interior del sector de los homosexuales, las lesbianas, los, las y les bisexuales y trangéneros es aún más difícil dicho encuentro porque nuestras unicidades y esfuerzos por construir nuestras propias identidades de sexo, cuerpo, genero, orientación sexual y expresiones comportamentales sexuales requieren de una reafirmación de la singularidad, la particularidad y la individualidad y por tanto de la diferenciación, la separación y la exclusión a lo que se suma el temor a la masificación propia del “deber ser” socializado.

En algunos momentos en el encuentro con los otros, otras y otres logramos darnos cuenta que parecieran ser mas las situaciones que nos separan que las que logran integrarnos, pero también podemos vislumbrar que aún con aquellos con quienes nuestras diferencias parecen abismales no son tan grandes cuando logramos unirnos en nuestras emocionalidades y abrimos nuestros corazones a ciertos dolores y rechazos que nos son comunes.

El reconocimiento del otro como un verdadero otro, otra, otre es el inicio de la visibilización. Si somos invisibles entre nosotros mismos entonces cuando esos otros alcen sus voces no podremos oírlos y seremos ciegos y sordos a sus clamores y necesidades. Entiendo la necesidad de hacerse visibles en los medios y en todos los espacios de la vida cotidiana pero se hace necesario que previamente nos reconozcamos sujet@s de derechos; si para nosotros no es evidente que estamos siendo vulnerados en nuestros derechos sociales, culturales, políticos y económicos es mucho menos claro que nuestros derechos sexuales están siendo atropellados.

Lo anterior reafirma la necesidad de que el trabajo debe hacerse simultáneamente en todas los frentes, uno de ellos sería además un trabajo sobre liderazgo. Se requiere urgentemente de nuevos líderes pero estos no surgen de la noche a la mañana, por supuesto en el panorama se observan nuevos prospectos con mucho entusiasmo y grandes posibilidades pero también es claro que en el reconocimiento social y “gremial” que debe apoyar su desarrollo no tenemos muchos avances. ¿Será este otro problema de la singularidad? ¿Es posible que preguntarnos sobre este respecto nos permita interrogarnos sobre la representatividad? ¿La representatividad conduce a la democracia? ¿Cómo entendemos la democracia?

Las anteriores preguntas y los comentarios antes expuestos quedan a su disposición, comente, aclare, pregunte, responda, cuestione, niegue… aporte para hacer de este un mejor país y de nosotros una verdadera común-unidad y como tal poder co-construir nuestros escenarios posibles.