jueves, 20 de diciembre de 2007

Hablar a los estudiantes en su formación profesional sobre derechos humanos y derechos sexuales

Manuel Velandia Mora
Bogotá, 2003

Durante mucho tiempo al intentar hablar a l@s estudiantes como parte de su formación integral como profesionales de la psicología, el trabajo social o la sociología se ha invitado generalmente a hombres homosexuales a hablar del tema de la homosexualidad, en contadas oportunidades a lesbianas a hablar de la lesbianidad y en raras ocasiones a bisexuales a hablar de la bisexualidad; sin embargo, nunca se invita a heterosexuales a hablar de la heterosexualidad. Esto nos demuestra un prejuicio en torno al discurso de las sexualidades consistente en que debe hablarse a l@s estudiantes de las sexualidades al margen, razón por lo que la heterosexualidad no parece requerir un espacio para su discusión y conocimiento ya que es esta la reconocida como la sexualidad oficial. Y la única que cumple con el patrón establecido del “deber ser”.

Aceptar ingresar en este juego social “establecido” significa por una parte asumir un papel estigmatizante y autodiscriminatorio y por otro, reconocer que quien no asume el “deber ser” es marginal y su orientación sexual tratada como tal.

Una pregunta que surge inmediatamente es, sí sabemos que l@s estudiantes requieren de estos conocimientos, que sus emociones muchas veces se encuentran confundidas y sus prácticas l@s conducen a asumir ciertas experiencias que les producen conflictos emocionales, culturales y sociales al interior de la escuela y fuera de ella, cómo abordar el tema de la homosexualidad sin que se asuma esta orientación de manera marginal?

La respuesta es amplia y debe contemplar diferentes aspectos.
1. Hablar de las orientaciones sexuales en general en vez de hacerlo sobre una o unas en particular.
2. Cruzar la barrera del “deber ser” para asumir que much@s se experiencian, emocionan y se explican desde su “querer ser”.
3. No reducirse a la consideración de la genitalidad como aspecto determinante para ampliar la visión a lo afectivo, lo erótico, lo genital y la identidad particular y social.
4. Pasar de entender las orientaciones sexuales desde la explicación de un modelo único (homosexualidad, bisexualidad, heterosexualidad y lesbianidad) para entender las sexualidades como orientaciones que se emocionan, vivencian y explican desde su posibilidad de ser expresiones de la unicidad y no de la colectividad, aun cuando si influenciadas por esta.
5. Salirse del discurso genitalizado y ghettizante para ingresar a la propuesta que explica la sexualidad como derecho de humanos y humanas.
6. relacionar a sexualidad con el tema de los derechos fundamentales, la ética y los principios de la convivencia democrática.
7. Entender la sexualidad como una expresión que se vivencia desde el género.
8. Comprender la sexualidad como una experiencia que afecta las relaciones interpersonales escolares, el currículo, el hacer y el quehacer al interior de la escuela.
9. No relacionar el tema de la sexualidad como una necesidad en el abordaje del tema especifico del sida sino como parte integral de la promoción de la salud sexual y reproductiva.

Como afirma el sexólogo Bernardo Useche, Macho y hembra, masculino y femenino, heterosexual y homosexual, actividades sexuales normales y anormales, placeres aceptados y placeres prohibidos, entre otras, son dicotomías que parecían inmodificables en el pensamiento contemporáneo y que la realidad de la vida sexual de las personas a lo largo de la evolución de las sociedades se ha encargado de refutar.

La investigación reciente sobre esa realidad permite afirmar que existe una enorme diversidad sexual manifiesta en las variaciones del sexo biológico que hoy se denominan estados intersexuales y en las variaciones de la identidad sexual que ahora se agrupan en el término transgenerismo; así mismo, existe una inmensa diversidad erótica que ha sido ignorada o reprimida y que puede incluir diferentes grados de bisexualidad e incontables variaciones en la intensidad y frecuencia del deseo, en las relaciones asociadas a la búsqueda de pareja sexual, en la naturaleza y la intensidad de los afectos que acompañan éstas relaciones y en las actividades sexuales con que el género humano ha procurado satisfacer su necesidad de excitarse hasta el orgasmo.

La variabilidad sexual fue factor clave en la evolución de las especies y la diversidad en el ejercicio de la función erótica no se puede entender sin el contexto de la evolución de las sociedades y de la propia dinámica social de cada época histórica.