jueves, 20 de diciembre de 2007

Entrevista a Manuel Velandia realizada por Jhon Valencia

Jhon Valencia, estudiante del programa de doctorado en literatura latinoamericana de la Universidad de Tulane en New Orleáns, USA.
29.08.03
Trascripción sin edición de texto, facilitada por el autor.


¿Cuándo y a partir de qué surge el movimiento gay en Colombia?
León Zuleta, líder homosexual asesinado en 1994, fue entrevistado por diferentes medios de comunicación, incluyendo un periódico tronskista, durante marzo de 1976[1]. Él hablaba acerca del Movimiento de Liberación Homosexual (MLH), del que afirmaba tenía 10.000 miembros activos, y de «El Otro» como una revista de la que circulaba el primer número.

Yo quise pertenecer al Movimiento. Pero no tenía idea de que éste era una fantasía de Zuleta, que todos los ceros eran falsos, como me informó al responder la carta que le escribí. También me dijo que «El Otro», era él mismo, su único miembro. Fui el primero en escribirle. Posteriormente lo hizo otro estudiante de Filosofía, E. Rodríguez, quien coincidencialmente, era mi compañero en esa carrera. León nos contactó; así fue creciendo el número de posibles miembros, hasta que, conjuntamente con el Abogado, Psicólogo y profesor Guillermo Cortés, citamos el primer sábado de abril de 1.977 a la primera reunión de lo que llamamos Grupo de Estudio por la Liberación de los «Gueis»[2], el GELG. Grupo del que posteriormente surge la iniciativa de crear el Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia; dicho nombre era utilizado por Velandia en sus visitas de promoción de organizaciones homosexuales en otras ciudades colombianas.[3]

¿Existe un movimiento gay como tal?
Como afirmaba recientemente en otra entrevista “Homosexuales y lesbianas no son comunidad. Por no serlo no tienen organización, y por tanto tampoco tienen fuerza, poder, convocatoria, argumentos comunes, estrategias de negociación… Reconocerse como un ser en comun-unidad requiere evidenciar la importancia que reviste a l@s otr@s, darles sentido, hacerl@s conciudadan@s y sobre todo, cambiar las emociones desde las cuales nos contemplamos a nosotr@s mism@s y a l@s demás.

Para ser común-unidad es necesario reconocer al(a) otr@ como un(a) verdadera otr@ y esto no es posible si no hay una identidad clara de sí mism@. Hay que reconocerse en la mismidad, en la otredad, en la liminaridad y en la alteridad, es necesario darse cuenta que los versos del(a) otr@ no están contra mí sino que son expresados, experienciados a partir de las propias emociones. La cultura es un red de conversaciones, es una curiosa combinación de respuesta a las necesidades que impone el espacio en que se asientan los seres humanos; siendo el espacio, a su vez, un reflejo de la cultura que la ocupa.

La homosexualidad es una cultura en la medida en que en torno a las homosexualidades se teje una red de conversaciones. Si consideramos el mundo de manera sistémica entonces se comprende que toda cultura hace parte de una macrocultura y que toda cultura está conformada a su vez por subculturas. De donde se puede afirmar que dependiendo desde dónde se mire la homosexualidad es macrocultura, cultura y subcultura”.

Dependiendo lo que se entienda por movimiento, una cultura y quienes la conforman puede llegar a ser el germen o ella misma un movimiento. Si un movimiento es una organización política, legalmente instituida, con fines y principios de acción discutidos y generados en consenso por sus miembros, la respuesta sería que en Colombia no existe un movimiento.

Sí se considera que movimiento es la acción generada por una o por varias personas quien(es) se interesa(n) por un problema en particular al cual pretenden dar discusión y generar respuestas, entonces en este país si hay un movimiento. Por ejemplo, el tema de los derechos de pareja ha forjado la construcción de un movimiento. Y como movimiento han surgido los acuerdos y desacuerdos, las contradicciones, las alianzas, los puntos de contacto y los temas que separan, la exclusión y la inclusión, las redes, los nodos y los puntos sueltos.

En sus orígenes, 1976-1981, puede decirse que el movimiento, ceñido a los parámetros y principios de la teoría sex-pol, realmente lo era. Sus reuniones convocaban cada sábado a más de 200 personas, y en ellas se tenían agendas estructuradas, discusiones serias y profundas de temas tan diversos como la pareja, la iglesia y su relación con la homosexualidad. El movimiento, a finales de esta primera época, perdió fuerza luego de lograr la despenalización de la homosexualidad en 1981.

Entre 1982 y 1986 abanderó causas como los derechos de los homosexuales trabajadores, haciendo parte de las marchas por los derechos de los trabajadores y participando abiertamente de organizaciones de trabajadores, sindicatos y organizaciones estudiantiles universitarias. El movimiento logró cabida en el movimiento sexológico al hacerse Zuleta y Velandia miembros de la Sociedad Colombiana de Sexología; el movimiento recobró vitalidad con el tema del sida y se reavivó un poco más hacia 1994 con las posibilidades que proveyó la Constitución de 1991 frente a la vulneración o amenaza de ella por razón de los derechos individuales. Se hizo un poco festivo con las marchas a partir de 1998 y simultáneamente retomó su lucha política orientando sus esfuerzos en la lucha por los derechos de los homosexuales y lesbianas frente al tema de los derechos a ejercer como maestr@s, hasta rematar en la actualidad con la lucha por los derechos de la pareja homosexual.

¿Existe una comunidad que se identifica como gay?
Si gay es sinónimo de homosexual entonces si existe un movimiento gay. Si gay significa una apropiación política de unos contenidos y la lucha por ellos, entonces si hay un movimiento gay. Si gay es tan solo el encuentro de hombres homosexuales excluyente de las lesbianas y otras minorías con otras orientaciones sexuales, entonces no hay un movimiento gay sino un movimiento de lesbianas, un movimiento de homosexuales, un movimiento de minorías sexuales. Movimientos que en algunas ocasiones confluyen creando un movimiento sexual colombiano.

Algunos hombres homosexuales (Germán Rincón y Manuel Bermúdez) y quienes con ellos trabajan desde el discurso de la homosexualidad como también quienes lo hacen desde el de las minorías sexuales (Manuel Velandia y su equipo), han participado en la contienda política tradicional buscando la aportación activa de estos grupos en la Cámara de Representantes y en el Senado de la República.

¿Cuáles son sus características y sus particularidades?
Las características y particularidades son propias de cada grupo de trabajo; por ejemplo, son muy disímiles los trabajos de organizaciones de minorías sexuales como equiláteros (Proyecto Colombiano de Diversidad y Minorías Sexuales) o GAEDS (Grupo de Apoyo y Estudio de la Diversidad de Orientación Sexual de la Universidad Nacional) sede de Bogotá, los de organizaciones ecuménicas cristianas como la del Discípulo Amado, las de grupos de lesbianas y mujeres bisexuales como Triangulo Negro; las de organizaciones culturales como el Proyecto Agenda o políticas como el Movimiento de Solidaridad Comunitaria.

¿Es el movimiento gay colombiano un movimiento nacional, regional?
Aun cuando puede hablarse de un movimiento nacional, por ejemplo Planeta Paz reúne a homosexuales y algunas lesbianas de diferentes regiones del país, no puede negarse que el poder y las discusiones están centralizadas en Bogota, Medellín y Barranquilla, y que personas de otras ciudades y regiones generalmente son excluidas y marginadas en sus posibilidades de participación. Usualmente los temas y sus análisis se trabajan en Bogotá y Medellín, e inclusive las páginas Web son producidas en estas mismas ciudades.

¿A quién representa el movimiento gay?
El movimiento no es representante de nada ni de nadie. Cada grupo de trabajo decide sus propuestas y las sustenta desde sus propios paradigmas teóricos y políticos. Por supuesto hay alianzas entre los diferentes grupos, algunas personas participan en actividades de diferentes organizaciones pero no hay un consenso sobre qué ni cómo ser representativos. Sin embargo, no puede negarse la participación cada vez mayor de gente joven, mucho más incluyente pero heredera de ciertos arraigos y desapegos, en los cuales terminan involucrad@s sin proponérselo, e incluso sin darse cuenta de ello.

Una fracción amplia del movimiento en general se niega a aceptar a otras minorías sexuales, por lo tanto no suele representarlas. A los transvestis, los trabajadores sexuales no se les quiere ni en los carnavales. Se teme que ellos sean “la imagen de la homosexualidad”, generalmente se les excluye, vitupera, rechaza y discrimina. Menos campo aún tienen l@s transgéneros, l@s intersexualidades, que son mas desconocidas e incomprendidas. Corrientemente no se les invita a las reuniones, se les hace el vació cuando pretenden acercarse, o simplemente se les exige “normalizarse” y negarse a si mism@s para aceptar su participación.

¿Cuáles han sido las propuestas, luchas y logros?
Las mayores luchas han sido en el ámbito jurídico. Ha habido una “juridización” del discurso en torno a las homosexualidades. Básicamente se han ganado derechos individuales que por jurisprudencia se vuelven derechos colectivos, sin embargo son derechos que no se exigen, no se cumplen, y se quedan en el papel porque la misma homofobia conduce a la autodiscriminación y a la negativa de hacer valer los propios derechos.

El tema que más recientemente ha generado la discusión en torno a los derechos de homosexuales y lesbianas es el de los derechos de pareja, pero la discusión se ha desgastado en encuentros sin mucho sentido y fundamento con la iglesia católica y otras fracciones cristianas. A las organizaciones les hace falta una mayor construcción teórica lo que genera que unos pocos, quienes tienes una mayor comprensión teórica y capacidad de convocatoria, asuman la vocería de l@s demás sin que ell@s se percaten no solo de las diferencias semánticas sino además epistemológicas y ontológicas. En muchos casos las teorías se aceptan más por moda que por convicción e incluso se asumen por pena, es decir por temor a no saber y expresar las propias dudas. La propuesta que es eminentemente jurídica y política no ha tenido en estos temas un motivo de profundización ni discusión al interior de la comunidad y si ha sido así su producción se ha quedado archivada en algún cajón.

Cabe destacar que el proyecto de ley sobre los derechos de pareja fue en sus comienzos más la iniciativa en busca de votos de una senadora que el consenso de un grupo de homosexuales y lesbianas; sin embargo, en el transcurso de su discusión en el Senado, sus defensores, han sido los senadores Piñacué y Carlos Gaviria Díaz, quienes poseen una tradición y experiencia en el tema de los derechos humanos que ha enriquecido la discusión. Igualmente al proceso se ha unido un grupo de homosexuales y lesbianas cuyos planteamientos y propuestas han beneficiado el proceso a pesar de ello algunas personas temen que el trabajo conjunto sea canalizado inescrupulosamente por avivatos quienes aboguen como suya la lucha de muchos y muchas.

¿Cuál ha sido el impacto en la sociedad, el estado, la política, la cultura?
Nunca antes y tanto como ahora el impacto ha sido tan grande. Los medios masivos de comunicación han hablado abiertamente del tema. Los homosexuales son actualmente personajes de las telenovelas y las grandes series de la televisión nacional, sin embargo las lesbianas han ganado menos terreno. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que las mujeres que ahora se hacen públicas en los medios, y que son lesbianas, tienen una mayor fundamentación, inclusive políticamente son mejor formadas y estructuradas que la mayoría de los hombres homosexuales públicos, probablemente porque antes que lesbianas son feministas y las organizaciones de mujeres son menos ghettizantes y excluyentes que las conformadas por hombres.

El impacto ha causado una mayor atención hacia los homosexuales de parte de los grupos de limpieza social, sean conformados por paramilitares, militares o las diferentes guerrillas. La violencia policial que había mermado en los últimos años se ha venido acrecentando recientemente hasta llegar al extremo de la violencia física. Los paramilitares han obligado a homosexuales a desplazarse y los grupos violentos asesinaron a León Zuleta y “boletearon[4]” a Manuel Bermúdez en Medellín, como también realizaron un atentado contra la vida de Manuel Velandia. Mas recientemente, no hace menos de un mes, un grupo de las milicias urbanas de las FARC “boletearon” a un maestro de educación primaria de una institución educativa al sur oriente de Bogotá.

¿Cuál ha sido el protagonismo del movimiento?
El protagonismo ha sido mayor hacia la faja externa que hacia el interior de las homosexualidades, lesbianidades y otras minorías. Los protagonismos son más de sujetos que de movimientos, aun cuando no puede negarse que estas personas de alguna manera son reconocidas por los medios, la comunidad en general y las mismas minorías como representativas. Sus alocuciones son poco discutidas fuera de sus pequeños grupos de trabajo pero en cambio son entendidas por los grupos externos como la presencia homosexual.

¿Cuál ha sido el papel de la literatura, los medios de comunicación, el mercadeo?
En primera instancia creo que no hay una literatura homosexual como tampoco literatura heterosexual. Hay autores que tienen obras que tocan frontal o tangencialmente el tema de las homosexualidades; los autores no hacen panfletos homosexuales desde la militancia tan solo están interesados en crear literatura. Pretender que la literatura es homosexual es como pensar que todo lo que los homosexuales producen son necesariamente actos homosexuales.

Recientemente se han publicado en Colombia cuatro novelas: “Comandante Paraíso” de Gustavo Álvarez Gardeazabal; “Aprendices de Brujo” de Antonio Orlando Rodríguez, un cubano quien vivió algún tiempo en el país; “Al diablo la maldita primavera” de Alonso Sánchez Baute y; “La ciudad de todos los adioses” de Cesar Alzate Vargas. También salieron a la luz un texto de poemas: “El libro de la amada” de María Isola Salazar Betancourt; y, otro autobiográfico: “Maricones eminentes” de Jaime Manrique; este ultimo autor más conocido en Estados Unidos que en el país y pronto estarán en el mercado una serie de relatos de Ana María Reyes titulado “Entre el cielo y el infierno”.

Aun cuando los autores hayan hablado de su orientación sexual no puede decirse que sus escritos son literatura homosexual, ya que además su producción literaria es el reflejo de procesos culturales, sociales y políticos, y no la manifestación explicita de un documento que pretende contribuir abiertamente a la lucha reivindicatoria de los derechos de los homosexuales. Es mas, los mismos homosexuales que suelen creer que los otros homosexuales son una extensión de ellos mismos se han sentido ofendidos por las caracterizaciones de los personajes de las obras literarias, sus experiencias y la manera como vivencian sus sexualidades, probablemente porque no logran distinguir entre literatura y texto político como tampoco entre el hecho de ser escritor o militante. Inclusive en el caso de que los dos aspectos se conjuguen, la posibilidad de transformar un trabajo literario en una escritura política trasciende los límites de la literatura misma porque obliga al autor a negarse en su esencia poética para reafirmarse como ser político.

En el campo de la producción teórica sobre la sexualidad, tres libros han generado en el mundo cultural y científico una serie de profundizaciones y discusiones, son ellos: Nuestras sexualidades de Octavio Giraldo Neira; Homosexualidad y psicología de Rubén Ardila y, Y si el Cuerpo grita… Dejémonos de Maricadas de Manuel Velandia. Los tres textos poco han traspasado las fronteras de los especialistas, a pesar de que Ardila y Velandia suelen aparecer en los medios masivos de comunicación y estos han reseñado su producción. Es más, considero inclusive que, al igual que los textos literarios, éstos son más leídos por la comunidad heterosexual y académica que por las minorías sexuales.

Los medios masivos de comunicación han jugado un papel preponderante en la apertura mental social hacia el tema de las homosexualidades y lesbianidades, y no puede negarse que el sida influyó positivamente en ello, ya que fue esta enfermedad la que obligó a que los homosexuales estuvieran presentes con sus discursos preventivos en ellos. En Colombia los medios masivos de comunicación han sido no solo abiertos sino además respetuosos frente al tema de las minorías sexuales. No por ello, puede dejarse de lado que el amarillismo es en especial el punto que genera la importancia de la noticia y la información, sin embargo, los homosexuales, quienes frecuentemente son invitados por éstos han sabido sortear las circunstancias y salir airosos presentando, usualmente, una imagen positiva de ellos mismos y de las comunidades a nombre de las cuales son invitados. Papel significativo han tenido instituciones como la Defensoría del pueblo, entidad en cuyos programas institucionales en los mass media el tema ha sido frecuente y bien tratado.

El mercadeo de productos hacia los homosexuales se ha estancado en el tema de servicios recreativos (léase bares, saunas, videos, salas de masajes, residencias y cuartos oscuros, como también gimnasios y turismo). Se han dado ciertos avances en la oferta de los productos para la belleza tales como accesorios, prendas de vestir (exterior e interior) y productos para la belleza. Otros renglones como las tarjetas de crédito, los licores, y los seguros frecuentemente trabajados en otros países poco o nada han avanzado en el nuestro. El proceso social de pauperización y empobrecimiento del pueblo colombiano ha incrementado el acceso de hombres mayores de edad al mercado sexual en el renglón del trabajo sexual (corriente en menores de edad hombres y mujeres) y de todas las edades al mercado de los “masajistas”, chicos de compañía, strippers y drag queen, situación menos frecuente es la presencia de mujeres lesbianas en el mercadeo sexual. Los condones merecen nominación aparte, siendo un renglón sostenido luego de un creciente y permanente ascenso en la curva de consumo hasta llegar a posicionarse como parte de la denominada “canasta familiar”, trascendiendo así al grupo homosexual para volverse una necesidad de tod@s.


[1] Velandia Mora, Manuel Antonio. (1998). León Zuleta: Loco, poeta y maricón, en Y si el cuerpo grita… Dejémonos de maricadas. Editorial Equiláteros-Apoyémonos. Colombia.
[2] Como una actitud antinorteamericana influenciada por Zuleta quien propuso usar guei en vez de gay, y escribirlo tal y como suena en castellano.
[3] Un grupo de estudiantes de la Universidades de Antioquia y Nacional de Medellín, citados por Zuleta y entre quienes estaban Gildardo Ramírez, Fernando Albear, l@s Quintero, Urías y algunos otros que prefirieron borrar su pasado, fundaron en 1.978 el Grupo de Estudio de la Cuestión Homosexual GRECO. Grupo que es el primero en aceptar mujeres como miembros y en crear alianzas con grupos feministas. Igualmente se crean otros grupos: en Cali uno influenciado por el GELG (1.980) y con el cual el autor perdió todo contacto, y en Bucaramanga Acuarius creado por Velandia en 1.981. Ebel Botero en febrero del mismo año organizó con el apoyo del GRECO un pequeño grupo de trabajo en Armenia. Al conjunto de todos los grupos que iban apareciendo se le llamó MLHC: Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia.
[4] Boletear: presionar a una persona por medio de panfletos para obligarla a hacer algo en contra de su voluntad, también se usa para hacer referencia a personas que son obligadas a pagar un estipendio por razón de dejarlos “tranquilos” durante un tiempo, que se termina al ser boleteados una vez más.