jueves, 27 de diciembre de 2007

Cuando hay que jugar a ser macho - Homosexuales en Colombia. Mannlichkeitskult in lateinamerika

Manuel Velandia Mora
Publicado po: Revista Matices. 11. jahrgang heft 41, Frühjahr 2004. Páginas 33 a 45.
Colonia, Alemania.
Machismo. Mannlichkeitskult in lateinamerika

http://www.matices.de/41/index/

El temor a no ser reconocido como “macho” en un país eminentemente machista como Colombia es una de las situaciones emocionales que más traumatismos crea en los homosexuales. ¿Por qué muchos homosexuales tiendan a exagerar su ser “macho”, para poder relacionarse sin ser excluidos en un país machista como Colombia?

Las especies animales se dividen en machos y hembras. En los humanos al macho socializado y afectado por la cultura se le denomina hombre y a su actuar, la masculinidad. Se ha dicho que la posibilidad de hacer construcciones lógicas parece ser inherente al hombre y que las mujeres tienden a ser más emocionales. Igualmente, que quien desarrolla pensamiento tiene el poder, y estos se atribuyen primordialmente a los hombres.

La masculinidad es un imaginario, “deber ser” influenciado en su construcción social por la cultura, las interacciones sociales y las maneras de explicar el mundo relacionado con la sexualidad, que en Colombia tiene un marcado acento judeocristiano. Podemos afirmar que hay tantas masculinidades como seres que las asumen o desean asumirla; no es específica de los hombres sino también de los trangéneros, quienes habiendo nacido mujeres y criadas en la feminidad transitaron hacia lo masculino, y de aquellas otras quienes en su transito identitario abandonaron el modelo masculino para aproximarse y “estar siendo” en lo femenino.

El machismo es una construcción ideológica, una forma de actuar e intercambiar socialmente, de ejercer poder directamente emparentada con el ejercicio del modelo de masculinidad imperante en la cultura. A quienes vivencian ésta situación desde su ser hombres se les denomina machos. El macho o quienes pretenden estarlo siendo se asumen seres superiores a quienes no lo son.

Los machos apoyados por las mujeres y sus proceso de endoculturación en la familia, la escuela, enmarcados por la cultura y las relaciones sociales han construido los imaginarios sobre cómo “debe ser” el comportamiento apropiado para la especie (ya sean hombres o mujeres) y excluyen, estigmatizan, vulneran y marginan a quienes no socializan como típicamente machos.

La separación social entre machos, machos no tan machos, mujeres machas y mujeres por supuesto no es fruto de un desarrollo racional, sino consecuencia de procesos emocionales, lo que nos llevaría a confirmar el supuesto de que el machismo -y sus consecuencias- son el resultado de la emocionalidad y no de la racionalidad.

El poder autoreferenciado del macho, aceptado por algunas mujeres y homosexuales, ha dado a los hombres, y en especial a los “machos”, una serie de posibilidades para el relacionamiento que se derivan en formas de poder, que se auto y heteroafirman en el poseer uno de los elementos representativos de la imagen corporal del cuerpo del animal macho -el falo-. Este pone a quien lo posee en la escala superior de su especie, en lo que se ha denominado falocracia.

En ésta, tanto las mujeres como los hombres que no asumen el machismo como su referente pleno, son entendidos y asumidos socialmente como grupos a quienes se puede estigmatizar, vulnerar, agredir e incluso, se les considera faltos de hormonas: afirmando que “es la testosterona y no la emocionalidad lo que lleva a los hombres a la aproximación carnal”.

La explicación biologicista del ejercicio de la falocracia olvida que en el proceso de socialización y por los efectos de la cultura los hombres, al convertirse en adultos, aun cuando se afirmen como seres racionales no pueden negar su parte emocional e instintiva. El machismo niega la emoción como una posibilidad condicionada cerebralmente y excluye a todo aquel que aparezca como sensible o exprese su emocionalidad, más aún en situaciones en las que “todo hombre debe ejercer su autocontrol”, como en el duelo, el dolor y en la expresión de los afectos.

Los hombres homosexuales que tienen problemas en la construcción de su identidades de sexo y masculinidad han encontrado dos alternativas para socializar: primero, fingirse “machos” para ser aceptados; y, segundo, asumirse como sujeto-objeto de exclusión, y en consecuencia permitirla y autoexcluirse.

Los primeros como una manera de “resolver” dichas contradicciones se construyen para sí mismos y los demás un cuerpo “machificado”, ya sea por el desarrollo extremo de su musculatura por medio del ejercicio físico, o por la ingesta de substancias, como los esteroides. Otros menos interesados en hacer del gimnasio su espacio para la “machificación” prefieren estrategias más rápidas y menos exigentes como la aplicación cosmética de prótesis (implantes de silicona y otros materiales que emulan la musculatura hipertrofiada).

Algunos pocos entre estos hombres prefieren poseer también ciertos rasgos secundarios, como la presencia marcada de vello, y recurren a la aplicación de hormonas como la testosterona, con lo que logran cambios significativos en la tersura de la piel, en la estructura muscular e incluso, el aceleramiento de la alopecia, considerada por algunos como otro símbolo en la imagen del macho.

En las zonas en las que en Colombia es más marcado el conflicto con la guerrilla, especialmente con las FARC Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y los paramilitares, estos actores sociales se han convertido en los nuevos guardianes del orden moral. Cada vez son menos los grupos cristianos y conservadores que atacan verbal y emocionalmente a los homosexuales; ahora la guerrilla ha obligado a algunas personas homosexuales a desplazarse fuera de sus territorios e inclusive, a las personas cualquiera que sea su orientación sexual a realizarse la prueba diagnostica de la infección por el VIH; esto con la complacencia de las autoridades civiles y militares.

Sin embargo, en estos grupos armados existe una doble moral; por ejemplo, en algunas zonas de conflicto los transvestis y/o transgéneros que trabajan sexualmente se les permite estar en la zona si prestan favores sexuales o son informantes, de lo contrario se les obliga al desplazamiento cuado no es que se les asesina por causa de su identidad y su actividad laboral.

El machismo al interior del militarismo, ya sea de derecho, centro o izquierda siempre ha estado presente en nuestro país. Es frecuente la violencia policial contra homosexuales; esta situación afecta muy especialmente a los transgéneros y transvestis que trabajan sexualmente. Entre 1986 y 1991 los grupos denominados de “limpieza social” asesinaron en Colombia a más de 680 homosexuales.

Durante muchos años el ejército colombiano puso en las libretas militares, documento que informa sobre la prestación del servicio militar obligatorio, un texto en el que se leía profesión: homosexual, siendo esta la razón por la que se les excluía de prestar el servicio. A partir de fallos de la Corte Constitucional a tutelas (mecanismo constitucional que se usa en caso de buscar protección estatal en caso de amenaza o vulneración de los derechos fundamentales), ya no se puede excluir a alguien de las instituciones militares en razón de dicha “profesión”, como tampoco del lugar de trabajo, de estudio o de vivienda.

Aun cuando en Colombia desde el Estado por razón de su orientación sexual no se ha excluido de su cargo a maestros, el estatuto docente, norma que los rige, en uno de sus artículos consideraba la homosexualidad causal de mala conducta; artículo derogado por fallo de tutela. En Bogotá las milicias de las FARC, durante 2003, obligaron al maestro Manuel Gaviria a renunciar a su cargo como maestro en una escuela elemental teniendo como excusa para el “boleteo” su homosexualidad.

En lo que va corrido del siglo XXI los homosexuales hemos participado activamente en la actividad política logrando, en mi caso, que el Partido Liberal Colombiano aceptara a las minorías sexuales como un sector social con pleno reconocimiento; Sin embargo, Manuel Bermúdez, Ciudadano Gay con sede en Medellín y quien fuera candidato al Senado fue “boleteado” por grupos paramilitares durante su campaña; Manuel velandia, siendo candidato a la Cámara en las elecciones de 2001 fue victima de un atentado con una granada lanzada a su residencia por grupos opositores a su actividad; León Zuleta, cofundador con Velandia del Movimiento homosexual colombiano, fue asesinado en 1994 por razón de sus trabajos en derechos humanos.

En Latinoamérica, los medios masivos suelen tocar habitual y abiertamente el tema de la homosexualidad; en los programas de televisión, en especial en novelas y seriados la presencia de personajes homosexuales es frecuente a pesar de ello, en una reciente encuesta sobre convivencia ciudadana en Bogotá un alto porcentaje de ciudadanos expresó no estar interesado en tener un homosexual como vecino. El debate en el Senado de la Ley de parejas del mismo sexo (2003) fue sepultado por una mayoría conservadora y cristiana; los medios masivos jugaron un papel muy activo en la discusión e inclusive se evidenció su apoyo al mismo.

En Colombia las personas pueden cambiar su nombre e inclusive escoger uno del otro género aun cuando conservan el documento de identidad el sexo original. A pesar de ello, algunos quienes han cambiado su morfología genital han logrado que se les reasigne con todos los derechos civiles el sexo. La anterior evidencia que aún cuando no es un paraíso, no puede negarse que la convivencia para los homosexuales en las grandes ciudades en más fácil que en la zona rural y en otros países del continente.

El hecho de que los homosexuales hayan ganado derechos, no implica que se reconozcan como sujetos de tales. Para estos, es más fácil asumirse en el machismo que en su identidad de orientación. Sólo en la medida en que se hagan más visibles en todos los espacios sociales, culturales, económicos y políticos, la sociedad puede tener la oportunidad de conocerlos mejor, deshacerse de mitos y creencias, aumentando su capacidad de comprender y disfrutar la importancia de la diversidad que la conforma.