jueves, 27 de diciembre de 2007

Construcciones de la masculinidad: La metrosexualidad

Manuel Velandia Mora
Agosto 5 de 2005
Metrosexual: es la conjunción de dos palabras metrópolis y sexualidad. Palabra acuñada por el ingles Mark Simpson en 1994.

Cuando en Colombia se ha hablado de la metrosexualidad ha sido relacionada con hombres heterosexuales, sin embargo si recurrimos al texto original, es evidente que para Mark Simpson[1] esta relación exclusiva no lo es, para él, un metrosexual puede ser oficialmente gay, heterosexual o bisexual, pero esto no tendría tanta importancia porque se toma a sí mismo como su propio objeto de amor y placer.

Veamos que dice al respecto: “He typical metrosexual is a young man with money to spend, living in or within easy reach of a metropolis -- because that's where all the best shops, clubs, gyms and hairdressers are. He might be officially gay, straight or bisexual, but this is utterly immaterial because he has clearly taken himself as his own love object and pleasure as his sexual preference. Particular professions, such as modeling, waiting tables, media, pop music and, nowadays, sport, seem to attract them but, truth be told, like male vanity products and herpes, they're pretty much everywhere[2].

Cabe preguntarse por qué, si el término no hace referencia a una orientación sexual en particular, suele referenciarse a los hombres y las heterosexualidades. Se referencia a los hombres y las heterosexualidades, posiblemente, porque al interior de las homosexualidades, en la construcción de las masculinidades, muchos de los elementos considerados transgresores del modelo macho, masculino, heterosexual y falocrático del ´deber ser` para el hombre, que es “modelo normativo que sirve para medir, clasificar y calificar las distintas masculinidades posibles”[3], han sido transgredidos y asumidos por estos de una manera diferente; como afirmaría Guasch, los homosexuales no se han adecuado a ese espacio simbólico de lo que socialmente les ha sido previsto.

Según Cantero “el precio que se le pide a todo hombre para ser, es el de asestar un golpe mortal a su afectividad, renunciar al sentimiento y privilegiar la acción[4]. Los homosexuales se han negado a hacerlo, como también todos aquellos que se han adscrito al “tipo masculino afeminado”, es decir, aquel que, según Guach, “No cumple con los roles de género: eso incluye desde al impotente al vago pasando por el cobarde y el borracho (todo ello al margen de sus preferencias sexuales)"; para este autor, “el afeminado se libera del estrés constante que provoca la afirmación de la propia masculinidad (aunque sufre otra clase de agresiones); en tal sentido, “algunos varones se acogen a la identidad masculina clásica porque no saben intentar nada más… la identidad masculina tradicional reposa en tres pilares: insolidaridad, misoginia y homofobia”. Pero como afirma Simpson “La metrosexualidad se deshizo de todos los códigos oficiales de masculinidad inculcados en los últimos 100 años. El hombre heterosexual está perdiendo la vergüenza de ser presumido, de cuidar de la apariencia”.[5]

Metrosexualidad y homofobia
El metrosexual transgrede el modelo del “deber ser” de la masculinidad porque rompe con dichos tres pilares; al respecto de la homofonía, explica Simpson, en el New York Times[6]:
“Si bien algunos metrosexuales prefieren privarse de algunas tendencias por miedo a que los demás sospechen que son gay, como ir a la manicura o usar colores brillantes, otros se apropian conscientemente de la cultura gay como un recurso para diferenciarse del montón de hombres grises. El hecho de que haya otros hombres que cuestionen su sexualidad es, incluso, parte de un juego que les gusta jugar”.

Con respecto a la metrosexualidad y la relación de estos con la homofobia, el actor homosexual Peter Paige, de la serie “Queer as Folk”, se queja de que cada vez es más difícil distinguir entre heterosexuales y homosexuales. Sólo lo consuela que los metrosexuales no son violentos y recalca que “antes, cuando te confundías y le decías gay a alguien hetero, eras candidato seguro a un puñete. Ahora te dicen: sorry, soy heterosexual, pero gracias por el piropo”[7].

Misoginia y metrosexualidad
La revista brasileña Veja, en el artículo titulado “La metamorfosis del macho”, afirma que actualmente “muchos hombres se ven obligados a cuidar de sí mismos, pues ya no cuentan con una ayuda femenina siempre lista para atender sus necesidades… La metrosexualidad hace, finalmente, que el hombre sea menos dependiente de la mujer, de la familia, y más dependiente de las revistas de belleza”.

En entrevista para la Revista Veja de Brasil[8], Simpson afirmó:
Yo arriesgo decir que la creciente auto-suficiencia de las mujeres ha estimulado el avance de la metrosexualidad masculina. Actualmente, muchos hombres se ven obligados a cuidar de sí mismos, pues ya no cuentan con una coadyuvante femenina siempre lista para atender la sus necesidades. La metrosexualidad hace, finalmente, con que el hombre sea menos dependiente de la mujer, de la familia, aunque más dependiente de las revistas de belleza”; En consecuencia, el termino es utilizado exclusivamente para hablar de hombres ya que hace referencia a la construcción de la masculinidad.

Afirma Simpson en esa misma entrevista:
La idea de que el metrosexual es siempre hétero y que su cuidado con la apariencia tiene el objetivo de atraer las mujeres es una invención de la publicidad. Claro que muchos metrosexuales duermen sólo con mujeres, pero no hay ninguna evidencia de que ellos sean siempre héteros. Esa idea sólo fue establecida porque gay vanidosos no son novedad. La identidad de los metrosexuales no se basa en la orientación sexual y, del punto de vista cultural-comercial, es irrelevante”.

[1] Meet the metrosexual. En: http://archive.salon.com/ent/feature/2002/07/22/metrosexual/
[2] El típico metrosexual es un joven con dinero para gastar, que vive en las metrópolis, donde están las mejores tiendas, clubes, gimnasios y las mejores peluquerías. Puede ser oficialmente gay, heterosexual o bisexual, pero esto no tendría tanta importancia porque se toma a sí mismo como su propio objeto de amor y placer. Son profesionales independientes, modelan, trabajan en los medios y las productoras o en la música pop y, ahora, también en los deportes, pero aman los productos de vanidad masculina,
[3] Guasch, Óscar. Ancianos, guerreros, efebos y afeminados: tipos ideales de masculinidad. En: La construcción cultural de las masculinidades. Valdelpuente del Río, José Blanco, Juan (editores). Serie Arco iris, Talasa Ediciones, Madrid. 2003.
[4] Cantero, Pedro. Hombrear: Modos de aprender a ser hombre. En: La construcción cultural de las masculinidades. Valdelpuente del Río, José Blanco, Juan (editores). Serie Arco iris, Talasa Ediciones, Madrid. 2003.
[5] http://veja.abril.com.br/especiais/homem_2004/p_022.html
[6] Citado por Albert Constan. En Metrosexual, http://www.sexovida.com/arte/metrosexual.htm
[7] Idem.
[8] http://veja.abril.com.br/especiais/homem_2004/p_022.html