Manuel Antonio Velandia Mora
investigadormanuelvelandia@gmail.com
La Habana, del 25 al 27 de noviembre de 2009.
Documento soporte para el Taller Latinoamericano y Caribeño “Prevención del VIH/sida desde la perspectiva socio cultural”
Taller "Yo no soy ese que tú te imaginas. La cultura, el riesgo y la construcción de las masculinidades como elementos fundamentales de la prevención del VIH en HSH y homosexuales, aplicando herramientas de Investigación cualitativa etnográfica".
Rafael Martín , asesor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) explica que la definición del concepto de Hombres que tienen sexo con Hombres (HSH) como categoría epidemiológica se hizo necesaria, pues al inicio de la epidemia se clasificaba a los hombres infectados por su autodefinición, con lo que muchos que sostenían relaciones con hombres no se asumían como gay por temor a la discriminación, o simplemente porque no se reconocían como homosexuales. Para Martín “El HSH es un concepto que se concentra en la actividad sexual más que en una identidad”. Su justificación es que “el deseo y la atracción son experiencias subjetivas que pueden o no manifestarse”.
La definición de la categoría HSH conlleva desde sus orígenes una discusión que requiere ser aclarada puesto que se confunde por los no epidemiólogos e esta categoría epidemiológica con la categoría sexológica de las identidades sexuales, en este caso la identidad de género y con la identidad de orientación sexual; por otro lado, con relación a personas que han transitado en su identidad de sexo se dificulta su inclusión o exclusión de la categoría HSH, pero especialmente dificulta el diseño y la implementación de estrategias informativas, preventivas, educativas e incluso asistenciales.
El amplio abanico HSH
La identidad sexual difiere del comportamiento sexual. Identidad es la idea y la sensación móviles que tiene el ser humano, en una sociedad y tiempo concretos, de ser lo que busca ser con relación a la cultura, a otræs(os) seres en su entorno y consigo mismo(a), y de seguir siéndolo en el transcurso del tiempo. No se tiene una identidad como algo construido y terminado, se está siendo y haciendo una identidad de manera dinámica en relación consigo mismo(a), con læs(os) demás y con la cultura a partir de cómo la persona se experiencia a sí misma, y con relación a las demás explica dicha situación y se emociona con ella.
La sexualidad es una construcción social. La vida sexual es como toda la vida social: una actividad dependiente de circunstancias sociales y culturales.
Una definición elemental de sexualidad la propone la Real Academia Española de la Lengua: la sexualidad es el “conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo”; sin embargo, los seres humanos somos mucho más que nuestro cuerpo y sus posibilidades para el contacto genital; la sexualidad no está determinada únicamente por nuestra corporalidad ya que está ligada al hecho de obtener placer y éste no se obtiene únicamente del intercambio genital, por tanto la sexualidad trasciende la esfera de la genitalidad y éste no es su único componente.
Algunos autores consideran que “La sexualidad involucra aspectos físicos porque está relacionada con el cuerpo; aspectos emocionales ya que está vinculada con la identidad de la persona (lo que ella asume de sí) y los procesos afectivos propios de las relaciones interpersonales; además implica aspectos sociales, culturales y relacionales que se adquieren en la familia, la escuela y en la vida cotidiana. Se vivencia de una manera particular en cada sociedad, espacio (región geográfica) y tiempo.
En ella se resumen aspectos históricos ya que lo que se nos trasmite culturalmente en la educación, en cualquiera de sus formas, resume el desarrollo de las sociedades y los seres humanos que las conforman.
La sexualidad no es “algo” que aparece con la adolescencia; está presente en todos los momentos de nuestra existencia, desde que nacemos hasta cuando morimos. Se relaciona con el hecho de que los humanos somos seres sexuados, además de tener un cuerpo y un sexo -hecho común con los demás animales- nos diferenciamos de estos no sólo por nuestras posibilidades intelectuales, sino especialmente por el desarrollo de nuestras funciones emocionales y operativas (el hacer y el quehacer); estas tres funciones nos posibilitan la toma de conciencia, la vivencia y asunción de las emociones que generan el cuerpo, el sexo, el género, la orientación sexual y las expresiones comportamentales sexuales”.
Las formas habituales de entender la identidad de una persona respecto a su género, cuerpo, sexo, orientación sexual y expresiones comportamentales sexuales, desde un esquema fijo, lineal y mecánicamente predeterminado, no dan respuesta a un orden que parece opuesto y transgresor de lo prescrito en materia sexual.
Se denomina orientación sexual homosexual a la de un hombre (biológico, optado o transformado) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad hacia otro hombre biológico, optado o transformado y quien además ha asumido para si dicha orientación sexual. No todas las personas (intersexuales o no) asumen un rol de género diferente a su “género por asignación”, a quienes asumen un “género por opción” se les denomina “transgeneristas” en Colombia y “transgéneros” en el resto del mundo. Las personas transgéneros acompañan el rol de género optado con los accesorios, vestidos y maquillajes (cuando ello se considera culturalmente necesario) propios del género al que han “transitado”. Puede presentarse entonces personas que vivencian un “tránsito identitario de la masculinidad a la feminidad” y otras que experiencian un “tránsito identitario de la feminidad a la masculinidad”. Un hombre transexual es aquella persona que pertenece psíquicamente al género masculino como su género optado, a pesar de haber nacido con anatomía de mujer. Una persona transexual no desea los caracteres del sexo con el que ha nacido sino que le apetece un cuerpo que sea acorde con su género optado. Se es transexual así la persona quirúrgicamente, con aplicación de hormonas y/o con trucos o rellenos, transforme o no su cuerpo, para aproximarlo al cuerpo deseado.
A los hombres que asumen por momentos o permanentemente los accesorios, vestidos y maquillajes propios del género femenino pero que éste no es su género por opción, y esto es una expresión comportamental sexual que les produce placer y en consecuencia lo asumen como parte de su identidad sexual se les denomina “travestis”.
La categoría HSH puede incluir a hombres cuya identidad de orientación sexual puede ser como homosexuales, bisexuales u heterosexuales. Algunos hombres homosexuales prefieren tener relaciones con hombres cuya identidad no es homosexual, sino que prefieren hacerlo con personas que se identifican a sí mismas como heterosexuales e incluso, en algunos casos, como bisexuales. Hombres con identidad heterosexual igualmente se relacional genitalmente con homosexuales, bisexuales e incluso con personas cuya identidad igualmente es heterosexual.
Con ello se está afirmando que el hecho de que una persona sea homodeseante, homoafectiva, homogenital y homoerótica no implica que necesariamente posea una identidad de orientación sexual homosexual, sino que esta puede ser de heterosexual. En la práctica algunos HSH heterosexuales en su identidad pueden es u practica ser bigenitales, bieróticos, bideseantes y heteroafectivos, por ejemplo, o presentar las diversas posibilidades relacionales posibles en el deseo, el erotismo, la afectividad y la genitalidad y tener una identidad de orientación sexual heterosexual.
Los HSH cuya identidad de orientación sexual es bisexual u homosexual no representan tantos problemas en las estrategias a ellos orientadas como lo son las encaminadas a las personas con una identidad de orientación sexual heterosexual pero que son HSH, puesto que ellos se sienten violentados cuando los materiales de apoyo informativo que se les proveen están orientados a bisexuales u homosexuales.
Los HSH no sólo determinan sus parejas sexuales genitales en razón a su orientación sexual, también influye en la decisión la identidad de género de la persona e incluso su situación con relación a la transexualidad.
Con relación a la identidad de género, la categoría HSH puede incluir a hombres cuya identidad de género puede ser masculina, femenina u hombres que están en un proceso de tránsito identitario de género.
Los tránsitos de género son igualmente diversos y se pueden presentar en personas que son: transgéneros que no son transexuales, transgéneros que son transexuales masculinos operados (hombres reasignados quirúrgicamente) o no, pero biológicamente femeninos; transgéneros que son transexuales femeninas operadas (mujeres reasignadas quirúrgicamente) o no, pero biológicamente masculinas; y, travestis.
Los HSH a su vez se relacionan tanto con hombres con su misma identidad de género como con hombres con otras identidades de género, e igualmente se relaciona con personas que han transitado a la masculinidad ya sea porque: son transgéneros, transexuales, se encuentran transitando a la feminidad, o porque son personas travestis.
Las prácticas sexuales genitales de los HSH pueden ser tanto penetrativas insertivas como penetrativas receptivas y también prácticas orales; las orales igualmente pueden ser la fellatio (mamada o succión del pene), el annilingus (beso negro) y el beso tradicional.
Las relaciones sexuales entre varones existen en la mayoría de las sociedades. Frecuentemente esas relaciones entrañan las diversas posibilidades de intercambio genital y oralgenital. Estas prácticas que son las que se tienen en cuenta al crear la categoría epidemiológica HSH.
Cuando dichas prácticas se realizan sin preservativo de látex o sin una barrera oral de látex conllevan un riesgo elevado de transmisión del VIH y otras Infecciones de Transmisión sexual ITS, tanto para el miembro receptor como para quien realiza la inserción en la pareja.
Por muchas razones, frecuentemente se estigmatiza y se niegan a estas personas y a sus prácticas sexuales, y por lo tanto, la visibilidad pública de la genitalidad entre hombres varía considerablemente de un país a otro e incluso entre regiones en un mismo país debido a que a menudo esas relaciones son condenadas por la sociedad.
La mayoría de las relaciones entre personas del mismo sexo se deben a una preferencia natural. Existen también, no obstante, casos de instituciones en las que los varones se ven obligados a pasar largas temporadas en compañía exclusivamente masculina, como el ejército, las cárceles o los establecimientos de enseñanza para varones, donde los contactos sexuales entre hombres pueden ser corrientes. Aunque ese comportamiento sexual entre varones en instituciones sólo representa una pequeña parte del conjunto, puede revestir gran importancia desde el punto de vista de la epidemia de SIDA. Se ha demostrado que las cárceles de hombres, por ejemplo, contienen una elevada proporción de los casos de SIDA en algunos países, tanto por el uso de drogas por vía intravenosa como por los contactos sexuales entre los reclusos.
HSH y Vulnerabilidad
El sexo entre hombres gay y otros hombres que tienen sexo con hombres puede encontrarse en cada estrato de toda sociedad: entre los jóvenes, los de mediana edad y los viejos, los ricos y pobres, los casados y solteros, los hombres con educación y sin ella, las mayorías y las minorías étnicas, los criminales, los hombres honestos, los cantantes, los deportistas, los mendigos, los hombres de negocios, los profesionales de la salud, los padres de familia, los políticos, los religiosos, etc. (…) En muchos países la homosexualidad ha sido perseguida y las leyes castigan a los HG y otros HSH por sus prácticas sexuales. Esto ha contribuido en algunos países a la creación de una cultura subterránea en la que los HG y otros HSH se reúnen con fines sociales, recreativos o sexuales de manera clandestina. Este ambiente no es favorable para promover mensajes de prevención sobre los problemas que afectan su salud. Por ello es indispensable que las personas gocen de libertad para reunirse y congregarse en espacios seguros, libres de coerción, violencia, estigma y discriminación. Estos espacios deben ser lugares incluyentes que promuevan la diversidad y la libertad de expresión de las personas, en los que puedan llevar a cabo actividades sociales y políticas, donde las personas puedan planificar sus estrategias de trabajo, donde puedan organizarse.
Los HSH son un grupo altamente vulnerable, y los factores culturales, sociales, políticos, económicos y religiosos que llevan a la negación de los HSH y sus prácticas sexuales genitales, incrementan su vulnerabilidad debido al estigma, separación social, exclusión, vulneración, estigmatización, discriminación e incluso al hacerlos victimas de otros crímenes de odio que llegan al extremo de las amenazas de muerte, el desplazamiento forzado y la muerte, que se presenta en espacios tales como el lugar de trabajo, la escuela/universidad, clínicas/hospitales y en sus propias familias.
Esta vulnerabilidad multi-factorial de los HSH ha sido poco enfocada por los programas de lucha contra el SIDA y las ITS, debido a que no constituyen un grupo homogéneo sino que representan una amplia gama de personas con estilos de vida y necesidades de salud distintas.
El riesgo relacionado con el VIH y las ITS está muy arraigado a otros aspectos esenciales como son el romance y la intimidad, el deseo sexual y el amor, el uso del alcohol y drogas recreativas, la homofobia, la coerción y el abuso, el racismo y la autoestima , pero no son estos los únicos aspectos que los programas de prevención de VIH deben tomar en cuenta. Se conoce que los HSH enfrentan retos adicionales al aprender a buscar pareja, al intimar y establecer una relación, al entender cómo funcionan el deseo, el erotismo, la afectividad y la genitalidad, e incluso tienen problemas en el momento de la excitación sexual. A ello hay que sumar la incomodidad con la propia sexualidad e identidad de orientación sexual puede llevar a tomar riesgos sexuales, tal y como se ha evidenciado en diversas investigaciones, por ejemplo en las llevadas a cabo en Colombia por la Liga Colombiana de lucha contra el sida, Apoyémonos Fundación colombiana de apoyo en sida, hepatitis e ITS, o Equiláteros proyecto colombiano de diversidades sexuales; SIGLA de Buenos Aires; OASIS de Guatemala, FEDAEPS de Quito, Ecuador; Centro Lambda de Santiago de Chile; Grupo Dignidade de Curitiba, Brasil y en otros países de América Latina, el Caribe, los Estados Unidos de Norteamérica, África y Europa.
Fernández-Dávila de Stop-Sida Barcelona afirma que las investigaciones cuantitativas se centran en proveer explicaciones basadas en percepciones epidemiológicas que no siempre tienen en cuenta los resultados de investigaciones de carácter cualitativo y que sus análisis se fundamentan en explicaciones en los que frecuentemente se informa como causa del no uso del condón el optimismo por los avances del tratamiento del VIH, la fatiga relacionada con la uso del condón vinculado a la prevención del VIH, las dificultades o problemas con el uso del condón y el consumo de drogas con fines recreativos.
El uso de drogas es uno de los elementos más citados. Se considera que “puede ser el detonador o la excusa para no protegerse al tener relaciones sexuales. Algunos HSH tienen problemas para tener sexo sin la influencia de drogas, mientras otros prefieren el sexo bajo la influencia de drogas creyendo que así aumenta su libido”.
Fernández-Dávila y Velandia han estudiado en investigaciones cualitativas y cuali-cuantitativas, respectivamente, la percepción del riesgo en españoles y latinos HSH; en sus investigaciones se citan otros motivos que hacen que los HSH tengan prácticas sexuales de alto riesgo; entre ellos se encuentran: la confianza que transmite la pareja sexual hace que algunos HSH tomen la decisión de tener sexo no protegido; sexo no protegido con “amigos” o “conocidos”, llamados coloquialmente “amigos con derecho a roce”; sentido de carencia personal, percepción del propio atractivo físico y el deseo de no arruinar una oportunidad sexual hacen más grande la vulnerabilidad y la posibilidad de asumir riesgo sexual; la búsqueda de parejas sexuales sirve para llenar sentimientos de vacío y soledad; detrás de la búsqueda de sexo con parejas ocasionales se esconde el deseo de encontrar a alguien con el que luego se pueda tener algo más estable, aun cuando no necesariamente una pareja establecida como tal; depresión, ansiedad, soledad o aislamiento motivan a tener sexo no protegido, en esos momentos la percepción de riesgo se ve mermada por la auto-valoración personal; sentirse enamorado, ya sea en un encuentro ocasional o en una pareja estable, ha hecho que se tenga sexo no protegido como una muestra de amor o de respeto; estrechar el vínculo de intimidad que se ha creado en el momento del encuentro sexual; sentir excitación por hacer algo prohibido (sexo sin condón) al considerar que el riesgo es erótico y se convierte en un elemento que incrementa el placer; sexo no protegido puede ser interpretado como un acto simbólico de rebeldía o sublevación contra las normas, de lo cual no se está, necesariamente, consciente de ello; evasión de la conciencia de ser persona viviendo con el VIH; el contacto genital no se busca de manera intencionada, pude ser ocasional y no se llevan condones consigo; falsa conciencia de que se sabe con quién se está; La falta de atractivo personal dificulta la negociación para baja autoestima; no perder la oportunidad, pues se pierde tiempo buscando el condón y se corre el riesgo de que la persona se arrepienta; la juventud y apariencia física de la pareja apoyan la consideración de que parece estar sano; temor a que se piense que se pide un condón porque se tiene una enfermedad.
Concluye Fernández-Dávila que las razones para tener sexo no protegido están inmersas en una ecología de circunstancias personales, interpersonales y sociales que crean contextos y/o situaciones que incrementan la probabilidad de (tener sexo no protegido) transmitir el VIH. Las necesidades no-sexuales son sociales o culturales en su origen: el culto por la belleza y la juventud, instigar la alta frecuencia del sexo recreacional, desalentar las afiliaciones emocionales así como la falta de modelos o dificultad para integrar amor y sexo, intimidad y pasión sexual en relaciones estables. Se ha encontrado un inadecuado ajuste entre algunas de las explicaciones oficiales y los discursos proporcionados por los propios HSH que se involucran en prácticas de sexo no protegido. Por lo general, los estudios ignoran las circunstancias intra-individuales que podrían explicar estos episodios.
En las investigaciones realizadas por Velandia , las personas entrevistadas o que participaron de los grupos de discusión como informantes en ningún caso hicieron referencia a ideas tales como autoestima, autovaloración, identidad sexual o masculinidad. Algunos de los informantes homosexuales refieren estrategias preventivas como monogamia entre parejas concordantes en su estatus de seroprevalencia, repetidas pruebas de detección, uso de condones al tener sexo con parejas ocasionales o la abstinencia. Cabe destacar que fue frecuente la información sobre “serosorting” -revelar el estado serológico al VIH como herramienta de prevención-; sin embargo, para algunos revelar el estado serológico al VIH a posibles compañeros sexuales ocasionales está cargado de dificultades como pueden ser el riesgo al rechazo (cuando se vive o no con el virus), la estigmatización, la pérdida de confidencialidad, o incluso el riesgo a la violencia física. “Existen preocupaciones respecto a que el serosorting puede constituir una herramienta imperfecta para la prevención del VIH, ya que hay personas que creen que no tienen VIH y que realmente pueden tener el virus. Además, el serosorting se ha visto involucrado en grupos de infecciones de transmisión sexual en hombres que viven con el VIH” .
Percepción del riesgo sexual
Las percepciones del riesgo sexual respecto al VIH varían entre los HSH y puede cambiar de una situación sexual a otra. A lo largo de la epidemia del VIH, los HSH han tenido que tomar decisiones complicadas sobre lo que ellos consideran que es riesgoso.
El sexo anal y el semen son descritos como elementos de riesgo para la transmisión del VIH en el discurso epidemiológico con muy poca exploración de lo que el sexo anal y oral significa para los HSH.
Por otra parte, la presencia de otros ITS no tratadas - como la sífilis, la blenorragia y las clamidias - puede incrementar posteriormente en alto grado el riesgo de transmisión del VIH, cuando éste existe. Las ITS ubicadas en el ano y el recto pueden ser con frecuencia asintomáticas. En la mayoría de los países, parte de las relaciones sexuales entre varones tiene cierto carácter comercial, aunque esto puede abarcar una amplia gama de posibilidades. Gran parte del trabajo sexual es sumamente informal: muchas veces se espera simplemente un pequeño “regalo” a cambio de los servicios prestados. En parte se trata de una ocupación exclusiva, aunque en proporción mucho menor que entre las mujeres que se dedican al sexo como profesión, aun cuando c abe anotar que existe una relación evidente entre travestismos, transexualidad femenina y trabajo sexual. Muchos trabajadores sexuales varones tienen esposa o compañera fija y no se identificarían como homosexuales. A menudo los clientes de los trabajadores sexuales varones (incluyendo travestis) son hombres casados o tienen hábitos bisexuales. Muchas veces estos trabajadores sexuales varones tienen dificultades para imponer a su cliente el uso de preservativo.
Con frecuencia los varones adolescentes tienen relaciones sexuales con otros varones del mismo grupo de edad. A veces también se relacionan sexualmente con hombres mayores que ellos, en algunos casos con hombres notablemente mayores. Esas relaciones entre varones con gran diferencia de edad son habituales en algunas culturas, y por lo general ocurren dentro de la familia (por ejemplo, con un tío). Una relación de esta índole puede ser más o menos consensual, o bien violenta y abusiva. En ambos casos el varón joven suele ser relativamente vulnerable, por su falta de conocimientos acerca del VIH y por su falta de aptitudes para negociar. Otra razón de su vulnerabilidad es que, por el simple hecho de que posiblemente haya tenido más encuentros sexuales, el miembro de la pareja de más edad es más probable que esté infectado que un compañero sexual de su misma edad.
Diversos estudios cualitativos plantean el valor que tiene el peso de la subjetividad para decidir tener sexo no protegido. Estas valoraciones se asientan en creencias, mensajes no verbales o asunciones personales basadas en la intuición, interpretaciones personales, confianza, estados emocionales, etc.
Los comportamientos que implican riesgo sexual deben comprenderse en un análisis más amplio de lo meramente genital y tener sexo sin condón, ya que pueden tener diferentes significados para los HSH.
Es conveniente hacer la distinción entre el buscar o soler tener (intencionadamente) sexo no protegido, y hacerlo en situaciones circunstanciales. La primera distinción entraría en lo que se llama bareback ("sexo a pelo") y, la segunda, en lo que sería un pobre planeamiento o una falla en el cuidado sexual (un "desliz", "recaída" o "resbalón"), que es más la norma que la excepción en la experiencia de la mayoría de los entrevistados.
Algunos hombres deciden por sí mismos que es correcto no usar un condón si son quienes penetran, o si tienen sexo oral, o si la carga viral de la pareja es indetectable. Los HSH podrían estar tomando estas decisiones porque hasta hoy las evidencias científicas de la trasmisión son ambiguas o porque no les incomoda su nivel de riesgo.
Las relaciones sexuales anales sin protección entre hombres con diferente status de seroprevalencia siguen constituyendo el mayor riesgo de transmisión entre los HSH. La sensación de intimidad que produce el contacto de piel con piel hace que algunas personas no usen condón durante la penetración. Muchos HSH autodeclarados homosexuales o bisexuales sienten que su identidad sexual y las metas de liberación sexual obtenidas en arduas batallas dependen de poder tener sexo—incluyendo las relaciones anales—sin restricciones de ninguna clase.
Una gran mayoría de HSH se enfrenta al riesgo con frecuencia, sin embargo existe muy poco conocimiento o investigaciones sobre aquellos hombres que se mantienen sanos y seguros, y sobre cómo sus valores, su forma de cuidarse, su ética, su esperanza de sobrevivencia colectiva y sus relaciones con los demás les han apoyado. Campo en el que se debiera investigar en América latina para apoyarse en dichos conocimientos para diseñar las nuevas estrategias informativas y preventivas.
Investigación cualitativa, cultura y prevención
La investigación puede ser una actividad sencilla y fácil de llevar a cabo. Es la intervención primaria que nos permite conocer qué está sucediendo, entre quiénes, en qué lugares y cuáles son las necesidades específicas que debemos cubrir. También nos proporciona datos sobre comportamientos sexuales, datos epidemiológicos, antropológicos, etc. Analizar la situación nos ayuda a decidir en qué poblaciones es más urgente intervenir, en qué sitios es más apropiado llevar a cabo las intervenciones y qué tipo de acciones debemos emprender para atender las necesidades específicas.
Fundamentados en Guba & Lincoln se puede afirmar que los significados de los fenómenos del mundo social y cultural se crean en la interacción social humana. Conocer dichos significados implica mirar las maneras en que los fenómenos son creados socialmente en la cultura, institucionalizados y convertidos en hábitos o tradición por los seres humanos en sus procesos relacionales sociales.
El fortalecimiento de las instituciones de salud, sus funcionarios y de los servicios que brindan se logra, por ejemplo, al reconocer los aspectos sociales que influyen en la construcción de la sexualidad individual, algunas intervenciones también en salud informativas, educativas, preventivas, asistenciales, apoyo y counselling, aprovechan el peso de ciertas normas comunitarias o la influencia de los otros miembros del grupo de referencia, -como pueden ser amigos, voceros, o líderes naturales- para establecer modas o hábitos que luego son emulados.
Leininger, en su modelo de la enfermería transcultural no sólo tiene en cuenta el contexto y medio ambiente, sino también la estructura social y cultural, los valores culturales y modos de vida, las expresiones de los cuidados, la concepción del mundo, influencias, formas prácticas y familia, además de factores sociales, factores religiosos y filosóficos, factores tecnológicos, factores políticos y legales, factores económicos y factores racionales; así mismo nos habla del lenguaje y de todos los anteriores como fundamentos del bienestar. La comunicación es eminentemente cultural (Ibarra Mendoza & Siles González, 2006).
Cultura es una respuesta conductual aprendida y estructurada que se desarrolla a lo largo del tiempo como resultado de la impresión en la mente de las estructuras sociales y religiosas y las manifestaciones intelectuales y artísticas. Cultura es también el resultado de los mecanismos adquiridos que pudiesen tener influencias innatas pero que son principalmente afectados por los estímulos externos ambientales. Cultura está formada por los valores, creencias, normas, y prácticas que son compartidas por los miembros de un mismo grupo cultural. La cultura guía nuestro pensamiento, acciones y maneras de ser, y se convierte en expresiones aprendidas y prediseñadas de quienes somos. (Newman & Davidhizar, 1999).
Identidad, cultura y sexualidad se relacionan directamente con salud, no sólo con la forma como se percibe la salud, sino también la explicación que de ésta se hace, la emoción que genera y la vivencia que de ella se experiencia. Es necesario reconocer que las experiencias, vivencias, explicaciones y emociones aun cuando se nos antojen extrañas o controversiales por el hecho de ser diversas a la manera particular de ver y vivir el mundo, igualmente son propias de las poblaciones con las que deseamos actuar. De ahí se desprende la necesidad de profundizar las complejas motivaciones que llevan a un grupo de HSH a tener prácticas sexuales genitales sin protección apropiada. Para conocer dichas motivaciones se requiere de la investigación cualitativa.
Los estudios cualitativos analizan aspectos subjetivos que están vinculados con la calidad (la calidad determinada a partir de diversos y variados criterios) y con las percepciones y explicaciones que las personas que participan en el estudio tienen sobre algunos hechos. Al respecto se recomienda leer el texto “Investigación cualitativa, observación y grupos focales y de discusión” con autoría de Manuel Velandia Mora.
Lenguaje, emociones y prevención
Las labores de prevención del VIH necesitan conceptos más amplios y emocionalmente resonantes que desarrollen los aspectos afirmativos de la vida de los HSH.
Se afirma científicamente que el lenguaje genera mundos, con ello se quiere decir que mientras algo no exista en la palabra, no existe como realidad (Maturana, 1977) de donde se puede extrapolar que mientras una persona no se identifique positivamente con la palabra que define su sexualidad o parte de ella, tiene problemas de identidad
Algunos experimentos han buscado identificar a los líderes de la comunidad - a veces informales- para promover a través de ellos los patrones de conducta de auto-cuidado (Frasca, 2002).
El cuidado no es posible sin la comunicación. Un elemento fundamental del cuidado es la comunicación, además es la expresión de la vida misma y cuidar es un acto de vida. Cuidar representa una infinita variedad de actividades dirigidas a mantener y conservar la vida y permite que esta se continúe y se reproduzca. “La comunicación es posible solamente en un clima de libertad, en donde uno se siente a sus anchas y puede expresarse sin presiones paralizantes”. (Pinto, 1977)
Tradicionalmente se ha dicho que la comunicación es un proceso de doble sentido en el que hay un emisor, un receptor, un mensaje y una retroalimentación, sin embargo la comunicación puede interpretarse de una manera menos lineal. Desde la teoría de Echeverría, un postulado inicial con relación a lo que comprende por ontología, es que “Cada planteamiento hecho por un observador nos habla del tipo de observador que ese observador considera que es... Hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, siempre se revela en ello una cierta comprensión de lo que es posible para los seres humanos y, por lo tanto, una ontología subyacente” (Echeverría, 1996). En tanto individuos tenemos la capacidad de generarle un sentido a la vida, interpretándonos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.
Una vez constituidos como individuos, gracias a la capacidad recursiva del lenguaje humano, podemos observarnos a nosotros(as) mismos(as) y al sistema al que pertenecemos y, estamos en capacidad de ir más allá de nosotros(as) y de esos sistemas. La posibilidad de reflexión es la que nos permite establecer conversaciones con nosotros(as) mismos(as) y con los(as) demás, acerca de nuevas posibilidades, así estamos en la capacidad de intervenir en el proceso de cuidado de nosotros(as) mismos(as) y de muchas otras personas.
Para Henderson (1966), la comunicación es una de las catorce necesidades de los seres humanos. Rogers (1970,1980), considera que el ser humano tiene la capacidad del lenguaje y del pensamiento, y de la sensación y de la emoción.
El pensamiento sistémico nos muestra la gran significancia que tienen las interrelaciones, interafectaciones e interdependencias que se suceden entre los diferentes sujetos que conforman un sistema. La ontología constitutiva nos permite entender el papel determinante que juegan las personas en la comprensión de la realidad como también la importancia que conlleva reconocerse en relaciones multi-versales. Teniendo en cuenta estos dos aspectos y adentrándonos en la comunicación, que siempre ha sido entendida linealmente (emisor-mensaje-receptor), para comprenderla de manera sistémica y constitutiva podremos avanzar a asumir que la comunicación (comun-unicación) es una danza en la que toda persona que comunica es simultáneamente emisor, receptor y mensaje y por tanto existe una interacción, interafectación e interdependencia entre los agentes comunicativos.
Si recordamos que en la ontología constitutiva cada observador interpreta la realidad de una manera particular, logramos extrapolar que en consecuencia cada comunicador interpreta lo que le han comunicado de igual forma, por tanto puede concluirse que el lenguaje no es único sino que una misma palabra puede ser dicha, oída e interpretada también de manera particular, hecho que refuerza aun más la comprensión de lo que hemos denominado el multi-verso. De ahí que pueda afirmarse que el lenguaje genera mundos, es decir un mundo diferente en cada sujeto que comunica, un mundo que puede cambiar a partir de la relación con el medio o contexto en que se realiza la comunicación y de los agentes comunicativos con dicho entorno.
Durante mucho tiempo se nos ha dicho que somos seres racionales pero las más recientes investigaciones sobre el cerebro han determinado que somos seres emocionales que actúan y piensan; con ello se ha querido afirmar que si una persona se ve afectada en sus estructura cerebral de tal manera que pierde su capacidad emocional entonces queda, de igual manera, incapacitada para decidir, ya que se opta por una explicación o se decide actuar a partir de una emoción generada por el gusto, el disgusto o la indiferencia que se origina en una realidad, ya sea esta una persona, cosa, situación o lenguaje.
Las emociones no son estados que permanecen en nosotros sino que surgen en el mismo momento en que nos encontramos con la otra persona o con un hecho concreto. Es decir no vivimos en el amor, el odio y la indiferencia, emociones que son las básicas, sino que estas y las demás emociones se manifiestan en nosotros como parte del proceso relacional con las demás personas.
La cultura nos ha programado para no expresar explícitamente nuestras emociones sino para acomodarnos situacionalmente en ellas ya que no es “bien visto” que seamos explícitos en expresar el amor, el rechazo o la indiferencia que nos produce una persona, una situación o una cosa.
Las emociones afectan nuestra comprensión del lenguaje. Al cambiar la emoción que nos genera una persona igualmente la oímos e interpretamos lo que nos dice de una manera diferente; por consiguiente la emoción genera en nosotros una manera de actuar que está en concordancia con ella, razón por la cual puede afirmarse que las emociones son los motores de la acción humana.
Aspectos éticos de la investigación
El consentimiento informado se basa en principios bioéticos; inicialmente fue utilizado en medicina, se reporta su uso en la literatura científica a partir de 1930; su uso legal se da por primera vez en la legislación americana, en 1957, en un recurso judicial en California. Se soporta en los derechos fundamentales: al libre desarrollo de la personalidad sobre la base de la libertad, la autonomía, la privacidad; el derecho a la vida, y por conexión, al derecho a la salud.
La quinta modificación de la Declaración de Helsinki (Edimburgo, 2000) ha supuesto un cambio fundamental en la historia de este documento, tras años de debate dentro y fuera de la Asociación Médica Mundial. La Declaración se adoptó en 1964 en un intento de demostrar la capacidad autorreguladora de los médicos en el control ético de la investigación con seres humanos. Diferentes transgresiones al protocolo obligaron a diversas revisiones; la última de ellas es la anteriormente citada, con lo que se corroboró una vez más que, se basaba en una lógica de la investigación clínica arcaica, a espaldas de todo el desarrollo metodológico moderno. En ella se resaltan el énfasis dado a la protección especial de las poblaciones o grupos vulnerables; y, la apuesta por la transparencia.
Existe pues un acuerdo en la ciencia sobre no vulnerar a los pacientes o informantes y unos criterios éticos para tratar situaciones conflictivas sujetas a juicios morales. Las investigaciones cualitativa y cuantitativa comparten muchos de sus aspectos éticos, de tal manera que estos aspectos que son aplicables a la ciencia en general, son aplicables a la investigación cualitativa.
Según los DeCS (Descriptores en Ciencias de la Salud) es la “Autorización voluntaria dada por un paciente o sujeto de investigación, con total comprensión de los riesgos que implican los procedimientos diagnóstico y de investigación y el tratamiento médico o quirúrgico” .
Como lo informan las fichas de consentimiento informado para entrevista (Anexo Nº 01) y para encuesta (Anexo Nº 02) su propósito es proveer a los y las participantes en la investigación, una explicación sobre:
• La naturaleza de la misma;
• Su participación como informantes; y,
• La utilización que se le dará a la información provista.
Algunos elementos adicionales pueden considerarse condicionantes para el cabal cumplimiento del consentimiento informado, estos son:
• Ausencia de coerción o engaño.
• Capacidad, claridad y autonomía del sujeto consultado o experimentado para tomar decisiones.
• Información completa sobre el qué de la investigación (objetivo o meta), el cómo (procedimiento que se sigue la información) y el para qué (uso que se le dará a la misma) describiéndose en forma explícita el propósito, el procedimiento, el instrumento de recopilación de información como tal, y la proyección y/o socialización de los resultados obtenidos en dicho proceso.
• Información sobre el tiempo utilizado;
• Posibilidad de abandonar la investigación a discreción de los/as informantes.
A todos los y las informantes se les debe comunicar sobre la necesidad de obtener su consentimiento.
domingo 13 de diciembre de 2009
HSH, IDENTIDADES Y PREVENCIÓN DEL HIV/SIDA
Etiquetas:
HSH,
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sida
miércoles 28 de enero de 2009
No es amor, es oxitocina
Por Manuel Velandia
Siempre nos hemos preguntado ¿Por qué nos enamoramos? Algunos creen que el corazón tiene razones que la misma razón desconoce, pero los más recientes estudios sobre el cerebro realizados por el profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos y publicados la Revista Nature, han concluido que el amor obedece, muy seguramente, a procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.
Los experimentos de Young han demostrado que la aplicación de un spray conteniendo la hormona oxitocina cerca de la nariz de la persona sujeto de investigación, aumenta su confianza en el otro. Young considera que el amor “es una reacción química. Al menos en las ratas, sabemos que si uno toma una hembra, la pone junto a un macho e inyecta su cerebro con oxitocina, ella intentará rápidamente vincularse con el macho”. Por otro lado, los hallazgos de Peter Klaver, de la Universidad de Zurich, sugieren que la hormona, de alguna manera, refuerza las redes neuronales del cerebro implicadas en la memoria social, pues favorece la recordación de imágenes.
Ya no necesitará de afrodisíacos naturales, sino que los científicos desarrollarán afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la persona que apareciera frente a nosotros justo después de la medicación. Si se es lesbiana u homosexual habría que tener cuidado que ésta fuera de nuestra misma opción sexual para evitar problemas. La ventaja del uso de las oxitocinas estaría en que aquellos/as que se enamoran de quien no deben, se les podría administrar un antídoto contra su amor inadecuado.
Incluso se podría llegar a realizar un "test del amor" para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.
El doctor Young no cree que “la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata”, en otras palabras, nos quiere decir que no hay muchos aprendizajes en eso del amor, pues “nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal”, recordemos que muchos estudios han probado que los animales también se relacionan con otros del mismo sexo.
Lo anterior es importante porque los científicos han descubierto que en los animales una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo; y según Young es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos. Sin embargo para este investigador “lo que sucede es que cuando experimentamos esas emociones, son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos”, y que lo mismo nos sucede a los humanos.
La oxitocina es la responsable del fuerte vínculo que dura durante un largo tiempo en los animales en convivencia; en humanos la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros, por lo que Young considera que “el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas” y que hay otras sustancias químicas que igualmente son responsables de fortalecer ese vínculo, que se deben estudiar, ya que “hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro”.
De lo anterior se desprende que “el amor depende tan sólo de sustancias químicas”; a pesar de ellos igualmente reconoce que “las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro”, por lo que para Young “las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y la expresión genética”.
En resumen, “la oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros” y “podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada junto con terapias matrimoniales para devolver la chispa a una relación”. Recordemos que comercialmente ya se consiguen perfumes que contienen oxitocina, pero según Young los niveles de oxitocina deben ser mucho más elevados que los hasta ahora utilizados, para que realmente funcionen como afrodisíacos.
Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso, “utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario”. Como afirma este investigador “este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente”.
Mientras tanto, deberíamos estar alerta a que nuestras oxitocinas no nos conduzcan por caminos insospechados en los que cualquier sapo verde se convierta, por sus efectos, en príncipe azul o cualquier “bella durmiente” se nos transforme fácilmente en princesa fucsia. Por otro lado, recordemos que lo que los anuncios de ciertos perfumes nos prometen, no funciona apropiadamente y en cambio si se nos convierte en gasto aquello que pensábamos como inversión.
Recientes investigaciones científicas que centran los procesos afectivos en el cerebro y los efectos de ciertas substancias químicas.
Siempre nos hemos preguntado ¿Por qué nos enamoramos? Algunos creen que el corazón tiene razones que la misma razón desconoce, pero los más recientes estudios sobre el cerebro realizados por el profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos y publicados la Revista Nature, han concluido que el amor obedece, muy seguramente, a procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.
Los experimentos de Young han demostrado que la aplicación de un spray conteniendo la hormona oxitocina cerca de la nariz de la persona sujeto de investigación, aumenta su confianza en el otro. Young considera que el amor “es una reacción química. Al menos en las ratas, sabemos que si uno toma una hembra, la pone junto a un macho e inyecta su cerebro con oxitocina, ella intentará rápidamente vincularse con el macho”. Por otro lado, los hallazgos de Peter Klaver, de la Universidad de Zurich, sugieren que la hormona, de alguna manera, refuerza las redes neuronales del cerebro implicadas en la memoria social, pues favorece la recordación de imágenes.
Ya no necesitará de afrodisíacos naturales, sino que los científicos desarrollarán afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la persona que apareciera frente a nosotros justo después de la medicación. Si se es lesbiana u homosexual habría que tener cuidado que ésta fuera de nuestra misma opción sexual para evitar problemas. La ventaja del uso de las oxitocinas estaría en que aquellos/as que se enamoran de quien no deben, se les podría administrar un antídoto contra su amor inadecuado.
Incluso se podría llegar a realizar un "test del amor" para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.
El doctor Young no cree que “la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata”, en otras palabras, nos quiere decir que no hay muchos aprendizajes en eso del amor, pues “nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal”, recordemos que muchos estudios han probado que los animales también se relacionan con otros del mismo sexo.
Lo anterior es importante porque los científicos han descubierto que en los animales una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo; y según Young es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos. Sin embargo para este investigador “lo que sucede es que cuando experimentamos esas emociones, son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos”, y que lo mismo nos sucede a los humanos.
La oxitocina es la responsable del fuerte vínculo que dura durante un largo tiempo en los animales en convivencia; en humanos la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros, por lo que Young considera que “el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas” y que hay otras sustancias químicas que igualmente son responsables de fortalecer ese vínculo, que se deben estudiar, ya que “hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro”.
De lo anterior se desprende que “el amor depende tan sólo de sustancias químicas”; a pesar de ellos igualmente reconoce que “las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro”, por lo que para Young “las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y la expresión genética”.
En resumen, “la oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros” y “podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada junto con terapias matrimoniales para devolver la chispa a una relación”. Recordemos que comercialmente ya se consiguen perfumes que contienen oxitocina, pero según Young los niveles de oxitocina deben ser mucho más elevados que los hasta ahora utilizados, para que realmente funcionen como afrodisíacos.
Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso, “utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario”. Como afirma este investigador “este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente”.
Mientras tanto, deberíamos estar alerta a que nuestras oxitocinas no nos conduzcan por caminos insospechados en los que cualquier sapo verde se convierta, por sus efectos, en príncipe azul o cualquier “bella durmiente” se nos transforme fácilmente en princesa fucsia. Por otro lado, recordemos que lo que los anuncios de ciertos perfumes nos prometen, no funciona apropiadamente y en cambio si se nos convierte en gasto aquello que pensábamos como inversión.
viernes 19 de diciembre de 2008
Autobiografia: El proceso de Manuel Velandia para hacerse marica o Una historia en primera persona del Movimiento homosexual colombiano
Manuel Antonio Velandia Mora
España junio de 2008
Este documento es el Anexo Nº 1 del Estudio autobiográfico descriptivo que explicita la experiencia-comprensión del proceso de transformación personal y social del autor, en el Movimiento Homosexual Colombiano, ubicándola en el contexto de cambio cultural y social de dicho país, con el fin de indicar-inferir cierta estructura que permita actuar educativamente.
Realizado para obtener el Diploma de Estudios Avanzados. Doctorado en Intervención Psicopedagógica. Universidad del País Vasco, UPV, España. Otorgado el 27 de marzo de 2009
Nota bibliográfica: Todos los documentos que aquí se citan se hallan en este mismo blog como artículos.
INDICE
1. Estudio autobiográfico descriptivo
2 De homosexual a marica sujeto de derechos: Arqueología al interior de mí mismo
2.1 Surge una historia
2.2 Dios ve debajo de la cama
2.3 Marujita explica el mundo
2.4 La necesidad de “ser bueno” y de que otros puedan serlo
2.5 No solo de pan vive el ser humano
2.7 Aprendiendo en la escuela formal
2.7.1 Investigación y sexualidades
2.8 Soy distinto: La influencia de un homosexual francés
2.9 De la maricada y el arte
2.10 Un cuerpo, dos cuerpos… un movimiento
2.10.1 El arte, un espacio de trasgresión política
2.10.2 El trabajo educativo como estrategia política
2.10.3 No perder lo construido, re-construir lo perdido, trascender el ghetto gay
2.10.3.1 Sin sede, pero con grupo
2.10.4 Brincar por la Ventana
2.10.4.1 La analidad como ejercicio trasgresor del poder falocrático
2.10.4.2 Cambiar la norma no cambia los ciudadanos
2.10.4.3 Frente artístico y cultural
2.10.4.4 Frente educativo
2.10.4.5 La protesta política, un acto militante
2.10.5 Sacar la cara por esa ventana, que son los medios
2.10.5.1 Por- no-grafía
2.10.6 Discurso marica
2.10.6.1 La inmunodeficiencia relacionada con los gay
2.10.6.2 Sin el heterosexual es “straight”, yo soy torcido
2.10.6.3 Idénticos pero diversos
2.10.6.4 Los derechos sexuales son también derechos humanos
2.10.6.5 Los maricas estamos en todas partes
2.10.6.6 ¿Es usted hombre o mujer?
2.10.6.7 Esto no tiene nombre
2.10.7 Sujeto de derechos
2.10.7.1 Fallos de la Corte Constitucional Colombiana con respecto los derechos legales de los homosexuales en Colombia
2.10.7.2 Los derechos sexuales de los jóvenes colombianos
2.10.7.3 Derechos civiles de las parejas del mismo sexo: la puerta de entrada al mundo de la política.
2.10.7.4 La estrategia de la derecha o el juego político de algunas personalidades en contra del reconocimiento de las uniones de parejas del mismo sexo.
2.10.7.5 No es de cristianos gobernar para minorías
2.10.7.6 De sujeto que investiga a sujeto investigado
1 Estudio autobiográfico descriptivo.
Inicialmente pensé en que mi autobiografía fuera una espeleología al interior de mí mismo. Partiendo de que la espeleología es la ciencia que se encarga de la exploración y estudio de las cavernas o cavidades subterráneas, y que ya quería buscar en el fondo de mí mismo, la esencia de mi trabajo como persona homosexual que busca la transformación social.
Muy pronto mi director de investigación, el Maestro Orcasitas (para mi es más que un profesor) me hizo dar cuenta que todo análisis que hiciera hoy, estaría viciado por el contexto epistemológico, social y cultural del momento y que sería conveniente usar el concepto de Arqueología de Foucault.
Por supuesto no se plantea aquí usar la disciplina que estudia las civilizaciones antiguas a través de los restos que de ellas se conservan, como monumentos, piezas de cerámica, esculturas, esqueletos, etc., sino de la idea que propone este autor en La arqueología del saber en donde plantea que se inscribe, según en el contexto epistemológico del momento, que este no es un corsé rígido, sino una síntesis del ambiente cultural de un momento dado, donde los diferentes planos enunciativos (política, economía, cultura...) crean sus estrategias de adaptación al plano de la realidad.
Vivir en España, en un momento histórico en el que se ha avanzado en la obtención de usa serie de derechos para la población LGBT y se vive un ambiente totalmente diferente al mío, necesariamente influirá no solo en mi estado de animo, en la decisión de que es importante, en la selección de textos que haga para alimentar mi autobiografía y también en el análisis que haga de los mismos.
En Foucault, el momento y la historia aparecen como un discontinuo, como una superposición de enunciados, como un entrecruzamiento dialéctico, no sujeto a una armonía unificadora o reductora de la complejidad. Habla de la ‘historia global’ como una crónica de discontinuidades, de afirmaciones y negaciones, de tensiones entre enunciados propositivos y las tensiones del poder. La historia no aparece ya como una sucesión de hechos encadenados, sino como una recreación de lo discontinuo como sistema.
Esta ultima idea, me apoyó en la decisión sobre cómo hacer el texto narrativo por cuanto no es una narración cronológicamente continua, sino una serie de momentos que emergen de la interrelación, interafectación e interdependencia de experiencias, emociones y saberes que lograron no solo transformar mi existencia sino también contribuyeron a la transformación de otros homosexuales y lesbianas y de nuestra realidad nacional colombiana.
2 De homosexual a marica sujeto de derechos: Arqueología al interior de mí mismo
Esta autobiografía es un encuentro conmigo mismo, con mi historia y sobre todo para re-construirme persona. Como toda autobiografía responde a la visión del autor sobre su existencia, a las explicaciones que da a los diferentes momentos de su vida; en mi autobiografía se resalta aquello que visto desde el momento actual de mi existencia considero importante, pero no por ello dejo de lado los encuentros y desencuentros con otros quienes pensaban, actuaban y sentían diferente de mi, porque es precisamente esa contradicción con ellos o con migo mismo la que me ha llevado a ser lo que ahora estoy siendo y a luchar por aquello que en cada momento he considerado importante.
La autobiografía es el seguimiento a una serie de transformaciones, a un espiral en el que muchos momentos determinaron cambios en mi manera de proceder, de explicar y de dar sentido a mi existencia y a la de los demás; en ese orden de ideas creo que en el hacerme humano, conciente o inconcientemente, siempre he ido hacia delante, dando cierta importancia a hechos, acontecimientos y personas y restándosela a otras situaciones y personas; porque en ese proceso de construirme humano, me sentí bien con migo mismo, así dicho bienestar haya producido inicialmente en mí cierta desazón o unas ganas enormes de huir de aquello que me estaba sucediendo.
Las personas que tomaron importancia en mi vida probablemente nunca supieron o sabrán que han sido significativas en mi transformación, pero haberlas podido encontrar o que ellas se hayan dejado descubrir, así los encuentros hayan sido en sí mismos la más cruel de las huidas (de ellos y de mi mismo), tuvo como consecuencia procesos de reflexión y vivencias que posibilitaron una mayor coherencia entre la acción y la explicación.
El eje transversal de este recuento de vivencias y experiencias será mi encuentro con la sexualidad y la educación. En cuanto a la sexualidad, con la mía propia, la de otros y su relación con la mía, los discursos familiar, religioso y social sobre ella, y los cambios generados en mí y en otros a partir de esos nuevos aprendizajes. No pretendo estudiar el origen de mi homosexualidad, sobre ese aspecto ya dediqué todo un tiempo y de esa reflexión surgió un capítulo primero de mi libro “Y si el cuerpo grita… dejémonos de maricadas” denominado “Razones que dan algun@s poc@s de por qué much@s otr@s son como son” y del que cito el cabezote introductorio en que se evidencia mi pensamiento al respecto, para mi es claro que yo decidí serlo y que si volviera a nacer lo sería nuevamente, porque sigo afirmando lo que le dije un día a alguien ¡Marica es lo que yo soy, y soy feliz!
Las teorías no explican la homosexualidad y la lesbianidad; cuando mucho, se aplican solamente a algun@s de ell@s.
Cuando yo me di cuenta de que era homosexual, pensé que había nacido así. Después leí algunos documentos científicos, y deduje que mi madre tenía la culpa. Pero otras teorías me aclararon que la raíz era la relación con mi padre, o que con ambos... Posteriormente concluí que era cuestión de hormonas. Pero no tardé en enterarme de que tenía que ver con mi hipotálamo; Cuando creía tener una respuesta me enteré de que estaba relacionado con mi herencia y mi cromosoma “X”.
Después de mucho pensarlo creí que yo me había hecho homosexual...
Por suerte, a pesar de tanta ciencia, sigo siendo feliz. ¡El origen es lo de menos!
Con relación a la educación, en mi labor de líder social que realiza acciones educativas sin haber sido formado profesionalmente para ello, me atrae mi interés por la formación y desarrollo de la conciencia de sí como persona, sujeto social, ciudadano, sujeto de derechos y sujeto político. Del cruce de la sexualidad y la educación me apasionan los procesos de construcción de la identidad ya que apoyan tanto la autoformación como contribuyen a que las personas comprendan por medio de la educación que la negación de sí mismas, es fruto de otros procesos castro-educadores.
La lucha reivindicativa de lesbianas y gay, se considera que comienza a nivel individual, sin embargo, cualquier persona que muestre públicamente su homosexualidad, es un militante. Lo sepa o esta persona se halla haciendo activismo gay. Soy re-conocido nacional e internacionalmente como un activista por los derechos de la población LGBT y en el tema del sida. Mi lucha comenzó en la sexualidad hace treinta años, en el sida, hace 24. Comenzó y continua tratando de entender, explicar, educar con relación a las raíces de la homosexualidad ya sean médicas, culturales, sociales, políticas o religiosas.
En esa lucha he comprendido que, mi aspiración no ha sido nunca ser un sujeto normal, primero porque la norma, el “deber ser” no es para mí el modelo al que aspiro llegar sino del que me pretendo alejar.
Muchos consideran que soy irreverente, realmente durante mucho tiempo lo fui pero con el paso de los años he comprendido que sacarle la lengua a quien piensa distinto no es la mejor manera de avanzar en una discusión. Inicié la estrategia de tratar de entender lo que el otro decía antes de decir lo que yo pienso, esto me permitió darme cuenta de que muchas veces aun con las personas mas disímiles tenia ciertos acuerdos y aprendí a recalcar dicho acuerdo para así poderme centrar en la discusión sobre los desacuerdos. Claro esta que debí hacer claridad en que el eje de toda discusión no estaba en tener la ultima palabra sino en lograr ciertos acuerdos que nos permitieran avanzar. Creo que hay que tener opinión, no importa la situación en la que me encuentre creo que siempre tengo una opinión y debo expresarla, no puedo permitirme callar, menos en aquellas situaciones en que la injusticia… he mejorado en la tolerancia y sobre todo en la consideración de los otros, eso me ha permitido una mejor convivencia, también los otros se dan cuenta de ello.
Las discusiones más que una manera de contar tu pensamiento son un espacio para contarse a sí mismo y en voz alta los propios pensamientos, los demás son una excusa para avanzar sobre si mismo.
A pesar de los cambios en mi experimentados y en la construcción de mis relaciones, mucha gente entiende que no soy un ser convencional, inicialmente fui un poco mas radical pero con el paso del tiempo y en la medida que los logros eran mas difíciles aprendí a negociar y me fui haciendo mas político y actuando “mas políticamente correcto”, de todas formas no ser convencional en muchos aspectos, me ha convertido en un ser marginal, pero en el caso del discurso sobre las sexualidades, los derechos humanos y sexuales y el sida, dicha marginalidad ha sido el resquicio por el que los medios me han dejado asomarme en sus paginas, micrófonos y pantallas. Dicha posibilidad no me ha hecho olvidar que todavía sufrimos persecuciones, que somos una minoría, que ciertos éxitos nos exponen aun más y nos hacen más vulnerables; que soy de alguna forma un privilegiado pero que ese privilegio ha significado amenazas contra mi vida, contra mi familia, e incluso el exilio y la búsqueda del asilo político. Tema, este último, al que no me referiré profundamente porque la presente autobiografía tan solo abarca hasta el momento en que el debate sobre los derechos humanos y sexuales de las parejas del mismo sexo llega hasta su discusión en el Congreso de la Republica de Colombia.
Quiero dejar por sentado que entiendo que la libertad legal no es una libertad política, y mucho menos crea todas las condiciones para alcanzar la transformación social y mejorar la convivencia para los homosexuales, las lesbianas y demás minorías sexuales, pero que si son un paso de suma importancia para el cambio. No me interesa el matrimonio pero lo que si me interesa son los derechos civiles de pareja, no porque requiera de una ley que así lo promulgue ya que siempre he compartido plenamente con mis parejas, sino porque son muchos los excluidos y excluidas del sistema legal colombiano.
Por ultimo quiero aclarar que en muchos casos me he visto obligado a crear un lenguaje nuevo que diga lo que quiero decir, sin estar contaminado por el uso y el abuso. Y además, que con el amor tengo un problema, no busco un príncipe azul, tengo claro que estos se destiñen con mucha facilidad, que prefiero un enano verde que se vaya convirtiendo en príncipe, claro que para que el enano logre entusiasmarme primero debe llegarme al cerebro, y no precisamente desde la ruta de las emociones sino desde su manera de pensar, prefiero las personas inteligentes a las atractivas, pero esta autobiografía para nada de centra en mis relaciones afectivas y cuando lo hace, es porque es importante para el tema de construcción política y de la educación.
2.1 Surge una historia
Mi padre nació con el siglo XX, y murió en Julio de 1974, en el Socorro, Santander del Sur, Colombia y llevó a su esposa, María de los Ángeles Mora, al altar en 1930. La suya fue una boda de esas con las que nadie está de acuerdo porque muchos pensaban que él era demasiado viejo para ella, pues su diferencia de edades era de 12 años. Maruja, una mujer inocente durante toda su vida, lo era aún mas al casarse pues apenas era una niña de catorce años, ella nació en 1916. Ella se sintió bastante molesta con mi padre, luego del matrimonio, cuando intentó “propasarse” haciendo “cosas sucias” con ella; para ella era inconcebible que un hombre que decía amarla le hiciera a una mujer “eso” que a él le gustaba hacer.
Carmelita, su confidente por más de medio siglo fue la primera en enterarse de que mi madre quedó preñada, se dio cuenta de su preñez al observar su preocupación por sentir cierto malestar y estar vomitando permanentemente. Maruja tan solo sabía del embarazo lo dicho por su madre: una mujer a punto de tener un hijo siempre trasboca. El temor de María de los Ángeles era pensar como pudiera quedar su boca después del alumbramiento: desde su desconocimiento de la vida y lo poco que conocía de anatomía podía deducir que era poco probable el paso de un niño por la boca. Las dudas se disiparon pronto. El temor al embarazo se había perdido totalmente al momento de parirme a mí, pues en ese entonces ya tenía 39 años y varios hijos.
Lancé al aire mi primer grito el primero de junio de 1955, en el Socorro, Santander del Sur, Colombia. Ví la luz por primera vez en la misma cama de madera en la que mis padres me engendraron. Nací a las nueve de la noche en el segundo piso de la casa en que vivía y trabajaba mi familia; en la única habitación cuya ventana daba a la calle, y desde la que se podía divisar, la plaza principal del pueblo ubicada a escasa media cuadra. El mío fue un parto normal a pesar de que haber sido atendido por comadrona y de mi peso, 9 libras, producto según decían de un embarazo prolongado más allá del tiempo necesario. Las primeras personas que me vieron no podían dar crédito a lo que sus ojos veían, el niño parecía tener más de tres meses de nacido a sí mi madre insistiera en que tan solo habían pasado unas horas después del alumbramiento.
Fui el séptimo de ocho hermanos: el décimo de los hijos en un hogar que debería estar compuesto por ese mismo numero de hermanos, pero que nunca pasó de ocho porque los tres primeros murieron al poco tiempo de haber nacido; el séptimo de ocho hermanos debido a que nuestro cuarto hermano, el mayor de los vivos, no lo era de sangre sino adoptado. Digo ocho hermanos porque dos años después de mí nació Richard, quien murió antes de cumplir sus cinco años. Luego de tantos nacimientos y muertes terminé siendo el menor de todos: tres hombres y cuatro mujeres.
Para mis primeros tres hermanos su vida fue muy corta, el primero nació muerto, el segundo duró un par de días, y el tercero alcanzó a vivir como cuatro meses; los bautizaron con el mismo nombre de mi padre: Manuel Velandia. Todos murieron a los pocos días de haber nacido por lo que no volvieron a bautizar a ninguno con este nombre, ya que según los indicios esto parecía ser un augurio de mala suerte. La regla se rompió con migo, de todas maneras decidieron llamarme de esa misma manera: por agüero pero también en homenaje a mi tío, el hermano menor de mi madre, me bautizaron con su nombre: Antonio, de tal manera que me llamo Manuel Antonio.
Mi madre, aun ahora a sus 90 años, no ha perdido el gusto por la moda de aquella época: lucir vestidos descotados y faldas anchas, aun ahora a pesar de su edad, los prefiere cambiando las faldas de sus vestidos, ahora angostos. Desde recién nacido se volvió para mí una costumbre dormir con una mano puesta sobre una de sus tetas, y con la otra acariciando la bolita de carne que tenía, sobre su mejilla derecha y que a sus 84 años se la quitaron en una cirugía). Yo dormía placidamente en su regazo y únicamente despertaba sobresaltado en aquellos momentos en los que no encontraba la bolita de mi madre o no podía tener la mano sobre el pedazo de seno que siempre asomaba sobre el revoque de su vestido. Para evitar habladurías me quitaron la leche materna y me la cambiaron por tetero de aguadepanela con leche, rito repetido día tras día a las cinco de la tarde hasta decidir, al cumplir mis ocho años, ponerle cebolla al chupo para que lo rechazara. Mi odio a la cebolla aumentó hasta el punto de que aún hoy, después de tantos años, el olor a la cebolla sin importar si es larga, cabezona o berro me produce sensación de vómito.
A mi alrededor se sucedían uno a uno acontecimientos sociales debido a que mi casa era la que poseía dos de los más grandes salones del pueblo. No era propiamente el Club del Socorro, pero allí, en la primera de las salas, la que daba junto a la puerta de la calle, estaba la Funeraria San José, propiedad de mi padre; en este lugar se velaban tanto los muertos cuyas familias eran reconocidas como las de mas alcurnia como los de aquellos “NN” que morían sumidos en su más aguda pobreza. En la segunda de las salas, aislada de la sala de velación por una puerta metálica que ocultaba toda vista poco amable, se realizaban las fiestas con motivos tan diversos como los reinados estudiantiles, las despedidas de año y los grados de bachillerato acaecidos en los únicos tres colegios del pueblo.
A Maruja le gusta rezar: ora por ella, por los suyos y hasta por encargo. Lo hacía en la casa o en la iglesia catedral ubicada por la misma acera de nuestra vivienda, cruzando la calle, a una cuadra de la casa en dirección al parque. Su hábito de rezar se incrementaba con los rosarios en los que se pedía por la salvación de las almas de los muertos de otras familias: nuestros clientes. En especial acompañaba los duelos de las señoras más viejas quienes eran sus amigas y llevaban sus muertos para ser velados en mi casa. No todos los entierros eran iguales. Los más elegantes tenían candelabros más altos y brillantes, un crucifijo fabricado en plata y colocado sobre un pedestal trabajado en plata con adornos de bronce, el ataúd se fabricaba en una madera más fina y adornado con clavos de plata y se forraba con terciopelo, o si el dinero no alcanzaba para tanto no se negaba el brillo pero se adornaba con taches dorados. El féretro se colocaba sobre dos soportes, las patas de cada una de ellos formaban una lira tallada en madera. Los pobres no aspiraban a tanto, se conformaban con cuatro velas gruesas puestas sobre candelabros de madera, crucifijo plateado, ataúd forrado en satín colocado sobre torneadas patas de madera. Cuando fuimos a vivir a Bucaramanga, algunos años después mi padre no quiso desperdiciar las liras y las utilizó para hacer la base de la enorme mesa del comedor en la que podían sentarse cómodamente doce personas.
A mi madre no le atraía demasiado que yo me la pasara jugando en el piso, gateando, corriendo, saltando entre las piernas de familias vestidas de negro que se hacían visita en la funeraria, así que casi siempre los mimos de los visitantes terminaban en gritos y llanto cuando de una oreja me sacaban de la sala. A ella tampoco le agradaba que yo tomara cosas que estaban en el piso, así que se molestó mucho al descubrir en mi boca uno de los tornillos con los que atornillaban los cajones en que estaban los cadáveres a las liras que eran sus bases. Los tornillos, en algunas ocasiones alcanzaban a tocar el cadáver, así que supuso que el que me sacó de la boca estaba impregnado con sangre proveniente del cadáver de un señor que había sido asesinado y al que mi padre en reemplazo del médico, como casi siempre, había hecho la mayor parte de la autopsia.
Sus sospechas se confirmaron en la noche cuando empecé a sentirme enfermo; además de la diarrea y el vómito, mi cuerpo sudaba en exceso y fue tomando el color blanco transparente de los muertos. Los síntomas no eran conocidos, pero llegaron a la conclusión de que mi enfermedad era similar a la que llamaban “Sutera”. Para curarme, en el patio de atrás, hicieron un hueco en la tierra en el me metieron y taparon con arena. Me enterraron con todo y ropa, dejándome la cabeza por fuera. Estuve en el hueco desde las siete de la mañana hasta el día siguiente: me dejaron al sereno buscando sudara la enfermedad. Lloré casi toda la noche y conmigo lo hizo la familia haciéndome coro. El llanto pasaba por momentos cuando el hambre podía más que la tristeza. La dieta debía ser estricta y poca la comida, únicamente podía comer la receta de los enfermos que mi madre preparó durante muchos años, así que comí Miriñaques: los panderos de maíz que preparaba siempre que estábamos enfermos, acompañados algunas veces del agua con panela y otras de Caspiroleta: una colada caliente y espesa hecha con leche, huevos, azúcar y migas de panderos. Después de sacarme del hueco seguí enfermo por varios días y quedé tan flaco como era de esperarse de un muerto que siguió vivo.
Maruja pensó que probablemente iba a morir por llamarme Manuel... seguí vivo por llamarme Antonio. La comadre Carmelita anunció con mucha solemnidad y profundo conocimiento “de la Sutera no se salva nadie y tan solo si Dios lo quiere, uno se salva pero no crece”, debe ser cierto porque nunca pasé del metro con sesenta centímetros. Durante muchos meses me dieron caspiroleta y miriñaques hasta que volví a ser casi tan gordo como antes. La dieta de enfermos era tan especial para el cuidado de todos en casa que Apolinar, el segundo de los hombres, deseaba enfermarse buscando esta atención. Él, que nunca se enfermaba y se debía contentar con ver comer a los convalecientes en una oportunidad estuvo tan enfermo que le fue imposible gozar de tal privilegio, a lo que mi madre concluyó que tanta inapetencia debía ser un castigo de Dios por desear aquello que no debe desearse.
Myriam, mi hermana mayor, aprendió los secretos de la costura con mi madre y los mejoró viendo cortar y coser a mi tía Socorro, hermana mayor de mi madre, pero según cuenta ella misma perfeccionó sus conocimientos de corte, confección y diseño observando, de reojo y sin que se notara su interés, como vestían las Pieruccini, una familia descendiente de italianos, que eran los propietarios de la única imprenta del pueblo y que conservaba sus tradiciones con gran sigilo, quienes llevaban al Socorro las revistas ilustradas con el ultimo alarido de la moda. Con sus conocimientos se ganaba algunas entradas que le permitían ser algo independiente en su economía y utilizando los retazos que le quedaban al fabricar los vestidos a sus amigas, elaboraba su ropa y algunas veces la mía. Los colores que usaban las mujeres en esa época eran fuertes y brillantes, yo vestía en rozado, morado o azul: Siempre llevaba pantalones cortos y camisas de manga sisa, es decir, sin mangas, dice mi hermana Trigidia. A Myriam le encantaba que los vecinos y quienes me vieran cuando me sacaban al parque de paseo o a donde sus amigas, pudieran observar mis piernas y brazos bien formados y contorneados de niño gordito, recuperado a pesar de que hacía poco tiempo había estado a punto de la muerte.
Un poco antes de cumplir los cuatro años aprendí a jugar con el hula-hula, una rueda grande y delgada en color verde brillante que daba vueltas alrededor de mi cintura y todo mi cuerpo. La manejaba con tan gran destreza que los chicos que pasaban frente a mi casa y me veían jugando se quedaban por largo tiempo observándome, sin importarles llegar tarde a sus clases en el colegio. Distraerme con el hula-hula se volvió una novedad para los demás chicos: los atraía hasta el punto de venir a verme y si era necesario, solicitarles a mis padres me permitieran salir a hacer demostraciones. Jugaba en el salón principal de la funeraria ubicado entre la puerta metálica enrollable que caía del techo y la reja metálica que al abrirse formaba rombos y que cerraba el paso hacia la calle. De esa puerta llevo un recuerdo que primero estuvo arriba de mi nariz, después en mi frente y que con el paso de los años fue subiendo hasta quedar en la base de mi cabello: una cicatriz que me marcó la puerta cuando cayó sobre mí justo cuando yo pasaba bajo el dintel en mi carrito caminador.
La casa de las Pieruccini era grande, esquinera y realmente eran dos casas juntas; tenía entradas por la calle y por la carrera. En el centro de la casa de la carrera estaba un patio amplio, con baldosas de colores y figuras geométricas alrededor del cual estaban todas las habitaciones incluyendo aquella a la que le hicieron puerta hacia la calle y en la que pusieron la imprenta. El patio estaba adornado con diferentes matas y colgando del techo unos grandes helechos. La casa tenía olores que me traen gratos recuerdos: tinta fresca y el tomate con albahaca que aderezaba su famosa comida italiana. Los Pieruccini, fieles a sus ancestros, son los propietarios de la imprenta del pueblo; siguiendo la tradición italiana de sus antepasados, todos los domingos y en algunas ocasiones especiales como la celebración de un cumpleaños o tener invitados a su casa organizan un almuerzo: preparar la pasta sigue siendo un rito familiar; aun ahora, varias décadas después, amasan la pasta, le dan forma, la ponen a secar al sol, la cosen “al dente”, la aderezan con su receta secreta de salsa de tomate y especias.
Ir a casa de las Pieruccini, familia de pocos amigos y una de las más reconocidas y de lo que mi madre llama alta alcurnia del Socorro, era toda una novedad. Sin embargo, para mis tres hermanas mayores era una costumbre, crecieron al lado de la mayor de las hijas de esta familia: Aurora. Una mujer delgada, alta, de ojos azules, cabello castaño claro, bastante atractiva; Amparito era su hermana menor y amiga de Luisa mi hermana; a ellas las criaron los tíos, don Luís, y sus hermanas solteras, Carmen y Sofía, Aurora y Amparo estaban obligadas a ir a las clases de piano y solfeo, costumbre extraña a la sociedad del pueblo, pero como toda chica a quien le imponen algo estaban poco interesadas en hacerlo, así que su tía decidió pagarle las mensualidades en la Casa de la Cultura del Socorro, a Luisa para que estudiara música en la casa de la cultura y facilitarse su propia vida al crear las condiciones para que estuvieran en clase las dos amigas.
Tita, la tercera de mis hermanas, cuyo nombre de pila es Trigidia me llevaba de paseo a muchas partes, incluyendo sus salidas a casa de las Pieruccini. En una de esas visitas vi por primera un aparato desde donde salía la voz gruesa de un señor que aun cuando se le entendía un poco, hablaba raro. El señor hablaba cantando “yo vendo unos ojos negros, quien me los quiere comprar? Los vendo por hechiceros porque me han pagado mal... muchos años después supe que era Nat King Cole un cantante norteamericano cantando en español. Yo quería ver al señor: lo busqué por arriba y abajo, observé detrás y en ninguna parte lo encontré. Pregunté dónde estaba el hombre que hablaba y como respuesta me subieron a la silla desde donde podía ver un plato negro con un hueco en el centro; el plato negro daba vueltas y tenía una cosa encima. Si le ponían la cosa el señor cantaba, al quitársela el señor se callaba. Cuando me dejaron sin que le quitaran la cosa al disco, el señor se calló. La cosa se había quitado sola y yo se la puse de nuevo, esta se movía de un lado para otro y el señor no habló pero se oyó un sonido extraño. La mamá de las Pieruccini, una señora alta y gorda, vino corriendo y quitó la cosa. Sacó el plato del aparato y lo guardó en una bolsa; lo puso en un cajón del que cerró la puerta. El aparato tenía tapa. Me amonestó diciéndome: los niños no pueden jugar con la radiola y si quiere oír música dígale a Aurora y ella se lo pone.
Varias veces me llevaron de visita y siempre que lo pedí me pusieron los discos. Algunos eran pequeños y tenían una sola canción, otros tenían varias. Cantaban señoras y señores pero a algunos no se les entendía nada, cuando los discos no tenían cantante a eso se llamaba música. Tenían muchas músicas distintas y cantantes con música: una se llamaba música jazz, otra música clásica, una más era la italiana: tenían discos de señoras quienes cantaban parecido a como hablábamos nosotros, cuando cantaban así a eso que decían se llama italiano. Ellas me gustaban más que otros cantantes porque se les entendía un poquito lo que decían. Si me quedaba quieto y oía la música me daban galleta y sorbete: una bebida espesa hecha con cualquier fruta y leche.
Crisanto mi hermano se fue a estudiar a San Gil al colegio seminario. El quería ser sacerdote y mi mami era muy feliz de que él lo fuera. En el Socorro tan solo en la casa de las Garnica había un sacerdote. Maruja pensaba que servir a Dios era algo muy lindo. Yo le dije que al ser más grande sería sacerdote y ella dijo que si Dios lo quería, sería así. Crisanto estuvo varios años en el seminario, al salir de allí se fue a estudiar a Bucaramanga. El fue el primero en la familia de salir a estudiar a una ciudad.
Myriam y Luisa, mis dos hermanas mayores, ganaron en 1961 una beca para viajar a Bogotá y estudiar enfermería en la Cruz Roja Colombiana. Mi papá estaba muy orgulloso de que ellas hubieran ganado el premio pero pensaba que las mujeres deberían estar en la casa y que era muy peligroso ir a Bogotá. La rectora del Colegio Oficial Avelina Moreno fue a nuestra residencia a hablar con mi mami y mi papi, ella presionó a mi papá, él dijo que sí y ellas se fueron para Bogotá. Mi papá quedó muy triste y de vez en cuando lloraba. Una vez viajaron no las querían recibir en la Cruz Roja, la entidad que les había atorgado el premio. La razón argüida era que las participantes del concurso debían haber terminado el bachillerato hasta sexto año y ellas tan solo habían alcanzado el cuarto curso de comercio, en el “Oficial” que era el máximo nivel al que podían aspirar las mujeres del pueblo en ese momento. Como no les podían quitar las becas así hubieran estudiado dos años menos que las demás participantes, las recibieron, pero les exigieron validar lo que les faltaban para ser Bachilleres. A partir de lo que les pasó a mis hermanas mi papá pensó que las posibilidades que sus hijos teníamos en el Socorro no eran las más adecuadas para el futuro que nos tenía previsto, razón por la que decidió trasladarse con toda la familia a la capital del departamento.
En 1962 nos fuimos todos a vivir a Bucaramanga en el Barrio San Francisco, en una casa cerca de la iglesia. Esta fue la condición que Maruja le puso a mi papá para aceptar cambiar de ciudad. La casa ubicada en la carrera 25 Nº 14-48 era grande, mas angosta en el frente que atrás, con dos pisos en la parte delantera y uno solo o en la parte posterior. Se podía ingresar a la casa por una puerta ancha de garaje que ocupaba todo la portada de la vivienda o por una pequeña puerta, parte de estructural de la más grande. La puerta desembocaba a un garaje seguido de un pasillo con más de 40 metros de largo.
A un lado del zaguán, justo después de las gradas que se dirigían al segundo piso, mi madre sembró una vid, la que se fue extendiendo creando una especie de cobertizo. Si la planta estaba en cosecha, se volvía un ritual levantarse temprano, caminar bajo la vid y descubrir los racimos de uva. Quien primero los descubría los marcaba y era su dueño. Así que muchas mañanas inmediatamente después de despertarme fui corriendo hasta debajo de la planta a buscar y marcas mis propios racimos. En muchas oportunidades las incipientes frutas parecían esconderse entre las hojas para que no las encontráramos porque eran un regalo-sorpresa, que según Maruja, Dios tenía para otro.
A la parte de atrás de la casa se ingresaba por un arco que daba a la sala de visitas, lugar predilecto de Richard para jugar; después, pasando la puerta que quedaba en un costado se llegaba a un patio con jardín. Al rededor estaban ubicadas tres habitaciones, el comedor, la cocina y una pared medianamente alta que lindaba con la casa del vecino. Detrás de esa pared surgía un enorme árbol de aguacate, Era muy alto y una de sus ramas pasaba sobre nuestra casa. Varias veces intenté subir la pared para coger una fruta; mi mamá siempre se dio cuenta, me bajó, me regañó y me castigó. Maruja era enfática en afirmar que los aguacates no se podían tomar, porque el árbol no era nuestro sino del vecino, y por tal razón, los aguacates no nos pertenecían. A pesar de ello, Apolinar, el cuarto entre mis hermanos de mayor a menor, sí se robaba los aguacates y cuando era pillado, como castigo recibía una muenda por hacerlo.
A los pocos meses de llegar a Bucaramanga Crisanto, quien había venido a vivir con nosotros en la misma casa, me llevó para matricularme en primer año en la Escuela Gabriel Mistral, en el salón de la profesora Gloria. Ella era rubia, delgada, de ojos azules, amable, tierna y siempre tenía tiempo para mí. Me encantaba ir a clase a la escuela; me levantaba muy temprano: solía llegar antes de la señora que tenía las llaves de la puerta y debía esperar hasta que ella o la directora llegaran a abrir la escuela. Al medio día iba a mi casa a almorzar, mi mami siempre nos daba sopa de verduras, arroz, papa, verdura o una torta y carne, un banano para con la sopa, leche y dulces de fruta que ella misma preparaba. Luego hacía una siesta, tomaba tetero y a las dos de la tarde regresaba a clase. Al salir de la escuela, en la tarde, la profesora Gloria venía caminando conmigo y otros niños y me dejaba en la puerta de mi casa. Yo me quedaba esperando a que ella llegara a la esquina y volteara por la calle 15, luego sí me entraba a la casa.
2.2 Dios ve debajo de la cama
Fui criado para ser un niño bueno, y cuando digo bueno quiero decir, alguien que hace el bien a los demás y que actúa de la manera que considera correcta.
Yo viví toda mi infancia y buena parte de mi juventud en Santander, una región colombiana marcada por su machismo. Nací en El Socorro y posteriormente, desde los cuatro años viví en Bucaramanga una ciudad más grande y capital del departamento y es en esta ciudad en donde tuve mis primeros encuentros educativos en torno a la sexualidad.
Es probable que mi madre no fuera conciente a cerca de su rol que ejerció como educadora para la sexualidad, pero cuando intento ir a mis primeros recuerdos sobre la educación en torno a este tema viene a mi mente un encuentro con ella, sucedido aproximadamente a los cinco años de edad. Yo me hallaba jugando en su cuarto con otros niños y niñas, nuestras casas se habían construido bajo las camas, en ese espacio “vivía” con una chica de mi misma edad. Mi madre entró a la habitación y al no vernos nos buscó en nuestra “casa”, probablemente escondite para ella, y en el justo momento en que mi madre nos encontraba la chica me estaba besando en la boca. Mi madre nos observó y nosotros seguimos en lo que estábamos; ella dirigiéndose a mí simplemente atinó a decir “Dios también ve debajo de las camas”.
Unos minutos después de cuando los otros niños y niñas regresaron a sus casas, ella me invitó a la cocina, me dio uno de sus dulces caseros y mientras me hallaba sentado, a la mesa, comiendo, me informó que no le gustaba que los niños nos “encerráramos” a jugar en las habitaciones y que prefería lo hiciéramos en el patio de la casa.
Los recuerdos sobre mi madre en esa etapa de mi vida son sobre una persona que sugiere y generalmente no impone, alguien que prefería dar consejos a regañar, a quien le podía preguntar sobre cualquier tema y siempre me respondía, y en especial, (a) alguien a quien asocio a la ternura, la vida espiritual y quien tenía pocos pero muy buenos amigos, personas a quienes casi nunca visita pero a quienes atendía muy especialmente, cuando le visitan.
Recuerdo a mi padre como un hombre cariñoso, que si no estaba en su trabajo estaba siempre en casa, con quien yo jugaba y hacía bromas, él mismo era bromista; le encantaba ponerse tras cualquier resquicio y cuando sus hijos o esposa pasábamos por aquellos lugares en los que él se escondía previamente, salía a propósito y de improviso a sorprendernos y asustarnos. Mi padre solía trabajar en un pueblo cercano a Bucaramanga y venía a visitarnos los fines de semana, aprovechaba ese tiempo para hacer mejoras en la casa y en esas labores mis hermanos, hermanas, mi madre e incluso yo mismo debíamos ayudarlo en los procesos de construcción.
Richard era mi hermano menor y yo era casi dos años mayor que él. Yo estudiaba en una escuela pública hasta las dos de la tarde y desde las siete de la mañana. Tenía apenas cinco y medio años y era el estudiante más pequeño y el de menor edad en el curso. Cuando regresaba de la escuela a mi me gustaba jugar con él a la “maestra”, le transmitía lo que a mi me enseñaban en clase; mi hermanito aprendió a leer, escribir y a sumar al mismo tiempo que yo lo hice.
Luego de nuestras clases y con posterioridad a haber realizado mis tareas, que él también hacía, jugábamos con el único juguete que tuvimos, según recuerdo y que nos pertenecía a ambos: un carro; lo poníamos a rodar por una tabla, de las que mi padre utilizaba para hacer andamios para sus labores de construcción, hasta lograr que con un solo impulso llegara muy lejos y sin que se saliera de la ruta.
Siempre jugábamos en casa y no teníamos permiso de jugar en la calle o de ir a otras casas a hacerlo, mi madre prefería ser visitada que visitar, así que en ocasiones especiales cuando no había clase en la escuela, mi madre permitía que algunos niños vinieran a casa, en las tardes, jugáramos y preparaba refrigerios, generalmente helados caseros, para brindarnos a todos.
Una mañana, antes del medio día fueron por mí a la escuela porque mi hermanito había sido atropellado por un carro. En la tarde de ese mismo día me llevaron a casa de la profesora Gloria, allí fui por varias tardes, incluso seguí yendo luego de que mi hermano muriera estando en la clínica, dos días después. A la clínica sólo me llevaron una vez al día siguiente del accidente, en la mañana y tan solo por unos pocos minutos. La clínica era muy limpia, ordenada y tenía muchos jardines, se llamaba igual que la ciudad en la que vivíamos: Bucaramanga. Mi hermano no parecía a tener nada, pues todas las lesiones eran internas; murió, según me enteré unos días después por boca de mi padre, a causa de que todas sus vísceras se habían desprendido de su lugar como consecuencia del golpe contra un enorme carro-tanque, de los que transportan combustible.
Mi papá pensó en llevarlo a Bogotá pero los médicos le dijeron que no valía la pena porque de todas maneras se iba a morir y así fue, se murió al otro día en la tarde. Mi papi lloró muchos días; también lloraban mis hermanos mayores y Maruja. Crisanto parecía ser el más calmado de todos, pero también lloró un poco. Yo no entendía por qué lloraban tanto. A Richard lo metieron en un cajón pequeño y luego se lo llevaron. Maruja decía que mi hermanito venía por las noches, se sentaba en el mueble de la máquina de coser y hablaba con ella: Con migo nunca habló, pero cuando mi mamá hablaba de eso mi papá volvía a llorar, así que ella nunca volvió a decir si él volvió a visitarla.
La profesora me daba libros para leer, eran generalmente textos, que ella utilizaba con los estudiantes de otros cursos, sobre historia, geografía, matemáticas. Aprendí rápidamente el camino a su casa y algunos días me regresaba solo a casa, antes de que fueran a buscarme. Desde pequeño me ha sido fácil orientarme en las ciudades, recuerdo fácilmente la arquitectura y estética de los lugares pero no sus nombres.
Mi padre solía hablar poco y en esa época hablaba aun menos, decía que soñaba con mi hermanito y siempre se le observaba con una mirada cuyo recuerdo aun ahora me conmueve, una mirada de profunda tristeza. Mi padre se molestó con migo porque yo me devolvía solo y no esperaba en casa de la profesora a que mis hermanos me recogieran; no me permitió regresar a donde la maestra por miedo a que a mi también me atropellara un carro. Es igualmente, esta la razón por la que no me dejaban salir a la calle sólo y muchos menos jugar en ella; mi hermanito tuvo el accidente por estar jugando en la calle, sucedió justo en el primer día en que le dieron permiso para salir a jugar frente a la casa, con los chicos vecinos.
Cuando los demás niños se enteraron de que yo iba a leer a la casa de la maestra empezaron a molestarme, me decían “niñita consentida” y aún mas lo hicieron cuando uno de ellos se enteró y contó a los demás estudiantes que a mi me daban tetero al llegar a mi casa. Realmente yo ya no tomaba tetero, pero me preparaban una bebida similar que me la daban en una taza para que la tomara. En Santander (y creo que en otros lugares del país) se llama tetero: a la aguadepanela con leche.
Después de que se llevaron para el cementerio a Richard me gustaron mucho menos los carros, prefería inventar historias y jugar en lugares extraños, jugábamos con los vecinos en la terraza de mi casa y entrábamos en la pila de agua que era nuestra piscina, mi mamá no nos dejaba quitar la ropa así que jugábamos a escondidas; si nos encontraba con la ropa y los zapatos mojados me regañaba, igualmente lo hacía cuando aprovechaba que estaba lloviendo para caminar bajo los chorros de agua que caían de las tejas y canales de las casas que quedaban entre la escuela y mi casa.
Mi padre hablaba poco pero yo lo recuerdo como un cómplice, sin embargo, para mí hay un momento de la relación entre ambos que marcó significativamente mi existencia: el día en que lo ví llorar, a solas y luego ser consolado por mi madre, el mismo día en que dejó de fumar a pesar de ser un consumado fumador que solía consumir entre dos y dos y media cajetillas de cigarrillos por día; los fumaba sin filtro y de tabaco negro.
Una tarde al llegar de la escuela, cuando yo contaba con siete años, él me solicitó que fuera a la tienda y le comprara una cajetilla de cigarrillos. Yo fui a aquel lugar ubicado en la esquina de la calle en que estaba nuestra casa, compré tan solo algunos cigarrillos y el resto del dinero lo gasté comprando dulces para mí. Al llegar a casa los pocos cigarrillos que llevaba estaban totalmente humedecidos e impregnados de dulce; él los tomó, los rompió y me metió a la fuerza en la boca uno de ellos; yo lloré, vomité y fui motivo de una discusión entre mi madre y él. Fue la primera vez que presencié un alegato de este orden en casa pero el tono de voz que usaban me dificultaba oír sobre qué estaban discutiendo, pero estaba seguro de que discutían sobre mí. Unos minutos después mi padre se sentó en una silla, en el comedor de la casa, me tomó entre sus brazos, me abrazó y me miró con una mirada de profunda tristeza que solo volví a ver cuando algunos años después murió su mejor amigo.
La profesora Gloria fue también mi profesora de segundo año. Durante el primer año y hasta los primeros días de clase del segundo año, María me llevó el tetero a la escuela; a mitad de año la profesora prohibió que me volvieran a llevar el tetero a la escuela, así que yo salía de clase a las cinco de la tarde, corría las cuatro cuadras que separaban la escuela de la casa y estando ya en la puerta, gritaba: ¡Mami, mi tetero!, María, la muchacha que ayudaba en la cocina, que no podía oír y tampoco hablaba bien, me lo tenía listo y me estaba esperando, con él en la mano, en la sala de la casa. El tetero siempre estaba listo: era el único que me daban en el día.
Desde esa época tengo la idea de que los niños son bastante agresivos con su compañeritos de clase y ahora creo que son los mayores vulneradores de los derechos de sus coetáneos, ya que nunca se detienen a pensar en las consecuencias de sus agresiones y comentarios. Tal vez por ello se me dificulta trabajar con niños menores de ocho años a quienes ni siquiera me atrae hacerles fotografías.
Mi hermana Myriam se había retirado de la escuela de enfermería y se había casado con Rodrigo González, miembro de una familia del Socorro poco cercana a la nuestra; cuando se casó Myriam, mi hermana luisa se sorprendió porque le dije que era muy rico que dentro de nueve meses fuera a tener un sobrino, ella me preguntó por qué decía eso, y yo le contesté, que las mujeres tenían un hijo a los nueve meses de casadas. Unos meses después Myriam estuvo de vacaciones en Bucaramanga. Trajeron a Magaly, la primera de todos mis sobrinos en llegar a la familia. Magalita nació el 16 de marzo de 1963.
Mi primer viaje de vacaciones lo hice solo, a Bogotá y en avión, era la primera vez que subía a uno de estos aparatos. Myriam fue a recogerme al aeropuerto. A todos les parecía raro que siendo un niño hubiera venido solo, pero a mi no me parecía que fuera nada particular. Vivían en el barrio Santa Isabel en la casa de su suegra. Esa señora era muy extraña, muy diferente a mi mami, casi siempre estaba de mal genio, no hablaba con nadie y se la pasaba leyendo el periódico y oyendo la radio. Cuando llegué Myriam, Rodrigo y Magaly me estaban esperando. Myriam estaba esperando una segunda bebé que nació el 29 de abril del 64, Magaly y Diana se llevan 13 meses. Al terminar ese año volví a Bogotá. Viajé solo, en un bus intermunicipal durante toda la noche. Ella y su familia estaban viviendo en una casa que quedaba a la puerta siguiente de la señora Carmen, su suegra. Dianita mi nueva sobrina era muy feita, tan fea que les daba pena mostrarla, así que si la gente la preguntaba, siempre les decían que estaba durmiendo.
Mi hermana Trigidia fue a visitar a una compañera de curso que se llamaba Gloria Manrique. Vivía cerca de nuestra casa, pero la suya era mucho más grande y tenía todo el piso hecho en baldosín. Esa casa era larga como la nuestra pero más ancha, tenía en la parte de atrás un jardín con árboles que estaba cerca de la cocina. Gisela Manrique, la hermana de Gloria, una vez la llamó “tijerita” en vez de Trigidia: habría que decir que las Manrique tenían razón, como su nombre era nada diferente a “tijerita” era mejor llamarla Tita y no usar ese nombre que a amigas y propietaria les sonaba tan feo. Tita me llevaba a donde las Manrique; la mamá de Liduvina, Gisela, Gloria y Asdrúbal, siempre me tomaba de la mano, me conducía a la cocina y me daba algo de comer. A mi me gustaba que me dieran dulce en plato acompañado con un vaso de leche. Los vasos de leche de las Manrique eran más grandes que los nuestros, así que cuando me ofrecían uno de los pequeños yo nunca quería recibirlo. También me daban arequipe con queso o aguadepanela con galletas. A mi me deleitaba ir de visita porque en mi casa no había televisor y ellos si tenían uno que además era bien grande. Muchos sábados por la tarde y domingos me pasé horas enteras viendo televisión. Mi madre me decía que no podía ir a molestar a esa casa porque no era la nuestra. Gisela fue a mi casa y le pidió permiso a Maruja para que me dejara visitarlas y así pude seguir yendo.
He aquí, más o menos, lo que pensaba mi madre: no le gustaba que fuéramos a donde las Manrique porque ellas no asistían a misa como nosotros sino que iban a una misa que se llamaba culto y que era en otra iglesia, pero como las Manrique eran buenas con nosotros ella solamente me dijo que yo no podía ir a la misa a donde ellas acudían porque nosotros pertenecíamos a otra parroquia y ahí nos tocaba ir. Yo le pregunté a la mamá de las Manrique por qué ellas eran de otra parroquia si vivían más cerca de la iglesia de San Francisco que nosotros, pero no me contestó nada; después me dijo que hay cosas que los niños no entienden. Si yo preguntaba algunas cosas ella hablaba conmigo y me explicaba pero con algunas otras me decía que pasado el tiempo yo podía entender, y no me respondía.
En la radio había un programa que pasaban los sábados, en él los niños cantaban y decían poesías. Yo le dije a Tita que me llevara pero ella dijo que no porque yo no sabia cantar. Yo sabía que la emisora quedaba en el camino a la casa de la profesora Gloria. Como la profesora a veces me invitaba a su casa, una mañana dije que iba a donde ella, pero realmente yo quería ir al programa. Fui y dije que quería cantar y me inscribieron para hacerlo. Yo estaba feliz de poder cantar a pesar del miedo que tenía de que en la casa se enteraran. Una vez empecé a cantar el señor de la radio dijo que yo no sabía hacerlo y no me dejó cantar más, yo me puse a llorar y no me dieron ningún premio ni nada. Me fui para la casa llorando durante todo el camino. En la casa me preguntaron la razón por la que regresé tan pronto y había llorado, yo dije que la profesora tenía que hacer otra cosa, me había dicho que volviera otro día y que cuando venía corriendo me había caído. Mi mamá me miró las rodillas pero yo no tenía nada, me abrazó y me dio leche y dulce. Al poco rato ya me había pasado la tristeza. Nunca aprendí a cantar, en las clases de teatro que empecé a recibir a mis 16 años me tocaba hacerlo por obligación y aun ahora me da vergüenza hacerlo. Yo siempre hice fuerza para que el profesor iniciara por los primeros de la lista, así me tocaba cantar en el momento en que ya no había gente, dada la suerte de ser el último.
Estando en mis terceras vacaciones, Tita quien había viajado a Bogotá para estudiar un curso de adiestramiento de 3 meses, para luego trabajar como Asistente social en un hospital de Cundinamarca, ya tenía de novio al hermano de Rodrigo, mi cuñado. Ellos dos querían ir al cine pero se habían encargado de cuidarme y decidieron llevarme a la película; recuerdo que se llamaba algo así como “Pito Pérez“. Los porteros de la sala de cine “sexta Avenida” no me querían dejar entrar, pero cambiaron de parecer al recibir la propina que les dio Héctor. En medio de la película, en una escena en la que todo parecía estar temblando yo pregunté qué sucedía. Tita se volteó, me miró y me dijo que no mirara más y no preguntara porqué por “eso” era que no querían traerme, yo pregunté que era “eso” pero igual no me respondió. En esa navidad ya no me dieron tantos regalos como el año anterior, en la medida en que fueron aumentando mis sobrinos fueron disminuyendo los regalos.
En tercer año ya no me tocó de maestra la profesora Gloria sino otra señora que era regañona. Una mañana, porque le quité a un niño un lápiz que era mío, ella me regañó y me pegó con una regla en la mano. Yo me encaramé sobre un pupitre, salté por la ventana al patio de la escuela y salí corriendo hasta mi casa. Al llegar mi mami me regañó por haberme volado de la escuela. Por la mañana no quise volver a clase, por la tarde ella le dijo a Crisanto que tenía que llevarme a la escuela: El me llevó y la profesora no me quería recibir nuevamente. Ella le exigió a Crisanto que yo le hablara y le diera excusas, yo no quería hacerlo, me tocó dárselas porque dijo que lo que yo había hecho ya no me recibirían en ninguna otra escuela y a mí, a pesar de ella, me gustaba estudiar. Después esa profesora me castigó en varias oportunidades; lo hacía porque yo no quería leer o repetir las tablas. Ella decía que yo estaba malcriado porque la profesora Gloria me consentía mucho y que no entendía porque en dos años no había logrado que yo aprendiera; debo aclarar que siempre hacía las tareas pero si ella me las preguntaba siempre le decía que no las había traído, me encantaba verla enojada, así su molestia terminara en castigo. Yo sabía leer, escribir y las tablas de multiplicar pero no me gustaba hacerlo para “la bruja” como yo la llamaba en voz baja, así que me si me hablaba yo me quedaba callado o mentía.
La situación en el colegio se tornó insoportable, de ser un niño juicioso y ejemplar me volví uno agresivo. Mi etapa de rebeldía duró muy poco tiempo, pues por el hecho de que me estaba yendo tan mal en la escuela, la profesora Gloria recomendó que me pasaran a otra escuela que también quedaba cerca de mi casa, a pocas calles y cerca al estadio Alfonso López, en donde trabajaba una amiga de ella y pe podrían recibir. La familia aceptó la propuesta y cambié de escuela para hacer el cuarto año.
Algunas tardes nos llevaban de la escuela al estadio para hacer deporte. En una de esas oportunidades, después de la clase de gimnasia varios compañeros de curso fuimos a jugar en la parte de arriba cerca del batallón, nos habían dicho que allí no subiéramos porque los soldados practicaban polígono y nos podían disparar, pero nosotros queríamos conocer cómo lo hacían y subimos hasta allá; no había soldados y no supimos que hacían, así que nos quedamos jugando al Zorro. Uno de los compañeros estaba entre las matas, con los calzones abajo y todos lo miraban y se reían, a mi no me parecía gracioso que él estuviera así, pero como no quería irme solo para la casa decidí esperar a los demás un rato. Yo no me relacionaba con el niño que estaba bajándose los pantalones porque la profesora lo había regañado debido a que en varias ocasiones lo encontraron con otros niños haciendo lo mismo. Al tratar de ver por qué se reían, observé a los demás niños haciendo cola y ponerse detrás de él. El más grande me dijo que yo tenía que hacer cola y yo le dije que no, entonces varios niños me llevaron a la fuerza, me bajaron los pantalones y me obligaron a hacerlo. El estaba sucio, yo me unté de materia fecal, me puse a llorar hasta que me soltaron y como no había con qué limpiarme, me subí los pantalones y me fui corriendo para mi casa. Al llegar a mi residencia tenía la ropa embarrada, mi mami me regañó y yo no me atreví a contarle lo que ellos me habían hecho. Después de eso, en el recreo, los niños me cogían a cada rato, me obligaban a abrazarlo y ponerme detrás de él: todos reían.
Mi mami quería que nos fuéramos a vivir a otra casa porque ella se acordaba de Richard y mi papi pensó que eso era bueno porque decían que ella se estaba enfermando por los recuerdos. Para mí fue un alivio cambiar de escuela, aun a pesar de la posibilidad de verme obligado a repetir el año. La nueva casa estaba ubicada en el barrio Antonio Ricaurte y la escuela se llamaba igual. Al principio no me querían recibir para terminar el curso que había empezado en la escuela de San Alonso pero Crisanto habló con la profesora y ella aceptó. Cambiamos de barrio cuando yo estaba cursando el tercer mes de clases del cuarto de primaria.
2.3 Marujita explica el mundo
No era una casualidad que la casa nueva fuera más un lote que una edificación: mi papá siempre terminaba remodelándolas. En frente de mi nueva vivienda quedaba una inspección de policía a la que llevaban unas mujeres de las que mi madre decía que no mirara demasiado porque a ellas les disgustaba. Las señoras vivían como a tres cuadras de mi casa, en una calle por la que yo y mis hermanas teníamos prohibido pasar porque allí "esas señoras hacían con los señores cosas que no se podían decir". Algunas veces las señoras estaban borrachas, los policías las arrastraban, a la fuerza, por el piso, y les pegaban hasta sangrar. En ciertas oportunidades las mujeres ya venían heridas y golpeadas porque habían participado de una pelea.
Las señoras tenían un olor que no era de mi agrado, después supe que olían a pachulí o a palo santo. Cuando una señora llevaba esa fragancia yo sabía que era una mujer de “esas”, incluso en diferentes ocasiones al subir con alguno de mis hermanos al bus, si había alguien oliendo a eso y yo estaba cerca, me fastidiaba tanto con el aroma que me daba mareo. Aún ahora, si me encuentro a una persona en quien reconozco ese característico tengo que pensar seriamente quien es, porque si no lo racionalizo el olor me produce tal molestia que si estoy en un transporte público debo aguantarme el mareo e incluso bajarme. Generalmente tengo la extraña conexión mental que me dice que una persona olorosa a perfume hindú es alguien que puede hacerme daño. Esto me sigue afectando a pesar de que sé que las trabajadoras sexuales no siempre huelen de esta manera.
Mi mami se molestaba al encontrarme observando por la ventana hacia el interior de la comisaría, porque lo que se veía que pasaba allí no era bueno para mí, pero su insistencia en que no lo hiciera me motivaba a hacerlo en esos momentos en que se hallaba ocupada cocinando o cosiendo: yo me escabullía y miraba lo que estaba sucediendo, de esta manera percibí que algunos policías tocaban a la fuerza el cuerpo de las mujeres así ellas se resistieran. A mi me incomodaba mucho que las golpearan y cuando sucedía yo gritaba fuerte para que ellos me oyeran y tuvieran que soltarlas; después, siempre sentía miedo al pasar cerca de ellos pues tenía la idea de que me iban a detener y a bañar con agua fría tal y como hacían con ellas y algunas otras personas que detenían en la calle por no llevar su documentación en regla.
Mi madre se llama Maria de los Ángeles pero sus hermanas, amigas y yo mismo la llamamos Maruja. Marujita fue también el nombre de un personaje público en Bucaramanga, la ciudad en la que viví hasta los quince años y que es reconocida por el marcado machismo de sus habitantes; con unos 28 años de edad, ella era un hombre homosexual -de eso me enteré varios años después- con un marcado amaneramiento femenino quien gozaba exhibiendo en la vía publica su particular estilo de caminar y de vestir. Marujita tenía en el labio superior una lesión física producida por el golpe de una piedra lanzada por un chico que al igual que muchos otros menores de edad solían agredirla con sus palabrotas, cuando se atrevía a pasar, a las horas de salida de clase, junto a las escuelas de educación primaria, incluyendo la mía. En ese entonces yo era un chico con tan solo ocho años recién cumplidos y ya cursaba el tercero de primaria.
Con el transcurso del tiempo Marujita se fue lumpenizando hasta terminar, 30 años después de que la ví por primera vez, siendo una habitante de la calle, en donde murió aislada y rechazada socialmente. Ella solía deambular por las vías de la ciudad como lo hacía en el momento en que la ví por primera vez, aquella tarde, cerca de nuestra casa, en que caminando acompañado de mi madre llamó mi atención por su vestimenta que destacaba una pequeña cintura acentuada por un delgado y apretado cinturón que llevaba sobre la pretina de un ceñido pantalón muy similar al que usan los toreros. Su estilo de vestir y comportarse se matizaba con su ritmo al caminar en el que sobresalía el bamboleo de sus nalgas y la agresiva delicadeza amanerada de sus movimientos.
Le pregunté a mi madre sobre por qué los chicos le lanzaban piedras a aquel señor y ella me respondió “a la gente no le gusta como ella se comporta, pero ella no tiene la culpa de ser así”. Recuerdo que me llamó la atención que se refiriera a Marujita en femenino y se lo pregunté pero mi madre cambio rápidamente de tema como solía suceder siempre que no le interesaba seguir profundizaba sobre algún tópico en particular. Casi treinta años después mi madre volvió a referirse a un hombre en femenino, fue con relación a raquelita, una transvesti que trabajaba en peluquería, quien ocasionalmente le cortaba el cabello y quien había sido agredida físicamente por su pareja sexual. Mi madre me comentó al respecto “raquelita está hospitalizada”, yo no caí en cuenta sobre quien me hablaba por lo que pregunté: cuál raquelita, y ella me respondió “raquelita, el que nos corta el pelo”.
Gracias a mi madre y mis frecuentes visitas a la iglesia yo sabía de antemano que Dios crea a los seres humanos y que cada uno decide lo que quiere ser, por lo que me quedaba la duda sobre una parte de su respuesta, aquella en que dijo “ella no tiene la culpa de ser así”, porque si Marujita no tenía la culpa, entonces alguien la tenía dado que era evidente que si la agresión sucedía era causada porque alguien la provocaba.
Ya tenía argumentos para considerar que algunos hombres eran culpables de lo que le sucede a otras personas, en especial a las mujeres, lo supe yendo con mi madre, camino a casa, cuando ví a una mujer que vivía en el barrio vecino y sobre la que había oído que otros opinaban que no deberían dejarla entrar a la tienda en donde se compraba el mercado. Al preguntarle por qué las vecinas no le hablaban a esa señora, ella me dijo que era prostituta y que “algunas mujeres hacen cosas que no quieren hacer pero les toca porque son pobres y algunos hombres se aprovechan de ello”. Maruja no solía hablar en general de los hombres sino solía referirse tan solo a algunos, lo hacía para diferenciar que no todos son iguales, pero además para enfatizar que mi padre era distinto y que yo igualmente debería serlo.
Cuando llegamos a casa ella me habló de Maria Magdalena, la mujer del texto bíblico que igualmente era prostituta y había sido apedreada; nunca me dijo exactamente que hacía una prostituta, pero me dejó claro que no deberíamos condenar lo que ciertas personas hacen, en especial si está originado en su pobreza y menos aun convertirlas en el blanco de nuestra agresión.
Desde ese momento sentí un gran interés en hacer algo por socorrer a las prostitutas y pensé que cuando fuera algo más grande debería ayudarlas. Relacioné a Maria Magdalena con Marujita ya que ambas personas eran apedreadas y no eran culpables de sus actos, y comprendí aun más la relación existente entre el tema de la prostitución y los hombres. No sabía que hacían los hombres con aquellas mujeres no obstante caí en cuenta de que algunos hacían “algo” con Marujita, ya que ella, por alguna razón, a pesar de parecer un hombre también era mujer; de eso me convencí luego de pensar muchas veces en por qué mi madre se refería a él como si fuera mujer y no de la misma manera como hablaba sobre los demás hombres.
No tenía ni idea sobre cuál era esa razón pero tuve miedo de ser uno de “esos hombres” y me comprometí con migo mismo a que nunca haría daño a las mujeres y a hacer hasta lo imposible, al igual que Jesús de Nazareth, para que los seres humanos no fueran agredidos por sus actuaciones, porque como Maruja me había enseñado, un buen cristiano no sólo va a misa y ora, sino que en especial es testimonio de la Palabra de Dios.
En ese momento se reafirmó mi idea de ser monaguillo y también la de hacer la Primera Comunión porque sin lo uno no podía ser lo otro. Era Semana santa y le dije a mi madre que quería comulgar. Ella me respondió que debería esperar por lo menos hasta el ocho de diciembre para hacer la primera comunión y que me haría una pequeña fiesta el día que la hiciera. Yo pensé que era demasiado tiempo de espera y fui a escondidas de mi familia a confesarme con el sacerdote de nuestra parroquia.
En la confesión el sacerdote me preguntó sobre qué cosas malas había hecho y yo no recordaba haber hecho ninguna, así que inventé algunas cosas tales como que decía mentiras y no obedecía para tener pecados que confesar. El me perdonó y me puso a rezar dos padrenuestros y me hizo comprometerme a comportarme bien. Yo me sentía un poco culpable de haberle dicho mentiras pero era la única manera de alcanzar mi cometido, de todas formas me sentí culpable y fui nuevamente a confesarme y a decirle las mentiras que había dicho en la confesión. El me explicó que uno puede confesarse aun cuando no tenga pecados y me felicitó por haber dicho la verdad.
No le dije que era la primera vez, tampoco le hablé sobre asistir a la preparación para el rito, pues yo ya sabía lo que hacían en esas reuniones de preparación y ya me sentía listo para hacerla, ya que yo asistía los domingos con otros niños a las actividades de la parroquia e incluso también iba a las películas sobre vidas ejemplares que presentaban los sábados en la tarde los sacerdotes salesianos, en el teatro de su colegio.
A los nueve años ya era bastante independiente para decidir algunas cosas y deambular por la ciudad, ya que desde un año antes mi madre me dejaba ir solo a las actividades que organizaban los sacerdotes del barrio. A los ocho años durante las vacaciones de junio hice mi primer viaje solo, en bus, a Bogotá, la capital del país, a donde fui para visitar a mis hermanas, que por esa época ya residían ahí. Ellas se comprometieron a esperarme en la Terminal de transporte, pero el bus llegó mas temprano que de costumbre y como no estaban esperándome yo me fui sólo, a su casa, pues recordaba muy bien como era el camino, ya que había ido previamente a esa ciudad en diciembre y semana santa. Aun recuerdo su cara de sorpresa cuando aparecí en la puerta de la casa y ellas recordaron que debían estar esperándome; a partir de ese momento siempre viajé solo entre las dos ciudades.
El domingo de resurrección, en la misa de las doce de la noche yo comulgué por primera vez. Mi madre me vio hacerlo e intentó evitarlo pero ya era demasiado tarde, a ella no le preocupaba que lo hubiera hecho sino que no me hubiera confesado para hacerlo. Al llegar a casa me preguntó porque lo había hecho y yo le expliqué sobre mi interés en la vida religiosa, ella me dijo que en castigo por no haber esperado a la fecha que ella había sugerido no me harían ninguna fiesta pero de todas formas al día siguiente celebramos con un almuerzo (comida, en España) muy diferente al que organizaba generalmente.
2.4 La necesidad de "ser bueno" y de que otros puedan serlo
Decidí que cuando ya estuviera en el colegio, estudiando el bachillerato, haría hasta lo imposible para ser sacerdote. Crisanto, mi hermano, había intentado serlo pero no sé porque razón había salido del seminario; yo me sentía algo molesto gracias a que no me dejaban ser monaguillo, ya que aun cuando ya había pasado la edad para empezar a serlo y había hecho la primera comunión era tan pequeño que todos los hábitos me quedaban largos y el altar demasiado alto. De todas formas yo conocía de memoria las palabras que decía el sacerdote, en latín, y lo que respondían los chicos que le ayudaban, así que yo seguía todo el rito cada vez que iba a la eucaristía.
El sacerdote solía hablar en la homilía sobre los problemas sociales y ponía en la feligresía la culpa por permitir o posibilitar que algunas cosas sucedieran, y en especial por no actuar. Siempre me preguntaba yo qué tenía que ver con eso si yo era un niño bueno y lo único que atinaba a responder era que mi culpabilidad estaba en permitir que otros actuaran mal, siendo esos mis primeros acercamientos a la idea de que además de sujeto individual, yo era un sujeto social; en ese sentido, si yo era bueno la sociedad sería mejor, pero no era suficiente serlo, por cuanto que mis decisiones aportaban pero no lo suficiente, considerando que se hacía necesario que otros también fueran buenos e ir a la eucaristía no era suficiente para lograrlo. Si Dios nos hacía libres para actuar y algunos hombres no obraban correctamente entonces mi misión consistía en ayudar a lograr que los hombres fueran buenos.
En ese momento, eran más las preguntas que me hacía a mi mismo que las respuestas: Por que todos los hombres no son buenos, qué sucede para que algunos no lo sean, qué hace la sociedad para que suceda lo que le pasa a algunas personas, qué hago yo como parte de la sociedad para que ocurra lo que a algunas personas les acaece… fueron algunos de los interrogantes que me hacia constantemente.
Empecé a cuestionarme sobre el papel de la confesión; me preocupaba que las personas pecaran y con solo confesarse obtuvieran el perdón, así la falta fuera grave, y además no hallaba la relación entre la penitencia y el pecado. Me puse a indagar cuáles eran las penitencias que el padre ponía a los demás y descubrí que casi siempre era rezar cinco padrenuestros, sin importar que hubiera hecho quien se confesaba. Yo, por mi parte, decidí que las penitencias deberían ser acordes con lo que se hacía y aun cuando el sacerdote me pusiera penitencias leves, yo mismo las aumentaba para así sentirme seguro de que la carga impuesta era la adecuada.
Mis padres casi nunca tenían discusiones que yo pensara fueran graves, y cuando sucedía lo hacían en voz baja; nunca me enteré por qué eran sus desacuerdos ya que mi madre hablaba poco al respecto. Yo tenía mi propia idea sobre mi padre, su comportamiento y la relación de él con Maruja, pero yo quería conocer cómo ella explicaba esa relación. A ella no le gustaba que él trabajara en otra ciudad y por lo poco que yo conocía, generalmente éste era el motivo de discordia.
Cuando mi madre habla de mi padre, fallecido poco después de cumplir sus 70 años y a los 15 de los míos, siempre afirma “él era un buen hombre, traía a la casa todo lo necesario, no era mujeriego, nunca me levantó la mano y nunca se emborrachaba”.
Mi padre, con su ejemplo, me enseñó sobre el sentido de la amistad y la importancia del acompañamiento y el respeto. El mejor amigo de mi padre se llamaba Arsenio, él era también su cómplice, el soporte y acompañante en otros menesteres de la vida. Arsenio enfermó gravemente y prefirió ser cuidado en su casa; mi padre le visitaba todos los días y algunas veces se hacía acompañar de mi madre, alguno de mis hermanos o de mí, para visitarlo. Generalmente no hablaba sobre sus emociones pero en esos días y en especial cuando aquel murió, lo ví llorar y mirarme con esa misma mirada que años antes me había conmovido. Mi sentido del acompañamiento a los enfermos y en especial a las personas que viven con sida muy seguramente está enraizado en aquella experiencia de cuidado y solidaridad.
Mi madre no perdía oportunidad para trasmitirme su visión acerca de lo que debe ser un hombre como también, con relación a lo que esperaba de mí como tal. Maruja no solía hablar de temas relacionados con la sexualidad y en general yo no tenía interés al respecto; así que del tema aprendí en mi niñez, de manera tangencial; considero además que mi inocencia sobre el tema estaba muy relacionada con que ella no me hablaba sobre el tema, pues en Colombia se supone que deben hacerlo los padres.
Mi mami siempre fue muy inocente en su comprensión de la sexualidad. Se casó a los 14 años de edad con el primero y único novio de toda su vida. Perdió los tres primeros de sus hijos, muertes que pudieron ser causadas por el stress producido por su temor a quedar desfigurada ya que creía que los niños nacían por la boca ya que ella relacionaba el vómito en las mujeres durante el embarazo como el intento del niño para salir por la boca; hecho que ahora explico y entiendo justificado en algunas historias que más recientemente me ha contado sobre su juventud y que ha recordado ahora que vive afectada por el Alzheimer. Ella me contó que de niña había oído decir que una señora había tenido dificultades para tener su hijo, porque no se le dilataba el cuello, y ella no sabía que se referían al cuello del útero.
Ella también creyó durante mucho tiempo que mi padre la agredía porque “le hacía hacer cosas sexuales” ya que tan solo algunos años después de casada -casi cuatro- y por boca de una amiga, algo mayor que ella, entendió que las parejas tienen relaciones sexuales y que “las parejas se casan para eso” ya que según es su parecer “los hombres tienen necesidades” y cuando las realizan “a las esposas les toca hacerlo porque es su deber”. Cuando Luisa llegó con Juan de su “matrimonio” en el Ecuador; mi mamá la llamó para hablarle de “mujer a mujer” y le dijo “es que a veces uno no quisiera hacer ciertas cosas, pero los “deberes conyugales”… y hacía énfasis en eso de los “obligaciones conyugales”. Ella le contestó: mami, espero que nunca tenga que hacerlo si no tengo ganas…
En Colombia se realizan cinco años de educación primaria, cuatro de educación media y dos de bachillerato. Para mi edad durante la educación media y el bachillerato yo era comparativamente más inocente que mis compañeros de estudio, tenía pocos amigos y en general era un buen estudiante.
A mi madre no le interesaba tanto en donde yo estudiara sino que lo hiciera en un colegio de religiosos, así que cuando Crisanto dijo que me podía conseguir un cupo en el instituto San José del Colegio de la Salle, en Bucaramanga, no dudó un momento en que yo debería estudiar allí mi quinto año de primaria. El Instituto quedaba lejos de mi casa, tenía que cruzar un buen trecho de un barrio para llegar a clase. En algunas oportunidades en que llovía o se me hacía tarde iba en la ruta de bus la Victoria, que se llamaba como el barrio en el que estaba el San José. Allí no fui un alumno sobresaliente pero tampoco llegué a perder ninguna materia; aprendí a jugar básquetbol y a ser algo más independiente.
Un chico del otro quinto me invitó a caminar por una avenida que estaban construyendo detrás del Instituto. Estando allí fuimos a ver como se veían unas casas que estaban en la parte de debajo de la montaña en un barrio de invasión. Luego me mostró un caño por donde se podía entrar al San José directo a las canchas de fútbol, según él por ahí entraba a escondidas cuando el hermano Director se paraba en la puerta a controlar la llegada de los estudiantes. Nunca tuve que utilizar ese caño para entrar a clase, pero en ese lugar recibí, de este muchacho, el primer beso en la boca que yo recuerde haber recibido de otro hombre. Recuerdo el beso, no recuerdo si me gustó o no, es más, creo que solo fue un juntar de labios; no lo recuerdo a él, pero si tengo claro que nunca me volvió a hablar. Algunas veces lo veía y él se hacía el distraído, tampoco intenté hablarle nuevamente. A los pocos días se tuvo que ir echado del colegio porque lo sorprendieron volándose del instituto por el hueco del caño.
En el Instituto tecnológico de Bucaramanga me recibieron fácilmente porque Crisanto era profesor de los estudiantes de tercero bachillerato y además yo era egresado de una escuela de Hermanos de la Salle, religiosos quienes regentaban esta institución. Durante el primer año de la educación media conocí a Hernando un chico muy blanco, con las mejillas rosadas y ojos azul claro. El cantaba en todos los actos culturales del instituto y casi siempre interpretaba una canción que decía: ese toro enamorado de la luna, que abandona por las noches la manada, va pintado de amapola y aceituna y le puso... A mi me encantaba verlo y oírlo cantar. No sé si eso puede llamarse enamoramiento pero a mi me hubiera encantado ser como él. Claro que él era mal estudiante y yo no. Creo que el profesor Erwing, nuestro profesor de inglés lo quería tanto o más que yo; él le compraba gaseosas y bizcochos y los dos siempre estaban juntos. A Hernando lo volví a ver siete años después, cantando en el Club del Comerció en El Socorro; al leer su nombre en el programa cultural del club supe que era él y me propuse ir a verlo. Seguía igual de rubio pero bastante desabrido; al hablarle y sentir su lejanía pensé que no valía la pena recordarle quien era yo, lamenté descubrir que no se acordaba de mi aun cuando yo si lo recordara con especial cariño; el desencanto fue tremendo cuando me enteré de que no había terminado el bachillerato así que no esperé a que terminara el espectáculo y regresé a casa de mi tía, en donde me encontraba de vacaciones.
Estando en el Tecnológico en donde la educación es técnica debí tomar clases de dibujo técnico y artístico; generalmente yo no hacía dibujos así que cuando mi mami observó mi trabajo, le gustó, ella me pidió que le hiciera algunas tarjetas para la navidad y me las compró. En las vacaciones de diciembre viajé a Bogotá y recogí algún dinero haciendo tarjetas para mis hermanas y algunas clientas de Myriam. Con esta labor creativa tuve mis primeros ahorros y pude comprarme cosas que me gustaban como mi primer balón de básquetbol y la primera aguja para inflarlo, a ese deporte me dediqué por un buen tiempo.
En mi regreso a Bucaramanga tomé la determinación de acercarme mas a la vida religiosa, pero yo quería ser sacerdote y no hermano de la Salle, así que yo mismo fui al San Pedro Claver, el colegio de los jesuitas, pedí una cita con el padre Tapias, el rector, le conté mi idea vocacional y logré que me aceptara para cursar allí el tercer año de la educación media.
No había cumplido aun los trece años cuando me hice miembro de la Casa de oración, un proyecto católico orientado especialmente a jóvenes que realizaba grupos de oración todas las noches, eucaristía jueves y domingos y actividades de proyección social cuando había recursos para ello, ya que la casa se sostenía con los aportes de quienes allí asistían. La actividad evangelizadora de los miembros de nuestra casa de oración muy pronto se extendió no solo por todo el país sino además por varios países de sur América. Nuestros líderes juveniles viajaban permanentemente en peregrinación a dar testimonio y a ayudar a crear otros grupos de oración similares al nuestro. Mi actividad allí inicialmente fue como participante pero muy pronto, a los dos meses de haberme hecho miembro, fue adquiriendo algún liderazgo hasta llegar a coordinar el menos de un año el programa para niños.
En el mismo año en que ingresé a la casa, un grupo de jóvenes fuimos invitados a peregrinar por diferentes regiones del país; yo, luego de consultar con mi familia, decidí escoger la Costa Caribe colombiana como destino misionero; en ese viaje conocí Barrancabermeja, Ciénaga, Fundación, Santa Marta, Riohacha, entre otras. Como no teníamos recursos económicos para los desplazamientos conseguimos junto con Christian Arias el dinero para iniciar el viaje y la consecución de los demás recursos la dejamos en manos de la providencia divina. En cada nueva ciudad nos alojábamos en casas de personas que igualmente pertenecían a grupos de oración y con las ayudas económicas recaudadas en las actividades religiosas continuábamos el viaje hacia otros pueblos y ciudades costeras.
Habíamos viajado en bus desde Bucaramanga hasta Fundación y regresamos vía Barrancabermeja, un pueblo con temperaturas permanentes superiores a los 44 grados centígrados, al que fui por primera vez de regreso de la costa en mi primer viaje de peregrinación. Llegué en tren de carga, que fue la única manera que encontramos para viajar sin pagar y con la esperanza de que algún buen samaritano nos diera el dinero suficiente para la continuación de viaje hasta Bucaramanga.
Este viaje representó para mi, muchas nuevas experiencias: salir de mi casa por primera vez; tener que conseguir mis propios recursos; predicar ante grupos amplios de personas, inclusive con la presencia de personas mayores, sacerdotes y monjas; conocer el mar; y, estar lejos de mi casa por algo mas de un mes. Viajamos en nuestro periodo de vacaciones de mitad de año y algunos de nuestros objetivos era vivir una experiencia de evangelización tal y como lo hacían los primeros cristianos, probarnos a nosotros mismos el poder de “la palabra”, alejarnos de la cómoda vida familiar y aprender a vivir en la pobreza.
Aun cuando ví el mar por primera vez en el muy pequeño pueblo de pescadores llamado Ciénaga, mis recuerdos de éste van unidos a mi viaje a Riohacha. Es ese pueblo ví el primer atardecer marino que alimenta mis recuerdos; eran las 5 y 30 de la tarde cuando llegamos al muelle, caminamos por un semidestruido muelle y en el extremo del embarcadero, me senté en uno de sus tablones para tomar un descanso; ante mis ojos el cielo fue transformándose en un hermoso abanico de colores en el que primaban los rojos y los naranjas, en ese lugar estaba también una escultural mujer negra. Reparé un poco en la mujer, en su cuerpo que se transformaba en silueta y terminé centrando toda mi atención en el atardecer, una vez este había terminado nos encaminamos con Christian al colegio de monjas en donde nos alojaríamos.
Al pasar al comedor para la cena en el sitio se encontraba la mujer negra de la playa, era Enis, una religiosa miembro de la comunidad de las Hermanas de la Presentación y primera monja negra que conocí en mi vida. Hasta ese momento todas las personas que yo conocía y habían hecho de la vida religiosa su experiencia de vida, eran blancas. Este nuevo aprendizaje y la misma experiencia de la misión me hicieron pensar a cerca de mi relación con lo que llamábamos “personas de color” y con los pobres.
Yo provenía de una familia no muy acomodada pero estudiaba en el colegio al que asistía la elite económica de mi ciudad; sin embargo, hasta ese momento nunca antes había tenido que pensar en que el dinero debía conseguirse y trabajar para lograrlo, y mucho menos aun, se me había pasado por la mente que había personas que no tenían ni siquiera para la comida diaria o vivieran en altos niveles de pobreza.
Además de conocer familias muy pobres interesadas en compartir y especialmente generosas, dormir una noche en un parque público junto a unos indigentes y pedir dinero a las personas en las calles para poder sobrevivir, tal vez la situación más fuerte y significativa para mí en ese viaje, fue haber tenido que dormir en una casa de prostitutas.
Ellas pertenecían a uno de los grupos de oración en Santa Marta y eran parte de la “obra social” de una parroquia. Cuando en el grupo se propuso que alguien nos invitara a dormir a su casa ellas fueron las primeras que se ofrecieron y al sacerdote de esa comunidad el ofrecimiento no le gustó mucho e intentó buscar otras alternativas pero no las hubo, así que la disyuntiva estaba entre hacerles un desplante y quedarse en la calle o ir con ellas. Yo no entendía la actitud del sacerdote, para la cual además no teníamos explicación alguna, de modo que insistí en que fuéramos al espacio que ellas nos ofrecían.
Para mi estar compartiendo con ellas y en su propia casa fue de gran importancia porque además de estar cumpliendo con uno de mis sueños que era predicarles a las prostitutas, por primera vez pude hablar con algunas de estas mujeres, y especialmente porque estando en su casa y por ellas mismas por fin me enteré que era lo que hacían con los hombres que eran sus clientes. Al principio ellas tenían temor de contarme de su actividad laboral pero por mi insistencia terminaron contándome con detalle sobre que era lo que hacían.
Yo no comprendí todo lo que me relataron pero nunca lo olvidé y en especial me sirvió para convencerme de que mi papel estaría al lado de ellas. En esa casa había una transvesti que además de ser su peluquero trabajaba en la prostitución. Este hombre-mujer me llamó aun más la atención y quise conocer sobre su historia y su trabajo pero no quiso hablar con nosotros o participar de un pequeño grupo de oración que hicimos en su residencia, de todos formas si atrajo mi interés el hecho de que allí todas lo querían, lo trataban como otra mujer y les molestó saber que en Bucaramanga a Marujita le lanzaban piedras. Mi primer trabajo de investigación ya siendo estudiante universitario de sociología fue sobre la prostitución y específicamente sobre los hombres que la ejercen, pero de este tema y con mayor profundidad hablaré posteriormente.
Cuando regresé a mi ciudad unos días después, a mi casa y a la sede del grupo de oración, mi vida cambió completamente y decidí darle un mayor sentido de realidad a mi vida. Nunca conté en casa a cerca de mis penurias porque sabía que si lo hacía no me volverían a dejar salir o inclusive se molestarían por mi presencia en la casa de oración.
Una de las nuevas determinaciones que tomé fue tener una participación aun más activa en la casa de oración. Hablé con mi familia y ellos aceptaron que hiciera una prueba de internado en la sede de lo que llamábamos la “Misión carismática católica”. Allí viví por tres meses e iba a mi casa de visita a mi familia cada dos fines de semana. Estando allí estreché mi relación afectiva con el líder de la casa, un sacerdote de nombre Gabriel. Éramos varios los jóvenes, todos hombres, los que vivíamos allí, así que teníamos muy poco espacio, debíamos compartir los colchones (puestos directamente en el piso) y tan solo teníamos una ducha para todos, así que debíamos compartir durante la hora del baño para no llegar tarde a nuestros respectivos colegios.
En algunas ocasiones yo debía compartir el colchón en que dormíamos con Gabriel e inclusive algunas mañanas nos bañamos juntos, desnudos, para ganar tiempo, según él me decía. Nunca ví en esa manera de relacionarnos un acto homosexual, pero unos años después cuando contaba con 19 años y asumí mi orientación sexual viajé a Bucaramanga, lo busqué para contarle acerca de lo que estaba viviendo siendo plenamente conciente de mi nueva vida y en respuesta obtuve de su parte el mayor rechazo y daño emocional que por mi condición sexual haya recibido en mi vida. Yo supuse en ese momento que Gabriel era homosexual por los acercamientos que entre los dos habían ocurrido y por algunos comentarios de algunos conocidos mutuos, igualmente sacerdotes de su comunidad, quienes me habían contado que él visitaba un bar gay en Bogotá.
Al conocer mi historia, esa persona me pidió que a partir de ese momento cambiáramos las manifestaciones afectivas de nuestra relación de amistad, me propuso o más bien me exigió que a partir de ese momento cuando deseara abrazarlo solo le tomara el brazo, si quería tomarle el brazo solo le diera la mano y que si sentía la necesidad de darle la mano, mejor no hiciera nada y que él comprendería. Yo abandoné rápidamente la casa de oración, estaba muy molesto con él y en especial con migo mismo; jamás regresé ni intenté comunicarme nuevamente con él.
Pasados algunos años cuando me enteré que ese hombre tenía serios problemas con su identidad sexual, a pesar de que comprendía su situación emocional y las dificultades que dicha construcción trae consigo para un hombre típico macho santandereano jamás intenté comunicarme y mucho menos recuperar esa amistad, pero no puedo negar que tuve la intención de brindarle el apoyo que nunca negaba a otras personas con quienes no existía vinculo afectivo alguno a pesar de que muy dentro de mi estaba seguro de que quería hacerlo.
A pesar de cómo me involucré en el Movimiento homosexual nunca pude perdonarle el rechazo aun cuando comprendía el daño que la auto discriminación puede causar y podía dar explicaciones a su actuar; sin embargo, esta experiencia me marcó de tal manera que pensando en el daño que esto causa en las personas y la necesidad de un apoyo positivo, decidí especializarme en el trabajo de apoyo emocional a personas con problemas en la construcción de su identidad sexual. No he sido persona de una gran cantidad de amigos pero los pocos que tengo lo han sido por muchos años, tan solo hay otra persona en mi existencia con la que tengo graves problemas de relacionamiento, es Germán Rincón, un importante líder homosexual colombiano quien según muchas personas conocidas de ambos me han dicho que no pierde oportunidad para hablar mal de mi, aun así aprendí a lograr que mis relaciones con él sean cordiales.
“¿Tú sabes si ya te desarrollaste?” fue la pregunta que el sacerdote que era mi guía espiritual en el colegio, me hizo aprovechando un encuentro casual, en el patio principal de la institución y durante en el descanso largo en la mañana. Desde mi desconocimiento de la sexualidad, mi respuesta fue: “No padre. Creo que aun no me he desarrollado”. Esta que parecía una pregunta inocente de un sacerdote para un chico que recién había cumplido sus trece, fue el camino que él tomó para mi introducción práctica a los temas de la sexualidad; sucedió en una prestigiosa institución educativa con sede en Bucaramanga, regido por una reconocida comunidad religiosa.
Acto seguido, el sacerdote me invitó a su oficina para “apoyarme” en ese “trance”. Yo, plenamente confiado en quien era mi guía espiritual, lo seguí sin desconfianza. Una vez dentro de su oficina, tras cerrar la puerta y sin mediar palabra alguna, me bajo el cierre del pantalón, sacó mi pene y procedió a masturbarme. Un corriente bajo desde mi nuca y recorrió lo largo de mi espalda, en una mezcla de placer y piel erizada ¡Fue mi primera eyaculación!
Unas horas después, ya en casa, a la hora del almuerzo, estando buena parte de mi familia a la mesa, comenté del hecho. Me sentía feliz porque ya “me había desarrollado” y sabía, por lo explicado por el sacerdote antes de conducirme a su oficina, que todos deberíamos desarrollarnos y que eso pasaba más o menos a la edad que yo tenía. Realmente no conocía que significaba ese “desarrollarse”, pero como no pensaba que fuera malo (pues el sacerdote me había ayudado a lograrlo) simplemente lo conté en casa, siguiendo la costumbre de comentar en mi hogar los pormenores de lo que sucedía en el colegio. No hubo actitudes que yo pensara extrañas, tampoco recriminaciones ni comentarios adversos por parte de ningún miembro de mi familia.
Al llegar al colegio al día siguiente, fui buscado en el salón de clase por el sacerdote. El me solicitó ir a su oficina y una vez allí me recriminó; me dijo que las cosas intimas no se contaban y que ya no podía ayudarme más. Mi familia lo había buscado para “reclamarle” por “ayudarme a desarrollar”. Yo me sentí triste tanto por la actitud de mi familia como por la del religioso, pues no lograba entender qué era lo que estaba pasando: para mí no había “algo” que yo considerara chocante o excepcional en mi actitud de contar mis experiencias en mi vida como para que haberlo relatado fuera la situación que motivara experimentar ese rechazo. De todas forman nunca volví a comentar que yo mismo me seguía desarrollando.
Muchos años después, ya siendo un estudiante universitario logré darme cuenta que ese encuentro con la “educación sexual” no seguía los cánones propios de una educación basada en el respeto. Más me preocupó esa situación, no por mí sino por otros niños que estudiaban en el colegio, cuando al hablar con algunos compañeros del bachillerato, pude conocer de cerca otras historias en las que otros jóvenes habían sido vulnerados y utilizados sexualmente por el mismo “guía espiritual”. El común denominador del hecho era que todos habían callado y parecía ser que yo era el único que había hablado en su casa y obtenido alguna reacción de la familia frente al sacerdote; sin embargo la posición de mi hermano no desató ningún cambio en él que motivara variaciones en su actitud frente a otros menores.
Sobre este tema de la vulneración sexual hablé en una ponencia denominada “vida cotidiana y educación en sexualidad: una experiencia de primera mano” realizada en el “Sexto Congreso colombiano de sexología y Primer Congreso Suramericano de Educación Sexual” realizado en Cali, en marzo de 1994. Precisamente, esta fue también la primera oportunidad en la que la Sociedad colombiana de Sexología SCS me invitaba oficialmente a hacer una presentación magistral sobre un tema.
Yo tomé para me disertación en esa ocasión cuatro puntos de referencia, en su orden cuatro situaciones con contenido sexual en las que me ví involucrado y consideré me permitieron ilustrar cómo me relacioné con dicho tema en los primeros años de mi vida: la primera, que ya la relaté y que está relacionada con los juegos infantiles; la segunda, la vulneración sexual sufrida en el colegio, sobre lo que he hablado en los párrafos anteriores; la tercera, cuando viajé al noviciado y tuve mi primera eyaculación en un juego erótico con una chica de mi edad; y la cuarta, al comprender que mucha información pertinente a la sexualidad, que circulaba en el medio en el que yo me movía porque sucedía en mi vida y en la de quienes me rodean, no la reconocí como tal porque no contaba con elementos conceptuales de base que me permitieran comprenderlo intelectualmente y además que yo, por mi propia ignorancia o inocencia, no los comprendí como relacionados con la sexualidad, siendo el caso específico usado como ejemplo el de dos compañeros de curso jugando en una cama, mientras estábamos en retiros espirituales, en el mismo año en que concluí mis estudios de bachillerato.
Durante bastante tiempo no me sentí molesto con el sacerdote por aquel acontecimiento pero cuando ya estaba algo más adentrado en años, al reflexionar sobre el tema de la educación sexual y reconocer que ese acto había sido un abuso sexual pensé en que los jóvenes, más los hombres que las mujeres, nos encontrábamos en situación de indefensión ante los adultos porque no éramos educados en torno a la sexualidad y generalmente cuando se no hablaba de temas afines se hacía únicamente a las mujeres; a ellas las preparaban únicamente con relación a la actitud que deberían asumir frente a los ofensores sexuales, pero ni con ellas y mucho menos con nosotros nunca se avanzó en diálogos que nos facilitaran la comprensión de temas como la homosexualidad o la lesbianidad y menos aún se nos habló con relación a que la violencia sexual podía ser ejercida por alguien del mismo sexo.
Ya en este siglo, escribí diferentes artículos sobre el tema de la escuela y la violencia sexual en los niños, niñas y adolescentes, varios de ellos han sido publicados en la Revista Semana entre ellos se encuentran: “Sin caperucitos azules, no hay lobos feroces” ; “La violencia sexual es la escuela” .
En tercer curso de educación media, a pesar de lo bajito que soy entré al equipo de básquetbol de mi curso y tomé por costumbre ir todos los sábados a jugar a las canchas de la Universidad Industrial de Santander. Estando allí observé a un jugador del Valle, un caleño rubio, de ojos claros, con cuerpo y cara atractivos, quien además era un excelente jugador. Durante todo un campeonato interregional universitario yo no le quité el ojo, pero nunca hablamos, aun cuando en algunas oportunidades jugamos con otros estudiantes de la universidad y el equipo de Tecnológico algunos partidos amistosos. El día de la final, yo me quedé hasta cuando todos se habían ido de la cancha y él salió de último; como en otras oportunidades caminamos rumbo a nuestras casas y nos acompañamos sin mediar palabra. Al llegar a la parada del bus él me preguntó si deseaba acompañarlo a su casa y yo, sin pensarlo, le respondí que sí. Caminamos juntos sin hablar; él vivía en un segundo piso en el que no había muchos adornos; se destacaban un colchón en el piso, un televisor y muchos libros. El se desnudó, entró a la ducha y desde allí gritó, preguntándome si deseaba una gaseosa, yo le dije que sí, me respondió que la tomara de la nevera en la cocina. Yo di vueltas hasta encontrar un vaso y serví una para mí. Le pregunté que si quería una pero él dijo que no. Al lado de la cama, había unas revistas, en ellas unos hombres estaban desnudos y dejaban ver sus genitales, yo sentí acaloradas mis mejillas y me puse un poco nervioso, más aún cuando sentí que él está detrás de mí. Mi respiración se agitó y quise salir corriendo, pero algo me retuvo. El fue a la cama, se acostó, tomó su pene que estaba erecto y se masturbó. Yo me quedo inmóvil, como paralizado, observándolo. El eyaculó, se paró, se limpió con una media y me dijo que tenía que salir a almorzar: me preguntó si deseaba acompañarlo. Yo si quería hacerlo, pero una voz traicionera salió dentro de mí y dijo que debía irme para mi casa. El me dio la mano para despedirse y yo me puse más nervioso aún. Tomé el bus y me fui sin entender que me estaba pasando.
Recién había cumplido los catorce años, estando de vacaciones en Bogotá, murió en Bucaramanga mi padre. Había padecido por más de tres meses los efectos de una trombosis cerebral, junto con esa penosa enfermedad había perdido la conciencia sobre los últimos momentos de su existencia, se comportaba como un niño y había que cuidarle para que no saliera a la calle o anduviera desnudo por la casa. Cuando murió yo me sentí aliviado emocionalmente, no es que propiamente deseara que se muriera pero me afectaba mucho que alguien que había sido totalmente independiente durante toda su vida de pronto dependiera de los demás para resolver sus necesidades básicas, bueno debo decir que también me afectaba de manera negativa tenerle que ver desnudo en algunas ocasiones aun cuando me llamaba la atención que tuviera canas cerca de su pene. Regresé a Bucaramanga para su sepelio y me sumergí en una crisis emocional, frecuentemente caminaba solo por la calle y hasta altas horas de la noche.
Nunca hablé de mis temores con otras personas pero sentía miedo de morir en condiciones semejantes; pensé que si alguna vez enfermaba de manera similar probablemente me suicidaría. Aun ahora, casi cuarenta y tres años después me preocupa desarrollar enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson y en especial perder mi capacidad intelectual o mi movilidad. En ese tiempo también temía ser ciego, así que decidí prepararme por si eso sucedía; durante horas permanecía en casa con los ojos cerrados y así realizaba algunos de mis deberes como bañarme, vestirme, ordenar las cosas en mi alcoba o tender la cama. Aprendí por mi mismo a servir bebidas calientes en recipiente y reconocer por la temperatura y el sonido como iba llenándose la taza con el líquido; también dedicaba horas completas a diferenciar los sonidos que se producían a mí alrededor; después me aventuré a caminar por la calle, sin abrir los ojos; todo con la intención de aprender a desenvolverme por mí mismo.
Muy seguramente mi trabajo frente a la prevención del sida esté relacionado con mis propios temores a padecer una enfermedad de difícil tratamiento, pero también con la decisión de mejorar la propia condición de vida como una manera de prevenir ciertos malestares y dolencias. Nunca he estado hospitalizado o gravemente enfermo pero me afecta pensar en tener que depender de otras personas. Incluso en un momento de mi vida decidí vivir como si estuviera afectado por el sida y asumir para mi las recomendaciones que daba a quienes brindaba apoyo emocional antes de que las personas se realizaran la prueba de Elisa para determinar la presencia de anticuerpos contra el VIH o con posterioridad a la entrega a un diagnostico reactivo. Sobre este tema publiqué un artículo la Revista Semana denominado “Vivir con sida” y posteriormente otro en un suplemento mensual sobre salud, sexualidad y sida denominado “Letra S” que circula como inserto en el periódico mexicano El Nacional, en la separata Nº 8, denominada “Los costos del sida” publicada en marzo de 1997 bajo el titulo “vivir como si se viviera con sida”.
2.5 No solo de pan vive el ser humano
Mi hermano Crisanto quien militaba en la social democracia pertenecía a un movimiento social cristiano denominado Palestra, parte de su actividad social consistía en dar acompañamiento a familias viviendo en extrema pobreza en una invasión de terrenos ubicada cerca al Aeropuerto de Bucaramanga que en ese momento estaba en las afueras de la ciudad. Las personas vivían hacinadas en ranchos construidos con latas y cartones, no tenían acceso a ningún tipo de servicio y no tenían los recursos para sus gastos básicos de comida y vestido; la mayoría de ellos vivían de las limosnas y ayudas que los jóvenes recogían en sus colegios. Cuando tenía ocho años, Crisanto me llevó por primera vez a ese lugar, luego él y Myriam Durán, su primera esposa, me llevaron en varias oportunidades.
Aun cuando la organización era católica no se hablaba sobre el tema religioso a estas personas pero los domingos se celebraba en la invasión una misa campal a la que asistían los jóvenes, algunos de sus maestros y algunos otros simpatizantes de Palestra, ya que las reuniones que se hacían era para ayudar a organizar la invasión, realmente yo nunca fui en día diferente al domingo y no supe qué era lo que pasaba en esas reuniones, pero uno de esos domingos regresamos con una niña cuya abuela que era la única familiar que vivía, murió mientras estábamos en ese lugar, la misma que Crisanto luego adoptó.
Al estar cursando mi último grado de bachillerato, teniendo quince años, viajé a Medellín, ciudad en la que se encontraba la sede del noviciado de la comunidad religiosa a la que quería pertenecer. Para llegar allí debía pasar previamente por Barrancabermeja, una ciudad igualmente santandereana ubicada en la más prospera zona petrolera del país, en la que vivía Crisanto quien además era el rector de la única universidad que allí existía. A Barranca había viajado en bus y seguiría desde ese pueblo petrolero el trayecto restante en tren.
Myriam, mi cuñada, insistió en que conociera a una chica de mi edad quien era su vecina, así como también creó las condiciones para que me relacionara con las dos únicas mujeres con quienes en mi vida he tenido relaciones sexuales.
La noche previa al recorrido final del viaje conocí a Marcela, una chica algo mayor que yo, muy alta y con un cuerpo bastante desarrollado. Ella no perdía el tiempo, mucho antes de completar la hora de haberme conocido ya me estaba besando insistentemente y también acariciando mis genitales. Yo sentí mucho miedo por lo que allí acaecía pero tenía miedo de ser agresivo al rechazarla y aun cuando le expliqué mi situación religiosa permití que ella me siguiera tocando, siendo ésta la primera vez en la que estuve con una mujer, tuve un acercamiento sexual con alguien de mi edad, y además, la primera y única en la que he eyaculado sin estimularme manualmente; lo hice en mi ropa interior.
Esa misma noche viajé al noviciado; en la mañana, al llegar a ese lugar que yo llamaba el seminario, el complejo de culpa y el temor me invadieron, pensé que había hecho algo inapropiado y que había fallado en mi vida espiritual. Le confesé al padre “maestro” lo que me había sucedido y él solo me informó que esos acercamientos sexuales suelen pasarles a casi todos los jóvenes. La explicación que me dio no fue suficiente para mí, y durante bastante tiempo me sentí sucio e incomodo por lo que me había pasado.
En ese mismo año participé de unos retiros espirituales durante una semana. En ese tiempo sucedieron tres situaciones que me indujeron a pensar mi relación con los demás, con el mundo y con migo mismo.
La primera de ellas se vincula con mi aislamiento de las demás personas, reconocí que me comunicaba con ellas pero no tenía ninguna relación profunda con ninguna. En el primer día de los retiros se nos solicitó que habláramos con una persona con quien lo hubiéramos hecho muy poco; yo me acerqué a un chico que evidentemente estaba en mi mismo curso, ya que en la actividad nos habíamos congregado los 160 estudiantes de último año de bachillerato. Durante la conversación me di cuenta que él, Marcos, era mi compañero de salón de clase y que yo nunca me había percatado de su presencia. Él además me preguntó por mi novia y yo caí en cuenta en ese momento que nunca había tenido una ni había estado interesado en tenerla y expliqué la situación relacionando esa ausencia con mi vida espiritual y mi vocación sacerdotal. Yo invité a Marcos a la casa de oración y construimos una buena amistad, siendo él el primer amigo a quien visité a su casa.
Este fue mi año de relación con las mujeres. Por medio de él, algunos días después y en ese mismo abril, conocí a Rocío, la primera chica en mi vida con quien me relacioné afectivamente, siendo yo quien inicialmente siente interés; la busqué, me hice amigo e igualmente la convoqué a la casa de oración. Una atracción similar la sentí dos meses después, por Yolanda, mi vecina en el Barrio Ricaurte en Bucaramanga, a quien incluso también le declaré mi amor y le propuse ser mi novia.
A Marta Cecilia, la conocí en septiembre de ese mismo año, en un viaje de misión católica a El Socorro, el pueblo en el que yo nací. Ella al igual que yo cursaba el último año del bachillerato y hacía parte de un grupo de oración en el que todos sus miembros eran estudiantes. Yo me sorprendí cuando ella me expresó sus afectos y me propuso que fuera su novio; acepté. Durante algo más de dos años mantuvimos correspondencia constantemente y en varias ocasiones viajé a su pueblo para visitarla, y ella lo hizo a Bucaramanga, para verme a mí, aun cuando solo durante el primer año ya que al terminar el bachillerato me trasladé a Bogotá para vivir y estudiar en esa ciudad.
La segunda de esas situaciones en la que los demás me hacen pensar sobre mí mismo y las relaciones de amistad, se vincula con el hecho de que en esos mismos retiros conocí a Raúl, un compañero de curso quien había tenido un accidente a partir del cual caminaba sostenido en unas muletas; él había sufrido un trauma en una de sus piernas que no le permitía estirarla completamente. Raúl me preguntó si era verdad que la oración podía curar a una persona y yo le respondí que sí, él me pidió que oráramos por él y yo le comuniqué al sacerdote el interés de Raúl; en la noche convocamos a un grupo de oración, en medio de nuestro encuentro de oración le hice una imposición de manos y Raúl caminó sin dificultad, a partir de ese momento dejó de usar sus muletas.
La tercera situación que vivencié es esos retiros tiene que ver con mi falta de interés para construir historias mas allá de lo que veía; esta situación también me recuerda lo despistado sexual que yo era. Se relaciona con dos compañeros, Martín y Cristian, a quienes busqué en su habitación y encontré juntos en una cama, cubiertos por una sobrecama, siendo evidente que estaban desnudos, acostados uno sobre el otro. Yo, de manera muy natural y sin sospechar que esta pareja tenía relaciones sexuales, permanecí sentado a su lado, en la misma cama, hablando durante un rato, que para ellos debió ser eterno. Casi cinco años después, uno de ellos, se me acercó y me dijo que le gustaba de mi que yo hubiera tomado con naturalidad la relación de pareja que él sostenía con nuestro otro compañero, lo más extraño para mi es que hasta justo el momento en que me lo hizo saber, a pesar de que los había visto desnudos, yo no había tomado conciencia de que dicha relación homosexual había sucedido.
En ese mismo año, mi propuesta de trabajo para el año en la Casa de oración giró en torno a hacer un proyecto católico similar a Palestra, orientado especialmente a jóvenes que deberíamos desarrollar nuestro sentido de apoyo social a los menos favorecidos. Junto a Gabriel Reyes, el director de la casa, iniciamos la recolección de mercados en mi colegio, actividad que posteriormente se fue ampliando a otros centros educativos y las familias de quienes eran asistentes asiduos a nuestra casa.
Nuestra actividad que en sus comienzos era estrictamente de crecimiento espiritual se fue transformando en un movimiento social cristiano. Inicialmente tuvimos cierta aceptación para nuestro trabajo, incluso del obispo de la ciudad, quien era amigo de mi familia por haber sido primero el obispo de El Socorro y San Gil. Él me recibió en su oficina en varias oportunidades, pero en la medida en que nos hicimos críticos con el rol que la iglesia católica desempeñaba en nuestra ciudad, la jerarquía y él como cabeza de la misma no nos quiso dejar participar en las actividades de la Iglesia Catedral; posteriormente, el mismo obispo que incluso había estado en nuestra casa de oración, intentó, en varias oportunidades, cerrarla.
En medio de esta crisis en nuestra casa de oración, yo debí viajar a Bogotá para iniciar mis estudios universitarios y terminar mi periodo de aspirante jesuita; una vez logré ubicarme en la ciudad me reuní con Carlos Álvarez, un sacerdote Eudista quien manejaba parte de los Grupos de oración de la “Misión carismática católica” en la capital colombiana. Asistía al barrio del Minuto de Dios, para lo que debía cruzar prácticamente media ciudad, a algunas de las actividades de oración, y simultáneamente, a los programas propios de mi formación religiosa en la Compañía de Jesús.
Esta doble actividad religiosa generaba contradicción en mí, puesto que, con los jesuitas mi formación se centraba más en la formación académica intelectual que en lo social o espiritual; teníamos muy pocas acciones sociales y yo me sentía algo defraudado porque desde años atrás pensaba que mi función como religioso debía orientarse a la ayuda de los más necesitados y no precisamente a la formación de los más ricos e influyentes política y económicamente de nuestro país, que era a lo que dedicaban la mayoría de su tiempo, los sacerdotes en cada ciudad en la que estaba asentaba la comunidad.
Esta contradicción fue la razón por la que tan pronto conocí al sacerdote jesuita encargado de la Casa de la Juventud, me integré al proyecto social que la comunidad realizaba con el apoyo de jóvenes cristianos; consistía en llevar a cabo acciones sociales y algo políticas en barrios del sur oriente bogotano, como también en ciertos barrios en otros sectores económicamente deprimidos de la ciudad, lugares en los que fui descubriendo a sacerdotes jesuitas que vivían fuera del ámbito de la Universidad Javeriana o que eran diocesanos pero que socialmente estaban comprometidos con los pobres.
La mayoría de los jóvenes que eran miembros de la Casa de la Juventud provenían del Colegio Mayor de San Bartolomé (un colegio en concesión con el estado, regido por jesuitas, con muy buena formación intelectual con la característica de que quienes allí estudiaban tenían su origen en las clases menos favorecidas de la ciudad); un grupo mucho más pequeño de ellos eran estudiantes de San Bartolomé La Merced, un tradicional colegio en el que los jesuitas formaban las personas de los estratos socioeconómicos mas altos de Bogotá.
Asistir a esta casa además tenía una ventaja para mí y era que tenía su sede a tan solo tres calles de la Universidad Cooperativa de Colombia, lo que me permitía acercarme fácilmente a la Casa de la Juventud y participar activamente de sus proyectos. A pesar de ello para mi había aquí también otra contradicción y era que estos grupos juveniles dedicaban poco tiempo a la oración.
Estando en los programas de la Casa de la Juventud me encontré con Alejandro Gutiérrez, un estudiante de psicología en la Javeriana, a quien conocía de las actividades del Minuto de Dios y quien se había estado formando previamente como Eudista. Alejandro me invitó a acompañarlo a una misión de semana santa a La Belleza, un pueblo con una fuerte presencia guerrillera, en Santander, ubicado cerca al pueblo en el que yo nací. Celebramos una actividad que se destacó por las jornadas de reflexión sobre cómo hacer posible la experiencia de un modelo crístico acorde con las necesidades sociales del momento. Teníamos la certeza de que varios de los asistentes eran simpatizantes o miembros de la guerrilla, pero, a pesar de que el sacerdote párroco de esa comunidad previamente había tenido problemas con la guerrilla, nuestra actividad se desarrolló sin ningún tipo de contratiempo.
Al siguiente año, los jóvenes de La Belleza con quienes Alejandro y yo habíamos trabajado el año anterior, nos invitaron nuevamente para la semana santa. Se comunicó con migo, para confirmar la invitación, un joven sacerdote alemán a quien ya conocía y que coincidencialmente ahora se encontraba trabajando en ese pueblo. A pesar de la negativa inicial de la jerarquía de la iglesia, él había logrado un permiso de la diócesis para desarrollar en ese pueblo su actividad pastoral; a pesar de que esta, no quería poner nuevamente a un sacerdote, pues a uno de los sacerdotes, que anteriormente estaba allí, lo habían amenazado en varias oportunidades; y, el último que ejerció en el pueblo, había tenido que salir huyendo.
Germán VonGraf, como se llamaba el sacerdote, logró la aceptación de los diferentes grupos en La belleza y según él mismo nos comunicó, a Alejandro y a mi, nuestra presencia en el año anterior había contribuido al acercamiento entre los jóvenes del pueblo y los de las veredas cercanas, y de éstos a la iglesia. Aun cuando VonGraf no interfirió en nuestras actividades con los jóvenes, sino que mas bien las promovió, si nos hizo saber que el obispo se había comunicado con él para advertirle de que nuestra presencia no era bien vista por algunas de las señoras del pueblo, quienes previamente se habían quejado con relación a las actividades juveniles que habíamos tenido.
Esta misión, como llamábamos al proceso de visitar un lugar y estar allí por un tiempo, fue la primera “Pascualización” de la que hice parte; en ella me acerqué más a mí mismo que a los demás jóvenes, porque la reflexión que orientaba para otros era a la vez mi propia reflexión sobre mi vida, mis metas y en especial, sobre mi propia sexualidad y su relación con mi vida y mi labor como cristiano.
A VonGraf, quien era miembro de la comunidad del Divino Salvador, lo había conocido en Bogotá, unos meses antes del viaje a La belleza, en un proceso de formación sobre comunicación orientado a un grupo de sacerdotes, monjas y laicos comprometidos con proyectos sociales de la iglesia católica, que realizamos conjuntamente con Pedro D´achiardi, un colombiano descendiente de italianos, sacerdote vice-provincial de los Claretianos, Secretario de la Conferencia Colombiana de Religiosos CCR e igualmente de la CLAR (Conferencia Latinoamericana de Religiosos), quien por muchos años fuera muy buen amigo y cómplice. Germán y Pedro conocían de mi vida sexual y de mis relaciones con Jaime, jesuita quien fuera mi pareja por tres años.
VonGraf fue el promotor en Colombia de un proyecto social cristiano, que se extendía por toda América Latina, denominado “Pascualización”, enraizado en la Teología de la liberación y cuya metodología era la de “Cibernética social”. Pascualización era un programa desarrollado inicialmente por Octavio Ritere, sacerdote Brasileño, quien murió en un accidente; VonGraf y a D´achiardi realmente fueron algunos de sus continuadores.
Coincidencialmente, cuando lo conocí, Germán era mi vecino en el momento en que la vida lo puso en mi camino, pues la sede de su comunidad estaba a tan solo tres calles de mi casa; con él realizamos varias acciones conjuntas desde trabajo en nuestra parroquia, misiones y talleres de formación.
A ese proyecto colombiano que orientaba VonGraf se había integrado D´achiardi, quien además viajaba dando cursos de entrenamiento en cibernética social por América del Sur. A Pedro lo conocí por intermedio de Crisanto, quien me invitó a un taller sobre cibernética social comunitaria orientado por Waldemar De Gregory en el que él era uno de los facilitadores.
Encontrar a Germán y a Pedro dio un sentido mucho más concreto a mi visión cristiana del mundo y me permitió hacerme conciente de que mi papel estaba junto a los pobres. D´achiardi con quien trabajé en muchos proyectos hasta algunos años antes de su muerte en el 2006, hizo parte del proceso de gestación de la Teología de la Liberación.
Un hito histórico de ese proceso fue la Segunda Conferencia general del Episcopado en 1968, en Medellín, en la que D´achiardi tuvo una participación bien importante. “Las venas abiertas de América latina” fueron el documento matriz donde se elaboró la teoría de la dependencia que se concentró en mostrar las causas profundas del empobrecimiento de las mayorías de nuestros pueblos latinoamericanos. Según esa teoría sólo se podría superar dicha injusticia si se lograba el rompimiento con el sistema capitalista imperante. El libro de Eduardo Galeano fue lectura obligatoria en los círculos intelectuales y universitarios (cristianos o no) y su estudio motivó una intensa reflexión en todos los jóvenes que a Pascualización nos acercamos y nos posibilitó comprender que la pobreza y situación de explotación no era casual, sino causal.
Muy iluminador para la Conferencia Episcopal de Puebla en Febrero de 1979 fue el documento preparatorio de los religiosos elaborado por la CLAR, de la que D´achiardi era Secretario. A ese documento y a Puebla misma los pequeños grupos eclesiales, como el nuestro, hicimos llegar nuestra voz hasta los obispos, pero ese documento también fue de gran alimento conceptual y espiritual para nosotros mismos porque dio un norte a nuestra propia acción como cristianos.
En “Pascualización” la liberación dejaba de tener un sentido meramente discursivo para volverse una praxis. Lo primero que aprendí e interioricé como experiencia cotidiana fue el sentido real de la caridad cristiana comprendida como la expresión del amor al prójimo. Fue importante y bastante contradictorio darme cuenta de que lo que venía haciendo hasta ese momento, es decir, conseguir ciertas donaciones de caridad y proveerlas a los pobres en forma paternalista y asistencial no era una alternativa real de solución a sus problemas sino tan solo un paño de agua tibia, tratando de sanar una herida que hoy era tan superficial sino profunda y casi mortal.
Tomar conciencia me hizo abrir los ojos para comprender al mundo, para comprenderme a mi mismo y mi misión como cristiano y para volcar el corazón hacia los pobres. Descubrir realmente su situación, incluso como homosexual, como homosexual cristiano practicante, y así vivir la experiencia de la verdadera evangelización. Fue muy iluminador asumir y vivenciar que el evangelio además de encontrarse en los textos bíblicos se encarnaba en nuestras vidas y palabras.
Me inquietaba sobremanera saber quién era mi prójimo, porque percibía que en el sentido más amplio eran los pobres; pero para mi, como homosexual, de esto hablaré más tarde, y como cristiano, mi prójimo eran aquellos que por causa de su orientación sexual eran los más pobres y excluidos, y entre mi prójimo había ciertos prójimos aun más rechazados y estigmatizados: las “magdalenas” de nuestros tiempos, los hombres transvestis en prostitución y las mujeres que junto a ellos estaban en mi camino cotidiano a la universidad, en el barrio Santa Fe, en el que igualmente vivían otros excluidos y excluidas: prostitutas, artistas e intelectuales, rechazados por no hacer parte del status quo y quienes igualmente precisaban de mi ayuda y solidaridad.
Los conflictos axiológicos que la homosexualidad y la prostitución me generaban tuvieron una respuesta en la “pascualización” de mi vida y de sus vidas. La resurrección era posible no después de muertos físicamente sino en la peor muerte posible y experimentada: la negación del otro, de ese que al igual que yo se dice cristiano. Negación que me atormentaba porque mi experiencia con mis compañeros de colegio, era una muestra de la negación que durante mucho tiempo había hecho de los otros para centrarme en mí mismo.
Vivir la resurrección en el cotidiano se hacía posible al vivir siendo testigos de la exclusión y ejerciendo el bien posible ya que “donde hay muerte el creyente pone el germen de la vida”, como nos decía Petete, como cariñosamente llamábamos a pedro D`chiardi.
La vida, no era sólo la palabra; en especial la vida estaba en la posibilidad de encontrar herramientas para liberarse por sí mismo, para apoyar a otros en ese proceso y además porque al dar vida a otros yo mismo me liberaba de esa opresión y la transformaba en la fuerza interna que movilizaba mi existencia.
Fue tan radical mi posición frente a la caridad cristiana como expresión del amor al prójimo que con base en dicha idea decidí dar un giro a mi vida, abandonar el mundo de la comodidad que me daban la comunidad religiosa y la familia y trasladarme a vivir al barrio Santa Fe, en 1979; situación con la que mi familia no estuvo muy de acuerdo.
Adquirí la costumbre de caminar por la zona de prostitución, hablar con los hombres que allí trabajaban y sobre todo, observar sus comportamientos y relaciones. Hablaba poco con las prostitutas del barrio porque mi propio desconocimiento de la sexualidad de las mujeres me producía cierto temor de no poder responder a algunas de sus dudas o no poder comprender sus experiencias. Una de las situaciones que se me hicieron más interesantes y me permitieron crecer como ser humano fue descubrir que algunos de estos jóvenes no se consideraban a sí mismos homosexuales sino mujeres y que además los clientes asumían estarse relacionando con una ella y no con un él, aun cuando era evidente para mí (ahora no lo creo) que lo hacían con un hombre.
La pobreza dejó de ser lo que otros vivían para convertirse en lo que yo cotidianamente experimentaba. Viví en una casa antigua y desvencijada, más correctamente un inquilinato, en una habitación doble de un segundo piso que tenía su ventana hacia la calle. En ella habitaba el universo pleno de los pobres de la comunidad que me interesaba: transvestis, prostitutas y prostitutos, artistas, intelectuales, hombres abiertamente homosexuales, y yo, un estudiante universitario que ni para comer tenía, gracias a que al igual que muchos de los que allí vivían me encontraba buscando lo que sería mi primer trabajo.
Abandoné por un tiempo la escuela de teatro en la que estaba estudiando para utilizar ese tiempo de la noche en preparar mis estudios y me volví trabajador de medio tiempo en la fábrica de confecciones de mi hermana Myriam. Rápidamente aprendí como se realizaba un patrón de costura, a escalarlo a todas las tallas y a trazar planos de corte para que las operarias lo hicieran y distribuyeran las piezas a las operarias de confección. Descubrí que lo que había aprendido sobre teoría del color y dibujo anatómico en los cursos libres que tomaba los sábados y domingos en la escuela de Bellas artes de la Universidad Nacional de Colombia me servía para el diseño de prendas y me fui convirtiendo en diseñador de ropa exterior femenina, hasta que llegó el momento en que logré que Esperanza mi prima que algunas veces me ayudaba a preparar los planos de corte fuera quien los hiciera y yo me dediqué de lleno al diseño, patronaje y escalada. Esta actividad se amplió posteriormente a la preparación y la locución de los desfiles de moda que realizaba la Casa de Modas de mi hermana.
De la fabrica de mi familia pasé a Trabajar con un judío israelita quien me buscó para dar comienzo a una fabrica de prendas deportivas, acepté porque cuando informé que este hombre me pagaría el triple de lo que ganaba con mi hermana ella me dijo que no podían pagarme más y yo decidí asumir dicha oferta. Esta fue la primera vez en la que trabajé de tiempo completo en una industria, presenté una colección completa diseñada por mí mismo, exhibida en un templo de la moda “la Casa Fabricato” y la primera vez que aparecí en los medios como diseñador de modas, de allí me retiré para dedicarme al trabajo en sida al regresar de la V Conferencia Mundial de sida en Montreal en 1989. Sin embargo algunos años después trabajé con RCN televisión en la preparación del vestuario de la telenovela “La vorágine” (basada en la novela del escritor colombiano, Eustasio Rivera) siendo este mi ultimo trabajo relacionado con el mundo de la moda.
El barrio Santa Fe lo abandoné antes de cumplir un año de vivir en ese hervidero humano pues no aguanté el ritmo de vida que allí se llevaba ya que era demasiado lejano a mi estilo de vida. Esa vivencia me permitió conocer muy de cerca el mundo de la prostitución, acercarme a un grupo que dentro de los homosexuales era incluso discriminado por estos: el de las transvestis en prostitución; conocer que hombres y mujeres menores de edad estaban en el mercado sexual y que niños y niñas de siete años ya eran utilizados por proxenetas para la prostitución; que había una relación directa entre el uso de drogas psicoactivas, las enfermedades de transmisión sexual y la prostitución; que las drogas de las que se hablaba en los medios se utilizaban pero que las personas mas pobres recurrían a substancias insospechadas para los especialistas en el tema, entre muchos otros: gasolina, gaseosas mezcladas con alcohol industrial, telarañas que envolvían cigarrillos, base de coca (bazuco) mezclada con polvo de ladrillo, cal u otros productos cuyos efectos se desconocían; que agentes de la policía cobraban “peajes” a dueños de bares, proxenetas y a las mismas personas en prostitución, que además estas y los policías eran ladrones, asesinos y expendedores de drogas; y lo que era aun mas grave que había “gente buena” que estaba “limpiando el sector” asesinando a quienes eran el sector poblacional mas lumpen del barrio: sus habitantes de la calle.
Sentí que tenía razón, que esos eran los pobres a los que yo debía dedicarme pero al riesgo de ser “limpiado” por alguien que descubriera que yo me estaba enterando de lo que se suponía no debía enterarme fue el punto de conflicto que terminó haciéndome tomar la decisión de salir del barrio pero no por ello abandonar el trabajo con los mas pobres de los pobres, mi verdadero prójimo ya que dicha experiencia además enriqueció mi fe. Mateo 11, 25-27 se hizo aun mas visible al comprender que Cristo se encuentra y revela en los pequeños y olvidados a los ojos del mundo y redescubrir que hablar de los pobres es hablar de Cristo, es hablar de Dios: ya que lo que hicimos a ellos o dejamos de hacer por ellos, fue a Cristo a quien hicimos o dejamos de hacer (Mateo 25, 40). La común-unión con el prójimo necesariamente debe pasar por el amor a los “Lázaro” y las “Magdalena” de mi común-unidad de cada momento (Lucas 16, 19-31).
Lo mas subversivo de mis descubrimientos de ese momento fue darme cuenta que si éramos hechos a imagen y semejanza de Dios, y era Cristo quien vivía en mi, Dios al igual que yo es homosexual, o también prostituta y habitante de la calle. Aun cuando mi motivación inicial para trabajar en el tema de la prostitución era religiosa, posteriormente fue cambiando mi interés al descubrí que eran victimas de todo tipo de exclusión y de la utilización de diferentes sectores sociales, económicos y políticos.
2.6 Una mano mas otra mano
Crisanto, De Gregory y D´achiardi me invitaron a hacer parte del equipo de trabajo para el desarrollo de estrategias comunicativas que formaba a religiosos y seglares comprometidos y que posteriormente se abrió a lideres sociales, sindicales y educativos. La invitación se dio en el momento justo en que salí del barrio Santa Fe y al aceptar participar en esa actividad, logré por primera vez en mi vida un trabajo en el que me sentía totalmente a gusto y no explotado, que me reportaba parte de los recursos necesarios para mi sobrevivencia pero el temor que me causaba la incertidumbre de no tener lo necesario hizo que no abandonara mi trabajo de diseñador.
Tuve la oportunidad de apoyar el proceso de diseño, seguimiento, evaluación y redirección de más de cuarenta talleres formativos sobre estrategias comunicativas realizados en diferentes regiones de Colombia. Esta fue la primera oportunidad en la que tuve contacto con la educación en mi función de formador. Aprendí a trabajar con una metodología de trabajo horizontal en la que los participantes se organizaban en equipos de trabajo, los cuales continuaban formándose conjuntamente por ocho semanas. El equipo de facilitadores preparaba el programa de formación el cual se dividía en actividades teóricas, prácticas y creativas. Al interior de los procesos creativos se programaban actividades lúdicas cuyo fin era, por medio del juego, reafirmar el conocimiento teórico que se había obtenido de parte del explicitador o facilitador temático. Mi función era proponer actividades de este orden que eran discutidas en equipo, redireccionadas cuando ello era necesario y coordinar su aplicación durante los programas de formación.
Los formadores en entrenamiento además participábamos de un proceso de formación de formadores, también teníamos actividades de profundización durante ocho semanas y la promoción a formadores se daba cuando éramos capaces de organizar por nosotros mismos y en equipo de tres personas un programa de formación cuya convocatoria y acompañamiento de ocho semanas igualmente coordinábamos, todo bajo la coordinación de uno de nuestros formadores. Luego de un año de actividades formativas pasé dentro del equipo de trabajo a coordinar actividades prácticas, y dos años después pude dar inicio a mis actividades de formador en la parte teórica.
Posteriormente participamos de un proceso latinoamericano de formación de formadores en el que asistimos personas de ocho países de América del Sur, de Estados Unidos de Norteamérica y de México. Proceso que se hacía durante una semana y cuyas prácticas de ocho semanas se realizaban por equipos nacionales ya que no todos podían permanecer en Colombia por todo el tiempo del proceso. Estas formaciones se realizaban en diferentes países y eran de primero, segundo, tercero y cuarto nivel y yo participé de todos los niveles.
Aun cuando algunos de los asistentes eran educadores fueron pocos los que pudieron hacer todo el proceso debido al tiempo que ello requería y porque para muchos de nosotros ésta era además nuestra fuente de ingresos, en consecuencia nuestra actividad laboral principal. En ningún momento se pensó hacerlo como un proceso en la educación formal pero también es verdad que el equipo de trabajo formó más de tres mil maestros de educación primaria y media en Bogotá en un convenio con la Secretaría de educación de la ciudad para la formación no formal de sus maestros ya que al tomar nuestros programas en diferentes temas estos eran reconocidos con “créditos académicos” que les servían como parte de la puntuación necesaria para el proceso de escalafón.
Cabe destacar aquí que algunos de esos maestros y directivos posteriormente me abrieron las puertas de sus instituciones educativas para permitirme desarrollar procesos a la comunidad educativa (directivos, maestros, padres de familia y estudiantes) como parte de la aplicación del “Proyecto nacional de Educación sexual” que es obligatorio por Ley, implementar en todos los colegios de Colombia como eje transversal del PEI Proyecto educativo institucional.
La actividad en cibernética social fue muy importante para mi porque me permitió con el acompañamiento de De Gregory, D´achiardi y Crisanto como formadores y de Ellen Wilde y Mauro Carvajal como compañeros de equipo, pasar del desarrollo de estrategias comunicativas lúdicas a conocer el proceso de producción en los medios masivos de comunicación, específicamente en prensa escrita (revistas) radio y televisión, y mejorar mi estrategia comunicativa verbal, no-verbal y factual ante diversos auditorios con diferentes niveles de formación intelectual.
La formación exigía que fuera del proyecto de formación de formadores de “Cibernética social” en el que nuestro trío de trabajo participaba cada uno de nosotros realizáramos una experiencia adicional en el que solos desarrolláramos todo el proceso de diseño, aplicación, evaluación y redirección, formando en un proyecto comunitario a un equipo de trabajo propio. Yo propuse hacer mi actividad en el Grupo de Estudio por la Liberación de los Guëis –GELG– y esta propuesta fue aceptada, ya que en “Cibernética Social?” el tema de la homosexualidad se manejaba al mismo nivel de otras orientaciones sexuales y de otros temas, inclusive conocíamos de la información privada de la vida sexual de algunos de los religiosos y laicos pero se asumía que esto era parte de su intimidad y tan solo se hablaba de ello cuando en el grupo pequeño, en el que se trabajaba por ocho semanas, las personas lo querían hacer como parte de su proceso de auto aceptación y como parte del proceso de crecimiento personal.
El publicista Mauro Carvajal fue mi punto de enlace para trabajar en la docencia universitaria ya que él fue quien me relacionó con la Decana de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad Pedagógica de Colombia, sede de Bogotá, en donde a mis 19 años fui contratado como maestro universitario para el curso electivo de comunicación y medios. Esta fue la primera oportunidad en la que se me quiso discriminar por parte de un grupo de estudiantes que se formaban como docentes, y no fue precisamente porque en ese momento aún estaba también estudiando en la Universidad sino a causa de mi orientación sexual pero la evaluación positiva realizada por los estudiantes del semestre anterior, el primero que trabajé, y de los estudiantes de ese momento sobre mi actividad docente pudo más que el pequeño grupo de estudiantes de la facultad que no me aceptaban como su maestro por el hecho de ser homosexual.
2.7 Aprendiendo en la escuela formal
Inicié mis estudios universitarios de sociología a los 15 y medio años en la Universidad Cooperativa de Colombia UCC aprovechando que había sido aceptado como estudiante al presentar un examen de clasificación y porque mi promedio en la evaluación de conocimientos del ICFES que me ubicaba en un 2% correspondiente al nivel superior de los estudiantes de mi generación, resultado me permitía escoger cualquier carrera universitaria; un año después di comienzo a los de filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana y ese mismo año, en el segundo semestre principié los estudios de actuación y dirección teatral en la Escuela Distrital de Arte Dramático, en un programa nocturno.
Para mi formación personal fue determinante asistir a clases a entidades educativas tan diferentes. En la UCC los estudiantes del diurno a diferencia del nocturno, no eran trabajadores sino que dependían económicamente de sus familias pero estas eran de clase media y no podían darse el lujo de llevar a sus hijos a estudiar en una universidad como la Javeriana a la que asiste parte de la élite económica, social y política del país.
Mis mejores amigos de Bucaramanga y compañeros de la casa de oración también, incluido Nelson Arias, vinieron a vivir a Bogotá, al barrio Minuto de Dios. Estaban en una casa-noviciado de los Sacerdotes Eudistas e ingresaron a estudiar Filosofía en la Universidad de San Buenaventura. Yo ingresé a Filosofía en la Javeriana, pero en muchas oportunidades prefería asistir a clases con mis amigos de antes en San Buenaventura. A la Filosofía llegué más que por la necesidad formativa que se me planteaba como jesuita, por el interés inculcado por mi amigo Nelson Arias y me quedé por el placer de debatir con él y con nuestra compañera y amiga María Inés Jara.
Precisamente en esta universidad mi compañera de trabajos era Alicia Ortega Lleras, sobrina de un ex Presidente de la republica; ella además de ser algo así como la “oveja negra” de su familia era una de las estudiantes mas destacadas de la carrera. Exceptuando a Alicia Ortega Lleras, amiga y compañera, poco me relacionaba con otros estudiantes de filosofía, a no ser con aquellos que eran jesuitas.
La profesora Alicia, nuestra profesora de historia del arte en la Universidad Javeriana, despertó en mí el interés por Pedro Pablo Rubens y su trabajo sobre el cuerpo de la mujer. La influencia de Alicia, la profesora, me llevó a tomar cursos libres los sábados y domingos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional. Allí y durante dos años tomé clases de teoría del color, dibujo anatómico y principios de escultura. Me enfoqué inicialmente por el trabajo pictórico del cuerpo femenino; mis obras representaban cuerpo redondeados, de formas onduladas en las que las oquedades y los volúmenes tenían una característica especial, pieles con celulitis; imperfecciones que resaltaba, utilizando la textura de piel de naranja y el colorido que veía en las obras de Rubens, aun cuando muchas de las obras fueron hechas al carboncillo. Esta época llegó a significar tanto para mí, que en mi primera visita, casi quince años después, al Museo del Prado, viendo las obras de este pintor experimenté algo que nunca más he experimentado y que podría definir como un orgasmo emocional.
Los trabajos de pintura del cuerpo, dibujo y escultura los realizaba con Maria Inés Armenta y Asdrúbal Medina, dos estudiantes de Bellas artes. Los hacíamos en la sala de la casa de María Inés; trabajábamos desnudos, cada uno era a su vez el/la modelo de su compañero/a de trabajo. Nos acostumbramos rápidamente a permanecer desnudos por muchas horas, aprendizaje que igualmente fui construyendo en la Escuela Distrital de Arte dramático. Pero no solo nosotros debimos acostumbrarnos, sino además también la madre de Maria Inés y su hermano, quienes algunas veces también nos sirvieron de modelos.
Por la escultura me decidí a partir de compartir el apartamento con Gema Márquez una mujer de Medellín quien me relacionó con Roberto Pérez, un restaurador de arte quien fuera mi pareja por tres años. Gema me fui introduciendo poco a poco en la escultura cerámica, actividad artística que en el 2006 aun efectuaba en Colombia.
Maria Inés y Gema son lesbianas, Asdrúbal es homosexual; los tres me facilitaron el mundo de la estética desde la academia, el desarrollo de mi sensibilidad y la búsqueda de otros acercamientos a otras formas de la expresión artística en las que incursioné posteriormente. Aprendizajes que aun hoy me acompañan y que me sirven como formas expresivas y herramientas didácticas en las estrategias preventivas, informativas y educativas que actualmente realizo.
El aprendizaje más importante que obtuve en la Escuela de Teatro fue el reconocimiento de mi propio cuerpo; aprendí a no tener rechazo de él; a estar desnudo junto a otras personas igualmente desnudas, ya que por lo pequeño del espacio en el que estaban las duchas todos debíamos bañarnos y vestirnos rápidamente si queríamos alcanzar el transporte publico a la hora de la salida; cabe decir que los primeros días llegué a casa de la comunidad a pie porque esperaba para bañarme de ultimo para que nadie me viera; por medio de los ejercicios de acondicionamiento motriz y expresión corporal aprendí a apreciar el cuerpo de los y las demás como un instrumento de trabajo pero también como un espacio de sensualidad y placer que se obtenía y se daba tanto a mujeres como a hombres y en el Grupo Heliogábalos. En la Escuela me codeaba cada noche con quienes serían posteriormente reconocidos actores y actrices nacionales de las tablas, el cine y la televisión, y en quienes me apoyé muchos años mas adelante para algunos performances cuyo tema fue la prevención del sida y el uso del condón.
En sociología mi compañera de trabajos era igualmente otra oveja, negra de comportamiento y de piel llamada Lina Arrregocés, una mujer costeña de la Guajira, con mucho empuje, capacidad de liderazgo y destacada estudiante. Lina no fue mi compañera durante los dos primeros semestres, vino de otra universidad, Santo Tomás, en transferencia como también llegó a nuestras vidas y universidad, unos días después, Mireya Fornaguera, quien era la mujer de un reconocido y joven pintor hijo del Maestro Roda, un pintor catalán residenciado en Colombia. Mireya, quien es Costarricense, había estudiado sociología en París y se hallaba homologando su titulo en nuestro país. Con Lina y Mireya armamos un trío de trabajo estudiantil y un grupo de fuerza que se destacaba por sus trabajos y presencia organizativa en la universidad. Mireya jugó un papel importante en nuestro acercamiento a la comprensión del movimiento estudiantil francés y sus propuestas conceptuales pero también en el acercamiento mío a la economía, área que poco me llamaba la atención, por ser ella la traductora al español del libro que nuestro maestro utilizaba como fuente teórica en nuestros cursos de macroeconomía.
Una situación que facilitó mi formación académica de manera simultánea en las dos universidades fue que varios de mis maestros en sociología eran igualmente mis maestros en la facultad de filosofía a lo que se sumaba que además eran miembros del CINEP, organización jesuita, dedicada ala investigación social. A través de ellos logré que ciertos programas que deberían ser cursados tanto en una como en otra universidad o que eran bastante similares me fueran validados y en consecuencia se me pusieran las mismas notas obtenidas en el programa ya cursado en la otra universidad o que me aceptaran tomarlo solo en una de las universidades.
El Centro de Investigación y Educación Popular CINEP , era y sigue siendo una fundación sin ánimo de lucro; fue creada por la Compañía de Jesús en 1972, con la tarea de trabajar por la edificación de una sociedad más humana y equitativa, mediante la promoción del desarrollo humano integral y sostenible. En esta ONG un grupo de estudiantes de sociología realizábamos algunas actividades propias de nuestra formación en sociología; allí me aceptaron por ser un estudiante destacado y un líder estudiantil. En el CINEP trabajamos en algunos de sus proyectos Lina, Mireya y yo, además en esa primera época fueron pocos los estudiantes javerianos quienes se acercaban o interesaban en esta entidad
El hecho de que yo estudiara sociología y teatro generó ciertas contradicciones con el padre maestro que coordinaba el Juniorado, la escuela de formación de la comunidad religiosa al que pertenecíamos los jóvenes que nos formábamos como sacerdotes, pues era poco el tiempo que yo permanecía con mis compañeros pero además eran para mi cada vez mayores las diferencias entre lo que quería realizar como religioso y lo que la Comunidad religiosa me proponía para mi formación. Los conflictos se hicieron mayores cuando yo informé que tenía relaciones sexuales con otro hombre, lo dije porque pensaba que no debería ocultar nada sobre mi. Realmente nunca hubo un ataque directo sobre el tema de mi sexualidad aun cuando si me solicitaron que no hiciera de mi vida privada “un espectáculo público”. En esos mismos días y por boca de algunos de los miembros del GELG me enteré de que en la comunidad religiosa de la que hacía parte había sacerdotes cuya vida sexual si era el “espectáculo público” al que tanto se le temía.
En 1977 había optado por retirarme de la compañía de Jesús y trabajar con el apoyo de Pedro D´achiardi y mi hermano Crisanto en proyectos de formación social pero sin perder mi interés por temas religiosos. Fui a vivir con mi hermana Yufro y su marido en una casa que antes había sido de mi hermana Luisa y su esposo. En esa vivienda y durante algún tiempo convivimos también con mi madre. Viví alli hasta cuando en 1979 fui a vivir al barrio Santa Fe.
Mi madre y mi hermana en general no interferían en mi vida cotidiana o en mi vida política como un militante gay, pero si ejercían cierto control sobre mi vida sexual. Mi hermana no me permitía recibir visitas que no fueran de una persona conocida y mi madre, generalmente estaba presente siempre que alguien me visitaba. Mi vida sexual, en esa época se limitaba a las visitas a casa de Jean, mi primera pareja; posteriormente recibí las visitas de mi amigo Jaime Galindo, de Jaime Estrada, mi segunda pareja y en ese entonces, miembro del Juniorado de los Jesuitas, y en muy pocas oportunidades de León Zuleta, cuando éste venia de Medellín.
Mi primer proyecto social en esta nueva etapa consistió en ser maestro voluntario en una escuela primaria coordinada por religiosas y que educaba a niños de muy escasos recursos en el barrio La candelaria, en Bogotá. Fui maestro de matemáticas durante casi un año y tenía mis clases durante cuatro horas, cada semana. Lo interesante para mi era que además de apoyar recibía apoyo de las monjas pues éstas me daban un refrigerio al llegar y nunca me dejaban salir de la institución sin almorzar.
2.7.1 Investigación y sexualidades
¿Se puede ser homosexual y no saberlo? Está pregunta, que es mi primer punto de contacto con la teoría de la sexualidad, se hace aun más palpable en junio 1976 durante las vacaciones en Bucaramanga, posteriores al primer semestre académico de mi carrera de Sociología. La pregunta no fue planteada como una reflexión sobre mí mismo, pues en ese entonces yo aún era heterosexual poco practicante sino por insinuación de una amiga quien me dijo como confidencia que ella pensaba que dos amigos mutuos “eran novios”. El interrogante se acrecienta al observar la cercanía física que se manifiesta en la relación afectiva entre mi amigo Mario Q. y un sacerdote, quien desempeñaba un alto cargo en la Diócesis de Bucaramanga, ya que ese era un proceso afectivo que yo estaba tomando de manera muy natural.
Que yo me hiciera esta pregunta con relación a ellos no sólo me inquietaba sino que además mi interés se me antojaba un acto intromisorio, agresivo y contradictorio, por cuanto para mí, el tema de la sexualidad no había sido un aspecto frente al cual hubiera demostrado previamente un interés especial; además porque pensaba que de todas formas lo que ellos hicieran era parte de su privacidad y más aún porque su comportamiento afectivo cuando estaban con migo era tan poco amanerado que nada tenía que ver con las relaciones que yo conocía en las manifestaciones corporales de los transvestis que se prostituían en Bogotá quienes eran mi punto de referencia sobre la homosexualidad.
Retomando mi interés frente a la relación de Mario, debo decir que ni él o su amigo se enteraron de mis cuestionamientos de fondo, aun cuando si les fue evidente mi interés sobre su relación de amistad y su cercanía corporal. Una vez regresé a Bogotá, consulté por primera vez el diccionario Larousse, para buscar la definición de la palabra homosexual. Por supuesto la pobreza del contenido de la explicación sobre el tema evidencia la necesidad de otras consultas y entonces preferí recurrir a una enciclopedia de la sexualidad, lectura en la que tampoco encontré respuesta a mi interrogante. Aun cuando no era plenamente conciente de haber conocido una pareja homosexual, para mí, parecía claro que lo observado era una relación de este orden, así mi amigo me dijera que lo suyo era tan solo una relación de amistad.
Mis primeros encuentros con mujeres prostitutas fueron bastante desafortunados y sucedieron en el segundo semestre de 1976 y cuarto de mi formación profesional. En el primero de estos, cuando intenté abordar a una de ellas, la mujer pensando que yo era un posible cliente me tomó por mis genitales y yo, lleno de temor, pegué un salto tal que ella se asustó y salió corriendo. En el segundo encuentro me sentí bastante ridículo: mientras yo conversaba con una chica en la mesa de un bar, ella tomaba aguardiente y yo una “Ponimalta”, que es el nombre comercial de una bebida dulce con base de malta; ella quería hablar pero necesitaba completar lo de las “fichas” que le exigía el propietario del lugar, así que me pidió que consumiera licor o me fuera con ella a la pieza (habitación); como las dos peticiones estaban muy lejos de lo que yo consideraba lo correcto, tuve que alejarme. Tan solo varios años después, en 1984, con el incremento del sida, tomé el suficiente aliento como para retomar la idea de trabajar con estas mujeres; con este tema seguí laborando e investigando hasta cuando debí salir del país en enero de 2007.
De estos frustrados encuentros aprendí que el tiempo de las mujeres tiene un precio y que al utilizarlo debería retribuírseles de alguna manera el daño económico provocado en nuestra actividad investigativa, ya que la pérdida de tiempo interfiere con las metas económicas de su labor productiva.
Durante el primer semestre de 1977, tercero en Sociología, mi profesor de Psicología, un hombre bastante joven interesado por la antipsiquiatría y salido del contexto de mi idea con respecto a qué debe ser un profesor, fue mi primer punto de contacto con el tema de la “homosexualidad en latencia”. Gracias a él, Freud y Foucault fueron los autores a quienes encontré en ese momento; el profesor nos propuso leer algunos apartes de los libros “Más allá del principio del placer” y “Del orden sexual”, del primero, e Historia de la sexualidad, del segundo.
Marcos Díaz, mi compañero de último año de bachillerato en el San Pedro Claver en Bucaramanga y estudiante de Economía en la Universidad Cooperativa en Bogotá, fue la persona con quien realicé un acercamiento erótico, sin su consentimiento explícito, como parte de un trabajo de clase para un trabajo de antisiquiatría sobre el tema de la homosexualidad en latencia. Mi maestro consideraba que una persona con quien existe un acercamiento afectivo previo y bien consolidado, reacciona erótica y genitalmente de la misma manera que un carcelario a quien la presión lo lleva a aceptar un contacto genital con otro hombre, como fruto de la exposición a la soledad y el aislamiento durante un periodo prolongado de tiempo.
Lina, de origen guajiro, no estaba de acuerdo con el maestro pues afirmaba que su hermano penetraba a otros hombres, práctica frecuente en la Costa Atlántica y que esto no solo no se corresponde con una homosexualidad latente, sino que además lo hace aún más hombre por penetrar no solo a las mujeres sino también a aquellos que lo parecen. Yo informé en clase de mis acercamientos a Marcos y de su sutil rechazo, y además de la excitación que me produjo estar durmiendo con él en la misma cama. Razón por la que pasé a recibir el apodo de “cura marica”
Mi ignorancia o ingenuidad en torno al tema de la sexualidad no solo era con las mujeres, fue tan evidente en el caso de los hombres que en varias ocasiones fui sujeto de abordajes por ellos sin que yo lograra darme cuenta de qué era lo que estaba sucediendo, que ellos eran homosexuales o que suponían que yo lo era.
Era motivo de discordia permanente con los jesuitas el hecho de trabajar con las mujeres y hombres transvestis que ejercían la prostitución en el barrio Santa Fe, pues para hacerlo yo había tomada la decisión de no trabajar en el proyecto de escuela que la comunidad apoyaba en los barrios del sur oriente por medio de “Fe y alegría”, aun cuando esta era una zona marginal de la ciudad. La situación se hizo más intolerable cuando yo decidí hacer en el cuarto semestre de sociología (septiembre de 1977) una investigación sobre los hombres militares, soldados rasos, que ejercían la prostitución, puesto que para algunos sacerdotes de la comunidad, si estudiar sociología no era una necesidad apremiante mucho menos significativo era investigar un tema tan específico y “poco importante”.
La investigación, que a pesar de ser un trabajo de clase fue realizada con mucha acuciosidad, rigurosidad y bajo la dirección de un investigador reconocido, fue pionera en Colombia y aun se recurre a ella como fuente bibliográfica importante en el tema. Los resultados demostraron que los jóvenes campesinos obligados a prestar el servicio militar y a vivir en una ciudad que no era la suya, tenían que recurrir al intercambio sexual como una manera de recibir una “ayuda económica” para satisfacer sus necesidades básicas ya que lo que recibían del ejercito en dinero no era suficiente para cubrir los gastos de sus tres días de descanso mensuales y para obtener el excedente se lo presionaba a rebuscarse como sobrevivir en la ciudad. Varios entre ellos no vivían en Bogotá sino que provenían de la escuela militar con sede en Girardot. Los clientes, siempre hombres mayores, los ubicaban en la Plaza de las Nieves, en el centro de la ciudad, o los recogían directamente en la entrada del batallón, les pagaban en especie, es decir les daban cigarrillos sin filtro, elementos para el aseo personal y en muy pocas oportunidades el estipendio recibido en moneda era económicamente significativo. También se demostró que algunos de estos hombres al retirarse del ejército continuaban su actividad como prostitutos a pesar de no tener una identidad como homosexuales.
Lo más retador para mi de ese trabajo investigativo fue que el maestro consideró que aun cuando el trabajo cumplía con un estándar muy alto sobre las expectativas de lo que se esperaba se realizara como actividad de clase, cubría un tema de poco interés científico. La negativa del maestro y de la comunidad religiosa de la que hacia parte en que yo me interesara en temas de este orden por “no aportar nada al desarrollo social”, jugó un papel determinante para mí, porque me ayudó a convencerme a mí mismo de que estaba en el camino correcto y de que los temas relacionados con la sexualidad tendrían una gran importancia en mi vida profesional como sociólogo e incluso en mi producción como filósofo.
En cuanto a Filosofía, encontré pocos maestros con pensamiento propio, eso si no puedo negar que eran excelentes recitadores, con muy buena memoria y un gran sentido de la cita oportuna. Gran parte de mi desarrollo teórico fue construido post academia y a partir de mi experiencia de vida y de trabajo.
A pesar de mi determinación la UCC no aceptó que yo hiciera mi tesis de sociología sobre el tema de la relación entre homosexualidad y prostitución, ya que para el Decano el tema no tenía un carácter social importante, pues en ese momento se preferían investigaciones sobre “temas políticos”.
No he sido precisamente el más favorecido en cuanto a maestros universitarios se trata, fueron pocos los que en las licenciaturas lograron impactarme; es más, durante mucho tiempo creí muy poco en la academia, aun cuando debo considerar que la influencia de mayo en Francia y sus repercusiones en la escuela debieron marcar de alguna manera mi decisión. Mi sentido creativo y operativo de la vida no encontró en la escuela formal un eco para su desarrollo; tal vez por esa misma razón me gradué en Sociología tan solo 20 años después de haber cursado las materias.
Los últimos semestres como estudiante de Sociología, pasaron sin dejar huella. Muchos de los maestros eran eminentemente teóricos y poco o nada tenían de contacto con la investigación. Se dedicaban a recitar fuentes, en muchos casos bastante desactualizadas, y a cumplir con “dictar” clase. En general, puedo afirmar que he sido beneficiado más por lo aprendido en las discusiones con mis compañeros de clase y los amigos de la vida que por lo aprendido de mis profesores.
Al mismo tiempo que yo tenía problemas en la comunidad religiosa y en la universidad, mis amigos que estaban en las casas de los Eudistas, algunos de ellos formándose como seminaristas, estaban pasando por una serie de conflictos similares ya que la decisión de orientar sus acciones en favor de los pobres llevó a algunos de ellos a radicalizar sus posturas social-políticas y los condujo a hacerse miembros del grupo guerrillero M19. Situación que yo mismo estuve pensando en ese momento pero que por no ser muy afín con mi trabajo me ayudó a decidirme a no ingresar en la guerrilla.
La influencia que el movimiento estudiantil francés tenía en la Universidad Cooperativa y la negativa sobre la posibilidad de hacer una investigación (tesis) en el tema de mi interés me llevó a tomar la decisión de no graduarme en sociología a pesar de haber cumplido los demás requisitos necesarios para hacerlo, también esta decisión estuvo influenciada en la poca credibilidad que le daba a la academia.
Muchos años después (1999) regresé a la universidad buscando obtener el titulo de sociólogo y el hecho de ser un investigador reconocido a nivel nacional en el campo de la sexualidad y la salud facilitó el hecho, hasta el punto de que la facultad aceptó como investigación de grado el documento final de una investigación realizada entre 1995 y 1996, denominada “Desde el cuerpo: incidencia de enfermedades de transmisión sexual ETS, infección por el Virus de Inmuno Deficiencia Humana HIV, el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida SIDA y el uso de substancias psicoactivas en hombres y mujeres menores de edad, vinculados a prostitución, en la Zona Centro de Santa Fe de Bogotá”. Que fue el resultado del trabajo de un año con un proyecto al que denominé “En la jugada/en la juega” financiada por UNDCP- Naciones Unidas, Editado por la Fundación Apoyémonos y UNDCP (El programa de prevención de drogas de Naciones Unidas) - Naciones Unidas, Colombia / DAPC - Programa Japonés de Prevención de la Drogadicción, que fue publicado como libro en 1996 por la Fundación Apoyémonos (ISBN-958-959-0-1).
Trabajo investigativo que para mi tuvo una gran significancia por ser el primero para el que logré financiación de una agencia internacional y con el que además tuve un recogimiento nacional e internacional, ya que con él obtuve el Premio Nacional de Investigación profesional en Sexualidad (1996), otorgado por la Sociedad Colombiana de Sexología.
La Unidad de Análisis de la investigación fue “la construcción de la identidad, la recuperación del cuerpo y la introyección de valores positivos hacia el cuerpo, la vida y la salud, como principio metodológico de la prevención de la drogadicción (uso de substancias psicoactivas) y la infección por el Virus de la Inmundo Deficiencia Humana (HIV), el Síndrome de inmuno deficiencia adquirida (SIDA) y las enfermedades de transmisión sexual (ETS), en los menores, hombres y mujeres, con edades que oscilan entre los 8 y los 18 años cumplidos, quienes están vinculados a la Prostitución y laboran en el mercado sexual, ofertando sus servicios en la Zona Centro de Santa Fe de Bogotá” .
En la citada investigación, la población objeto se clasificó en dos grupos; en el grupo uno, se trabajó con 102 menores, 48 hombres y 54 mujeres. En el grupo control, se trabajó con 34 menores, 11 hombres y 23 mujeres. Siendo el total del grupo analizado de 77 mujeres y 59 hombres. Tanto los hombres como las mujeres analizados en los dos grupos eran menores de 18 años de edad.
Es esta la primera actividad en la que veo claramente mis inicios en el trabajo de investigación – acción, es decir la investigación como un proceso en el que a la vez que se recolectaba información hice un proceso educativo con los chicos menores, que sirvieron como fuente de información.
Tampoco culminé oficialmente mis estudios de filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana; a pesar de que terminé todos los cursos de la formación académica no realicé la tesis. Me gradué en Sociología, más por la presión social que por necesidad propia ya que había trabajado durante bastante tiempo y en diferentes investigaciones como sociólogo, incluso en la Universidad Nacional, y además ganado un premio como investigador. Ya con el titulo me decidí a seguir estudiando y di comienzo tanto a mis estudios de postgrado como Especialista en Gerencia de proyectos educativos en la UCC como a la formación de Master en Educación en la Pontificia Universidad Javeriana, actividades que realicé simultáneamente. En el master produje una investigación, en la Línea de Convivencia solidaria y democrática, sobre estrategias para la Formación en este campo. En el postgrado de Gerencia mi investigación tuvo como resultado el “Documento base para la acreditación previa de la Especialización en Gerencia de Proyectos Educativos vía Internet: EGENET”.
Una vez me gradué, la UCC me contrató como unos de sus maestros en la facultad de Sociología y también en la Escuela de Postgrados en la Especialización en Docencia universitaria. Aun cuando ya había sido maestro universitario previamente a pesar de no tener un titulo profesional que me respaldara para ello.
El poco interés de las comunidades religiosas por el tema del trabajo con las personas vinculadas a la prostitución y su marcado desinterés por los temas de la homosexualidad y en especial de ofrecer una pastoral para estas personas me fue alejando de las organizaciones cristianas y llevando cada vez mas a sensibilizarme de la importancia de un trabajo con y sobre estas personas.
Una vez concluida mi formación universitaria formal, y a pesar de mi negativa a trabajar con organizaciones con orientación cristiana hecho que decidí para dedicarme al trabajo con sida de tiempo completo en julio de 1989, durante los años 2002-2003 apoyé como voluntario un trabajo de reinserción social de transvestis trabajadores/as sexuales laborando en el barrio Santa Fe, de la Localidad de Los Mártires en Bogotá. El trabajo fue financiado por Caritas Internacional y tenía el aval del Secretariado de Pastoral social de la Arquidiócesis de Bogotá. A pesar de los financiadores, el proyecto posibilitaba acciones de anticipación social al riesgo por VIH y al uso de substancias psicoactivas (temas en los que venía trabajando teórica y prácticamente desde 1989), de reducción del daño en el uso de substancias psicoactivas y la integración de las/los transvestis con los diferentes sectores implicados en la construcción de políticas públicas en la localidad en la que habitaban y trabajaban y que había sido declarada “zona de tolerancia” (entendida como zona de prostitución) en la ciudad.
2.8 Soy distinto: La influencia de un homosexual francés
A pesar de mis múltiples ocupaciones formativas hice parte del movimiento estudiantil y del medio universitario, colaborando en la UCC como miembro del grupo del bienestar estudiantil en el área cultural. Precisamente en 1.975, siendo estudiante de primer semestre de sociología, en un ciclo universitario de cine sobre Charles Chaplin del cual participé como uno de sus organizadores, conocí a Jean-Pierre, francés y amigo personal de André Baudry, fundador y director de Arcadie , organización y nombre de una revista gay de su país creada en 1954 y clausurada en 1982; era miembro de esa organización desde 1.962 y sus contactos en esos momentos con la organización se restringían a la recepción de la revista y sus esporádicas visitas que él hacía a París para ver a su madre.
Jean me enseñó el amor, la pasión, el deseo, y así no fuera un militante homosexual activo tal y como yo concebía la militancia desde lo que yo denominaba mi posición “sexo-izquierdista”, fue la primera persona a quien oí hablar de una organización de esta índole y quien me enseñó que en otras partes del mundo había hombres homosexuales que luchaban por sus derechos así el mismo se los negara.
Mi acercamiento a Jean fue a través de la admiración que yo tenía por las personas que trabajaban estéticamente con el cuerpo. Cuando le conocí él me comentó que había hecho ballet clásico en Francia y teatro en Colombia. Justo fue ese mismo día en que nos vimos por primera vez en la sala Acevedo de la Cinemateca distrital en la que exhibieron un cortometraje sobre el movimiento teatral colombiano en el que se hablaba de una obra en la que él había participado; al salir del cine comentamos al respecto y me relató sobre unas fotografías que le había realizado, mientras hacía yoga, uno de los más prestigiosos fotógrafos de la época en Colombia llamado Hernán Díaz.
El interés por conocer el trabajo fotográfico y apreciar en éste el manejo que sobre el cuerpo Jean decía tener, fue lo que me condujo en esa noche a aceptar la invitación a su apartamento, que justo quedaba en el mismo edificio y piso del de Alicia Ortega, además de ser contiguo a éste. Las fotografías eran bellísimas pero lo que más me llamó la atención fue la plasticidad y elasticidad que Jean tenia en su cuerpo; él se había quedado corto al relatarme lo que era capaz de hacer al realizar las posiciones de yoga, en especial teniendo en cuenta que en ese momento tenía cuarenta y nueve años; su vitalidad y el manejo de su cuerpo me hacían creer que tenía muchos menos.
Antes de mi amistad con Jean nunca me pensé homosexual (no tenía razones para pensarlo) y mucho menos aun había sostenido ningún tipo de relación sexual con otro hombre. Luego de seis meses de andar juntos y de trabajar con el cuerpo durante muchas tardes sabatinas sucedió nuestra primera relación genital; se dio como un paso mas en una de las sesiones de masajes que nos hacíamos como relax posterior al trabajo corporal desarrollado. Lo nuestro fue un vínculo afectivo basado en la admiración, la ternura y el respeto más que en él amor y no la consolidación de un noviazgo ya que ni el deseaba ni yo estábamos buscando una relación de pareja, esto quedó bien claro cuando tres años después dimos por terminada nuestro intercambio sexual.
Jean era y sigue siendo un hombre de derecha, cuya edad triplicaba la mía, temeroso de que su familia conociera su orientación sexual y que había huido a Colombia para vivir más libre y a escondidas de su madre su homosexualidad; a pesar de esta decisión nunca hizo pública su identidad sexual, en el país de acogida. Trabajaba como maestro de matemáticas puras en una prestigiosa universidad colombiana con sede en Bogotá y dominaba doce idiomas. Nuestra relación, que duró exactamente tres años, representó no solo un ejercicio de autoreconocimiento, sino además y por contradicción, la consolidación de una posición personal política e ideológica sobre la sexualidad en general y la homosexualidad en particular.
Nunca pensé que nuestra relación de pareja me llevaría a ser miembro de una organización de este tipo y menos aún, en ser el co-fundador de una, pero sus temores con relación a su propia identidad como homosexual me llevaron a asumir mi identidad con mucha tranquilidad y sin algún temor. Tan solo hasta el segundo año de nuestra relación inicié mi proceso de pensarme homosexual, lo hice cuando siendo compañeros del tercer semestre de sociología, Lina Arrregocés, me preguntó sobre la existencia de una pareja en mi vida y yo le respondí que era un hombre. A partir de ese momento ya no quedó ninguna duda, así que ella y posteriormente los demás compañeros de la universidad, en la carrera de sociología, me siguieron llamando “cura marica”.
Ya teniendo conciencia de ser homosexual a mis 20 años yo no sabía que existían sitios estratégicos para conocer a alguien igualmente homosexual, así que me sorprendí al sentirme abordado por otro hombre en marzo de 1.977; sucedió en Bogotá mientras bajaba las gradas del edificio principal de la Aerolínea Avianca (carrera 7 con calle 17 esquina) yendo a recoger mi correo en el servicio de buzones de los “apartados aéreos”. Aun cuando preferí hacerme el desentendido con ese hombre, haber tenido conciencia de lo que en ese espacio sucedía me alertó sobre mi propio desconocimiento.
Decidí conocer hombres tan jóvenes como yo, probablemente viviendo problemas y conflictos similares a los míos. Durante un mes cumplí la cita auto impuesta, uno y otro día fui a ese mismo sitio y observé detenidamente lo que allí pasaba. Me cité con algunas de las personas con las que me relacioné en el lugar, me reuní con ellas e incluso sostuve relaciones sexuales con algunos de ellos. Lo hice hasta que consideré que ya conocía los ritos, horas y tipos de personas que a este espacio de encuentro llegaban. Esa actividad que yo entendí como mi primer estudio sociológico de campo relacionado con la homosexualidad, la hice incluso faltando a clases si esto era necesario
Luego de sentirme muy seguro por mi “conocimiento”, decidí que era yo quien debería acercarse a otro hombre. El escogido, de mi misma edad, tenía como todos los asiduos visitantes a la zona de ligue, una rutina: la suya era venir al correo los martes y viernes en las horas de la tarde, casi siempre hacia las tres de la tarde.
Él me invitó el sábado siguiente para que justos asistiéramos a una fiesta en el Santa Fe, un barrio que como he dicho antes, se caracterizaba por estar repleto de prostitutas, intelectuales y artistas; la actividad social fue en el Apartamento de Oscar Vázquez, quien fuera posteriormente Director, editor y además propietario de la revista gay “Ellos y su Mundo” la primera publicación colombiana -de la que yo tenga recuerdo- orientada a hombres homosexuales, cuyo número uno circuló en septiembre de 1.977. La revista de la que se publicaron muy pocos ejemplares fue el gran fiasco comercial en la vida de Vázquez, quien en 1.996 unos días antes de su muerte, me comentó que aun tenía en su casa montones de cajas, repletas de ejemplares que nadie había querido comprar.
Esa fiesta fue la primera reunión gay a la que asistí y sencillamente fue tan extraña la sensación, que no pude moverme de mi asiento durante toda la noche. Ubicado siempre en un mismo sitio, por demás privilegiado, tuve la oportunidad de observar muchas situaciones novedosas para mi y acaecidas todas ellas en esa misma noche: estar cerca de muchos hombres homosexuales reunidos en un mismo lugar, quienes además expresaban sus afectos y sexualidad sin temor; presenciar una orgía; ver consumir marihuana; y, presenciar por primera vez la proyección de una película de “cine rojo” con contenido abiertamente homosexual. En la fiesta estaban presentes profesores universitarios, artistas e intelectuales, personajes destacados de la época, que posteriormente jugaron papeles importantes en la consolidación del movimiento homosexual colombiano y además, algunos de ellos fueron mis amigos.
Lo ocurrido en esa fiesta me produjo una gran crisis con relación a mi propia homosexualidad, tuve mucho temor de que mi vida sexual llegara a tener el estilo de vida que había observado esa noche. Sentí que nadie comprendería mi sentir y no sería capaz de hablar con mi tutor espiritual al respecto, así que lo hice con Lina Arregocés –compañera de sociología- cómplice de mis historias y la única persona con quien hablaba abiertamente de mi homosexualidad.
2.9 De la maricada y el arte
Mi historia con la homosexualidad y las reflexiones sobre ésta, están muy relacionadas, en sus inicios, con el cine. Conocí a la primera persona que me llevó a pensarme homosexual en un ciclo de cine sobre Charles Chaplin, en 1976, durante la entrega de boletas que yo hacía como miembro del medio universitario de la Universidad Cooperativa de Colombia, en Bogotá, para ver la proyección de “La Quimera del Oro”, un largometraje mudo de éste actor filmada en 1942.
En ese mismo año tuve la oportunidad de ver la película dirigida por Lucino Visconti "Muerte en Venecia" (1971), basada en la novela del mimo nombre del escritor alemán Thomas Mann -nacido en 1875 y Premio Nóbel de Literatura en 1929- quien la escribió 1912 y a cuya lectura llegué a través de la película y repetí en varias oportunidades.
De alguna manera mi relación con Jean, mi primera pareja era algo similar: un hombre con crisis de identidad por su orientación sexual que se encuentra con un joven inexperto y que nunca se ha pensado homosexual, pero que se reconoce atraído por el artista. Por supuesto Jean no se movía en los campos de la música como Gustav Mahler, cuya vida y muerte son evocadas en alguna medida por la novela y la película, sino en el teatro y el ballet clásico, y yo, no era tan atractivo ni tenía la belleza andrógina del adolescente Tadzio.
Yo nunca estuve cerca de la música, es más, tenía y sigo teniendo miedo de cantar en publico e incluso en privado, estando solo, pero la hermosa Quinta sinfonía de Mahler, presente como banda sonora a lo largo de toda la película, la oí en múltiples oportunidades en compañía de Jean, quien logró transmitirme las emociones y sentimientos que la música evoca en la cinta. Jean me ayudó a sobrepasar el miedo escénico que me representaba, en la escuela de teatro y en clase de música, tener que cantar delante de mis compañeros.
Lo importancia del argumento de la obra de Thomas Mann radicó en su capacidad para hacerme comprender que la homosexualidad no debe verse como algo sucio y que, el amor no es algo que se busca sino que se encuentra, como surgieron mi amor y admiración por Jean, en la contemplación de la belleza, del hecho estético que significó para mi apreciar las fotografías del famoso fotógrafo colombiano Hernán Díaz, en las que Jean aparecía desnudo, mostrando la maravillosa plasticidad de su cuerpo.
La película “Muerte en Venecia” la ví en mis primeros años de homosexualidad en siete oportunidades, aun la sigo viendo, y el libro que la inspiró lo leí en tres oportunidades; aun sigo viendo la película y leyendo el libro.
Por supuesto la belleza plena para mi, en ese momento, solo era posible en la vivencia del amor y en la obra Divina, pero “Muerte en Venecia” ilustra perfectamente un homenaje a la belleza perfecta, aquella de la que habla Platón. En mi relación con Jean llegar a un intercambio genital no fue algo construido por medio de la palabra sino alcanzado desde la contemplación y el disfrute de las posibilidades del cuerpo, como instrumento comunicativo, y de los sentidos, como puntos de enlace con la belleza y el encuentro con el otro y en especial consigo mismo.
Estando en la Escuela distrital de arte dramático debí realizar durante un semestre de clase, un trabajo sobre la obra literario de un autor conocido; el trabajo consistía en tomar una obra de un autor seleccionado al azar dentro de una lista provista por el maestro, hacer un guión que la adaptara para el teatro y representarla como único actor, bajo la idea de que el tema se relacionaba con nuestra propia vida. Los autores que a mi me correspondieron fueron Mario Vargas Llosa y Manuel Puig, de éste tomé una obra corta que me interesaba porque igualmente trabajaba el tema de la homosexualidad.
En “Los Cachorros” (1967) o "Pichula Cuellar", Vargas Llosa nos cuenta la historia de un grupo de muchachos habitantes del barrio Miraflores en Lima, Perú, que sucede en los años cincuenta. Gira en torno al amor adolescente, al amor a un espacio y un estilo de vida, al temor a lo perdido (uno de los jóvenes ha sido castrado por un perro) y al rechazo social en una cultura machista y patriarcal, en la que los juegos de y por el poder sobrepasan, incluso, el respeto por sí mismo y por el otro. Aun cuando inicialmente trabajé sobre esta obra, terminé decidiéndome por Puig.
“El beso de la mujer araña” en una obra de Puig, que muestra la relación entre un activista político Valentín, preparado, estudioso, torturado y Molina, su compañero de celda homosexual, quien se encuentra recluido por una supuesta “corrupción de menores” y quienes se ven obligados a compartir una celda en la cárcel y por consiguiente su vida cotidiana; hecho que culmina en una relación de repulsión-amor que les confronta consigo mismo, con sus creencias, sus posiciones políticas sobre la cotidianidad, el poder económico y la vivencia del cuerpo y la sexualidad.
Sobre la novela de Puig yo escribí mi guión al que le dejé su titulo original. A diferencia de lo que sucede en la novela, mis reflexiones se fundamentan igualmente en fragmentos de guiones de películas famosas aderezados con fragmentos de la opera Carmen de Bizet. En mi monologo, que realmente es un dialogo a dos voces, hago una reflexión sobre qué significa ser hombre y la negativa a aceptarse como lo que realmente se es. Un esfuerzo de escritura fue trasladar el léxico bonaerense al lenguaje cotidiano de los homosexuales y los políticos de izquierda del momento en Colombia. La obra posibilitaba una reflexión sobre explicaciones sicoanalíticas, antisiquiátricas, políticas y sociológicas con relación a la homosexualidad.
En el texto introduje un poema que inicia Molina pero que es reforzado por una voz en Off (la de Valentín) que en el segundo verso es recitado por Valentín y que es ésta oportunidad es reforzado por la voz en Off de Molina. La tercera y parte final del poema, juega con en intercambio de las voces renglón a renglón, el poema dice así:
“Y sabes que sentí
pero por un minuto solo,
por un minuto solo nada más
sentí que eras mi amante.
En un minuto solo descubrí
que hay algo en ti
que hace que no podamos ser.
En un minuto solo descubrí
que yo estaba en ti,
que tu estabas en mi,
que yo no era tú,
que tú no eras yo,
que tenías tu amigo.
que serías mi amigo,
no por un minuto,
por un minuto solo nada más
sino por mucho tiempo”.
El poema utilizado en la obra, posteriormente lo publiqué en el libro de mi autoría “Déjame penetrar por ese oído… poemas para mis hombres” .
Luego de que se escucha el poema, se establece un diálogo del que transcribo a continuación lo poco que me acuerdo; y que surge a partir de que Molina, el personaje homosexual, ha interpretado previamente un fragmento de la opera Carmen. Luego de eyacular, Valentín entra en un estado se soñolencia del que se despierta, con la incertidumbre de si lo ha sido su primera relación genital con otro hombre, es realidad o solamente una pesadilla:
- Carmen, te necesito, quiero estar contigo… Voz en off que oye Valentín, quien despierta y grita:
- No me digas Carmen, que yo no quiero ser mujer.
- Responde Molina: no me vengas a decir lo que me dicen todos, que en mi casa me mimaron y que por eso soy así. Que siempre estuve pegado a las faldas de mi mami y que por eso soy así. Regio, de acuerdo: si eso es lo que quieres, eso es lo que soy, una mujer. Yo quiero ser mujer; no por mí, sino por ti; porque te niegas a aceptarte, porque me niegas a mi, porque me necesitas para ser tú, porque te necesito para ser yo. Para que seas tú mismo, aun cuando me obligues a ser lo que no deseo ser. Lo hago, sólo porque te amo, sólo porque tienes derecho a ser, solo porque necesito salir de esta puta cárcel en la que estamos, en la que se ha convertido mi vida y para que tú logres salir de la tuya, que también es mental.
Esta obra teatral fue mi primera aproximación al antiteatro, del que hablaré más adelante, como también la manera de darme cuenta de que el teatro servía como elemento comunicativo que posibilitaba la reflexión sobre temas controversiales, ya que llega directamente a las emociones del espectador. En algunos momentos de la obra, yo aprovechaba las reacciones verbales y no-verbales del publico, para avanzar sobre ideas del texto y en otros me valía de historias personales de espectadores por mi reconocidos para incluirlas como fragmentos del guión, como también hacía con los acontecimientos políticos que en ese momento sucedían en el país y eran noticia del momento.
Tenía claro en ese entonces y ahora, que el fin del teatro no es educar, pero no excluyo la posibilidad de que tiene un sentido, una razón de ser estética y lúdica que acompañada de reflexiones propias del espectador y acotadas por el guión, que contribuyen a educar a la gente.
El texto del dialogo anterior posteriormente lo utilicé en otra obra de teatro que escribí, a la que llamé “Nunca nos dijimos mentiras” y que actué con la transvesti Maria Carolina, durante el “2º Festival de teatro de la calle” organizado por la “Corporación Colombiana de Teatro” en Bogotá, en el 2000. Esta obra se realiza en dos ambientes uno contiguo al otro, que representan dos apartamentos en los que viven una transvesti que hace espectáculos en los bares y un maestro universitario, quien es un homosexual con crisis de identidad. El tema sobre el que giran las conversaciones telefónicas que se suceden en la obra, es el miedo al sida de una persona que lo vive de una forma negativa, el maestro, y el de una persona que ha perdido a varios de sus amigos a causa de él, pero que por el propio temor que posee tiene un amplio respeto por las personas que viven con la enfermedad y por su autocuidado. El maestro es un transvesti frustrado que siempre ha soñado representar un espectáculo en un bar y el transvesti es un personaje que siempre quiso formarse en la escuela pero que no pudo hacerlo debido a que fue permanentemente rechazado por su identidad de género. Escribí en el texto de presentación de la obra un texto del que transcribo algunos fragmentos :
(…) El teatro apoya el ejercicio de la disidencia social, cultural, política, sexual, en la medida en que al tocar directamente la emoción, y no directamente la intelectualidad del espectador, contribuye a restaurar los lazos rotos en el desencuentro con el deber ser socializado y judeocristiano, consigo mismo y con los demás.
(…) La homofobia es una ruptura, más emocional que intelectual, con cualquier experiencia o explicación que se considera trasgresora del deber ser, con cuyo ejercicio se niega al otro su posibilidad de ser auténtico y pleno. La homofobia es además no solo algo que aparece desde fuera es también algo que llevamos dentro, que se vive en nuestras relaciones, que se siente en uno mismo y que afecta cuando la vive la pareja.
(…) Por medio de mis guiones y actuaciones yo pretendo ser un mediador entre las propias contradicciones (las mías y las de los espectadores) y las vivencias de unos seres a los que se representa, que no por ser imaginarios son irreales, que son en su esencia y en muchos de sus otros aspectos (emocionales, culturales, sociales y vivencias), similares a aquellos que yo mismo (guionista, actor, espectador) acepto o rechazo; seres que como yo, espectador o actor, se re-construyen permanentemente es la negación-aceptación de sí mismo y de los demás.
(…) En esta obra también fueron importantes en la estructura del guión, los crímenes de odio; por ejemplo, la encarcelación de un activista político y de un homosexual acusado por pederastia, a pesar de no serlo. Dejando entrever que la experiencia sexual realizada por un hombre, que no se asume homosexual, es igualmente una vulneración sexual perpetrada por un sujeto que se niega a sí mismo, y en especial niega a la pareja sexual ocasional, al utilizar a ese alguien (a quien se niega a aceptar como persona, sujeto sexuado y sujeto de derechos), y convertirlo en objeto masturbatorio e instrumento para alcanzar los propios fines políticos y satisfacer sus deseos sexuales”.
La obra igualmente reflexiona sobre la utilización de un hombre que vive en sí mismo un proceso de negación de su identidad, pero igualmente era la negación-confrontación-aceptación permanente del otro como persona, sujeto sexuado y sujeto de derechos, al entenderlo únicamente como una fuente de placer y un objeto erótico y masturbatorio, pero unos minutos después en un sujeto amado al que todo se le perdona.
“Lugar sin límites”, es una película (1977) realizada bajo la dirección del mexicano Arturo Ripstein; se basa en una novela corta del escritor y periodista chileno José Donoso, publicada originalmente en 1967. La historia se centra en Manuela, una transvesti y prostituta, que es dueña del único prostíbulo existente es en el pequeño y polvoriento pueblo del que ya no queda ni la estación de tren. Fruto de un desliz alcohólico y sexual, Manuela tiene una hija, prostituta como su padre y su madre, de quien heredó, además de la profesión su nombre, “La Japonesita”.
De manera cruda narra la vida de un hombre Pancho, un joven camionero ahijado de don Alejo, quien desata las tensiones entre los personajes por negarse a sí mismo y a la comunidad, su orientación sexual; recurre a la violencia física, incluso al asesinato, como una forma de borrar su interés afectivo y sexual por una transvesti, con quien ya previamente había tenido enredos de estos tres mismos ordenes.
Sociológica e emocionalmente la película y la novela fueron muy importante para mi, en ellas se observa la lucha de clases, el ejercicio del poder y el chantaje afectivo en don Alejo, el anciano cacique del lugar, quien olvida que es el padre de “La Japonesita” y a toda costa quiere comprar a un precio irrisorio el prostíbulo, para re-venderlo a un consorcio junto con el resto del pueblo del que ya se ha apropiado previamente.
Manuela, es la epigénesis a mi punto de contacto con la realidad de las transvestis, a quienes entendía hasta ese momento como seres lejanos y extraños a mi, pero cuya vida e imagen afectaba a los demás homosexuales. Con la película y luego con la lectura del libro de Donoso comprendo que el mundo de las transvestis no solo no me es lejano a mi sino que es desconocido en general a los militantes gay de la época, con ella se inicia mi reflexión sobre cómo el rechazo que hacia ellos tenemos es de la misma manera, el rechazo a nuestra propia feminidad y en ultimas, a nuestra homosexualidad.
Desde ese momento me afinco en la idea de que los homosexuales solemos entender a los demás homosexuales como una extensión de nosotros mismos, y en su actuar una autorización a aquello que nosotros queremos ser pero que, por la homofobia internalizada y la homofobia social, nos negamos a aceptar, asumir y comprender como una experiencia sexual política de auto y heteroexclusión; que evidencia, no solo la lucha de clases sino de igual forma, la ghetización a la que nos vemos abocados, como respuesta a la intolerancia particular, social, religiosa, cultural y política que hay sobre la feminidad en los varones, a las variaciones en las vivencias del genero y de la misma masculinidad y las homosexualidades en general.
Los homosexuales éramos vistos, y se nos sigue viendo, como no-hombres, no-masculinos, no-heterosexuales, no dignos, no sujetos de derechos; pero si, transgresores, delincuentes, enfermos, apolíticos, apostatas, pecadores, ovejas negras que se niegan a aceptar la normalidad como su estilo de vida y se autorizan a ser anormales y a vivir su propia anormalidad en un acto que convierte en publico lo que debe ocultarse o vivirse a escondidas, a puerta serrada y por lo que debíamos ser separados socialmente, estigmatizados, segregados, excluidos y castigados.
“Lugar sin limites” exacerbó mi discurso político y me hizo mucho más trasgresor en mi discurso sexual, reforzando en mi la idea de la reivindicación de la maricada como una expresión política y sexual coherente en al lucha por el poder político y sexual.
Además la obra de Donoso despertó en mí el interés por la comprensión teórica a partir de la investigación, del mundo de las transvestis y en especial de las que estaban en el mundo de la prostitución.
Con esta película se me abrió una posibilidad comunicativa, la de volverme comentarista en los ciclos temáticos para cinéfilos que organizaba el Cine club El Muro. Mi actividad consistía, antes de iniciar la proyección de la película, en comunicar en 10 minutos o menos mi apreciación personal sobre el guión de la cinta en cuestión y al terminar la proyección, en conducir un debate sobre la misma.
Muchos años después, la película “Todo sobre mi madre” del español Almodóvar me pone de frente nuevamente ante el mundo de las transvestis al ubicar en mi mente una idea sobre la identidad de genero y posteriormente sobre la identidad sexual, como algo que es móvil y no como un aspecto fijo, tal y como hasta ese momento era entendido por mi. En boca de Antonia San Juan: Agrado, Almodóvar desliza la frase “Una es más autentica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.
Los seres humanos somos seres culturales, al igual que la cultura somos móviles. Dicha movilidad nos da la posibilidad de construir la cultura que queremos y en consecuencia el mundo en el que queremos vivir. El activismo cultural parte de la toma de conciencia de dicha movilidad y de nuestro rol como sujetos sexuados y culturales, que ha de ser activo, en la transformación social y en la nuestra. No se es sujeto pasivo de la cultura en cuanto somos ella misma. Somos sujetos políticos, relacionales y culturales. Y desde nuestra propia vivencia culturara y sexual entendemos el cine y le prestamos importancia o se la restamos a una película, a un libro, aun programa de TV, aun articulo de prensa o un programa de radio, pero también a los sujetos con quienes interlocutamos, con quienes hablamos, dialogamos, dialógicamos y como cómplices, construimos el mundo.
"Cruising" (1980) es protagonizada por Al Pacino; una película de William Fiedkin en la que este actor interpreta a un policía inmerso en el mundo homosexual, que se permite dudar a cerca de su propia sexualidad. La película que presentaba un mundo sórdido y de sexo rápido y explícito entre hombres; es un recuento de la homofobia vista por medio de un asesino en serie que mata a hombres gay.
"Cruising" fue importante para mi, en la medida en que me mostró otras facetas de la vida gay, que no eran frecuentes en la visión que los medios presentaban de las homosexualidades, pero si en la vida de los homosexuales. La película estimuló y reforzó la consolidación de ciertos temas en mi discurso, tales como los conceptos de homofobia, minorías sexuales y discriminación. No tenía conciencia sobre cuánto me había impactado hasta que en junio de 1989 tuve la oportunidad de caminar por el Central Park en New York y un frió inmenso recorrió mi cuerpo cuando vivieron a mi mente, las imágenes de este película.
La película "Cruising" fue programada por la Revista Ventana Gay como parte de un ciclo de cine coordinado por mí, que fue el primero en Colombia exclusivamente sobre la temática homosexual. En éste también presentamos las películas “Juego de amor prohibido” (1975) y “Los placeres ocultos” (1976) del español Eloy de la Iglesia; La trilogía de “El Decamerón” (1971), “Los cuentos de Canterbury” (1972) y “Las mil y una noches” (1974), de Pier Paolo Pasolini; “La ley del más fuerte” de Rainer Werner Fassbinder (1974); y, de Lucino Visconti "Muerte en Venecia" (1971).
Después de este ciclo, en múltiples oportunidades, incluso hasta el 2006, fui invitado a presentar algunas de las películas que se presentaban en los diversos ciclos que sobre erotismo desarrollaba el Cine club El Muro
“Making love" fue la primera película realizada por un heterosexual orientada positivamente hacia el mundo Gay. Un hombre se separa de su esposa al reconocer que a él realmente le atraen personas de su mismo sexo. La película de 1982 narra las dificultades que se le presentan en el proceso de construcción de su identidad, de la adaptación a una pareja del mismo sexo y en la re-construcción del proceso afectivo emocional con su esposa. El guión de la cinta me hizo pensar en que no había dos etapas en la construcción de la identidad como hasta ese momento se había dicho: estar en el closet y salir de él, sino que era un proceso de etapas concatenadas que no concluían sino que se imbricaban hasta el punto de que no podía determinarse un punto exacto o un hecho concreto que determinara el salto cualitativo de la una a la otra. Sobre este tema seguí trabajando hasta llegar a presentar públicamente una propuesta conceptual en 1997 y a publicarla como capitulo en mi libro “Y si el cuerpo grita… dejémonos de maricadas ”, publicado en octubre de 1999.
En “The kiss of spider woman” película de 1985, basada en “El beso de la mujer araña” obra de Manuel Puig. En ella, un homosexual y un activista político están encerrados en la misma celda. Sus muchos días juntos harán que sus vidas se modifiquen, al tiempo que se refugian en argumentos de viejas películas vistas en libertad. Con la actuación de William Hurt, Raul Julia y la brasileña Sonia Braga, actores que representan los personajes que yo interpreté en mi monologo teatral, igualmente titulado “El beso de la mujer araña”, presentado en la Escuela Distrital de arte Dramático, algunos años antes. La película tuvo la dirección de Héctor Babenco y el guión fue elaborado por el mismo Manuel Puig con la colaboración de Leonard Schrader. La cinta fue ganadora de un Oscar de la Academia Americana por la representación de un gay hecha por William Hurt y tuvo, además, nominaciones al Oscar por Mejor director, Mejor película y Mejor guión adaptado en las premiaciones de 1985.
Por medio de mi amigo Henry Laguado, director del Festival de Cine de Bogotá, tuve la oportunidad de conocer y estrenar en 1991 a película “Long time companion”, para recolectar fondos destinados a la prevención del sida en Colombia; a la cinta se le tituló en castellano “Juntos por siempre”. Esta, que fue realizada en 1990, fue la primera película que se adentró en la historia del sida en los Estados Unidos, tal y como fue percibida por la población homosexual de dicho país. La película logró lo que muchas campañas no habían logrado y mostrar ciertos miedos irracionales que en torno a la enfermedad se vivían en el mundo.
Dos años después también pudimos estrenar “Filadelfia” la película protagoniza por Tom Hanks, que muestra la historia de un prestigioso abogado de esa ciudad, portador del VIH, quien es discriminado y separado socialmente a causa de la enfermedad.
Las dos cintas fueron fruto de diferentes discusiones en grupos de trabajo preventivo y además influyeron en mí, en el momento de escribir la obra teatral “Nunca nos dijimos mentiras”.
2.10 Un cuerpo, dos cuerpos... un movimiento
En esa misma semana de la fiesta, el periódico editado por un grupo de izquierda de seguidores de Trosky, publicó una entrevista con León Zuleta, un joven habitante de Medellín, filósofo, lingüista y profesor universitario quien decía dirigir a escala nacional un movimiento homosexual que contaba con 10.000 miembros. Lina Arrregocés me facilitó el artículo y por medio del periódico conseguí la dirección en la que podía ubicar a Zuleta. Yo pensé que en ese movimiento probablemente podría encontrar soluciones a mis dudas del momento y me comuniqué por medio de una carta con él. Posteriormente y con muy poco tiempo de diferencia, Zuleta, quien era además un reconocido líder gremial de la izquierda colombiana, fue entrevistado sobre el mismo tema por las revistas colombianas de circulación nacional Cromos y Alternativa, en la que confluían autores de diferentes sectores de la izquierda colombiana.
León era un hombre abiertamente sex-pol. Sus ideas se conocieron posteriormente por medio de una revista local que hacía circular en las Universidades de Medellín (desde finales del 77), de vez en cuando y si tenía dinero para la impresión, ya que todos los gastos corrían por su cuenta. La llamó “El Otro”, era casi exclusivamente orientada por él y se caracterizaba por su terminología técnica propia del freudismo radical, el troskismo y de la filosofía de vanguardia, que en general resultaban incomprensibles para la gran mayoría. León era en aquel entonces presidente de la Agremiación de Trabajadores del Arte.
Sobre los orígenes del movimiento y las razones por las cuales León había optado por organizar el Movimiento en Medellín dice la Revista Alternativa en 1977 , "En Antioquia, la meca de la represión sexual, se han organizado 45 homosexuales para mostrar ante la sociedad que también ellos tienen derecho a existir dignamente, contra la mojigatería del patriarcado tradicional" .
León respondió con prisa a mi carta y me explicó su pequeña mentirilla: todos los ceros de la cifra publicada en los medios eran falsos; él era el único miembro del movimiento y además me contó su idea de publicar “El Otro”. Desde Bogotá le escribieron dos personas más, con quienes me contactó: Guillermo Cortés (Profesor universitario, Abogado y Psicólogo) y Manuel Rodríguez, un hombre casado, padre de familia y artista pintor, quien resultó, para mi sorpresa, ser además mi compañero de estudios en la facultad de Filosofía en la Universidad de San buenaventura, a la que yo asistía a algunas clases, cuando tenía tiempo para ello, aun cuando no era estudiante matriculado como tal, ya que lo era en la Javeriana.
Zuleta rápidamente me contactó con ellos y junto con Manuel Rodríguez, el primero que respondió a mi comunicación, decidimos citar a la primera reunión de lo que sería el germen del movimiento homosexual colombiano; se llevó a cabo el primer sábado de abril de 1.977 en la Biblioteca Cristiana Emmanuel Mounier, Centro cultural que desde ese momento fuera el sitio de encuentro sábado tras sábado, durante algo más de cuatro años. Este espacio fue logrado en préstamo por medio de Manuel Rodríguez. A esa reunión asistieron 23 hombres; algunos de ellos fueron contactados e invitados gracias a su comunicación previa con León Zuleta quien los comunicó con nocotros, los otros eran amigos de Cortés y Manuel Rodríguez.
En esa primera reunión se conformó un primer comité de trabajo, al que se sumó el pintor, poeta y bailarín Leonardo Vidales, hijo del reconocido poeta comunista colombiano Luís Vidales. Decidimos llamar a nuestro equipo de trabajo, el GELG: Grupo de Estudio por la Liberación de los Guëis. Usamos la palabra “guëi” como una actitud antinorteamericana (ya que la actitud “green-go” estaba muy en boga en esa época) influenciada por Zuleta, quien me había sugerido en uno de sus cartas utilizar esa palabra en vez de la inglesa “gay”, y escribirla tal y como suena en castellano.
Guillermo C. era un fanático de la terapia radical; Manuel Rodríguez estaba en la tendencia de la antipsiquiatría y Vidales era un artista libertario; yo, que era el menor de los cuatro, provenía de grupos cristianos, había sido miembro de una comunidad religiosa de la que me retiré cuando me pensé homosexual, según decía, para pasar de la “mayor gloria de Dios” a la “mayor dicha de los hombres”.
El gran temor que teníamos era llegar a una forma de pensamiento ecléctico por provenir de caminos tan diversos. De ahí la necesidad de las discusiones teóricas y de profundización que hacían parte de la agenda de cada reunión de trabajo y que se volvieron “costumbre”. Cortés murió a finales de la década del 90, Manuel Rodríguez y Vidales no son actualmente lo que se pudiera llamar “militantes” gay, aun cuando Vidales, con quien aún tengo comunicación esporádica, suele acudir a actividades organizadas por la comunidad LGBT.
Respecto de las diversas posiciones que se manifestaban al interior de la organización, en un articulo denominado “Colombia gay”, la Revista Semana al hacer un análisis sobre el movimiento en Colombia, dijo en 1986 :
“Contaminados por la discusión de la discutidera que caracterizaba a los núcleos de la izquierda criolla, salieron a la luz pública los diferentes matices y tendencias del movimiento de liberación homosexual.
Como es obvio, había de todo. Los promotores de una reivindicación en el terreno de la lucha de clases; los que, por el contrario, consideraban que el sexo nada tenía que ver con el socialismo y, finalmente, los que se inspiraban en teorías freudianas y elevaban el sexo a categorías suprasociales. Amparados en la aceptación intelectual que se producía en algunos movimientos de izquierda y en otros núcleos de la sociedad, y aprovechando además las secuelas del hippismo de la década anterior y de su carácter marcadamente contestatario, los homosexuales fueron saliendo de los closets y, en algunos casos extremos, guardando en ellos sus ropas masculinas para reemplazarlas por el atuendo travesti.”
A León Zuleta le conocí personalmente, tres meses después de creado el GELG; fue esa la primera ocasión durante sus estadías en Bogotá, en la que lo invité a pernoctar en mi casa, que era también la de mi familia. León estuvo durante cinco días en la ciudad, en los cuales me relacionó con algunas feministas, asistió a una reunión con los miembros más estables del GELG y a una de aquellas que realizábamos los sábados en la tarde y que eran abiertas a cualquier homosexual que quisiera hacerse presente.
No he podido olvidar el día en que lo conocí. Su apariencia de loco, su embotamiento, producto de la marihuana -compañía de todos los días-, el gusto por el sexo y el hedor a aguardiente, se hacían presentes en todas partes. Era tan respetuoso en la autodeterminación, que nunca me insistió en que me drogara o bebiera.
Entre los dos se dio un hecho que me marcó definitivamente. Era una tarde soleada de abril estábamos movilizándonos hacia el centro de la ciudad en un transporte publico, sentados en la silla trasera de una buseta, intempestivamente, León se paró, se dirigió hacia la puerta y salió del bus en movimiento, de un salto. El conductor frenó. En ese instante, León me deslumbró con su genialidad: subió nuevamente, avanzó hacia mí y, sin mediar palabra, me estampó un beso en la boca; nuevamente fue hacia la puerta, se bajó y yo, aún adolescente, sentí sobre mí el peso de más de 10 pares de ojos de los pasajeros. Al cabo de unos interminables segundos, me bajé, y ahí estaba él. Me clavó en el piso, con esta perla : "Prepararse para ser líder siempre significa estar dispuesto a la violencia". Creo que presentía que lo suyo podía llegar a la muerte, y que lo mío estaría rodeado de amenazas en torno a quitarme la vida.
León consideraba que la demostración pública de los afectos era una manera de combatir el estigma y discriminación hacia los homosexuales, así que parte del aprendizaje político consistió en que en cualquier momento y sin consultarlo previamente me besaba en la boca, en cuanto espacio público era posible.
Lo suyo, según él mismo, era una forma de luchar contra “la persecución insidiosa de la moral, la religión y la medicina que se complementan con el Derecho y la Psicología (y Psiquiatría) para considerar al homosexual como un delincuente y enfermo”... Una forma de “interpelar directamente el poder, la ley, el orden y la norma del macho; de luchar por superar toda sociedad que fundamenta su poder en la exclusión y la opresión. De ahí que esta acción no debería llegar hasta la simple liberación sexual, sino hasta la conmoción de toda sociedad clasista y falocrática”.
León que era muy creativo, también era poeta; precisamente en el libro “Antología de Poetas y Narradores Nariñenses” , hacen una cita tomada de un ensayo de mi autoría denominado “León Zuleta: de su militancia activa a su histórico olvido en las luchas homosexuales en Colombia”, distribuido en Medellín, en el 2003 durante una conferencia sobre la Historia de los movimientos homosexuales en Colombia, en un evento en la Universidad de Antioquia realizado por la Facultad de Medicina, y que trascribo a continuación:
“No puedo negar, y esto ya lo he afirmado muchas veces, que desde el primer a mi último encuentro con León, él no dejaba de sorprenderme, siempre generaba contradicción. En ese entonces me parecía que su reto consistía en desestabilizar cuanto se encontraba a su paso. Ahora puedo afirmar que su logro fue precisamente ese. No era que desestabilizara, sino que lográbamos seguirle la línea a lo que comunicaba, sus contenidos y en especial sus profundas reflexiones en las que era fácil encontrarse con las ideas y la terminología propia del pensamiento sex-pol, el freudismo radical, el troskismo y en general, de la filosofía de vanguardia, nos conducía a nuestra propia desestabilización.”
En mi libro “Y si el cuerpo grita… Dejémonos de maricadas” escrito en 1998, sobre Zuleta, dije textualmente :
“Hoy lamento que hayamos perdido el espíritu de su lucha; que las nuevas organizaciones parezcan no tener orígenes, contenidos políticos, e ideales claros. A pesar de que la sexualidad siga siendo un hecho político, la homosexualidad una sexualidad al margen, y las lesbianas y homosexuales considerados marginales, las nuevas organizaciones parecen olvidar los cientos de asesinatos y estigmas. Se dedican a algo que Zuleta y yo siempre rechazamos como nuestra primera línea de acción: Al reformismo jurídico. Pensamos que no era necesario si previamente no lográbamos que hombres y mujeres, cualquiera que fuera su orientación sexual, se transformaran a sí mismos como una manera de buscar la ruptura y el cambio de la sociedad”.
Escribí esto porque para muchos de los miembros del GELG, re-discutir lo discutido o confrontarse consigo mismo eran frenos a la combatividad que debería llevarse a cabo hacia la faja externa de la organización. La búsqueda del descubrimiento y reconocimiento personal motivó la discusión de la homosexualidad con relación a la familia, la pareja, las iglesias, el estado, la educación, el Derecho, la Psicología y la Psiquiatría.
Cortés y yo pensábamos que no era posible ampliar las acciones del GELG hacia la comunidad si no había previamente una conciencia clara de la identidad sexual en cada participante que quería apoyar dicho proceso. Las reflexiones personales a las que llegábamos tenían un alto nivel de profundidad conceptual pero había muy poca tolerancia para quienes asumían aspectos femeninos en la vivencia de su identidad homosexual.
Los conflictos hacia el reconocimiento de los amaneramientos femeninos como opción sexual política en los hombres homosexuales, eran tan disímiles entre los asistentes a los grupos de trabajo, que yo tomé la posición de hacer lo que llamé un “discurso marica”, es decir, reivindicar la pluma como parte del performance del discurso teórico, ya que casi siempre quienes querían exponer sus ideas asumían un rol marcadamente masculino en sus ademanes y voz, al expresar públicamente sus ideas como si ser amanerado restara importancia a lo expresado.
A partir de 1978 en diferentes ciudades colombianas se creó una serie de organizaciones de homosexuales. Un grupo de estudiantes de la Universidades de Antioquia y la Nacional sede Medellín, convocados por Zuleta y entre quienes estaban Gildardo Ramírez, Fernando Albear, los Quintero (un grupo de hermanos entre quienes había tanto homosexuales como lesbianas), Urías y algunos otros que prefirieron borrar su pasado, fundaron en 1.978 el Grupo de Estudio de la Cuestión Homosexual GRECO, siendo esta la primera organización en Colombia en aceptar lesbianas como miembros y en crear alianzas con grupos feministas.
En Bucaramanga fue creado por mí, en la semana santa de 1.980, el colectivo “acuarios”, que tuvo como sede para sus reuniones el bar del mismo nombre. Ebel Botero en febrero del mismo año organizó con el apoyo del GRECO un pequeño grupo de trabajo en Armenia al cual no se le puso algún nombre. En 1980, al conjunto de todos los grupos se le llamó MLHC: Movimiento de Liberación Homosexual Colombiano.
El nombre del MLHC se inspira en el del Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH) cuya creación data de 1971 y cuya finalidad era sensibilizar a los propios homosexuales sobre la discriminación social que padecían. Tema que igualmente retomamos de los españoles como una de las tareas urgentes en nuestra organización. El MELH funcionaba en la clandestinidad en tiempos de Franco y se asemejaba al nuestro en la medida que éramos una organización clandestina; la homosexualidad en Colombia era delito en ese momento, y aun cuando no se hablaba explícitamente de “peligrosidad social” para referirse a nosotros si era evidente que la policía al tratarnos como delincuentes, nos hacía victimas de represiones similares a las que padecían los homosexuales españoles.
Cortés, Zuleta, Rodríguez y yo logramos conseguir por medio de algunos conocidos españoles varios artículos y ejemplares de revistas producidas en España los cuales influyeron de manera significativa en nuestro proceso y en nuestras discusiones con relación a la homosexualidad y el carácter político de la sexualidad.
En algunos de los documentos internos del FAGC encontramos importantes aportes en los que observamos la importancia que este movimiento daba al análisis marxista de la sexualidad, ya que consideraban que el modo de producción capitalista necesita la reproducción de fuerza de trabajo, y ven en ello la causa para que no se admita la homosexualidad. Afirmaban que la liberación homosexual y la total de todo individuo pasan por la liberación de la clase obrera a partir de la lucha de clases.
La propuesta política del FAGC influyó en nuestro equipo de trabajo y orientó las discusiones sobre nuestros fundamentos conceptuales, políticos, organizativos y sobre nuestras acciones tanto internas como externas. Algunas diferencias en estos cuatro ordenes surgidas entre Zuleta, Cortés, Manuel R, y Velandia determinan el tipo de organización que construimos.
En España, en diciembre de 1977 el FAGC, en unión del colectivo de lesbianas y otros movimientos feministas, organizan un mitin contra la ley de Peligrosidad Social. Apoyados hasta cierto punto por las organizaciones políticas de izquierdas y por algunas entidades culturales, el movimiento de liberación de homosexuales español va abriéndose camino desde los cenáculos y círculos restringidos de intelectuales a los que esta ley de Peligrosidad Social les condena, hacia la presencia pública y su legalización.
El conocimiento de la importancia que los españoles dan a la participación lésbica, de las feministas y de los intelectuales en el movimiento homosexual nos propone la idea de convocar a estas y aquellos a nuestras reuniones, sin embargo tan solo tenemos aceptación de ciertos intelectuales cuya presencia se da en contadas oportunidades y hasta solo algunos años después, en Bogotá, se logra una aproximación real con las lesbianas. Con las feministas, tanto León como Manuel Rodríguez tenían experiencias previas de trabajo conjunto, no precisamente en el tema de la homosexualidad sino en el arte, lo que de alguna manera facilita nuestro acercamiento pero no por ello el trabajo conjunto, sin embargo los vínculos establecidos con las feministas de aquella época aun los conservo y varias de esas mujeres siguen, actualmente, siendo mis amigas.
Ebel Botero, filósofo y ex seminarista, se acercó al GELG con el interés de hacer conocer un libro de su autoría e inmediatamente se hizo miembro del MLHC, siendo el primero de los intelectuales que el grupo decidió invitar como conferencistas y/o participantes a sus sábados de tertulia. Ebel es el autor del libro “Homofilia y homofobia: estudio sobre la homosexualidad, la bisexualidad y la represión de la conducta homosexual”, publicado en 1.980 en Medellín . Este es el primer libro editado en Colombia sobre el tema, que además de ser un excelente resumen de una buena cantidad de libros publicados en diferentes partes del mundo hasta ese momento, fue el primer aporte colombiano a la comprensión de la homofobia en Colombia. De éste se prensó una segunda edición en 1.981, con muy pocos cambios del original y bajo el título “Conducta homosexual y represión”.
Las invitaciones a participar en las reuniones del GELG y posteriormente a las del MLHC se realizaban en los bares, de boca en boca. Un grupo de nosotros, especialmente Jaime Galindo y yo, hacíamos cada viernes un tour por todos los bares ubicados en el centro de Bogotá y en ellos repartíamos a los asistentes un cuarto de una hoja tamaño carta, fotocopiada, en la que se informaba sobre qué era la organización, la hora, fecha y la dirección del lugar de reunión.
Los bares usualmente nos facilitaban sus micrófonos; yo decía algunas palabras, hacía una invitación general y luego con el sonido a bajo volumen pasábamos de mesa en mesa y de persona en persona entregando la invitación y respondiendo a las preguntas que nos hacían. Los papeles se imprimían con el apoyo económico de los administradores y dueños de algunos bares, especialmente de Plinio Carvajal del Bar Piscis, y de las cuotas voluntarias que aportaban los miembros y simpatizantes en las reuniones de los sábados.
En los primeros años, cuando la homosexualidad era delito y las reuniones debían hacerse de manera clandestina, corríamos permanentemente el riesgo de que la policía nos encontrara entregando las invitaciones; en diferentes ocasiones debimos dejar abandonadas en las calles los papeles, fuimos perseguidos por radio-patrullas e inclusive, fuimos detenidos en varias oportunidades, por lo que las autoridades consideraban nuestra actividad subversiva; sin embargo, Cortés que era nuestro abogado, pagaba nuestras multas con el dinero de los apoyos de solidaridad que muchas veces se complementaban con dineros recogidos de emergencia, para hacer esos trámites y también para llevarnos algo de comida durante el tiempo que permanecíamos detenidos en alguna de las comisarías de la estación tercera de policía, como las de Monserrate y de La Perseverancia.
En otras oportunidades, junto a otros homosexuales y transvestis en la prostitución, nos subían a los camiones o a las patrullas de la policía; nos conducían a altas horas de la noche o en la madrugada, luego de dar muchas vueltas por la ciudad, hasta la carretera circunvalar cerca de la entrada del teleférico que conduce al cerro de Monserrate, y ya estando en ese lugar nos obligaban a desnudarnos, nos bañaban con agua fría que llevaban en canecas en los mismos camiones o que tomaban de la estación de policía que se encontraba cerca de la Universidad de los Andes. Es importante recalcar que la temperatura a esas horas oscilaba entre los 2 y 5 grados centígrados y que muchas veces estaban cercanas al cero. Las ropas nos las dejaban botadas en la carretera, algunos metros más abajo, pero las prendas y accesorios de las transvestis quedaban destruidas, ya que a ellas les rompían sus vestidos, pelucas y tacones. En muchas oportunidades cuando bajábamos a recoger nuestras prendas y documentos, los habitantes de la calle que ya conocían esa rutina, se habían robado nuestras pertenencias y debíamos llegar desnudos o en ropa interior a nuestras casas o a las viviendas de amigos que vivían cerca de la zona.
Las transvestis, a pesar de los atropellos que sufrían, generalmente nos cuidaban y nos protegían de las violencias ejercidas por los policías, quienes en algunas oportunidades además las obligaban a realizarles prácticas orales e incluso a dejarse penetrar, esto sucedía bajo la mirada de todos quienes ahí estábamos. Algunas de ellas para evitar ser subidas a las patrullas o a los camiones o para que no las recluyeran en las comisarías, se producían en sus muñecas cortes hechos con cuchillas para afeitar, pues así los policías no las detenían para evitarse problemas con las autoridades de rango superior; aun cuando de nosotros era conocido que las detenciones se hacían bajo el conocimiento de estas, ay que en algunas oportunidades ciertos comandantes avisaban previamente a los dueños de los lugares sobre las redadas; lo hacían porque eran homosexuales o porque recibían un “peaje” de parte de estas personas.
Las transvestis evitaban estas detenciones porque su permanencia en la comisaría se prolongaba por mucho más tiempo que las de los homosexuales; hasta comprobar que no eran buscadas por las autoridades de policía; sus casos generalmente se complicaban por las agresiones físicas y orales que ocurrían de lado y lado de las personas en conflicto.
Al publicarse algunos años después la revista “Ventana Gay” las invitaciones igualmente circularon junto con la revista, pero la etapa de reuniones duró muy poco; al perder la biblioteca como sede del movimiento se dificultaba el encuentro con las personas pues este se hacía en las inmediaciones del Parque Nacional y estando allí no podíamos tener un lugar fijo, dado que la policía nos obligaba a desplazarnos.
2.10.1 El arte, un espacio de trasgresión política
Con relación a las personas que participaban en las reuniones, el GELG pasó por varias etapas. Inicialmente hubo participación amplia de intelectuales, su propuesta de trabajo tan solo se llevó a cabo durante tres meses, ya que los jóvenes recién ingresados al grupo no se les hacía atractivo el nivel de discusión teórica que estos sostenían; posteriormente se invitó a estudiantes universitarios y a algunos docentes; luego y simultáneamente con el proceso de jóvenes se trabajó con artistas y personas interesadas en las diferentes posibilidades del arte, un momento fuerte de esa época se vivió desde el 78 hasta finales del 79, en este periodo hicimos antidanza, antiteatro y talleres de pintura y escultura, en una acción y grupo de trabajo al que Manuel Rodríguez denominó Heliogábalos .
La antidanza y el antiteatro fueron procesos de ruptura con las formas tradicionales de hacer teatro y ballet clásico, sin entrar por ello en la danza contemporánea; buscábamos reconocer nuestro cuerpo como un instrumento comunicativo, además de erótico y placentero. En la antidanza el movimiento producido era una ruptura con el típico movimiento del cuerpo que se da en el ballet por considerar que dicho movimiento no es natural, sino un amaneramiento de las posibilidades del mismo; como parte del reconocimiento corporal tanto en el teatro como la danza decidimos transgredir las posturas masculinas del cuerpo y aproximarnos a lecturas y manifestaciones andróginas o femeninas como una posibilidad de romper con las tradicionales formas de poder expresadas en las relaciones sexuales y sociales. El entrenamiento dancístico fue conducido por el bailarín de Ballet Clásico, pintor y poeta Leonardo Vidales, pero la construcción teórica la hacíamos los tres, conjuntamente con Manuel Rodríguez.
Con el antiteatro, coordinado por mi desde mi experiencia como estudiante de teatro, experimentamos ejercicios de catarsis en los que aprovechábamos las manifestaciones orales y físicas de los espectadores como insumo determinante en la construcción del texto de la obra. Durante la representación los actores retomábamos dichas manifestaciones, las interpretabamos en un ejerció que llamábamos de desdoblamiento verbal, que consistía en dilucidad la carga conceptual que estaba en el fondo de las afirmaciones, y las actuábamos, desdoblando los sentidos que tras de ellas se ocultaban y devolviéndolas al espectador como reflexiones en las que se evidenciaban los pensamientos y sentimientos ocultos; dicho afloramiento suscitaba en los espectadores otras manifestaciones que igualmente retomábamos, acto que en algunas ocasiones se transformó en violencias verbales en incluso físicas, como golpes o como me sucedió a mí, en una de esas actuaciones, en la que sobre mi cuerpo desnudo recibí una agresión que consistió en ser bañado con una taza de café caliente.
Los talleres de pintura y escultura, bajo la dirección del pintor y diseñador Manuel E. Rodríguez, no buscaban convertir a los asistentes en artistas sino en descubrir en el arte la posibilidad de producir reflexiones con relación a sí mismo, el entorno, las relaciones socio-afectivas y la cotidianidad. El manejo del color en la producción pictórica igualmente motivaba la desvinculación con el color “natural” para acercarse al color “real” en el que las ideas se presentaban en nuestros cerebros. Igualmente en la producción escultórica producíamos formas a partir del trabajo sobre el cuerpo desnudo de nuestros compañeros, a modo de arcilla viviente, y utilizando como iluminación natural la luz de la luna.
El arte oficial era contemplado por nosotros como una forma mas en que la sociedad quería acomodarnos a sus "principios morales" y negarnos cualquier manifestación erótica, afectiva o sexual, ajena al "orden natural", que desde nuestra óptica nos alienaba sexual y políticamente.
El cuerpo desnudo en la danza, la pintura o la escultura era además una manera de desinstitucionalizar nuestras zonas erógenas y pasar de una lectura del cuerpo y en especial de las de algunas de sus porciones, como parcelas íntimas y privadas a convertirlas en espacio público de encuentro con el otro y de reafirmación de sí mismo.
Rodríguez y yo, por iniciativa de Vidales, ingresamos a la escuela de Priscila Welton para estudiar ballet clásico, en esta escuela permanecimos durante dos años asistiendo a clases tres noches cada semana, el mismo tiempo que duraron los tres proyectos en ejecución. El objetivo no era formarnos como bailarines profesionales sino para estar cerca de la “academia”, como una manera de conocer desde dentro el trabajo de “educastración” que allí se hacía con el cuerpo.
2.10.2 El trabajo educativo como estrategia política
Todos los sábados, entre las dos y media y las seis de la tarde, nos reuníamos en el MLHC un grupo conformado en promedio por 70 personas. De ellas casi 30 eran miembros permanentes, otras 15 o 20 eran asistentes asiduos y el resto, participantes que asistían cada sábado por primera vez, y que en su mayoría no regresaban o lo hacían muy ocasionalmente.
Una agenda corriente de trabajo, de un sábado, consistía en tres reuniones cortas de aproximadamente media hora llevadas a cabo simultáneamente, seguidas de una plenaria con duración de una hora y treinta minutos; posteriormente se llevaba a cabo una actividad social que era a su vez el momento de la bienvenida a los asistentes nuevos, la integración con los demás miembros y se concluía con una pequeña evaluación de la jornada, cerrando la actividad con la presentación de la agenda planeada para las siguientes 12 semanas, y dando un énfasis especial a las actividades propuestas para la siguiente reunión.
Con respecto a las reuniones simultáneas, una de ellas se llevaba a cabo reuniendo a los nuevos bajo la coordinación de uno de los organizadores; los reuníamos en una de las salas de lectura en la biblioteca. En la actividad les hacíamos una inducción sobre qué era el GELG, una justificación de por qué era necesario en nuestro país un movimiento homosexual, un recuento de los temas tratados, la presentación de los temas que pensábamos abordar posteriormente y una pequeña introducción al tema que se trataría esa misma tarde. Una vez realizada estas actividades se les preguntaba a las personas si realmente querían asistir a la reunión y si su respuesta era positiva se les invitaba a la actividad siguiente: la plenaria.
Con el grupo de miembros permanentes se hacía la segunda de las reuniones simultaneas, en ella se discutía los cambios y ajustes a la agenda general de trabajo. Esta se hacía trimestralmente y se dejaba en cada mes un sábado libre, en esa oportunidad se programaban temas ocasionales; ya que la experiencia nos había demostrado que siempre surgían imprevistos se consideraba que la agenda no era una camisa de fuerza sino una guía y nos autorizábamos a realizar cambios de ultima hora, por ejemplo cuando recibíamos visitas de personas provenientes de otro país o conferencistas que nos brindaban su tiempo porque se encontraban en ese momento en la ciudad. Los miembros permanentes planteaban posibles actividades, temas y fechas para su ejecución que se ponían a discusión, una vez se aceptaban los nuevos temas de trabajo al igual que como se había hecho con la agenda general trimestral, cada uno de los organizadores se proponía para profundizar, como mínimo una vez al mes, uno de los temas a tratar. En algunas oportunidades, alguno de los miembros asiduos podía actuar como conferencista, aun cuando esto era poco frecuente.
La tercera de las reuniones simultáneas les permitía a los participantes asiduos actualizarse sobre los temas tratados. En primera instancia se hacía un resumen grupal sobre el tema tratado en la agenda del sábado anterior; posteriormente se hacía un pequeño recuento de los temas de los últimos tres sábados trabajados. Estos se re-construían entre quienes habían asistido a dichas agendas de trabajo.
Luego de las reuniones simultáneas se proseguía con la plenaria. Esta se iniciaba con la exposición del conferencista que duraba aproximadamente 45 minutos; los organizadores podíamos realizar algunas acotaciones una vez concluida la ponencia y hacer explicitas nuestras diferencias conceptuales, una vez planteado el debate, se abría la discusión a todos los asistentes. En algunas tardes se trabajaba con metodología de taller y en general se creaban las condiciones para que los asistentes plantearen preguntas durante el tiempo de la exposición, en los 30 o 35 minutos restantes se hacia la plenaria o se hacían reuniones de micro-grupos coordinadas por algunos de los miembros permanentes, en estas reuniones se profundizaba aun mas los temas tratados y así posibilitábamos una mayor participación de los asistentes.
Los temas se proponían para un mes de trabajo, con un mínimo de tres sesiones de trabajo sobre el mismo ítem, cada una de ellas era orientada por una persona diferente, de tal forma que se pudieran conocer y profundizar diferentes visiones sobre el mismo tema. Se decidió hacerlo de esta manera porque en varias oportunidades las personas asistentes solicitaron que se diera más tiempo de exposición a quienes controvertían una idea o posición concreta sobre un tema determinado.
Cuando no teníamos muchas diferencias conceptuales de aproximación a un mismo tema, hacíamos un ejercicio que consistía en que alguno de nosotros simulaba ser un miembro activo de un grupo que controvertía nuestra posición y así buscábamos aproximarnos a las ideas que sobre el tema tendría la iglesia católica, la familia, la escuela, el ejército, la ley y escudriñar la opinión que desde allí se producía. Este fue para nosotros un gran aprendizaje metodológico, ya que permitía que siempre se diera la discusión conceptual, que para nosotros era la estrategia metodológica que privilegiábamos para el trabajo del GELG.
Igualmente, se daba prioridad metodológica al ejemplo vivencial citado por los expositores y asistentes durante la exposición o también se proponían ciertas prácticas, que el expositor consideraba que su ejercicio ayudaría como elemento en el análisis, para la actividad de la siguiente semana; era reiterativo solicitar a los participantes que para ilustrar sus comentarios utilizaran ejemplos de su cotidianidad, en especial si consideraban que esto podría ayudar a la comprensión de aquello que estaban queriendo transmitir.
La metodología utilizada tenía una marcada influencia del proyecto de formación de formadores del proyecto de “cibernética social” del que yo hacia parte, ya que una parte del equipo del GELG se formó conmigo en un proceso formativo orientado por mí. Cabe señalar que las reuniones del equipo coordinador de trabajo, conformado por los organizadores, siempre seguían la metodología aprendida.
El hecho de que en las escuelas no se enseñara sobre la sexualidad y mucho menos sobre homosexualidad, que los estudiantes universitarios entendieran/mos por medio de sus/nuestros maestros la homosexualidad como una enfermedad, un delito o una perversión, de que las iglesias nos asumieran como pecadores y la ley como delincuentes, fueron los determinantes para que en el proceso de formación de formadores y a partir de la experiencia docente de algunos de los miembros, se decidiera asumir como nuestra estrategia clave de transformación de la realidad de los homosexuales y de la sociedad, a la educación.
Partiendo de la idea de que dichas contradicciones conceptuales deberían darse en una relación horizontal con los demás miembros, propusimos realizar una serie de talleres de formación sobre el trabajo en equipo para lograrlo y alcanzar así la meta de que todos nuestros procesos se orientaran a construir una educación no heterosexista, lo vertical y no directiva.
Al descubrir la importancia de que los temas fueran de interés no solo nuestro sino de utilidad para todos los participantes, la importancia de decidir sobre los temas en los que deberíamos trabajar en los procesos educativos era capital. Se decidió hacer un mapa general temático de trabajo, y partiendo de la idea de que la educación debería ser permanente, decidimos que una vez concluido el ciclo temático, este diera comienzo otra vez y así sucesivamente. Ello era conveniente puesto que el número de miembros de la organización además de que crecía, variaba continuamente y porque las nuevas profundizaciones se basarían en los desarrollos alcanzados previamente.
Sin embargo, rápidamente nos dimos cuenta que los participantes de las reuniones de los sábados no siempre estaban interesados en ir a “estudiar” y decidimos que la misma programación sería tema de un grupo de estudio, el cual decidimos realizar todos los miércoles de 6:30 a 9:00 PM. Grupo que continuó por muchos años, incluso a pesar de la creación del Instituto Lambda de Colombia que tenía un fin similar. Pero no por ello las reuniones de los sábados dejaron de ser temáticas aun cuando si fueron más laxas en la metodología aplicada.
El primer campo en abordarse educativamente y además el tema que era el eje sobre el que se imbricaban los demás era el de la homofobia. Llegamos a la conclusión de que la comprensión y trascender la homofobia conducía a la no aceptación, por nosotros mismos, de las formas de vulneración de derechos que sobre nosotros se ejercía, entre ellos la exclusión social, la estigmatización y la separación de la familia. La comprensión de la homofobia nos llevó a identificar que los homosexuales creíamos que el bar y los demás espacios del circuito gay comercial eran espacios de liberación, aun cuando realmente lo eran, y lo siguen siendo, de la reafirmación de la opresión, por cuanto no son nuestra decisión construirlos como tales sino porque son fruto de la negación social que nos impedía ser aceptados como iguales en los lugares ofertados socialmente para el encuentro heterosexual.
La homofobia internalizada debería ser la primera de las vertientes en trabajarse, seguida de la de la homofobia social y en esta estudiamos sobre el papel de la familia, la academia, la norma legal y las iglesias cristianas, no solo en su construcción, sino especialmente en su perpetuación.
La tercera vertiente de trabajo fue el papel de la iglesia en la homosexualidad. La fuente conceptual principal para el proceso educativo fue el libro «La iglesia ante la homosexualidad», cuya publicación fue autorizada por la jerarquía jesuita. Es escrito por John J. McNeil, en ese momento sacerdote de dicha comunidad y cuya versión es español conocimos tan pronto se editó en España . También utilizamos como fuentes a Tomas de Aquino en su Summa Theológica y al Catecismo Católico.
Organizaciones políticas y militancia homosexual, fue el tema de nuestra cuarta vertiente de trabajo. Este tema cambio con el transcurso del tiempo a la comprensión y vivencia del rol que se juega en la militancia al asumirla como actitud política, para ello fue necesario no centrarnos en el análisis de lo que sucedía en alguna organización política en particular sino del movimiento homosexual como organización política en sí, ya que la experiencia nos demostró que muchas de las discusiones de la izquierda colombiana se trasladaban a las reuniones del MLHC.
Una quinta vertiente de trabajo se introdujo a finales del 79. Dado que la homosexualidad era delito y que se iba a iniciar la discusión sobre el tema de la reforma del Código penal colombiano, se consideró supremamente importante realizar un estudio respecto a la homosexualidad como delito, ya que esa sería una acción que nos permitiría la profundización de este tema en el MLHC y asumir una poción coherente con respecto a la despenalización de la homosexualidad. Tema en el que los aportes del abogado Cortés fueron determinantes.
Pero no solo el trabajo educativo fue importante como estrategia política, para mi fue muy importante igualmente, algunos años después al ser candidato al Concejo de Bogotá, presentar una propuesta para orientar las acciones educativas al interior del mismo en caso de ser elegido concejal, ya que la educación es un tema que siempre me ha interesado, hecho que me condujo a realizar los estudios para obtener el Master en Educación. En la propuesta presentada a los medios de comunicación se lee:
Como lo he venido expresando en todos mis documentos y presentaciones, el eje transversal de mi propuesta es la convivencia solidaria y democrática. Los ejes longitudinales de acción en los cuales orientaré mi acción como concejal de la ciudad de Bogotá son garantizar el acceso y mantenimiento a los sistemas de educación, salud y la cultura. A continuación usted encontrará un esbozo general de mi visión sobre como alcanzar la cobertura, calidad, integralidad de la Educación en el Distrito Capital. Aun cuando el texto está escrito en masculino, es evidente que desde mi propuesta asumo la proporcionalidad y equidad en el manejo de la perspectiva de género en todos los aspectos en los que debemos desarrollarnos los y las seres humanos(as).
Nos interesa y estamos comprometidos con la educación porque reconocemos el poder transformador que esta ejerce en las sociedades. La educación es un derecho humano fundamental y como tal, es inherente a la persona y a la sociedad sin distinción alguna. El Estado tiene la obligación constitucional de generar y promover las condiciones para su acceso, permanencia y universalidad, de forma continúa a lo largo de la vida.
El acceso y calidad de la educación, determinan la posibilidad o imposibilidad de gozar plenamente de derechos y si estos son meras abstracciones o realidades a las que tiene acceso todo ciudadano. La educación que responda a las necesidades sociales y particulares eleva la calidad de vida de las personas y de quienes hacen parte de su entorno social, familiar, laboral, cultural; la educación potencia el desarrollo individual, micro y macrogrupal y social y porque con su acceso de fortalece la sociedad civil.
El reto que se tiene al pensar en una educación consecuente con nuestra realidad y necesidades no es solamente crear un sistema educativo que rechace el modelo neoliberal y propicie, mediante esa educación liberadora y democrática, el surgimiento de una persona y un orden nuevos. El reto mas grande consiste en crear las condiciones económicas y financieras que hagan viable la educación que la sociedad civil necesita.
¿Cómo mejorar la Cobertura?
Lograrlo está relacionado con la cantidad de cupos escolares, la asequibilidad y la accesibilidad.
Cantidad: La ciudad debe ofertar cupos escolares para la educación primaria, media y superior en el sector publico principalmente directamente proporcionales al crecimiento en el número de habitantes de la ciudad. Existe un marcado déficit de cupos escolares y el énfasis que la ciudad debe centrarse en que los ciudadanos puedan alcanzar niveles mínimos de educación formal media garantizados por el Estado. Para la educación superior se deben garantizar cupos en la Universidad Distrital y en otras universidades oficiales y privadas.
Asequibilidad. El costo de la educación debe ser acorde a la condición socioeconómica. Deben crearse becas para los mejores estudiantes de la educación media y superior. Con especto a la educación superior, el presidente Uribe propuso financiar la demanda y no directamente a las instituciones, entre las cuales puede haber fallas, pero cuyo desarrollo y progreso resulta fundamental para la sociedad y la nación.
De otra parte, y muy en consonancia con el modelo económico vigente, al conocimiento o la educación que cada día es una necesidad prioritaria en la vida de los individuos, se le da el tratamiento de mercancía. La educación aun cuando es un bien no debe tratarse como mercancía y menos aún cuando la calidad parece no estar directamente ligada con el producto. El problema no solo radica en acceso sino en el incremento desmesurado de sus costos en el sector privado y en los efectos que esto tiene para que los sectores menos favorecidos tengan acceso a ella.
Accesibilidad. Los centros educativos para primaria, secundaria y técnica deben estar distribuidos en toda la ciudad en lugares a los que los estudiantes puedan desplazarse con facilidad, de ser posible en lugares a los cuales los desplazamientos no signifiquen grandes costos adicionales para el transporte y la calidad de vida (tiempos largos, riesgos innecesarios por las condiciones de vecinazgo).
Para el caso de la educación superior se debe ampliar la planta docente, proyectos de extensión e investigación que involucre a los estudiantes, docentes y comunidades, se deben mejorar las condiciones de infraestructura y materiales (libros actualizados, comunicaciones, computadores, insisto si se amplían cupos se deben ampliar la planta docente)
¿Cómo mejorar la Calidad?
Mejorando la infraestructura, los salarios de los maestros y directivos, y logrando la actualización permanente y la formación en nuevos paradigmas epistemológicos a los maestros y directivos. Si no se mejoran los salarios se puede hablar de garantías de otro tipo, publicaciones, viajes, becas y posibilidades de formación.
Infraestructura: La instituciones educativas del Distrito deben contar no solo con sedes apropiadas sino que además estas deben poseer locaciones propias para otra serie de actividades que posibiliten una mejor formación de los estudiantes. Se debe contar con bibliotecas, salas de conferencias, de sistemas, bibliotecas. Estas deben poseer los equipos, tecnología y redes comunicacionales apropiadas.
Todas las instituciones escolares en los diferentes niveles deben contar igualmente con la Internet y los menores deben tener el acceso a páginas en las que encuentren recursos informativos que complementen su actividad escolar.
Cada estudiante, maestro, directivo y miembro de las asociaciones de padres de familia debería contar con un correo y poder chatear con sus iguales y construir relaciones con los demás miembros de la comunidad educativa. (Eso será si lo primero es posible)
Una educación con calidad requieres que los maestros tengan salarios acordes con su función social y responsabilidad formativa. Los maestros ni ninguna persona, eso se lo cree el presidente y su corte fascista, no pueden tener salarios congelados y que afecten su poder adquisitivo porque como consecuencia se verán obligados a complementar su economía utilizando su tiempo en otras actividades diferentes a las de su cargo y así no tendría el tiempo suficiente para preparar clase, evaluar y orientar a sus discípulos.
La calidad de la educación está directamente relacionada con el nivel de formación de los docentes y su actualización permanente. El maestro no solo debe conocer y aplicar los paradigmas epistemológicos y ontológicos que apoyen el desarrollo integral de su cátedra sino que además debe apropiarse teórica, experiencial y emocionalmente del uso de didácticas, metodologías y tecnologías educativas, aplicadas al contexto concreto en el que se desenvuelva (pobreza, exclusión, violencia, corrupción, entre otros) de tal forma que su actividad educativa responda a las necesidades propias de los estudiantes, la ciudad y el país, entendiendo que formamos estudiantes con un sentido latinoamericano), con un sentido crítico de la cotidianidad y del desarrollo social y cultural del sistema en el que están inmersos.
¿Cómo alcanzar la Integralidad?
La integralidad está relacionada con el Proyecto Educativo Institucional PEI, la participación real y activa de la comunidad académica y la resolución de las necesidades formativas de los estudiantes.
El PEI debe ser acorde con una visión de ser humano preparada para asumir los retos del aquí y del ahora pero también con un sentido dinámico de la existencia y por tanto preparado para resolver las necesidades con las que se verá enfrentado en su devenir actual y en el futuro. Se requiere de una real participación de la comunidad académica para que así el PEI responda a las necesidades que los estudiantes tienen como ciudadanos y para con su entorno familiar, la ciudad y el país.
Participación de la comunidad académica implica reconocer a los demás maestros, directivos, padres de familia y estudiantes como verdaderos otros, ello significa asumirlos como seres únicos, irrepetibles, trascendentes, evolutivos, históricos y co-constructores del futuro, pero además como sujetos de derechos y de obligaciones con su entidad, la ciudad y el país. El reconocimiento mutuo de todos los actores involucrados en la comunidad académica y en el desarrollo de la propuesta, implementación, seguimiento, evaluación y redirección permanente del PEI posibilita asumirlo con sentido de pertenencia.
La integralidad de la actividad educativa se logra cuando todos los sujetos en ella involucrados son asumidos en sí mismos como seres integrales y lo que se ofrece como alternativa de formación satisface sus necesidades tanto como seres humanos y como ciudadanos. La formación académica debe satisfacerse no solo desde los elementos cognitivos sino además desde su relación con la experiencia y la praxis y de los aspectos emocionales que hagan de la actividad académica una opción que se asume con interés, devoción y sentido del disfrute.
Debe ampliarse la capacidad de participación de los padres de familia en el control de los recursos manejados por las instituciones cumpliendo su función de veedores por medio de las asociaciones de padres de familia en situaciones tales como la asignación de cupos y un uso mas apropiado de los diversos recursos, con las JAC la posibilidad de vincular a los estudiante de últimos semestres de las diversas áreas para practicas en diversos temas.
En el tema de salud, se puede desarrollar la misma línea, fortalecer las asociaciones de usuarios con mayor capacidad de control y de desarrollo de campañas de prevención armadas a las diversas instancias existentes (menos la fuerza publica) para tener las diversas situaciones de salud publica.
En ese sentido las ONG tiene un lugar de acompañamiento a las comunidades en la organización de acciones y posibilidades de quehacer.
2.10.3 No perder lo construido, re-construir lo perdido, trascender el ghetto gay
Escribir no era nuestra práctica mas frecuente, aun cuando conservábamos las notas y actas de las reuniones en el apartamento de Cortés. Este fue un lugar de reunión permanente al que coloquialmente llamábamos “La Conejera” o “La Cuquera”, en él solíamos hacer muchas de las reuniones de nuestro grupo de trabajo y alguno que otro jolgorio sabatino, actividades que se distinguían por ser demasiado teóricos pero con la diferencia de que allí se permitía, en las reuniones no oficiales, consumir licor y marihuana, si quienes lo hacían se ubicaban en una pequeña terraza que daba al aire libre. A mi se me hacían bromas por ser el “niño sano” de “La Cuquera”, como me apodaban, pues yo era el único que no usaba marihuana y prefería tomar un refresco a beber licor.
Muchas de mis notas tomadas en aquellas reuniones las utilicé posteriormente como fuente conceptual para mis artículos en la Revista Ventana Gay. El archivo de la “La Conejera” se perdió cuando Cortés murió a causa del sida, pues su familia se negó a entregárnoslo porque para ellos no era de su agrado que Guillermo viviera su homosexualidad públicamente y menos aun, que se conociera la causa de su muerte, sin embargo dicha información era voz populi, ya que él mismo, una vez pudo asumir su diagnostico, se autorizo a hacerlo conocer a sus amigos.
La primera publicación policopiada, diferente a las invitaciones que repartíamos en calles y bares, y distribuida para hacer conocer nuestro pensamiento, fue escrita por mi con motivo del “Día gay Internacional”; se denominó “Manifiesto Guëi” , fue firmada por el Grupo de Encuentro por la Liberación de los Guëis y distribuida en los bares el 28 de junio de 1978.
Cabe destacar que aun cuando para los miembros del GELG era conocido y de uso frecuente el termino “Guëi”, se tomó la determinación de usar para el texto la escritura en inglés “gay” para no tener que ampliar el tamaño de la pequeña media hoja carta con explicaciones adicionales que pudieran haber sido un distractor en la relación con aquellos con quienes, por medio del panfleto, nos contactáramos por primera vez. Su texto dice :
“Manifiesto Gay”
Compañero:
Aunque muy dentro nos sintamos igual que cualquiera; aun cuando tengamos la capacidad de gozar y manifestar libremente nuestro afecto a otra persona de nuestro mismo sexo; aun cuando vivamos la ilusión de la seguridad dentro del bar, apartamento, cine, sabemos muy bien que la practica de nuestra sexualidad está condenada socialmente para desarrollarse solo en aquellos lugares destinados para tal efecto: el ghetto gay.
Tan solo nos hace “diferentes” el hecho de ser gay
Frente a esta realidad que nos reprime los gay no podemos quedarnos atrás, desde hace muchos años (1892, en Alemania) y de muchas maneras diferentes como la primera marcha gay de América (organizada el 28 de junio de 1969 luego de una redada en el Stone Wall Inn de New York), venimos luchando por nuestra reivindicaciones; en un principio lo hicimos individualmente, luego nos ampliamos a nuestro círculos de amigos, posteriormente nos fue uniendo esta lucha a otros grupos, esto nos demostró que no estábamos solos, esto nos dio el orgullo y la consciencia de pertenecer al movimiento gay.
Además nos dimos cuenta que no era suficiente con que se nos “tolerara”, había que hacer algo, un trabajo mas profundo. Nació la idea de formar un grupo que respondiera a estas inquietudes, que logre un mayor y mejor conocimiento de nuestra realidad por parte de la corroída sociedad que nos excluye.
Un grupo al que usted está invitado y del que usted debe hacer parte.
Grupo de Encuentro por la Liberación de los Guëis, miembro del
MLHC Movimiento de liberación Homosexual de Colombia
Bogotá, 28 de junio de 1978
El tema de los ghettos homosexuales fue uno de los abordados por mí en la Revista Ventana Gay. Para el equipo de trabajo era preocupantemente contradictorio que estuviéramos es desacuerdo con los lugares de encuentro ofertados exclusivamente para población de hombres homosexuales o de lesbianas (casi ningún lugar para hombres permitía la entrada de mujeres y también viceversa) y que nos viéramos obligados a recibir su apoyo económico para las acciones educativas y distribuir en ellos nuestros volantes y revista. Esta construcción se puede observar en algunos de los textos que se transcriben en este mismo subtitulo.
El texto que transcribo a continuación fue escrito un año después, por mí, con motivo del día Gay Internacional en 1.979, publicación que fue policopiada y difundida en calles y bares. Este mismo texto se publicó igualmente en el Nº 1 de la Revista Ventana Gay en septiembre de 1.979 . El texto responde a una necesidad interna del Movimiento que consistía en informar a la población homosexual sobre la importancia de construir un movimiento de liberación homosexual en Colombia.
Este documento enfatizó el valor del trabajo conjunto de hombres y mujeres, la importancia del reconocimiento del cuerpo, la necesidad de mostrar con orgullo nuestro Ser Homosexual y continúa con la idea expuesta en el texto anterior, sobre el ghetto homosexual. Tiene la particularidad de que se inicia hablando de los gay, continúa con los homosexuales y culmina con lo “Guëi”.
¿Un movimiento de liberación homosexual?
¿Para qué? ¡Sí yo ya estoy liberado! Esta y muchas otras respuestas afines salen a flote en buses, calles, cines, tiendas, bares, cuando se pretende hablar de la emancipación gay.
Liberarse no es la posibilidad de poder: en un bar, cine, o cualquier lugar a puerta cerrada: hacer, decir, una u otra cosa...
Nuestra liberación consiste en conquistar gran cantidad de reivindicaciones, en ser aceptados socialmente en nuestra real identidad: seres normales, aun cuando no respondamos a la normalidad estipulada por los celosos celadores del orden dado, en una sociedad, que pretende encarrilar castrando cualesquier posibilidad que atente contra sus "principios morales", puestos para salvaguardar el "orden natural" que nos aliena sexual y políticamente.
Debemos explorar nuestra sexualidad, disfrutarla y expresar públicamente nuestro deseo, en el mismo lenguaje usado para expresar el deseo de comer, dormir, etc., además el redescubrimiento y la desgenitalización del placer, posibles, mediante la desinstitucionalización de nuestras zonas erógenas y del cambio de los procesos educativos que nos limitan mentalmente y nos sitúan al margen, al dar a conocer únicamente la función procreadora del sexo desechando por "nocivas" todas las demás posibilidades.
Igualmente debemos cuestionar a la familia que en su desarrollo ideológico nos programa para desempeñar roles preestablecidos y a la religión que identifica el placer con pecado, potenciando complejos de culpa que transforman en inadmisible el goce total.
La posibilidad de mostrar con orgullo nuestro Ser Homosexual conlleva: negarse a ser el complemento de la mujer o del hombre para ser nosotros mismos; conquistar nuestra integridad pasando de ser objetos sexuales frente a los "otros " y frente a nosotros mismos; crear las condiciones para ser considerados algo más que un elemento productivo; lograr mecanismos de proyección social y un total despliegue en las demás esferas de la realidad.
Teniendo en cuenta que nuestra lucha no es contra el otro sexo, o marcando las diferencias con las demás minorías sexuales, sino hombro a hombro, mujeres y hombres, juntó con las demás minorías oprimidas y/o reprimidas de una u otra forma.
Aunque muy dentro nos sintamos igual que cualquiera; aun cuando tengamos la capacidad de gozar y manifestar libremente nuestro afecto a otra persona con nuestro mismo sexo; aun cuando vivamos la ilusión de la seguridad estando dentro del bar, apartamento, cine, sabemos muy bien que la practica de nuestra sexualidad está condenada socialmente a desarrollarse solo en aquellos lugares destinados para tal efecto: el ghetto Guëi.
Si usted desea salir del ghetto puede comunicarse con nosotros, somos un grupo al que usted está invitado y del que usted debe hacer parte.
Grupo de Encuentro por la Liberación de los Guëis, miembro del
MLHC Movimiento de liberación Homosexual de Colombia
Bogotá, 28 de junio de 1979
Es importante recalcar que en 1980 empecé a utilizar más asiduamente los conceptos de minoría sexual y de marginalidad; lo hice partiendo de que tradicionalmente el concepto de minoría hace referencia a los grupos de población que tienen unas características propias de orden étnico, económico, político social y cultural, y que por estás mismas características, comúnmente, son excluidos y no forman parte del círculo de poder en las sociedades. Nosotros aun cuando no éramos considerados una minoría si estábamos siendo tratados como tal.
Generalmente, se solía entender la homosexualidad como una practica que nos hace diferentes a los demás, incluso, según mi opinión, a otros homosexuales. Al interior de los grupos que conformaban el Movimiento igualmente había diferencias de otros tipos entre los homosexuales y éstas se suscitaban, a partir de sus diversas visiones políticas, éticas, religiosas, económicas, productivas, culturales, sociales, y también en el tipo de prácticas eróticas y genitales que asumían. Esto se daba, hasta el punto de que muchas veces las contradicciones internas en el Movimiento homosexual eran mucho más fuertes que el peso que se le daban a las situaciones que nos separaban de los heterosexuales.
Para mi era claro que nuestra lucha política no debía llevarnos a la separación, tal y como ya había pasado en el momento en que pretendieron vetar mi asistencia a las reuniones por considerar que yo era muy “marica”, o en las contradicciones entre los homosexuales maoístas, trotskistas y comunistas; los artistas conceptuales y los artistas realistas; los homosexuales en la academia y fuera de ésta; o por otras muchas diferencias que se daban frecuentemente. Mi reflexión con relación a este aspecto me condujo a explicar la vivencia de la homosexualidad como una experiencia que no nos hacia tan diferentes a los otros homosexuales sino a tener muchos elementos comunes con ellos, incluso en los planteamientos conceptuales con relación a ordenes diferentes a los de la sexualidad, que se utilizaban para explicarla.
Ya desde nuestros orígenes, como Movimiento, habíamos tenido claro que la sexualidad era un hecho político y que como tal, las distintas vertientes de la izquierda tenían su propio discurso con relación a ella, al igual que lo tenían los grupos de la derecha o del centro.
La vivencia de la sexualidad la explicaba entonces bajo la imagen de un lago, en el que quienes estamos al otro lado del mismo lago, no logramos vislumbrar que si, para buscar a quienes veíamos al lado opuesto -es decir a aquellos a quienes estaban en la otra orilla-, seguíamos como ruta la línea de la playa, en el momento en que nos encontráramos con ellos, evidenciaríamos que estábamos en la misma orilla, es decir, del mismo lado.
En resumen, al idea era que aquellos que parecían lejanos a nosotros por la manera de vivir su analidad o su feminidad, por ejemplo, no lo estaban tanto, pero que no lográbamos darnos cuenta de ello porque al hacernos referente de las explicaciones sobre las relaciones genitales o de la vivencia de la masculinidad, olvidamos (conciente o inconcientemente) que nosotros mismos no éramos la esencia de la masculinidad o de la falocracia, sino que nos negábamos a aceptar que dichas trasgresiones eran también las nuestras; y no lo hacíamos, porque si las reconocíamos, no tendríamos explicaciones sobre por qué rechazábamos a los que, en la practica, eran nuestros iguales.
El concepto de marginalidad entonces se comprendía como “estar al margen”, y era la posibilidad de quien ostenta el poder de mostrar y demostrar las diferencias “existentes” entre él y yo, como sujeto que está a la otra orilla. Ser marginal entonces es una manera que tiene quien ostenta el poder para marcar los límites, y la marginalidad, la lectura que hace el sujeto dominante sobre el dominado, a quien asume distinto y por tanto trasgresor del deber ser.
Igualmente, era importante recalcar que los sujetos marginales y los grupos marginales, al igual como sucedía al interior de las organización homosexual, no lograban comprender que eran muchos mas los elementos comunes con los otros marginales que los que se permitían aceptar, ya que los procesos se centraban en marcar la diferencia y por tanto en excluir, y no en recatar los aspectos comunes y por tanto en construir alianzas para obtener el poder. De ahí la importancia que dábamos a construir alianzas con las mujeres, las feministas, las lesbianas, los obreros, los grupos políticos y las organizaciones sindicales, de maestros y de estudiantes.
Los grupos sociales con comunes denominadores en el ámbito de la sexualidad como los homosexuales o las mujeres, superan en número a los grupos y sectores dominantes de nuestra sociedad como los hombres heterosexuales, y sus aspiraciones e intereses no encuentran representatividad, ni canales de expresión que posibiliten modificar su condición de “grupo marginal”. En tal sentido, los marginales somos una “inmensa minoría ” y nuestro trabajo conjunto nos pone en una posición diferente frente a quienes ostentan el poder.
La exclusión social, económica, educativa, en salud y política de estos grupos de la población hace difícil la creación de procesos de convivencia social democrática y el ejercicio de las libertades públicas y privadas, como el derecho a la dignidad, el derecho a la diferencia, el derecho a la vida, el derecho a la educación, el derecho a la autodeterminación, el derecho al trabajo, el derecho al libre desarrollo a la personalidad. La violación a los derechos desvirtúa los principios fundamentales de una democracia: la solidaridad, la fraternidad, la tolerancia y el respeto por la diferencia. Basado en las anteriores ideas en el 2001 y como parte del trabajo en la estrategia política del Movimiento de Solidaridad comunitaria, produje varios textos relacionados con el tema de las minorías.
2.10.3.1 Sin sede, pero con grupo
Precisamente por sentirse minorías sexuales y como resultado de la propia autoexclusión, algunos de quienes eran miembros del GELG se fueron alejando poco a poco del MLHC, en especial cuando nos echaron -a mediados de 1.980- de la biblioteca Emmanuel Mounier “por maricas”, como sus directivas nos lo hicieron saber; ya que según ellos los habíamos engañado, pues éste era el sentido real de las reuniones y no el que nosotros habíamos informado en la solicitud verbal de préstamo de los salones de lectura de la biblioteca, en la que se comunicó que era para realizar semanalmente los encuentros de un grupo inter-universitario de estudiantes de filosofía, idea que en ese momento continuaba siendo cierta pero no del todo verdad.
Los jóvenes fueron los más interesados en proseguir con la siguiente etapa de desarrollo; se llevó a cabo al aire libre, en el Parque Nacional. Siendo la característica de los casi siete meses de trabajo allí realizados, el que las reuniones fueran mucho más lúdicas y menos teóricas, en el parque nos centramos en una estrategia que consistía en que preparábamos a las personas para la oratoria, pues pensábamos que no se podía ser líder sin desarrollar la capacidad comunicativa.
La expulsión de la biblioteca, muy seguramente se motivó en una entrevista en directo, realizada en junio de 1980 en el “Noticiero de las 7”, programa televisivo de cubrimiento nacional en horario triple A. Esta entrevista, la primera en mi vida, la logré, porque estando caminando en las inmediaciones de la sede del noticiero me encontré de frente con su presentador, el periodista español José Fernández Gómez, a quien interpelé y propuse hacer una nota sobre una noticia de interés general: la existencia de un movimiento de liberación homosexual en Colombia. Este periodista habló no de homosexuales sino de “gais”, pronunciando esta ultima palabra tal y como suena en castellano y no en ingles, como generalmente se hacia. Esta primera nota televisiva y en directo, nunca se planeó como parte de una estrategia comunicativa sino que se realizó debido a la confluencia del azar de mi encuentro con el periodista y su interés en la noticia y en ella hablamos de nuestras reuniones en la sede de la biblioteca Mounier.
2.10.4 Brincar por la Ventana
Con esta frase se promovió la Revista Ventana Gay, “brincar” además de ser un ejercicio físico era una manera de decir coloquialmente que alguien era homosexual. La imagen de la ventana era la de ser que un hueco hecho en una pared para dar luz y ventilación (al closet) como también una “puerta de entrada” al mundo homosexual.
En septiembre de 1.980 se fundó la “Revista Ventana Gay”, lo hizo un colectivo del que fuimos parte Cortés, Alejandro Barón, Felipe Lleras (esta era el seudónimo que utilizaba en ese momento Alejandro Barón) y yo; Barón y Cortés consiguieron con aportes de su propio peculio, una primera sede para la revista que se fue convirtiendo paulatinamente en la sede del MLHC; Cortés donó igualmente la primera rotativa offset en la que se imprimía la revista. Durante el primer año de funcionamiento el primer director de la revista fue Cortés y el jefe de redacción fui yo; luego, durante el segundo año la dirección estuvo en manos mías.
Los artículos de la revista eran discutidos en equipo y una de las personas miembros del mismo se encargaba de escribirlo y firmarlo. Cortés era el encargado de los temas legales y de psicología; yo, de los temas de sexualidad, sociales y de cultura. Los lectores podían enviar colaboraciones que eran presentadas en el comité de redacción y en este se decidía su publicación. Yo participé durante los tres años en que la revista circuló con la diagramación, algunas ilustraciones y elaboraba además algunas fotografías.
Para mi fue de gran importancia, desde el primer numero de la revista, escribir sobre la trascendencia de un Movimiento homosexual y de la significancia que tenía conquistar gran cantidad de reivindicaciones como parte de la construcción del proceso de liberación, que no era solamente política, personal y familiar, sino igualmente una ruptura con la visión religiosa de la sexualidad, que nos impedía ser aceptados socialmente y de la visión medica que hacia que se nos viera como enfermos.
En la discusión con la perorata religiosa fue de gran repercusión asumirse “normal” a pesar de no responder al modelo judeocristiano de la normalidad, que castraba en nosotros cualesquier posibilidad de desarrollo sexual, en la medida en que nosotros mismos aceptábamos sus "principios morales" como un valuarte fundamental para salvaguardar el "orden natural" que considerábamos nos alienaba sexual y políticamente.
2.10.4.1 La analidad como ejercicio trasgresor del poder falocrático
Uno de los artículos escritos por mi, que más revuelo y discusión causó fue el relacionado con la preparación para la vivencia plena de la analidad, publicado en mayo de 1981, en el numero 6 de la revista; en él hacía una disquisición sobre las diversas posiciones corporales en un acto penetrativo anal y proponía una serie de ejercicios para relajar el esfínter y así facilitar la penetración.
El soporte teórico que justificaba el texto estaba centrada en la idea de que la vivencia plena o la negación a ciertas practicas genitales estaba directamente relacionada no solo con una visión machista y homofóbica de la sexualidad sino muy especialmente con la vivencia de las primeras relaciones anales, al comprender la analidad no solo como un juego de poder, sino, además, con una negación de su ejercicio relacionada con el machismo tradicional heterosexual y con la vivencia de la falocracia machista homosexual, al respecto se lee :
“Las relaciones sexuales no sólo son actos placenteros son además actos políticos, lo son cuando en intercambio genital es un acto trasgresor del modelo de la normalidad heterosexual, y mucho más cuando se realiza con una parte del cuerpo de la cual se considera que su función principal es excretar materia fecal y no el placer.
Tradicionalmente el poder es ejercido por un hombre hacia las mujeres y en algunos casos hacia otros hombres. Un símbolo del poder del hombre es poseer un falo y el poder que se obtiene de su uso o de la posibilidad de usarlo es lo que denomina la falocracia.
Un hombre homosexual primero que homosexual es hombre y en cuanto tal es falócrata, al penetrar a otro hombre hace un ejercicio falocrático de poder en el que, al igual que a la mujer penetrada o en posibilidad de serlo, lo pone en una escala inferior en la línea de poder.
Las teorías sex-pol, tan en boga en este momento en Europa, nos informan de la posibilidad de asumir la sexualidad como un campo en el que igualmente se ejercita el poder de los falócratas sobre las mujeres y algunos hombres homosexuales, pero también ante la posibilidad de transformar dichas relaciones de poder.
En el caso que nos atañe mi reflexión se basa en la posibilidad de trasformar nuestra vida sexual como homosexuales en un actos políticos y específicamente en convertir la analidad, comprendida como un ejerció pasivo de poder, en un acto activo que la convierte es una estrategia de reivindicación política sexual.
En esta elaboración que ahora presento hay una marcada influencia de Foucault y su discurso del poder que apoya nuestras propias construcciones; este autor trata el tema del poder rompiendo con las concepciones clásicas del término. Para él, el poder no puede ser localizado en una institución, o en el Estado, por lo tanto, la "toma de poder" planteada por los marxistas no sería posible. El poder no es considerado como algo que el individuo cede al soberano (concepción contractual jurídico-política aplicada en este caso al macho, penetrador dominante), sino que es una relación de fuerzas, una situación estratégica en una sociedad determinada. Por lo tanto, el poder, al ser relación, está en todas partes, incluyendo las relaciones sexuales de cualquier orden.
El sujeto está atravesado por relaciones de poder y no puede ser considerado independientemente de ellas. El hombre penetrado contribuye al poder del falócrata con el cual se relaciona, ya que acepta que quien posee el falo tiene el poder, olvidando que él mismo tiene un falo y que por tanto no solo está en condiciones de ejercer dicho poder, sino que puede transformar la relación al asumir a su “partner” como un igual, con el cual comparte un juego donde se puede romper la jerarquía del poder.
El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce efectos en quienes viven esas relaciones de poder y produce saber; dicho conocimiento y vivencias nos permiten transformar nuestras propias relaciones sociales, políticas y sexuales.
Tradicionalmente en una pareja se contempla que hay un dominante y una persona dominada, transformar las relaciones de poder implica o transformar los roles (un dominado que pasa a dominar) o vivir las relaciones en igualdad de oportunidades y posibilidades”.
Es evidente que en mi discurso de ese momento no solo había influencia directa de Guillermo Cortés, sino también de mis aprendizajes en la facultad de sociología, sumada a la vivencia de mi propia sexualidad aderezada con el influjo del discurso sobre la antidanza que construimos en Heliogábalos, el texto citado continúa así:
“En nuestra experiencia en grupo de trabajo Heliogábalos, específicamente en la línea de trabajo de la antidanza, el concepto de pareja se transforma y en consecuencia el rol del “partner” como sujeto que conduce a la mujer.
Esto no sólo debería ser valido para la antidanza sino también en la vivencia del acto genital como un ejercicio “dancístico” sin partitura y sin coreografía predeterminada. En la antidanza no hay un “partner” sino dos seres en igual condición y posibilidades de conducir o ser conducidos; no hay un dominante y un dominado,; en la vida sexual entre dos hombres tampoco debiera haber un arriba ni un abajo, un penetrador y un penetrado, uno que acaricia y otro que es acariciado, pero además en el intercambio genital entre dos hombres se puede actuar en solitario, bailar solo a pesar del otro, masturbarse, auto-acariciarse, pensar, gozar a expensas del otro o de sí mismo.
Romper con el esquema de poder significa, por ejemplo no solo cambiar los roles en el intercambio genital, sino también cambiar el discurso sobre la analidad. En la cotidianidad se usa el concepto “me comí a” como una manera de expresar una practica anal receptiva; propongo transformemos dicha elocución para que en una relación en la que sea necesario expresar el poder, este se centre en quien es el receptor de la penetración, ya que al cerrar su esfínter la impide y por tanto, ostenta la decisión en la que se centra tradicionalmente el poder del falócrata.
Prepararse para la penetración es una manera de acceder al poder y un camino a las relaciones de equidad que se hacen visibles y palpables en una relación en las que los dos partners son tanto penetrados como penetradores.
Desde esta posibilidad conceptual nos hacemos trasgresores del y en el discurso cotidiano, mas aún si anunciamos públicamente que somos “activos analmente” y al referir sobre nuestras relaciones decimos públicamente frases como “me comí a un tipo muy feo que me la metió toda”, ya que no está bien visto al interior de los guetos guëis hablar públicamente de la analidad y menos expresar predilección por personas que no sean atractivas.
Si usted esta interesado en romper con las estructuras tradicionales del poder le invitamos a nuestro taller “La analidad como un ejercicio de poder” que se realizará los jueves de 6:30 PM a 9:30 PM. Es un taller teórico en el que usted además aprenderá sobre cómo preparar su organismo para la penetración, cuáles son las mejores posiciones para ser penetrado y normas de cortesía para sus relaciones socio-anales. El taller no comprende prácticas penetrativas en el sitio de reunión pero si la posibilidad de compartir explícitamente sobre el tema y obtener respuestas que harán de usted un hombre con mayor disfrute de su cuerpo y sus posibilidades placenteras, y un trasgresor sexual políticamente fundamentado.
Comuníquese al apartado aéreo 25770 de Bogotá o llámenos a la sede de Ventana Gay, en horas de oficina para reservar su cupo, pues solo recibimos a 20 personas por cada taller, que tiene una duración de tres sesiones.
Jaime Galindo fue mi gran aliado teórico y vivencial en el tema de la reivindicación de la analidad. Con él conducíamos el taller y hacíamos las “demostraciones” cuando era necesario; estas demostraciones se hacían con nuestras ropas puestas; las personas participantes como parte del inicio de la segunda y tercera agenda de trabajo del taller relataron sus experiencias en la aplicación de la teoría de la vivencia de la analidad.
Cabe señalar que León Zuleta fue quien más influyó en mi para el desarrollo de esta construcción; ya que para él, no era posible una relación teórica con otro hombre homosexual con quien recíprocamente no hubiese ejercido la penetración, ya que esta vivencia posibilita la ruptura del poder falocrático. Al respecto del pensamiento de zuleta escribí en la introducción de mi libro “Y si el cuerpo grita… dejémonos de maricadas” :
“…Las relaciones con Zuleta siempre eran teóricamente profundas. Se negaba –fundamentado en su propuesta sexual-política- a discutir con alguien cuya genitalidad le fuera desconocida. Para obviar las posibles relaciones de poder en las acciones conjuntas en la lucha sexual-política, consideraba necesario que su interlocutor lo penetrara y fuera penetrado analmente…”
Diez años después del anterior artículo, en 1992, recién creado la organización “Equiláteros” realizamos bajo mi conducción un taller para 22 hombres homosexuales en el que los participantes estuvieron desnudos durante una buena parte del mismo y algunos de los asistentes practicaron los ejercicios sugeridos para la vivencia de su analidad. Sin embargo a diferencia de los talleres organizados por la Ventana Gay estos si fueron prácticos, ya que en aquellos las personas realizaban sus practicas, si así era su deseo, y las comentaban en la siguiente reunión de trabajo formativo.
2.10.4.2 Cambiar la norma no cambia los ciudadanos
La Revista Ventana Gay apoyó la discusión sobre la despenalización de la homosexualidad como un elemento a promover en lo que sería la reforma del Código penal colombiano. En ella se publicaron artículos escritos por Guillermo Cortés sobre los desarrollos obtenidos en el grupo de estudio sobre el tema, pues considerábamos como equipo de trabajo, que era necesario que las personas que no tenían una relación directa con las normas legales en Colombia reconocieran que la homosexualidad había dejado de ser una “enfermedad” (Código Penal vigente hasta 1936) para ser considerada como delito a partir de ese mismo año (Art. 323 y 329).
En Colombia con el Código Penal vigente desde 1981 se dio un gran paso al reformar el Código Penal de 1936 y despenalizar las actividades homosexuales entre mayores de 14 años (“desaparecieron” los artículos que las condenaban). Desde el MLHC conseguimos que se diera dicha “desaparición” pues la alternativa que se tomó al debatir con los magistrados que se habían mostrado interesados en el tema, fue que no se diera su discusión sino que los citados artículos “pasaran bajo la mesa sin ser debatidos”, de tal manera que en el documento final los artículos pertinentes no aparecieran, y fue así como, sin discutirlo, logramos la despenalización de la homosexualidad en Colombia.
Respecto de la despenalización, el profesor de la Universidad Nacional Rodrigo Uprimny Yepes, afirma “Hasta 1980, la homosexualidad constituía un delito; en ese año, desapareció ese tipo penal pero subsistieron varios regímenes laborales, como los de los educadores y de la Fuerza Pública, que preveían que una persona podía ser sancionada disciplinariamente por conductas homosexuales” . Uno de esos temas que era una preocupación importante y permanente para nosotros fue el del Estatuto Docente , aspecto que solo se discutió legalmente hasta18 años después.
Una vez se desarrolló dicho Código Penal se hizo necesario que los miembros del movimiento y la población general conocieran la nueva legislación con relación a la homosexualidad. Para hacerlo se trabajaron dos frentes, el artístico para trabajar lo cotidiano y el de formación académica formal, sin desconocer que para el equipo de trabajo, los performances eran una expresión artística igualmente considerada una actividad educativa no formal.
Cabe destacar que a pesar de los cambios en el Código Penal, la reforma del Código de policía de Bogotá no se logró hasta muchos años después. La importancia de la no discriminación policial no se hizo evidente sino hasta el veinte de diciembre de 2002 fecha en que se publicó el nuevo código de convivencia ciudadana de Bogotá. Sobre este tema escribí un artículo publicado en la Revista Acénto, en noviembre de 1997, en el que relataba la historia de la participación sobre el tema por parte de la población LGBT, en el que se lee textualmente:
“Bogotá es una ciudad heterogénea y con una convivencia difícil. Buscando conciliar lo culturalmente aceptado, lo legalmente permitido y los intereses de los conciudadanos, y dada la necesidad de llegar a un acuerdo que siendo conocido por todos apoyara la convivencia democrática y tolerante, Antanas Mokus y su equipo de trabajo propusieron el desarrollo de un código de convivencia ciudadana. Una de las estrategias empleadas para lograrlo fue la de los Semilleros de Convivencia; los resultados de estos y otras acciones se plasmaron en la Carta de Civilidad, documento que actualmente se está difundiendo a todos los hogares bogotanos para su conocimiento y discusión.
Los semilleros trataron una amplia gama de temas y sirvieron para conciliar intereses opuestos y discutir situaciones de poblaciones vulnerables o marginadas como la niñez, los discapacitados o los ancianos. La población homosexual de la ciudad y algunos miembros de otras minorías sexuales, representados en más de doscientos hombres y mujeres, y por solicitud a la Alcaldía motivaron la implementación de un semillero sobre sus propios intereses, derechos y necesidades; este se llevó a cabo en la primera semana de febrero de este año. Los facilitadores del mismo, fueron: por la alcaldía la Enfermera e Investigadora Angela Gualí y por la Comunidad el Abogado Germán Humberto Rincón P., el Médico Ricardo Luque, el Sociólogo y Filósofo Manuel Velandia y representantes de GAEDS-UN (Grupo de Apoyo y Estudio de la Diversidad Sexual de la Universidad Nacional). Los resultados al igual que los de los otros semilleros fueron validados en el documento final. Y se pueden ver reflejados en algunos de los apartes citados a continuación.
En la versión informal de la Carta a Nosotros en el título “Propósitos del Juego” al referirse a La generación de la equidad entre las personas se lee: “La eliminación expresa de todas las formas de discriminación por razones sociales, de género, de edad, de etnia, de capacidad física o mental, o por orientación política, sexual, religiosa o cultural son objetivo de la convivencia en Bogotá. Las autoridades encargadas de administrar la justicia policiva en la ciudad deben aplicar la equidad como criterio orientador de sus decisiones”.
Para esa discusión en los Semilleros de convivencia ciudadana, yo preparé un documento al que denominé “Un Espacio para la Vida” . Es los semilleros igualmente participaron la Enfermera Ángela Guali que siendo maestra en la facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia era miembra de la Fundación Apoyémonos y Ricardo Luque, Medico del Ministerio de Salud y quien fue la persona enlace para conseguir la implementación de dicho semillero por parte de la Alcaldía. En el documento que yo presenté en la sede del Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá, el 23.11.97 y ante casi 200 personas, la gran mayoría de ellos población LGBT, textualmente se lee:
“… Las personas cualesquiera que sea su conducta u orientación sexual no pueden expresar públicamente su particularidad como personas sexuadas, es decir, a partir de su identidad sexual particular. Situación que se hace más frecuente en los homosexuales y lesbianas quienes además viven permanentemente bajo la presión que ejerce la familia, la escuela, la iglesia y en general el entorno social, condición que desencadena procesos de crisis que se intensifican por su vivencia particular de coming in. Esta presión, sumada a la necesidad de encontrar alternativas de intercambio, los induce a una vivencia clandestina de su sexualidad, tanto en espacios comerciales (algunos de ellos bastante cerrados y permisivos) como en espacios diferentes al ghetto comercial.
En estas circunstancias las personas se apropian tanto de los lugares privados como de algunos espacios públicos -permisivos o no- para tener la oportunidad de llevar a cabo los procesos que les posibilitan la construcción de su identidad sexual y por su puesto, de su identidad como personas.
Este intercambio clandestino perturba a los individuos y los coloca en conflicto consigo mismo y con la sociedad. La persona en crisis hace parte de la demanda sexuada y su participación en el «mercado sexual» los convierte a su vez para otras personas, en una oferta sexuada.
La presión (chantaje económico) ejercida por algunos miembros de la policía y por otros agentes de la comunidad hacia quienes al interior del mercado sexual se ven obligados a intercambiar en espacios comerciales privados y en espacios públicos motiva asumir la vivencia del encuentro con el otro y la otra como una actividad «anormal» vivida desde el ocultamiento.
La alternativa implantada desde los códigos de policía y por autodeterminación de algunos representantes de la autoridad para corregir a aquell@s quienes viven su sexualidad al margen del patrón socialmente aceptado parece ser la «limpieza». En un seminario sobre tolerancia y sexualidad realizado recientemente por el autor a agentes de policía en Santa Fe de Bogotá, algunos de ellos manifestaron que la mejor alternativa frente a este tipo de problemas se basa en la presunción que, «si en un cesto hay una manzana dañada la mejor manera de evitar que las otras se dañen es sacarla».
Esta «limpieza» implica ejercer permanentemente y como respuesta la violencia contra aquellos individuos que asumen «conductas inmorales». La violencia conlleva el chantaje, la agresión física y verbal, el pago de «peajes», el aislamiento social bajo la forma del encierro en una comisaría e incluso, la violencia sexual…
La comunidad no cuenta con espacios y agentes sociales que apoyen a los individuos en dicha construcción, la escuela, la familia y los diferentes estamentos en la sociedad, incluso generan procesos de violencia y discriminación sobre dichas personas. El individuo en proceso de coming in o de coming out no puede esperar ni espera encontrar en ellos la respuesta o el apoyo necesario, transformando la crisis particular en un problema social…
La violencia no es la mejor alternativa de respuesta a una crisis particular ni de apoyo en la solución de dicha crisis, como tampoco lo son la «limpieza», la discriminación, la intolerancia, la ghetización, o expulsar a las personas de la familia o de la escuela. La respuesta implicaría necesariamente apoyar a la persona en la construcción de su identidad particular, es especial a los jóvenes, ya que al fortalecerla disminuye la vulnerabilidad particular y la posibilidad de que tanto menores como adultos asuman conductas que les posibiliten o aumenten sus riesgos.
Las personas en esta situación y en especial l@s menores se encuentran en alto riesgo de encontrar en su búsqueda de alternativas situaciones que pueden violentarlos permanentemente, tales como juegos eróticos o relaciones genitales indeseadas que les pueden generar traumas físicos y mentales, riesgo de adquirir y desarrollar la infección por HIV/Sida y otras enfermedades de transmisión sexual y de convertirse en consumidores ocasionales o habituales de substancias psicoactivas.
Muy especialmente l@s menores y algun@ adult@s se encuentran ante el dilema de necesitar apoyo y no encontrarlo en la familia, incluso se ven obligados a negar las crisis y aquellas situaciones que esta les produce y ante las cuales se sienten imposibilitad@s para obtener respuestas, sobre todo al interior del bloque familiar y de la escuela, por que conocen de la violencia que pudiera ser ejercida por los familiares, por sus compañer@s en los planteles educativos e incluso por l@s docentes y por otr@s profesionales entre quienes están l@s de la psicología que trabajan con conductas relacionadas con la sexualidad. Esta situación motiva en las personas el rompimiento con sus padres y familia en general, aislamiento social y la deserción escolar, llevando incluso a algunos a convertirse en habitantes de la calle.
¿Qué Hacer?
Buscando evitar estos y muchos otros problemas es necesario crear espacios para la vida en los que hombres y mujeres puedan confrontar su realidad particular en lo referente a su sexualidad. Ya que el desarrollo de la sexualidad no es un problema exclusivo de homosexuales y lesbianas, sino que lo es en algún momento de la vida, un problema de todos los hombres y mujeres en el entorno social. De ahí que la respuesta no debe ser para un grupo minoritario (una extensa minoría) sino serlo para toda la comunidad. Aún cuando, no por ello se puede negar que cada grupo debido a sus particularidades requiere de respuestas particulares, y que dichas respuestas deben motivar e inducir al respeto y la tolerancia como ejes de la convivencia ciudadana.
Los servicios de apoyo que se estructuren desde la alcaldía no deben ser orientados desde las entidades de salud, por que las crisis particulares basadas en la sexualidad no convierten al individuo en un enfermo y el individuo rechaza sentirse o ser asumido como tal; de ahí la importancia de la participación activa de Organizaciones No gubernamentales y de otros estamentos de la sociedad civil con experiencia en trabajo con minorías sexuales.
Las acciones de apoyo que se emprendan deberán estar basadas en un conocimiento y reconocimiento de la población sujeto, ser prestadas a un bajo costo o subsidiadas buscando con ello que l@s jóvenes cuyos ingresos son controlados por otros y las personas adultas de bajos recursos no se vean imposibilitadas de ser apoyadas, deberán ser también de fácil acceso y orientadas por profesionales y expertos en el área de la sexualidad.”
2.10.4.3 Frente artístico y cultural
A los performances como trabajo educativo llegamos luego de un “descubrimiento”. En una mañana de domingo en que realizábamos una caminata hacia la cúspide del Cerro de Monserrate, ubicado en la periferia centro-oriental de Bogotá. Como broma, mientras ascendíamos, Jaime Galindo y yo, que no éramos una pareja, decidimos caminar tomados de la mano. Estando en ello, una pareja de chicas que bajaban del cerro por la misma ruta en que nosotros subámos se quedaron observándonos, se burlaron de nosotros y nos dijeron “mariquitas”, yo les respondí “lesbianas” y una de ellas acotó, no somos lesbianas, a lo que yo repliqué: ustedes se abrazan y pueden hacerlo porque no son lesbianas, nosotros nos tomamos de la mano porque podemos hacerlo, queremos hacerlo y además porque nos amamos… somos homosexuales. Las chicas inmediatamente dejaron de abrazarse y todos los que íbamos en el grupo de caminantes reímos por la ocurrencia.
Optamos por continuar el resto de la trayectoria tomados de la mano y les pedimos a nuestros compañeros de convite que observaran las reacciones de las personas. Nos llamó mucho la atención el hecho de que pocas personas parecían fijarse en lo que sucedía, pero además que quienes observaban y habían respondido positiva o negativamente, eran en su mayoría otros hombres homosexuales.
Mientras tomábamos el tradicional chocolate santafereño en uno de los puestos del mercadillo al lado de la iglesia del señor de los Milagros, ya en la cúspide del Cerro de Monserrate, discutimos sobre la homofobia; no sólo entendida como el rechazo hacia los homosexuales sino en especial de la internalizada, y como ella, nos conducía no solo a negarnos a nosotros mismos sino además a coartar la libertad de otros homosexuales.
Decidimos entonces que deberíamos hacer un trabajo militante contra la homofobia y realizar algo similar a lo que habíamos hecho subiendo a la cúspide del Cerro, pero hacerlo planificadamente, en el centro de la ciudad y en otros lugares, al medio día y otras horas de alta confluencia de ciudadanos.
De lunes a viernes y durante todo septiembre de 1981, un grupo de seis miembros de Ventana Gay, al medio día y hacia las 5 y media de la tarde, por ser horas pico en la movilización de transeúntes, salimos de la sede de la Revista, ubicada a tres calles de la zona más álgida del centro de la ciudad, y tomados de la mano caminábamos desde la esquina del edificio de Avianca (carrera 7ª con calle 15) hasta la esquina de la carrera 7ª con calle 19, cuatro calles que eran y siguen siendo el espacio de más alta movilidad peatonal del centro de la ciudad.
Una pareja, generalmente Galindo y yo, éramos quienes nos tomábamos de la mano y los otros cuatro observaban las reacciones. A la semana de estar en esta actividad decidimos que haríamos algo similar pero ubicándonos cerca de los semáforos en los cruces de las calles sobre la carrera séptima y ampliamos el espacio de trabajo en cinco calles más, hasta la calle 24, esquina de la Terraza Pasteur. La variación consistía en que justo en el momento en que el semáforo se ponía en rojo, la pareja elegida se besaba en la boca, mientras los demás miembros del equipo observaban.
En muy pocas oportunidades los transeúntes se dirigieron a nosotros para agredirnos verbalmente y nunca hubo una agresión física, pero cuando nos recriminaron respondíamos que el Código penal colombiano no condenaba la homosexualidad y menos aun las manifestaciones afectivas en público. En dos oportunidades, miembros de la policía intentaron detenernos y nosotros respondimos con el texto de nuestro “guión” preestablecido, haciendo énfasis en que el Código de Policía de Bogotá no podía estar por encima del Código Penal colombiano, argumento con el que disuadimos a la policía de nuestra detención.
Este performance cambió nuestra manera de saludarnos, la práctica de saludarse de beso en la mejilla o en la boca se fue extendiendo a casi todos los miembros del MLHC y de nosotros hacia otros homosexuales y lesbianas que aun cuando no eran nuestros compañeros de lucha, si lograron comprender la importancia de recuperar los espacios públicos y manifestaciones afectivas que nos habían sido arrebatadas.
Como en Bogotá algunos miembros de la Policía, sustentados en el Código que regía su actuar, detenían a los homosexuales en los bares cuando los encontraban bailando en pareja, se había convenido un acuerdo tácito entre los clientes y los dueños de los bares sobre no bailar cuando estaban presentes miembros de la Policía, el convenio se hacia efectivo cuando se anunciaba la presencia policial por medio de una luz roja, que se encendía sobre la puerta de acceso al bar y en algunos casos se acompañada del sonido de la campana de un timbre parecido en su sonido al de una sirena de ambulancia. En la Revista decidimos que nos haríamos presentes en los bares, bailaríamos en parejas del mismo sexo, justo cuando la Policía se hiciera presente y que ante la posibilidad de ser detenidos nosotros mostraríamos el Código Penal colombiano y demostraríamos que legalmente estábamos en nuestro derecho; y que, en caso de ser detenidos Guillermo Cortés en su función de abogado acudiría en nuestro auxilio.
Durante los viernes y sábados de todos los fines de semana de octubre y noviembre de ese mismo año, realizamos nuestro baile no solo como una acción educativa sino especialmente como un acto político; inicialmente los dueños de los lugares no estaban de acuerdo con nosotros en que hiciéramos nuestra representación en el momento de la presencia policial, pero Plinio, el dueño del “Piscis Bar”, nos apoyó en la idea e incluso nos facilitó los micrófonos para anunciar que bailar no era delito y tampoco lo eran las expresiones afectivas en publico.
En los primeros intentos de realizar el performance solo bailábamos Jaime Galindo y yo, pero algunos amigos se nuestros se fueron uniendo a la marcha que realizábamos por todos los bares del centro de la ciudad hasta que un grupo se amplió a más de 15 parejas, lo que nos permitió dividirnos en dos grupos de trabajo. La colaboración de los dueños y administradores de los lugares fue muy importante porque logramos que no se nos cobrara el ingreso, nos facilitaran los micrófonos e inclusive que nos dieran una bebida cuando les visitábamos para realizar nuestra actuación.
Esta recepción positiva por los dueños y administradores de los lugares era una ganancia obtenida previamente con las actividades de promoción de las reuniones del GELG y posteriormente al visitarlos para realizar la venta y difusión de la revista Ventana Gay. A partir de ese momento no volvieron a presentarse detenciones en los bares, que tuvieran como excusa la homosexualidad y dejó de ser necesario el bombillo rojo y el timbre sobre la puerta de ingreso a los bares.
Aun cuando inicialmente los performances surgieron como una improvisación a partir de una vivencia particular que no se había pensado como una estrategia comunicativa/educativa, al presentar la propuesta al Comité de educación de la revista Ventana Gay, se llevó acabo una reflexión sobre si tendría sentido realizarlos o no y luego de aceptar la propuesta se pasó a escribir un documento que justificara nuestra acción. Al respecto escribí un texto de uso interno denominado “Comunicación alternativa para la movilización de actitudes, conocimientos, prácticas y comportamientos, por medio del uso de Performances como estrategia educativa”, producido con fecha septiembre de 1981, en el que se lee textualmente :
“Tal vez uno de los problemas más preocupantes con los que nos encontramos en el GELG, posteriormente en el MLHC y finalmente en el Proyecto Ventana Gay es que son muy pocos los homosexuales quienes llegan a nuestras acciones educativas directas, así que es necesario plantearnos otras estrategias, partiendo del aprendizaje que ya tenemos sobre la necesidad de participación de los grupos destinatarios para hacer más efectiva la educación.
Saliéndonos del enfoque tradicional de la educación, proponemos centrarnos en un modelo de comunicación alternativa que recupere las bondades de lo participativo, en el que los asistentes desempeñen la doble función de emisores y receptores, con lo que se busca desarrollar en las personas en la calle (ciudadanos de los que no conocemos su orientación sexual) y especialmente en los bares (de quienes sospechamos que en su alta mayoría son homosexuales o lesbianas) su potencialidad como sujetos con la capacidad para pensar y decidir acerca de sus derechos, al motivar en ellos(as) la discusión en grupos naturales.
El punto de partida de nuestra puesta en común por medio de los performances logrará en los asistentes a los bares y los transmutes, como espectadores ocasionales, un proceso de discusión que se centra en su visión del mundo como sujetos políticamente sexuados o sexualmente politizados, tomando en cuenta sus necesidades en cuanto sujetos vulneradores o a los que se les ha vulnerado su derecho a la libre expresión de sus afectos y al ejercicio pleno de su sexualidad. Todo ello con el fin de motivar la toma de decisiones a partir del conocimiento que obtendrán con relación a los cambios en la norma legal en lo pertinente a la homosexualidad contemplada hasta el momento, como delito.
Común-unicar es hacer de uno lo que tiene el otro, en consecuencia toda comunicación es a su vez un compartir significados. No se comparte como un espectador inmóvil e inamovible sino se comparte desde la acción, ya sea esta una respuesta violenta, un acto de complacencia, un signo de probación, un guiño de complicidad; en tal sentido, participar es compartir con el otro acciones, explicaciones y emociones.
La educación es entonces el lugar en el que se construye la red de experiencias, conocimientos y sentimientos. La educación no es posible sin la comunicación, y la comunicación se construye en la red de conversaciones, en la red de los perfomances cotidianos, en la red de la expresión de los sentidos (tanto de la expresión de sentimientos como de la posibilidad de entender o dar razón, en cuanto discierne las cosas y está en posibilidad de hacer la recepción y reconocimiento de sensaciones y estímulos que se producen a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto o el tacto, o la situación de su propio cuerpo por medio de ellos) y del compartir conocimientos por medio de discursos verbales (narrativas), no verbales (gestos, movimientos) y de facto (el hecho mismo, en contraste con el dicho o con lo pensado).
Para nosotros, en el comité de educación en Ventana Gay, es evidente que la comunicación y la educación, aun cuando independientes, están estrechamente ligadas en cuanto que como seres humanos tenemos la necesidad de comunicarse-nos y aprender.
Nuestra experiencia en Heliogábalos nos ha demostrado igualmente, que algunos mensajes entregados oportunamente y con un contenido crítico sobre nuestra cotidianidad transforman la comunicación (en este caso por medio del arte) dado que pueden romper las barreras impuestas por los modelos tradicionales de comunicar y hacer arte, en una acción a la que denominamos “común-unicar-arte”.
Los performances han sido un descubrimiento en nuestro esfuerzo por hacer del “común-unic-arte” una experiencia que nos permite no solo reconocer-nos sino que además en dicho proceso conocemos sobre nosotros mismos y los demás, al mismo tiempo que aprendemos sobre el arte y nuestras propias posibilidades como comunicadores y artistas.
El modelo de “común-unicar-arte” implica dos fases en la estrategia comunicativa: en primera instancia la posibilidad de oír un mensaje y/o la visión del mismo y, posteriormente, la reflexión y discusión.
El performance contempla no sólo un audio en directo y siempre cambiante (que se improvisa en cada lugar al que tenemos acceso) y además una visualización de la actuación consistente en: a. ver a dos hombres caminar por la calle tomados de la mano; b. besarse en un espacio publico; o, c. bailar como pareja conformada por dos personas del mismo sexo en un lugar donde tradicionalmente no estaba permitido hacerlo. Por otra parte, en la comunicación alternativa que usa los performances cada observador igualmente se desempeña como emisor y receptor para convertirse en coautor de los mensajes, al crear-se las condiciones para que entre los presentes comenten sus propias percepciones, rechazos, temores o aceptaciones con relación a lo observado.
Los objetivos de actuar los performances ante estos públicos son: hacer del arte una experiencia comunicativa que posibilite la reflexión sobre la legislación, los derechos y la sexualidad; lograr que los asistentes vivan por sí mismos la posibilidad comunicativa haciéndose participes de la construcción de las obra a partir de sus propias experiencias, emociones y conocimientos; proveer a los participantes información sobre los cambios en la norma, utilizables en la construcción de sí mismo como sujeto de derechos y que además puede ser utilizada para sensibilizar-se como sujeto de una norma que ni siquiera conoce que existe pero que igualmente le afecta; autorizarse a vivir a partir de las posibilidades encontradas en el cambio del Código penal colombiano.
El resultado en los espectadores será eminentemente particular. Cada observador-participante tomara para sí a partir de su sensibilidad, su propia historia y del acercamiento o alejamiento que tiene con los temas tratados. Se movilizan actitudes y reflexiones con respecto a actitudes, comportamientos y prácticas.
Tomarse de la mano con una persona del mismo sexo, besarse en un espacio publica con otro homosexual, bailar con alguien que también es homosexual son además de procesos comunicativos educativos, actos políticos por cuanto desestabilizan al sistema social, transforman la norma cultural y nos expones públicamente como sujetos autodeterminados en su sexualidad, en su cuerpo y en las expresiones afectivo corporales propias de un sujeto homosexual.”
En 1998 realicé el video “Con todas las de la ley” este tiene como imagen de cierre un beso en la boca entre dos hombres (Luis posa y yo), parados en la esquina de la Calle 19 con carrera séptima en la zona centro de Bogotá, como una recordación de nuestro trabajo en torno a nuestros derechos sexuales, iniciado con el performance 17 años antes.
2.10.4.4 Frente educativo
La estrategia educativa planteaba la realización de una serie de talleres con relación a los cambios en el Código Penal colombiano y los efectos que estos tendrían en nuestros derechos y posibilidades como homosexuales, que fueron llevados a cabo por el equipo de trabajo de Ventana Gay. Las acciones de la estrategia educativa realizadas en otros departamentos del país fueron financiadas por los dueños de los bares en las ciudades en las que se ejecutaron, dicha financiación consistió en gastos de transporte, alojamiento en casa de una persona en la ciudad correspondiente, gastos de alimentación y de transporte local. Siendo esta la primera vez en la que recibimos dicha financiación para nuestro trabajo educativo.
Realizamos en el MLHC con el apoyo de la Revista Ventana Gay y de los dueños de bares en Bogotá, Bucaramanga, Medellín y Cali; bajo una misma necesidad se decidió trabajar con dos grupos de objetivos y con sus respectivos procesos educativos. Las acciones se desarrollaron en dos jornadas llevadas a cabo en un fin de semana, trabajando ocho horas el sábado y cuatro horas el domingo, siendo la primera vez en la que se convocó a lesbianas a un proceso de capacitación.
La actividad formativa en Bucaramanga y Cali fue coordinada y ejecutada por Jaime Galindo y Manuel Velandia, en Medellín fue realizada por León Zuleta en colaboración con Ebel Botero y en Bogotá al equipo de Galindo y Velandia se sumaron los abogados Guillermo Cortés y Duque Lemarie.
A continuación transcribo los documentos orientadores de la “Estrategia educativa sobre los cambios en el Código penal colombiano y los efectos que estos tendrán en nuestros derechos y posibilidades como homosexuales ” y sus respectivos talleres:
Necesidades:
Conocer cambios en el Código penal colombiano;
Disminuir agresión policial en Bogotá;
Comprender que la homosexualidad ya no es contemplada como delito;
Integración de lesbianas al MLHC.
Objetivos actividad Nº 1:
Conocer artículos pertinentes del Código penal colombiano.
Reconocerse ciudadano de segunda clase, que por no ser reconocido plenamente en iguales condiciones a las personas heterosexuales no goza plenamente de sus derechos.
Movilizar políticamente a los homosexuales para que exijan el cambio de la norma vigente; asumir que por ser homosexual se es delincuente.
Cambio individual esperado: Asumirse sujeto activo de la norma; asumirse sujeto político con voz ante los hacedores de la norma; reconocer-se en el rol de victima de la norma.
Transformación sociocultural esperada: Los magistrados pueden hacerse voceros de los intereses de los ciudadanos.
Estrategia: Taller de socialización. Actividad lúdica orientada a la reflexión. Publicación de artículos en Revista Ventana Gay.
Facilitadores del proceso Educativo: MLHC/Revista Ventana Gay/Lambda Gay. Guillermo Cortés, Abogado; Duque Lemarie; Abogado; Manuel Velandia, estudiante de sociología.
Duración: ocho horas
Usuarios: miembros y simpatizantes del MLHC; dueños de bares en cada una de las ciudades.
Objetivo actividad Nº 2:
Reconocerse en el nuevo status legal;
Asumirse vulnerable por efecto de la homofobia internalizada;
Movilizar políticamente a los homosexuales para que evidencien su presencia social ante la comunidad y ante la policía; hacerse visibles en espacios políticos de las izquierdas colombianas;
Transformar el imaginario de que los homosexuales son una "lacra social";
Integración de lesbianas al MLHC.
Cambio individual esperado: Asumirse sujeto activo de la norma; asumirse sujeto político y social conocedor de sus derechos; militancia política activa.
Transformación sociocultural esperada: Evidenciar que la norma ha cambiado y los homosexuales no son delincuentes. Participación activa en actividades políticas de los sindicatos;
Estrategia: Talleres de socialización en Bogotá, Cali, Medellín y Bucaramanga. Negociación con dueños y administradores de lugares; Performances en bares en presencia de la policía y en lugares de alta movilidad social en Bogotá; presencia en foros sociales, políticos y educativos; convocatoria y participación de lesbianas.
Facilitadores del proceso Educativo: MLHC/Revista Ventana Gay/Lambda Gay. Guillermo Cortés, Abogado; Ebel Botero, Filósofo; Manuel Velandia, Sociólogo; León Zuleta, Filósofo; Jaime Galindo, Militante gay: miembros del MLHC.
Duración: cuatro horas
Usuarios: miembros del MLHC y simpatizantes; dueños de bares en cada una de las ciudades.
El Instituto Lambda de Colombia se fundó en 1.982, al interior de la Ventana Gay, teniendo como germen a Lamida gay. Fue una asociación a favor de la causa homófila que se distinguió por su producción teórica y cuyas actividades coordinamos conjuntamente con Cortés y Víctor Hugo Duque Lemarie, igualmente profesor universitario, quien ingresó como miembro nuevo al movimiento en este mismo año, y quien igualmente fue nombrado jefe de redacción de Ventana iniciándose así la tercera y penultima etapa de la revista. Lambda se inspiró en una organización similar que el FAGC impulsó en España con el mismo nombre. Armand de Fluviá propició junto con Antoni Mirabet, la fundación del ya clausurado Instituto Lambda de Barcelona, creado en 1976 como proyecto dirigido especialmente al colectivo homosexual necesitado de información y orientación y de un espacio donde relacionare con otros homosexuales y lesbianas. Una asociación hecha para dar lugar al trabajo voluntario de aquellas personas dispuestas a un compromiso con las necesidades de los homosexuales, sin vincularse a ninguna opción política. A Mirabet tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en Montreal en 1989 durante la “V Conferencia Internacional de sida”, él es el autor del libro “Homosexualidad hoy”.
Una vez la homosexualidad dejó de ser delito en Colombia, el trabajo se orientó en grupos de trabajo mucho más pequeños y especializados, siendo más frecuentes reuniones como la de los grupos de apoyo a las parejas homosexuales, coordinados por Cortés y Velandia, y las del Instituto Lambda de Colombia.
Algunas mujeres ingresaron a “Ventana Gay” a partir de las capacitaciones sobre el tema de los aspectos legales de la homosexualidad e hicieron parte del equipo de trabajo, ellas fueron Maria Inés Armenta y Yolanda Clavijo. Ventana Gay ganó en 1982 el premio de la IGA (International Gay Association) a la mejor publicación gay internacional del año.
En un artículo de mi autoría publicado en Revista Semana, en septiembre de 1982 y titulado “Hacia una liberación gay” , se lee textualmente.
S Se admite comúnmente que en la sociedad postindustrial y neocapitalista ha habido un considerable aumento de la libertad sexual, e incluso se ha hablado de una revolución sexual, pero muy en el fondo sabemos que en nuestro medio no se ha dado un verdadero proceso de liberación. Es casi nulo el avance en cuestiones que se separan de la sexualidad oficial.
En Colombia el movimiento de liberación homosexual no ha tenido una historia tan larga como en otros países, pues nacimos pocos años después de lo que se llama la "tercera etapa", aquella marcha del "stonewall", que reunió cerca de 50.000 caminantes en junio de 1968, en la ciudad de Nueva York.
El reconocer como hipótesis ciertamente falsa el que los otros países que van adelante tienen el proceso ideal, nos hizo revisar nuestro trabajo y nos hizo buscar soluciones a nuestras necesidades, partiendo de las condiciones y posibilidades con que contábamos. Al replantearnos estas y otras cuestiones, observamos un problema aún más grave: estábamos perdiendo nuestra materia prima, el intelecto colombiano, o mejor aún, la intelectualidad y capacidad de lucha del gay colombiano. Tratando de salir del subdesarrollo en que nos encontrábamos, se buscó una orientación grupal, y nos decidimos por las propuestas de la antipsiquiatría de inspiración terapéutica radical. Ya en 1976 se dieron algunos pasos con base en la propuesta de "sex-pol", planteada por León Zuleta en el número 8 de "Sexo y Política".
Agustín Cortés, otros militantes y yo decidimos darles a nuestros compañeros gay la posibilidad de liberarse, de salir de la falocrática, heterosexista y homofóbica opresión en que la sociedad nos había venido sumiendo, y creamos el GEL --Grupo de Encuentro por la Liberación de los Gay--. Esto atrajo gente --conscientizada o no-- que se añadió a los grupos de trabajo y a las actividades realizadas. De allí surgió nuestro órgano informativo, la revista "Ventana Gay", que ya cuenta con diez números, y allí se decidió la no integración nuestra a los grupos políticos de izquierda o de derecha, a diferencia de casi todos los grupos y organizaciones homófilas del mundo. Nosotros no estamos integrados a la izquierda oficializada, pues ellos no han replanteado su posición frente a la opción individual del militante, y mucho menos se han replanteado su opción sexual. Ellos en su trabajo insisten en el fenómeno de la necesidad de la producción-consumo y en la alienación económica y material del sujeto en el proceso de producción. Aunque la época de Marx no conoció los adelantos en la psicosexualidad, esto no obsta para que busquemos un punto de entronque alejado de todo determinismo de uno u otro lado. Esta inserción origina una renovación de las categorías concretas -conceptuales- para el análisis de la sociedad a dos niveles: macro y microsocial, lo que redunda en cuestionamientos y creación de objetivos: consolidación de un marco para el análisis y el cuestionamiento político del Establecimiento a todos los niveles de producción, cultura, relaciones, rol sexual, religión, moralidad, educación, economía, etc.
El solo hecho de ser homosexuales nos sitúa ante la ley como individuos que atentan contra la moral pública y las buenas costumbres, ante la iglesia como pecadores. En el trabajo o en la calle no podemos manifestar nuestra afectividad, pues corremos el riesgo de ser señalados. Nosotros tenemos que ocultar nuestra vida privada.
Frente a esta realidad, los gay hemos querido no quedarnos con los brazos cruzados. Desde el siglo pasado se han venido dando reivindicaciones, hemos protestado. Nos hemos hecho solidarios cuando nos enteramos de algún caso. Nuestra lucha se dio y se sigue dando cotidianamente y en forma individual, cada vez que nos autorizamos a besar en la calle, a tomar una mano, ayudamos a alguien a superar su represión y levantamos nuestra voz para defender nuestros derechos.
Porque nuestra lucha es esencialmente ideológica, nuestro trabajo es ideológico. A este nivel realizamos charlas, mesas redondas, reuniones semanales, actividades culturales, fiestas, seminarios. Acudimos a simposios, conferencias relacionadas con la sexualidad. Nuestra voz es oída: respondemos con cartas a los diarios, revistas, programas televisivos y radiales que asumen una u otra postura frente a la gaycidad, buscando ofrecer claridad sobre este tipo de vida. Nosotros buscamos dar respuesta a las inquietudes religiosas, familiares, sociales, educativas, jurídicas, médicas, etc.
Nosotros nos hacemos solidarios en caso de discriminación, represión, violación de derechos, así como pedimos solidaridad a través de micromedios de comunicación.
En la vida cotidiana buscamos nuevas formas de relación entre nosotros mismos y con los demás.
Somos conscientes de una transformación de las estructuras sociales, por lo que no somos meramente una organización reivindicativa, sino un proceso revolucionario en la sociedad de la que hacemos parte.
2.10.4.5 La protesta política, un acto militante
En 1982 desde el MLHC y con el apoyo de “Ventana Gay” planeamos y realizamos el “Primer Encuentro Latinoamericano de organizaciones homosexuales” La sede de este evento internacional fue la de la ADE Asociación Distrital de Educadores, en Bogotá y como culminación de tres días de deliberaciones se llevó a cabo la “Primera Marcha del orgullo gay colombiano”, el miércoles 28 de junio de 1982.
El interés de la Marcha fue destacar la importancia que tenía lograr el cambio del Código de Policía de Bogotá ajustándolo al nuevo Código Penal, mostrar los logros obtenidos a partir del cambio en el Código Penal colombiano y distanciarnos de la idea de que por ser homosexuales éramos guerrilleros o delincuentes.
En esta marcha tan solo hubo unos 30 participantes de Bogotá, algunos caminantes procedían del “Greco” de Medellín, y muy pocos eran nuestros visitantes internacionales; un contingente de 100 policías estuvo rodeándonos desde que iniciamos el desfile hasta que culminó en la Plazoleta de las Nieves, con un acto político discursivo, realizado desde una tarima cedida por el Sindicato de trabajadores de la ETB, Empresa de Teléfonos de Bogotá.
En esa oportunidad León Zuleta y yo, nos dirigimos a los asistentes. No teníamos un discurso preparado, así que ambos improvisamos; León hablo se sexo y política, yo lo hice sobre las razones por las que habíamos marcado nuestras mejillas con un triángulo de color rosa (símbolo con el que marcaban a los homosexuales y objetores de conciencia en los campos de concentración en Alemania) e identificado con el numero de nuestro documento de identidad, también sobre por qué marchábamos enarbolando dos pendones que, igualmente a la estrategia del rostro pintado, yo había ayudado a diseñar, y cuyos textos decían “Ni delincuentes ni antisociales, simplemente homosexuales” y “madre si tu amas a tu hombre, deja que yo ame el mío”.
¿Yo, delincuente? Fue la pregunta que durante la preparación de la marcha, se hicieron y respondieron algunos de los treinta participantes que se atrevieron a dar públicamente la cara. Claro que si lo éramos y lo habíamos sido según el Código Penal colombiano del 36. Por ser delincuentes, nos había detenido en varias oportunidades la Policía, escudados en el Código de Policía de Bogotá; por ser delincuentes, según el Estatuto Docente, se nos podía excluir de nuestra actividad como maestros; por serlo, algunas personas estuvieron encarceladas y otras se cortaron sus brazos para no estarlo; pero además, así nos veían nuestros padres y madres que afirmaban coloquialmente algo que aun muchos padres y madres siguen afirmando “Prefiero un hijo delincuente, que un hijo homosexual”
Las fuerzas militares, durante mucho tiempo, nos habían identificado a los homosexuales con la guerrilla, pues era “vox populi” que en la cúpula del Ejercito de Liberación Nacional ELN había homosexuales. Por esa misma razón en la Primera Marcha uno de los pasacalles que hicimos y portábamos, afirmaba “Ni delincuentes ni antisociales, simplemente homosexuales”.
También se nos identificaba, y se sigue haciendo, con la “izquierda política”, con “ser comunistas” y la izquierda a su vez nos identificaba como “escoria política”. Para otros éramos la “degeneración de la especie”. Desde que Oswald Spengler escribiera “La decadencia de Occidente” somos entendidos, por algunos, como la causa de la disminución de la población en las curvas demográficas, y origen y resultado de la “corrupción espiritual”; ya que, empatando las ideas, para muchos “lideres espirituales cristianos”, se es causa de la corrupción espiritual porque se pertenecer a la izquierda o simplemente se es comunista.
Con relación a la marcha se publicaron artículos en los principales medios masivos de comunicación colombianos y Revista Semana dedicó varias páginas al tema . La estrategia que con los jóvenes y desde “Ventana Gay” habíamos planteado con posterioridad al Encuentro Latinoamericano fue tomar espacios en los sindicatos y en los grupos universitarios, y permear con nuestro discurso a los sindicalistas; así lo hicimos durante cinco años, incluso algunos de los miembros marchamos cada primero de mayo, entre 1.984 y 1.986 como “contingente de trabajadores homosexuales”.
Respecto a los cambios en el Movimiento homosexual, dice la Revista Semana “Un grupo de jóvenes intelectuales se dio a la tarea de editar la revista Carreta Libertaria, una de las primeras publicaciones que reflejaban este fenómeno y cuyo núcleo promovió posteriormente el surgimiento de movimientos como el Feminista Radical y otros del mismo tipo”.
En mayo de 1.983 Ventana Gay inició su cuarta y ultima fase con un ensayo de trabajo con otras formas organizativas, fundamentadas en el anarquismo y con dirección no autocrática. En el mismo año y con la misma filosofía surgieron la Agrupación Cóndor y su medio de comunicación “Hoja Gay Libertaria”. Los jóvenes se organizaron en el Colectivo Orgullo Gay, CORG un proyecto político anarquista.
Con dicho ensayo, a finales de 1.984 se acabó la revista Ventana Gay, que hasta el momento sigue siendo la revista con temática homosexual, de mayor permanencia en Colombia: 20 números y cuatro años continuos de trabajo. Ventana Gay circuló internacionalmente desde su número uno, ya que pensamos que era la mejor oportunidad de tener un instrumento de intercambio con las demás organizaciones gay del mundo.
La diversidad de posturas al interior del Movimiento homosexual colombiano, fue una permanente constante, que movilizó un gran desarrollo conceptual. Al respecto, la Revista Semana, al hacer en 1986 un recuento sobre la historia del movimiento homosexual colombiano, afirmó en sus páginas:
“En forma paralela al desarrollo de los movimientos urbanos de izquierda y de su lenguaje libertario importado de Francia y de sus legendarias jornadas de mayo de 1968, surgió la consigna entre los homosexuales colombianos de "salir de los closets". Nacieron entonces toda suerte de movimientos liberacionistas que pretendían otorgarle un carácter militante a la condición del homosexual.”
Un recuento posterior sobre la historia del movimiento fue escrito por mí, en 1999, con el titulo Historia de las organizaciones de minorías sexuales en Colombia: una historia de primera mano.
2.10.5 Sacar la cara por esa ventana, que son los medios
La primera marcha del orgullo gay me dio la posibilidad de realizar la segunda nota de televisión; fue la oportunidad más grande que se me haya dado para aprender sobre el poder que ejercen los medios de comunicación y la razón que me motivo a interesarme en trabajar en ellos.
En esta ocasión pude darme cuenta que los medios pueden utilizar a los entrevistados y lo dicho por ellos, en este caso a los homosexuales, para al editar las notas y artículos poner a sus fuentes a decir lo que el medio desea informar a pesar de lo que los entrevistados hayan dicho. Ilustro la anterior afirmación con un ejemplo: el periodista que en esa ocasión me entrevistaba, me preguntó ¿Cuántos homosexuales hay en Colombia? Yo le respondí “El cincuenta por ciento o más de los hombres (hice un corte en el texto y bajé el tono de la voz); luego seguí diciendo, “han tenido por lo menos una relación sexual con otro hombre”. Al ver la nota en la televisión me sorprendí porque habían editado mi respuesta justo en el corte que yo había hecho y tan solo salió al aire esa primera parte de la respuesta. No fui el único sorprendido, pues varias personas me recriminaron por haber dado “esa declaración” y por haberme inventado una cifra, tan poco real. Fue evidente que lo que se vio era mi imagen y lo que se oía era mi voz, y que por tanto, yo lo había dicho, así no fuera dicho de la forma como se hizo publico.
Aprendí el valor que tiene la puntuación en aquello que comunicamos; la necesidad de dar respuestas concretas, acordes con el tiempo que el medio espera utilizar en la noticia que con nosotros como fuente se produce; tomé conciencia de que cuatro segundos de silencio entre una parte de la respuesta y la siguiente, es el tiempo necesario requerido por un editor para cortar la respuesta cuando esta le parece demasiado larga o repetitiva.
Luego, hablando con periodistas que me fueron entrevistando a lo largo del tiempo, además fui asimilando otros conocimientos. Se debe responder usando la respuesta, porque de lo contrario la contestación se puede utilizar en un contexto y tema diferente al original; sin importar lo que el periodista pregunte, en especial si se está en directo (en la televisión o en la radio), se puede acomodar la respuesta como entrevistado para informar lo que se desea comunicar; los periodistas pueden ser excelentes aliados si logran comprender y asumir la importancia de lo que deseamos comunicar, de ahí que debe hacérselos sensibles al tema; los medios requieren de las fuentes pero estas pueden ser en muchos casos, tantas y tan variadas, que no somos indispensables, de ello se desprende que hay que estar disponible, pero no por ello hacerles las cosas tan fáciles como para suponer que pueden contar con uno, en cualquier momento o cuando ellos decidan.
Estos aprendizajes los utilicé desde cuando los asimilé en todas las entrevistas, posteriormente en mis propios programas de televisión y de radio, como también en los procesos de capacitación que en varias oportunidades hicimos para la formación de lideres LGBT, a quienes educábamos porque como parte del proceso se convertían en fuentes que debían comunicar a los medios con relación a las actividades que realizábamos como organizaciones gay, tales como promocionar las marchas del orgullo gay y las acciones y actividades de sus respectivas organizaciones de base.
La primera nota de TV con Fernández Gómez me permitió conocer a los periodistas Maria Luisa Mejía (Jefe de redacción) y Jairo Alberto Marín, quienes laboraban en el Noticiero de las 7; con ellos hice varias notas relacionadas con el movimiento homosexual en Colombia y sobre el sida. Fui amigo de Maria Luisa hasta su muerte y sigo siendo amigo de Marín.
Marín, quien es homosexual, posteriormente se trasladó a vivir a los Estados Unidos de Norteamérica, para trabajar con una importante cadena de televisión. En ese país publicó una serie de artículos sobre nuestro movimiento, muy especialmente relacionados con el tema de la “limpieza social” de homosexuales. Marín tenía un interés personal en el tema, dado que su hermano murió asesinado por miembros de la policía, en Villavicencio. Al respecto cito textualmente una parte del documento denominado “Movimiento gay en Colombia: una historia” .
En 1985 en Villavicencio se inicia en Colombia una serie de asesinatos a hombres homosexuales, siendo una de las primeras víctimas Guillermo Marín. Algunos de ellos fueron asesinados por el hecho de serlo, a otros se les “condenó” por ser travestíes o por estar vinculados a la prostitución. Jairo Alberto Marín un reconocido periodista colombiano residente en los Estados Unidos fue el primero en hacer eco en ese país de las denuncias que varios organismos de derechos humanos en Colombia hicieron ante organismos nacionales e internacionales sobre la muerte y tortura de más de 740 hombres homosexuales, entre 1985 y 1.992, en Bucaramanga, Villavicencio, Cali, Medellín, Manizales y Bogotá, por organizaciones tales como La Mano Negra, Muerte a Homosexuales, Amor A Medellín, limpieza de Cali, Escuadrón de Limpieza Social.
Los artículos de Marín, los testimonios de El Grupo de Ambiente y de Velandia quien fuera varias veces amenazado de muerte a causa de su militancia (quienes lograron documentar 328 casos de asesinatos ocurridos entre 1.986 y 1.990), aparecieron en Revistas como Los Angeles Times, The Advocate, Action Alert de IGLHRC, en los informes de la BBC y Amnistía Internacional entre otras. León Zuleta es tal vez el más reconocido de los asesinados por sus acciones en derechos Humanos de las minorías sexuales en Colombia. Sin embargo, la violencia contra los homosexuales en Colombia también es ejercida desde otros ámbitos, por ejemplo, en 1.989 el Ministerio de Salud por Intermedio del Jefe del Programa de Epidemiología le exigió a la ONG Grupo de Ayuda e Información GAI que cambiara su nombre si quería aceptar el presupuesto por ellos ofrecido para sus programas de Sida, porque “eso” sonaba a gay y podría ser identificado como que el Ministerio apoyaba a los homosexuales, tal vez olvidando que fue un homosexual: Velandia, quien inició 6 años antes (1983) los programas de prevención de Sida en el país.
Con la directora de cine Margarita Carrillo trabajé en la producción del video “Un vuelo de vida” para el Ministerio de salud, sobre la vida con sida de Gabriel Calvo Massie, el libreto fue de Ignacio Zuleta y la locución de Constanza Vieira. Dos años después la acompañé en la producción de “Todo va enlazado” realizado para la Defensoría del Pueblo: el video muestra la diversidad sexual a partir de la explicación de la biodiversidad del planeta. El guión del mismo fue elaborado por la periodista Constanza Vieira. En el video aparecen personas homosexuales en diversas formas de producción, una de ellas es una lesbiana habitante de la calle y recicladota, otro personaje es una transvesti “marica carolina quien se mueve en el mundo de la moda y la belleza; un homosexual que trabaja y es miembro de una asociación de impedidos mentales; un homosexual que es policía y un homosexual que es un maestro universitario, que soy yo, pero igualmente aparecen muchas otras personas que no son homosexuales pero si hacen parte de las minorías del país, como las étnicas y las religiosas.
Pareciera ser que el interés sobre el tema de la homosexualidad fuera exclusivamente de periodistas mujeres y de hombres homosexuales, ya que siempre han sido ellos y ellas quienes en su mayoría me han entrevistado, excepto cuando las entrevistas fueron sobre temas políticos, ya que estos temas generalmente son cubiertos por hombres, en Colombia.
Mi experiencia con las mujeres periodistas, es que ellas comprenden mucho mejor lo que nos sucede a los homosexuales, muy especialmente si son feministas; en muchos casos ellas se hacen amigas y cómplices, y que dicha complicidad parece estar relacionada con el hecho de que ellas como mujeres también han estado discriminadas y tienen una mayor conciencia de la significancia que tienen los diverso tipos de violencia ejercidas contra las minorías. Las mujeres, al igual que los homosexuales, también son minimizadas, estigmatizadas, excluidas, y muchas veces maltratadas verbal, emocional y físicamente.
Diría que también tiene que ver con que el objeto de su deseo lo mismo que para nosotros son igualmente hombres y que además, comparten con nosotros ciertos gustos que las hacen cercanas a nuestra cotidianidad. A ello habría que sumar que en nuestro país quienes mas se mueven en la estética femenina son homosexuales y que ellas tienen muchos amigos quienes son personas laborando en este ramo productivo.
2.10.5.1 Por- no-grafía
Grafía significa 'descripción', 'tratado', 'escritura' o 'representación gráfica. Por no grafiar, mejor dicho, por no escribir nuestras experiencias, los homosexuales hemos perdido parte de la historia, y cuando ésta no se escribe y asume, no es posible trascenderla. Durante muchos años nuestra palabra se quedó en el discurso de la oralidad, expresado en voz baja y a puerta cerrada, en la sala de un apartamento o en la silla trasera de un transporte publico.
En la medida que los homosexuales, posteriormente las lesbianas y mas recientemente las trans, nos dimos cuenta que uno de nuestros derechos es la Libertad de expresión, y lo asumimos, fuimos tomado conciencia de la importancia de construir estrategias comunicativas.
Yo decidí escribir porque generalmente otros lo hacían por mí, escribían lo que les provocaba a cerca de nuestras vidas, derechos, participación social como homosexuales, e ilustraban sus textos con las imágenes que deseaban, casi siempre expresando contenidos homofóbicos.
"Comunicar requiere prudencia. Disentir acerca de lo que alguien hace o deja de hacer en su intimidad no es tarea de los periodistas" La violencia infringida por la… (periodista) merece un análisis más profundo que la respetuosa nota publicada por ustedes en la sección ‘Enfoque’ bajo el título ‘Afrenta’, en la edición 996 de junio 4.
Lo que cada uno de nosotros decide ser o vivir es una cuestión eminentemente particular, hace parte de su autodeterminación y corresponde al libre desarrollo de la personalidad, es además un derecho fundamental explícito en nuestra Carta Política. La Constitución nos da los lineamientos del deber ser, y éste como lo afirma la Corte Constitucional debería ser el origen de la costumbre, de la ‘buena’ costumbre, entendida como la repetición constante y uniforme de actos por parte de la sociedad, además con sentido de obligatoriedad de actuar de determinado modo y no de otro, la ob-ligatio (ligado alrededor de), es un vínculo que nos une en el proceso de intercambio social, que nos debe llevar a reconocer y respetar a los demás partiendo del hecho de que los seres humanos somos idénticos en lo esencial y diversos en lo existencial
Utilizar lo que alguien hace en su intimidad con la persona que ama es interés de ellos y de nadie más. La (periodista)… una vez más, ha caído en el juego de considerar que informar es aprovecharse de la vida de los demás y transformar en “noticia” aquello que por principios y siguiendo la Constitución de este país debería evitar publicar. .
Inicialmente, se nos empezó a tener en cuenta como fuente en los programas de opinión de los diversos medios de comunicación, En Colombia, el pionero en tratar el tema de la sexualidad en la televisión fue el periodista Elkin Mesa, con “Hablemos de sexo”, un programa realizado a mediados de los 70.
La primera publicación hecha por homosexuales en Colombia fue la “Ventana Gay”, de ella se publicaron 23 ediciones y salio a la luz publica en 1980. Después se nos dio la posibilidad de escribir en medios masivos de comunicación. El primer artículo solicitado a una persona homosexual en Colombia apareció en el Nº 16 de Revista Semana, el 09/20/1982, se tituló “Hacia una liberación gay” , fue escrito por mi.
Hace algo mas de 20 años (03/10/1986), en el Nº 197 de la misma revista, respondiendo a la pregunta ¿Qué circunstancias y factores permitieron que la homosexualidad adquiriera carta de ciudadanía en el país? elaboró el primer informe sobre el tema a nivel nacional: “Colombia gay” .
La radio también creo su propio nicho para hablar de la sexualidad, Martha Lucia Palacio, psicóloga y sexóloga, produjo durante más de 10 años el programa “Hablemos de sexo”, un producto con un alto grado de sintonía que se escuchaba en todo el país, cada día, durante una emisión de una hora, al inicio de la tarde, de lunes a viernes. Al hacerme miembro titular de la SCS, fui un invitado permanente a este programa, en el que aparecía mínimo una vez al mes para hablar de homosexualidad y del tema del sida.
El programa tenía la particularidad de llegar a la franja familiar y a los estratos socioeconómicos bajo y medio. Asistí al mismo durante casi ocho años continuos. La importancia radicaba en que el programa utilizando un lenguaje muy sencillo y respondía a las dudas de la audiencia, expresadas por medio del teléfono o de cartas a la directora.
Un grupo grande de homosexuales y lesbianas, y uno mas reducido de trans y bisexuales aprovechaban la posibilidad de la doble línea para consultarnos sobre sus problemas sexuales particulares. Por medio de nuestro programa se ofertaba la línea telefónica 3101010, que a partir de 1989 y hasta diciembre de 2006 funcionó en mi residencia y en la que yo respondía, día y noche, cuando era necesario, a las preguntas de las personas que de todo el país e incluso del exterior consultaban. Por medio de esta línea, igualmente las personas se comunicaban para solicitar citas personales de apoyo, siendo mis áreas principales de trabajo la construcción de la identidad de orientación sexual y el temor a vivir con el sida.
La relación entre sida y homosexualidad se expuso por primera vez en 1986, en la TV colombiana, bajo la coordinación del periodista de Televisión y escritor Germán Castro Caicedo, en un programa llamado “Enviado especial” producido por RTI Televisión, castro fue ganador de varios premios de periodismo y su programa de TV gozaba de una alta sintonía en el país. Al respecto de dicho programa yo expongo:
En Septiembre de 1985, el Médico Infectólogo Guillermo Prada se encuentra con Velandia y le solicita participar en la consecución de 400 hombres homosexuales a quienes se les realizó una prueba de ELISA, prueba presuntiva para el diagnóstico del VIH, y así poder conocer el estado de la situación en esta población. La investigación reveló que el 12% de los hombres analizados estaba infectado, entre ellos “Rafico”, quien en el momento en que se obtiene su diagnóstico se encuentra hospitalizado a causa del Síndrome en la Clínica Santa Isabel de Bogotá, entidad que al conocer el diagnóstico saca al paciente de sus instalaciones hacia la calle y posteriormente, incinera todo el equipo utilizado en su asistencia.
Fue “Rafico” la primera persona interesada en hacer un programa de Televisión para hablar testimonialmente de su situación. Su testimonio se grabó y presentó, en Septiembre de 1986, por Germán Castro Caicedo, en el programa de emisión semanal “Enviado Especial”, siendo igualmente esta la primera oportunidad en que Castro y Velandia son amenazados de muerte y se les “solicita” no emitir la segunda parte de esta Grabación.
En 1989 le propuse a la periodista Alexandra Uribe, directora del Programa Enfoque que emitía RCN Televisión, realizar una emisión en la que habláramos sobre la importancia del uso del condón. Con imágenes explicitas en las que yo ponía un condón sobre un pene de látex cuya vista era muy natural, se abordó por primera vez y de manera directa el tema de la prevención del sida y las enfermedades de transmisión sexual en Colombia.
Con Alexandra hicimos el programa de TV, el “Show del corazón”, un talk show de una hora de duración que se transmitía en RCN Televisión los sábados en la noche, en horario triple “A”, después del noticiero. En este programa fui guionista, periodista callejero y presentador de un segmento. Fue esta mi primera experiencia de televisión ya no como entrevistado sino como persona trabajando en el medio; con Alexandra aprendí a manejar todas las funciones e intríngulis de la producción de un programa, experiencia que me sirvió para después, y con ella misma, trabajar en la producción de 40 mini-programas de TV, que a su vez eran anuncios institucionales para la televisión comercial, sobre derechos humanos realizados para la Defensoría del Pueblo en Colombia, de los que yo hice la investigación periodística. Uno de los programas tuvo una gran recordación de la audiencia pues mostraba la historia de una transvesti trabajadora sexual, quien relataba con su propia voz, cómo en la búsqueda de la protección a sus derechos, había acudido a la Defensoría y había sido atendida sin ninguna discriminación a causa de su identidad, su vestido o su actividad laboral.
Llegamos a la Internet muy rápidamente; iniciamos nuestra presencia con artículos ocasionales, luego semanales, posteriormente construimos nuestras páginas personales y acto seguido las de nuestras organizaciones, ahora además escribimos blogs tanto personales como en revistas comerciales.
La primera de las páginas de opinión gay para población LGBT se creó en Colombia a finales de 1999 y se llamó elcloset.com; tuve la oportunidad de publicar en ella, durante más de un año, una columna semanal; siendo la primera vez que se me pagaba en Colombia por ello. Al respecto dice Revista Semana, “el actual viceministro de Minas Manuel Maiguashca, quien a comienzos de 2000 lanzó Mequedo.com, un sitio de contenidos para jóvenes, y Elcloset.com, dirigido a la comunidad gay… él y sus socios lograron "estirar" por unos meses los 600.000 dólares con que arrancaron, pronto quedó claro que no les alcanzaba. "Teníamos que competir con portales que ya se habían consolidado y no teníamos ni la plata ni la infraestructura tecnológica para hacerlo", dice el viceministro”.
Luego se publicaron las páginas de salud, política y noticias hechas por gay, siendo las pioneras en este campo, la de la Liga colombiana de lucha contra el sida y la del Movimiento de solidaridad comunitaria, que promovía mi candidatura a la Cámara por Bogotá, en el 2001.
De los medios escritos privados saltamos al mundo de la política y pasamos a ser los entrevistados y participantes en los grandes debates nacionales. Nuevamente Revista Semana fue el primer medio en solicitar artículos para ser publicados en la Web, el primero de ellos se titulé “Política Sexual en Colombia” y salio a la luz publica el 09/03/2001 en la edición Nº 1005, en la sección denominada “Opinión on line” .
Dejémonos de maricadas publicado en semana.com, fue el primer blog homosexual en Colombia. Se publicó por primera vez el 11/10/2006 y el comentario se tituló “Salir o no salir: esa es la cuestión”. Luego el periódico El Tiempo abrió en su página Web posibilidades a bloguers homosexuales y lesbianas.
“Romper el silencio” fue un blog publicado al cumplir un año de artículos semanales, en al Revista Semana , en el yo afirmé:
“No siempre trascender el círculo del silencio es un acto agradable para quien decide vivirlo. En quienes hemos decidido romper con la “no-grafía”, recae el peso de la opinión sexista y LGTBfóbica, y se nos hace blanco de los estragos de la mal entendida opinión pública. Sigue siendo frecuente en nuestra vida cotidiana que los cristianos y otros grupos de derecha, incluyendo a los paramilitares, nos obliguen al desplazamiento forzado, nos amenacen de muerte e incluso que atenten contra nuestras vidas.
Cuando escribimos, los ataques de estos grupos y personas son bajos y viscerales; pareciera ser que en general, no se toman la molestia de entender los contenidos, sino que tan sólo están interesados es restregarnos los textos bíblicos, como si no los conociéramos.
Se esfuerzan en atacarnos desde cualquier flanco, por ejemplo se nos acusa de vulneradores sexuales de niños, así sea conocido que los informes de Medicina legal demuestren que no somos nosotros sino los heterosexuales los agresores frecuentes, y que justo son sus familiares cercanos y padrastros quienes mas les agreden. Los ataques se escriben así el tema ni siquiera exponga tangencialmente dicho aspecto, porque el objetivo no es debatir ni construir, sino violentar y destruir.
Suelen no opinar cuando son los jerarcas y pastores de las diferentes iglesias quienes abuzan de los niños, niñas y adolescentes. Esto es entendible porque no hay un discurso que apoye dicha situación, pero tampoco poseen la decencia conceptual y política para atacar a sus propios dirigentes. Lo hacen porque les es imposible permitirse revisar sus propias experiencias vitales y prefieren ver la paja en el ojo ajeno.
El respecto, la tolerancia, la apertura mental no caben como alternativa de construcción y de-construcción en aquellos para quienes su propia ceguera les es imposible comprender que la solidaridad y el respeto no están por encima de nuestras propias creencias, sino que son la base de la convivencia democrática, la cual asumo necesaria e importante para alcanzar la paz en nuestro país.
Por qué escribir
Escribo porque necesito hacerlo, porque es un acto político decir lo que pienso, porque ni siquiera las amenazas de muerte o un atentado contra mi vida son razones suficientes para dejar de pensar y expresar las ideas.
Porque espero que aun después de fallecido alguien tenga acceso a mis escritos y encuentre en ellos una voz de aliento que le ayude a convencerse de que tiene derecho a ser lo que desee ser; y que, sin importar quienes y cuanto le contradigan, tiene el derecho a opinar, sentir y vivir lo que ha decidido para su propia existencia.
Porque no podemos permitirnos callar, porque se hace necesario denunciar, porque es mejor morir feliz que oculto en un closet y porque de nada sirve pensar si nadie conoce nuestros pensamientos.
Opino porque el mundo avanza en la contradicción, incluso en aquella tan violenta y agresiva como la que puede encontrarse en los comentarios de algunos de los lectores que me leen en los medios o en la Internet y en especial, porque de ellos también aprendo a ser más respetuoso y tolerante con aquellos que consideran que la única verdad posible es la suya.
En últimas, escribo porque no me molesta que otros expresen sus ideas; moriría porque pudieran hacerlo. Porque tengo claro que la democracia es el camino hacia un mundo en el que todos podamos ser, sin distingos de etnia, orientación sexual, género, pensamiento político o credo”.
2.10.6 Discurso marica
Generalmente los hombres que asistían a las reuniones del GELG durante el desarrollo de las diferentes actividades, asumían conductas amaneradamente femeninas pero al tomar la palabra y dirigirse a los demás asistentes asumían comportamientos masculinos.
Desde un sentido político de reivindicación de la “pluma” (amaneramientos femeninos en el comportamiento) yo opté por hablar de manera amaneradamente femenina en el transcurso de todas las reuniones, a ello sumé hablar de mis experiencias anales como una opción placentera y una manera no machista y falocrática de relacionarme con otros hombres y además recalcar las ideas con amaneramientos corporales igualmente entendidos como femeninos.
Este “discurso marica” permitió que algunos de los asistentes se sintieran mas cómodos consigo mismos y que su participación se hiciera más efectiva pero a su vez produjo una gran tensión al interior de la coordinación del GELG porque muchos de los asistentes asumieron lo mío como una broma y no como una expresión discursiva y política de la sexualidad y en consecuencia resulte siendo la única persona expulsada del movimiento en toda la historia del GELG.
Como protesta a dicho rechazo escribí un cartel que decía “ser marica es cosa seria, es cuestión de hombres” el cual exhibía estando parado junto a la puerta del lugar de reunión y presentándome con la boca tapada con una esparadrapo. A la tercera semana de realizar consecutivamente mi acto de protesta se vieron obligados a hacerme ingresar a la reunión, oír mi postura, discutir la situación y aceptarme nuevamente como miembro del GELG.
Texto que hace parte del escrito por mí con motivo del día Gay Internacional en 1.979 , bajo el titulo “Liberación, liberación ¿Para qué?”. Reproducido por tercera vez en el 2006, con motivo de la marcha gay, adicionado el comentario: Algo claro me queda después de esta reflexión: la lucha se ha estancado y por eso, 26 años después, las necesidades siguen siendo similares.
Tan solo nos hace "diferentes" el hecho de ser Gay
Frente a esta realidad que nos reprime los gay no podemos quedarnos atrás. Desde hace muchos años (1.892, en Alemania) y de muchas maneras diferentes -como la primera marcha gay de América, organizada el 28 de junio de 1.969, luego de una redada, en el Stonewall Inn de New York- venimos luchando por nuestras reivindicaciones; en un principio lo hicimos - individualmente, luego nos ampliamos a nuestro circulo de amigos, posteriormente nos fue uniendo esta lucha a otros grupos. Esto nos demostró que no estábamos solos, nos dio el orgullo y la conciencia de pertenecer al movimiento gay.
Será que nuestras luchas no han hecho mella, que nos hemos conformado con asistir a eventos y expresar discursos pero en el fondo seguimos siendo sexistas y homofóbicos con los demás homosexuales.
Debemos darnos cuenta que no es suficiente con que se nos "tolerara”; hay que hacer algo, un trabajo más profundo...
Las transformaciones en la visión social con respecto a las homosexualidades y los cambios de los homosexuales y lesbianas no se logran centrando nuestros esfuerzos en la discusión sobre el color una bomba o una camiseta para un carnaval, no se alcanzan tras una máscara de maquillaje escondiendo nuestra identidad. Salir a marchar este domingo, más que un acto festivo debería ser un acto político. De nada sirve que cambien las normas o tomarse la vida pública por unas horas si no nos hemos tomado nuestras propias vidas y reivindicado nuestros derechos en todos los espacios de nuestra convivencia social y en nuestra propia intimidad.
Al tiempo en que se consolidaba el MLHC, en 1979, yo fui asumiendo más políticamente mi orientación sexual, en ello mi familia jugó un papel determinante. Mi primera experiencia de TV, fue en el Noticiero de las 7; en esa misma oportunidad coincidencialmente mi madre y dos de mis hermanas estaban viendo la televisión y se enteraron por este medio de que yo era homosexual; dadas las condiciones en que hizo la nota yo no tuve oportunidad de preparar a mi familia al respecto. Mi madre preguntó por qué yo salía en la TV hablando de “eso” y mi hermana Luisa le respondió que muy seguramente porque en casa nos habían preparado para defender aquello en lo que creíamos.
La actitud de Luisa sobre el tema gay era mucho mas abierta que las de otros miembros del partido comunista en Colombia, no creo que porque yo fuera su hermano sino porque su formación profesional y tanto su estancia de estudios en la Unión Soviética como sus paseos por Europa le permitieron conocer de primera mano las discusiones y los desarrollos de los marxistas europeos que le posibilitaron cierta apertura mental.
Dos años antes ella me había traído de regalo fotos de la primera marcha española de homosexuales, tomadas en su cámara fotográfica el 26 de junio de 1977, fecha en al que el FAGC organizó una manifestación pacífica en Barcelona. Fue la Primera marcha gay en España y a ella asistieron más de 5.000 personas entre homosexuales y simpatizantes, dijeron los medios de comunicación. La manifestación fue disuelta con dureza por las fuerzas de orden público con saldo de algunos heridos y detenciones, especialmente en la población de transvestis y transexuales, quienes encabezaban la marcha.
Coincidencialmente ese día mi hermana Luisa se encontraba en Barcelona, de paso en su viaje a Bogotá, estando de vacaciones dentro de sus estudios de Doctorado en San Petersburgo, y tomó unas fotos de la marcha que me llevó de regalo. Luisa nunca había hablado conmigo sobre el tema pero era evidente que suponía que yo era homosexual y aun cuando directamente no me habló del tema homosexual al entregarme las fotografías me dijo que las había tomado porque creía que eran de mi interés como sociólogo y como persona.
Mi madre no me hizo a mí, ni a mis hermanos, ningún comentario posterior al respecto pero por presión de otros miembros de la familia Luisa debió conseguir una cita en la unidad de salud mental del Hospital San Juan de Dios, para que atendieran allí mi homosexualidad. Yo fui a la consulta acompañado de mi hermana y ella me esperó un largo rato afuera. Ella, que era docente de la facultad de enfermería de la Universidad Nacional entidad a la que pertenecía el personal medico docente del hospital, habló sobre mi “condición”-como se le decía en ese momento- con el médico tratante-, luego de que yo salí de la consulta, y según ella misma me informó y luego a la familia, éste le dijo: él no tiene ningún problema, los que necesitan consulta son ustedes.
Luisa conversó con la familia sobre el tema y de la situación no se volvió a hablar hasta unos años después cuando otra hermana, Myriam, al enterarse que yo, que vivía con mi madre, había llevado vivir con nosotros a mi pareja. Me dijo que buscara apoyo emocional, a lo que yo le respondí que la homosexualidad no era una enfermedad que necesitara tratamiento, pero que la homofobia si; que mejor se gastara el dinero, que me ofrecía para viajar a los Estados Unidos de Norteamérica a “curarme”, en un tratamiento para ella misma. De esta afirmación me arrepentí inmediatamente la dije, pero no porque asumiera la posibilidad de la cura, sino porque pensé que había perdido la oportunidad de viajar a los Estados Unidos y conocer las organizaciones gay de ese país. Fue la primera vez que asumí, al interior de mi propia familia, una conducta política sexual explícita y de auto-aceptación, consecuente con mi manera de pensar.
Dos años después de la anterior situación, en 1986, Myriam me propuso ser socio de una propiedad familiar. Siguiendo en esa misma tónica, yo no acepté y expresé que me sentía en desventaja al no poder heredar mi parte a mi pareja, no sólo porque legalmente no era posible en el país, sino, especialmente, porque se pedía que en la escritura de la propiedad quedara escrito que hasta fallecer los propietarios y sólo a partir de la tercera generación de hijos de los socios iniciales, éstos estarían en derecho a vender la propiedad, pero además, porque yo no tenía ni pensaba tener hijos.
Aprovechando lo ya dicho, sumé mi protesta son relación a que en la finca familiar se realizaban muchas actividades a las que yo muy frecuentemente no asistía, y que tampoco me hacia presente en aquellas reuniones sociales en las que todos se reunían en Bogotá, como por ejemplo, durante la navidad, porque no se hacía una invitación formal a mi pareja y que, a partir de ese momento, no volvería a hacerme presente en ningún acontecimiento de los que tradicionalmente la familia celebraba en conjunto. A partir de ese momento siempre recibí de mi familia invitaciones en las que aparecían tanto mi nombre como el de mi pareja.
2.10.6.1 La inmunodeficiencia relacionada con los gay
En 1983 yo había decidido dedicarme más al trabajo en prevención del sida que a la homosexualidad, sin embargo, sucedía que los medios de comunicación cuando requerían a alguien que hablara sobre homosexualidad me llaman a mí, que en ese momento era el único colombiano que hablaba públicamente y en los medios sobre la homosexualidad. Esto me obligó a seguir trabajando en ambos temas pero insistiendo en separarlo del sida.
En Septiembre de 2002, Médicas UIS, Revista de los estudiantes de medicina de la Universidad Industrial de Santander me solicitó un artículo para ser publicado con motivo de los 20 años del sida. El artículo lo titulé “Una visión del sida a partir de 19 años de prevención en Colombia: éxitos y fracasos” En el resumen del mismo se lee:
“(…) una visión global de la historia del sida en Colombia, vista de modo impersonal y de manera crítica por el autor, un protagonista de la misma. Presenta en diferentes apartes un estudio histórico-crítico del avance de la epidemia vista desde un análisis epidemiológico, un relato de los primeros casos del sida en nuestro país; igualmente, analiza la relación sida - homosexualidad; cuenta sobre la conformación de las primeras organizaciones trabajando en sida en Colombia, y remata explorando sobre el tema de los derechos humanos de quienes viven con el VIH o con el sida, haciendo énfasis en el acceso a tratamiento integral, temas vistos a la luz de la legislación sobre el sida y la Constitución Política del país”.
Para ilustrar la relación de la que se habla en el resumen, transcribo a continuación algunos partes de dicho escrito :
“(…) En 1982, la Enfermera Esperanza de Monterroso, Profesora de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UN), sede Bogotá, implementó una investigación sobre la Presencia de ETS en Población General, en esta misma ciudad. Monterroso invitó a Velandia para que, en calidad de Sociólogo y Filósofo, hiciera parte del equipo interdisciplinario de apoyo a la investigación. Velandia, a partir de su experiencia como fundador en 1977 del Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia (MLHC) sugirió que se cubriera la población homosexual como un segmento importante de la población general, propuesta que luego de algunas discusiones y a pesar de la negativa del representante del Programa de Epidemiología del Ministerio de Salud, Doctor Manuel Guillermo Gacharná, fue aceptada.
En el transcurso de los acercamientos a dicha población, Velandia se sorprendió por lo observado, en especial por cuatro situaciones: primero, las actitudes de algunos miembros del Equipo de Salud, en especial de hombres entre los 35 y los 50 años, profesionales de la medicina, quienes se negaban a atender consulta a quienes explícitamente se identificaban homosexuales, remitiéndolos al en ese entonces, Programa de Enfermedades Venéreas del Centro de Salud Samper Mendoza de la Secretaría de salud de Bogotá, entidad especializada en la atención a mujeres vinculadas a la prostitución. Segundo, que algunos hombres encuestados manifestaron que se automedicaban haciendo uso de Penicilina Venzetacílica inyectada post relaciones penetrativas insertivas o receptivas de tipo anal, como una manera de hacer profilaxis frente a la posibilidad de desarrollar una ETS, particularmente Sífilis o Gonorrea. Tercero, gran temor a la presencia de Hepatitis “B” pero total desconocimiento de la misma, y cuatro, el miedo que se generaba al conocer de la existencia de una epidemia de aquella enfermedad en la población homosexual norteamericana, especialmente por referencias de esta situación en San Francisco.
Como resultado de la citada investigación se produjo un video, el cual fue considerado por el funcionario del Ministerio de Salud una “apología a la homosexualidad” razón por la que dicha entidad se negó a apoyar económicamente su producción. Las imágenes que hacían referencia a la homosexualidad consistían, una de ellas, en la presencia de una pareja de homosexuales quienes, estando sentados a la mesa de una cafetería en un barrio popular de Bogotá, se tomaban de la mano; y la otra, la aparición de las siluetas, en contraluz, de dos hombres que estando sentados de frente se acariciaban y posteriormente, se recostaban el uno al lado del otro.
Con este material de apoyo, producido por las Facultades de Enfermería y Cine de la UN, se llegó a los bares de encuentro de homosexuales en las diferentes zonas de la capital del país. Las charlas ofrecidas a esta población generalmente terminaban con preguntas referentes al sida a las cuales se les daba respuesta desde el poco conocimiento que Velandia tenía al respecto.
Durante el desarrollo de la investigación, se publican en junio de 1983, en el periódico El Universal, y un día después en el diario El Espectador, los primeros artículos en la prensa colombiana sobre el tema del sida, que hacían referencia a la muerte de una prostituta en Cartagena, a causa de esta enfermedad. Esta situación llamó la atención de Velandia por cuanto lo que el conocía del sida hacia referencia únicamente a homosexuales y lo motivó a proponer al MLHC, orientar los esfuerzos hacia este campo. Esta propuesta fue negada, sin embargo, Velandia realizó en Septiembre de 1983 la primera conferencia específica sobre este tema realizada en nuestro país y orientada exclusivamente a hombres homosexuales.
El comentarista deportivo del diario El Espectador Mike Forero Nuguez confunde, en 1984, en un artículo de su autoría, la sintomatología del sida con la de la Hepatitis “B”, y elabora una extrapolación epidemiológica demostrando que si hay tal incremento en la epidemia de la hepatitis esto favorecería a nuestro país porque no habría a quien “pagarle la deuda externa”. Este desafortunado artículo genera una lluvia de cartas al medio, en especial de hombres homosexuales, quienes en general parecen estar más informados al respecto que la comunidad científica nacional.
En Septiembre de 1985, el Médico Infectólogo Guillermo Prada se encuentra con Velandia y le solicita participar en la consecución de 400 hombres homosexuales a quienes se les realizó una prueba de ELISA, prueba presuntiva para el diagnóstico del VIH, y así poder conocer el estado de la situación en esta población. La investigación reveló que el 12% de los hombres analizados estaba infectado, entre ellos “Rafico”, quien en el momento en que se obtiene su diagnóstico se encuentra hospitalizado a causa del Síndrome en la Clínica Santa Isabel de Bogotá, entidad que al conocer el diagnóstico saca al paciente de sus instalaciones hacia la calle y posteriormente, incinera todo el equipo utilizado en su asistencia.
Fue “Rafico” la primera persona interesada en hacer un programa de Televisión para hablar testimonialmente de su situación. Su testimonio se grabó y presentó, en Septiembre de 1986, por Germán Castro Caicedo, en el programa de emisión semanal “Enviado Especial”, siendo igualmente esta la primera oportunidad en que Castro y Velandia son amenazados de muerte y se les “solicita” no emitir la segunda parte de esta Grabación.
En los citados programas se hicieron presentes como invitados, además de “Rafico”, los Médicos Gabriel Martínez y Bernardo Camacho, como también Velandia. Estas tres personas junto con la Enfermera Rosanna Alba de Rangel, la Bacterióloga Alicia de Weldeford y el Psiquiatra Álvaro Fernández conformaron el primer Comité Interdisciplinario trabajando para la prevención del sida en Colombia. Su actividad se realizaba en las tardes, los fines de semana, en los bares para homosexuales en Bogota. Fueron largas charlas en las que los seis profesionales, cada uno desde su saber informaba a los asistentes sobre sus riesgos, la manera de prevenir la infección y las posibilidades asistenciales con las que se contaba en aquel momento.
Estas charlas se fueron extendiendo en los siguientes años a estudiantes universitarios, equipo de salud, y carcelarios no solamente en Bogotá, sino además en otras ciudades como Medellín, Cali, Ibagué, Manizales, Bucaramanga.
En 1992 con apoyo del Ministerio de Salud, Velandia realizó con el Frente para la Anticipación Social al Riesgo FIASAR el primer programa nacional orientado a poblaciones vulnerables que tenía como objetivos a los homosexuales y a los(as) trabajadoras sexuales en 12 ciudades del país. Un programa que buscó capacitar a iguales y miembros del equipo de salud, teniendo como meta el que se crearan equipos que trabajaran conjuntamente la prevención del sida.
Por la presión de las Enfermeras Rosanna Alba de Rangel y Esperanza de Monterroso se crea en junio de 1987 el Programa Nacional de Sida, dependiente de la dirección de Epidemiología de esa misma Entidad. Velandia es invitado a trabajar en un comité epidemiológico interistitucional e interdisciplinario que depende del Programa Nacional y que desarrolla los esbozos de las primeras políticas en el país, siendo la primera de ellas no exigir la prueba a los turistas que visitan Colombia.
Son los homosexuales las personas que dentro de la comunidad en general más se han preocupado porque otras no se infecten o tengan una mejor calidad de información, atención, apoyo, asesoría y consejería. Ellos formaron las primeras organizaciones en Colombia y siguen siendo los líderes de las mismas y de las organizaciones que los convocan como personas viviendo con VIH/sida.
La organización FIASAR se creó en 1989 y se derivó de lo que fue el GAI, su nombre se tomó de una propuesta conceptual a la que yo denominé “Anticipación social al riesgo”. FIASAR es la sigla del Frente de Investigación para la Anticipación Social al Riesgo. Dicha propuesta conceptual fue presentada inicialmente en Medellín en 1989, en el II Congreso de Salud familiar en la que fue publicado como capitulo en el libro de Memorias del evento .
Posteriormente la propuesta se utilizó con algunos desarrollos adicionales en el libro “Desde el cuerpo: Una caracterización del riesgo y la vulnerabilidad de los y las menores es Explotación Comercial Sexual en la Zona Centro de Bogotá” publicado en 1996. En la investigación y libro “Creando puentes: Guía para el trabajo con poblaciones vulnerables” financiada y publicado por el Ministerio de Salud en Colombia, en el año 2000, fue igualmente el marco conceptual de investigación y del diseño de la estrategia preventiva. Una versión aun más desarrollada y relacionada ya no solo con la salud sino también con las sexualidades fue publicada por Secretaria departamental de salud de Santander y la Facultad de Medicina de la Universidad de Santander UDES, en abril de 2004, como documento base para la formación en el Diplomado en Prevención de las ITS/sida y salud sexual y reproductiva. Modulo VI. Bajo el titulo “Comunicación y promoción de la salud sexual y la salud reproductiva. El texto que a continuación reproduzco es tomado del libro “Desde el cuerpo” :
“(…) Utilizo el concepto de Anticipación Social y particular al Riesgo, uniendo dos enfoques: el sociológico y el epidemiológico, en uno que es mucho más amplio y que aporta a la comprensión de la realidad". La Anticipación social al riesgo se toma en este caso como una serie de riesgos sociales que son interactivos y que utilizados en conjunto pueden ser útiles para predecir más que un riesgo, la probabilidad de lograr un bienestar positivo y una calidad elevada de vida.
(…) Para el argot popular, el peligro, la inseguridad, la aventura sin desenlace conocido, son sinónimos de riesgo, que en epidemiología se traducen especialmente en una determinada probabilidad a partir de un porvenir desconocido, más no de la anticipación del fenómeno que se quiere evitar y por lo tanto no se trata de lograr anticiparse al evento, de prevenirlo, sino de conocer la probabilidad de que suceda.
El temor no necesariamente es la antesala de una respuesta efectiva, y más bien puede decirse que los mensajes apocalípticos (utilizados como eje de varias campañas informativas sobre drogadicción y SIDA) no generan una apropiación del riesgo y por tanto no logran que los individuos se asuman como personas vulnerables. En cambio, el temor enajena la posibilidad de respuesta, desarma al individuo imposibilitándolo para actuar. Por esto, incluir en los programas preventivos actitudes positivas genera una mayor posibilidad de respuestas asertivas y activas en favor del autocuidado.
Lograr que los menores tomen conciencia de los pasos en el proceso de la construcción de su identidad y de todas las variables al interior de la misma, como también en la apropiación y manejo de su cuerpo, de los valores positivos hacia la vida, hacia el cuerpo y la salud, permite que ellos y ellas no actúen bajo el temor, sino basados en una aproximación real a si mismos y que por tanto se constituyan en ejes de su propia existencia y sobre todo del propio autocuidado, es decir logren una anticipación particular al riesgo.
La anticipación particular al riesgo se refiere en este caso a un conjunto de riesgos particulares que son interactivos y que están asociados a una serie de conductas eminentemente particulares que pueden utilizarse en forma asociada para prevenir no solo la vulnerabilidad, sino también y especialmente para lograr que el individuo se asuma a sí mismo cómo alguien vulnerable y actúe con relación a su vulnerabilidad.
La anticipación social al riesgo, y la anticipación particular al riesgo pueden darse en cualquiera de los períodos de la historia natural de una enfermedad o de la adicción. Según el periodo en el que se ejerza, la anticipación recibe un nombre diferente en cada fase del proceso: en el período prepatogénico de una enfermedad (o en el caso de un no-consumidor de substancias psicoactivas) se considera prevención, en el período patogénico sub-clínico (o en el de un consumidor ocasional) es la fase de adaptación particular y social y en el patogénico (o cuando ya se es adicto) corresponde a la fase de asistencia o rehabilitación.
A los resultados de aplicar o no la anticipación social se les llama impacto social y a los de lograr o no una anticipación particular, se les denomina impacto particular.
Para comprender e interpretar el impacto social y el impacto particular es entonces necesario partir del supuesto de que estos fenómenos se dan como un proceso, y también es necesario tener en cuenta la complejidad de las mismas estructuras sociales en las cuales está inmerso el proceso.
Los menores en su vida cotidiana se ven abordados, reprimidos, reorientados, y encaminados a que cumplan con el "patrón" establecido socialmente como el deber ser para sus vidas. Para cumplir la norma, este control social es ejercido por la familia, la escuela, la iglesia, la clínica y el Estado. Y para los menores vinculados a la prostitución toda forma de control les resulta violenta y se asume como una vulneración a "sus derechos". A los elementos y mecanismos utilizados para ejercer el control se les llama instrumentos de control social.
(…) Los efectos de la implementación de programas o de la no-realización de los mismos, incluso tienen como consecuencia -como afirma Jonathan Mann- "…lograr cambiar las formas de relacionamiento social, creando mecanismos de control social como la discriminación, el estigma, y otras formas de prejuicio, histeria y hasta cacerías de brujas individuales y colectivas", producto de una deficiente anticipación social al riesgo.
Reducir el impacto particular y social, ya sea desde la prevención, la adaptación particular y social, o desde la asistencia y la rehabilitación, requiere conocer los riesgos particulares y los riesgos sociales que están asociados a las conductas que hacen vulnerables a los menores, como también, los instrumentos de control social utilizados para reprimir a quienes se consideran infractores.
Consideré en ese momento que existían riesgos particulares y sociales desde: lo cultural, lo psicológico, lo ecosistémico, lo ideológico, lo político, lo socioeconómico y que había además unos instrumentos de Control Social que era necesario conocer si se deseaba realizar una estrategia preventiva, posteriormente amplié los concepto al área de la sexualidad y como estos riesgos e instrumentos eran igualmente la fundamentación de la homofobia, la lesbofobia y la transfobia.
En junio de 1989 fui seleccionado por The PANOS Institute of London, entre personas de 40 países quienes desarrollaban estrategias preventivas comunitarias, e invitado para representar como líder social a América latina durante la Primera Conferencia Mundial de ONG "Oportunidades para la Solidaridad" y como uno de los primeros no miembros del equipo de salud trabajando en sida, en la “V Conferencia mundial del sida”, eventos llevados a cabo en Montreal, Canadá. The Panos fue la primera institución internacional que me pagó por escribir un artículo, texto que además fue utilizado como fuente para uno de sus libros.
Durante la realización de “Oportunidades” propuse a la Organización Mundial de la Salud OMS crear la “Red Latinoamericana de ONG trabajando en sida”, propuesta que fue aceptada. La OMS financió el proyecto y en el cumplimiento de la misión de este, tuve la oportunidad de viajar durante dos años por América del Sur, ayudando a la creación y consolidación de organizaciones trabajando en prevención del sida. Por supuesto muchos de los interesados eran homosexuales, algunos de ellos miembros de Organizaciones orientadas a esta población. Yo fui además el Director de la revista de la Red “Solidaridad Latinoamericana” y el encargado de desarrollar el primer “Directorio institucional de organizaciones con servicio en sida” producido en América Latina.
En la Primera Conferencia Mundial de ONG, un grupo de personas procedentes de diferentes países del mundo, entre quienes me encontraba yo, desarrollamos el texto de la "Declaración Internacional de Montreal sobre los Derechos Fundamentales de la Persona Portadora del Virus del Sida". Dicha declaración fue leída en la "V Conferencia" realizada en esa misma ciudad, mes y año y aprobada unánimemente por los asistentes. El evento recomendó a los participantes su promoción en sus respectivos países y que se buscara además su aplicación, transformándola en documento legalmente constituido.
Luego de mi viaje a Canadá me trasladé a New York, a donde fui invitado por Jairo Alberto Marín con el fin de hacer visitas a organizaciones gay trabajando en el tema del sida, se dio allí la oportunidad para grabar un segmento del programa norteamericano de TV “60 minutos”. Yo había llevado como soporte visual para mi travesía las imágenes de un programa de televisión denominado “Enfoque” realizado en Colombia por RCN Televisión bajo la dirección de la Periodista Alexandra Uribe. A ella yo la había abordado en un intermedio de la grabación de su programa en las instalaciones de RCN, en donde me encontraba en una reunión de trabajo como vestuarista de la telenovela “La Vorágine”, y le había insinuado la necesidad de hacer un programa sobre el sida en el que mostrara la importancia del uso del condón. Alexandra, quien a partir de ese momento fue mi amiga realizó un programa en el que mostramos con un pene de látex como se ponía el condón. El programa se emitió pensando en que la censura nos daría una reprimenda e incluso que la sancionarían, pero esto nunca sucedió; sin embargo, los directivos de “60 minutos” se negaron a utilizar las imágenes por considerarlas sexualmente explicitas, a pesar de que yo argumenté que algunas instituciones de educación media y superior habían solicitado las imágenes para usarlas como material de soporte a acciones informativas y educativas en sus instituciones.
El contacto con The PANOS Institute, me abrió las puertas no sólo a los eventos internacionales, sino a la escritura de mi primera publicación internacional (1989), por la que en ese entonces me pagaron la suma de 400 libras, como también al fortalecimiento de las organizaciones de homosexuales .
La reflexión que me hice con respeto a que era muy evidente la marcada presencia de una gran cantidad de líderes homosexuales, en los dos eventos de Montreal y en las visitas a organizaciones en New York, y sobre el rol que éstos jugaban en el control de la epidemia del sida, me condujo a tomar la determinación de no intentar separar más los temas de la homosexualidad y el sida. En consecuencia me obligué a construir y difundir un discurso mucho más político y militante; en ese momento acuñé la palabra “subversida” para denominar esa experiencia que me llevó a hacerme un contradictor permanente de las políticas estatales en Colombia y América Latina, sobre el sida y la homosexualidad.
En Montreal conocí a hombres y mujeres que ejercían la prostitución y que igualmente eran militantes en temas de sida, Lo mismo sucedió en la “Conferencia Panamericana de SIDA”, realizada en republica Dominicana en diciembre de 1989, a la que fui invitado como ponente y tallerista; como igualmente lo hice, en la “Primera Conferencia Mundial sobre Hotlines en sida” realizada en Curazao.
El haber sido ponente en cuatro eventos internacionales en menos de seis meses, influyó positivamente en el cambio de la imagen que sobre los homosexuales, tenía el doctor Gacharná. El La fuerza y la credibilidad en mi mismo que me dio la participación en estos eventos, tuvo un peso significativo en el hecho de que, al regresar a Colombia, presentara la propuesta de un proyecto preventivo al Ministerio de Salud colombiano, iniciativa que fue aceptada y financiada.
El proyecto apuntaba a desarrollar un trabajo orientado a grupos de hombres y mujeres en prostitución, siendo esta la primera oportunidad en la que presentaba un documento oficial hablando no de prostitutas sino de trabajadores sexuales, como también, la primera oportunidad en la que el Estado colombiano financió una actividad para esta población y para trabajar con hombres homosexuales en sus lugares de encuentro, ya que la acción hizo parte del “Primer Plan estratégico nacional para la prevención del sida”. El concepto “trabajadores sexuales” fue sugerido y aceptado como el termino mas apropiado para denominar a las personas que hasta ese momento llamábamos prostitutas/os. Al respecto en 1996, escribí el tercer capitulo de mi libro “Desde el cuerpo” al que titulé “Cada concepto tiene un significado preciso ¿Prostitución o trabajo sexual?” .
Para poder contratar la ejecución de la acción preventiva debimos organizar legalmente la creación de la ONG FIASAR “Frente para la Investigación y la Anticipación social al riesgo”. Este plan se ejecutó en 1991.
2.10.6.2 Sin el heterosexual es “straight”, yo soy torcido
En 1977 conocí a Julito Franco nunca fue militante, pero siempre fue un hombre atractivo y culto con quien me gustaba hablar, en 1998 él se interesó en mi deseo de recuperar la historia de la vivencia de la homosexualidad en Bogotá y me presentó a algunos hombres homosexuales mayores de 65 años. Uno de ellos fue el primero en hablarme de la década de los 40`s, de los primeros bares, sobre cómo se daba el ligue y de ciertas historias de homosexuales importantes en la política colombiana a quienes llamaron “Josefinos”, en homenaje a uno de ellos a quien detuvieron por escándalo publico, al encontrarlo vestido de novia en una fiesta con amigos y miembros de la familia presidencial a bordo. Posteriormente, en los 60`s, se les denominó “de ambiente”; un poco mas tarde, en los 70`s, se puso muy de moda entre los homosexuales llamarse a sí mismos “gay”; muy en finales de los 80`s y al inicio de los 90´s se introdujo la moda de denominar a los heterosexuales “straight”.
El uso cada vez mas frecuente que en la cotidianidad se hacía de la palabra “straight” me llevó a reflexionar sobre la homofobia internalizada de la que hacían los homosexuales (no las lesbianas) y sobre su reflejo en el uso del lenguaje cotidiano.
Tras llegar a Bogotá de New York y Montreal (1989) recordé una reflexión sobre la homofobia hecha conjuntamente con el periodista colombiano Jairo Alberto Marín, con relación a un acto que me había sucedido estando juntos, en un restaurante de la zona gay de Manhattan.
Una mujer se acercó a nosotros y muy amablemente nos saludo diciéndonos “Hello guys”, yo por problemas de oído para el inglés oí que ella nos dijo “Hello gays”. Le pregunté a Marín, ¿Ella nos dijo “Hola maricas”? Marín respondió, no, nos dijo “Hola muchachos”. En ese momento caí en cuenta de que mi homofobia internalizada, que yo creía superada, estaba presente y se había exacerbado ante lo que parecía para mi una “evidencia” de exclusión social. Lo que realmente era claro fue que quien tenía problemas con la homosexualidad era yo.
En ese instante recapacité sobre el hecho de que muchas veces había sentido que las personas me miraban al entrar a un lugar publico y yo pensaba que lo hacían porque me veían homosexual, pero que lo que realmente sucedía era que, las personas entraban a los lugares y siempre eran observadas por quienes ya se encontraban en el sitio y no solo lo hacían conmigo. Que por tanto quien miraba la homosexualidad era yo y no ellos, y en consecuencia, lo que se daba era una autoexclusión y no una heteroexclusión, por parte de los heterosexuales.
Marín me comento que al llegar a New York él había analizado lo mismo y que esto lo había llevado a ser mas libre, menos prejuicioso con los heterosexuales y a construir unas mejores relaciones sociales con personas heterosexuales, con las que antes se hubiera negado a interactuar, pero muy especialmente a darse cuenta cuando había un hecho excluyente homofóbico real.
En las conferencias de Montreal, igualmente había tenido la oportunidad de trabajar conjuntamente con personas transvestis, transexuales y con heterosexuales, cuya actitud era muy respetuosa y abierta con todos los que allí estábamos presentes, que evidentemente no éramos heterosexuales.
Los aprendizajes obtenidos en Montreal y New York me condujeron a profundizar sobre la importancia de que los homosexuales construyéramos un discurso diferente sobre la homosexualidad y dieron inicio a mi proceso de re-construcción política encaminada a re-conocer la importancia de la convivencia con otros grupos. Ya no solo de lesbianas, sino también de personas transvestis, transexuales y por supuesto heterosexuales. Esto condujo a la creación, por un lado de una organización en la que participaran personas en la amplitud de la diversidad sexual y por otro, en la de construir un discurso coherente con este nuevo aprendizaje.
2.10.6.3 Idénticos pero diversos
En 1992 decidí reorganizar las acciones del Movimiento homosexual colombiano, decisión que se deriva en la creación de Equilteros Proyecto colombiano de diversidades y Minorías sexuales, cuyas acciones se realizaban conjuntamente con la Fundación Apoyémonos, creada en ese mismo año, tres meses antes.
Desde Equilteros y con el equipo de fundadores(as) conformado por María Yaneth Pinilla Alfonso, Liliana Gómez Ángel, Javier Potes y yo (todos miembros de Apoyémonos), impulsamos una visión de la sexualidad fundamentada en los derechos humanos entendidos como derechos sexuales, una propuesta conceptual que yo estaba trabajando en ese momento y que sirvió de base a una serie de estrategias comunicativas impulsadas por Apoyémonos en 1992, en el “Proyecto de Comunicación Alternativa para la prevención del sida” realizado con fondos provenientes USAID/ Family Health International FHI–AIDSCAP (USA-Colombia), Proyecto del que fui Coordinador nacional.
Dos autoras influyeron directamente en mi discurso sobre los derechos humanos entendidos como derechos sexuales, así sus publicaciones fueran posteriores a las mías: Melba Arias Londoño y Maria Lady Londoño.
Mi concepción sobre los derechos sexuales y humanos se promovió desde Equilteros, al respecto puede leerse en el Documento constitutivo del Proyecto :
“Equilteros Proyecto colombiano de diversidad y Minorías sexuales es un colectivo, sin ánimo de lucro, que reúne a personas adultas, pertenecientes a la diversidad sexual, y en especial a las minorías sexuales, que buscan representar y asegurar sus Derechos Humanos, y derechos Sexuales, Individuales y Colectivos. Tiene como fin prestar servicios a hombres y mujeres cualquiera que sea su orientación sexual; sus miembros conforman un grupo de trabajo que reúne y convoca a hombres y mujeres, mayores de edad, sin distingo de su sexo, su género, su orientación sexual, sus maneras de obtener placer, su etnia, sus creencias religiosas, su pensamiento político; personas para quienes en el ejercicio de su sexualidad se exige el respeto por cualquier forma de vida y condición de edad, física y mental. Sus acciones son teóricas, para el desarrollo conceptual, de construcción de la identidad y para el desarrollo personal. La participación es voluntaria y permanente u ocasional.
Principios:
Los seres humanos somos idénticos en lo esencial, y diversos en lo existencial.
Aun cuando hombres y mujeres seamos esencialmente iguales, las múltiples experiencias de la vida, hacen de nuestra evolución, desarrollo y existencia una historia particular.
Las relaciones que establecemos con nosotr@s mism@s, con otros sujetos están fundamentadas en la necesidad de asumirse a sí mism@ y a l@s otr@s, y en la búsqueda de satisfacer nuestros deseos, afectividad, erotismo y genitalidad, teniendo como fin último, el placer o el displacer; situaciones que determinan la identidad de género y sus roles, las maneras de relacionarse e inclusive el tipo de sujeto u objeto del que o en el que se quiere obtenerlos y además cómo lograrlo, es decir, todo lo que hace en su conjunto a la sexualidad. Las sexualidades son inherente al ser humano y están influidas en el periodo prenatal (variables biológicas), el sexo, el ambiente y la cultura: los entornos social, familiar, educativo, laboral y los medios masivos de comunicación.
Cada ser human@ y su sexualidad son únicas e irrepetibles, por dicha razón se transforma de manera diferente, con una trascendencia particular y evolucionando de acuerdo con su propia historia.
Una existencia saludable requiere de una sexualidad saludable. La ciencia ha llegado a concluir que la salud implica un completo bienestar físico, psicológico, social y espiritual. En el análisis de la sexualidad al hacer referencia a comportamientos humanos algunos de éstos fueron considerados aberraciones, desviaciones, perversiones - conceptos ya desactualizados pero aún utilizados-; sin embargo, hoy en día algunas personas consideran el ejercicio de la sexualidad como algo sucio, pecaminoso o vergonzoso y lo conciben como objeto de valoración; correcto o incorrecto, apropiado o inapropiado, normal o anormal, ético o no, natural o antinatural, dependiendo del punto de vista desde donde sea contemplado.
Para Equilteros cada persona tiene el Derecho Fundamental a su autodeterminación y al Libre Desarrollo de su Personalidad. Éste l@ lleva a construirse un universo desde el cual el ejercicio de su sexualidad, le implica, al mismo tiempo un particular desempeño de su afecto, genitalidad y erotismo.
Las asociaciones de minorías sexuales se fundamentan en la necesidad de encontrar un espacio integral: social, cultural, político, económico, recreacional, personal y familiar en el que sus miembros se puedan expresar, en la búsqueda de su realización como individuos y como grupo en las diferentes posibilidades de desarrollo de su personalidad.
Equilteros se rige bajo el principio de igualdad entre sus miembros, y entre las diferentes variantes al interior de las minorías sexuales e impulsando la participación de personas adultas que se relacionan sexualmente con otr@s adult@s y bajo consentimiento. Menores de edad podrán participar de algunas de las actividades de Equilteros previo consentimiento de su madre, su padre o su tutor(a) legal.
En Equilteros entendemos el empoderamiento como la acción de darse cuenta de sí y construir una identidad positiva de sí mism@.
Consideramos que, las expresiones comportamentales sexuales hacen parte de la esfera de la privacidad y que por dicha razón, aun cuando seamos conocedoræs de la existencia de dicha diversidad con respecto al erotismo, la afectividad y la genitalidad, quienes asumen una o más de estas manifestaciones no tendrán en ningún caso éstas como criterio de pertenencia o exclusión de la organización, exceptuando a aquell@s que por la exteriorización de sus expresiones vulneren a un(a) menor de edad, a personas que no puedan autodeterminarse para el ejercicio de las expresiones sexuales o que induzcan a dichas prácticas sin un previo consentimiento informado de las consecuencias físicas y emocionales de dicha interacción.
Objetivos:
Trabajar conforme al preámbulo en beneficio de la Diversidad Sexual y en especial de las Minorías Sexuales colombianas mediante acciones concretas que permitan el libre desarrollo de la personalidad en todos los campos, en el marco de una sociedad pluralista.
Abogar por la formulación e implementación de políticas, proyectos, programas y acciones, que desde una perspectiva de respeto por la diversidad sexual, la identidad de sexo y de género, coadyuven al empoderamiento de las personas y grupos sociales discriminad@s por razón de su sexo, género u orientación sexual, y al logro de su salud integral y sexual.
Promover y apoyar el desarrollo de políticas, proyectos, programas y acciones que contribuyan al logro de la paz, la tolerancia y el respeto en el espacio público y privado, y al ejercicio de los derechos humanos y sexuales.
Trabajar en las esferas, local, regional, nacional e internacional por el progreso y derechos de los seres humanos durante todas las etapas de su ciclo vital.
Participar activamente en proyectos, programas y acciones organizados conjuntamente o por otras organizaciones cuyos principios y fines estén en concordancia a los de Equilteros.
Misión:
Promover el respeto, tolerancia y equidad de la Diversidad Sexual.
Visión:
Lograr el reconocimiento pleno de los Derechos Humanos y los Derecho Sexuales en Colombia”.
La necesidad de apoyar a menores de edad hizo que se creara por iniciativa de Nelson Alvarado el proyecto Ángelus. Este fue un proyecto de menores para menores en el amplio espectro de la diversidad sexual. La participación era voluntaria y permanente u ocasional; sus miembros tenían una edad mínima de 16 años y máxima de 23 (podían participar hasta el día en que los cumplían). Ángelus contó permanentemente con el apoyo logístico y teórico de Equilateros y se fundó en 1996 y terminó cuando Nelson Alvarado, quien propuso la idea, cumplió sus 23 años. Nelson participó de la “Primera Marcha gay” que se llevó a cabo en el resurgimiento o segunda época del MLHC y propuso que luego de esa primera marcha la actividad se celebrara en un día diferente al 28 de junio, en un día que recordara una situación mas colombiana. La primera actividad pública en la que participó Ángelus fue el Primer bazar realizado en el bar campestre San Antonio, ubicado en las afueras de Bogotá en las inmediaciones del municipio de La Calera.
Para pertenecer a Equilateros, a Ángelus o poder asistir a las reuniones semanales, se requería una invitación previa que se obtenía luego de una reunión personalizada que informaba ampliamente sobre el proyecto, expectativas y normas de trabajo.
Desde la iniciativa del tema de los derechos humanos entendidos como derechos sexuales, en el “Documento constitutivo” propuse utilizar los símbolos æ, @, siendo esa la primera vez en que en un documento nuestro de difusión masiva se uso esta iniciativa comunicativa. De la letra Lambda ya hemos hablado previamente; con relación a la arroba “@” la empleamos cuando el texto debe escribirse tanto en masculino como en femenino como una forma de ser incluyente en el lenguaje con las mujeres y las personas con una identidad femenina, con aquellas palabras en las que el masculino se crea con la letra “e”, por ejemplo, conocedores, decidimos dar uso al símbolo “æ” de tal manera que las palabras en las que se utiliza “@” y “æ,” se lean simultáneamente tanto en masculino como femenino.
2.10.6.4 Los derechos sexuales son también derechos humanos
En la Fundación Apoyémonos realizamos como parte del “Proyecto de Comunicación Alternativa para la prevención del sida en Colombia” financiado por USAID/ FHI–AIDSCAP una estrategia centrada en el tema de los derechos: los derechos humanos, los derechos sexuales y los derechos de quienes viven con el sida. Como parte de la estrategia comunicativa produjimos una serie de carteles, botones y camisetas, en estas tres estrategias comunicativas se diseñaron productos impresos con el eslogan “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”, en las camisetas este texto aparecía traducido a seis idiomas.
La estrategia culminó con la realización de un evento sobre Derechos Humanos en la Biblioteca Luís Ángel Arango del Banco de la República, en ese momento el centro cultural más importante de la ciudad, patrocinado por la Defensoría del Pueblo. En el evento se hicieron presentes personeros municipales provenientes de la mayoría de los municipios colombianos, estudiantes universitarios y de educación media (Bachillerato) y publico en general convocado a través de los medios masivos de comunicación.
El evento fue realizado del 10 al 12 de diciembre de 1992 teniendo como eje temático el Día mundial de los derechos humanos, fue la primera oportunidad en la que hablé del tema de los derechos humanos entendidos como derechos sexuales a un gran público, pues hubo en algunos momentos de la actividad más de 1200 personas. En esa oportunidad además realizamos desde Apoyémonos, performances e instalaciones relacionadas con los derechos humanos, los derechos sexuales y el sida. Todos los asistentes podían participar de las charlas temáticas e igualmente tenían tiempo para participar en las instalaciones y observar los performances.
La primera de las instalaciones se denominó “Deseo al cubo”, para su realización construimos un cubo de madera de 3 metros de lado, realizado en madera aglomerada perforada cada cinco centímetros. En su interior se proyectaban diapositivas de arte erótico, reproducciones de obras de arte de todo el mundo que podían ser vistas a través de las perforaciones en el cubo. En su exterior, pintado de negro, el pintor Cerón ilustraba con tizas de colores, una serie de pinturas eróticas. Al acercarse al cubo para observar lo que sucedía en su interior las personas asistentes se pegaban a sus paredes para lograr mirar con más facilidad lo que allí pasaba, de tal forma que fragmentos de la obra del ilustrador se fijaban en su cuerpo o sobre sus ropas.
Las imágenes de lo que allí sucedía y de las reacciones de las personas al verse impregnadas con las ilustraciones del cubo, eran tomadas por cámaras de video cuyas imágenes se proyectaban simultáneamente en un programa de televisión realizado en vivo, las mismas personas que observaban el cubo eran entrevistadas por un periodista y estas imágenes también se usaban en el programa de TV, instalación a la que llamamos “Televisión a tres bandas” y cuya producción fue dirigida por la productora y directora de cine Margarita Carrillo. En el programa de televisión animado pro la periodista Gloria Ortega, las personas presentes discutían sobre el tema de la sexualidad y los derechos sexuales de los seres humanos.
Uno de los performances estaba actuado por actores profesionales quienes vestidos como sacerdotes, monjas, médicos, enfermeras, deportistas y policías jugaban voleibol en una cancha improvisada en medio de la sala de conferencias y utilizando como balón un condón inflado. Lo extraño del performance era que ese público no era el que frecuentemente se hacia presente en actividades sobre derechos humanos, por lo que su presencia se destacaba entre los demás asistentes, pero además para los presentes era raro observar la presencia de personas vestidas con trajes para hacer deportes en lo que era un “templo” de la cultura y verlos a todos en su conjunto jugando con un condón.
Otra de las instalaciones era una exposición de carteles sobre sida y derechos provenientes de diferentes países y expuestos en una de las salas de exposiciones de la biblioteca, que había sido adicionada con un espejo de gran formato que simulaba una ventana y en el que, cuando las personas se acercaban, podían leer pequeños letreros a la altura de sus ojos con el texto “este es el rostro típico de alguien que vive con sida”. En este exposición se podía observar las imágenes de lo que había sucedido recientemente en el programa de TV, en cuyas imágenes se reconocían a los asistentes al evento, quienes a su vez acababan de pasar por la sala en que se producían las imágenes en mención, realizadas en el programa de TV, en que previamente habían participado como publico, panelistas o imágenes de apoyo. Sobresalían en el montaje de esta exposición siete carteles de los que hablaré a continuación.
Fueron siete carteles los producidos en total, todos con mí autoría en sus copies, entre los que se incluía uno orientado a población homosexual, cuya fotografía fue de mi autoría, en él se leía “Tu y el condón mi mejor pareja”, siendo la ilustración dos hombres desnudos, uno ubicado tras la espalda del otro y ambos orientados hacia el mismo lado, en la cual, quien se halla detrás, toca con una de sus manos la pierna del hombre que se encuentra adelante.
Se produjo igualmente un cartel que se ilustraba con la imagen de una transvesti, cuyo copy dice “Soy hombre, uso condón”; otro de los carteles tenia la imagen de un hombre viviendo con sida (Gabriel Calvo Massie) visto desde lo alto de un edificio, quien mira directamente a la cámara (el espectador), en el copy dice “Quienes vivimos con sida también tenemos derechos humanos”; se editó además un cartel sobre bioseguridad en cuyo texto decía “bioseguridad, una alternativa de vida”; y otro dirigido a cristianos en el cual se observaba de lejos construida con las letras, una cruz, y que decía “Amaos los unos a los otros, apoyaos los unos a los otros, cuidaos los unos a los otros”; por ultimo se hizo un cartel orientado a mujeres en el que se leía “Ellos creen que deciden, pero nosotras nos protegemos”, en el que la imagen fue la de una mujer, en ropa interior, quien tiene un condón en su mano. la estrategia de carteles fue trabajada en un equipo interdisciplinario conformado por Rafael Baena (fotógrafo), Jorge Rodríguez (diseñador gráfico) y yo (fotógrafo y creador de la mayoría de los copies).
La estrategia también produjo seis botones cuyos textos igualmente decían: soy hombre, uso condón”; “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”.
La estrategia total mereció el reconocimiento de USAID/ FHI–AIDSCAP en el libro “Making Prevention Work: Global Lessons Learned from the AIDS” como una de las de mayor éxito en el mundo, en el año 92.
Cuatro de los carteles, cuyos temas fueron la bioseguridad, lo derechos de quienes viven con el sida, mujeres y población homosexual, fueron reproducidos por el Ministerio de Salud en Colombia. El cartel para transvestis fue reproducido en Washington y en Republica Dominicana, con apoyo de USAID/ FHI–AIDSCAP; los carteles sobre homosexuales y “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” fueron reproducidos en Ecuador por una ONG coordinada por el colombiano Orlando Montoya.
La primera vez que hablé públicamente en Colombia del tema “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” a periodistas fue a un auditorio conformado por 40 de ellos, todos destacados en Colombia como prensa extranjera y a un grupo de periodistas de los medios nacionales, lo hice como parte de la capacitación sobre “Comunicación positiva, sida, derechos humanos y derechos sexuales” que hizo parte del proyecto para Colombia financiado por USAID/ FHI–AIDSCAP. Sobre el mismo tema del taller de los periodistas, se realizó uno dirigido a guionistas de televisión, actores y actrices nacionales.
Algunos de estos periodistas posteriormente fueron los autores de los artículos aparecidos en el “Magazín Apoyémonos”, en el que apareció también mi primera publicación en medios masivos sobre el tema, titulada “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”. Publicación de la que se editaron 120.000 ejemplares, que circularon el primero de diciembre de 1992 con el diario El Espectador y que además cada uno llevaba adherido un estuche con un condón. Este proyecto fue exitoso, además, porque al terminarse la agencia norteamericana tan solo proveyó el 12% del presupuesto total y el resto del capital fue aportado por organizaciones colombianas como el periódico El Espectador (que imprimió a precios de costo 120,000 revistas “Apoyémonos” y las puso como inserto en su periódico a nivel nacional, llevando cada una un condón adherido a su contra-carátula), la productora de papel Kimberly de Colombia (que donó todo el papel necesario para los carteles), Planeta Editorial (que contribuyó con parte de la publicación de carteles), Condones Today (que nos donó 240.000 condones).
El tercero de los talleres en Colombia sobre el tema de los “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” fue orientado a miembros del equipo de salud laborando en instituciones oficiales y privadas en Bogotá.
Sobre el tema “Derechos humanos y derechos sexuales”, Equiláteros, realizó un sinnúmero de talleres de formación, conferencias, charlas, foros y ciclos de cine, cuya población sujeto fueron personas de todas las orientaciones sexuales, siendo en 1994 la primera oportunidad en la que en un evento se reunían personas de diversas orientaciones sexuales además de transvestis y trabajadores/as sexuales.
Veamos a continuación alguna información sobre las actividades preparatorias a la celebración del Día gay internacional, realizadas en mayo de 1994. La siguiente es la justificación del Taller formativo “Construcción de la identidad sexual particular: Haciendo conciencia de mí” .
“La personalidad sana surge durante un proceso que hace a la persona más dueña de sí, capaz de ser auténtica, sin máscaras, de incorporar las experiencias propias, de descubrirse a sí mism@ en la experiencia total y de aceptarse con la libertad de ser realmente lo que es. Los procesos educativos formales no permiten generalmente cuestionar con respecto a la sexualidad; negar los posibles interrogantes niega las experiencias y temores que los originan. Construir una identidad particular es la única posibilidad de ser. Mientras no se use la libertad de construirse ser se hace imposible. Este taller es tan sólo una posibilidad para que usted asuma de una vez por todas, que usted y solamente usted, tiene el poder de ser”.
Veamos también y al respecto, la justificación de la Conferencia “No me soporto esa loca” .
“Busca resolver el interrogante ¿La convivencia entre nosotr@s es posible? Cada un@ es únic@, irrepetible, trascendente y evolutiv@, sin embargo, en la relación con el otro y la otra, ell@s son asumid@s desde nuestras propias negaciones. Ello nos conduce a negarl@s, reinterpretarl@s y asumirl@s no como seres iguales viviendo procesos similares, sino como parte de un ghetto, como posibles "partenaires" o a discriminarl@s y contemplarl@s como diferentes, incluso como enemig@s”.
Con respecto al tema de los “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” la primera presentación en un evento fuera de Colombia, fue en Washington en una actividad internacional programada por USAID/ FHI–AIDSCAP en la que se presentaron las estrategias más exitosas financiadas por al entidad, en los diferentes países del mundo en que FHI–AIDSCAP realizaba sus acciones, dado que bajo ese concepto se produjo toda la estrategia comunicativa producida en Colombia y reproducida en algunos de sus productos en otros países.
Fue en el “Encuentro sobre Paz y Tolerancia” organizado por el Sector de Pastoral de la Pontificia Universidad Javeriana realizado en octubre de 1995 en donde hablé a un publico totalmente diferente al que tradicionalmente hablaba sobre “derechos humanos y derechos sexuales”, ya que los asistentes eran miembros de diferentes organizaciones religiosas, inclusive no cristianas, y además estudiantes universitarios. Allí hice una ponencia denominada “Tolerancia y minorías sexuales” cuya publicación se hizo en la Revista Pastoral Xaveriana editada por la Universidad Javeriana de Bogotá, en 1996.
A esa publicación siguió una presentación en el “Seminario duelo, memoria, reparación” organizado por la Fundación Manuel Cepeda Vargas en agosto de 1997. Es esta oportunidad ya la ponencia aparece directamente titulada “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”.
La Fundación Manuel Cepeda Vargas, conjuntamente con la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Cultura, publicaron en 1998 el libro “Duelo, memoria, reparación” en el que aparece un capitulo titulado de igual forma que mi presentación en el citado seminario ; siendo el primer libro que en Colombia, en el capítulo de mi autoría, se permitía la licencia lingüística, de usar el símbolo “@”, esta propuesta lingüística se utilizó en la totalidad del texto del libro “Y si el cuerpo grita... Dejémonos de maricadas”, publicado en 1999 por Editorial Equiláteros en el que todo el texto fue escrito utilizando los símbolos “@” y “æ”.
En 1998 fui invitado por CERFAMI, el Centro de Recursos Integrales para la Familia, organización colombiana con sede en Medellín institución que organizó el “Foro Derechos Humanos y Sexuales”, en el cual presenté el documento “Los Derechos Humanos también son Sexuales” publicado en la revista de la institución, que es el texto previo al publicado en presentado en el "Primer Simposio Ética y Sexualidad" 01.08.98 . CERFAMI propuso ese mismo año mi nominación al Premio Mundial de Derechos humanos “Felipa de Souza” que otorga la IGLHRC, Internacional Gay and Lesbian Human Rigths Comisión, con sede en San Francisco.
Dos meses después, en el “IV Congreso de riesgos profesionales” realizado igualmente en Medellín, en octubre de ese mismo año, participé como ponente en el Seminario Sexo, Trabajo y Sociedad con el tema “Sexualidad y Poder: una visión desde los Derechos humanos entendidos como derechos sexuales”, a continuación presento la trascripción del texto de las diapositivas presentadas en dicho evento :
“La gran diversidad de l@s seres que habitamos el mundo es tan enorme que aún ahora no se han podido clasificar los millones de especies que lo conforman: animales, vegetales, zoo-vegetales y la humana. Cada especie es un conjunto de sujetos muy parecid@s en sus formas, estilos de vida y maneras de sobrevivir.
Hemos nacido en un espacio, tiempo, lugar, cultura, sociedad particular, recorrido un camino diferente que nos hace pensar y actuar de manera distinta a l@s otr@s. Las diferencias son el principio de la vida, pero algun@s han considerado que su manera de contemplar la realidad, es el “deber ser” del actuar de la sociedad. Cabe preguntarse ¿Qué significa ser humano? L@s seres human@s, somos seres culturales, no biológicos, aunque seamos biológicamente homo sapiens sapiens, lo humano surge en su culturización, no antes. Somos concebidos homo sapiens sapiens no humanos, y nos hacemos humanos en el vivir humano... esto empieza cuando el embarazo comienza a ser un estado deseado por la madre. Si hay un aborto antes de éste momento desaparece un ser vivo, un embrión pero no un ser humano...”, afirma Humberto Maturana.
Todo aquello que sea imprescindible para la vida de l@s seres human@s es un Derecho. Tod@ ser human@ como tal es sujeto de derechos, entonces estos y para aquell@s son Derechos de human@s.
Principios para determinar derechos: el principio de autonomía (respeto por el/la ser human@), el principio de beneficencia (la intervención debería ser útil); el principio de no-vulnerabilidad no debería afectar negativamente); el principio de justicia (igualdad en la oportunidad); el Principio de No-Vulnerabilidad (no debería afectar negativamente); el Principio de Justicia (igualdad en la oportunidad).
Los derechos son preexistentes: anteriores y superiores a toda forma de organización política y prevalecen frente a cualquier norma positiva; son inalienables: no se pueden enajenar, ceder o transferir; son inherentes: constituyen un modo de ser intrínseco al sujeto; son esenciales: aquello por lo cual un ser es lo que es.
Somos parte de un problema en el que creemos no estar involucrad@s. Temas concernientes al poder y el trabajo en su relación con la sexualidad y la vulnerabilidad deben ser entendidos como situaciones que afectan las relaciones de trabajo. La vulnerabilidad social, particular y económica contribuye a la expansión de la falta de oportunidades para resolver los conflictos sexuales particulares. Los Derechos Humanos y sexuales de los grupos marginados o subordinados, las minorías sexuales, l@s subaltern@s laboralmente, l@s menores de edad, las etnias, deben ser conocidos y respetados.
Situaciones referentes a sexualidad y salud, “justifican” socialmente que quienes las vivencian sean asumid@s como marginales y minoritari@s. Los efectos del desarrollo e implantación de discursos preventivos y su utilización en los lugares de trabajo influyen hasta el punto de lograr cambiar las formas de relacionamiento social y motivar la implementación de mecanismos de control social.
La Tolerancia en general es mal interpretada, Se entiende como un «tener que aceptar todo lo que l@s otr@s hagan», incluso, si vulnera los derechos individuales. Comprender implica posibilitar el desarrollo de l@s demás, aunque este proceso no puede entorpecer ni negar el propio.
Los derechos humanos y sexuales propuestos son los siguientes:
1. Al reconocimiento y aceptación de sí mism@ como hombre o como mujer y como seres sexuados.
2. A la igualdad de Género.
3. Al fortalecimiento de la autoestima, la autovaloración y la autonomía para lograr la toma de decisiones en torno a la sexualidad.
4. Al libre ejercicio de la orientación sexual.
5. A elegir las actividades sexuales según sus preferencias.
6. Al ejercicio de su función sexual en su modo erótico y reproductivo.
7. A la Educación sexual positiva.
8. A espacios de comunicación familiar y escolar para tratar el tema de la sexualidad.
9. A la intimidad personal, la vida privada y al buen nombre.
Con respecto al primero y segundo de los derechos: “Al reconocimiento y aceptación de sí mism@ como hombre o como mujer y como seres sexuados”, y “A la igualdad de Género” he venido haciendo una serie de construcciones que me propongo compartir a continuación fundamentándome para ello en elementos del enfoque sistémico, y en las teorías del lenguaje como generador de mundos y de las emociones como motores de la acción humana, algunos de cuyos aspectos fueron previamente tratados en los desarrollos sobre el derecho “Al fortalecimiento de la autoestima, la autovaloración y la autonomía para lograr la toma de decisiones en torno a la sexualidad”.
En noviembre del 98 se celebró en Medellín organizado por la Sociedad Colombiana de Sexología, el "Primer Simposio Ética y Sexualidad", en el tuve la oportunidad de hacer cuatro presentaciones magistrales denoiminadas: Derechos de Human@s: Derechos Sexuales ; Principios éticos y su relación con los Derechos Humanos entendidos como Derechos Sexuales ; Principios éticos para el trabajo en sexualidad , y El Manejo Ético de la Información sobre Sexualidad en la Televisión e Internet , y un taller cuyo objetivo fue avanzar sobre el tema de los derechos sexuales entendidos no como derechos de las mujeres sino como derechos de todas las personas sin diferencia de su sexo, genero, orientación sexual o expresiones comportamentales sexuales; de cuyo contenido preparatorio se produjo el texto Los Derechos Humanos También son Sexuales, Los Derechos Sexuales También son Humanos .
Es importante recalcar que es el interés sobre los derechos sexuales y humanos, el fundamento conceptual con el que también se discutieron los derechos civiles de las parejas homosexuales y lésbicas en Colombia. Discusión que se derivó en las propuestas de ley sobre estos derechos. Tema del que hablaré más profundamente al hacerlo sobre los “Aspectos políticos de la homosexualidad”, en el ítem denominado “Derechos civiles de las parejas del mismo sexo: la puerta de entrada al mundo de la política”.
A partir de 2001, la difusión del tema de los derechos sexuales se fue profundizando hacia otros aun más específicos: la construcción de la identidad sexual, de orientación sexual y de géneros; las identidades de las personas que transitan de las masculinidades a la feminidades o de éstas a la masculinidades; la identidad de hombres que penetran a otros hombres pero que no se identifican como homosexuales; los derechos sexuales de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes y su relación con la violencia y la explotación sexual, inclusive la comercial; y, la identidad de las personas que viven con el sida.
Tuve la oportunidad de realizar algunas investigaciones respecto a los temas citados y de compartir los resultados en diferentes foros nacionales e internacionales. Incluso, algunas de las presentaciones son capítulos de publicaciones nacionales e internacionales. Cito a continuación algunas de ellas:
“La homosexualidad en nuestros tiempos: una lectura en clave militante”. En: Memorias IX Seminario Colombiano de Sexología: Sexualidad en el tercer milenio. Ministerio de Educación, Universidad Nacional de Colombia y Sociedad Colombiana de Sexología. Mesa redonda “La homosexualidad en nuestros tiempos”. Bogotá. 1997.
Taller y ponencia, “Construcción de identidad de orientación sexual, sexo y/o de género desde una visión de los derechos Humanos entendidos como Derechos Sexuales” presentadas en el: 7º Encuentro nacional y 2º Congreso Internacional LGBT Creando un mundo sin fronteras. Latino Lesbian and Gay Organization LLEGO. San Diego, California/ Tijuana México, 1999.
“Educación y Minorías sexuales: Un paso adelante, dos atrás”. Ponencia en el X Congreso Nacional de Sexología y Educación Sexual. ICBF – Sociedad Colombiana de Sexología. Bogotá, 1999.
Realicé dos videos con la producción y aporte económico de Chira Producciones: “Semana por la diversidad” (1997) y “Con todas las de la Ley” (1998) . Videos que se proyectaron como estrategia promocional de las actividades del día del orgullo gay en 1997 y como parte de la actividad cultural del día del orgullo gay en 1998, respectivamente. “Con todas las de la Ley” es una investigación documental sobre los derechos sexuales obtenidos por los colombianos hasta la fecha de su realización.
El tema de la Construcción de identidad sexual fue inicialmente abordado como investigación de tipo cualitativo, realizada con metodología etnográfica y utilizando entrevistas semiestructuradas, grupos de discusión y observación de campo. El marco teórico en el que se trabajó fue la epistemología sistémica y la ontología constitutiva, desde la que se entiende al lenguaje como generador de mundos y a las emociones, como motores de la acción humana; además, trabajando con una concepción del ser humano que lo asume como un sujeto relacional, único, irrepetible, trascendente, evolutivo e histórico. La primera de las investigaciones sobre la Construcción de identidad sexual se denominó “Comprensión de las masculinidades y feminidades de las transvestis trabajadoras sexuales y su relación con la infección por el VIH/sida”. Bogotá, Colombia” .
La segunda realizada con la misma epistemología, ontología y concepción de ser humano, la titulamos “El derecho a estar siendo o la posibilidad emocional, teórica y experiencial de las identidades móviles: una comprensión desde el mundo de las “travestis” trabajadoras sexuales”
Al respecto también hice una ponencia denominada “Las identidades móviles de los, las, les seres”, durante el X Seminario internacional de Bioética: Bioética y sexualidad, realizado por el Programa de Bioética de la Universidad del Bosque, en 2004, en Bogotá .
Un importante foro para discutir el tema de los derechos sexuales y la salud se presentó durante el desarrollo de la Universidad Itinerante Políticas públicas, mujer y salud. Organizada por la Red de salud de las mujeres Latinoamericanas y del Caribe, en Popayán en el 2003, evento en el que presenté una conferencia titulada “Experiencias alternativas frente a las políticas públicas: el caso de los homosexuales, las lesbianas y demás personas en otras variantes sexuales” .
En Barranquilla, Colombia realicé la investigación: “¿Cómo los hombres cigarrones (cucarrones, mayates) han construido su identidad de orientación sexual y su identidad de género?”, llevada a cabo con hombres entre los 17 y los 34 años, habitantes de esa ciudad, quienes se asumen e identificaban a sí mismos como heterosexuales, pero que tienen relaciones genito-anales penetrativas hacia otros hombres o permiten la realización de prácticas orales. Sobre este tema presenté una conferencia denominada “Construcción de la masculinidad a partir del sometimiento sexual a otros hombres”. En el II Coloquio Internacional de estudios sobre varones y masculinidades y I Congreso Nacional de la Academia Mexicana de Estudios del Género de los Hombres, 2006, Guadalajara. En ese mismo evento tuve la oportunidad de realizar la conferencia “Tránsitos de la masculinidad a la feminidad en transvestis y transformistas” .
En la Jornada Precoloquio Masculinidades Varones y Salud, de ese II Coloquio realicé un taller denominado “Relación entre la identidad sexual, identidad de género y riesgo de adquirir el VIH/sida” . En la misma línea ya había presentado en El Salvador, en el 2005 la conferencia “La homofobia como factor de riesgo para la propagación del VIH/sida” durante el IV Encuentro centroamericano de personas que viven con VIH/sida.
Relacionado con el tema de los derechos sexuales, participé en un proyecto piloto a nivel mundial en el 2005, en Colombia, financiado por el DANE Departamento Administrativo Nacional de Estadística denominado “Medición de la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes”, un proyecto que buscó medir el número de niños, niñas y adolescentes explotados sexualmente en Bogotá, Medellín, Ipiales y Manizales, tanto en las calles como en lugares de encuentro. Una segunda fase buscó medir, en el 2006, el mismo tema en las instituciones educativas de Bogotá en los grados 5 al 11. Esta investigación no pude terminarla, por mi salida forzosa de Colombia, pero algo que mucha gente discutió y no quería aceptar que se investigara fue mi interés en conocer la verdad sobre, si realmente los agresores sexuales de las niñas, niños y adolescentes son los miembros de la iglesia, agentes del ejercito oficial, de la guerrilla o los paramilitares. De todas formas en el desarrollo de la investigación sobre los chicos y chicas en la calle y en los espacios comerciales, fue evidente la presencia de paramilitares actuando como proxenetas, dueños, administradores y traficantes de estos.
2.10.6.5 Los maricas estamos en todas partes
Desde sus mismos orígenes la Sociedad Colombiana de Sexología SCS, con el apoyo de los Psicólogos y profesores universitarios Octavio Giraldo Neira y Nelsy Bonilla, fue abierta a la participación de los homosexuales y lesbianas en sus eventos e inclusive entre sus miembros. A Octavio lo conocí durante el I Congreso Colombiano de Sexología, realizado en Bogotá, en 1981; de Nelsy tuve la oportunidad de hacerme su amigo durante el Congreso de la SCS en 1994, siendo ella precisamente, como Presidenta, quien me invitó a hacerme miembro de la Sociedad, luego de conocer mi propuesta sobre conceptual sobre los derechos humanos entendidos como derechos sexuales. En la sociedad tuve igualmente la oportunidad de conocer a Maria Lady Londoño y su propuesta sobre los derechos sexuales de las mujeres, terma sobre el que ya había leído previamente algunas de sus notas, aun cuando su libro se publicara algún tiempo después.
En 1.982 Guillermo Cortes y yo, como miembros de Ventana Gay asistimos en calidad de participantes, en Bogotá, al “I Encuentro Internacional de Sexualidad y Sociedad y al II Simposio Colombiano de Sexología”, eventos para los que, desde Ventana Gay y su Instituto Lambda de Colombia, preparamos un documento extraordinario publicado como dossier en la revista al que titulamos “Homosexualidad: Rótulo sin objeto”, siendo nuestro objetivo la distribución del material a todos los interesados en el tema de la sexualidad, asistentes a dichos eventos. Aun cuando no estaba prevista nuestra participación en el programa, los organizadores Psicólogos Octavio Giraldo Neira y Rubén Ardila, quienes tuvieron acceso a nuestra producción conceptual, nos propusieron tomar un tiempo para hacer la presentación sobre nuestro documento y el MLHC, puesta en común que hice yo.
El hecho de que en el MLHC y la Ventana Gay nos hubiéramos dedicado más a la construcción política, no significó que yo me alejara de la construcción del discurso sobre la homosexualidad, pero si un alejamiento de las posibilidades que encontrábamos en la SCS, ya que allí el discurso seguía siendo bastante clínico, a pesar de que existía cierta apertura mental.
Estábamos en Ibagué en la realización del primer Foro departamental sobre sida organizado en Colombia (Departamento del Tolima), al que habíamos sido invitados como conferencistas en septiembre de 1989, cuando el doctor Gacharná en calidad de Presidente de la mesa, debió presentarme al auditorio para presentar mi conferencia. Él dijo: “Les presento al doctor Velandia que es homosexual”, yo le respondí “gracias doctor Gacharná, de quien creo es heterosexual”. En el auditorio se oyeron de fondo a mis palabras, las risas de los asistentes; yo continué diciendo: “porque a mí no me invitaron a este evento por marica sino porque soy la persona que inició loas acciones de prevención de sida en Colombia y uno de los pioneros en América Latina”. Se oyó a continuación un fuerte aplauso.
Al salir del evento, al medio día, reflexioné sobre lo que había sucedido y pensé que había perdido la oportunidad para hablar mas políticamente sobre la homosexualidad y de hacer énfasis en su relación y su separación con el sida, así que me propuse que al hacer mi siguiente intervención que sería en un taller sobre uso del condón, que haría esa misma tarde, yo aprovecharía la oportunidad para relacionar los dos temas.
Este “Foro departamental sobre sida” organizado en la Secretaria Departamento de Salud de El Tolima, fue la primera oportunidad en la que me abanderé como líder homosexual trabajando en prevención, recalcando allí la importancia que tenía el que los homosexuales fuéramos reconocidos no solo como “grupo con riesgo” sino especialmente como un elemento humano importante en el diseño y realización de cualquier estrategia y política de prevención.
Al doctor Gacharná, no le agradó mucho el giro que le di a mi taller y no tardó en hacérmelo saber, pero yo insistí en que yo como tallerista tenía plena autonomía en el sentido que le daba a mi actividad y que los organizadores, y en especial los asistentes, estaban muy satisfechos con lo que se había realizado. De paso, aproveché la oportunidad para recordarle que en la “V Conferencia él había adquirido el compromiso de movilizar las condiciones para que en Colombia se desarrollara una legislación sobre sida, que se fundaría en la "Declaración Internacional de Montreal sobre los Derechos Fundamentales de la Persona Portadora del Virus del Sida ", y que yo era el veedor internacional para ese cumplimiento, en mi calidad de Coordinador para el Área Andina en la “Red Latinoamericana de trabajo en sida”. Al respecto, en el documento “Una visión del sida a partir de 19 años de prevención en Colombia: éxitos y fracasos” se lee:
“Siguiendo dicha recomendación, el Ministerio de Salud de Colombia convocó a un grupo interdisciplinario de funcionarios de diferentes programas de sida pertenecientes al Estado, al Abogado Alfonso Tamayo y a Velandia, como representante de las ONG, para que realizaran el texto del Decreto 559 de 1991 sobre sida. Ese Decreto se fundamentó en la " Declaración Internacional de Montreal sobre los Derechos Fundamentales de la Persona Portadora del Virus del Sida” y tuvo como eje de su normativa al paciente considerado como sujeto de derechos. Una vez publicada la Constitución Política de Colombia, en ese mismo año, diferentes organizaciones y personas en la comunidad consideraron conveniente revisar el articulado del Decreto. Una primera aproximación a dicha revisión se realizó en el marco de la 2ª Conferencia Colombiana de ONG Trabajando en Sida (1992), actividad que también fue asumida por la Defensoría del Pueblo, el Ministerio de Educación y la Cruz Roja colombiana. Luego de múltiples intentos realizados por las ONG y los Grupos de Apoyo y Autoapoyo, en Febrero de 1994, el Programa Nacional de Sida, decidió adecuar el Decreto. En Mayo de 1995, en la Conferencia de Consenso sobre Aspectos Éticos-Legales y Sociales del VIH/sida en Colombia, organizada por el Ministerio de Salud, se retomó la discusión del tema bajo la Coordinación de la Médica Diana Peñarete y del Abogado particular Germán Humberto Rincón.
La revisión total y redacción solamente se hicieron posibles de manera oficial, en septiembre de 1996… El Decreto 1543 por el cual se reglamenta el manejo de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), el Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (sida) y las otras Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), fue promulgado en junio 12 de 1997, siendo expedido por la Presidencia de la República y subscrito por Alma Beatriz Rengifo López, Ministra de Justicia y del Derecho; Iván Moreno Rojas, Ministro de Trabajo y Seguridad Social; María Teresa Forero de Saade, Ministra de Salud; y Jaime Niño Diez, Ministro de Educación.”
En Bogotá, en la Universidad Nacional de Colombia UN, durante el IX Seminario Colombiano de Sexología: Sexualidad en el tercer milenio, realizado en mayo de 1997, conjuntamente entre la Sociedad Colombiana de Sexología, la UN y el Ministerio de Educación, en la mesa redonda sobre “la homosexualidad en nuestros tiempos”, debí hacer mi presentación con posterioridad a las presentaciones de las Psicólogas Florance Thomas, francesa, feminista, maestra universitaria y directora del grupo “mujer y Sociedad” y de la igualmente feminista y especialista en genero, María Lady Londoño, miembra titular de la SCS.
Aprovechando las palabras de mis antecesoras, decidí cambiar el inicio de mi discurso previamente preparado e improvisar, teniendo en cuenta los aspectos relevantes de mis notas. Lo hice, porque en el pasillo, camino al auditorio, oí a uno de los asistentes al evento, que decía a otra persona “Ese es el marica que va a hablar” y además, porque me molestó saber que nadie se refería a los demás ponentes en el evento como “ese es el heterosexual que va a hablar”.
El texto que transcribo a continuación fue tomado de las memorias del IX Seminario Colombiano de Sexología, que se distribuyeron en un CD sin clasificación bibliográfica, y del que circuló una gran cantidad de copias piratas, entre los maestros, maestras y lideres en temas de genero y sexualidades, dado que el Ministerio de Educación nunca proveyó los recursos necesarios para su publicación.
Muchos de los documentos allí presentados eran una fuerte crítica al “Proyecto Nacional de educación sexual”, que funcionaba porque el Senado había convertido en “Ley la “Educación sexual”, el cuatro de octubre de 1995. Esa norma legal estableció que todas las escuelas públicas y privadas del país debían impartir educación sexual desde el nivel inicial y hasta el superior de formación docente, contemplando en su diseño aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos. El texto del que vengo hablando se denomina “La homosexualidad en nuestros tiempos: una lectura en clave militante”:
“Es evidente para todos los aquí presentes que el marica en esta mesa soy yo y aun cuando las presentaciones de mis dos amigas aquí en la mesa hablan de lo maravillosa que es la vida de los homosexuales en Colombia, quiero decirles que esto no es así. Según los informes de Amnistía Internacional más de 640 homosexuales han sido asesinados en Colombia por grupos de limpieza social; el más importante homosexual profeminista colombiano, León Zuleta, acaba de ser asesinado por sus trabajos en el tema de los derechos humanos; y, aun cuando el Ministerio de Salud afirma que los homosexuales somos el “grupo de riesgo”, dije y oyeron bien “grupo de riesgo” y no “grupo con riesgo”, hasta el momento no se ha dedicado ningún recurso específico para trabajar con esta población; de ahí que no se pueda pensar en este país como tampoco es ningún lugar del mundo que ser homosexual es una maravilla.
Me pregunto por qué, ni en este ni en ningún otro evento hay una mesa de trabajo sobre la heterosexualidad y si las hay sobre la homosexualidad. Tengo la respuesta, tan solo se explica lo que es extraño, diferente, anormal, lo que no es la maravillosa heterosexualidad. Si ustedes consultan cualquier libro sobre la sexualidad que explique las orientaciones sexuales encontrarán que más del 75% de sus páginas se dedican a la homosexualidad, un 15% a los y las bisexuales y el porcentaje restante, a los heterosexuales y las lesbianas; porque las lesbianas como mujeres no existen y no requiere explicación aquello que no existe, tan es así que las mujeres de esta mesa, que todos sabemos tienen amigas lesbianas, no las han nombrado ni una sola vez y al escoger a los ponentes no se pensó en que en nuestra país hubiera una mujer lesbiana que pudiera tener un discurso construido y presentarlo en un evento de esta magnitud.
No voy a hablar de las lesbianas ni de las lesbianidades porque de ello deben hablar precisamente ellas, así que hablaré únicamente de las homosexualidades, así en plural, porque si parto de que soy tan único e irrepetible como cada uno de quienes aquí me escuchan, entonces tendremos que aceptar que la manera particular de vivir nuestras sexualidades es igualmente única e irrepetible, y que hay tantas homosexualidades como homosexuales hay, tantas lesbianidades como lesbianas hay, y tantas… (Problemas de audio que dificultan la trascripción de la información).
Cuando se habla de la diversidad sexual lo primero que se piensa es que la diversidad está en lo homosexual, pero si los homosexuales somos lo diverso entonces las demás sexualidades son lo igual. Y entonces los y las bisexuales dirán pero si somos diferentes, y los y las heterosexuales querrán que por ningún motivo se les equipare a las demás orientaciones sexuales, porque cada grupo de personas que se asumen en una orientación sexual se reconoce precisamente en la diferencia y se reafirma en la diversidad; pero cada persona en medio de esa diversa diversidad se reconoce en su propia unicidad. La diversidad sexual entonces está representada por los diferentes y sus diferencias, porque cada uno de nosotros al vivir su sexualidad vive su cuerpo, su genero, su orientación sexual, sus formas de obtener y dar placer y la aceptación de sí mismo de una manera única y particular, y es ello lo que nos y los hace diversos.
…Por supuesto que hay un modelo judeocristiano, medico, jurídico y cultural que socialmente nos dice como “debemos ser” en nuestra sexualidad, un modelo que niega la diversidad porque supone una única manera de ser heterosexual, hombre, macho, masculino, falocrático, misógino y una única manera de ser mujer, hembra, femenina, dependiente del macho y de su poder, y adoradora de los hombres y sus falos como representación del poder que ellos son.
Es esta la razón por la que en los libros y los sexólogos, sociólogos, antropólogos o psicólogos no hablan de la heterosexualidad, porque la heterosexualidad está dada, se nace heterosexual; porque a diferencia de los homosexuales, de las lesbianas, de los mismo bisexuales que por reconocerlo tenemos conciencia de nuestro proceso de construcción de la identidad de orientación sexual, los hombres y las mujeres heterosexuales nunca se preguntan con respecto a su identidad.
Les pido que me ayuden es esta reflexión y por favor responda cada uno y cada una de quienes están aquí a las siguientes preguntas :
¿Es su padre ó su madre responsable de su opción sexual?
¿Qué cree Usted que generó su opción sexual?
¿Cuándo y cómo decidió su opción sexual?
¿Es consciente de su opción sexual?
¿Cree que el rechazo a otras opciones sexuales l@ llevó a determinar la suya?
¿Sería que todo lo que Usted necesitara para cambiar su opción sexual, es un(a) buen(a) amante con una opción sexual diferente a la suya?
¿Considera que un fracaso en un intento sexual l@ llevó a determinar la suya?
¿Considera que personas con una opción sexual diferente siempre estarán dispuest@s a seducirl@?
¿Cree que su opción sexual l@ lleva a hacer de su vida un espectáculo público?
¿Ha consultado a un(a) terapeuta a causa de su opción sexual?
¿Considera que los menores deberían tener maestros con su misma opción sexual?
¿Permitiría que alguien a quien usted ama sostuviera relaciones con otra persona cuya opción sexual sea diferente a la suya?
¿Debería haber leyes especiales para quienes no tengan su misma opción sexual?
¿Quien tiene una opción sexual distinta a la suya, debería ser separado de la sociedad?
¿En qué se diferencia Usted de aquell@s que tienen una opción sexual igual a la suya?
¿En qué se diferencia Usted de aquell@s que tienen una opción sexual diversa a la suya?
¿Usted cree que vale la pena hacerse todos éstos interrogantes acerca de su opción sexual?, a la de otr@s?, para qué le sirve?
Inicié me presentación en este seminario aclarando que “el marica en esta mesa soy yo”, perogrullada pensarán algunos; evidente, afirmarán otros. Justo quiero recalcar sobre esa evidente evidencia.
No soy un hombre gay así algunos me entiendan como tal, no lo soy porque semánticamente no tengo existencia, en español no existe esta palabra y por tanto tampoco el hecho que ella designa. En inglés gay en su significado primigenio es alegre, divertido y a partir del movimiento de Stone wall en 1969 se le agrega la connotación militante a la idea de que somos gay porque los maricas somos “de ambiente” como en Colombia se nos dice. No uso la palabra gay porque como acto político de resistencia decidimos en el movimiento homosexual colombiano, usar la palabra “guëis”, tal y como un colombiano común y corriente como usted o yo lo diría, para referirnos a esos militantes homosexuales. Tampoco soy gay porque cuando pienso en mi amor por otros hombres no siempre me pienso como un sujeto político y si casi siempre como un sujeto sexuado que se relaciona genital y afectivamente con otros hombres, que desea a otros hombres y que hasta hace unos pocos años (1981) era un delincuente en este país por el hecho de ser homosexual.
Tampoco soy un hombre homosexual porque el concepto homosexual que fue acuñado en 1869 por Karl María Kertbeny, escritor y jurista, para definir la atracción sexual de algunos individuos por personas de su mismo sexo, como un aspecto inherente e inamovible de su personalidad, a través del siglo XX, ha sido transformado por diferentes escuelas psicológicas y ampliado por los profesionales de la salud hasta definir una enfermedad sexual y yo no soy un enfermo, tampoco lo considera así la Organización Mundial de la Salud OMS.
Evelyn Hooker En 1958, escribió el artículo La adaptación del hombre declaradamente homosexual. Trabajo que sería utilizado 20 años después para respaldar el trabajo de quienes quisieron eliminar definitivamente la homosexualidad de la lista de trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría. Apoyada por los Institutos Nacionales de Salud Mental de los Estados Unidos y tras observar que uno de sus estudiantes y sus amigos declaradamente homosexuales no cumplían con los imaginarios de los hombres homosexuales, aplicó un diseño experimental refinadamente simple a 30 pares de hombres, uno de ellos homosexual y otro heterosexual, equiparados por edad, educación y coeficiente intelectual (la media del coeficiente intelectual difiere menos de un punto); pidió a un panel de expertos que interpretase las pruebas sin conocer la orientación sexual de los sujetos de investigación; y pedirles que valoraran la salud psicológica sin conocer la orientación sexual. A modo de reto Hooker les pidió a los expertos que determinaran en función de la prueba quién era homosexual y quién era heterosexual. Las pruebas utilizadas fueron la prueba proyectiva de Rorschach o más popularmente conocida como de manchas de tinta, y una similar, el test de apercepción temática (TAT).
Los expertos sólo pudieron determinar correctamente al homosexual de la pareja en una 50% de los casos, lo mismo que hubiera predicho el azar de una moneda lanzada al aire. En algunos casos, una persona fue determinada como un “Kinsey 6”, por el Rorschach, y por el mismo experto como un “Kinsey 0” por el TAT. Hooker extrajo tres conclusiones de su estudio:
La homosexualidad no existe como entidad clínica. Sus formas son tan variadas como en el caso de la heterosexualidad;
La homosexualidad puede ser una desviación del modelo sexual que entra dentro del modelo de lo psicológicamente normal;
El papel que desempeñan determinadas formas de deseo y de expresión sexual puede ser menos importante para la personalidad y el desarrollo de lo que frecuentemente se ha asumido.
La Asociación Psiquiátrica Americana, APA, en abril de 1.974 consideró que la homosexualidad per sé no es un trastorno mental y por lo tanto no puede clasificarse como tal, por no ser esta una categoría diagnóstica; en su lugar, se crearon las de trastornos de orientación sexual. (DSM III R: Modern Synopsis of Comprensive Text Boock of Psychiastry IV). En el DSM-IV (APA, 1994) se agruparon los trastornos de género y de la identidad psicosexual en una misma categoría.
La posición de algunos colegios profesionales estadounidenses, con respecto a que la homosexualidad no es una enfermedad mental ni motivo de discriminación, se encuentra registrada en las resoluciones de las siguientes asociaciones americanas: Para el progreso de la ciencia (1.975), de la salud pública (1.975), de Enfermería (1.979), de Bibliotecarios (1.971), de Trabajadores Sociales (1.977), de Educadores (1.970), de Abogados Americanos (1.973) Asociación Psicológica Americana (1.975) y el Consejo Nacional de Profesores de inglés (1.979).
En la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, a partir de CIE-10,1987, no se incluye la homosexualidad como enfermedad. En ella se señalan, además los problemas psicológicos conductuales asociados al desarrollo y la orientación psicosexual, que pueden ser o no problemáticos para el sujeto y en esa medida pueden afectar el funcionamiento individual y a la relación con la pareja al actuar sobre las preferencias y patrones de relación eróticosexual.
La palabra “homosexualidad” sugiere muchas cosas distintas, pero no siempre el erotismo o la genitalidad entre hombres puede denominarse “homosexualidad”. Muchas de las palabras utilizadas para definirla o para hacer referencia a ella retoman los términos como: berdache, sodomía, enfermo, urnings, degeneración, perversión, inversión, tendencia, orientación, conducta, variante, opción, alternativa, decisión, determinación, natural, herencia, antinatural, congénito, consecuencia, influencia, y muchas otras. Las teorías expresadas en estos términos han sido utilizadas como fundamento de estigma y vulneración a los hombres homosexuales y las mujeres lesbianas.
Pero esa palabra también sugiere algo que yo soy: una marica. Esto lo tiene claro quien en el momento en que ingresaba a esta sala dijo “Ese es el marica que va a hablar”, pero también lo tienen claro muchas personas que me estigmatizan, me agreden, me vulneran y que consideran que al decírmelo, me ofenden. La palabra marica etimológicamente tiene es su origen lo femenino, la palabra María, los maricas somos las marías, por eso soy marica porque en esta sociedad machista el homosexual es menos hombre, y serlo es “ser mujer”, por eso no solo soy marica sino especialmente soy “una marica”. Porque de manera despectiva, incluso muchos que se piensan a sí mismos homosexuales, ven en nosotros un cierto amaneramiento femenino, a un sujeto al que hay que separar socialmente y reivindico el derecho a ser femenino como una manera de ser homosexual, por eso soy “una mariquita”, la mas minúscula de todas, no por lo bajita sino porque deseo reivindicar en mi a la mas excluida de todas las excluidas, la “loca mariquita”.
Sí, además soy “loca” porque al interior de los homosexuales a las maricas mas mariquitas, como una manera de agredirlas, vulnerarlas, separarlas se les dice “locas”.
Como acto político he decido, a partir de este momento, dejar de ser gay, dejar de ser homosexual, dejar de ser marica para ser “una loca mariquita”. Con este acto político que es mucho mas que un acto de trasgresión lingüística y de las normas judeocristianas de las buenas conductas, quiero que quienes están en este recinto, uno de los más prestigiosos del país en la creación y difusión del conocimiento, y que en su mayoría son maestros y maestras se vayan con la idea de que el más pequeño y excluido de los seres tiene el derecho a que en la escuela se le respete y asuma en su diversidad, a que se le reconozcan todos sus derechos humanos y en todos sus derechos sexuales.
Me dirijo específicamente a las maestras y los maestros porque considero que la educación juega un papel fundamental en las transformación de los imaginarios, en la construcción de una nueva ideología, en la modificación de las relaciones sociales, en la cotidianización de la sexualidad no como un tema aparte sino como una vivencia, un sentimiento, una explicación de la realidad en la que los derechos sexuales sean reconocidos en su plenitud como lo que son, derechos humanos, es decir que: la equidad entre hombres y mujeres sea posible; los géneros incluyendo al de aquellos que deciden asumir una identidad de genero que es la que no se espera socialmente de ellos sea reconocido en iguales condiciones a las masculinidades y feminidades por ser variaciones de estas; las personas puedan vivir su orientación sexual sin tener que dar explicaciones y sin que sean tratadas como enfermas, anormales, antisociales, delincuentes o pecadoras; puedan vestirse como les plazca y no como la norma dicta; educación sexual sea positiva y en consecuencia no se enseñe sobre la sexualidad como algo sucio de lo que se deba hablar en voz baja o exclusivamente de y en la intimidad sino como una manera de realizarse como sujeto social, cultural y político; las personas en la búsqueda del placer puedan asumir practicas, comportamientos y actitudes erótico-placenteras que no vulneres a sus parejas sexuales, sin que por eso se les considere aberradas; en el que nuestra intimidad no sea expuesta en publico sin nuestro consentimiento; y, en la escuela ningún miembro de la comunidad académica sea separado, excluido, estigmatizado, burlado, castigado, satanizado, aislado o segregado en razón de ningún aspecto de la vivencia de su sexualidad.
Es esta mesa de discusión nos convoca el tema de la homosexualidad en nuestros tiempos, por ello llamo la atención a los maestros y maestras porque es en las mentes, capacidades e intereses de ellos y ellas en quienes el Estado ha puesto la educación sexual en nuestro país, no porque se piense que no se educa sexualmente en la casa, en la familia, en la iglesia, en la sociedad, en los medios masivos de comunicación sino porque es con sus maestros y maestras que un niño y una niña pasa el mayor tiempo de su niñez y juventud y en tal sentido de quienes mas información positiva o negativa recibe entorno a las sexualidades.
Les hablo a ustedes porque los padres derivan en los maestros y maestras la educación de sus hijos, porque los niños, niñas y jóvenes creen en ustedes y asumen que lo que dice el maestro es una verdad incuestionable y apelo a su sentido ético para que reconozcan que ningún ser humano puede ser vulnerado en su derecho a la construcción de su felicidad y ésta está directamente relacionada, con la vivencia plena de su sexualidad.
Reclamo a las maestras y los maestros la evaluación y redirección del Plan nacional de educación sexual e insto al Ministerio de educación que nos convoca a este evento para que comprenda que en los proyectos educativos institucionales en, de y para la sexualidad todas las orientaciones sexuales son igualmente validas como también a que comprenda que la equidad de genero no es solo una posibilidad para las mujeres sino también una construcción para y junto con los hombres.
Este evento nos plantea el reto de discutir sobre la sexualidad en el tercer milenio, creo que las prácticas sexuales no han variado demasiado en la historia de las sexualidades y tan solo veo a unos pocos utilizando las nuevas tecnologías para obtener placer o provocarlo, pero de todos es sabido que en este siglo que está a punto de terminar si ha cambiado la manera como la sexualidades se explican y las leyes con la que esta se cohíbe o castiga; constitucionalmente en nuestro país ha cambiado el papel de la iglesia, en el código penal ya no nos asume como delincuentes y ya hablamos de derechos humanos y sexuales.
Yo confió plenamente en que las decisiones políticas en el tercer milenio, en este país, estén orientadas de tal manera que ningún ser humano sea excluido, limpiado socialmente por grupos de derecha como sucedió con León Zuleta con quien fundamos el movimiento homosexual en Colombia y quien fuera asesinado en 1993 por sus trabajos con relación a los derechos humanos y sexuales.
Muy a mi pesar considero que en el tercer milenio las enfermedades de transmisión sexual se seguirán presentando porque desde el libre desarrollo de la personalidad algunos seres humanos seguirán optando por la enfermedad en vez de hacerlo por el autocuidado y la vida pero muy especialmente porque el desinterés del estado en las poblaciones sexualmente vulnerables como los y las trabajadores sexuales, las minorías sexuales e inclusive las mujeres seguirá creando condiciones de iniquidad e inequidad y muy seguramente estos y algunos otros grupos de personas seguirán siendo excluidos ya que la pobreza, la ignorancia y el modelo judeocristiano seguirán teniendo un peso político en cualquier toma de decisiones en Colombia y en el mundo y seguirán siendo la excusa para que cada vez un grupo mas pequeño de ciudadanos y ciudadanas concentren el poder económico, político y educativo en nuestro país.
Gracias a los juegos de la vida y el poder, depende de nosotros los líderes y liderezas sociales y de los maestros y maestras que el futuro que se nos avecina sea diferente, porque es por medio de la educación que se suceden los cambios o se perpetúan los modelos. De cada uno de nosotros depende no solo nuestra existencia sino la vida que queremos para aquellos que ponen en nuestras manos la posibilidad de decidir, de proponer, de luchar por los derechos, no solo por los nuestros sino por los derechos humanos y sexuales de todos y todas.
Sueño con un mundo en el que por ser una loca mariquita ya no sea contemplada como una perdida o una pérdida sino como lo que realmente soy, un ser que en lo único que se diferencia de algunos de ustedes es en el sujeto que elegido para poner mis deseos, mis afectos, mi erotismo, mi genitalidad, y en el que se entienda, asuma y respete que al igual que algunas de ustedes tengo el derecho a optar por un hombre pero que a diferencia de muchos y muchas de los y las heterosexuales ha decidido ser lo que quiere ser y vivirlo plenamente y sin tener que esconderse para ser feliz.
Gracias por los aplausos pero estos no son para mi, son para cada uno de ustedes y no lo son solo por hoy sino para cada día en el que al ir a la cama con su pareja descubran que al revisar cada una de las acciones del día, en las que eso sea viable, han hecho lo posible para que otros y otras vayan a la cama con igual libertad con que ustedes pueden hacerlo o con mejores posibilidades de las que hasta ahora usted mismo o usted misma tiene.
Este evento y presentación fue un momento decisivo en el cambio del discurso sobre la homosexualidad en nuestro país, fue igualmente la primera oportunidad en la que hacia público en un evento a nivel nacional, organizado por un Ministerio, una sociedad científica y una universidad, mi discurso sobre los derechos humanos entendidos como derechos sexuales.
El siguiente texto relata algunos de las razones y ejercicios de construcción política sobre el discurso de la maricada:
Ser Marica: cuestión de hombres
“Ay, no me digas marica, dime gay” decía un amigo que pensa
España junio de 2008
Este documento es el Anexo Nº 1 del Estudio autobiográfico descriptivo que explicita la experiencia-comprensión del proceso de transformación personal y social del autor, en el Movimiento Homosexual Colombiano, ubicándola en el contexto de cambio cultural y social de dicho país, con el fin de indicar-inferir cierta estructura que permita actuar educativamente.
Realizado para obtener el Diploma de Estudios Avanzados. Doctorado en Intervención Psicopedagógica. Universidad del País Vasco, UPV, España. Otorgado el 27 de marzo de 2009
Nota bibliográfica: Todos los documentos que aquí se citan se hallan en este mismo blog como artículos.
INDICE
1. Estudio autobiográfico descriptivo
2 De homosexual a marica sujeto de derechos: Arqueología al interior de mí mismo
2.1 Surge una historia
2.2 Dios ve debajo de la cama
2.3 Marujita explica el mundo
2.4 La necesidad de “ser bueno” y de que otros puedan serlo
2.5 No solo de pan vive el ser humano
2.7 Aprendiendo en la escuela formal
2.7.1 Investigación y sexualidades
2.8 Soy distinto: La influencia de un homosexual francés
2.9 De la maricada y el arte
2.10 Un cuerpo, dos cuerpos… un movimiento
2.10.1 El arte, un espacio de trasgresión política
2.10.2 El trabajo educativo como estrategia política
2.10.3 No perder lo construido, re-construir lo perdido, trascender el ghetto gay
2.10.3.1 Sin sede, pero con grupo
2.10.4 Brincar por la Ventana
2.10.4.1 La analidad como ejercicio trasgresor del poder falocrático
2.10.4.2 Cambiar la norma no cambia los ciudadanos
2.10.4.3 Frente artístico y cultural
2.10.4.4 Frente educativo
2.10.4.5 La protesta política, un acto militante
2.10.5 Sacar la cara por esa ventana, que son los medios
2.10.5.1 Por- no-grafía
2.10.6 Discurso marica
2.10.6.1 La inmunodeficiencia relacionada con los gay
2.10.6.2 Sin el heterosexual es “straight”, yo soy torcido
2.10.6.3 Idénticos pero diversos
2.10.6.4 Los derechos sexuales son también derechos humanos
2.10.6.5 Los maricas estamos en todas partes
2.10.6.6 ¿Es usted hombre o mujer?
2.10.6.7 Esto no tiene nombre
2.10.7 Sujeto de derechos
2.10.7.1 Fallos de la Corte Constitucional Colombiana con respecto los derechos legales de los homosexuales en Colombia
2.10.7.2 Los derechos sexuales de los jóvenes colombianos
2.10.7.3 Derechos civiles de las parejas del mismo sexo: la puerta de entrada al mundo de la política.
2.10.7.4 La estrategia de la derecha o el juego político de algunas personalidades en contra del reconocimiento de las uniones de parejas del mismo sexo.
2.10.7.5 No es de cristianos gobernar para minorías
2.10.7.6 De sujeto que investiga a sujeto investigado
1 Estudio autobiográfico descriptivo.
Inicialmente pensé en que mi autobiografía fuera una espeleología al interior de mí mismo. Partiendo de que la espeleología es la ciencia que se encarga de la exploración y estudio de las cavernas o cavidades subterráneas, y que ya quería buscar en el fondo de mí mismo, la esencia de mi trabajo como persona homosexual que busca la transformación social.
Muy pronto mi director de investigación, el Maestro Orcasitas (para mi es más que un profesor) me hizo dar cuenta que todo análisis que hiciera hoy, estaría viciado por el contexto epistemológico, social y cultural del momento y que sería conveniente usar el concepto de Arqueología de Foucault.
Por supuesto no se plantea aquí usar la disciplina que estudia las civilizaciones antiguas a través de los restos que de ellas se conservan, como monumentos, piezas de cerámica, esculturas, esqueletos, etc., sino de la idea que propone este autor en La arqueología del saber en donde plantea que se inscribe, según en el contexto epistemológico del momento, que este no es un corsé rígido, sino una síntesis del ambiente cultural de un momento dado, donde los diferentes planos enunciativos (política, economía, cultura...) crean sus estrategias de adaptación al plano de la realidad.
Vivir en España, en un momento histórico en el que se ha avanzado en la obtención de usa serie de derechos para la población LGBT y se vive un ambiente totalmente diferente al mío, necesariamente influirá no solo en mi estado de animo, en la decisión de que es importante, en la selección de textos que haga para alimentar mi autobiografía y también en el análisis que haga de los mismos.
En Foucault, el momento y la historia aparecen como un discontinuo, como una superposición de enunciados, como un entrecruzamiento dialéctico, no sujeto a una armonía unificadora o reductora de la complejidad. Habla de la ‘historia global’ como una crónica de discontinuidades, de afirmaciones y negaciones, de tensiones entre enunciados propositivos y las tensiones del poder. La historia no aparece ya como una sucesión de hechos encadenados, sino como una recreación de lo discontinuo como sistema.
Esta ultima idea, me apoyó en la decisión sobre cómo hacer el texto narrativo por cuanto no es una narración cronológicamente continua, sino una serie de momentos que emergen de la interrelación, interafectación e interdependencia de experiencias, emociones y saberes que lograron no solo transformar mi existencia sino también contribuyeron a la transformación de otros homosexuales y lesbianas y de nuestra realidad nacional colombiana.
2 De homosexual a marica sujeto de derechos: Arqueología al interior de mí mismo
Esta autobiografía es un encuentro conmigo mismo, con mi historia y sobre todo para re-construirme persona. Como toda autobiografía responde a la visión del autor sobre su existencia, a las explicaciones que da a los diferentes momentos de su vida; en mi autobiografía se resalta aquello que visto desde el momento actual de mi existencia considero importante, pero no por ello dejo de lado los encuentros y desencuentros con otros quienes pensaban, actuaban y sentían diferente de mi, porque es precisamente esa contradicción con ellos o con migo mismo la que me ha llevado a ser lo que ahora estoy siendo y a luchar por aquello que en cada momento he considerado importante.
La autobiografía es el seguimiento a una serie de transformaciones, a un espiral en el que muchos momentos determinaron cambios en mi manera de proceder, de explicar y de dar sentido a mi existencia y a la de los demás; en ese orden de ideas creo que en el hacerme humano, conciente o inconcientemente, siempre he ido hacia delante, dando cierta importancia a hechos, acontecimientos y personas y restándosela a otras situaciones y personas; porque en ese proceso de construirme humano, me sentí bien con migo mismo, así dicho bienestar haya producido inicialmente en mí cierta desazón o unas ganas enormes de huir de aquello que me estaba sucediendo.
Las personas que tomaron importancia en mi vida probablemente nunca supieron o sabrán que han sido significativas en mi transformación, pero haberlas podido encontrar o que ellas se hayan dejado descubrir, así los encuentros hayan sido en sí mismos la más cruel de las huidas (de ellos y de mi mismo), tuvo como consecuencia procesos de reflexión y vivencias que posibilitaron una mayor coherencia entre la acción y la explicación.
El eje transversal de este recuento de vivencias y experiencias será mi encuentro con la sexualidad y la educación. En cuanto a la sexualidad, con la mía propia, la de otros y su relación con la mía, los discursos familiar, religioso y social sobre ella, y los cambios generados en mí y en otros a partir de esos nuevos aprendizajes. No pretendo estudiar el origen de mi homosexualidad, sobre ese aspecto ya dediqué todo un tiempo y de esa reflexión surgió un capítulo primero de mi libro “Y si el cuerpo grita… dejémonos de maricadas” denominado “Razones que dan algun@s poc@s de por qué much@s otr@s son como son” y del que cito el cabezote introductorio en que se evidencia mi pensamiento al respecto, para mi es claro que yo decidí serlo y que si volviera a nacer lo sería nuevamente, porque sigo afirmando lo que le dije un día a alguien ¡Marica es lo que yo soy, y soy feliz!
Las teorías no explican la homosexualidad y la lesbianidad; cuando mucho, se aplican solamente a algun@s de ell@s.
Cuando yo me di cuenta de que era homosexual, pensé que había nacido así. Después leí algunos documentos científicos, y deduje que mi madre tenía la culpa. Pero otras teorías me aclararon que la raíz era la relación con mi padre, o que con ambos... Posteriormente concluí que era cuestión de hormonas. Pero no tardé en enterarme de que tenía que ver con mi hipotálamo; Cuando creía tener una respuesta me enteré de que estaba relacionado con mi herencia y mi cromosoma “X”.
Después de mucho pensarlo creí que yo me había hecho homosexual...
Por suerte, a pesar de tanta ciencia, sigo siendo feliz. ¡El origen es lo de menos!
Con relación a la educación, en mi labor de líder social que realiza acciones educativas sin haber sido formado profesionalmente para ello, me atrae mi interés por la formación y desarrollo de la conciencia de sí como persona, sujeto social, ciudadano, sujeto de derechos y sujeto político. Del cruce de la sexualidad y la educación me apasionan los procesos de construcción de la identidad ya que apoyan tanto la autoformación como contribuyen a que las personas comprendan por medio de la educación que la negación de sí mismas, es fruto de otros procesos castro-educadores.
La lucha reivindicativa de lesbianas y gay, se considera que comienza a nivel individual, sin embargo, cualquier persona que muestre públicamente su homosexualidad, es un militante. Lo sepa o esta persona se halla haciendo activismo gay. Soy re-conocido nacional e internacionalmente como un activista por los derechos de la población LGBT y en el tema del sida. Mi lucha comenzó en la sexualidad hace treinta años, en el sida, hace 24. Comenzó y continua tratando de entender, explicar, educar con relación a las raíces de la homosexualidad ya sean médicas, culturales, sociales, políticas o religiosas.
En esa lucha he comprendido que, mi aspiración no ha sido nunca ser un sujeto normal, primero porque la norma, el “deber ser” no es para mí el modelo al que aspiro llegar sino del que me pretendo alejar.
Muchos consideran que soy irreverente, realmente durante mucho tiempo lo fui pero con el paso de los años he comprendido que sacarle la lengua a quien piensa distinto no es la mejor manera de avanzar en una discusión. Inicié la estrategia de tratar de entender lo que el otro decía antes de decir lo que yo pienso, esto me permitió darme cuenta de que muchas veces aun con las personas mas disímiles tenia ciertos acuerdos y aprendí a recalcar dicho acuerdo para así poderme centrar en la discusión sobre los desacuerdos. Claro esta que debí hacer claridad en que el eje de toda discusión no estaba en tener la ultima palabra sino en lograr ciertos acuerdos que nos permitieran avanzar. Creo que hay que tener opinión, no importa la situación en la que me encuentre creo que siempre tengo una opinión y debo expresarla, no puedo permitirme callar, menos en aquellas situaciones en que la injusticia… he mejorado en la tolerancia y sobre todo en la consideración de los otros, eso me ha permitido una mejor convivencia, también los otros se dan cuenta de ello.
Las discusiones más que una manera de contar tu pensamiento son un espacio para contarse a sí mismo y en voz alta los propios pensamientos, los demás son una excusa para avanzar sobre si mismo.
A pesar de los cambios en mi experimentados y en la construcción de mis relaciones, mucha gente entiende que no soy un ser convencional, inicialmente fui un poco mas radical pero con el paso del tiempo y en la medida que los logros eran mas difíciles aprendí a negociar y me fui haciendo mas político y actuando “mas políticamente correcto”, de todas formas no ser convencional en muchos aspectos, me ha convertido en un ser marginal, pero en el caso del discurso sobre las sexualidades, los derechos humanos y sexuales y el sida, dicha marginalidad ha sido el resquicio por el que los medios me han dejado asomarme en sus paginas, micrófonos y pantallas. Dicha posibilidad no me ha hecho olvidar que todavía sufrimos persecuciones, que somos una minoría, que ciertos éxitos nos exponen aun más y nos hacen más vulnerables; que soy de alguna forma un privilegiado pero que ese privilegio ha significado amenazas contra mi vida, contra mi familia, e incluso el exilio y la búsqueda del asilo político. Tema, este último, al que no me referiré profundamente porque la presente autobiografía tan solo abarca hasta el momento en que el debate sobre los derechos humanos y sexuales de las parejas del mismo sexo llega hasta su discusión en el Congreso de la Republica de Colombia.
Quiero dejar por sentado que entiendo que la libertad legal no es una libertad política, y mucho menos crea todas las condiciones para alcanzar la transformación social y mejorar la convivencia para los homosexuales, las lesbianas y demás minorías sexuales, pero que si son un paso de suma importancia para el cambio. No me interesa el matrimonio pero lo que si me interesa son los derechos civiles de pareja, no porque requiera de una ley que así lo promulgue ya que siempre he compartido plenamente con mis parejas, sino porque son muchos los excluidos y excluidas del sistema legal colombiano.
Por ultimo quiero aclarar que en muchos casos me he visto obligado a crear un lenguaje nuevo que diga lo que quiero decir, sin estar contaminado por el uso y el abuso. Y además, que con el amor tengo un problema, no busco un príncipe azul, tengo claro que estos se destiñen con mucha facilidad, que prefiero un enano verde que se vaya convirtiendo en príncipe, claro que para que el enano logre entusiasmarme primero debe llegarme al cerebro, y no precisamente desde la ruta de las emociones sino desde su manera de pensar, prefiero las personas inteligentes a las atractivas, pero esta autobiografía para nada de centra en mis relaciones afectivas y cuando lo hace, es porque es importante para el tema de construcción política y de la educación.
2.1 Surge una historia
Mi padre nació con el siglo XX, y murió en Julio de 1974, en el Socorro, Santander del Sur, Colombia y llevó a su esposa, María de los Ángeles Mora, al altar en 1930. La suya fue una boda de esas con las que nadie está de acuerdo porque muchos pensaban que él era demasiado viejo para ella, pues su diferencia de edades era de 12 años. Maruja, una mujer inocente durante toda su vida, lo era aún mas al casarse pues apenas era una niña de catorce años, ella nació en 1916. Ella se sintió bastante molesta con mi padre, luego del matrimonio, cuando intentó “propasarse” haciendo “cosas sucias” con ella; para ella era inconcebible que un hombre que decía amarla le hiciera a una mujer “eso” que a él le gustaba hacer.
Carmelita, su confidente por más de medio siglo fue la primera en enterarse de que mi madre quedó preñada, se dio cuenta de su preñez al observar su preocupación por sentir cierto malestar y estar vomitando permanentemente. Maruja tan solo sabía del embarazo lo dicho por su madre: una mujer a punto de tener un hijo siempre trasboca. El temor de María de los Ángeles era pensar como pudiera quedar su boca después del alumbramiento: desde su desconocimiento de la vida y lo poco que conocía de anatomía podía deducir que era poco probable el paso de un niño por la boca. Las dudas se disiparon pronto. El temor al embarazo se había perdido totalmente al momento de parirme a mí, pues en ese entonces ya tenía 39 años y varios hijos.
Lancé al aire mi primer grito el primero de junio de 1955, en el Socorro, Santander del Sur, Colombia. Ví la luz por primera vez en la misma cama de madera en la que mis padres me engendraron. Nací a las nueve de la noche en el segundo piso de la casa en que vivía y trabajaba mi familia; en la única habitación cuya ventana daba a la calle, y desde la que se podía divisar, la plaza principal del pueblo ubicada a escasa media cuadra. El mío fue un parto normal a pesar de que haber sido atendido por comadrona y de mi peso, 9 libras, producto según decían de un embarazo prolongado más allá del tiempo necesario. Las primeras personas que me vieron no podían dar crédito a lo que sus ojos veían, el niño parecía tener más de tres meses de nacido a sí mi madre insistiera en que tan solo habían pasado unas horas después del alumbramiento.
Fui el séptimo de ocho hermanos: el décimo de los hijos en un hogar que debería estar compuesto por ese mismo numero de hermanos, pero que nunca pasó de ocho porque los tres primeros murieron al poco tiempo de haber nacido; el séptimo de ocho hermanos debido a que nuestro cuarto hermano, el mayor de los vivos, no lo era de sangre sino adoptado. Digo ocho hermanos porque dos años después de mí nació Richard, quien murió antes de cumplir sus cinco años. Luego de tantos nacimientos y muertes terminé siendo el menor de todos: tres hombres y cuatro mujeres.
Para mis primeros tres hermanos su vida fue muy corta, el primero nació muerto, el segundo duró un par de días, y el tercero alcanzó a vivir como cuatro meses; los bautizaron con el mismo nombre de mi padre: Manuel Velandia. Todos murieron a los pocos días de haber nacido por lo que no volvieron a bautizar a ninguno con este nombre, ya que según los indicios esto parecía ser un augurio de mala suerte. La regla se rompió con migo, de todas maneras decidieron llamarme de esa misma manera: por agüero pero también en homenaje a mi tío, el hermano menor de mi madre, me bautizaron con su nombre: Antonio, de tal manera que me llamo Manuel Antonio.
Mi madre, aun ahora a sus 90 años, no ha perdido el gusto por la moda de aquella época: lucir vestidos descotados y faldas anchas, aun ahora a pesar de su edad, los prefiere cambiando las faldas de sus vestidos, ahora angostos. Desde recién nacido se volvió para mí una costumbre dormir con una mano puesta sobre una de sus tetas, y con la otra acariciando la bolita de carne que tenía, sobre su mejilla derecha y que a sus 84 años se la quitaron en una cirugía). Yo dormía placidamente en su regazo y únicamente despertaba sobresaltado en aquellos momentos en los que no encontraba la bolita de mi madre o no podía tener la mano sobre el pedazo de seno que siempre asomaba sobre el revoque de su vestido. Para evitar habladurías me quitaron la leche materna y me la cambiaron por tetero de aguadepanela con leche, rito repetido día tras día a las cinco de la tarde hasta decidir, al cumplir mis ocho años, ponerle cebolla al chupo para que lo rechazara. Mi odio a la cebolla aumentó hasta el punto de que aún hoy, después de tantos años, el olor a la cebolla sin importar si es larga, cabezona o berro me produce sensación de vómito.
A mi alrededor se sucedían uno a uno acontecimientos sociales debido a que mi casa era la que poseía dos de los más grandes salones del pueblo. No era propiamente el Club del Socorro, pero allí, en la primera de las salas, la que daba junto a la puerta de la calle, estaba la Funeraria San José, propiedad de mi padre; en este lugar se velaban tanto los muertos cuyas familias eran reconocidas como las de mas alcurnia como los de aquellos “NN” que morían sumidos en su más aguda pobreza. En la segunda de las salas, aislada de la sala de velación por una puerta metálica que ocultaba toda vista poco amable, se realizaban las fiestas con motivos tan diversos como los reinados estudiantiles, las despedidas de año y los grados de bachillerato acaecidos en los únicos tres colegios del pueblo.
A Maruja le gusta rezar: ora por ella, por los suyos y hasta por encargo. Lo hacía en la casa o en la iglesia catedral ubicada por la misma acera de nuestra vivienda, cruzando la calle, a una cuadra de la casa en dirección al parque. Su hábito de rezar se incrementaba con los rosarios en los que se pedía por la salvación de las almas de los muertos de otras familias: nuestros clientes. En especial acompañaba los duelos de las señoras más viejas quienes eran sus amigas y llevaban sus muertos para ser velados en mi casa. No todos los entierros eran iguales. Los más elegantes tenían candelabros más altos y brillantes, un crucifijo fabricado en plata y colocado sobre un pedestal trabajado en plata con adornos de bronce, el ataúd se fabricaba en una madera más fina y adornado con clavos de plata y se forraba con terciopelo, o si el dinero no alcanzaba para tanto no se negaba el brillo pero se adornaba con taches dorados. El féretro se colocaba sobre dos soportes, las patas de cada una de ellos formaban una lira tallada en madera. Los pobres no aspiraban a tanto, se conformaban con cuatro velas gruesas puestas sobre candelabros de madera, crucifijo plateado, ataúd forrado en satín colocado sobre torneadas patas de madera. Cuando fuimos a vivir a Bucaramanga, algunos años después mi padre no quiso desperdiciar las liras y las utilizó para hacer la base de la enorme mesa del comedor en la que podían sentarse cómodamente doce personas.
A mi madre no le atraía demasiado que yo me la pasara jugando en el piso, gateando, corriendo, saltando entre las piernas de familias vestidas de negro que se hacían visita en la funeraria, así que casi siempre los mimos de los visitantes terminaban en gritos y llanto cuando de una oreja me sacaban de la sala. A ella tampoco le agradaba que yo tomara cosas que estaban en el piso, así que se molestó mucho al descubrir en mi boca uno de los tornillos con los que atornillaban los cajones en que estaban los cadáveres a las liras que eran sus bases. Los tornillos, en algunas ocasiones alcanzaban a tocar el cadáver, así que supuso que el que me sacó de la boca estaba impregnado con sangre proveniente del cadáver de un señor que había sido asesinado y al que mi padre en reemplazo del médico, como casi siempre, había hecho la mayor parte de la autopsia.
Sus sospechas se confirmaron en la noche cuando empecé a sentirme enfermo; además de la diarrea y el vómito, mi cuerpo sudaba en exceso y fue tomando el color blanco transparente de los muertos. Los síntomas no eran conocidos, pero llegaron a la conclusión de que mi enfermedad era similar a la que llamaban “Sutera”. Para curarme, en el patio de atrás, hicieron un hueco en la tierra en el me metieron y taparon con arena. Me enterraron con todo y ropa, dejándome la cabeza por fuera. Estuve en el hueco desde las siete de la mañana hasta el día siguiente: me dejaron al sereno buscando sudara la enfermedad. Lloré casi toda la noche y conmigo lo hizo la familia haciéndome coro. El llanto pasaba por momentos cuando el hambre podía más que la tristeza. La dieta debía ser estricta y poca la comida, únicamente podía comer la receta de los enfermos que mi madre preparó durante muchos años, así que comí Miriñaques: los panderos de maíz que preparaba siempre que estábamos enfermos, acompañados algunas veces del agua con panela y otras de Caspiroleta: una colada caliente y espesa hecha con leche, huevos, azúcar y migas de panderos. Después de sacarme del hueco seguí enfermo por varios días y quedé tan flaco como era de esperarse de un muerto que siguió vivo.
Maruja pensó que probablemente iba a morir por llamarme Manuel... seguí vivo por llamarme Antonio. La comadre Carmelita anunció con mucha solemnidad y profundo conocimiento “de la Sutera no se salva nadie y tan solo si Dios lo quiere, uno se salva pero no crece”, debe ser cierto porque nunca pasé del metro con sesenta centímetros. Durante muchos meses me dieron caspiroleta y miriñaques hasta que volví a ser casi tan gordo como antes. La dieta de enfermos era tan especial para el cuidado de todos en casa que Apolinar, el segundo de los hombres, deseaba enfermarse buscando esta atención. Él, que nunca se enfermaba y se debía contentar con ver comer a los convalecientes en una oportunidad estuvo tan enfermo que le fue imposible gozar de tal privilegio, a lo que mi madre concluyó que tanta inapetencia debía ser un castigo de Dios por desear aquello que no debe desearse.
Myriam, mi hermana mayor, aprendió los secretos de la costura con mi madre y los mejoró viendo cortar y coser a mi tía Socorro, hermana mayor de mi madre, pero según cuenta ella misma perfeccionó sus conocimientos de corte, confección y diseño observando, de reojo y sin que se notara su interés, como vestían las Pieruccini, una familia descendiente de italianos, que eran los propietarios de la única imprenta del pueblo y que conservaba sus tradiciones con gran sigilo, quienes llevaban al Socorro las revistas ilustradas con el ultimo alarido de la moda. Con sus conocimientos se ganaba algunas entradas que le permitían ser algo independiente en su economía y utilizando los retazos que le quedaban al fabricar los vestidos a sus amigas, elaboraba su ropa y algunas veces la mía. Los colores que usaban las mujeres en esa época eran fuertes y brillantes, yo vestía en rozado, morado o azul: Siempre llevaba pantalones cortos y camisas de manga sisa, es decir, sin mangas, dice mi hermana Trigidia. A Myriam le encantaba que los vecinos y quienes me vieran cuando me sacaban al parque de paseo o a donde sus amigas, pudieran observar mis piernas y brazos bien formados y contorneados de niño gordito, recuperado a pesar de que hacía poco tiempo había estado a punto de la muerte.
Un poco antes de cumplir los cuatro años aprendí a jugar con el hula-hula, una rueda grande y delgada en color verde brillante que daba vueltas alrededor de mi cintura y todo mi cuerpo. La manejaba con tan gran destreza que los chicos que pasaban frente a mi casa y me veían jugando se quedaban por largo tiempo observándome, sin importarles llegar tarde a sus clases en el colegio. Distraerme con el hula-hula se volvió una novedad para los demás chicos: los atraía hasta el punto de venir a verme y si era necesario, solicitarles a mis padres me permitieran salir a hacer demostraciones. Jugaba en el salón principal de la funeraria ubicado entre la puerta metálica enrollable que caía del techo y la reja metálica que al abrirse formaba rombos y que cerraba el paso hacia la calle. De esa puerta llevo un recuerdo que primero estuvo arriba de mi nariz, después en mi frente y que con el paso de los años fue subiendo hasta quedar en la base de mi cabello: una cicatriz que me marcó la puerta cuando cayó sobre mí justo cuando yo pasaba bajo el dintel en mi carrito caminador.
La casa de las Pieruccini era grande, esquinera y realmente eran dos casas juntas; tenía entradas por la calle y por la carrera. En el centro de la casa de la carrera estaba un patio amplio, con baldosas de colores y figuras geométricas alrededor del cual estaban todas las habitaciones incluyendo aquella a la que le hicieron puerta hacia la calle y en la que pusieron la imprenta. El patio estaba adornado con diferentes matas y colgando del techo unos grandes helechos. La casa tenía olores que me traen gratos recuerdos: tinta fresca y el tomate con albahaca que aderezaba su famosa comida italiana. Los Pieruccini, fieles a sus ancestros, son los propietarios de la imprenta del pueblo; siguiendo la tradición italiana de sus antepasados, todos los domingos y en algunas ocasiones especiales como la celebración de un cumpleaños o tener invitados a su casa organizan un almuerzo: preparar la pasta sigue siendo un rito familiar; aun ahora, varias décadas después, amasan la pasta, le dan forma, la ponen a secar al sol, la cosen “al dente”, la aderezan con su receta secreta de salsa de tomate y especias.
Ir a casa de las Pieruccini, familia de pocos amigos y una de las más reconocidas y de lo que mi madre llama alta alcurnia del Socorro, era toda una novedad. Sin embargo, para mis tres hermanas mayores era una costumbre, crecieron al lado de la mayor de las hijas de esta familia: Aurora. Una mujer delgada, alta, de ojos azules, cabello castaño claro, bastante atractiva; Amparito era su hermana menor y amiga de Luisa mi hermana; a ellas las criaron los tíos, don Luís, y sus hermanas solteras, Carmen y Sofía, Aurora y Amparo estaban obligadas a ir a las clases de piano y solfeo, costumbre extraña a la sociedad del pueblo, pero como toda chica a quien le imponen algo estaban poco interesadas en hacerlo, así que su tía decidió pagarle las mensualidades en la Casa de la Cultura del Socorro, a Luisa para que estudiara música en la casa de la cultura y facilitarse su propia vida al crear las condiciones para que estuvieran en clase las dos amigas.
Tita, la tercera de mis hermanas, cuyo nombre de pila es Trigidia me llevaba de paseo a muchas partes, incluyendo sus salidas a casa de las Pieruccini. En una de esas visitas vi por primera un aparato desde donde salía la voz gruesa de un señor que aun cuando se le entendía un poco, hablaba raro. El señor hablaba cantando “yo vendo unos ojos negros, quien me los quiere comprar? Los vendo por hechiceros porque me han pagado mal... muchos años después supe que era Nat King Cole un cantante norteamericano cantando en español. Yo quería ver al señor: lo busqué por arriba y abajo, observé detrás y en ninguna parte lo encontré. Pregunté dónde estaba el hombre que hablaba y como respuesta me subieron a la silla desde donde podía ver un plato negro con un hueco en el centro; el plato negro daba vueltas y tenía una cosa encima. Si le ponían la cosa el señor cantaba, al quitársela el señor se callaba. Cuando me dejaron sin que le quitaran la cosa al disco, el señor se calló. La cosa se había quitado sola y yo se la puse de nuevo, esta se movía de un lado para otro y el señor no habló pero se oyó un sonido extraño. La mamá de las Pieruccini, una señora alta y gorda, vino corriendo y quitó la cosa. Sacó el plato del aparato y lo guardó en una bolsa; lo puso en un cajón del que cerró la puerta. El aparato tenía tapa. Me amonestó diciéndome: los niños no pueden jugar con la radiola y si quiere oír música dígale a Aurora y ella se lo pone.
Varias veces me llevaron de visita y siempre que lo pedí me pusieron los discos. Algunos eran pequeños y tenían una sola canción, otros tenían varias. Cantaban señoras y señores pero a algunos no se les entendía nada, cuando los discos no tenían cantante a eso se llamaba música. Tenían muchas músicas distintas y cantantes con música: una se llamaba música jazz, otra música clásica, una más era la italiana: tenían discos de señoras quienes cantaban parecido a como hablábamos nosotros, cuando cantaban así a eso que decían se llama italiano. Ellas me gustaban más que otros cantantes porque se les entendía un poquito lo que decían. Si me quedaba quieto y oía la música me daban galleta y sorbete: una bebida espesa hecha con cualquier fruta y leche.
Crisanto mi hermano se fue a estudiar a San Gil al colegio seminario. El quería ser sacerdote y mi mami era muy feliz de que él lo fuera. En el Socorro tan solo en la casa de las Garnica había un sacerdote. Maruja pensaba que servir a Dios era algo muy lindo. Yo le dije que al ser más grande sería sacerdote y ella dijo que si Dios lo quería, sería así. Crisanto estuvo varios años en el seminario, al salir de allí se fue a estudiar a Bucaramanga. El fue el primero en la familia de salir a estudiar a una ciudad.
Myriam y Luisa, mis dos hermanas mayores, ganaron en 1961 una beca para viajar a Bogotá y estudiar enfermería en la Cruz Roja Colombiana. Mi papá estaba muy orgulloso de que ellas hubieran ganado el premio pero pensaba que las mujeres deberían estar en la casa y que era muy peligroso ir a Bogotá. La rectora del Colegio Oficial Avelina Moreno fue a nuestra residencia a hablar con mi mami y mi papi, ella presionó a mi papá, él dijo que sí y ellas se fueron para Bogotá. Mi papá quedó muy triste y de vez en cuando lloraba. Una vez viajaron no las querían recibir en la Cruz Roja, la entidad que les había atorgado el premio. La razón argüida era que las participantes del concurso debían haber terminado el bachillerato hasta sexto año y ellas tan solo habían alcanzado el cuarto curso de comercio, en el “Oficial” que era el máximo nivel al que podían aspirar las mujeres del pueblo en ese momento. Como no les podían quitar las becas así hubieran estudiado dos años menos que las demás participantes, las recibieron, pero les exigieron validar lo que les faltaban para ser Bachilleres. A partir de lo que les pasó a mis hermanas mi papá pensó que las posibilidades que sus hijos teníamos en el Socorro no eran las más adecuadas para el futuro que nos tenía previsto, razón por la que decidió trasladarse con toda la familia a la capital del departamento.
En 1962 nos fuimos todos a vivir a Bucaramanga en el Barrio San Francisco, en una casa cerca de la iglesia. Esta fue la condición que Maruja le puso a mi papá para aceptar cambiar de ciudad. La casa ubicada en la carrera 25 Nº 14-48 era grande, mas angosta en el frente que atrás, con dos pisos en la parte delantera y uno solo o en la parte posterior. Se podía ingresar a la casa por una puerta ancha de garaje que ocupaba todo la portada de la vivienda o por una pequeña puerta, parte de estructural de la más grande. La puerta desembocaba a un garaje seguido de un pasillo con más de 40 metros de largo.
A un lado del zaguán, justo después de las gradas que se dirigían al segundo piso, mi madre sembró una vid, la que se fue extendiendo creando una especie de cobertizo. Si la planta estaba en cosecha, se volvía un ritual levantarse temprano, caminar bajo la vid y descubrir los racimos de uva. Quien primero los descubría los marcaba y era su dueño. Así que muchas mañanas inmediatamente después de despertarme fui corriendo hasta debajo de la planta a buscar y marcas mis propios racimos. En muchas oportunidades las incipientes frutas parecían esconderse entre las hojas para que no las encontráramos porque eran un regalo-sorpresa, que según Maruja, Dios tenía para otro.
A la parte de atrás de la casa se ingresaba por un arco que daba a la sala de visitas, lugar predilecto de Richard para jugar; después, pasando la puerta que quedaba en un costado se llegaba a un patio con jardín. Al rededor estaban ubicadas tres habitaciones, el comedor, la cocina y una pared medianamente alta que lindaba con la casa del vecino. Detrás de esa pared surgía un enorme árbol de aguacate, Era muy alto y una de sus ramas pasaba sobre nuestra casa. Varias veces intenté subir la pared para coger una fruta; mi mamá siempre se dio cuenta, me bajó, me regañó y me castigó. Maruja era enfática en afirmar que los aguacates no se podían tomar, porque el árbol no era nuestro sino del vecino, y por tal razón, los aguacates no nos pertenecían. A pesar de ello, Apolinar, el cuarto entre mis hermanos de mayor a menor, sí se robaba los aguacates y cuando era pillado, como castigo recibía una muenda por hacerlo.
A los pocos meses de llegar a Bucaramanga Crisanto, quien había venido a vivir con nosotros en la misma casa, me llevó para matricularme en primer año en la Escuela Gabriel Mistral, en el salón de la profesora Gloria. Ella era rubia, delgada, de ojos azules, amable, tierna y siempre tenía tiempo para mí. Me encantaba ir a clase a la escuela; me levantaba muy temprano: solía llegar antes de la señora que tenía las llaves de la puerta y debía esperar hasta que ella o la directora llegaran a abrir la escuela. Al medio día iba a mi casa a almorzar, mi mami siempre nos daba sopa de verduras, arroz, papa, verdura o una torta y carne, un banano para con la sopa, leche y dulces de fruta que ella misma preparaba. Luego hacía una siesta, tomaba tetero y a las dos de la tarde regresaba a clase. Al salir de la escuela, en la tarde, la profesora Gloria venía caminando conmigo y otros niños y me dejaba en la puerta de mi casa. Yo me quedaba esperando a que ella llegara a la esquina y volteara por la calle 15, luego sí me entraba a la casa.
2.2 Dios ve debajo de la cama
Fui criado para ser un niño bueno, y cuando digo bueno quiero decir, alguien que hace el bien a los demás y que actúa de la manera que considera correcta.
Yo viví toda mi infancia y buena parte de mi juventud en Santander, una región colombiana marcada por su machismo. Nací en El Socorro y posteriormente, desde los cuatro años viví en Bucaramanga una ciudad más grande y capital del departamento y es en esta ciudad en donde tuve mis primeros encuentros educativos en torno a la sexualidad.
Es probable que mi madre no fuera conciente a cerca de su rol que ejerció como educadora para la sexualidad, pero cuando intento ir a mis primeros recuerdos sobre la educación en torno a este tema viene a mi mente un encuentro con ella, sucedido aproximadamente a los cinco años de edad. Yo me hallaba jugando en su cuarto con otros niños y niñas, nuestras casas se habían construido bajo las camas, en ese espacio “vivía” con una chica de mi misma edad. Mi madre entró a la habitación y al no vernos nos buscó en nuestra “casa”, probablemente escondite para ella, y en el justo momento en que mi madre nos encontraba la chica me estaba besando en la boca. Mi madre nos observó y nosotros seguimos en lo que estábamos; ella dirigiéndose a mí simplemente atinó a decir “Dios también ve debajo de las camas”.
Unos minutos después de cuando los otros niños y niñas regresaron a sus casas, ella me invitó a la cocina, me dio uno de sus dulces caseros y mientras me hallaba sentado, a la mesa, comiendo, me informó que no le gustaba que los niños nos “encerráramos” a jugar en las habitaciones y que prefería lo hiciéramos en el patio de la casa.
Los recuerdos sobre mi madre en esa etapa de mi vida son sobre una persona que sugiere y generalmente no impone, alguien que prefería dar consejos a regañar, a quien le podía preguntar sobre cualquier tema y siempre me respondía, y en especial, (a) alguien a quien asocio a la ternura, la vida espiritual y quien tenía pocos pero muy buenos amigos, personas a quienes casi nunca visita pero a quienes atendía muy especialmente, cuando le visitan.
Recuerdo a mi padre como un hombre cariñoso, que si no estaba en su trabajo estaba siempre en casa, con quien yo jugaba y hacía bromas, él mismo era bromista; le encantaba ponerse tras cualquier resquicio y cuando sus hijos o esposa pasábamos por aquellos lugares en los que él se escondía previamente, salía a propósito y de improviso a sorprendernos y asustarnos. Mi padre solía trabajar en un pueblo cercano a Bucaramanga y venía a visitarnos los fines de semana, aprovechaba ese tiempo para hacer mejoras en la casa y en esas labores mis hermanos, hermanas, mi madre e incluso yo mismo debíamos ayudarlo en los procesos de construcción.
Richard era mi hermano menor y yo era casi dos años mayor que él. Yo estudiaba en una escuela pública hasta las dos de la tarde y desde las siete de la mañana. Tenía apenas cinco y medio años y era el estudiante más pequeño y el de menor edad en el curso. Cuando regresaba de la escuela a mi me gustaba jugar con él a la “maestra”, le transmitía lo que a mi me enseñaban en clase; mi hermanito aprendió a leer, escribir y a sumar al mismo tiempo que yo lo hice.
Luego de nuestras clases y con posterioridad a haber realizado mis tareas, que él también hacía, jugábamos con el único juguete que tuvimos, según recuerdo y que nos pertenecía a ambos: un carro; lo poníamos a rodar por una tabla, de las que mi padre utilizaba para hacer andamios para sus labores de construcción, hasta lograr que con un solo impulso llegara muy lejos y sin que se saliera de la ruta.
Siempre jugábamos en casa y no teníamos permiso de jugar en la calle o de ir a otras casas a hacerlo, mi madre prefería ser visitada que visitar, así que en ocasiones especiales cuando no había clase en la escuela, mi madre permitía que algunos niños vinieran a casa, en las tardes, jugáramos y preparaba refrigerios, generalmente helados caseros, para brindarnos a todos.
Una mañana, antes del medio día fueron por mí a la escuela porque mi hermanito había sido atropellado por un carro. En la tarde de ese mismo día me llevaron a casa de la profesora Gloria, allí fui por varias tardes, incluso seguí yendo luego de que mi hermano muriera estando en la clínica, dos días después. A la clínica sólo me llevaron una vez al día siguiente del accidente, en la mañana y tan solo por unos pocos minutos. La clínica era muy limpia, ordenada y tenía muchos jardines, se llamaba igual que la ciudad en la que vivíamos: Bucaramanga. Mi hermano no parecía a tener nada, pues todas las lesiones eran internas; murió, según me enteré unos días después por boca de mi padre, a causa de que todas sus vísceras se habían desprendido de su lugar como consecuencia del golpe contra un enorme carro-tanque, de los que transportan combustible.
Mi papá pensó en llevarlo a Bogotá pero los médicos le dijeron que no valía la pena porque de todas maneras se iba a morir y así fue, se murió al otro día en la tarde. Mi papi lloró muchos días; también lloraban mis hermanos mayores y Maruja. Crisanto parecía ser el más calmado de todos, pero también lloró un poco. Yo no entendía por qué lloraban tanto. A Richard lo metieron en un cajón pequeño y luego se lo llevaron. Maruja decía que mi hermanito venía por las noches, se sentaba en el mueble de la máquina de coser y hablaba con ella: Con migo nunca habló, pero cuando mi mamá hablaba de eso mi papá volvía a llorar, así que ella nunca volvió a decir si él volvió a visitarla.
La profesora me daba libros para leer, eran generalmente textos, que ella utilizaba con los estudiantes de otros cursos, sobre historia, geografía, matemáticas. Aprendí rápidamente el camino a su casa y algunos días me regresaba solo a casa, antes de que fueran a buscarme. Desde pequeño me ha sido fácil orientarme en las ciudades, recuerdo fácilmente la arquitectura y estética de los lugares pero no sus nombres.
Mi padre solía hablar poco y en esa época hablaba aun menos, decía que soñaba con mi hermanito y siempre se le observaba con una mirada cuyo recuerdo aun ahora me conmueve, una mirada de profunda tristeza. Mi padre se molestó con migo porque yo me devolvía solo y no esperaba en casa de la profesora a que mis hermanos me recogieran; no me permitió regresar a donde la maestra por miedo a que a mi también me atropellara un carro. Es igualmente, esta la razón por la que no me dejaban salir a la calle sólo y muchos menos jugar en ella; mi hermanito tuvo el accidente por estar jugando en la calle, sucedió justo en el primer día en que le dieron permiso para salir a jugar frente a la casa, con los chicos vecinos.
Cuando los demás niños se enteraron de que yo iba a leer a la casa de la maestra empezaron a molestarme, me decían “niñita consentida” y aún mas lo hicieron cuando uno de ellos se enteró y contó a los demás estudiantes que a mi me daban tetero al llegar a mi casa. Realmente yo ya no tomaba tetero, pero me preparaban una bebida similar que me la daban en una taza para que la tomara. En Santander (y creo que en otros lugares del país) se llama tetero: a la aguadepanela con leche.
Después de que se llevaron para el cementerio a Richard me gustaron mucho menos los carros, prefería inventar historias y jugar en lugares extraños, jugábamos con los vecinos en la terraza de mi casa y entrábamos en la pila de agua que era nuestra piscina, mi mamá no nos dejaba quitar la ropa así que jugábamos a escondidas; si nos encontraba con la ropa y los zapatos mojados me regañaba, igualmente lo hacía cuando aprovechaba que estaba lloviendo para caminar bajo los chorros de agua que caían de las tejas y canales de las casas que quedaban entre la escuela y mi casa.
Mi padre hablaba poco pero yo lo recuerdo como un cómplice, sin embargo, para mí hay un momento de la relación entre ambos que marcó significativamente mi existencia: el día en que lo ví llorar, a solas y luego ser consolado por mi madre, el mismo día en que dejó de fumar a pesar de ser un consumado fumador que solía consumir entre dos y dos y media cajetillas de cigarrillos por día; los fumaba sin filtro y de tabaco negro.
Una tarde al llegar de la escuela, cuando yo contaba con siete años, él me solicitó que fuera a la tienda y le comprara una cajetilla de cigarrillos. Yo fui a aquel lugar ubicado en la esquina de la calle en que estaba nuestra casa, compré tan solo algunos cigarrillos y el resto del dinero lo gasté comprando dulces para mí. Al llegar a casa los pocos cigarrillos que llevaba estaban totalmente humedecidos e impregnados de dulce; él los tomó, los rompió y me metió a la fuerza en la boca uno de ellos; yo lloré, vomité y fui motivo de una discusión entre mi madre y él. Fue la primera vez que presencié un alegato de este orden en casa pero el tono de voz que usaban me dificultaba oír sobre qué estaban discutiendo, pero estaba seguro de que discutían sobre mí. Unos minutos después mi padre se sentó en una silla, en el comedor de la casa, me tomó entre sus brazos, me abrazó y me miró con una mirada de profunda tristeza que solo volví a ver cuando algunos años después murió su mejor amigo.
La profesora Gloria fue también mi profesora de segundo año. Durante el primer año y hasta los primeros días de clase del segundo año, María me llevó el tetero a la escuela; a mitad de año la profesora prohibió que me volvieran a llevar el tetero a la escuela, así que yo salía de clase a las cinco de la tarde, corría las cuatro cuadras que separaban la escuela de la casa y estando ya en la puerta, gritaba: ¡Mami, mi tetero!, María, la muchacha que ayudaba en la cocina, que no podía oír y tampoco hablaba bien, me lo tenía listo y me estaba esperando, con él en la mano, en la sala de la casa. El tetero siempre estaba listo: era el único que me daban en el día.
Desde esa época tengo la idea de que los niños son bastante agresivos con su compañeritos de clase y ahora creo que son los mayores vulneradores de los derechos de sus coetáneos, ya que nunca se detienen a pensar en las consecuencias de sus agresiones y comentarios. Tal vez por ello se me dificulta trabajar con niños menores de ocho años a quienes ni siquiera me atrae hacerles fotografías.
Mi hermana Myriam se había retirado de la escuela de enfermería y se había casado con Rodrigo González, miembro de una familia del Socorro poco cercana a la nuestra; cuando se casó Myriam, mi hermana luisa se sorprendió porque le dije que era muy rico que dentro de nueve meses fuera a tener un sobrino, ella me preguntó por qué decía eso, y yo le contesté, que las mujeres tenían un hijo a los nueve meses de casadas. Unos meses después Myriam estuvo de vacaciones en Bucaramanga. Trajeron a Magaly, la primera de todos mis sobrinos en llegar a la familia. Magalita nació el 16 de marzo de 1963.
Mi primer viaje de vacaciones lo hice solo, a Bogotá y en avión, era la primera vez que subía a uno de estos aparatos. Myriam fue a recogerme al aeropuerto. A todos les parecía raro que siendo un niño hubiera venido solo, pero a mi no me parecía que fuera nada particular. Vivían en el barrio Santa Isabel en la casa de su suegra. Esa señora era muy extraña, muy diferente a mi mami, casi siempre estaba de mal genio, no hablaba con nadie y se la pasaba leyendo el periódico y oyendo la radio. Cuando llegué Myriam, Rodrigo y Magaly me estaban esperando. Myriam estaba esperando una segunda bebé que nació el 29 de abril del 64, Magaly y Diana se llevan 13 meses. Al terminar ese año volví a Bogotá. Viajé solo, en un bus intermunicipal durante toda la noche. Ella y su familia estaban viviendo en una casa que quedaba a la puerta siguiente de la señora Carmen, su suegra. Dianita mi nueva sobrina era muy feita, tan fea que les daba pena mostrarla, así que si la gente la preguntaba, siempre les decían que estaba durmiendo.
Mi hermana Trigidia fue a visitar a una compañera de curso que se llamaba Gloria Manrique. Vivía cerca de nuestra casa, pero la suya era mucho más grande y tenía todo el piso hecho en baldosín. Esa casa era larga como la nuestra pero más ancha, tenía en la parte de atrás un jardín con árboles que estaba cerca de la cocina. Gisela Manrique, la hermana de Gloria, una vez la llamó “tijerita” en vez de Trigidia: habría que decir que las Manrique tenían razón, como su nombre era nada diferente a “tijerita” era mejor llamarla Tita y no usar ese nombre que a amigas y propietaria les sonaba tan feo. Tita me llevaba a donde las Manrique; la mamá de Liduvina, Gisela, Gloria y Asdrúbal, siempre me tomaba de la mano, me conducía a la cocina y me daba algo de comer. A mi me gustaba que me dieran dulce en plato acompañado con un vaso de leche. Los vasos de leche de las Manrique eran más grandes que los nuestros, así que cuando me ofrecían uno de los pequeños yo nunca quería recibirlo. También me daban arequipe con queso o aguadepanela con galletas. A mi me deleitaba ir de visita porque en mi casa no había televisor y ellos si tenían uno que además era bien grande. Muchos sábados por la tarde y domingos me pasé horas enteras viendo televisión. Mi madre me decía que no podía ir a molestar a esa casa porque no era la nuestra. Gisela fue a mi casa y le pidió permiso a Maruja para que me dejara visitarlas y así pude seguir yendo.
He aquí, más o menos, lo que pensaba mi madre: no le gustaba que fuéramos a donde las Manrique porque ellas no asistían a misa como nosotros sino que iban a una misa que se llamaba culto y que era en otra iglesia, pero como las Manrique eran buenas con nosotros ella solamente me dijo que yo no podía ir a la misa a donde ellas acudían porque nosotros pertenecíamos a otra parroquia y ahí nos tocaba ir. Yo le pregunté a la mamá de las Manrique por qué ellas eran de otra parroquia si vivían más cerca de la iglesia de San Francisco que nosotros, pero no me contestó nada; después me dijo que hay cosas que los niños no entienden. Si yo preguntaba algunas cosas ella hablaba conmigo y me explicaba pero con algunas otras me decía que pasado el tiempo yo podía entender, y no me respondía.
En la radio había un programa que pasaban los sábados, en él los niños cantaban y decían poesías. Yo le dije a Tita que me llevara pero ella dijo que no porque yo no sabia cantar. Yo sabía que la emisora quedaba en el camino a la casa de la profesora Gloria. Como la profesora a veces me invitaba a su casa, una mañana dije que iba a donde ella, pero realmente yo quería ir al programa. Fui y dije que quería cantar y me inscribieron para hacerlo. Yo estaba feliz de poder cantar a pesar del miedo que tenía de que en la casa se enteraran. Una vez empecé a cantar el señor de la radio dijo que yo no sabía hacerlo y no me dejó cantar más, yo me puse a llorar y no me dieron ningún premio ni nada. Me fui para la casa llorando durante todo el camino. En la casa me preguntaron la razón por la que regresé tan pronto y había llorado, yo dije que la profesora tenía que hacer otra cosa, me había dicho que volviera otro día y que cuando venía corriendo me había caído. Mi mamá me miró las rodillas pero yo no tenía nada, me abrazó y me dio leche y dulce. Al poco rato ya me había pasado la tristeza. Nunca aprendí a cantar, en las clases de teatro que empecé a recibir a mis 16 años me tocaba hacerlo por obligación y aun ahora me da vergüenza hacerlo. Yo siempre hice fuerza para que el profesor iniciara por los primeros de la lista, así me tocaba cantar en el momento en que ya no había gente, dada la suerte de ser el último.
Estando en mis terceras vacaciones, Tita quien había viajado a Bogotá para estudiar un curso de adiestramiento de 3 meses, para luego trabajar como Asistente social en un hospital de Cundinamarca, ya tenía de novio al hermano de Rodrigo, mi cuñado. Ellos dos querían ir al cine pero se habían encargado de cuidarme y decidieron llevarme a la película; recuerdo que se llamaba algo así como “Pito Pérez“. Los porteros de la sala de cine “sexta Avenida” no me querían dejar entrar, pero cambiaron de parecer al recibir la propina que les dio Héctor. En medio de la película, en una escena en la que todo parecía estar temblando yo pregunté qué sucedía. Tita se volteó, me miró y me dijo que no mirara más y no preguntara porqué por “eso” era que no querían traerme, yo pregunté que era “eso” pero igual no me respondió. En esa navidad ya no me dieron tantos regalos como el año anterior, en la medida en que fueron aumentando mis sobrinos fueron disminuyendo los regalos.
En tercer año ya no me tocó de maestra la profesora Gloria sino otra señora que era regañona. Una mañana, porque le quité a un niño un lápiz que era mío, ella me regañó y me pegó con una regla en la mano. Yo me encaramé sobre un pupitre, salté por la ventana al patio de la escuela y salí corriendo hasta mi casa. Al llegar mi mami me regañó por haberme volado de la escuela. Por la mañana no quise volver a clase, por la tarde ella le dijo a Crisanto que tenía que llevarme a la escuela: El me llevó y la profesora no me quería recibir nuevamente. Ella le exigió a Crisanto que yo le hablara y le diera excusas, yo no quería hacerlo, me tocó dárselas porque dijo que lo que yo había hecho ya no me recibirían en ninguna otra escuela y a mí, a pesar de ella, me gustaba estudiar. Después esa profesora me castigó en varias oportunidades; lo hacía porque yo no quería leer o repetir las tablas. Ella decía que yo estaba malcriado porque la profesora Gloria me consentía mucho y que no entendía porque en dos años no había logrado que yo aprendiera; debo aclarar que siempre hacía las tareas pero si ella me las preguntaba siempre le decía que no las había traído, me encantaba verla enojada, así su molestia terminara en castigo. Yo sabía leer, escribir y las tablas de multiplicar pero no me gustaba hacerlo para “la bruja” como yo la llamaba en voz baja, así que me si me hablaba yo me quedaba callado o mentía.
La situación en el colegio se tornó insoportable, de ser un niño juicioso y ejemplar me volví uno agresivo. Mi etapa de rebeldía duró muy poco tiempo, pues por el hecho de que me estaba yendo tan mal en la escuela, la profesora Gloria recomendó que me pasaran a otra escuela que también quedaba cerca de mi casa, a pocas calles y cerca al estadio Alfonso López, en donde trabajaba una amiga de ella y pe podrían recibir. La familia aceptó la propuesta y cambié de escuela para hacer el cuarto año.
Algunas tardes nos llevaban de la escuela al estadio para hacer deporte. En una de esas oportunidades, después de la clase de gimnasia varios compañeros de curso fuimos a jugar en la parte de arriba cerca del batallón, nos habían dicho que allí no subiéramos porque los soldados practicaban polígono y nos podían disparar, pero nosotros queríamos conocer cómo lo hacían y subimos hasta allá; no había soldados y no supimos que hacían, así que nos quedamos jugando al Zorro. Uno de los compañeros estaba entre las matas, con los calzones abajo y todos lo miraban y se reían, a mi no me parecía gracioso que él estuviera así, pero como no quería irme solo para la casa decidí esperar a los demás un rato. Yo no me relacionaba con el niño que estaba bajándose los pantalones porque la profesora lo había regañado debido a que en varias ocasiones lo encontraron con otros niños haciendo lo mismo. Al tratar de ver por qué se reían, observé a los demás niños haciendo cola y ponerse detrás de él. El más grande me dijo que yo tenía que hacer cola y yo le dije que no, entonces varios niños me llevaron a la fuerza, me bajaron los pantalones y me obligaron a hacerlo. El estaba sucio, yo me unté de materia fecal, me puse a llorar hasta que me soltaron y como no había con qué limpiarme, me subí los pantalones y me fui corriendo para mi casa. Al llegar a mi residencia tenía la ropa embarrada, mi mami me regañó y yo no me atreví a contarle lo que ellos me habían hecho. Después de eso, en el recreo, los niños me cogían a cada rato, me obligaban a abrazarlo y ponerme detrás de él: todos reían.
Mi mami quería que nos fuéramos a vivir a otra casa porque ella se acordaba de Richard y mi papi pensó que eso era bueno porque decían que ella se estaba enfermando por los recuerdos. Para mí fue un alivio cambiar de escuela, aun a pesar de la posibilidad de verme obligado a repetir el año. La nueva casa estaba ubicada en el barrio Antonio Ricaurte y la escuela se llamaba igual. Al principio no me querían recibir para terminar el curso que había empezado en la escuela de San Alonso pero Crisanto habló con la profesora y ella aceptó. Cambiamos de barrio cuando yo estaba cursando el tercer mes de clases del cuarto de primaria.
2.3 Marujita explica el mundo
No era una casualidad que la casa nueva fuera más un lote que una edificación: mi papá siempre terminaba remodelándolas. En frente de mi nueva vivienda quedaba una inspección de policía a la que llevaban unas mujeres de las que mi madre decía que no mirara demasiado porque a ellas les disgustaba. Las señoras vivían como a tres cuadras de mi casa, en una calle por la que yo y mis hermanas teníamos prohibido pasar porque allí "esas señoras hacían con los señores cosas que no se podían decir". Algunas veces las señoras estaban borrachas, los policías las arrastraban, a la fuerza, por el piso, y les pegaban hasta sangrar. En ciertas oportunidades las mujeres ya venían heridas y golpeadas porque habían participado de una pelea.
Las señoras tenían un olor que no era de mi agrado, después supe que olían a pachulí o a palo santo. Cuando una señora llevaba esa fragancia yo sabía que era una mujer de “esas”, incluso en diferentes ocasiones al subir con alguno de mis hermanos al bus, si había alguien oliendo a eso y yo estaba cerca, me fastidiaba tanto con el aroma que me daba mareo. Aún ahora, si me encuentro a una persona en quien reconozco ese característico tengo que pensar seriamente quien es, porque si no lo racionalizo el olor me produce tal molestia que si estoy en un transporte público debo aguantarme el mareo e incluso bajarme. Generalmente tengo la extraña conexión mental que me dice que una persona olorosa a perfume hindú es alguien que puede hacerme daño. Esto me sigue afectando a pesar de que sé que las trabajadoras sexuales no siempre huelen de esta manera.
Mi mami se molestaba al encontrarme observando por la ventana hacia el interior de la comisaría, porque lo que se veía que pasaba allí no era bueno para mí, pero su insistencia en que no lo hiciera me motivaba a hacerlo en esos momentos en que se hallaba ocupada cocinando o cosiendo: yo me escabullía y miraba lo que estaba sucediendo, de esta manera percibí que algunos policías tocaban a la fuerza el cuerpo de las mujeres así ellas se resistieran. A mi me incomodaba mucho que las golpearan y cuando sucedía yo gritaba fuerte para que ellos me oyeran y tuvieran que soltarlas; después, siempre sentía miedo al pasar cerca de ellos pues tenía la idea de que me iban a detener y a bañar con agua fría tal y como hacían con ellas y algunas otras personas que detenían en la calle por no llevar su documentación en regla.
Mi madre se llama Maria de los Ángeles pero sus hermanas, amigas y yo mismo la llamamos Maruja. Marujita fue también el nombre de un personaje público en Bucaramanga, la ciudad en la que viví hasta los quince años y que es reconocida por el marcado machismo de sus habitantes; con unos 28 años de edad, ella era un hombre homosexual -de eso me enteré varios años después- con un marcado amaneramiento femenino quien gozaba exhibiendo en la vía publica su particular estilo de caminar y de vestir. Marujita tenía en el labio superior una lesión física producida por el golpe de una piedra lanzada por un chico que al igual que muchos otros menores de edad solían agredirla con sus palabrotas, cuando se atrevía a pasar, a las horas de salida de clase, junto a las escuelas de educación primaria, incluyendo la mía. En ese entonces yo era un chico con tan solo ocho años recién cumplidos y ya cursaba el tercero de primaria.
Con el transcurso del tiempo Marujita se fue lumpenizando hasta terminar, 30 años después de que la ví por primera vez, siendo una habitante de la calle, en donde murió aislada y rechazada socialmente. Ella solía deambular por las vías de la ciudad como lo hacía en el momento en que la ví por primera vez, aquella tarde, cerca de nuestra casa, en que caminando acompañado de mi madre llamó mi atención por su vestimenta que destacaba una pequeña cintura acentuada por un delgado y apretado cinturón que llevaba sobre la pretina de un ceñido pantalón muy similar al que usan los toreros. Su estilo de vestir y comportarse se matizaba con su ritmo al caminar en el que sobresalía el bamboleo de sus nalgas y la agresiva delicadeza amanerada de sus movimientos.
Le pregunté a mi madre sobre por qué los chicos le lanzaban piedras a aquel señor y ella me respondió “a la gente no le gusta como ella se comporta, pero ella no tiene la culpa de ser así”. Recuerdo que me llamó la atención que se refiriera a Marujita en femenino y se lo pregunté pero mi madre cambio rápidamente de tema como solía suceder siempre que no le interesaba seguir profundizaba sobre algún tópico en particular. Casi treinta años después mi madre volvió a referirse a un hombre en femenino, fue con relación a raquelita, una transvesti que trabajaba en peluquería, quien ocasionalmente le cortaba el cabello y quien había sido agredida físicamente por su pareja sexual. Mi madre me comentó al respecto “raquelita está hospitalizada”, yo no caí en cuenta sobre quien me hablaba por lo que pregunté: cuál raquelita, y ella me respondió “raquelita, el que nos corta el pelo”.
Gracias a mi madre y mis frecuentes visitas a la iglesia yo sabía de antemano que Dios crea a los seres humanos y que cada uno decide lo que quiere ser, por lo que me quedaba la duda sobre una parte de su respuesta, aquella en que dijo “ella no tiene la culpa de ser así”, porque si Marujita no tenía la culpa, entonces alguien la tenía dado que era evidente que si la agresión sucedía era causada porque alguien la provocaba.
Ya tenía argumentos para considerar que algunos hombres eran culpables de lo que le sucede a otras personas, en especial a las mujeres, lo supe yendo con mi madre, camino a casa, cuando ví a una mujer que vivía en el barrio vecino y sobre la que había oído que otros opinaban que no deberían dejarla entrar a la tienda en donde se compraba el mercado. Al preguntarle por qué las vecinas no le hablaban a esa señora, ella me dijo que era prostituta y que “algunas mujeres hacen cosas que no quieren hacer pero les toca porque son pobres y algunos hombres se aprovechan de ello”. Maruja no solía hablar en general de los hombres sino solía referirse tan solo a algunos, lo hacía para diferenciar que no todos son iguales, pero además para enfatizar que mi padre era distinto y que yo igualmente debería serlo.
Cuando llegamos a casa ella me habló de Maria Magdalena, la mujer del texto bíblico que igualmente era prostituta y había sido apedreada; nunca me dijo exactamente que hacía una prostituta, pero me dejó claro que no deberíamos condenar lo que ciertas personas hacen, en especial si está originado en su pobreza y menos aun convertirlas en el blanco de nuestra agresión.
Desde ese momento sentí un gran interés en hacer algo por socorrer a las prostitutas y pensé que cuando fuera algo más grande debería ayudarlas. Relacioné a Maria Magdalena con Marujita ya que ambas personas eran apedreadas y no eran culpables de sus actos, y comprendí aun más la relación existente entre el tema de la prostitución y los hombres. No sabía que hacían los hombres con aquellas mujeres no obstante caí en cuenta de que algunos hacían “algo” con Marujita, ya que ella, por alguna razón, a pesar de parecer un hombre también era mujer; de eso me convencí luego de pensar muchas veces en por qué mi madre se refería a él como si fuera mujer y no de la misma manera como hablaba sobre los demás hombres.
No tenía ni idea sobre cuál era esa razón pero tuve miedo de ser uno de “esos hombres” y me comprometí con migo mismo a que nunca haría daño a las mujeres y a hacer hasta lo imposible, al igual que Jesús de Nazareth, para que los seres humanos no fueran agredidos por sus actuaciones, porque como Maruja me había enseñado, un buen cristiano no sólo va a misa y ora, sino que en especial es testimonio de la Palabra de Dios.
En ese momento se reafirmó mi idea de ser monaguillo y también la de hacer la Primera Comunión porque sin lo uno no podía ser lo otro. Era Semana santa y le dije a mi madre que quería comulgar. Ella me respondió que debería esperar por lo menos hasta el ocho de diciembre para hacer la primera comunión y que me haría una pequeña fiesta el día que la hiciera. Yo pensé que era demasiado tiempo de espera y fui a escondidas de mi familia a confesarme con el sacerdote de nuestra parroquia.
En la confesión el sacerdote me preguntó sobre qué cosas malas había hecho y yo no recordaba haber hecho ninguna, así que inventé algunas cosas tales como que decía mentiras y no obedecía para tener pecados que confesar. El me perdonó y me puso a rezar dos padrenuestros y me hizo comprometerme a comportarme bien. Yo me sentía un poco culpable de haberle dicho mentiras pero era la única manera de alcanzar mi cometido, de todas formas me sentí culpable y fui nuevamente a confesarme y a decirle las mentiras que había dicho en la confesión. El me explicó que uno puede confesarse aun cuando no tenga pecados y me felicitó por haber dicho la verdad.
No le dije que era la primera vez, tampoco le hablé sobre asistir a la preparación para el rito, pues yo ya sabía lo que hacían en esas reuniones de preparación y ya me sentía listo para hacerla, ya que yo asistía los domingos con otros niños a las actividades de la parroquia e incluso también iba a las películas sobre vidas ejemplares que presentaban los sábados en la tarde los sacerdotes salesianos, en el teatro de su colegio.
A los nueve años ya era bastante independiente para decidir algunas cosas y deambular por la ciudad, ya que desde un año antes mi madre me dejaba ir solo a las actividades que organizaban los sacerdotes del barrio. A los ocho años durante las vacaciones de junio hice mi primer viaje solo, en bus, a Bogotá, la capital del país, a donde fui para visitar a mis hermanas, que por esa época ya residían ahí. Ellas se comprometieron a esperarme en la Terminal de transporte, pero el bus llegó mas temprano que de costumbre y como no estaban esperándome yo me fui sólo, a su casa, pues recordaba muy bien como era el camino, ya que había ido previamente a esa ciudad en diciembre y semana santa. Aun recuerdo su cara de sorpresa cuando aparecí en la puerta de la casa y ellas recordaron que debían estar esperándome; a partir de ese momento siempre viajé solo entre las dos ciudades.
El domingo de resurrección, en la misa de las doce de la noche yo comulgué por primera vez. Mi madre me vio hacerlo e intentó evitarlo pero ya era demasiado tarde, a ella no le preocupaba que lo hubiera hecho sino que no me hubiera confesado para hacerlo. Al llegar a casa me preguntó porque lo había hecho y yo le expliqué sobre mi interés en la vida religiosa, ella me dijo que en castigo por no haber esperado a la fecha que ella había sugerido no me harían ninguna fiesta pero de todas formas al día siguiente celebramos con un almuerzo (comida, en España) muy diferente al que organizaba generalmente.
2.4 La necesidad de "ser bueno" y de que otros puedan serlo
Decidí que cuando ya estuviera en el colegio, estudiando el bachillerato, haría hasta lo imposible para ser sacerdote. Crisanto, mi hermano, había intentado serlo pero no sé porque razón había salido del seminario; yo me sentía algo molesto gracias a que no me dejaban ser monaguillo, ya que aun cuando ya había pasado la edad para empezar a serlo y había hecho la primera comunión era tan pequeño que todos los hábitos me quedaban largos y el altar demasiado alto. De todas formas yo conocía de memoria las palabras que decía el sacerdote, en latín, y lo que respondían los chicos que le ayudaban, así que yo seguía todo el rito cada vez que iba a la eucaristía.
El sacerdote solía hablar en la homilía sobre los problemas sociales y ponía en la feligresía la culpa por permitir o posibilitar que algunas cosas sucedieran, y en especial por no actuar. Siempre me preguntaba yo qué tenía que ver con eso si yo era un niño bueno y lo único que atinaba a responder era que mi culpabilidad estaba en permitir que otros actuaran mal, siendo esos mis primeros acercamientos a la idea de que además de sujeto individual, yo era un sujeto social; en ese sentido, si yo era bueno la sociedad sería mejor, pero no era suficiente serlo, por cuanto que mis decisiones aportaban pero no lo suficiente, considerando que se hacía necesario que otros también fueran buenos e ir a la eucaristía no era suficiente para lograrlo. Si Dios nos hacía libres para actuar y algunos hombres no obraban correctamente entonces mi misión consistía en ayudar a lograr que los hombres fueran buenos.
En ese momento, eran más las preguntas que me hacía a mi mismo que las respuestas: Por que todos los hombres no son buenos, qué sucede para que algunos no lo sean, qué hace la sociedad para que suceda lo que le pasa a algunas personas, qué hago yo como parte de la sociedad para que ocurra lo que a algunas personas les acaece… fueron algunos de los interrogantes que me hacia constantemente.
Empecé a cuestionarme sobre el papel de la confesión; me preocupaba que las personas pecaran y con solo confesarse obtuvieran el perdón, así la falta fuera grave, y además no hallaba la relación entre la penitencia y el pecado. Me puse a indagar cuáles eran las penitencias que el padre ponía a los demás y descubrí que casi siempre era rezar cinco padrenuestros, sin importar que hubiera hecho quien se confesaba. Yo, por mi parte, decidí que las penitencias deberían ser acordes con lo que se hacía y aun cuando el sacerdote me pusiera penitencias leves, yo mismo las aumentaba para así sentirme seguro de que la carga impuesta era la adecuada.
Mis padres casi nunca tenían discusiones que yo pensara fueran graves, y cuando sucedía lo hacían en voz baja; nunca me enteré por qué eran sus desacuerdos ya que mi madre hablaba poco al respecto. Yo tenía mi propia idea sobre mi padre, su comportamiento y la relación de él con Maruja, pero yo quería conocer cómo ella explicaba esa relación. A ella no le gustaba que él trabajara en otra ciudad y por lo poco que yo conocía, generalmente éste era el motivo de discordia.
Cuando mi madre habla de mi padre, fallecido poco después de cumplir sus 70 años y a los 15 de los míos, siempre afirma “él era un buen hombre, traía a la casa todo lo necesario, no era mujeriego, nunca me levantó la mano y nunca se emborrachaba”.
Mi padre, con su ejemplo, me enseñó sobre el sentido de la amistad y la importancia del acompañamiento y el respeto. El mejor amigo de mi padre se llamaba Arsenio, él era también su cómplice, el soporte y acompañante en otros menesteres de la vida. Arsenio enfermó gravemente y prefirió ser cuidado en su casa; mi padre le visitaba todos los días y algunas veces se hacía acompañar de mi madre, alguno de mis hermanos o de mí, para visitarlo. Generalmente no hablaba sobre sus emociones pero en esos días y en especial cuando aquel murió, lo ví llorar y mirarme con esa misma mirada que años antes me había conmovido. Mi sentido del acompañamiento a los enfermos y en especial a las personas que viven con sida muy seguramente está enraizado en aquella experiencia de cuidado y solidaridad.
Mi madre no perdía oportunidad para trasmitirme su visión acerca de lo que debe ser un hombre como también, con relación a lo que esperaba de mí como tal. Maruja no solía hablar de temas relacionados con la sexualidad y en general yo no tenía interés al respecto; así que del tema aprendí en mi niñez, de manera tangencial; considero además que mi inocencia sobre el tema estaba muy relacionada con que ella no me hablaba sobre el tema, pues en Colombia se supone que deben hacerlo los padres.
Mi mami siempre fue muy inocente en su comprensión de la sexualidad. Se casó a los 14 años de edad con el primero y único novio de toda su vida. Perdió los tres primeros de sus hijos, muertes que pudieron ser causadas por el stress producido por su temor a quedar desfigurada ya que creía que los niños nacían por la boca ya que ella relacionaba el vómito en las mujeres durante el embarazo como el intento del niño para salir por la boca; hecho que ahora explico y entiendo justificado en algunas historias que más recientemente me ha contado sobre su juventud y que ha recordado ahora que vive afectada por el Alzheimer. Ella me contó que de niña había oído decir que una señora había tenido dificultades para tener su hijo, porque no se le dilataba el cuello, y ella no sabía que se referían al cuello del útero.
Ella también creyó durante mucho tiempo que mi padre la agredía porque “le hacía hacer cosas sexuales” ya que tan solo algunos años después de casada -casi cuatro- y por boca de una amiga, algo mayor que ella, entendió que las parejas tienen relaciones sexuales y que “las parejas se casan para eso” ya que según es su parecer “los hombres tienen necesidades” y cuando las realizan “a las esposas les toca hacerlo porque es su deber”. Cuando Luisa llegó con Juan de su “matrimonio” en el Ecuador; mi mamá la llamó para hablarle de “mujer a mujer” y le dijo “es que a veces uno no quisiera hacer ciertas cosas, pero los “deberes conyugales”… y hacía énfasis en eso de los “obligaciones conyugales”. Ella le contestó: mami, espero que nunca tenga que hacerlo si no tengo ganas…
En Colombia se realizan cinco años de educación primaria, cuatro de educación media y dos de bachillerato. Para mi edad durante la educación media y el bachillerato yo era comparativamente más inocente que mis compañeros de estudio, tenía pocos amigos y en general era un buen estudiante.
A mi madre no le interesaba tanto en donde yo estudiara sino que lo hiciera en un colegio de religiosos, así que cuando Crisanto dijo que me podía conseguir un cupo en el instituto San José del Colegio de la Salle, en Bucaramanga, no dudó un momento en que yo debería estudiar allí mi quinto año de primaria. El Instituto quedaba lejos de mi casa, tenía que cruzar un buen trecho de un barrio para llegar a clase. En algunas oportunidades en que llovía o se me hacía tarde iba en la ruta de bus la Victoria, que se llamaba como el barrio en el que estaba el San José. Allí no fui un alumno sobresaliente pero tampoco llegué a perder ninguna materia; aprendí a jugar básquetbol y a ser algo más independiente.
Un chico del otro quinto me invitó a caminar por una avenida que estaban construyendo detrás del Instituto. Estando allí fuimos a ver como se veían unas casas que estaban en la parte de debajo de la montaña en un barrio de invasión. Luego me mostró un caño por donde se podía entrar al San José directo a las canchas de fútbol, según él por ahí entraba a escondidas cuando el hermano Director se paraba en la puerta a controlar la llegada de los estudiantes. Nunca tuve que utilizar ese caño para entrar a clase, pero en ese lugar recibí, de este muchacho, el primer beso en la boca que yo recuerde haber recibido de otro hombre. Recuerdo el beso, no recuerdo si me gustó o no, es más, creo que solo fue un juntar de labios; no lo recuerdo a él, pero si tengo claro que nunca me volvió a hablar. Algunas veces lo veía y él se hacía el distraído, tampoco intenté hablarle nuevamente. A los pocos días se tuvo que ir echado del colegio porque lo sorprendieron volándose del instituto por el hueco del caño.
En el Instituto tecnológico de Bucaramanga me recibieron fácilmente porque Crisanto era profesor de los estudiantes de tercero bachillerato y además yo era egresado de una escuela de Hermanos de la Salle, religiosos quienes regentaban esta institución. Durante el primer año de la educación media conocí a Hernando un chico muy blanco, con las mejillas rosadas y ojos azul claro. El cantaba en todos los actos culturales del instituto y casi siempre interpretaba una canción que decía: ese toro enamorado de la luna, que abandona por las noches la manada, va pintado de amapola y aceituna y le puso... A mi me encantaba verlo y oírlo cantar. No sé si eso puede llamarse enamoramiento pero a mi me hubiera encantado ser como él. Claro que él era mal estudiante y yo no. Creo que el profesor Erwing, nuestro profesor de inglés lo quería tanto o más que yo; él le compraba gaseosas y bizcochos y los dos siempre estaban juntos. A Hernando lo volví a ver siete años después, cantando en el Club del Comerció en El Socorro; al leer su nombre en el programa cultural del club supe que era él y me propuse ir a verlo. Seguía igual de rubio pero bastante desabrido; al hablarle y sentir su lejanía pensé que no valía la pena recordarle quien era yo, lamenté descubrir que no se acordaba de mi aun cuando yo si lo recordara con especial cariño; el desencanto fue tremendo cuando me enteré de que no había terminado el bachillerato así que no esperé a que terminara el espectáculo y regresé a casa de mi tía, en donde me encontraba de vacaciones.
Estando en el Tecnológico en donde la educación es técnica debí tomar clases de dibujo técnico y artístico; generalmente yo no hacía dibujos así que cuando mi mami observó mi trabajo, le gustó, ella me pidió que le hiciera algunas tarjetas para la navidad y me las compró. En las vacaciones de diciembre viajé a Bogotá y recogí algún dinero haciendo tarjetas para mis hermanas y algunas clientas de Myriam. Con esta labor creativa tuve mis primeros ahorros y pude comprarme cosas que me gustaban como mi primer balón de básquetbol y la primera aguja para inflarlo, a ese deporte me dediqué por un buen tiempo.
En mi regreso a Bucaramanga tomé la determinación de acercarme mas a la vida religiosa, pero yo quería ser sacerdote y no hermano de la Salle, así que yo mismo fui al San Pedro Claver, el colegio de los jesuitas, pedí una cita con el padre Tapias, el rector, le conté mi idea vocacional y logré que me aceptara para cursar allí el tercer año de la educación media.
No había cumplido aun los trece años cuando me hice miembro de la Casa de oración, un proyecto católico orientado especialmente a jóvenes que realizaba grupos de oración todas las noches, eucaristía jueves y domingos y actividades de proyección social cuando había recursos para ello, ya que la casa se sostenía con los aportes de quienes allí asistían. La actividad evangelizadora de los miembros de nuestra casa de oración muy pronto se extendió no solo por todo el país sino además por varios países de sur América. Nuestros líderes juveniles viajaban permanentemente en peregrinación a dar testimonio y a ayudar a crear otros grupos de oración similares al nuestro. Mi actividad allí inicialmente fue como participante pero muy pronto, a los dos meses de haberme hecho miembro, fue adquiriendo algún liderazgo hasta llegar a coordinar el menos de un año el programa para niños.
En el mismo año en que ingresé a la casa, un grupo de jóvenes fuimos invitados a peregrinar por diferentes regiones del país; yo, luego de consultar con mi familia, decidí escoger la Costa Caribe colombiana como destino misionero; en ese viaje conocí Barrancabermeja, Ciénaga, Fundación, Santa Marta, Riohacha, entre otras. Como no teníamos recursos económicos para los desplazamientos conseguimos junto con Christian Arias el dinero para iniciar el viaje y la consecución de los demás recursos la dejamos en manos de la providencia divina. En cada nueva ciudad nos alojábamos en casas de personas que igualmente pertenecían a grupos de oración y con las ayudas económicas recaudadas en las actividades religiosas continuábamos el viaje hacia otros pueblos y ciudades costeras.
Habíamos viajado en bus desde Bucaramanga hasta Fundación y regresamos vía Barrancabermeja, un pueblo con temperaturas permanentes superiores a los 44 grados centígrados, al que fui por primera vez de regreso de la costa en mi primer viaje de peregrinación. Llegué en tren de carga, que fue la única manera que encontramos para viajar sin pagar y con la esperanza de que algún buen samaritano nos diera el dinero suficiente para la continuación de viaje hasta Bucaramanga.
Este viaje representó para mi, muchas nuevas experiencias: salir de mi casa por primera vez; tener que conseguir mis propios recursos; predicar ante grupos amplios de personas, inclusive con la presencia de personas mayores, sacerdotes y monjas; conocer el mar; y, estar lejos de mi casa por algo mas de un mes. Viajamos en nuestro periodo de vacaciones de mitad de año y algunos de nuestros objetivos era vivir una experiencia de evangelización tal y como lo hacían los primeros cristianos, probarnos a nosotros mismos el poder de “la palabra”, alejarnos de la cómoda vida familiar y aprender a vivir en la pobreza.
Aun cuando ví el mar por primera vez en el muy pequeño pueblo de pescadores llamado Ciénaga, mis recuerdos de éste van unidos a mi viaje a Riohacha. Es ese pueblo ví el primer atardecer marino que alimenta mis recuerdos; eran las 5 y 30 de la tarde cuando llegamos al muelle, caminamos por un semidestruido muelle y en el extremo del embarcadero, me senté en uno de sus tablones para tomar un descanso; ante mis ojos el cielo fue transformándose en un hermoso abanico de colores en el que primaban los rojos y los naranjas, en ese lugar estaba también una escultural mujer negra. Reparé un poco en la mujer, en su cuerpo que se transformaba en silueta y terminé centrando toda mi atención en el atardecer, una vez este había terminado nos encaminamos con Christian al colegio de monjas en donde nos alojaríamos.
Al pasar al comedor para la cena en el sitio se encontraba la mujer negra de la playa, era Enis, una religiosa miembro de la comunidad de las Hermanas de la Presentación y primera monja negra que conocí en mi vida. Hasta ese momento todas las personas que yo conocía y habían hecho de la vida religiosa su experiencia de vida, eran blancas. Este nuevo aprendizaje y la misma experiencia de la misión me hicieron pensar a cerca de mi relación con lo que llamábamos “personas de color” y con los pobres.
Yo provenía de una familia no muy acomodada pero estudiaba en el colegio al que asistía la elite económica de mi ciudad; sin embargo, hasta ese momento nunca antes había tenido que pensar en que el dinero debía conseguirse y trabajar para lograrlo, y mucho menos aun, se me había pasado por la mente que había personas que no tenían ni siquiera para la comida diaria o vivieran en altos niveles de pobreza.
Además de conocer familias muy pobres interesadas en compartir y especialmente generosas, dormir una noche en un parque público junto a unos indigentes y pedir dinero a las personas en las calles para poder sobrevivir, tal vez la situación más fuerte y significativa para mí en ese viaje, fue haber tenido que dormir en una casa de prostitutas.
Ellas pertenecían a uno de los grupos de oración en Santa Marta y eran parte de la “obra social” de una parroquia. Cuando en el grupo se propuso que alguien nos invitara a dormir a su casa ellas fueron las primeras que se ofrecieron y al sacerdote de esa comunidad el ofrecimiento no le gustó mucho e intentó buscar otras alternativas pero no las hubo, así que la disyuntiva estaba entre hacerles un desplante y quedarse en la calle o ir con ellas. Yo no entendía la actitud del sacerdote, para la cual además no teníamos explicación alguna, de modo que insistí en que fuéramos al espacio que ellas nos ofrecían.
Para mi estar compartiendo con ellas y en su propia casa fue de gran importancia porque además de estar cumpliendo con uno de mis sueños que era predicarles a las prostitutas, por primera vez pude hablar con algunas de estas mujeres, y especialmente porque estando en su casa y por ellas mismas por fin me enteré que era lo que hacían con los hombres que eran sus clientes. Al principio ellas tenían temor de contarme de su actividad laboral pero por mi insistencia terminaron contándome con detalle sobre que era lo que hacían.
Yo no comprendí todo lo que me relataron pero nunca lo olvidé y en especial me sirvió para convencerme de que mi papel estaría al lado de ellas. En esa casa había una transvesti que además de ser su peluquero trabajaba en la prostitución. Este hombre-mujer me llamó aun más la atención y quise conocer sobre su historia y su trabajo pero no quiso hablar con nosotros o participar de un pequeño grupo de oración que hicimos en su residencia, de todos formas si atrajo mi interés el hecho de que allí todas lo querían, lo trataban como otra mujer y les molestó saber que en Bucaramanga a Marujita le lanzaban piedras. Mi primer trabajo de investigación ya siendo estudiante universitario de sociología fue sobre la prostitución y específicamente sobre los hombres que la ejercen, pero de este tema y con mayor profundidad hablaré posteriormente.
Cuando regresé a mi ciudad unos días después, a mi casa y a la sede del grupo de oración, mi vida cambió completamente y decidí darle un mayor sentido de realidad a mi vida. Nunca conté en casa a cerca de mis penurias porque sabía que si lo hacía no me volverían a dejar salir o inclusive se molestarían por mi presencia en la casa de oración.
Una de las nuevas determinaciones que tomé fue tener una participación aun más activa en la casa de oración. Hablé con mi familia y ellos aceptaron que hiciera una prueba de internado en la sede de lo que llamábamos la “Misión carismática católica”. Allí viví por tres meses e iba a mi casa de visita a mi familia cada dos fines de semana. Estando allí estreché mi relación afectiva con el líder de la casa, un sacerdote de nombre Gabriel. Éramos varios los jóvenes, todos hombres, los que vivíamos allí, así que teníamos muy poco espacio, debíamos compartir los colchones (puestos directamente en el piso) y tan solo teníamos una ducha para todos, así que debíamos compartir durante la hora del baño para no llegar tarde a nuestros respectivos colegios.
En algunas ocasiones yo debía compartir el colchón en que dormíamos con Gabriel e inclusive algunas mañanas nos bañamos juntos, desnudos, para ganar tiempo, según él me decía. Nunca ví en esa manera de relacionarnos un acto homosexual, pero unos años después cuando contaba con 19 años y asumí mi orientación sexual viajé a Bucaramanga, lo busqué para contarle acerca de lo que estaba viviendo siendo plenamente conciente de mi nueva vida y en respuesta obtuve de su parte el mayor rechazo y daño emocional que por mi condición sexual haya recibido en mi vida. Yo supuse en ese momento que Gabriel era homosexual por los acercamientos que entre los dos habían ocurrido y por algunos comentarios de algunos conocidos mutuos, igualmente sacerdotes de su comunidad, quienes me habían contado que él visitaba un bar gay en Bogotá.
Al conocer mi historia, esa persona me pidió que a partir de ese momento cambiáramos las manifestaciones afectivas de nuestra relación de amistad, me propuso o más bien me exigió que a partir de ese momento cuando deseara abrazarlo solo le tomara el brazo, si quería tomarle el brazo solo le diera la mano y que si sentía la necesidad de darle la mano, mejor no hiciera nada y que él comprendería. Yo abandoné rápidamente la casa de oración, estaba muy molesto con él y en especial con migo mismo; jamás regresé ni intenté comunicarme nuevamente con él.
Pasados algunos años cuando me enteré que ese hombre tenía serios problemas con su identidad sexual, a pesar de que comprendía su situación emocional y las dificultades que dicha construcción trae consigo para un hombre típico macho santandereano jamás intenté comunicarme y mucho menos recuperar esa amistad, pero no puedo negar que tuve la intención de brindarle el apoyo que nunca negaba a otras personas con quienes no existía vinculo afectivo alguno a pesar de que muy dentro de mi estaba seguro de que quería hacerlo.
A pesar de cómo me involucré en el Movimiento homosexual nunca pude perdonarle el rechazo aun cuando comprendía el daño que la auto discriminación puede causar y podía dar explicaciones a su actuar; sin embargo, esta experiencia me marcó de tal manera que pensando en el daño que esto causa en las personas y la necesidad de un apoyo positivo, decidí especializarme en el trabajo de apoyo emocional a personas con problemas en la construcción de su identidad sexual. No he sido persona de una gran cantidad de amigos pero los pocos que tengo lo han sido por muchos años, tan solo hay otra persona en mi existencia con la que tengo graves problemas de relacionamiento, es Germán Rincón, un importante líder homosexual colombiano quien según muchas personas conocidas de ambos me han dicho que no pierde oportunidad para hablar mal de mi, aun así aprendí a lograr que mis relaciones con él sean cordiales.
“¿Tú sabes si ya te desarrollaste?” fue la pregunta que el sacerdote que era mi guía espiritual en el colegio, me hizo aprovechando un encuentro casual, en el patio principal de la institución y durante en el descanso largo en la mañana. Desde mi desconocimiento de la sexualidad, mi respuesta fue: “No padre. Creo que aun no me he desarrollado”. Esta que parecía una pregunta inocente de un sacerdote para un chico que recién había cumplido sus trece, fue el camino que él tomó para mi introducción práctica a los temas de la sexualidad; sucedió en una prestigiosa institución educativa con sede en Bucaramanga, regido por una reconocida comunidad religiosa.
Acto seguido, el sacerdote me invitó a su oficina para “apoyarme” en ese “trance”. Yo, plenamente confiado en quien era mi guía espiritual, lo seguí sin desconfianza. Una vez dentro de su oficina, tras cerrar la puerta y sin mediar palabra alguna, me bajo el cierre del pantalón, sacó mi pene y procedió a masturbarme. Un corriente bajo desde mi nuca y recorrió lo largo de mi espalda, en una mezcla de placer y piel erizada ¡Fue mi primera eyaculación!
Unas horas después, ya en casa, a la hora del almuerzo, estando buena parte de mi familia a la mesa, comenté del hecho. Me sentía feliz porque ya “me había desarrollado” y sabía, por lo explicado por el sacerdote antes de conducirme a su oficina, que todos deberíamos desarrollarnos y que eso pasaba más o menos a la edad que yo tenía. Realmente no conocía que significaba ese “desarrollarse”, pero como no pensaba que fuera malo (pues el sacerdote me había ayudado a lograrlo) simplemente lo conté en casa, siguiendo la costumbre de comentar en mi hogar los pormenores de lo que sucedía en el colegio. No hubo actitudes que yo pensara extrañas, tampoco recriminaciones ni comentarios adversos por parte de ningún miembro de mi familia.
Al llegar al colegio al día siguiente, fui buscado en el salón de clase por el sacerdote. El me solicitó ir a su oficina y una vez allí me recriminó; me dijo que las cosas intimas no se contaban y que ya no podía ayudarme más. Mi familia lo había buscado para “reclamarle” por “ayudarme a desarrollar”. Yo me sentí triste tanto por la actitud de mi familia como por la del religioso, pues no lograba entender qué era lo que estaba pasando: para mí no había “algo” que yo considerara chocante o excepcional en mi actitud de contar mis experiencias en mi vida como para que haberlo relatado fuera la situación que motivara experimentar ese rechazo. De todas forman nunca volví a comentar que yo mismo me seguía desarrollando.
Muchos años después, ya siendo un estudiante universitario logré darme cuenta que ese encuentro con la “educación sexual” no seguía los cánones propios de una educación basada en el respeto. Más me preocupó esa situación, no por mí sino por otros niños que estudiaban en el colegio, cuando al hablar con algunos compañeros del bachillerato, pude conocer de cerca otras historias en las que otros jóvenes habían sido vulnerados y utilizados sexualmente por el mismo “guía espiritual”. El común denominador del hecho era que todos habían callado y parecía ser que yo era el único que había hablado en su casa y obtenido alguna reacción de la familia frente al sacerdote; sin embargo la posición de mi hermano no desató ningún cambio en él que motivara variaciones en su actitud frente a otros menores.
Sobre este tema de la vulneración sexual hablé en una ponencia denominada “vida cotidiana y educación en sexualidad: una experiencia de primera mano” realizada en el “Sexto Congreso colombiano de sexología y Primer Congreso Suramericano de Educación Sexual” realizado en Cali, en marzo de 1994. Precisamente, esta fue también la primera oportunidad en la que la Sociedad colombiana de Sexología SCS me invitaba oficialmente a hacer una presentación magistral sobre un tema.
Yo tomé para me disertación en esa ocasión cuatro puntos de referencia, en su orden cuatro situaciones con contenido sexual en las que me ví involucrado y consideré me permitieron ilustrar cómo me relacioné con dicho tema en los primeros años de mi vida: la primera, que ya la relaté y que está relacionada con los juegos infantiles; la segunda, la vulneración sexual sufrida en el colegio, sobre lo que he hablado en los párrafos anteriores; la tercera, cuando viajé al noviciado y tuve mi primera eyaculación en un juego erótico con una chica de mi edad; y la cuarta, al comprender que mucha información pertinente a la sexualidad, que circulaba en el medio en el que yo me movía porque sucedía en mi vida y en la de quienes me rodean, no la reconocí como tal porque no contaba con elementos conceptuales de base que me permitieran comprenderlo intelectualmente y además que yo, por mi propia ignorancia o inocencia, no los comprendí como relacionados con la sexualidad, siendo el caso específico usado como ejemplo el de dos compañeros de curso jugando en una cama, mientras estábamos en retiros espirituales, en el mismo año en que concluí mis estudios de bachillerato.
Durante bastante tiempo no me sentí molesto con el sacerdote por aquel acontecimiento pero cuando ya estaba algo más adentrado en años, al reflexionar sobre el tema de la educación sexual y reconocer que ese acto había sido un abuso sexual pensé en que los jóvenes, más los hombres que las mujeres, nos encontrábamos en situación de indefensión ante los adultos porque no éramos educados en torno a la sexualidad y generalmente cuando se no hablaba de temas afines se hacía únicamente a las mujeres; a ellas las preparaban únicamente con relación a la actitud que deberían asumir frente a los ofensores sexuales, pero ni con ellas y mucho menos con nosotros nunca se avanzó en diálogos que nos facilitaran la comprensión de temas como la homosexualidad o la lesbianidad y menos aún se nos habló con relación a que la violencia sexual podía ser ejercida por alguien del mismo sexo.
Ya en este siglo, escribí diferentes artículos sobre el tema de la escuela y la violencia sexual en los niños, niñas y adolescentes, varios de ellos han sido publicados en la Revista Semana entre ellos se encuentran: “Sin caperucitos azules, no hay lobos feroces” ; “La violencia sexual es la escuela” .
En tercer curso de educación media, a pesar de lo bajito que soy entré al equipo de básquetbol de mi curso y tomé por costumbre ir todos los sábados a jugar a las canchas de la Universidad Industrial de Santander. Estando allí observé a un jugador del Valle, un caleño rubio, de ojos claros, con cuerpo y cara atractivos, quien además era un excelente jugador. Durante todo un campeonato interregional universitario yo no le quité el ojo, pero nunca hablamos, aun cuando en algunas oportunidades jugamos con otros estudiantes de la universidad y el equipo de Tecnológico algunos partidos amistosos. El día de la final, yo me quedé hasta cuando todos se habían ido de la cancha y él salió de último; como en otras oportunidades caminamos rumbo a nuestras casas y nos acompañamos sin mediar palabra. Al llegar a la parada del bus él me preguntó si deseaba acompañarlo a su casa y yo, sin pensarlo, le respondí que sí. Caminamos juntos sin hablar; él vivía en un segundo piso en el que no había muchos adornos; se destacaban un colchón en el piso, un televisor y muchos libros. El se desnudó, entró a la ducha y desde allí gritó, preguntándome si deseaba una gaseosa, yo le dije que sí, me respondió que la tomara de la nevera en la cocina. Yo di vueltas hasta encontrar un vaso y serví una para mí. Le pregunté que si quería una pero él dijo que no. Al lado de la cama, había unas revistas, en ellas unos hombres estaban desnudos y dejaban ver sus genitales, yo sentí acaloradas mis mejillas y me puse un poco nervioso, más aún cuando sentí que él está detrás de mí. Mi respiración se agitó y quise salir corriendo, pero algo me retuvo. El fue a la cama, se acostó, tomó su pene que estaba erecto y se masturbó. Yo me quedo inmóvil, como paralizado, observándolo. El eyaculó, se paró, se limpió con una media y me dijo que tenía que salir a almorzar: me preguntó si deseaba acompañarlo. Yo si quería hacerlo, pero una voz traicionera salió dentro de mí y dijo que debía irme para mi casa. El me dio la mano para despedirse y yo me puse más nervioso aún. Tomé el bus y me fui sin entender que me estaba pasando.
Recién había cumplido los catorce años, estando de vacaciones en Bogotá, murió en Bucaramanga mi padre. Había padecido por más de tres meses los efectos de una trombosis cerebral, junto con esa penosa enfermedad había perdido la conciencia sobre los últimos momentos de su existencia, se comportaba como un niño y había que cuidarle para que no saliera a la calle o anduviera desnudo por la casa. Cuando murió yo me sentí aliviado emocionalmente, no es que propiamente deseara que se muriera pero me afectaba mucho que alguien que había sido totalmente independiente durante toda su vida de pronto dependiera de los demás para resolver sus necesidades básicas, bueno debo decir que también me afectaba de manera negativa tenerle que ver desnudo en algunas ocasiones aun cuando me llamaba la atención que tuviera canas cerca de su pene. Regresé a Bucaramanga para su sepelio y me sumergí en una crisis emocional, frecuentemente caminaba solo por la calle y hasta altas horas de la noche.
Nunca hablé de mis temores con otras personas pero sentía miedo de morir en condiciones semejantes; pensé que si alguna vez enfermaba de manera similar probablemente me suicidaría. Aun ahora, casi cuarenta y tres años después me preocupa desarrollar enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson y en especial perder mi capacidad intelectual o mi movilidad. En ese tiempo también temía ser ciego, así que decidí prepararme por si eso sucedía; durante horas permanecía en casa con los ojos cerrados y así realizaba algunos de mis deberes como bañarme, vestirme, ordenar las cosas en mi alcoba o tender la cama. Aprendí por mi mismo a servir bebidas calientes en recipiente y reconocer por la temperatura y el sonido como iba llenándose la taza con el líquido; también dedicaba horas completas a diferenciar los sonidos que se producían a mí alrededor; después me aventuré a caminar por la calle, sin abrir los ojos; todo con la intención de aprender a desenvolverme por mí mismo.
Muy seguramente mi trabajo frente a la prevención del sida esté relacionado con mis propios temores a padecer una enfermedad de difícil tratamiento, pero también con la decisión de mejorar la propia condición de vida como una manera de prevenir ciertos malestares y dolencias. Nunca he estado hospitalizado o gravemente enfermo pero me afecta pensar en tener que depender de otras personas. Incluso en un momento de mi vida decidí vivir como si estuviera afectado por el sida y asumir para mi las recomendaciones que daba a quienes brindaba apoyo emocional antes de que las personas se realizaran la prueba de Elisa para determinar la presencia de anticuerpos contra el VIH o con posterioridad a la entrega a un diagnostico reactivo. Sobre este tema publiqué un artículo la Revista Semana denominado “Vivir con sida” y posteriormente otro en un suplemento mensual sobre salud, sexualidad y sida denominado “Letra S” que circula como inserto en el periódico mexicano El Nacional, en la separata Nº 8, denominada “Los costos del sida” publicada en marzo de 1997 bajo el titulo “vivir como si se viviera con sida”.
2.5 No solo de pan vive el ser humano
Mi hermano Crisanto quien militaba en la social democracia pertenecía a un movimiento social cristiano denominado Palestra, parte de su actividad social consistía en dar acompañamiento a familias viviendo en extrema pobreza en una invasión de terrenos ubicada cerca al Aeropuerto de Bucaramanga que en ese momento estaba en las afueras de la ciudad. Las personas vivían hacinadas en ranchos construidos con latas y cartones, no tenían acceso a ningún tipo de servicio y no tenían los recursos para sus gastos básicos de comida y vestido; la mayoría de ellos vivían de las limosnas y ayudas que los jóvenes recogían en sus colegios. Cuando tenía ocho años, Crisanto me llevó por primera vez a ese lugar, luego él y Myriam Durán, su primera esposa, me llevaron en varias oportunidades.
Aun cuando la organización era católica no se hablaba sobre el tema religioso a estas personas pero los domingos se celebraba en la invasión una misa campal a la que asistían los jóvenes, algunos de sus maestros y algunos otros simpatizantes de Palestra, ya que las reuniones que se hacían era para ayudar a organizar la invasión, realmente yo nunca fui en día diferente al domingo y no supe qué era lo que pasaba en esas reuniones, pero uno de esos domingos regresamos con una niña cuya abuela que era la única familiar que vivía, murió mientras estábamos en ese lugar, la misma que Crisanto luego adoptó.
Al estar cursando mi último grado de bachillerato, teniendo quince años, viajé a Medellín, ciudad en la que se encontraba la sede del noviciado de la comunidad religiosa a la que quería pertenecer. Para llegar allí debía pasar previamente por Barrancabermeja, una ciudad igualmente santandereana ubicada en la más prospera zona petrolera del país, en la que vivía Crisanto quien además era el rector de la única universidad que allí existía. A Barranca había viajado en bus y seguiría desde ese pueblo petrolero el trayecto restante en tren.
Myriam, mi cuñada, insistió en que conociera a una chica de mi edad quien era su vecina, así como también creó las condiciones para que me relacionara con las dos únicas mujeres con quienes en mi vida he tenido relaciones sexuales.
La noche previa al recorrido final del viaje conocí a Marcela, una chica algo mayor que yo, muy alta y con un cuerpo bastante desarrollado. Ella no perdía el tiempo, mucho antes de completar la hora de haberme conocido ya me estaba besando insistentemente y también acariciando mis genitales. Yo sentí mucho miedo por lo que allí acaecía pero tenía miedo de ser agresivo al rechazarla y aun cuando le expliqué mi situación religiosa permití que ella me siguiera tocando, siendo ésta la primera vez en la que estuve con una mujer, tuve un acercamiento sexual con alguien de mi edad, y además, la primera y única en la que he eyaculado sin estimularme manualmente; lo hice en mi ropa interior.
Esa misma noche viajé al noviciado; en la mañana, al llegar a ese lugar que yo llamaba el seminario, el complejo de culpa y el temor me invadieron, pensé que había hecho algo inapropiado y que había fallado en mi vida espiritual. Le confesé al padre “maestro” lo que me había sucedido y él solo me informó que esos acercamientos sexuales suelen pasarles a casi todos los jóvenes. La explicación que me dio no fue suficiente para mí, y durante bastante tiempo me sentí sucio e incomodo por lo que me había pasado.
En ese mismo año participé de unos retiros espirituales durante una semana. En ese tiempo sucedieron tres situaciones que me indujeron a pensar mi relación con los demás, con el mundo y con migo mismo.
La primera de ellas se vincula con mi aislamiento de las demás personas, reconocí que me comunicaba con ellas pero no tenía ninguna relación profunda con ninguna. En el primer día de los retiros se nos solicitó que habláramos con una persona con quien lo hubiéramos hecho muy poco; yo me acerqué a un chico que evidentemente estaba en mi mismo curso, ya que en la actividad nos habíamos congregado los 160 estudiantes de último año de bachillerato. Durante la conversación me di cuenta que él, Marcos, era mi compañero de salón de clase y que yo nunca me había percatado de su presencia. Él además me preguntó por mi novia y yo caí en cuenta en ese momento que nunca había tenido una ni había estado interesado en tenerla y expliqué la situación relacionando esa ausencia con mi vida espiritual y mi vocación sacerdotal. Yo invité a Marcos a la casa de oración y construimos una buena amistad, siendo él el primer amigo a quien visité a su casa.
Este fue mi año de relación con las mujeres. Por medio de él, algunos días después y en ese mismo abril, conocí a Rocío, la primera chica en mi vida con quien me relacioné afectivamente, siendo yo quien inicialmente siente interés; la busqué, me hice amigo e igualmente la convoqué a la casa de oración. Una atracción similar la sentí dos meses después, por Yolanda, mi vecina en el Barrio Ricaurte en Bucaramanga, a quien incluso también le declaré mi amor y le propuse ser mi novia.
A Marta Cecilia, la conocí en septiembre de ese mismo año, en un viaje de misión católica a El Socorro, el pueblo en el que yo nací. Ella al igual que yo cursaba el último año del bachillerato y hacía parte de un grupo de oración en el que todos sus miembros eran estudiantes. Yo me sorprendí cuando ella me expresó sus afectos y me propuso que fuera su novio; acepté. Durante algo más de dos años mantuvimos correspondencia constantemente y en varias ocasiones viajé a su pueblo para visitarla, y ella lo hizo a Bucaramanga, para verme a mí, aun cuando solo durante el primer año ya que al terminar el bachillerato me trasladé a Bogotá para vivir y estudiar en esa ciudad.
La segunda de esas situaciones en la que los demás me hacen pensar sobre mí mismo y las relaciones de amistad, se vincula con el hecho de que en esos mismos retiros conocí a Raúl, un compañero de curso quien había tenido un accidente a partir del cual caminaba sostenido en unas muletas; él había sufrido un trauma en una de sus piernas que no le permitía estirarla completamente. Raúl me preguntó si era verdad que la oración podía curar a una persona y yo le respondí que sí, él me pidió que oráramos por él y yo le comuniqué al sacerdote el interés de Raúl; en la noche convocamos a un grupo de oración, en medio de nuestro encuentro de oración le hice una imposición de manos y Raúl caminó sin dificultad, a partir de ese momento dejó de usar sus muletas.
La tercera situación que vivencié es esos retiros tiene que ver con mi falta de interés para construir historias mas allá de lo que veía; esta situación también me recuerda lo despistado sexual que yo era. Se relaciona con dos compañeros, Martín y Cristian, a quienes busqué en su habitación y encontré juntos en una cama, cubiertos por una sobrecama, siendo evidente que estaban desnudos, acostados uno sobre el otro. Yo, de manera muy natural y sin sospechar que esta pareja tenía relaciones sexuales, permanecí sentado a su lado, en la misma cama, hablando durante un rato, que para ellos debió ser eterno. Casi cinco años después, uno de ellos, se me acercó y me dijo que le gustaba de mi que yo hubiera tomado con naturalidad la relación de pareja que él sostenía con nuestro otro compañero, lo más extraño para mi es que hasta justo el momento en que me lo hizo saber, a pesar de que los había visto desnudos, yo no había tomado conciencia de que dicha relación homosexual había sucedido.
En ese mismo año, mi propuesta de trabajo para el año en la Casa de oración giró en torno a hacer un proyecto católico similar a Palestra, orientado especialmente a jóvenes que deberíamos desarrollar nuestro sentido de apoyo social a los menos favorecidos. Junto a Gabriel Reyes, el director de la casa, iniciamos la recolección de mercados en mi colegio, actividad que posteriormente se fue ampliando a otros centros educativos y las familias de quienes eran asistentes asiduos a nuestra casa.
Nuestra actividad que en sus comienzos era estrictamente de crecimiento espiritual se fue transformando en un movimiento social cristiano. Inicialmente tuvimos cierta aceptación para nuestro trabajo, incluso del obispo de la ciudad, quien era amigo de mi familia por haber sido primero el obispo de El Socorro y San Gil. Él me recibió en su oficina en varias oportunidades, pero en la medida en que nos hicimos críticos con el rol que la iglesia católica desempeñaba en nuestra ciudad, la jerarquía y él como cabeza de la misma no nos quiso dejar participar en las actividades de la Iglesia Catedral; posteriormente, el mismo obispo que incluso había estado en nuestra casa de oración, intentó, en varias oportunidades, cerrarla.
En medio de esta crisis en nuestra casa de oración, yo debí viajar a Bogotá para iniciar mis estudios universitarios y terminar mi periodo de aspirante jesuita; una vez logré ubicarme en la ciudad me reuní con Carlos Álvarez, un sacerdote Eudista quien manejaba parte de los Grupos de oración de la “Misión carismática católica” en la capital colombiana. Asistía al barrio del Minuto de Dios, para lo que debía cruzar prácticamente media ciudad, a algunas de las actividades de oración, y simultáneamente, a los programas propios de mi formación religiosa en la Compañía de Jesús.
Esta doble actividad religiosa generaba contradicción en mí, puesto que, con los jesuitas mi formación se centraba más en la formación académica intelectual que en lo social o espiritual; teníamos muy pocas acciones sociales y yo me sentía algo defraudado porque desde años atrás pensaba que mi función como religioso debía orientarse a la ayuda de los más necesitados y no precisamente a la formación de los más ricos e influyentes política y económicamente de nuestro país, que era a lo que dedicaban la mayoría de su tiempo, los sacerdotes en cada ciudad en la que estaba asentaba la comunidad.
Esta contradicción fue la razón por la que tan pronto conocí al sacerdote jesuita encargado de la Casa de la Juventud, me integré al proyecto social que la comunidad realizaba con el apoyo de jóvenes cristianos; consistía en llevar a cabo acciones sociales y algo políticas en barrios del sur oriente bogotano, como también en ciertos barrios en otros sectores económicamente deprimidos de la ciudad, lugares en los que fui descubriendo a sacerdotes jesuitas que vivían fuera del ámbito de la Universidad Javeriana o que eran diocesanos pero que socialmente estaban comprometidos con los pobres.
La mayoría de los jóvenes que eran miembros de la Casa de la Juventud provenían del Colegio Mayor de San Bartolomé (un colegio en concesión con el estado, regido por jesuitas, con muy buena formación intelectual con la característica de que quienes allí estudiaban tenían su origen en las clases menos favorecidas de la ciudad); un grupo mucho más pequeño de ellos eran estudiantes de San Bartolomé La Merced, un tradicional colegio en el que los jesuitas formaban las personas de los estratos socioeconómicos mas altos de Bogotá.
Asistir a esta casa además tenía una ventaja para mí y era que tenía su sede a tan solo tres calles de la Universidad Cooperativa de Colombia, lo que me permitía acercarme fácilmente a la Casa de la Juventud y participar activamente de sus proyectos. A pesar de ello para mi había aquí también otra contradicción y era que estos grupos juveniles dedicaban poco tiempo a la oración.
Estando en los programas de la Casa de la Juventud me encontré con Alejandro Gutiérrez, un estudiante de psicología en la Javeriana, a quien conocía de las actividades del Minuto de Dios y quien se había estado formando previamente como Eudista. Alejandro me invitó a acompañarlo a una misión de semana santa a La Belleza, un pueblo con una fuerte presencia guerrillera, en Santander, ubicado cerca al pueblo en el que yo nací. Celebramos una actividad que se destacó por las jornadas de reflexión sobre cómo hacer posible la experiencia de un modelo crístico acorde con las necesidades sociales del momento. Teníamos la certeza de que varios de los asistentes eran simpatizantes o miembros de la guerrilla, pero, a pesar de que el sacerdote párroco de esa comunidad previamente había tenido problemas con la guerrilla, nuestra actividad se desarrolló sin ningún tipo de contratiempo.
Al siguiente año, los jóvenes de La Belleza con quienes Alejandro y yo habíamos trabajado el año anterior, nos invitaron nuevamente para la semana santa. Se comunicó con migo, para confirmar la invitación, un joven sacerdote alemán a quien ya conocía y que coincidencialmente ahora se encontraba trabajando en ese pueblo. A pesar de la negativa inicial de la jerarquía de la iglesia, él había logrado un permiso de la diócesis para desarrollar en ese pueblo su actividad pastoral; a pesar de que esta, no quería poner nuevamente a un sacerdote, pues a uno de los sacerdotes, que anteriormente estaba allí, lo habían amenazado en varias oportunidades; y, el último que ejerció en el pueblo, había tenido que salir huyendo.
Germán VonGraf, como se llamaba el sacerdote, logró la aceptación de los diferentes grupos en La belleza y según él mismo nos comunicó, a Alejandro y a mi, nuestra presencia en el año anterior había contribuido al acercamiento entre los jóvenes del pueblo y los de las veredas cercanas, y de éstos a la iglesia. Aun cuando VonGraf no interfirió en nuestras actividades con los jóvenes, sino que mas bien las promovió, si nos hizo saber que el obispo se había comunicado con él para advertirle de que nuestra presencia no era bien vista por algunas de las señoras del pueblo, quienes previamente se habían quejado con relación a las actividades juveniles que habíamos tenido.
Esta misión, como llamábamos al proceso de visitar un lugar y estar allí por un tiempo, fue la primera “Pascualización” de la que hice parte; en ella me acerqué más a mí mismo que a los demás jóvenes, porque la reflexión que orientaba para otros era a la vez mi propia reflexión sobre mi vida, mis metas y en especial, sobre mi propia sexualidad y su relación con mi vida y mi labor como cristiano.
A VonGraf, quien era miembro de la comunidad del Divino Salvador, lo había conocido en Bogotá, unos meses antes del viaje a La belleza, en un proceso de formación sobre comunicación orientado a un grupo de sacerdotes, monjas y laicos comprometidos con proyectos sociales de la iglesia católica, que realizamos conjuntamente con Pedro D´achiardi, un colombiano descendiente de italianos, sacerdote vice-provincial de los Claretianos, Secretario de la Conferencia Colombiana de Religiosos CCR e igualmente de la CLAR (Conferencia Latinoamericana de Religiosos), quien por muchos años fuera muy buen amigo y cómplice. Germán y Pedro conocían de mi vida sexual y de mis relaciones con Jaime, jesuita quien fuera mi pareja por tres años.
VonGraf fue el promotor en Colombia de un proyecto social cristiano, que se extendía por toda América Latina, denominado “Pascualización”, enraizado en la Teología de la liberación y cuya metodología era la de “Cibernética social”. Pascualización era un programa desarrollado inicialmente por Octavio Ritere, sacerdote Brasileño, quien murió en un accidente; VonGraf y a D´achiardi realmente fueron algunos de sus continuadores.
Coincidencialmente, cuando lo conocí, Germán era mi vecino en el momento en que la vida lo puso en mi camino, pues la sede de su comunidad estaba a tan solo tres calles de mi casa; con él realizamos varias acciones conjuntas desde trabajo en nuestra parroquia, misiones y talleres de formación.
A ese proyecto colombiano que orientaba VonGraf se había integrado D´achiardi, quien además viajaba dando cursos de entrenamiento en cibernética social por América del Sur. A Pedro lo conocí por intermedio de Crisanto, quien me invitó a un taller sobre cibernética social comunitaria orientado por Waldemar De Gregory en el que él era uno de los facilitadores.
Encontrar a Germán y a Pedro dio un sentido mucho más concreto a mi visión cristiana del mundo y me permitió hacerme conciente de que mi papel estaba junto a los pobres. D´achiardi con quien trabajé en muchos proyectos hasta algunos años antes de su muerte en el 2006, hizo parte del proceso de gestación de la Teología de la Liberación.
Un hito histórico de ese proceso fue la Segunda Conferencia general del Episcopado en 1968, en Medellín, en la que D´achiardi tuvo una participación bien importante. “Las venas abiertas de América latina” fueron el documento matriz donde se elaboró la teoría de la dependencia que se concentró en mostrar las causas profundas del empobrecimiento de las mayorías de nuestros pueblos latinoamericanos. Según esa teoría sólo se podría superar dicha injusticia si se lograba el rompimiento con el sistema capitalista imperante. El libro de Eduardo Galeano fue lectura obligatoria en los círculos intelectuales y universitarios (cristianos o no) y su estudio motivó una intensa reflexión en todos los jóvenes que a Pascualización nos acercamos y nos posibilitó comprender que la pobreza y situación de explotación no era casual, sino causal.
Muy iluminador para la Conferencia Episcopal de Puebla en Febrero de 1979 fue el documento preparatorio de los religiosos elaborado por la CLAR, de la que D´achiardi era Secretario. A ese documento y a Puebla misma los pequeños grupos eclesiales, como el nuestro, hicimos llegar nuestra voz hasta los obispos, pero ese documento también fue de gran alimento conceptual y espiritual para nosotros mismos porque dio un norte a nuestra propia acción como cristianos.
En “Pascualización” la liberación dejaba de tener un sentido meramente discursivo para volverse una praxis. Lo primero que aprendí e interioricé como experiencia cotidiana fue el sentido real de la caridad cristiana comprendida como la expresión del amor al prójimo. Fue importante y bastante contradictorio darme cuenta de que lo que venía haciendo hasta ese momento, es decir, conseguir ciertas donaciones de caridad y proveerlas a los pobres en forma paternalista y asistencial no era una alternativa real de solución a sus problemas sino tan solo un paño de agua tibia, tratando de sanar una herida que hoy era tan superficial sino profunda y casi mortal.
Tomar conciencia me hizo abrir los ojos para comprender al mundo, para comprenderme a mi mismo y mi misión como cristiano y para volcar el corazón hacia los pobres. Descubrir realmente su situación, incluso como homosexual, como homosexual cristiano practicante, y así vivir la experiencia de la verdadera evangelización. Fue muy iluminador asumir y vivenciar que el evangelio además de encontrarse en los textos bíblicos se encarnaba en nuestras vidas y palabras.
Me inquietaba sobremanera saber quién era mi prójimo, porque percibía que en el sentido más amplio eran los pobres; pero para mi, como homosexual, de esto hablaré más tarde, y como cristiano, mi prójimo eran aquellos que por causa de su orientación sexual eran los más pobres y excluidos, y entre mi prójimo había ciertos prójimos aun más rechazados y estigmatizados: las “magdalenas” de nuestros tiempos, los hombres transvestis en prostitución y las mujeres que junto a ellos estaban en mi camino cotidiano a la universidad, en el barrio Santa Fe, en el que igualmente vivían otros excluidos y excluidas: prostitutas, artistas e intelectuales, rechazados por no hacer parte del status quo y quienes igualmente precisaban de mi ayuda y solidaridad.
Los conflictos axiológicos que la homosexualidad y la prostitución me generaban tuvieron una respuesta en la “pascualización” de mi vida y de sus vidas. La resurrección era posible no después de muertos físicamente sino en la peor muerte posible y experimentada: la negación del otro, de ese que al igual que yo se dice cristiano. Negación que me atormentaba porque mi experiencia con mis compañeros de colegio, era una muestra de la negación que durante mucho tiempo había hecho de los otros para centrarme en mí mismo.
Vivir la resurrección en el cotidiano se hacía posible al vivir siendo testigos de la exclusión y ejerciendo el bien posible ya que “donde hay muerte el creyente pone el germen de la vida”, como nos decía Petete, como cariñosamente llamábamos a pedro D`chiardi.
La vida, no era sólo la palabra; en especial la vida estaba en la posibilidad de encontrar herramientas para liberarse por sí mismo, para apoyar a otros en ese proceso y además porque al dar vida a otros yo mismo me liberaba de esa opresión y la transformaba en la fuerza interna que movilizaba mi existencia.
Fue tan radical mi posición frente a la caridad cristiana como expresión del amor al prójimo que con base en dicha idea decidí dar un giro a mi vida, abandonar el mundo de la comodidad que me daban la comunidad religiosa y la familia y trasladarme a vivir al barrio Santa Fe, en 1979; situación con la que mi familia no estuvo muy de acuerdo.
Adquirí la costumbre de caminar por la zona de prostitución, hablar con los hombres que allí trabajaban y sobre todo, observar sus comportamientos y relaciones. Hablaba poco con las prostitutas del barrio porque mi propio desconocimiento de la sexualidad de las mujeres me producía cierto temor de no poder responder a algunas de sus dudas o no poder comprender sus experiencias. Una de las situaciones que se me hicieron más interesantes y me permitieron crecer como ser humano fue descubrir que algunos de estos jóvenes no se consideraban a sí mismos homosexuales sino mujeres y que además los clientes asumían estarse relacionando con una ella y no con un él, aun cuando era evidente para mí (ahora no lo creo) que lo hacían con un hombre.
La pobreza dejó de ser lo que otros vivían para convertirse en lo que yo cotidianamente experimentaba. Viví en una casa antigua y desvencijada, más correctamente un inquilinato, en una habitación doble de un segundo piso que tenía su ventana hacia la calle. En ella habitaba el universo pleno de los pobres de la comunidad que me interesaba: transvestis, prostitutas y prostitutos, artistas, intelectuales, hombres abiertamente homosexuales, y yo, un estudiante universitario que ni para comer tenía, gracias a que al igual que muchos de los que allí vivían me encontraba buscando lo que sería mi primer trabajo.
Abandoné por un tiempo la escuela de teatro en la que estaba estudiando para utilizar ese tiempo de la noche en preparar mis estudios y me volví trabajador de medio tiempo en la fábrica de confecciones de mi hermana Myriam. Rápidamente aprendí como se realizaba un patrón de costura, a escalarlo a todas las tallas y a trazar planos de corte para que las operarias lo hicieran y distribuyeran las piezas a las operarias de confección. Descubrí que lo que había aprendido sobre teoría del color y dibujo anatómico en los cursos libres que tomaba los sábados y domingos en la escuela de Bellas artes de la Universidad Nacional de Colombia me servía para el diseño de prendas y me fui convirtiendo en diseñador de ropa exterior femenina, hasta que llegó el momento en que logré que Esperanza mi prima que algunas veces me ayudaba a preparar los planos de corte fuera quien los hiciera y yo me dediqué de lleno al diseño, patronaje y escalada. Esta actividad se amplió posteriormente a la preparación y la locución de los desfiles de moda que realizaba la Casa de Modas de mi hermana.
De la fabrica de mi familia pasé a Trabajar con un judío israelita quien me buscó para dar comienzo a una fabrica de prendas deportivas, acepté porque cuando informé que este hombre me pagaría el triple de lo que ganaba con mi hermana ella me dijo que no podían pagarme más y yo decidí asumir dicha oferta. Esta fue la primera vez en la que trabajé de tiempo completo en una industria, presenté una colección completa diseñada por mí mismo, exhibida en un templo de la moda “la Casa Fabricato” y la primera vez que aparecí en los medios como diseñador de modas, de allí me retiré para dedicarme al trabajo en sida al regresar de la V Conferencia Mundial de sida en Montreal en 1989. Sin embargo algunos años después trabajé con RCN televisión en la preparación del vestuario de la telenovela “La vorágine” (basada en la novela del escritor colombiano, Eustasio Rivera) siendo este mi ultimo trabajo relacionado con el mundo de la moda.
El barrio Santa Fe lo abandoné antes de cumplir un año de vivir en ese hervidero humano pues no aguanté el ritmo de vida que allí se llevaba ya que era demasiado lejano a mi estilo de vida. Esa vivencia me permitió conocer muy de cerca el mundo de la prostitución, acercarme a un grupo que dentro de los homosexuales era incluso discriminado por estos: el de las transvestis en prostitución; conocer que hombres y mujeres menores de edad estaban en el mercado sexual y que niños y niñas de siete años ya eran utilizados por proxenetas para la prostitución; que había una relación directa entre el uso de drogas psicoactivas, las enfermedades de transmisión sexual y la prostitución; que las drogas de las que se hablaba en los medios se utilizaban pero que las personas mas pobres recurrían a substancias insospechadas para los especialistas en el tema, entre muchos otros: gasolina, gaseosas mezcladas con alcohol industrial, telarañas que envolvían cigarrillos, base de coca (bazuco) mezclada con polvo de ladrillo, cal u otros productos cuyos efectos se desconocían; que agentes de la policía cobraban “peajes” a dueños de bares, proxenetas y a las mismas personas en prostitución, que además estas y los policías eran ladrones, asesinos y expendedores de drogas; y lo que era aun mas grave que había “gente buena” que estaba “limpiando el sector” asesinando a quienes eran el sector poblacional mas lumpen del barrio: sus habitantes de la calle.
Sentí que tenía razón, que esos eran los pobres a los que yo debía dedicarme pero al riesgo de ser “limpiado” por alguien que descubriera que yo me estaba enterando de lo que se suponía no debía enterarme fue el punto de conflicto que terminó haciéndome tomar la decisión de salir del barrio pero no por ello abandonar el trabajo con los mas pobres de los pobres, mi verdadero prójimo ya que dicha experiencia además enriqueció mi fe. Mateo 11, 25-27 se hizo aun mas visible al comprender que Cristo se encuentra y revela en los pequeños y olvidados a los ojos del mundo y redescubrir que hablar de los pobres es hablar de Cristo, es hablar de Dios: ya que lo que hicimos a ellos o dejamos de hacer por ellos, fue a Cristo a quien hicimos o dejamos de hacer (Mateo 25, 40). La común-unión con el prójimo necesariamente debe pasar por el amor a los “Lázaro” y las “Magdalena” de mi común-unidad de cada momento (Lucas 16, 19-31).
Lo mas subversivo de mis descubrimientos de ese momento fue darme cuenta que si éramos hechos a imagen y semejanza de Dios, y era Cristo quien vivía en mi, Dios al igual que yo es homosexual, o también prostituta y habitante de la calle. Aun cuando mi motivación inicial para trabajar en el tema de la prostitución era religiosa, posteriormente fue cambiando mi interés al descubrí que eran victimas de todo tipo de exclusión y de la utilización de diferentes sectores sociales, económicos y políticos.
2.6 Una mano mas otra mano
Crisanto, De Gregory y D´achiardi me invitaron a hacer parte del equipo de trabajo para el desarrollo de estrategias comunicativas que formaba a religiosos y seglares comprometidos y que posteriormente se abrió a lideres sociales, sindicales y educativos. La invitación se dio en el momento justo en que salí del barrio Santa Fe y al aceptar participar en esa actividad, logré por primera vez en mi vida un trabajo en el que me sentía totalmente a gusto y no explotado, que me reportaba parte de los recursos necesarios para mi sobrevivencia pero el temor que me causaba la incertidumbre de no tener lo necesario hizo que no abandonara mi trabajo de diseñador.
Tuve la oportunidad de apoyar el proceso de diseño, seguimiento, evaluación y redirección de más de cuarenta talleres formativos sobre estrategias comunicativas realizados en diferentes regiones de Colombia. Esta fue la primera oportunidad en la que tuve contacto con la educación en mi función de formador. Aprendí a trabajar con una metodología de trabajo horizontal en la que los participantes se organizaban en equipos de trabajo, los cuales continuaban formándose conjuntamente por ocho semanas. El equipo de facilitadores preparaba el programa de formación el cual se dividía en actividades teóricas, prácticas y creativas. Al interior de los procesos creativos se programaban actividades lúdicas cuyo fin era, por medio del juego, reafirmar el conocimiento teórico que se había obtenido de parte del explicitador o facilitador temático. Mi función era proponer actividades de este orden que eran discutidas en equipo, redireccionadas cuando ello era necesario y coordinar su aplicación durante los programas de formación.
Los formadores en entrenamiento además participábamos de un proceso de formación de formadores, también teníamos actividades de profundización durante ocho semanas y la promoción a formadores se daba cuando éramos capaces de organizar por nosotros mismos y en equipo de tres personas un programa de formación cuya convocatoria y acompañamiento de ocho semanas igualmente coordinábamos, todo bajo la coordinación de uno de nuestros formadores. Luego de un año de actividades formativas pasé dentro del equipo de trabajo a coordinar actividades prácticas, y dos años después pude dar inicio a mis actividades de formador en la parte teórica.
Posteriormente participamos de un proceso latinoamericano de formación de formadores en el que asistimos personas de ocho países de América del Sur, de Estados Unidos de Norteamérica y de México. Proceso que se hacía durante una semana y cuyas prácticas de ocho semanas se realizaban por equipos nacionales ya que no todos podían permanecer en Colombia por todo el tiempo del proceso. Estas formaciones se realizaban en diferentes países y eran de primero, segundo, tercero y cuarto nivel y yo participé de todos los niveles.
Aun cuando algunos de los asistentes eran educadores fueron pocos los que pudieron hacer todo el proceso debido al tiempo que ello requería y porque para muchos de nosotros ésta era además nuestra fuente de ingresos, en consecuencia nuestra actividad laboral principal. En ningún momento se pensó hacerlo como un proceso en la educación formal pero también es verdad que el equipo de trabajo formó más de tres mil maestros de educación primaria y media en Bogotá en un convenio con la Secretaría de educación de la ciudad para la formación no formal de sus maestros ya que al tomar nuestros programas en diferentes temas estos eran reconocidos con “créditos académicos” que les servían como parte de la puntuación necesaria para el proceso de escalafón.
Cabe destacar aquí que algunos de esos maestros y directivos posteriormente me abrieron las puertas de sus instituciones educativas para permitirme desarrollar procesos a la comunidad educativa (directivos, maestros, padres de familia y estudiantes) como parte de la aplicación del “Proyecto nacional de Educación sexual” que es obligatorio por Ley, implementar en todos los colegios de Colombia como eje transversal del PEI Proyecto educativo institucional.
La actividad en cibernética social fue muy importante para mi porque me permitió con el acompañamiento de De Gregory, D´achiardi y Crisanto como formadores y de Ellen Wilde y Mauro Carvajal como compañeros de equipo, pasar del desarrollo de estrategias comunicativas lúdicas a conocer el proceso de producción en los medios masivos de comunicación, específicamente en prensa escrita (revistas) radio y televisión, y mejorar mi estrategia comunicativa verbal, no-verbal y factual ante diversos auditorios con diferentes niveles de formación intelectual.
La formación exigía que fuera del proyecto de formación de formadores de “Cibernética social” en el que nuestro trío de trabajo participaba cada uno de nosotros realizáramos una experiencia adicional en el que solos desarrolláramos todo el proceso de diseño, aplicación, evaluación y redirección, formando en un proyecto comunitario a un equipo de trabajo propio. Yo propuse hacer mi actividad en el Grupo de Estudio por la Liberación de los Guëis –GELG– y esta propuesta fue aceptada, ya que en “Cibernética Social?” el tema de la homosexualidad se manejaba al mismo nivel de otras orientaciones sexuales y de otros temas, inclusive conocíamos de la información privada de la vida sexual de algunos de los religiosos y laicos pero se asumía que esto era parte de su intimidad y tan solo se hablaba de ello cuando en el grupo pequeño, en el que se trabajaba por ocho semanas, las personas lo querían hacer como parte de su proceso de auto aceptación y como parte del proceso de crecimiento personal.
El publicista Mauro Carvajal fue mi punto de enlace para trabajar en la docencia universitaria ya que él fue quien me relacionó con la Decana de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad Pedagógica de Colombia, sede de Bogotá, en donde a mis 19 años fui contratado como maestro universitario para el curso electivo de comunicación y medios. Esta fue la primera oportunidad en la que se me quiso discriminar por parte de un grupo de estudiantes que se formaban como docentes, y no fue precisamente porque en ese momento aún estaba también estudiando en la Universidad sino a causa de mi orientación sexual pero la evaluación positiva realizada por los estudiantes del semestre anterior, el primero que trabajé, y de los estudiantes de ese momento sobre mi actividad docente pudo más que el pequeño grupo de estudiantes de la facultad que no me aceptaban como su maestro por el hecho de ser homosexual.
2.7 Aprendiendo en la escuela formal
Inicié mis estudios universitarios de sociología a los 15 y medio años en la Universidad Cooperativa de Colombia UCC aprovechando que había sido aceptado como estudiante al presentar un examen de clasificación y porque mi promedio en la evaluación de conocimientos del ICFES que me ubicaba en un 2% correspondiente al nivel superior de los estudiantes de mi generación, resultado me permitía escoger cualquier carrera universitaria; un año después di comienzo a los de filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana y ese mismo año, en el segundo semestre principié los estudios de actuación y dirección teatral en la Escuela Distrital de Arte Dramático, en un programa nocturno.
Para mi formación personal fue determinante asistir a clases a entidades educativas tan diferentes. En la UCC los estudiantes del diurno a diferencia del nocturno, no eran trabajadores sino que dependían económicamente de sus familias pero estas eran de clase media y no podían darse el lujo de llevar a sus hijos a estudiar en una universidad como la Javeriana a la que asiste parte de la élite económica, social y política del país.
Mis mejores amigos de Bucaramanga y compañeros de la casa de oración también, incluido Nelson Arias, vinieron a vivir a Bogotá, al barrio Minuto de Dios. Estaban en una casa-noviciado de los Sacerdotes Eudistas e ingresaron a estudiar Filosofía en la Universidad de San Buenaventura. Yo ingresé a Filosofía en la Javeriana, pero en muchas oportunidades prefería asistir a clases con mis amigos de antes en San Buenaventura. A la Filosofía llegué más que por la necesidad formativa que se me planteaba como jesuita, por el interés inculcado por mi amigo Nelson Arias y me quedé por el placer de debatir con él y con nuestra compañera y amiga María Inés Jara.
Precisamente en esta universidad mi compañera de trabajos era Alicia Ortega Lleras, sobrina de un ex Presidente de la republica; ella además de ser algo así como la “oveja negra” de su familia era una de las estudiantes mas destacadas de la carrera. Exceptuando a Alicia Ortega Lleras, amiga y compañera, poco me relacionaba con otros estudiantes de filosofía, a no ser con aquellos que eran jesuitas.
La profesora Alicia, nuestra profesora de historia del arte en la Universidad Javeriana, despertó en mí el interés por Pedro Pablo Rubens y su trabajo sobre el cuerpo de la mujer. La influencia de Alicia, la profesora, me llevó a tomar cursos libres los sábados y domingos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional. Allí y durante dos años tomé clases de teoría del color, dibujo anatómico y principios de escultura. Me enfoqué inicialmente por el trabajo pictórico del cuerpo femenino; mis obras representaban cuerpo redondeados, de formas onduladas en las que las oquedades y los volúmenes tenían una característica especial, pieles con celulitis; imperfecciones que resaltaba, utilizando la textura de piel de naranja y el colorido que veía en las obras de Rubens, aun cuando muchas de las obras fueron hechas al carboncillo. Esta época llegó a significar tanto para mí, que en mi primera visita, casi quince años después, al Museo del Prado, viendo las obras de este pintor experimenté algo que nunca más he experimentado y que podría definir como un orgasmo emocional.
Los trabajos de pintura del cuerpo, dibujo y escultura los realizaba con Maria Inés Armenta y Asdrúbal Medina, dos estudiantes de Bellas artes. Los hacíamos en la sala de la casa de María Inés; trabajábamos desnudos, cada uno era a su vez el/la modelo de su compañero/a de trabajo. Nos acostumbramos rápidamente a permanecer desnudos por muchas horas, aprendizaje que igualmente fui construyendo en la Escuela Distrital de Arte dramático. Pero no solo nosotros debimos acostumbrarnos, sino además también la madre de Maria Inés y su hermano, quienes algunas veces también nos sirvieron de modelos.
Por la escultura me decidí a partir de compartir el apartamento con Gema Márquez una mujer de Medellín quien me relacionó con Roberto Pérez, un restaurador de arte quien fuera mi pareja por tres años. Gema me fui introduciendo poco a poco en la escultura cerámica, actividad artística que en el 2006 aun efectuaba en Colombia.
Maria Inés y Gema son lesbianas, Asdrúbal es homosexual; los tres me facilitaron el mundo de la estética desde la academia, el desarrollo de mi sensibilidad y la búsqueda de otros acercamientos a otras formas de la expresión artística en las que incursioné posteriormente. Aprendizajes que aun hoy me acompañan y que me sirven como formas expresivas y herramientas didácticas en las estrategias preventivas, informativas y educativas que actualmente realizo.
El aprendizaje más importante que obtuve en la Escuela de Teatro fue el reconocimiento de mi propio cuerpo; aprendí a no tener rechazo de él; a estar desnudo junto a otras personas igualmente desnudas, ya que por lo pequeño del espacio en el que estaban las duchas todos debíamos bañarnos y vestirnos rápidamente si queríamos alcanzar el transporte publico a la hora de la salida; cabe decir que los primeros días llegué a casa de la comunidad a pie porque esperaba para bañarme de ultimo para que nadie me viera; por medio de los ejercicios de acondicionamiento motriz y expresión corporal aprendí a apreciar el cuerpo de los y las demás como un instrumento de trabajo pero también como un espacio de sensualidad y placer que se obtenía y se daba tanto a mujeres como a hombres y en el Grupo Heliogábalos. En la Escuela me codeaba cada noche con quienes serían posteriormente reconocidos actores y actrices nacionales de las tablas, el cine y la televisión, y en quienes me apoyé muchos años mas adelante para algunos performances cuyo tema fue la prevención del sida y el uso del condón.
En sociología mi compañera de trabajos era igualmente otra oveja, negra de comportamiento y de piel llamada Lina Arrregocés, una mujer costeña de la Guajira, con mucho empuje, capacidad de liderazgo y destacada estudiante. Lina no fue mi compañera durante los dos primeros semestres, vino de otra universidad, Santo Tomás, en transferencia como también llegó a nuestras vidas y universidad, unos días después, Mireya Fornaguera, quien era la mujer de un reconocido y joven pintor hijo del Maestro Roda, un pintor catalán residenciado en Colombia. Mireya, quien es Costarricense, había estudiado sociología en París y se hallaba homologando su titulo en nuestro país. Con Lina y Mireya armamos un trío de trabajo estudiantil y un grupo de fuerza que se destacaba por sus trabajos y presencia organizativa en la universidad. Mireya jugó un papel importante en nuestro acercamiento a la comprensión del movimiento estudiantil francés y sus propuestas conceptuales pero también en el acercamiento mío a la economía, área que poco me llamaba la atención, por ser ella la traductora al español del libro que nuestro maestro utilizaba como fuente teórica en nuestros cursos de macroeconomía.
Una situación que facilitó mi formación académica de manera simultánea en las dos universidades fue que varios de mis maestros en sociología eran igualmente mis maestros en la facultad de filosofía a lo que se sumaba que además eran miembros del CINEP, organización jesuita, dedicada ala investigación social. A través de ellos logré que ciertos programas que deberían ser cursados tanto en una como en otra universidad o que eran bastante similares me fueran validados y en consecuencia se me pusieran las mismas notas obtenidas en el programa ya cursado en la otra universidad o que me aceptaran tomarlo solo en una de las universidades.
El Centro de Investigación y Educación Popular CINEP , era y sigue siendo una fundación sin ánimo de lucro; fue creada por la Compañía de Jesús en 1972, con la tarea de trabajar por la edificación de una sociedad más humana y equitativa, mediante la promoción del desarrollo humano integral y sostenible. En esta ONG un grupo de estudiantes de sociología realizábamos algunas actividades propias de nuestra formación en sociología; allí me aceptaron por ser un estudiante destacado y un líder estudiantil. En el CINEP trabajamos en algunos de sus proyectos Lina, Mireya y yo, además en esa primera época fueron pocos los estudiantes javerianos quienes se acercaban o interesaban en esta entidad
El hecho de que yo estudiara sociología y teatro generó ciertas contradicciones con el padre maestro que coordinaba el Juniorado, la escuela de formación de la comunidad religiosa al que pertenecíamos los jóvenes que nos formábamos como sacerdotes, pues era poco el tiempo que yo permanecía con mis compañeros pero además eran para mi cada vez mayores las diferencias entre lo que quería realizar como religioso y lo que la Comunidad religiosa me proponía para mi formación. Los conflictos se hicieron mayores cuando yo informé que tenía relaciones sexuales con otro hombre, lo dije porque pensaba que no debería ocultar nada sobre mi. Realmente nunca hubo un ataque directo sobre el tema de mi sexualidad aun cuando si me solicitaron que no hiciera de mi vida privada “un espectáculo público”. En esos mismos días y por boca de algunos de los miembros del GELG me enteré de que en la comunidad religiosa de la que hacía parte había sacerdotes cuya vida sexual si era el “espectáculo público” al que tanto se le temía.
En 1977 había optado por retirarme de la compañía de Jesús y trabajar con el apoyo de Pedro D´achiardi y mi hermano Crisanto en proyectos de formación social pero sin perder mi interés por temas religiosos. Fui a vivir con mi hermana Yufro y su marido en una casa que antes había sido de mi hermana Luisa y su esposo. En esa vivienda y durante algún tiempo convivimos también con mi madre. Viví alli hasta cuando en 1979 fui a vivir al barrio Santa Fe.
Mi madre y mi hermana en general no interferían en mi vida cotidiana o en mi vida política como un militante gay, pero si ejercían cierto control sobre mi vida sexual. Mi hermana no me permitía recibir visitas que no fueran de una persona conocida y mi madre, generalmente estaba presente siempre que alguien me visitaba. Mi vida sexual, en esa época se limitaba a las visitas a casa de Jean, mi primera pareja; posteriormente recibí las visitas de mi amigo Jaime Galindo, de Jaime Estrada, mi segunda pareja y en ese entonces, miembro del Juniorado de los Jesuitas, y en muy pocas oportunidades de León Zuleta, cuando éste venia de Medellín.
Mi primer proyecto social en esta nueva etapa consistió en ser maestro voluntario en una escuela primaria coordinada por religiosas y que educaba a niños de muy escasos recursos en el barrio La candelaria, en Bogotá. Fui maestro de matemáticas durante casi un año y tenía mis clases durante cuatro horas, cada semana. Lo interesante para mi era que además de apoyar recibía apoyo de las monjas pues éstas me daban un refrigerio al llegar y nunca me dejaban salir de la institución sin almorzar.
2.7.1 Investigación y sexualidades
¿Se puede ser homosexual y no saberlo? Está pregunta, que es mi primer punto de contacto con la teoría de la sexualidad, se hace aun más palpable en junio 1976 durante las vacaciones en Bucaramanga, posteriores al primer semestre académico de mi carrera de Sociología. La pregunta no fue planteada como una reflexión sobre mí mismo, pues en ese entonces yo aún era heterosexual poco practicante sino por insinuación de una amiga quien me dijo como confidencia que ella pensaba que dos amigos mutuos “eran novios”. El interrogante se acrecienta al observar la cercanía física que se manifiesta en la relación afectiva entre mi amigo Mario Q. y un sacerdote, quien desempeñaba un alto cargo en la Diócesis de Bucaramanga, ya que ese era un proceso afectivo que yo estaba tomando de manera muy natural.
Que yo me hiciera esta pregunta con relación a ellos no sólo me inquietaba sino que además mi interés se me antojaba un acto intromisorio, agresivo y contradictorio, por cuanto para mí, el tema de la sexualidad no había sido un aspecto frente al cual hubiera demostrado previamente un interés especial; además porque pensaba que de todas formas lo que ellos hicieran era parte de su privacidad y más aún porque su comportamiento afectivo cuando estaban con migo era tan poco amanerado que nada tenía que ver con las relaciones que yo conocía en las manifestaciones corporales de los transvestis que se prostituían en Bogotá quienes eran mi punto de referencia sobre la homosexualidad.
Retomando mi interés frente a la relación de Mario, debo decir que ni él o su amigo se enteraron de mis cuestionamientos de fondo, aun cuando si les fue evidente mi interés sobre su relación de amistad y su cercanía corporal. Una vez regresé a Bogotá, consulté por primera vez el diccionario Larousse, para buscar la definición de la palabra homosexual. Por supuesto la pobreza del contenido de la explicación sobre el tema evidencia la necesidad de otras consultas y entonces preferí recurrir a una enciclopedia de la sexualidad, lectura en la que tampoco encontré respuesta a mi interrogante. Aun cuando no era plenamente conciente de haber conocido una pareja homosexual, para mí, parecía claro que lo observado era una relación de este orden, así mi amigo me dijera que lo suyo era tan solo una relación de amistad.
Mis primeros encuentros con mujeres prostitutas fueron bastante desafortunados y sucedieron en el segundo semestre de 1976 y cuarto de mi formación profesional. En el primero de estos, cuando intenté abordar a una de ellas, la mujer pensando que yo era un posible cliente me tomó por mis genitales y yo, lleno de temor, pegué un salto tal que ella se asustó y salió corriendo. En el segundo encuentro me sentí bastante ridículo: mientras yo conversaba con una chica en la mesa de un bar, ella tomaba aguardiente y yo una “Ponimalta”, que es el nombre comercial de una bebida dulce con base de malta; ella quería hablar pero necesitaba completar lo de las “fichas” que le exigía el propietario del lugar, así que me pidió que consumiera licor o me fuera con ella a la pieza (habitación); como las dos peticiones estaban muy lejos de lo que yo consideraba lo correcto, tuve que alejarme. Tan solo varios años después, en 1984, con el incremento del sida, tomé el suficiente aliento como para retomar la idea de trabajar con estas mujeres; con este tema seguí laborando e investigando hasta cuando debí salir del país en enero de 2007.
De estos frustrados encuentros aprendí que el tiempo de las mujeres tiene un precio y que al utilizarlo debería retribuírseles de alguna manera el daño económico provocado en nuestra actividad investigativa, ya que la pérdida de tiempo interfiere con las metas económicas de su labor productiva.
Durante el primer semestre de 1977, tercero en Sociología, mi profesor de Psicología, un hombre bastante joven interesado por la antipsiquiatría y salido del contexto de mi idea con respecto a qué debe ser un profesor, fue mi primer punto de contacto con el tema de la “homosexualidad en latencia”. Gracias a él, Freud y Foucault fueron los autores a quienes encontré en ese momento; el profesor nos propuso leer algunos apartes de los libros “Más allá del principio del placer” y “Del orden sexual”, del primero, e Historia de la sexualidad, del segundo.
Marcos Díaz, mi compañero de último año de bachillerato en el San Pedro Claver en Bucaramanga y estudiante de Economía en la Universidad Cooperativa en Bogotá, fue la persona con quien realicé un acercamiento erótico, sin su consentimiento explícito, como parte de un trabajo de clase para un trabajo de antisiquiatría sobre el tema de la homosexualidad en latencia. Mi maestro consideraba que una persona con quien existe un acercamiento afectivo previo y bien consolidado, reacciona erótica y genitalmente de la misma manera que un carcelario a quien la presión lo lleva a aceptar un contacto genital con otro hombre, como fruto de la exposición a la soledad y el aislamiento durante un periodo prolongado de tiempo.
Lina, de origen guajiro, no estaba de acuerdo con el maestro pues afirmaba que su hermano penetraba a otros hombres, práctica frecuente en la Costa Atlántica y que esto no solo no se corresponde con una homosexualidad latente, sino que además lo hace aún más hombre por penetrar no solo a las mujeres sino también a aquellos que lo parecen. Yo informé en clase de mis acercamientos a Marcos y de su sutil rechazo, y además de la excitación que me produjo estar durmiendo con él en la misma cama. Razón por la que pasé a recibir el apodo de “cura marica”
Mi ignorancia o ingenuidad en torno al tema de la sexualidad no solo era con las mujeres, fue tan evidente en el caso de los hombres que en varias ocasiones fui sujeto de abordajes por ellos sin que yo lograra darme cuenta de qué era lo que estaba sucediendo, que ellos eran homosexuales o que suponían que yo lo era.
Era motivo de discordia permanente con los jesuitas el hecho de trabajar con las mujeres y hombres transvestis que ejercían la prostitución en el barrio Santa Fe, pues para hacerlo yo había tomada la decisión de no trabajar en el proyecto de escuela que la comunidad apoyaba en los barrios del sur oriente por medio de “Fe y alegría”, aun cuando esta era una zona marginal de la ciudad. La situación se hizo más intolerable cuando yo decidí hacer en el cuarto semestre de sociología (septiembre de 1977) una investigación sobre los hombres militares, soldados rasos, que ejercían la prostitución, puesto que para algunos sacerdotes de la comunidad, si estudiar sociología no era una necesidad apremiante mucho menos significativo era investigar un tema tan específico y “poco importante”.
La investigación, que a pesar de ser un trabajo de clase fue realizada con mucha acuciosidad, rigurosidad y bajo la dirección de un investigador reconocido, fue pionera en Colombia y aun se recurre a ella como fuente bibliográfica importante en el tema. Los resultados demostraron que los jóvenes campesinos obligados a prestar el servicio militar y a vivir en una ciudad que no era la suya, tenían que recurrir al intercambio sexual como una manera de recibir una “ayuda económica” para satisfacer sus necesidades básicas ya que lo que recibían del ejercito en dinero no era suficiente para cubrir los gastos de sus tres días de descanso mensuales y para obtener el excedente se lo presionaba a rebuscarse como sobrevivir en la ciudad. Varios entre ellos no vivían en Bogotá sino que provenían de la escuela militar con sede en Girardot. Los clientes, siempre hombres mayores, los ubicaban en la Plaza de las Nieves, en el centro de la ciudad, o los recogían directamente en la entrada del batallón, les pagaban en especie, es decir les daban cigarrillos sin filtro, elementos para el aseo personal y en muy pocas oportunidades el estipendio recibido en moneda era económicamente significativo. También se demostró que algunos de estos hombres al retirarse del ejército continuaban su actividad como prostitutos a pesar de no tener una identidad como homosexuales.
Lo más retador para mi de ese trabajo investigativo fue que el maestro consideró que aun cuando el trabajo cumplía con un estándar muy alto sobre las expectativas de lo que se esperaba se realizara como actividad de clase, cubría un tema de poco interés científico. La negativa del maestro y de la comunidad religiosa de la que hacia parte en que yo me interesara en temas de este orden por “no aportar nada al desarrollo social”, jugó un papel determinante para mí, porque me ayudó a convencerme a mí mismo de que estaba en el camino correcto y de que los temas relacionados con la sexualidad tendrían una gran importancia en mi vida profesional como sociólogo e incluso en mi producción como filósofo.
En cuanto a Filosofía, encontré pocos maestros con pensamiento propio, eso si no puedo negar que eran excelentes recitadores, con muy buena memoria y un gran sentido de la cita oportuna. Gran parte de mi desarrollo teórico fue construido post academia y a partir de mi experiencia de vida y de trabajo.
A pesar de mi determinación la UCC no aceptó que yo hiciera mi tesis de sociología sobre el tema de la relación entre homosexualidad y prostitución, ya que para el Decano el tema no tenía un carácter social importante, pues en ese momento se preferían investigaciones sobre “temas políticos”.
No he sido precisamente el más favorecido en cuanto a maestros universitarios se trata, fueron pocos los que en las licenciaturas lograron impactarme; es más, durante mucho tiempo creí muy poco en la academia, aun cuando debo considerar que la influencia de mayo en Francia y sus repercusiones en la escuela debieron marcar de alguna manera mi decisión. Mi sentido creativo y operativo de la vida no encontró en la escuela formal un eco para su desarrollo; tal vez por esa misma razón me gradué en Sociología tan solo 20 años después de haber cursado las materias.
Los últimos semestres como estudiante de Sociología, pasaron sin dejar huella. Muchos de los maestros eran eminentemente teóricos y poco o nada tenían de contacto con la investigación. Se dedicaban a recitar fuentes, en muchos casos bastante desactualizadas, y a cumplir con “dictar” clase. En general, puedo afirmar que he sido beneficiado más por lo aprendido en las discusiones con mis compañeros de clase y los amigos de la vida que por lo aprendido de mis profesores.
Al mismo tiempo que yo tenía problemas en la comunidad religiosa y en la universidad, mis amigos que estaban en las casas de los Eudistas, algunos de ellos formándose como seminaristas, estaban pasando por una serie de conflictos similares ya que la decisión de orientar sus acciones en favor de los pobres llevó a algunos de ellos a radicalizar sus posturas social-políticas y los condujo a hacerse miembros del grupo guerrillero M19. Situación que yo mismo estuve pensando en ese momento pero que por no ser muy afín con mi trabajo me ayudó a decidirme a no ingresar en la guerrilla.
La influencia que el movimiento estudiantil francés tenía en la Universidad Cooperativa y la negativa sobre la posibilidad de hacer una investigación (tesis) en el tema de mi interés me llevó a tomar la decisión de no graduarme en sociología a pesar de haber cumplido los demás requisitos necesarios para hacerlo, también esta decisión estuvo influenciada en la poca credibilidad que le daba a la academia.
Muchos años después (1999) regresé a la universidad buscando obtener el titulo de sociólogo y el hecho de ser un investigador reconocido a nivel nacional en el campo de la sexualidad y la salud facilitó el hecho, hasta el punto de que la facultad aceptó como investigación de grado el documento final de una investigación realizada entre 1995 y 1996, denominada “Desde el cuerpo: incidencia de enfermedades de transmisión sexual ETS, infección por el Virus de Inmuno Deficiencia Humana HIV, el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida SIDA y el uso de substancias psicoactivas en hombres y mujeres menores de edad, vinculados a prostitución, en la Zona Centro de Santa Fe de Bogotá”. Que fue el resultado del trabajo de un año con un proyecto al que denominé “En la jugada/en la juega” financiada por UNDCP- Naciones Unidas, Editado por la Fundación Apoyémonos y UNDCP (El programa de prevención de drogas de Naciones Unidas) - Naciones Unidas, Colombia / DAPC - Programa Japonés de Prevención de la Drogadicción, que fue publicado como libro en 1996 por la Fundación Apoyémonos (ISBN-958-959-0-1).
Trabajo investigativo que para mi tuvo una gran significancia por ser el primero para el que logré financiación de una agencia internacional y con el que además tuve un recogimiento nacional e internacional, ya que con él obtuve el Premio Nacional de Investigación profesional en Sexualidad (1996), otorgado por la Sociedad Colombiana de Sexología.
La Unidad de Análisis de la investigación fue “la construcción de la identidad, la recuperación del cuerpo y la introyección de valores positivos hacia el cuerpo, la vida y la salud, como principio metodológico de la prevención de la drogadicción (uso de substancias psicoactivas) y la infección por el Virus de la Inmundo Deficiencia Humana (HIV), el Síndrome de inmuno deficiencia adquirida (SIDA) y las enfermedades de transmisión sexual (ETS), en los menores, hombres y mujeres, con edades que oscilan entre los 8 y los 18 años cumplidos, quienes están vinculados a la Prostitución y laboran en el mercado sexual, ofertando sus servicios en la Zona Centro de Santa Fe de Bogotá” .
En la citada investigación, la población objeto se clasificó en dos grupos; en el grupo uno, se trabajó con 102 menores, 48 hombres y 54 mujeres. En el grupo control, se trabajó con 34 menores, 11 hombres y 23 mujeres. Siendo el total del grupo analizado de 77 mujeres y 59 hombres. Tanto los hombres como las mujeres analizados en los dos grupos eran menores de 18 años de edad.
Es esta la primera actividad en la que veo claramente mis inicios en el trabajo de investigación – acción, es decir la investigación como un proceso en el que a la vez que se recolectaba información hice un proceso educativo con los chicos menores, que sirvieron como fuente de información.
Tampoco culminé oficialmente mis estudios de filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana; a pesar de que terminé todos los cursos de la formación académica no realicé la tesis. Me gradué en Sociología, más por la presión social que por necesidad propia ya que había trabajado durante bastante tiempo y en diferentes investigaciones como sociólogo, incluso en la Universidad Nacional, y además ganado un premio como investigador. Ya con el titulo me decidí a seguir estudiando y di comienzo tanto a mis estudios de postgrado como Especialista en Gerencia de proyectos educativos en la UCC como a la formación de Master en Educación en la Pontificia Universidad Javeriana, actividades que realicé simultáneamente. En el master produje una investigación, en la Línea de Convivencia solidaria y democrática, sobre estrategias para la Formación en este campo. En el postgrado de Gerencia mi investigación tuvo como resultado el “Documento base para la acreditación previa de la Especialización en Gerencia de Proyectos Educativos vía Internet: EGENET”.
Una vez me gradué, la UCC me contrató como unos de sus maestros en la facultad de Sociología y también en la Escuela de Postgrados en la Especialización en Docencia universitaria. Aun cuando ya había sido maestro universitario previamente a pesar de no tener un titulo profesional que me respaldara para ello.
El poco interés de las comunidades religiosas por el tema del trabajo con las personas vinculadas a la prostitución y su marcado desinterés por los temas de la homosexualidad y en especial de ofrecer una pastoral para estas personas me fue alejando de las organizaciones cristianas y llevando cada vez mas a sensibilizarme de la importancia de un trabajo con y sobre estas personas.
Una vez concluida mi formación universitaria formal, y a pesar de mi negativa a trabajar con organizaciones con orientación cristiana hecho que decidí para dedicarme al trabajo con sida de tiempo completo en julio de 1989, durante los años 2002-2003 apoyé como voluntario un trabajo de reinserción social de transvestis trabajadores/as sexuales laborando en el barrio Santa Fe, de la Localidad de Los Mártires en Bogotá. El trabajo fue financiado por Caritas Internacional y tenía el aval del Secretariado de Pastoral social de la Arquidiócesis de Bogotá. A pesar de los financiadores, el proyecto posibilitaba acciones de anticipación social al riesgo por VIH y al uso de substancias psicoactivas (temas en los que venía trabajando teórica y prácticamente desde 1989), de reducción del daño en el uso de substancias psicoactivas y la integración de las/los transvestis con los diferentes sectores implicados en la construcción de políticas públicas en la localidad en la que habitaban y trabajaban y que había sido declarada “zona de tolerancia” (entendida como zona de prostitución) en la ciudad.
2.8 Soy distinto: La influencia de un homosexual francés
A pesar de mis múltiples ocupaciones formativas hice parte del movimiento estudiantil y del medio universitario, colaborando en la UCC como miembro del grupo del bienestar estudiantil en el área cultural. Precisamente en 1.975, siendo estudiante de primer semestre de sociología, en un ciclo universitario de cine sobre Charles Chaplin del cual participé como uno de sus organizadores, conocí a Jean-Pierre, francés y amigo personal de André Baudry, fundador y director de Arcadie , organización y nombre de una revista gay de su país creada en 1954 y clausurada en 1982; era miembro de esa organización desde 1.962 y sus contactos en esos momentos con la organización se restringían a la recepción de la revista y sus esporádicas visitas que él hacía a París para ver a su madre.
Jean me enseñó el amor, la pasión, el deseo, y así no fuera un militante homosexual activo tal y como yo concebía la militancia desde lo que yo denominaba mi posición “sexo-izquierdista”, fue la primera persona a quien oí hablar de una organización de esta índole y quien me enseñó que en otras partes del mundo había hombres homosexuales que luchaban por sus derechos así el mismo se los negara.
Mi acercamiento a Jean fue a través de la admiración que yo tenía por las personas que trabajaban estéticamente con el cuerpo. Cuando le conocí él me comentó que había hecho ballet clásico en Francia y teatro en Colombia. Justo fue ese mismo día en que nos vimos por primera vez en la sala Acevedo de la Cinemateca distrital en la que exhibieron un cortometraje sobre el movimiento teatral colombiano en el que se hablaba de una obra en la que él había participado; al salir del cine comentamos al respecto y me relató sobre unas fotografías que le había realizado, mientras hacía yoga, uno de los más prestigiosos fotógrafos de la época en Colombia llamado Hernán Díaz.
El interés por conocer el trabajo fotográfico y apreciar en éste el manejo que sobre el cuerpo Jean decía tener, fue lo que me condujo en esa noche a aceptar la invitación a su apartamento, que justo quedaba en el mismo edificio y piso del de Alicia Ortega, además de ser contiguo a éste. Las fotografías eran bellísimas pero lo que más me llamó la atención fue la plasticidad y elasticidad que Jean tenia en su cuerpo; él se había quedado corto al relatarme lo que era capaz de hacer al realizar las posiciones de yoga, en especial teniendo en cuenta que en ese momento tenía cuarenta y nueve años; su vitalidad y el manejo de su cuerpo me hacían creer que tenía muchos menos.
Antes de mi amistad con Jean nunca me pensé homosexual (no tenía razones para pensarlo) y mucho menos aun había sostenido ningún tipo de relación sexual con otro hombre. Luego de seis meses de andar juntos y de trabajar con el cuerpo durante muchas tardes sabatinas sucedió nuestra primera relación genital; se dio como un paso mas en una de las sesiones de masajes que nos hacíamos como relax posterior al trabajo corporal desarrollado. Lo nuestro fue un vínculo afectivo basado en la admiración, la ternura y el respeto más que en él amor y no la consolidación de un noviazgo ya que ni el deseaba ni yo estábamos buscando una relación de pareja, esto quedó bien claro cuando tres años después dimos por terminada nuestro intercambio sexual.
Jean era y sigue siendo un hombre de derecha, cuya edad triplicaba la mía, temeroso de que su familia conociera su orientación sexual y que había huido a Colombia para vivir más libre y a escondidas de su madre su homosexualidad; a pesar de esta decisión nunca hizo pública su identidad sexual, en el país de acogida. Trabajaba como maestro de matemáticas puras en una prestigiosa universidad colombiana con sede en Bogotá y dominaba doce idiomas. Nuestra relación, que duró exactamente tres años, representó no solo un ejercicio de autoreconocimiento, sino además y por contradicción, la consolidación de una posición personal política e ideológica sobre la sexualidad en general y la homosexualidad en particular.
Nunca pensé que nuestra relación de pareja me llevaría a ser miembro de una organización de este tipo y menos aún, en ser el co-fundador de una, pero sus temores con relación a su propia identidad como homosexual me llevaron a asumir mi identidad con mucha tranquilidad y sin algún temor. Tan solo hasta el segundo año de nuestra relación inicié mi proceso de pensarme homosexual, lo hice cuando siendo compañeros del tercer semestre de sociología, Lina Arrregocés, me preguntó sobre la existencia de una pareja en mi vida y yo le respondí que era un hombre. A partir de ese momento ya no quedó ninguna duda, así que ella y posteriormente los demás compañeros de la universidad, en la carrera de sociología, me siguieron llamando “cura marica”.
Ya teniendo conciencia de ser homosexual a mis 20 años yo no sabía que existían sitios estratégicos para conocer a alguien igualmente homosexual, así que me sorprendí al sentirme abordado por otro hombre en marzo de 1.977; sucedió en Bogotá mientras bajaba las gradas del edificio principal de la Aerolínea Avianca (carrera 7 con calle 17 esquina) yendo a recoger mi correo en el servicio de buzones de los “apartados aéreos”. Aun cuando preferí hacerme el desentendido con ese hombre, haber tenido conciencia de lo que en ese espacio sucedía me alertó sobre mi propio desconocimiento.
Decidí conocer hombres tan jóvenes como yo, probablemente viviendo problemas y conflictos similares a los míos. Durante un mes cumplí la cita auto impuesta, uno y otro día fui a ese mismo sitio y observé detenidamente lo que allí pasaba. Me cité con algunas de las personas con las que me relacioné en el lugar, me reuní con ellas e incluso sostuve relaciones sexuales con algunos de ellos. Lo hice hasta que consideré que ya conocía los ritos, horas y tipos de personas que a este espacio de encuentro llegaban. Esa actividad que yo entendí como mi primer estudio sociológico de campo relacionado con la homosexualidad, la hice incluso faltando a clases si esto era necesario
Luego de sentirme muy seguro por mi “conocimiento”, decidí que era yo quien debería acercarse a otro hombre. El escogido, de mi misma edad, tenía como todos los asiduos visitantes a la zona de ligue, una rutina: la suya era venir al correo los martes y viernes en las horas de la tarde, casi siempre hacia las tres de la tarde.
Él me invitó el sábado siguiente para que justos asistiéramos a una fiesta en el Santa Fe, un barrio que como he dicho antes, se caracterizaba por estar repleto de prostitutas, intelectuales y artistas; la actividad social fue en el Apartamento de Oscar Vázquez, quien fuera posteriormente Director, editor y además propietario de la revista gay “Ellos y su Mundo” la primera publicación colombiana -de la que yo tenga recuerdo- orientada a hombres homosexuales, cuyo número uno circuló en septiembre de 1.977. La revista de la que se publicaron muy pocos ejemplares fue el gran fiasco comercial en la vida de Vázquez, quien en 1.996 unos días antes de su muerte, me comentó que aun tenía en su casa montones de cajas, repletas de ejemplares que nadie había querido comprar.
Esa fiesta fue la primera reunión gay a la que asistí y sencillamente fue tan extraña la sensación, que no pude moverme de mi asiento durante toda la noche. Ubicado siempre en un mismo sitio, por demás privilegiado, tuve la oportunidad de observar muchas situaciones novedosas para mi y acaecidas todas ellas en esa misma noche: estar cerca de muchos hombres homosexuales reunidos en un mismo lugar, quienes además expresaban sus afectos y sexualidad sin temor; presenciar una orgía; ver consumir marihuana; y, presenciar por primera vez la proyección de una película de “cine rojo” con contenido abiertamente homosexual. En la fiesta estaban presentes profesores universitarios, artistas e intelectuales, personajes destacados de la época, que posteriormente jugaron papeles importantes en la consolidación del movimiento homosexual colombiano y además, algunos de ellos fueron mis amigos.
Lo ocurrido en esa fiesta me produjo una gran crisis con relación a mi propia homosexualidad, tuve mucho temor de que mi vida sexual llegara a tener el estilo de vida que había observado esa noche. Sentí que nadie comprendería mi sentir y no sería capaz de hablar con mi tutor espiritual al respecto, así que lo hice con Lina Arregocés –compañera de sociología- cómplice de mis historias y la única persona con quien hablaba abiertamente de mi homosexualidad.
2.9 De la maricada y el arte
Mi historia con la homosexualidad y las reflexiones sobre ésta, están muy relacionadas, en sus inicios, con el cine. Conocí a la primera persona que me llevó a pensarme homosexual en un ciclo de cine sobre Charles Chaplin, en 1976, durante la entrega de boletas que yo hacía como miembro del medio universitario de la Universidad Cooperativa de Colombia, en Bogotá, para ver la proyección de “La Quimera del Oro”, un largometraje mudo de éste actor filmada en 1942.
En ese mismo año tuve la oportunidad de ver la película dirigida por Lucino Visconti "Muerte en Venecia" (1971), basada en la novela del mimo nombre del escritor alemán Thomas Mann -nacido en 1875 y Premio Nóbel de Literatura en 1929- quien la escribió 1912 y a cuya lectura llegué a través de la película y repetí en varias oportunidades.
De alguna manera mi relación con Jean, mi primera pareja era algo similar: un hombre con crisis de identidad por su orientación sexual que se encuentra con un joven inexperto y que nunca se ha pensado homosexual, pero que se reconoce atraído por el artista. Por supuesto Jean no se movía en los campos de la música como Gustav Mahler, cuya vida y muerte son evocadas en alguna medida por la novela y la película, sino en el teatro y el ballet clásico, y yo, no era tan atractivo ni tenía la belleza andrógina del adolescente Tadzio.
Yo nunca estuve cerca de la música, es más, tenía y sigo teniendo miedo de cantar en publico e incluso en privado, estando solo, pero la hermosa Quinta sinfonía de Mahler, presente como banda sonora a lo largo de toda la película, la oí en múltiples oportunidades en compañía de Jean, quien logró transmitirme las emociones y sentimientos que la música evoca en la cinta. Jean me ayudó a sobrepasar el miedo escénico que me representaba, en la escuela de teatro y en clase de música, tener que cantar delante de mis compañeros.
Lo importancia del argumento de la obra de Thomas Mann radicó en su capacidad para hacerme comprender que la homosexualidad no debe verse como algo sucio y que, el amor no es algo que se busca sino que se encuentra, como surgieron mi amor y admiración por Jean, en la contemplación de la belleza, del hecho estético que significó para mi apreciar las fotografías del famoso fotógrafo colombiano Hernán Díaz, en las que Jean aparecía desnudo, mostrando la maravillosa plasticidad de su cuerpo.
La película “Muerte en Venecia” la ví en mis primeros años de homosexualidad en siete oportunidades, aun la sigo viendo, y el libro que la inspiró lo leí en tres oportunidades; aun sigo viendo la película y leyendo el libro.
Por supuesto la belleza plena para mi, en ese momento, solo era posible en la vivencia del amor y en la obra Divina, pero “Muerte en Venecia” ilustra perfectamente un homenaje a la belleza perfecta, aquella de la que habla Platón. En mi relación con Jean llegar a un intercambio genital no fue algo construido por medio de la palabra sino alcanzado desde la contemplación y el disfrute de las posibilidades del cuerpo, como instrumento comunicativo, y de los sentidos, como puntos de enlace con la belleza y el encuentro con el otro y en especial consigo mismo.
Estando en la Escuela distrital de arte dramático debí realizar durante un semestre de clase, un trabajo sobre la obra literario de un autor conocido; el trabajo consistía en tomar una obra de un autor seleccionado al azar dentro de una lista provista por el maestro, hacer un guión que la adaptara para el teatro y representarla como único actor, bajo la idea de que el tema se relacionaba con nuestra propia vida. Los autores que a mi me correspondieron fueron Mario Vargas Llosa y Manuel Puig, de éste tomé una obra corta que me interesaba porque igualmente trabajaba el tema de la homosexualidad.
En “Los Cachorros” (1967) o "Pichula Cuellar", Vargas Llosa nos cuenta la historia de un grupo de muchachos habitantes del barrio Miraflores en Lima, Perú, que sucede en los años cincuenta. Gira en torno al amor adolescente, al amor a un espacio y un estilo de vida, al temor a lo perdido (uno de los jóvenes ha sido castrado por un perro) y al rechazo social en una cultura machista y patriarcal, en la que los juegos de y por el poder sobrepasan, incluso, el respeto por sí mismo y por el otro. Aun cuando inicialmente trabajé sobre esta obra, terminé decidiéndome por Puig.
“El beso de la mujer araña” en una obra de Puig, que muestra la relación entre un activista político Valentín, preparado, estudioso, torturado y Molina, su compañero de celda homosexual, quien se encuentra recluido por una supuesta “corrupción de menores” y quienes se ven obligados a compartir una celda en la cárcel y por consiguiente su vida cotidiana; hecho que culmina en una relación de repulsión-amor que les confronta consigo mismo, con sus creencias, sus posiciones políticas sobre la cotidianidad, el poder económico y la vivencia del cuerpo y la sexualidad.
Sobre la novela de Puig yo escribí mi guión al que le dejé su titulo original. A diferencia de lo que sucede en la novela, mis reflexiones se fundamentan igualmente en fragmentos de guiones de películas famosas aderezados con fragmentos de la opera Carmen de Bizet. En mi monologo, que realmente es un dialogo a dos voces, hago una reflexión sobre qué significa ser hombre y la negativa a aceptarse como lo que realmente se es. Un esfuerzo de escritura fue trasladar el léxico bonaerense al lenguaje cotidiano de los homosexuales y los políticos de izquierda del momento en Colombia. La obra posibilitaba una reflexión sobre explicaciones sicoanalíticas, antisiquiátricas, políticas y sociológicas con relación a la homosexualidad.
En el texto introduje un poema que inicia Molina pero que es reforzado por una voz en Off (la de Valentín) que en el segundo verso es recitado por Valentín y que es ésta oportunidad es reforzado por la voz en Off de Molina. La tercera y parte final del poema, juega con en intercambio de las voces renglón a renglón, el poema dice así:
“Y sabes que sentí
pero por un minuto solo,
por un minuto solo nada más
sentí que eras mi amante.
En un minuto solo descubrí
que hay algo en ti
que hace que no podamos ser.
En un minuto solo descubrí
que yo estaba en ti,
que tu estabas en mi,
que yo no era tú,
que tú no eras yo,
que tenías tu amigo.
que serías mi amigo,
no por un minuto,
por un minuto solo nada más
sino por mucho tiempo”.
El poema utilizado en la obra, posteriormente lo publiqué en el libro de mi autoría “Déjame penetrar por ese oído… poemas para mis hombres” .
Luego de que se escucha el poema, se establece un diálogo del que transcribo a continuación lo poco que me acuerdo; y que surge a partir de que Molina, el personaje homosexual, ha interpretado previamente un fragmento de la opera Carmen. Luego de eyacular, Valentín entra en un estado se soñolencia del que se despierta, con la incertidumbre de si lo ha sido su primera relación genital con otro hombre, es realidad o solamente una pesadilla:
- Carmen, te necesito, quiero estar contigo… Voz en off que oye Valentín, quien despierta y grita:
- No me digas Carmen, que yo no quiero ser mujer.
- Responde Molina: no me vengas a decir lo que me dicen todos, que en mi casa me mimaron y que por eso soy así. Que siempre estuve pegado a las faldas de mi mami y que por eso soy así. Regio, de acuerdo: si eso es lo que quieres, eso es lo que soy, una mujer. Yo quiero ser mujer; no por mí, sino por ti; porque te niegas a aceptarte, porque me niegas a mi, porque me necesitas para ser tú, porque te necesito para ser yo. Para que seas tú mismo, aun cuando me obligues a ser lo que no deseo ser. Lo hago, sólo porque te amo, sólo porque tienes derecho a ser, solo porque necesito salir de esta puta cárcel en la que estamos, en la que se ha convertido mi vida y para que tú logres salir de la tuya, que también es mental.
Esta obra teatral fue mi primera aproximación al antiteatro, del que hablaré más adelante, como también la manera de darme cuenta de que el teatro servía como elemento comunicativo que posibilitaba la reflexión sobre temas controversiales, ya que llega directamente a las emociones del espectador. En algunos momentos de la obra, yo aprovechaba las reacciones verbales y no-verbales del publico, para avanzar sobre ideas del texto y en otros me valía de historias personales de espectadores por mi reconocidos para incluirlas como fragmentos del guión, como también hacía con los acontecimientos políticos que en ese momento sucedían en el país y eran noticia del momento.
Tenía claro en ese entonces y ahora, que el fin del teatro no es educar, pero no excluyo la posibilidad de que tiene un sentido, una razón de ser estética y lúdica que acompañada de reflexiones propias del espectador y acotadas por el guión, que contribuyen a educar a la gente.
El texto del dialogo anterior posteriormente lo utilicé en otra obra de teatro que escribí, a la que llamé “Nunca nos dijimos mentiras” y que actué con la transvesti Maria Carolina, durante el “2º Festival de teatro de la calle” organizado por la “Corporación Colombiana de Teatro” en Bogotá, en el 2000. Esta obra se realiza en dos ambientes uno contiguo al otro, que representan dos apartamentos en los que viven una transvesti que hace espectáculos en los bares y un maestro universitario, quien es un homosexual con crisis de identidad. El tema sobre el que giran las conversaciones telefónicas que se suceden en la obra, es el miedo al sida de una persona que lo vive de una forma negativa, el maestro, y el de una persona que ha perdido a varios de sus amigos a causa de él, pero que por el propio temor que posee tiene un amplio respeto por las personas que viven con la enfermedad y por su autocuidado. El maestro es un transvesti frustrado que siempre ha soñado representar un espectáculo en un bar y el transvesti es un personaje que siempre quiso formarse en la escuela pero que no pudo hacerlo debido a que fue permanentemente rechazado por su identidad de género. Escribí en el texto de presentación de la obra un texto del que transcribo algunos fragmentos :
(…) El teatro apoya el ejercicio de la disidencia social, cultural, política, sexual, en la medida en que al tocar directamente la emoción, y no directamente la intelectualidad del espectador, contribuye a restaurar los lazos rotos en el desencuentro con el deber ser socializado y judeocristiano, consigo mismo y con los demás.
(…) La homofobia es una ruptura, más emocional que intelectual, con cualquier experiencia o explicación que se considera trasgresora del deber ser, con cuyo ejercicio se niega al otro su posibilidad de ser auténtico y pleno. La homofobia es además no solo algo que aparece desde fuera es también algo que llevamos dentro, que se vive en nuestras relaciones, que se siente en uno mismo y que afecta cuando la vive la pareja.
(…) Por medio de mis guiones y actuaciones yo pretendo ser un mediador entre las propias contradicciones (las mías y las de los espectadores) y las vivencias de unos seres a los que se representa, que no por ser imaginarios son irreales, que son en su esencia y en muchos de sus otros aspectos (emocionales, culturales, sociales y vivencias), similares a aquellos que yo mismo (guionista, actor, espectador) acepto o rechazo; seres que como yo, espectador o actor, se re-construyen permanentemente es la negación-aceptación de sí mismo y de los demás.
(…) En esta obra también fueron importantes en la estructura del guión, los crímenes de odio; por ejemplo, la encarcelación de un activista político y de un homosexual acusado por pederastia, a pesar de no serlo. Dejando entrever que la experiencia sexual realizada por un hombre, que no se asume homosexual, es igualmente una vulneración sexual perpetrada por un sujeto que se niega a sí mismo, y en especial niega a la pareja sexual ocasional, al utilizar a ese alguien (a quien se niega a aceptar como persona, sujeto sexuado y sujeto de derechos), y convertirlo en objeto masturbatorio e instrumento para alcanzar los propios fines políticos y satisfacer sus deseos sexuales”.
La obra igualmente reflexiona sobre la utilización de un hombre que vive en sí mismo un proceso de negación de su identidad, pero igualmente era la negación-confrontación-aceptación permanente del otro como persona, sujeto sexuado y sujeto de derechos, al entenderlo únicamente como una fuente de placer y un objeto erótico y masturbatorio, pero unos minutos después en un sujeto amado al que todo se le perdona.
“Lugar sin límites”, es una película (1977) realizada bajo la dirección del mexicano Arturo Ripstein; se basa en una novela corta del escritor y periodista chileno José Donoso, publicada originalmente en 1967. La historia se centra en Manuela, una transvesti y prostituta, que es dueña del único prostíbulo existente es en el pequeño y polvoriento pueblo del que ya no queda ni la estación de tren. Fruto de un desliz alcohólico y sexual, Manuela tiene una hija, prostituta como su padre y su madre, de quien heredó, además de la profesión su nombre, “La Japonesita”.
De manera cruda narra la vida de un hombre Pancho, un joven camionero ahijado de don Alejo, quien desata las tensiones entre los personajes por negarse a sí mismo y a la comunidad, su orientación sexual; recurre a la violencia física, incluso al asesinato, como una forma de borrar su interés afectivo y sexual por una transvesti, con quien ya previamente había tenido enredos de estos tres mismos ordenes.
Sociológica e emocionalmente la película y la novela fueron muy importante para mi, en ellas se observa la lucha de clases, el ejercicio del poder y el chantaje afectivo en don Alejo, el anciano cacique del lugar, quien olvida que es el padre de “La Japonesita” y a toda costa quiere comprar a un precio irrisorio el prostíbulo, para re-venderlo a un consorcio junto con el resto del pueblo del que ya se ha apropiado previamente.
Manuela, es la epigénesis a mi punto de contacto con la realidad de las transvestis, a quienes entendía hasta ese momento como seres lejanos y extraños a mi, pero cuya vida e imagen afectaba a los demás homosexuales. Con la película y luego con la lectura del libro de Donoso comprendo que el mundo de las transvestis no solo no me es lejano a mi sino que es desconocido en general a los militantes gay de la época, con ella se inicia mi reflexión sobre cómo el rechazo que hacia ellos tenemos es de la misma manera, el rechazo a nuestra propia feminidad y en ultimas, a nuestra homosexualidad.
Desde ese momento me afinco en la idea de que los homosexuales solemos entender a los demás homosexuales como una extensión de nosotros mismos, y en su actuar una autorización a aquello que nosotros queremos ser pero que, por la homofobia internalizada y la homofobia social, nos negamos a aceptar, asumir y comprender como una experiencia sexual política de auto y heteroexclusión; que evidencia, no solo la lucha de clases sino de igual forma, la ghetización a la que nos vemos abocados, como respuesta a la intolerancia particular, social, religiosa, cultural y política que hay sobre la feminidad en los varones, a las variaciones en las vivencias del genero y de la misma masculinidad y las homosexualidades en general.
Los homosexuales éramos vistos, y se nos sigue viendo, como no-hombres, no-masculinos, no-heterosexuales, no dignos, no sujetos de derechos; pero si, transgresores, delincuentes, enfermos, apolíticos, apostatas, pecadores, ovejas negras que se niegan a aceptar la normalidad como su estilo de vida y se autorizan a ser anormales y a vivir su propia anormalidad en un acto que convierte en publico lo que debe ocultarse o vivirse a escondidas, a puerta serrada y por lo que debíamos ser separados socialmente, estigmatizados, segregados, excluidos y castigados.
“Lugar sin limites” exacerbó mi discurso político y me hizo mucho más trasgresor en mi discurso sexual, reforzando en mi la idea de la reivindicación de la maricada como una expresión política y sexual coherente en al lucha por el poder político y sexual.
Además la obra de Donoso despertó en mí el interés por la comprensión teórica a partir de la investigación, del mundo de las transvestis y en especial de las que estaban en el mundo de la prostitución.
Con esta película se me abrió una posibilidad comunicativa, la de volverme comentarista en los ciclos temáticos para cinéfilos que organizaba el Cine club El Muro. Mi actividad consistía, antes de iniciar la proyección de la película, en comunicar en 10 minutos o menos mi apreciación personal sobre el guión de la cinta en cuestión y al terminar la proyección, en conducir un debate sobre la misma.
Muchos años después, la película “Todo sobre mi madre” del español Almodóvar me pone de frente nuevamente ante el mundo de las transvestis al ubicar en mi mente una idea sobre la identidad de genero y posteriormente sobre la identidad sexual, como algo que es móvil y no como un aspecto fijo, tal y como hasta ese momento era entendido por mi. En boca de Antonia San Juan: Agrado, Almodóvar desliza la frase “Una es más autentica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.
Los seres humanos somos seres culturales, al igual que la cultura somos móviles. Dicha movilidad nos da la posibilidad de construir la cultura que queremos y en consecuencia el mundo en el que queremos vivir. El activismo cultural parte de la toma de conciencia de dicha movilidad y de nuestro rol como sujetos sexuados y culturales, que ha de ser activo, en la transformación social y en la nuestra. No se es sujeto pasivo de la cultura en cuanto somos ella misma. Somos sujetos políticos, relacionales y culturales. Y desde nuestra propia vivencia culturara y sexual entendemos el cine y le prestamos importancia o se la restamos a una película, a un libro, aun programa de TV, aun articulo de prensa o un programa de radio, pero también a los sujetos con quienes interlocutamos, con quienes hablamos, dialogamos, dialógicamos y como cómplices, construimos el mundo.
"Cruising" (1980) es protagonizada por Al Pacino; una película de William Fiedkin en la que este actor interpreta a un policía inmerso en el mundo homosexual, que se permite dudar a cerca de su propia sexualidad. La película que presentaba un mundo sórdido y de sexo rápido y explícito entre hombres; es un recuento de la homofobia vista por medio de un asesino en serie que mata a hombres gay.
"Cruising" fue importante para mi, en la medida en que me mostró otras facetas de la vida gay, que no eran frecuentes en la visión que los medios presentaban de las homosexualidades, pero si en la vida de los homosexuales. La película estimuló y reforzó la consolidación de ciertos temas en mi discurso, tales como los conceptos de homofobia, minorías sexuales y discriminación. No tenía conciencia sobre cuánto me había impactado hasta que en junio de 1989 tuve la oportunidad de caminar por el Central Park en New York y un frió inmenso recorrió mi cuerpo cuando vivieron a mi mente, las imágenes de este película.
La película "Cruising" fue programada por la Revista Ventana Gay como parte de un ciclo de cine coordinado por mí, que fue el primero en Colombia exclusivamente sobre la temática homosexual. En éste también presentamos las películas “Juego de amor prohibido” (1975) y “Los placeres ocultos” (1976) del español Eloy de la Iglesia; La trilogía de “El Decamerón” (1971), “Los cuentos de Canterbury” (1972) y “Las mil y una noches” (1974), de Pier Paolo Pasolini; “La ley del más fuerte” de Rainer Werner Fassbinder (1974); y, de Lucino Visconti "Muerte en Venecia" (1971).
Después de este ciclo, en múltiples oportunidades, incluso hasta el 2006, fui invitado a presentar algunas de las películas que se presentaban en los diversos ciclos que sobre erotismo desarrollaba el Cine club El Muro
“Making love" fue la primera película realizada por un heterosexual orientada positivamente hacia el mundo Gay. Un hombre se separa de su esposa al reconocer que a él realmente le atraen personas de su mismo sexo. La película de 1982 narra las dificultades que se le presentan en el proceso de construcción de su identidad, de la adaptación a una pareja del mismo sexo y en la re-construcción del proceso afectivo emocional con su esposa. El guión de la cinta me hizo pensar en que no había dos etapas en la construcción de la identidad como hasta ese momento se había dicho: estar en el closet y salir de él, sino que era un proceso de etapas concatenadas que no concluían sino que se imbricaban hasta el punto de que no podía determinarse un punto exacto o un hecho concreto que determinara el salto cualitativo de la una a la otra. Sobre este tema seguí trabajando hasta llegar a presentar públicamente una propuesta conceptual en 1997 y a publicarla como capitulo en mi libro “Y si el cuerpo grita… dejémonos de maricadas ”, publicado en octubre de 1999.
En “The kiss of spider woman” película de 1985, basada en “El beso de la mujer araña” obra de Manuel Puig. En ella, un homosexual y un activista político están encerrados en la misma celda. Sus muchos días juntos harán que sus vidas se modifiquen, al tiempo que se refugian en argumentos de viejas películas vistas en libertad. Con la actuación de William Hurt, Raul Julia y la brasileña Sonia Braga, actores que representan los personajes que yo interpreté en mi monologo teatral, igualmente titulado “El beso de la mujer araña”, presentado en la Escuela Distrital de arte Dramático, algunos años antes. La película tuvo la dirección de Héctor Babenco y el guión fue elaborado por el mismo Manuel Puig con la colaboración de Leonard Schrader. La cinta fue ganadora de un Oscar de la Academia Americana por la representación de un gay hecha por William Hurt y tuvo, además, nominaciones al Oscar por Mejor director, Mejor película y Mejor guión adaptado en las premiaciones de 1985.
Por medio de mi amigo Henry Laguado, director del Festival de Cine de Bogotá, tuve la oportunidad de conocer y estrenar en 1991 a película “Long time companion”, para recolectar fondos destinados a la prevención del sida en Colombia; a la cinta se le tituló en castellano “Juntos por siempre”. Esta, que fue realizada en 1990, fue la primera película que se adentró en la historia del sida en los Estados Unidos, tal y como fue percibida por la población homosexual de dicho país. La película logró lo que muchas campañas no habían logrado y mostrar ciertos miedos irracionales que en torno a la enfermedad se vivían en el mundo.
Dos años después también pudimos estrenar “Filadelfia” la película protagoniza por Tom Hanks, que muestra la historia de un prestigioso abogado de esa ciudad, portador del VIH, quien es discriminado y separado socialmente a causa de la enfermedad.
Las dos cintas fueron fruto de diferentes discusiones en grupos de trabajo preventivo y además influyeron en mí, en el momento de escribir la obra teatral “Nunca nos dijimos mentiras”.
2.10 Un cuerpo, dos cuerpos... un movimiento
En esa misma semana de la fiesta, el periódico editado por un grupo de izquierda de seguidores de Trosky, publicó una entrevista con León Zuleta, un joven habitante de Medellín, filósofo, lingüista y profesor universitario quien decía dirigir a escala nacional un movimiento homosexual que contaba con 10.000 miembros. Lina Arrregocés me facilitó el artículo y por medio del periódico conseguí la dirección en la que podía ubicar a Zuleta. Yo pensé que en ese movimiento probablemente podría encontrar soluciones a mis dudas del momento y me comuniqué por medio de una carta con él. Posteriormente y con muy poco tiempo de diferencia, Zuleta, quien era además un reconocido líder gremial de la izquierda colombiana, fue entrevistado sobre el mismo tema por las revistas colombianas de circulación nacional Cromos y Alternativa, en la que confluían autores de diferentes sectores de la izquierda colombiana.
León era un hombre abiertamente sex-pol. Sus ideas se conocieron posteriormente por medio de una revista local que hacía circular en las Universidades de Medellín (desde finales del 77), de vez en cuando y si tenía dinero para la impresión, ya que todos los gastos corrían por su cuenta. La llamó “El Otro”, era casi exclusivamente orientada por él y se caracterizaba por su terminología técnica propia del freudismo radical, el troskismo y de la filosofía de vanguardia, que en general resultaban incomprensibles para la gran mayoría. León era en aquel entonces presidente de la Agremiación de Trabajadores del Arte.
Sobre los orígenes del movimiento y las razones por las cuales León había optado por organizar el Movimiento en Medellín dice la Revista Alternativa en 1977 , "En Antioquia, la meca de la represión sexual, se han organizado 45 homosexuales para mostrar ante la sociedad que también ellos tienen derecho a existir dignamente, contra la mojigatería del patriarcado tradicional" .
León respondió con prisa a mi carta y me explicó su pequeña mentirilla: todos los ceros de la cifra publicada en los medios eran falsos; él era el único miembro del movimiento y además me contó su idea de publicar “El Otro”. Desde Bogotá le escribieron dos personas más, con quienes me contactó: Guillermo Cortés (Profesor universitario, Abogado y Psicólogo) y Manuel Rodríguez, un hombre casado, padre de familia y artista pintor, quien resultó, para mi sorpresa, ser además mi compañero de estudios en la facultad de Filosofía en la Universidad de San buenaventura, a la que yo asistía a algunas clases, cuando tenía tiempo para ello, aun cuando no era estudiante matriculado como tal, ya que lo era en la Javeriana.
Zuleta rápidamente me contactó con ellos y junto con Manuel Rodríguez, el primero que respondió a mi comunicación, decidimos citar a la primera reunión de lo que sería el germen del movimiento homosexual colombiano; se llevó a cabo el primer sábado de abril de 1.977 en la Biblioteca Cristiana Emmanuel Mounier, Centro cultural que desde ese momento fuera el sitio de encuentro sábado tras sábado, durante algo más de cuatro años. Este espacio fue logrado en préstamo por medio de Manuel Rodríguez. A esa reunión asistieron 23 hombres; algunos de ellos fueron contactados e invitados gracias a su comunicación previa con León Zuleta quien los comunicó con nocotros, los otros eran amigos de Cortés y Manuel Rodríguez.
En esa primera reunión se conformó un primer comité de trabajo, al que se sumó el pintor, poeta y bailarín Leonardo Vidales, hijo del reconocido poeta comunista colombiano Luís Vidales. Decidimos llamar a nuestro equipo de trabajo, el GELG: Grupo de Estudio por la Liberación de los Guëis. Usamos la palabra “guëi” como una actitud antinorteamericana (ya que la actitud “green-go” estaba muy en boga en esa época) influenciada por Zuleta, quien me había sugerido en uno de sus cartas utilizar esa palabra en vez de la inglesa “gay”, y escribirla tal y como suena en castellano.
Guillermo C. era un fanático de la terapia radical; Manuel Rodríguez estaba en la tendencia de la antipsiquiatría y Vidales era un artista libertario; yo, que era el menor de los cuatro, provenía de grupos cristianos, había sido miembro de una comunidad religiosa de la que me retiré cuando me pensé homosexual, según decía, para pasar de la “mayor gloria de Dios” a la “mayor dicha de los hombres”.
El gran temor que teníamos era llegar a una forma de pensamiento ecléctico por provenir de caminos tan diversos. De ahí la necesidad de las discusiones teóricas y de profundización que hacían parte de la agenda de cada reunión de trabajo y que se volvieron “costumbre”. Cortés murió a finales de la década del 90, Manuel Rodríguez y Vidales no son actualmente lo que se pudiera llamar “militantes” gay, aun cuando Vidales, con quien aún tengo comunicación esporádica, suele acudir a actividades organizadas por la comunidad LGBT.
Respecto de las diversas posiciones que se manifestaban al interior de la organización, en un articulo denominado “Colombia gay”, la Revista Semana al hacer un análisis sobre el movimiento en Colombia, dijo en 1986 :
“Contaminados por la discusión de la discutidera que caracterizaba a los núcleos de la izquierda criolla, salieron a la luz pública los diferentes matices y tendencias del movimiento de liberación homosexual.
Como es obvio, había de todo. Los promotores de una reivindicación en el terreno de la lucha de clases; los que, por el contrario, consideraban que el sexo nada tenía que ver con el socialismo y, finalmente, los que se inspiraban en teorías freudianas y elevaban el sexo a categorías suprasociales. Amparados en la aceptación intelectual que se producía en algunos movimientos de izquierda y en otros núcleos de la sociedad, y aprovechando además las secuelas del hippismo de la década anterior y de su carácter marcadamente contestatario, los homosexuales fueron saliendo de los closets y, en algunos casos extremos, guardando en ellos sus ropas masculinas para reemplazarlas por el atuendo travesti.”
A León Zuleta le conocí personalmente, tres meses después de creado el GELG; fue esa la primera ocasión durante sus estadías en Bogotá, en la que lo invité a pernoctar en mi casa, que era también la de mi familia. León estuvo durante cinco días en la ciudad, en los cuales me relacionó con algunas feministas, asistió a una reunión con los miembros más estables del GELG y a una de aquellas que realizábamos los sábados en la tarde y que eran abiertas a cualquier homosexual que quisiera hacerse presente.
No he podido olvidar el día en que lo conocí. Su apariencia de loco, su embotamiento, producto de la marihuana -compañía de todos los días-, el gusto por el sexo y el hedor a aguardiente, se hacían presentes en todas partes. Era tan respetuoso en la autodeterminación, que nunca me insistió en que me drogara o bebiera.
Entre los dos se dio un hecho que me marcó definitivamente. Era una tarde soleada de abril estábamos movilizándonos hacia el centro de la ciudad en un transporte publico, sentados en la silla trasera de una buseta, intempestivamente, León se paró, se dirigió hacia la puerta y salió del bus en movimiento, de un salto. El conductor frenó. En ese instante, León me deslumbró con su genialidad: subió nuevamente, avanzó hacia mí y, sin mediar palabra, me estampó un beso en la boca; nuevamente fue hacia la puerta, se bajó y yo, aún adolescente, sentí sobre mí el peso de más de 10 pares de ojos de los pasajeros. Al cabo de unos interminables segundos, me bajé, y ahí estaba él. Me clavó en el piso, con esta perla : "Prepararse para ser líder siempre significa estar dispuesto a la violencia". Creo que presentía que lo suyo podía llegar a la muerte, y que lo mío estaría rodeado de amenazas en torno a quitarme la vida.
León consideraba que la demostración pública de los afectos era una manera de combatir el estigma y discriminación hacia los homosexuales, así que parte del aprendizaje político consistió en que en cualquier momento y sin consultarlo previamente me besaba en la boca, en cuanto espacio público era posible.
Lo suyo, según él mismo, era una forma de luchar contra “la persecución insidiosa de la moral, la religión y la medicina que se complementan con el Derecho y la Psicología (y Psiquiatría) para considerar al homosexual como un delincuente y enfermo”... Una forma de “interpelar directamente el poder, la ley, el orden y la norma del macho; de luchar por superar toda sociedad que fundamenta su poder en la exclusión y la opresión. De ahí que esta acción no debería llegar hasta la simple liberación sexual, sino hasta la conmoción de toda sociedad clasista y falocrática”.
León que era muy creativo, también era poeta; precisamente en el libro “Antología de Poetas y Narradores Nariñenses” , hacen una cita tomada de un ensayo de mi autoría denominado “León Zuleta: de su militancia activa a su histórico olvido en las luchas homosexuales en Colombia”, distribuido en Medellín, en el 2003 durante una conferencia sobre la Historia de los movimientos homosexuales en Colombia, en un evento en la Universidad de Antioquia realizado por la Facultad de Medicina, y que trascribo a continuación:
“No puedo negar, y esto ya lo he afirmado muchas veces, que desde el primer a mi último encuentro con León, él no dejaba de sorprenderme, siempre generaba contradicción. En ese entonces me parecía que su reto consistía en desestabilizar cuanto se encontraba a su paso. Ahora puedo afirmar que su logro fue precisamente ese. No era que desestabilizara, sino que lográbamos seguirle la línea a lo que comunicaba, sus contenidos y en especial sus profundas reflexiones en las que era fácil encontrarse con las ideas y la terminología propia del pensamiento sex-pol, el freudismo radical, el troskismo y en general, de la filosofía de vanguardia, nos conducía a nuestra propia desestabilización.”
En mi libro “Y si el cuerpo grita… Dejémonos de maricadas” escrito en 1998, sobre Zuleta, dije textualmente :
“Hoy lamento que hayamos perdido el espíritu de su lucha; que las nuevas organizaciones parezcan no tener orígenes, contenidos políticos, e ideales claros. A pesar de que la sexualidad siga siendo un hecho político, la homosexualidad una sexualidad al margen, y las lesbianas y homosexuales considerados marginales, las nuevas organizaciones parecen olvidar los cientos de asesinatos y estigmas. Se dedican a algo que Zuleta y yo siempre rechazamos como nuestra primera línea de acción: Al reformismo jurídico. Pensamos que no era necesario si previamente no lográbamos que hombres y mujeres, cualquiera que fuera su orientación sexual, se transformaran a sí mismos como una manera de buscar la ruptura y el cambio de la sociedad”.
Escribí esto porque para muchos de los miembros del GELG, re-discutir lo discutido o confrontarse consigo mismo eran frenos a la combatividad que debería llevarse a cabo hacia la faja externa de la organización. La búsqueda del descubrimiento y reconocimiento personal motivó la discusión de la homosexualidad con relación a la familia, la pareja, las iglesias, el estado, la educación, el Derecho, la Psicología y la Psiquiatría.
Cortés y yo pensábamos que no era posible ampliar las acciones del GELG hacia la comunidad si no había previamente una conciencia clara de la identidad sexual en cada participante que quería apoyar dicho proceso. Las reflexiones personales a las que llegábamos tenían un alto nivel de profundidad conceptual pero había muy poca tolerancia para quienes asumían aspectos femeninos en la vivencia de su identidad homosexual.
Los conflictos hacia el reconocimiento de los amaneramientos femeninos como opción sexual política en los hombres homosexuales, eran tan disímiles entre los asistentes a los grupos de trabajo, que yo tomé la posición de hacer lo que llamé un “discurso marica”, es decir, reivindicar la pluma como parte del performance del discurso teórico, ya que casi siempre quienes querían exponer sus ideas asumían un rol marcadamente masculino en sus ademanes y voz, al expresar públicamente sus ideas como si ser amanerado restara importancia a lo expresado.
A partir de 1978 en diferentes ciudades colombianas se creó una serie de organizaciones de homosexuales. Un grupo de estudiantes de la Universidades de Antioquia y la Nacional sede Medellín, convocados por Zuleta y entre quienes estaban Gildardo Ramírez, Fernando Albear, los Quintero (un grupo de hermanos entre quienes había tanto homosexuales como lesbianas), Urías y algunos otros que prefirieron borrar su pasado, fundaron en 1.978 el Grupo de Estudio de la Cuestión Homosexual GRECO, siendo esta la primera organización en Colombia en aceptar lesbianas como miembros y en crear alianzas con grupos feministas.
En Bucaramanga fue creado por mí, en la semana santa de 1.980, el colectivo “acuarios”, que tuvo como sede para sus reuniones el bar del mismo nombre. Ebel Botero en febrero del mismo año organizó con el apoyo del GRECO un pequeño grupo de trabajo en Armenia al cual no se le puso algún nombre. En 1980, al conjunto de todos los grupos se le llamó MLHC: Movimiento de Liberación Homosexual Colombiano.
El nombre del MLHC se inspira en el del Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH) cuya creación data de 1971 y cuya finalidad era sensibilizar a los propios homosexuales sobre la discriminación social que padecían. Tema que igualmente retomamos de los españoles como una de las tareas urgentes en nuestra organización. El MELH funcionaba en la clandestinidad en tiempos de Franco y se asemejaba al nuestro en la medida que éramos una organización clandestina; la homosexualidad en Colombia era delito en ese momento, y aun cuando no se hablaba explícitamente de “peligrosidad social” para referirse a nosotros si era evidente que la policía al tratarnos como delincuentes, nos hacía victimas de represiones similares a las que padecían los homosexuales españoles.
Cortés, Zuleta, Rodríguez y yo logramos conseguir por medio de algunos conocidos españoles varios artículos y ejemplares de revistas producidas en España los cuales influyeron de manera significativa en nuestro proceso y en nuestras discusiones con relación a la homosexualidad y el carácter político de la sexualidad.
En algunos de los documentos internos del FAGC encontramos importantes aportes en los que observamos la importancia que este movimiento daba al análisis marxista de la sexualidad, ya que consideraban que el modo de producción capitalista necesita la reproducción de fuerza de trabajo, y ven en ello la causa para que no se admita la homosexualidad. Afirmaban que la liberación homosexual y la total de todo individuo pasan por la liberación de la clase obrera a partir de la lucha de clases.
La propuesta política del FAGC influyó en nuestro equipo de trabajo y orientó las discusiones sobre nuestros fundamentos conceptuales, políticos, organizativos y sobre nuestras acciones tanto internas como externas. Algunas diferencias en estos cuatro ordenes surgidas entre Zuleta, Cortés, Manuel R, y Velandia determinan el tipo de organización que construimos.
En España, en diciembre de 1977 el FAGC, en unión del colectivo de lesbianas y otros movimientos feministas, organizan un mitin contra la ley de Peligrosidad Social. Apoyados hasta cierto punto por las organizaciones políticas de izquierdas y por algunas entidades culturales, el movimiento de liberación de homosexuales español va abriéndose camino desde los cenáculos y círculos restringidos de intelectuales a los que esta ley de Peligrosidad Social les condena, hacia la presencia pública y su legalización.
El conocimiento de la importancia que los españoles dan a la participación lésbica, de las feministas y de los intelectuales en el movimiento homosexual nos propone la idea de convocar a estas y aquellos a nuestras reuniones, sin embargo tan solo tenemos aceptación de ciertos intelectuales cuya presencia se da en contadas oportunidades y hasta solo algunos años después, en Bogotá, se logra una aproximación real con las lesbianas. Con las feministas, tanto León como Manuel Rodríguez tenían experiencias previas de trabajo conjunto, no precisamente en el tema de la homosexualidad sino en el arte, lo que de alguna manera facilita nuestro acercamiento pero no por ello el trabajo conjunto, sin embargo los vínculos establecidos con las feministas de aquella época aun los conservo y varias de esas mujeres siguen, actualmente, siendo mis amigas.
Ebel Botero, filósofo y ex seminarista, se acercó al GELG con el interés de hacer conocer un libro de su autoría e inmediatamente se hizo miembro del MLHC, siendo el primero de los intelectuales que el grupo decidió invitar como conferencistas y/o participantes a sus sábados de tertulia. Ebel es el autor del libro “Homofilia y homofobia: estudio sobre la homosexualidad, la bisexualidad y la represión de la conducta homosexual”, publicado en 1.980 en Medellín . Este es el primer libro editado en Colombia sobre el tema, que además de ser un excelente resumen de una buena cantidad de libros publicados en diferentes partes del mundo hasta ese momento, fue el primer aporte colombiano a la comprensión de la homofobia en Colombia. De éste se prensó una segunda edición en 1.981, con muy pocos cambios del original y bajo el título “Conducta homosexual y represión”.
Las invitaciones a participar en las reuniones del GELG y posteriormente a las del MLHC se realizaban en los bares, de boca en boca. Un grupo de nosotros, especialmente Jaime Galindo y yo, hacíamos cada viernes un tour por todos los bares ubicados en el centro de Bogotá y en ellos repartíamos a los asistentes un cuarto de una hoja tamaño carta, fotocopiada, en la que se informaba sobre qué era la organización, la hora, fecha y la dirección del lugar de reunión.
Los bares usualmente nos facilitaban sus micrófonos; yo decía algunas palabras, hacía una invitación general y luego con el sonido a bajo volumen pasábamos de mesa en mesa y de persona en persona entregando la invitación y respondiendo a las preguntas que nos hacían. Los papeles se imprimían con el apoyo económico de los administradores y dueños de algunos bares, especialmente de Plinio Carvajal del Bar Piscis, y de las cuotas voluntarias que aportaban los miembros y simpatizantes en las reuniones de los sábados.
En los primeros años, cuando la homosexualidad era delito y las reuniones debían hacerse de manera clandestina, corríamos permanentemente el riesgo de que la policía nos encontrara entregando las invitaciones; en diferentes ocasiones debimos dejar abandonadas en las calles los papeles, fuimos perseguidos por radio-patrullas e inclusive, fuimos detenidos en varias oportunidades, por lo que las autoridades consideraban nuestra actividad subversiva; sin embargo, Cortés que era nuestro abogado, pagaba nuestras multas con el dinero de los apoyos de solidaridad que muchas veces se complementaban con dineros recogidos de emergencia, para hacer esos trámites y también para llevarnos algo de comida durante el tiempo que permanecíamos detenidos en alguna de las comisarías de la estación tercera de policía, como las de Monserrate y de La Perseverancia.
En otras oportunidades, junto a otros homosexuales y transvestis en la prostitución, nos subían a los camiones o a las patrullas de la policía; nos conducían a altas horas de la noche o en la madrugada, luego de dar muchas vueltas por la ciudad, hasta la carretera circunvalar cerca de la entrada del teleférico que conduce al cerro de Monserrate, y ya estando en ese lugar nos obligaban a desnudarnos, nos bañaban con agua fría que llevaban en canecas en los mismos camiones o que tomaban de la estación de policía que se encontraba cerca de la Universidad de los Andes. Es importante recalcar que la temperatura a esas horas oscilaba entre los 2 y 5 grados centígrados y que muchas veces estaban cercanas al cero. Las ropas nos las dejaban botadas en la carretera, algunos metros más abajo, pero las prendas y accesorios de las transvestis quedaban destruidas, ya que a ellas les rompían sus vestidos, pelucas y tacones. En muchas oportunidades cuando bajábamos a recoger nuestras prendas y documentos, los habitantes de la calle que ya conocían esa rutina, se habían robado nuestras pertenencias y debíamos llegar desnudos o en ropa interior a nuestras casas o a las viviendas de amigos que vivían cerca de la zona.
Las transvestis, a pesar de los atropellos que sufrían, generalmente nos cuidaban y nos protegían de las violencias ejercidas por los policías, quienes en algunas oportunidades además las obligaban a realizarles prácticas orales e incluso a dejarse penetrar, esto sucedía bajo la mirada de todos quienes ahí estábamos. Algunas de ellas para evitar ser subidas a las patrullas o a los camiones o para que no las recluyeran en las comisarías, se producían en sus muñecas cortes hechos con cuchillas para afeitar, pues así los policías no las detenían para evitarse problemas con las autoridades de rango superior; aun cuando de nosotros era conocido que las detenciones se hacían bajo el conocimiento de estas, ay que en algunas oportunidades ciertos comandantes avisaban previamente a los dueños de los lugares sobre las redadas; lo hacían porque eran homosexuales o porque recibían un “peaje” de parte de estas personas.
Las transvestis evitaban estas detenciones porque su permanencia en la comisaría se prolongaba por mucho más tiempo que las de los homosexuales; hasta comprobar que no eran buscadas por las autoridades de policía; sus casos generalmente se complicaban por las agresiones físicas y orales que ocurrían de lado y lado de las personas en conflicto.
Al publicarse algunos años después la revista “Ventana Gay” las invitaciones igualmente circularon junto con la revista, pero la etapa de reuniones duró muy poco; al perder la biblioteca como sede del movimiento se dificultaba el encuentro con las personas pues este se hacía en las inmediaciones del Parque Nacional y estando allí no podíamos tener un lugar fijo, dado que la policía nos obligaba a desplazarnos.
2.10.1 El arte, un espacio de trasgresión política
Con relación a las personas que participaban en las reuniones, el GELG pasó por varias etapas. Inicialmente hubo participación amplia de intelectuales, su propuesta de trabajo tan solo se llevó a cabo durante tres meses, ya que los jóvenes recién ingresados al grupo no se les hacía atractivo el nivel de discusión teórica que estos sostenían; posteriormente se invitó a estudiantes universitarios y a algunos docentes; luego y simultáneamente con el proceso de jóvenes se trabajó con artistas y personas interesadas en las diferentes posibilidades del arte, un momento fuerte de esa época se vivió desde el 78 hasta finales del 79, en este periodo hicimos antidanza, antiteatro y talleres de pintura y escultura, en una acción y grupo de trabajo al que Manuel Rodríguez denominó Heliogábalos .
La antidanza y el antiteatro fueron procesos de ruptura con las formas tradicionales de hacer teatro y ballet clásico, sin entrar por ello en la danza contemporánea; buscábamos reconocer nuestro cuerpo como un instrumento comunicativo, además de erótico y placentero. En la antidanza el movimiento producido era una ruptura con el típico movimiento del cuerpo que se da en el ballet por considerar que dicho movimiento no es natural, sino un amaneramiento de las posibilidades del mismo; como parte del reconocimiento corporal tanto en el teatro como la danza decidimos transgredir las posturas masculinas del cuerpo y aproximarnos a lecturas y manifestaciones andróginas o femeninas como una posibilidad de romper con las tradicionales formas de poder expresadas en las relaciones sexuales y sociales. El entrenamiento dancístico fue conducido por el bailarín de Ballet Clásico, pintor y poeta Leonardo Vidales, pero la construcción teórica la hacíamos los tres, conjuntamente con Manuel Rodríguez.
Con el antiteatro, coordinado por mi desde mi experiencia como estudiante de teatro, experimentamos ejercicios de catarsis en los que aprovechábamos las manifestaciones orales y físicas de los espectadores como insumo determinante en la construcción del texto de la obra. Durante la representación los actores retomábamos dichas manifestaciones, las interpretabamos en un ejerció que llamábamos de desdoblamiento verbal, que consistía en dilucidad la carga conceptual que estaba en el fondo de las afirmaciones, y las actuábamos, desdoblando los sentidos que tras de ellas se ocultaban y devolviéndolas al espectador como reflexiones en las que se evidenciaban los pensamientos y sentimientos ocultos; dicho afloramiento suscitaba en los espectadores otras manifestaciones que igualmente retomábamos, acto que en algunas ocasiones se transformó en violencias verbales en incluso físicas, como golpes o como me sucedió a mí, en una de esas actuaciones, en la que sobre mi cuerpo desnudo recibí una agresión que consistió en ser bañado con una taza de café caliente.
Los talleres de pintura y escultura, bajo la dirección del pintor y diseñador Manuel E. Rodríguez, no buscaban convertir a los asistentes en artistas sino en descubrir en el arte la posibilidad de producir reflexiones con relación a sí mismo, el entorno, las relaciones socio-afectivas y la cotidianidad. El manejo del color en la producción pictórica igualmente motivaba la desvinculación con el color “natural” para acercarse al color “real” en el que las ideas se presentaban en nuestros cerebros. Igualmente en la producción escultórica producíamos formas a partir del trabajo sobre el cuerpo desnudo de nuestros compañeros, a modo de arcilla viviente, y utilizando como iluminación natural la luz de la luna.
El arte oficial era contemplado por nosotros como una forma mas en que la sociedad quería acomodarnos a sus "principios morales" y negarnos cualquier manifestación erótica, afectiva o sexual, ajena al "orden natural", que desde nuestra óptica nos alienaba sexual y políticamente.
El cuerpo desnudo en la danza, la pintura o la escultura era además una manera de desinstitucionalizar nuestras zonas erógenas y pasar de una lectura del cuerpo y en especial de las de algunas de sus porciones, como parcelas íntimas y privadas a convertirlas en espacio público de encuentro con el otro y de reafirmación de sí mismo.
Rodríguez y yo, por iniciativa de Vidales, ingresamos a la escuela de Priscila Welton para estudiar ballet clásico, en esta escuela permanecimos durante dos años asistiendo a clases tres noches cada semana, el mismo tiempo que duraron los tres proyectos en ejecución. El objetivo no era formarnos como bailarines profesionales sino para estar cerca de la “academia”, como una manera de conocer desde dentro el trabajo de “educastración” que allí se hacía con el cuerpo.
2.10.2 El trabajo educativo como estrategia política
Todos los sábados, entre las dos y media y las seis de la tarde, nos reuníamos en el MLHC un grupo conformado en promedio por 70 personas. De ellas casi 30 eran miembros permanentes, otras 15 o 20 eran asistentes asiduos y el resto, participantes que asistían cada sábado por primera vez, y que en su mayoría no regresaban o lo hacían muy ocasionalmente.
Una agenda corriente de trabajo, de un sábado, consistía en tres reuniones cortas de aproximadamente media hora llevadas a cabo simultáneamente, seguidas de una plenaria con duración de una hora y treinta minutos; posteriormente se llevaba a cabo una actividad social que era a su vez el momento de la bienvenida a los asistentes nuevos, la integración con los demás miembros y se concluía con una pequeña evaluación de la jornada, cerrando la actividad con la presentación de la agenda planeada para las siguientes 12 semanas, y dando un énfasis especial a las actividades propuestas para la siguiente reunión.
Con respecto a las reuniones simultáneas, una de ellas se llevaba a cabo reuniendo a los nuevos bajo la coordinación de uno de los organizadores; los reuníamos en una de las salas de lectura en la biblioteca. En la actividad les hacíamos una inducción sobre qué era el GELG, una justificación de por qué era necesario en nuestro país un movimiento homosexual, un recuento de los temas tratados, la presentación de los temas que pensábamos abordar posteriormente y una pequeña introducción al tema que se trataría esa misma tarde. Una vez realizada estas actividades se les preguntaba a las personas si realmente querían asistir a la reunión y si su respuesta era positiva se les invitaba a la actividad siguiente: la plenaria.
Con el grupo de miembros permanentes se hacía la segunda de las reuniones simultaneas, en ella se discutía los cambios y ajustes a la agenda general de trabajo. Esta se hacía trimestralmente y se dejaba en cada mes un sábado libre, en esa oportunidad se programaban temas ocasionales; ya que la experiencia nos había demostrado que siempre surgían imprevistos se consideraba que la agenda no era una camisa de fuerza sino una guía y nos autorizábamos a realizar cambios de ultima hora, por ejemplo cuando recibíamos visitas de personas provenientes de otro país o conferencistas que nos brindaban su tiempo porque se encontraban en ese momento en la ciudad. Los miembros permanentes planteaban posibles actividades, temas y fechas para su ejecución que se ponían a discusión, una vez se aceptaban los nuevos temas de trabajo al igual que como se había hecho con la agenda general trimestral, cada uno de los organizadores se proponía para profundizar, como mínimo una vez al mes, uno de los temas a tratar. En algunas oportunidades, alguno de los miembros asiduos podía actuar como conferencista, aun cuando esto era poco frecuente.
La tercera de las reuniones simultáneas les permitía a los participantes asiduos actualizarse sobre los temas tratados. En primera instancia se hacía un resumen grupal sobre el tema tratado en la agenda del sábado anterior; posteriormente se hacía un pequeño recuento de los temas de los últimos tres sábados trabajados. Estos se re-construían entre quienes habían asistido a dichas agendas de trabajo.
Luego de las reuniones simultáneas se proseguía con la plenaria. Esta se iniciaba con la exposición del conferencista que duraba aproximadamente 45 minutos; los organizadores podíamos realizar algunas acotaciones una vez concluida la ponencia y hacer explicitas nuestras diferencias conceptuales, una vez planteado el debate, se abría la discusión a todos los asistentes. En algunas tardes se trabajaba con metodología de taller y en general se creaban las condiciones para que los asistentes plantearen preguntas durante el tiempo de la exposición, en los 30 o 35 minutos restantes se hacia la plenaria o se hacían reuniones de micro-grupos coordinadas por algunos de los miembros permanentes, en estas reuniones se profundizaba aun mas los temas tratados y así posibilitábamos una mayor participación de los asistentes.
Los temas se proponían para un mes de trabajo, con un mínimo de tres sesiones de trabajo sobre el mismo ítem, cada una de ellas era orientada por una persona diferente, de tal forma que se pudieran conocer y profundizar diferentes visiones sobre el mismo tema. Se decidió hacerlo de esta manera porque en varias oportunidades las personas asistentes solicitaron que se diera más tiempo de exposición a quienes controvertían una idea o posición concreta sobre un tema determinado.
Cuando no teníamos muchas diferencias conceptuales de aproximación a un mismo tema, hacíamos un ejercicio que consistía en que alguno de nosotros simulaba ser un miembro activo de un grupo que controvertía nuestra posición y así buscábamos aproximarnos a las ideas que sobre el tema tendría la iglesia católica, la familia, la escuela, el ejército, la ley y escudriñar la opinión que desde allí se producía. Este fue para nosotros un gran aprendizaje metodológico, ya que permitía que siempre se diera la discusión conceptual, que para nosotros era la estrategia metodológica que privilegiábamos para el trabajo del GELG.
Igualmente, se daba prioridad metodológica al ejemplo vivencial citado por los expositores y asistentes durante la exposición o también se proponían ciertas prácticas, que el expositor consideraba que su ejercicio ayudaría como elemento en el análisis, para la actividad de la siguiente semana; era reiterativo solicitar a los participantes que para ilustrar sus comentarios utilizaran ejemplos de su cotidianidad, en especial si consideraban que esto podría ayudar a la comprensión de aquello que estaban queriendo transmitir.
La metodología utilizada tenía una marcada influencia del proyecto de formación de formadores del proyecto de “cibernética social” del que yo hacia parte, ya que una parte del equipo del GELG se formó conmigo en un proceso formativo orientado por mí. Cabe señalar que las reuniones del equipo coordinador de trabajo, conformado por los organizadores, siempre seguían la metodología aprendida.
El hecho de que en las escuelas no se enseñara sobre la sexualidad y mucho menos sobre homosexualidad, que los estudiantes universitarios entendieran/mos por medio de sus/nuestros maestros la homosexualidad como una enfermedad, un delito o una perversión, de que las iglesias nos asumieran como pecadores y la ley como delincuentes, fueron los determinantes para que en el proceso de formación de formadores y a partir de la experiencia docente de algunos de los miembros, se decidiera asumir como nuestra estrategia clave de transformación de la realidad de los homosexuales y de la sociedad, a la educación.
Partiendo de la idea de que dichas contradicciones conceptuales deberían darse en una relación horizontal con los demás miembros, propusimos realizar una serie de talleres de formación sobre el trabajo en equipo para lograrlo y alcanzar así la meta de que todos nuestros procesos se orientaran a construir una educación no heterosexista, lo vertical y no directiva.
Al descubrir la importancia de que los temas fueran de interés no solo nuestro sino de utilidad para todos los participantes, la importancia de decidir sobre los temas en los que deberíamos trabajar en los procesos educativos era capital. Se decidió hacer un mapa general temático de trabajo, y partiendo de la idea de que la educación debería ser permanente, decidimos que una vez concluido el ciclo temático, este diera comienzo otra vez y así sucesivamente. Ello era conveniente puesto que el número de miembros de la organización además de que crecía, variaba continuamente y porque las nuevas profundizaciones se basarían en los desarrollos alcanzados previamente.
Sin embargo, rápidamente nos dimos cuenta que los participantes de las reuniones de los sábados no siempre estaban interesados en ir a “estudiar” y decidimos que la misma programación sería tema de un grupo de estudio, el cual decidimos realizar todos los miércoles de 6:30 a 9:00 PM. Grupo que continuó por muchos años, incluso a pesar de la creación del Instituto Lambda de Colombia que tenía un fin similar. Pero no por ello las reuniones de los sábados dejaron de ser temáticas aun cuando si fueron más laxas en la metodología aplicada.
El primer campo en abordarse educativamente y además el tema que era el eje sobre el que se imbricaban los demás era el de la homofobia. Llegamos a la conclusión de que la comprensión y trascender la homofobia conducía a la no aceptación, por nosotros mismos, de las formas de vulneración de derechos que sobre nosotros se ejercía, entre ellos la exclusión social, la estigmatización y la separación de la familia. La comprensión de la homofobia nos llevó a identificar que los homosexuales creíamos que el bar y los demás espacios del circuito gay comercial eran espacios de liberación, aun cuando realmente lo eran, y lo siguen siendo, de la reafirmación de la opresión, por cuanto no son nuestra decisión construirlos como tales sino porque son fruto de la negación social que nos impedía ser aceptados como iguales en los lugares ofertados socialmente para el encuentro heterosexual.
La homofobia internalizada debería ser la primera de las vertientes en trabajarse, seguida de la de la homofobia social y en esta estudiamos sobre el papel de la familia, la academia, la norma legal y las iglesias cristianas, no solo en su construcción, sino especialmente en su perpetuación.
La tercera vertiente de trabajo fue el papel de la iglesia en la homosexualidad. La fuente conceptual principal para el proceso educativo fue el libro «La iglesia ante la homosexualidad», cuya publicación fue autorizada por la jerarquía jesuita. Es escrito por John J. McNeil, en ese momento sacerdote de dicha comunidad y cuya versión es español conocimos tan pronto se editó en España . También utilizamos como fuentes a Tomas de Aquino en su Summa Theológica y al Catecismo Católico.
Organizaciones políticas y militancia homosexual, fue el tema de nuestra cuarta vertiente de trabajo. Este tema cambio con el transcurso del tiempo a la comprensión y vivencia del rol que se juega en la militancia al asumirla como actitud política, para ello fue necesario no centrarnos en el análisis de lo que sucedía en alguna organización política en particular sino del movimiento homosexual como organización política en sí, ya que la experiencia nos demostró que muchas de las discusiones de la izquierda colombiana se trasladaban a las reuniones del MLHC.
Una quinta vertiente de trabajo se introdujo a finales del 79. Dado que la homosexualidad era delito y que se iba a iniciar la discusión sobre el tema de la reforma del Código penal colombiano, se consideró supremamente importante realizar un estudio respecto a la homosexualidad como delito, ya que esa sería una acción que nos permitiría la profundización de este tema en el MLHC y asumir una poción coherente con respecto a la despenalización de la homosexualidad. Tema en el que los aportes del abogado Cortés fueron determinantes.
Pero no solo el trabajo educativo fue importante como estrategia política, para mi fue muy importante igualmente, algunos años después al ser candidato al Concejo de Bogotá, presentar una propuesta para orientar las acciones educativas al interior del mismo en caso de ser elegido concejal, ya que la educación es un tema que siempre me ha interesado, hecho que me condujo a realizar los estudios para obtener el Master en Educación. En la propuesta presentada a los medios de comunicación se lee:
Como lo he venido expresando en todos mis documentos y presentaciones, el eje transversal de mi propuesta es la convivencia solidaria y democrática. Los ejes longitudinales de acción en los cuales orientaré mi acción como concejal de la ciudad de Bogotá son garantizar el acceso y mantenimiento a los sistemas de educación, salud y la cultura. A continuación usted encontrará un esbozo general de mi visión sobre como alcanzar la cobertura, calidad, integralidad de la Educación en el Distrito Capital. Aun cuando el texto está escrito en masculino, es evidente que desde mi propuesta asumo la proporcionalidad y equidad en el manejo de la perspectiva de género en todos los aspectos en los que debemos desarrollarnos los y las seres humanos(as).
Nos interesa y estamos comprometidos con la educación porque reconocemos el poder transformador que esta ejerce en las sociedades. La educación es un derecho humano fundamental y como tal, es inherente a la persona y a la sociedad sin distinción alguna. El Estado tiene la obligación constitucional de generar y promover las condiciones para su acceso, permanencia y universalidad, de forma continúa a lo largo de la vida.
El acceso y calidad de la educación, determinan la posibilidad o imposibilidad de gozar plenamente de derechos y si estos son meras abstracciones o realidades a las que tiene acceso todo ciudadano. La educación que responda a las necesidades sociales y particulares eleva la calidad de vida de las personas y de quienes hacen parte de su entorno social, familiar, laboral, cultural; la educación potencia el desarrollo individual, micro y macrogrupal y social y porque con su acceso de fortalece la sociedad civil.
El reto que se tiene al pensar en una educación consecuente con nuestra realidad y necesidades no es solamente crear un sistema educativo que rechace el modelo neoliberal y propicie, mediante esa educación liberadora y democrática, el surgimiento de una persona y un orden nuevos. El reto mas grande consiste en crear las condiciones económicas y financieras que hagan viable la educación que la sociedad civil necesita.
¿Cómo mejorar la Cobertura?
Lograrlo está relacionado con la cantidad de cupos escolares, la asequibilidad y la accesibilidad.
Cantidad: La ciudad debe ofertar cupos escolares para la educación primaria, media y superior en el sector publico principalmente directamente proporcionales al crecimiento en el número de habitantes de la ciudad. Existe un marcado déficit de cupos escolares y el énfasis que la ciudad debe centrarse en que los ciudadanos puedan alcanzar niveles mínimos de educación formal media garantizados por el Estado. Para la educación superior se deben garantizar cupos en la Universidad Distrital y en otras universidades oficiales y privadas.
Asequibilidad. El costo de la educación debe ser acorde a la condición socioeconómica. Deben crearse becas para los mejores estudiantes de la educación media y superior. Con especto a la educación superior, el presidente Uribe propuso financiar la demanda y no directamente a las instituciones, entre las cuales puede haber fallas, pero cuyo desarrollo y progreso resulta fundamental para la sociedad y la nación.
De otra parte, y muy en consonancia con el modelo económico vigente, al conocimiento o la educación que cada día es una necesidad prioritaria en la vida de los individuos, se le da el tratamiento de mercancía. La educación aun cuando es un bien no debe tratarse como mercancía y menos aún cuando la calidad parece no estar directamente ligada con el producto. El problema no solo radica en acceso sino en el incremento desmesurado de sus costos en el sector privado y en los efectos que esto tiene para que los sectores menos favorecidos tengan acceso a ella.
Accesibilidad. Los centros educativos para primaria, secundaria y técnica deben estar distribuidos en toda la ciudad en lugares a los que los estudiantes puedan desplazarse con facilidad, de ser posible en lugares a los cuales los desplazamientos no signifiquen grandes costos adicionales para el transporte y la calidad de vida (tiempos largos, riesgos innecesarios por las condiciones de vecinazgo).
Para el caso de la educación superior se debe ampliar la planta docente, proyectos de extensión e investigación que involucre a los estudiantes, docentes y comunidades, se deben mejorar las condiciones de infraestructura y materiales (libros actualizados, comunicaciones, computadores, insisto si se amplían cupos se deben ampliar la planta docente)
¿Cómo mejorar la Calidad?
Mejorando la infraestructura, los salarios de los maestros y directivos, y logrando la actualización permanente y la formación en nuevos paradigmas epistemológicos a los maestros y directivos. Si no se mejoran los salarios se puede hablar de garantías de otro tipo, publicaciones, viajes, becas y posibilidades de formación.
Infraestructura: La instituciones educativas del Distrito deben contar no solo con sedes apropiadas sino que además estas deben poseer locaciones propias para otra serie de actividades que posibiliten una mejor formación de los estudiantes. Se debe contar con bibliotecas, salas de conferencias, de sistemas, bibliotecas. Estas deben poseer los equipos, tecnología y redes comunicacionales apropiadas.
Todas las instituciones escolares en los diferentes niveles deben contar igualmente con la Internet y los menores deben tener el acceso a páginas en las que encuentren recursos informativos que complementen su actividad escolar.
Cada estudiante, maestro, directivo y miembro de las asociaciones de padres de familia debería contar con un correo y poder chatear con sus iguales y construir relaciones con los demás miembros de la comunidad educativa. (Eso será si lo primero es posible)
Una educación con calidad requieres que los maestros tengan salarios acordes con su función social y responsabilidad formativa. Los maestros ni ninguna persona, eso se lo cree el presidente y su corte fascista, no pueden tener salarios congelados y que afecten su poder adquisitivo porque como consecuencia se verán obligados a complementar su economía utilizando su tiempo en otras actividades diferentes a las de su cargo y así no tendría el tiempo suficiente para preparar clase, evaluar y orientar a sus discípulos.
La calidad de la educación está directamente relacionada con el nivel de formación de los docentes y su actualización permanente. El maestro no solo debe conocer y aplicar los paradigmas epistemológicos y ontológicos que apoyen el desarrollo integral de su cátedra sino que además debe apropiarse teórica, experiencial y emocionalmente del uso de didácticas, metodologías y tecnologías educativas, aplicadas al contexto concreto en el que se desenvuelva (pobreza, exclusión, violencia, corrupción, entre otros) de tal forma que su actividad educativa responda a las necesidades propias de los estudiantes, la ciudad y el país, entendiendo que formamos estudiantes con un sentido latinoamericano), con un sentido crítico de la cotidianidad y del desarrollo social y cultural del sistema en el que están inmersos.
¿Cómo alcanzar la Integralidad?
La integralidad está relacionada con el Proyecto Educativo Institucional PEI, la participación real y activa de la comunidad académica y la resolución de las necesidades formativas de los estudiantes.
El PEI debe ser acorde con una visión de ser humano preparada para asumir los retos del aquí y del ahora pero también con un sentido dinámico de la existencia y por tanto preparado para resolver las necesidades con las que se verá enfrentado en su devenir actual y en el futuro. Se requiere de una real participación de la comunidad académica para que así el PEI responda a las necesidades que los estudiantes tienen como ciudadanos y para con su entorno familiar, la ciudad y el país.
Participación de la comunidad académica implica reconocer a los demás maestros, directivos, padres de familia y estudiantes como verdaderos otros, ello significa asumirlos como seres únicos, irrepetibles, trascendentes, evolutivos, históricos y co-constructores del futuro, pero además como sujetos de derechos y de obligaciones con su entidad, la ciudad y el país. El reconocimiento mutuo de todos los actores involucrados en la comunidad académica y en el desarrollo de la propuesta, implementación, seguimiento, evaluación y redirección permanente del PEI posibilita asumirlo con sentido de pertenencia.
La integralidad de la actividad educativa se logra cuando todos los sujetos en ella involucrados son asumidos en sí mismos como seres integrales y lo que se ofrece como alternativa de formación satisface sus necesidades tanto como seres humanos y como ciudadanos. La formación académica debe satisfacerse no solo desde los elementos cognitivos sino además desde su relación con la experiencia y la praxis y de los aspectos emocionales que hagan de la actividad académica una opción que se asume con interés, devoción y sentido del disfrute.
Debe ampliarse la capacidad de participación de los padres de familia en el control de los recursos manejados por las instituciones cumpliendo su función de veedores por medio de las asociaciones de padres de familia en situaciones tales como la asignación de cupos y un uso mas apropiado de los diversos recursos, con las JAC la posibilidad de vincular a los estudiante de últimos semestres de las diversas áreas para practicas en diversos temas.
En el tema de salud, se puede desarrollar la misma línea, fortalecer las asociaciones de usuarios con mayor capacidad de control y de desarrollo de campañas de prevención armadas a las diversas instancias existentes (menos la fuerza publica) para tener las diversas situaciones de salud publica.
En ese sentido las ONG tiene un lugar de acompañamiento a las comunidades en la organización de acciones y posibilidades de quehacer.
2.10.3 No perder lo construido, re-construir lo perdido, trascender el ghetto gay
Escribir no era nuestra práctica mas frecuente, aun cuando conservábamos las notas y actas de las reuniones en el apartamento de Cortés. Este fue un lugar de reunión permanente al que coloquialmente llamábamos “La Conejera” o “La Cuquera”, en él solíamos hacer muchas de las reuniones de nuestro grupo de trabajo y alguno que otro jolgorio sabatino, actividades que se distinguían por ser demasiado teóricos pero con la diferencia de que allí se permitía, en las reuniones no oficiales, consumir licor y marihuana, si quienes lo hacían se ubicaban en una pequeña terraza que daba al aire libre. A mi se me hacían bromas por ser el “niño sano” de “La Cuquera”, como me apodaban, pues yo era el único que no usaba marihuana y prefería tomar un refresco a beber licor.
Muchas de mis notas tomadas en aquellas reuniones las utilicé posteriormente como fuente conceptual para mis artículos en la Revista Ventana Gay. El archivo de la “La Conejera” se perdió cuando Cortés murió a causa del sida, pues su familia se negó a entregárnoslo porque para ellos no era de su agrado que Guillermo viviera su homosexualidad públicamente y menos aun, que se conociera la causa de su muerte, sin embargo dicha información era voz populi, ya que él mismo, una vez pudo asumir su diagnostico, se autorizo a hacerlo conocer a sus amigos.
La primera publicación policopiada, diferente a las invitaciones que repartíamos en calles y bares, y distribuida para hacer conocer nuestro pensamiento, fue escrita por mi con motivo del “Día gay Internacional”; se denominó “Manifiesto Guëi” , fue firmada por el Grupo de Encuentro por la Liberación de los Guëis y distribuida en los bares el 28 de junio de 1978.
Cabe destacar que aun cuando para los miembros del GELG era conocido y de uso frecuente el termino “Guëi”, se tomó la determinación de usar para el texto la escritura en inglés “gay” para no tener que ampliar el tamaño de la pequeña media hoja carta con explicaciones adicionales que pudieran haber sido un distractor en la relación con aquellos con quienes, por medio del panfleto, nos contactáramos por primera vez. Su texto dice :
“Manifiesto Gay”
Compañero:
Aunque muy dentro nos sintamos igual que cualquiera; aun cuando tengamos la capacidad de gozar y manifestar libremente nuestro afecto a otra persona de nuestro mismo sexo; aun cuando vivamos la ilusión de la seguridad dentro del bar, apartamento, cine, sabemos muy bien que la practica de nuestra sexualidad está condenada socialmente para desarrollarse solo en aquellos lugares destinados para tal efecto: el ghetto gay.
Tan solo nos hace “diferentes” el hecho de ser gay
Frente a esta realidad que nos reprime los gay no podemos quedarnos atrás, desde hace muchos años (1892, en Alemania) y de muchas maneras diferentes como la primera marcha gay de América (organizada el 28 de junio de 1969 luego de una redada en el Stone Wall Inn de New York), venimos luchando por nuestra reivindicaciones; en un principio lo hicimos individualmente, luego nos ampliamos a nuestro círculos de amigos, posteriormente nos fue uniendo esta lucha a otros grupos, esto nos demostró que no estábamos solos, esto nos dio el orgullo y la consciencia de pertenecer al movimiento gay.
Además nos dimos cuenta que no era suficiente con que se nos “tolerara”, había que hacer algo, un trabajo mas profundo. Nació la idea de formar un grupo que respondiera a estas inquietudes, que logre un mayor y mejor conocimiento de nuestra realidad por parte de la corroída sociedad que nos excluye.
Un grupo al que usted está invitado y del que usted debe hacer parte.
Grupo de Encuentro por la Liberación de los Guëis, miembro del
MLHC Movimiento de liberación Homosexual de Colombia
Bogotá, 28 de junio de 1978
El tema de los ghettos homosexuales fue uno de los abordados por mí en la Revista Ventana Gay. Para el equipo de trabajo era preocupantemente contradictorio que estuviéramos es desacuerdo con los lugares de encuentro ofertados exclusivamente para población de hombres homosexuales o de lesbianas (casi ningún lugar para hombres permitía la entrada de mujeres y también viceversa) y que nos viéramos obligados a recibir su apoyo económico para las acciones educativas y distribuir en ellos nuestros volantes y revista. Esta construcción se puede observar en algunos de los textos que se transcriben en este mismo subtitulo.
El texto que transcribo a continuación fue escrito un año después, por mí, con motivo del día Gay Internacional en 1.979, publicación que fue policopiada y difundida en calles y bares. Este mismo texto se publicó igualmente en el Nº 1 de la Revista Ventana Gay en septiembre de 1.979 . El texto responde a una necesidad interna del Movimiento que consistía en informar a la población homosexual sobre la importancia de construir un movimiento de liberación homosexual en Colombia.
Este documento enfatizó el valor del trabajo conjunto de hombres y mujeres, la importancia del reconocimiento del cuerpo, la necesidad de mostrar con orgullo nuestro Ser Homosexual y continúa con la idea expuesta en el texto anterior, sobre el ghetto homosexual. Tiene la particularidad de que se inicia hablando de los gay, continúa con los homosexuales y culmina con lo “Guëi”.
¿Un movimiento de liberación homosexual?
¿Para qué? ¡Sí yo ya estoy liberado! Esta y muchas otras respuestas afines salen a flote en buses, calles, cines, tiendas, bares, cuando se pretende hablar de la emancipación gay.
Liberarse no es la posibilidad de poder: en un bar, cine, o cualquier lugar a puerta cerrada: hacer, decir, una u otra cosa...
Nuestra liberación consiste en conquistar gran cantidad de reivindicaciones, en ser aceptados socialmente en nuestra real identidad: seres normales, aun cuando no respondamos a la normalidad estipulada por los celosos celadores del orden dado, en una sociedad, que pretende encarrilar castrando cualesquier posibilidad que atente contra sus "principios morales", puestos para salvaguardar el "orden natural" que nos aliena sexual y políticamente.
Debemos explorar nuestra sexualidad, disfrutarla y expresar públicamente nuestro deseo, en el mismo lenguaje usado para expresar el deseo de comer, dormir, etc., además el redescubrimiento y la desgenitalización del placer, posibles, mediante la desinstitucionalización de nuestras zonas erógenas y del cambio de los procesos educativos que nos limitan mentalmente y nos sitúan al margen, al dar a conocer únicamente la función procreadora del sexo desechando por "nocivas" todas las demás posibilidades.
Igualmente debemos cuestionar a la familia que en su desarrollo ideológico nos programa para desempeñar roles preestablecidos y a la religión que identifica el placer con pecado, potenciando complejos de culpa que transforman en inadmisible el goce total.
La posibilidad de mostrar con orgullo nuestro Ser Homosexual conlleva: negarse a ser el complemento de la mujer o del hombre para ser nosotros mismos; conquistar nuestra integridad pasando de ser objetos sexuales frente a los "otros " y frente a nosotros mismos; crear las condiciones para ser considerados algo más que un elemento productivo; lograr mecanismos de proyección social y un total despliegue en las demás esferas de la realidad.
Teniendo en cuenta que nuestra lucha no es contra el otro sexo, o marcando las diferencias con las demás minorías sexuales, sino hombro a hombro, mujeres y hombres, juntó con las demás minorías oprimidas y/o reprimidas de una u otra forma.
Aunque muy dentro nos sintamos igual que cualquiera; aun cuando tengamos la capacidad de gozar y manifestar libremente nuestro afecto a otra persona con nuestro mismo sexo; aun cuando vivamos la ilusión de la seguridad estando dentro del bar, apartamento, cine, sabemos muy bien que la practica de nuestra sexualidad está condenada socialmente a desarrollarse solo en aquellos lugares destinados para tal efecto: el ghetto Guëi.
Si usted desea salir del ghetto puede comunicarse con nosotros, somos un grupo al que usted está invitado y del que usted debe hacer parte.
Grupo de Encuentro por la Liberación de los Guëis, miembro del
MLHC Movimiento de liberación Homosexual de Colombia
Bogotá, 28 de junio de 1979
Es importante recalcar que en 1980 empecé a utilizar más asiduamente los conceptos de minoría sexual y de marginalidad; lo hice partiendo de que tradicionalmente el concepto de minoría hace referencia a los grupos de población que tienen unas características propias de orden étnico, económico, político social y cultural, y que por estás mismas características, comúnmente, son excluidos y no forman parte del círculo de poder en las sociedades. Nosotros aun cuando no éramos considerados una minoría si estábamos siendo tratados como tal.
Generalmente, se solía entender la homosexualidad como una practica que nos hace diferentes a los demás, incluso, según mi opinión, a otros homosexuales. Al interior de los grupos que conformaban el Movimiento igualmente había diferencias de otros tipos entre los homosexuales y éstas se suscitaban, a partir de sus diversas visiones políticas, éticas, religiosas, económicas, productivas, culturales, sociales, y también en el tipo de prácticas eróticas y genitales que asumían. Esto se daba, hasta el punto de que muchas veces las contradicciones internas en el Movimiento homosexual eran mucho más fuertes que el peso que se le daban a las situaciones que nos separaban de los heterosexuales.
Para mi era claro que nuestra lucha política no debía llevarnos a la separación, tal y como ya había pasado en el momento en que pretendieron vetar mi asistencia a las reuniones por considerar que yo era muy “marica”, o en las contradicciones entre los homosexuales maoístas, trotskistas y comunistas; los artistas conceptuales y los artistas realistas; los homosexuales en la academia y fuera de ésta; o por otras muchas diferencias que se daban frecuentemente. Mi reflexión con relación a este aspecto me condujo a explicar la vivencia de la homosexualidad como una experiencia que no nos hacia tan diferentes a los otros homosexuales sino a tener muchos elementos comunes con ellos, incluso en los planteamientos conceptuales con relación a ordenes diferentes a los de la sexualidad, que se utilizaban para explicarla.
Ya desde nuestros orígenes, como Movimiento, habíamos tenido claro que la sexualidad era un hecho político y que como tal, las distintas vertientes de la izquierda tenían su propio discurso con relación a ella, al igual que lo tenían los grupos de la derecha o del centro.
La vivencia de la sexualidad la explicaba entonces bajo la imagen de un lago, en el que quienes estamos al otro lado del mismo lago, no logramos vislumbrar que si, para buscar a quienes veíamos al lado opuesto -es decir a aquellos a quienes estaban en la otra orilla-, seguíamos como ruta la línea de la playa, en el momento en que nos encontráramos con ellos, evidenciaríamos que estábamos en la misma orilla, es decir, del mismo lado.
En resumen, al idea era que aquellos que parecían lejanos a nosotros por la manera de vivir su analidad o su feminidad, por ejemplo, no lo estaban tanto, pero que no lográbamos darnos cuenta de ello porque al hacernos referente de las explicaciones sobre las relaciones genitales o de la vivencia de la masculinidad, olvidamos (conciente o inconcientemente) que nosotros mismos no éramos la esencia de la masculinidad o de la falocracia, sino que nos negábamos a aceptar que dichas trasgresiones eran también las nuestras; y no lo hacíamos, porque si las reconocíamos, no tendríamos explicaciones sobre por qué rechazábamos a los que, en la practica, eran nuestros iguales.
El concepto de marginalidad entonces se comprendía como “estar al margen”, y era la posibilidad de quien ostenta el poder de mostrar y demostrar las diferencias “existentes” entre él y yo, como sujeto que está a la otra orilla. Ser marginal entonces es una manera que tiene quien ostenta el poder para marcar los límites, y la marginalidad, la lectura que hace el sujeto dominante sobre el dominado, a quien asume distinto y por tanto trasgresor del deber ser.
Igualmente, era importante recalcar que los sujetos marginales y los grupos marginales, al igual como sucedía al interior de las organización homosexual, no lograban comprender que eran muchos mas los elementos comunes con los otros marginales que los que se permitían aceptar, ya que los procesos se centraban en marcar la diferencia y por tanto en excluir, y no en recatar los aspectos comunes y por tanto en construir alianzas para obtener el poder. De ahí la importancia que dábamos a construir alianzas con las mujeres, las feministas, las lesbianas, los obreros, los grupos políticos y las organizaciones sindicales, de maestros y de estudiantes.
Los grupos sociales con comunes denominadores en el ámbito de la sexualidad como los homosexuales o las mujeres, superan en número a los grupos y sectores dominantes de nuestra sociedad como los hombres heterosexuales, y sus aspiraciones e intereses no encuentran representatividad, ni canales de expresión que posibiliten modificar su condición de “grupo marginal”. En tal sentido, los marginales somos una “inmensa minoría ” y nuestro trabajo conjunto nos pone en una posición diferente frente a quienes ostentan el poder.
La exclusión social, económica, educativa, en salud y política de estos grupos de la población hace difícil la creación de procesos de convivencia social democrática y el ejercicio de las libertades públicas y privadas, como el derecho a la dignidad, el derecho a la diferencia, el derecho a la vida, el derecho a la educación, el derecho a la autodeterminación, el derecho al trabajo, el derecho al libre desarrollo a la personalidad. La violación a los derechos desvirtúa los principios fundamentales de una democracia: la solidaridad, la fraternidad, la tolerancia y el respeto por la diferencia. Basado en las anteriores ideas en el 2001 y como parte del trabajo en la estrategia política del Movimiento de Solidaridad comunitaria, produje varios textos relacionados con el tema de las minorías.
2.10.3.1 Sin sede, pero con grupo
Precisamente por sentirse minorías sexuales y como resultado de la propia autoexclusión, algunos de quienes eran miembros del GELG se fueron alejando poco a poco del MLHC, en especial cuando nos echaron -a mediados de 1.980- de la biblioteca Emmanuel Mounier “por maricas”, como sus directivas nos lo hicieron saber; ya que según ellos los habíamos engañado, pues éste era el sentido real de las reuniones y no el que nosotros habíamos informado en la solicitud verbal de préstamo de los salones de lectura de la biblioteca, en la que se comunicó que era para realizar semanalmente los encuentros de un grupo inter-universitario de estudiantes de filosofía, idea que en ese momento continuaba siendo cierta pero no del todo verdad.
Los jóvenes fueron los más interesados en proseguir con la siguiente etapa de desarrollo; se llevó a cabo al aire libre, en el Parque Nacional. Siendo la característica de los casi siete meses de trabajo allí realizados, el que las reuniones fueran mucho más lúdicas y menos teóricas, en el parque nos centramos en una estrategia que consistía en que preparábamos a las personas para la oratoria, pues pensábamos que no se podía ser líder sin desarrollar la capacidad comunicativa.
La expulsión de la biblioteca, muy seguramente se motivó en una entrevista en directo, realizada en junio de 1980 en el “Noticiero de las 7”, programa televisivo de cubrimiento nacional en horario triple A. Esta entrevista, la primera en mi vida, la logré, porque estando caminando en las inmediaciones de la sede del noticiero me encontré de frente con su presentador, el periodista español José Fernández Gómez, a quien interpelé y propuse hacer una nota sobre una noticia de interés general: la existencia de un movimiento de liberación homosexual en Colombia. Este periodista habló no de homosexuales sino de “gais”, pronunciando esta ultima palabra tal y como suena en castellano y no en ingles, como generalmente se hacia. Esta primera nota televisiva y en directo, nunca se planeó como parte de una estrategia comunicativa sino que se realizó debido a la confluencia del azar de mi encuentro con el periodista y su interés en la noticia y en ella hablamos de nuestras reuniones en la sede de la biblioteca Mounier.
2.10.4 Brincar por la Ventana
Con esta frase se promovió la Revista Ventana Gay, “brincar” además de ser un ejercicio físico era una manera de decir coloquialmente que alguien era homosexual. La imagen de la ventana era la de ser que un hueco hecho en una pared para dar luz y ventilación (al closet) como también una “puerta de entrada” al mundo homosexual.
En septiembre de 1.980 se fundó la “Revista Ventana Gay”, lo hizo un colectivo del que fuimos parte Cortés, Alejandro Barón, Felipe Lleras (esta era el seudónimo que utilizaba en ese momento Alejandro Barón) y yo; Barón y Cortés consiguieron con aportes de su propio peculio, una primera sede para la revista que se fue convirtiendo paulatinamente en la sede del MLHC; Cortés donó igualmente la primera rotativa offset en la que se imprimía la revista. Durante el primer año de funcionamiento el primer director de la revista fue Cortés y el jefe de redacción fui yo; luego, durante el segundo año la dirección estuvo en manos mías.
Los artículos de la revista eran discutidos en equipo y una de las personas miembros del mismo se encargaba de escribirlo y firmarlo. Cortés era el encargado de los temas legales y de psicología; yo, de los temas de sexualidad, sociales y de cultura. Los lectores podían enviar colaboraciones que eran presentadas en el comité de redacción y en este se decidía su publicación. Yo participé durante los tres años en que la revista circuló con la diagramación, algunas ilustraciones y elaboraba además algunas fotografías.
Para mi fue de gran importancia, desde el primer numero de la revista, escribir sobre la trascendencia de un Movimiento homosexual y de la significancia que tenía conquistar gran cantidad de reivindicaciones como parte de la construcción del proceso de liberación, que no era solamente política, personal y familiar, sino igualmente una ruptura con la visión religiosa de la sexualidad, que nos impedía ser aceptados socialmente y de la visión medica que hacia que se nos viera como enfermos.
En la discusión con la perorata religiosa fue de gran repercusión asumirse “normal” a pesar de no responder al modelo judeocristiano de la normalidad, que castraba en nosotros cualesquier posibilidad de desarrollo sexual, en la medida en que nosotros mismos aceptábamos sus "principios morales" como un valuarte fundamental para salvaguardar el "orden natural" que considerábamos nos alienaba sexual y políticamente.
2.10.4.1 La analidad como ejercicio trasgresor del poder falocrático
Uno de los artículos escritos por mi, que más revuelo y discusión causó fue el relacionado con la preparación para la vivencia plena de la analidad, publicado en mayo de 1981, en el numero 6 de la revista; en él hacía una disquisición sobre las diversas posiciones corporales en un acto penetrativo anal y proponía una serie de ejercicios para relajar el esfínter y así facilitar la penetración.
El soporte teórico que justificaba el texto estaba centrada en la idea de que la vivencia plena o la negación a ciertas practicas genitales estaba directamente relacionada no solo con una visión machista y homofóbica de la sexualidad sino muy especialmente con la vivencia de las primeras relaciones anales, al comprender la analidad no solo como un juego de poder, sino, además, con una negación de su ejercicio relacionada con el machismo tradicional heterosexual y con la vivencia de la falocracia machista homosexual, al respecto se lee :
“Las relaciones sexuales no sólo son actos placenteros son además actos políticos, lo son cuando en intercambio genital es un acto trasgresor del modelo de la normalidad heterosexual, y mucho más cuando se realiza con una parte del cuerpo de la cual se considera que su función principal es excretar materia fecal y no el placer.
Tradicionalmente el poder es ejercido por un hombre hacia las mujeres y en algunos casos hacia otros hombres. Un símbolo del poder del hombre es poseer un falo y el poder que se obtiene de su uso o de la posibilidad de usarlo es lo que denomina la falocracia.
Un hombre homosexual primero que homosexual es hombre y en cuanto tal es falócrata, al penetrar a otro hombre hace un ejercicio falocrático de poder en el que, al igual que a la mujer penetrada o en posibilidad de serlo, lo pone en una escala inferior en la línea de poder.
Las teorías sex-pol, tan en boga en este momento en Europa, nos informan de la posibilidad de asumir la sexualidad como un campo en el que igualmente se ejercita el poder de los falócratas sobre las mujeres y algunos hombres homosexuales, pero también ante la posibilidad de transformar dichas relaciones de poder.
En el caso que nos atañe mi reflexión se basa en la posibilidad de trasformar nuestra vida sexual como homosexuales en un actos políticos y específicamente en convertir la analidad, comprendida como un ejerció pasivo de poder, en un acto activo que la convierte es una estrategia de reivindicación política sexual.
En esta elaboración que ahora presento hay una marcada influencia de Foucault y su discurso del poder que apoya nuestras propias construcciones; este autor trata el tema del poder rompiendo con las concepciones clásicas del término. Para él, el poder no puede ser localizado en una institución, o en el Estado, por lo tanto, la "toma de poder" planteada por los marxistas no sería posible. El poder no es considerado como algo que el individuo cede al soberano (concepción contractual jurídico-política aplicada en este caso al macho, penetrador dominante), sino que es una relación de fuerzas, una situación estratégica en una sociedad determinada. Por lo tanto, el poder, al ser relación, está en todas partes, incluyendo las relaciones sexuales de cualquier orden.
El sujeto está atravesado por relaciones de poder y no puede ser considerado independientemente de ellas. El hombre penetrado contribuye al poder del falócrata con el cual se relaciona, ya que acepta que quien posee el falo tiene el poder, olvidando que él mismo tiene un falo y que por tanto no solo está en condiciones de ejercer dicho poder, sino que puede transformar la relación al asumir a su “partner” como un igual, con el cual comparte un juego donde se puede romper la jerarquía del poder.
El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce efectos en quienes viven esas relaciones de poder y produce saber; dicho conocimiento y vivencias nos permiten transformar nuestras propias relaciones sociales, políticas y sexuales.
Tradicionalmente en una pareja se contempla que hay un dominante y una persona dominada, transformar las relaciones de poder implica o transformar los roles (un dominado que pasa a dominar) o vivir las relaciones en igualdad de oportunidades y posibilidades”.
Es evidente que en mi discurso de ese momento no solo había influencia directa de Guillermo Cortés, sino también de mis aprendizajes en la facultad de sociología, sumada a la vivencia de mi propia sexualidad aderezada con el influjo del discurso sobre la antidanza que construimos en Heliogábalos, el texto citado continúa así:
“En nuestra experiencia en grupo de trabajo Heliogábalos, específicamente en la línea de trabajo de la antidanza, el concepto de pareja se transforma y en consecuencia el rol del “partner” como sujeto que conduce a la mujer.
Esto no sólo debería ser valido para la antidanza sino también en la vivencia del acto genital como un ejercicio “dancístico” sin partitura y sin coreografía predeterminada. En la antidanza no hay un “partner” sino dos seres en igual condición y posibilidades de conducir o ser conducidos; no hay un dominante y un dominado,; en la vida sexual entre dos hombres tampoco debiera haber un arriba ni un abajo, un penetrador y un penetrado, uno que acaricia y otro que es acariciado, pero además en el intercambio genital entre dos hombres se puede actuar en solitario, bailar solo a pesar del otro, masturbarse, auto-acariciarse, pensar, gozar a expensas del otro o de sí mismo.
Romper con el esquema de poder significa, por ejemplo no solo cambiar los roles en el intercambio genital, sino también cambiar el discurso sobre la analidad. En la cotidianidad se usa el concepto “me comí a” como una manera de expresar una practica anal receptiva; propongo transformemos dicha elocución para que en una relación en la que sea necesario expresar el poder, este se centre en quien es el receptor de la penetración, ya que al cerrar su esfínter la impide y por tanto, ostenta la decisión en la que se centra tradicionalmente el poder del falócrata.
Prepararse para la penetración es una manera de acceder al poder y un camino a las relaciones de equidad que se hacen visibles y palpables en una relación en las que los dos partners son tanto penetrados como penetradores.
Desde esta posibilidad conceptual nos hacemos trasgresores del y en el discurso cotidiano, mas aún si anunciamos públicamente que somos “activos analmente” y al referir sobre nuestras relaciones decimos públicamente frases como “me comí a un tipo muy feo que me la metió toda”, ya que no está bien visto al interior de los guetos guëis hablar públicamente de la analidad y menos expresar predilección por personas que no sean atractivas.
Si usted esta interesado en romper con las estructuras tradicionales del poder le invitamos a nuestro taller “La analidad como un ejercicio de poder” que se realizará los jueves de 6:30 PM a 9:30 PM. Es un taller teórico en el que usted además aprenderá sobre cómo preparar su organismo para la penetración, cuáles son las mejores posiciones para ser penetrado y normas de cortesía para sus relaciones socio-anales. El taller no comprende prácticas penetrativas en el sitio de reunión pero si la posibilidad de compartir explícitamente sobre el tema y obtener respuestas que harán de usted un hombre con mayor disfrute de su cuerpo y sus posibilidades placenteras, y un trasgresor sexual políticamente fundamentado.
Comuníquese al apartado aéreo 25770 de Bogotá o llámenos a la sede de Ventana Gay, en horas de oficina para reservar su cupo, pues solo recibimos a 20 personas por cada taller, que tiene una duración de tres sesiones.
Jaime Galindo fue mi gran aliado teórico y vivencial en el tema de la reivindicación de la analidad. Con él conducíamos el taller y hacíamos las “demostraciones” cuando era necesario; estas demostraciones se hacían con nuestras ropas puestas; las personas participantes como parte del inicio de la segunda y tercera agenda de trabajo del taller relataron sus experiencias en la aplicación de la teoría de la vivencia de la analidad.
Cabe señalar que León Zuleta fue quien más influyó en mi para el desarrollo de esta construcción; ya que para él, no era posible una relación teórica con otro hombre homosexual con quien recíprocamente no hubiese ejercido la penetración, ya que esta vivencia posibilita la ruptura del poder falocrático. Al respecto del pensamiento de zuleta escribí en la introducción de mi libro “Y si el cuerpo grita… dejémonos de maricadas” :
“…Las relaciones con Zuleta siempre eran teóricamente profundas. Se negaba –fundamentado en su propuesta sexual-política- a discutir con alguien cuya genitalidad le fuera desconocida. Para obviar las posibles relaciones de poder en las acciones conjuntas en la lucha sexual-política, consideraba necesario que su interlocutor lo penetrara y fuera penetrado analmente…”
Diez años después del anterior artículo, en 1992, recién creado la organización “Equiláteros” realizamos bajo mi conducción un taller para 22 hombres homosexuales en el que los participantes estuvieron desnudos durante una buena parte del mismo y algunos de los asistentes practicaron los ejercicios sugeridos para la vivencia de su analidad. Sin embargo a diferencia de los talleres organizados por la Ventana Gay estos si fueron prácticos, ya que en aquellos las personas realizaban sus practicas, si así era su deseo, y las comentaban en la siguiente reunión de trabajo formativo.
2.10.4.2 Cambiar la norma no cambia los ciudadanos
La Revista Ventana Gay apoyó la discusión sobre la despenalización de la homosexualidad como un elemento a promover en lo que sería la reforma del Código penal colombiano. En ella se publicaron artículos escritos por Guillermo Cortés sobre los desarrollos obtenidos en el grupo de estudio sobre el tema, pues considerábamos como equipo de trabajo, que era necesario que las personas que no tenían una relación directa con las normas legales en Colombia reconocieran que la homosexualidad había dejado de ser una “enfermedad” (Código Penal vigente hasta 1936) para ser considerada como delito a partir de ese mismo año (Art. 323 y 329).
En Colombia con el Código Penal vigente desde 1981 se dio un gran paso al reformar el Código Penal de 1936 y despenalizar las actividades homosexuales entre mayores de 14 años (“desaparecieron” los artículos que las condenaban). Desde el MLHC conseguimos que se diera dicha “desaparición” pues la alternativa que se tomó al debatir con los magistrados que se habían mostrado interesados en el tema, fue que no se diera su discusión sino que los citados artículos “pasaran bajo la mesa sin ser debatidos”, de tal manera que en el documento final los artículos pertinentes no aparecieran, y fue así como, sin discutirlo, logramos la despenalización de la homosexualidad en Colombia.
Respecto de la despenalización, el profesor de la Universidad Nacional Rodrigo Uprimny Yepes, afirma “Hasta 1980, la homosexualidad constituía un delito; en ese año, desapareció ese tipo penal pero subsistieron varios regímenes laborales, como los de los educadores y de la Fuerza Pública, que preveían que una persona podía ser sancionada disciplinariamente por conductas homosexuales” . Uno de esos temas que era una preocupación importante y permanente para nosotros fue el del Estatuto Docente , aspecto que solo se discutió legalmente hasta18 años después.
Una vez se desarrolló dicho Código Penal se hizo necesario que los miembros del movimiento y la población general conocieran la nueva legislación con relación a la homosexualidad. Para hacerlo se trabajaron dos frentes, el artístico para trabajar lo cotidiano y el de formación académica formal, sin desconocer que para el equipo de trabajo, los performances eran una expresión artística igualmente considerada una actividad educativa no formal.
Cabe destacar que a pesar de los cambios en el Código Penal, la reforma del Código de policía de Bogotá no se logró hasta muchos años después. La importancia de la no discriminación policial no se hizo evidente sino hasta el veinte de diciembre de 2002 fecha en que se publicó el nuevo código de convivencia ciudadana de Bogotá. Sobre este tema escribí un artículo publicado en la Revista Acénto, en noviembre de 1997, en el que relataba la historia de la participación sobre el tema por parte de la población LGBT, en el que se lee textualmente:
“Bogotá es una ciudad heterogénea y con una convivencia difícil. Buscando conciliar lo culturalmente aceptado, lo legalmente permitido y los intereses de los conciudadanos, y dada la necesidad de llegar a un acuerdo que siendo conocido por todos apoyara la convivencia democrática y tolerante, Antanas Mokus y su equipo de trabajo propusieron el desarrollo de un código de convivencia ciudadana. Una de las estrategias empleadas para lograrlo fue la de los Semilleros de Convivencia; los resultados de estos y otras acciones se plasmaron en la Carta de Civilidad, documento que actualmente se está difundiendo a todos los hogares bogotanos para su conocimiento y discusión.
Los semilleros trataron una amplia gama de temas y sirvieron para conciliar intereses opuestos y discutir situaciones de poblaciones vulnerables o marginadas como la niñez, los discapacitados o los ancianos. La población homosexual de la ciudad y algunos miembros de otras minorías sexuales, representados en más de doscientos hombres y mujeres, y por solicitud a la Alcaldía motivaron la implementación de un semillero sobre sus propios intereses, derechos y necesidades; este se llevó a cabo en la primera semana de febrero de este año. Los facilitadores del mismo, fueron: por la alcaldía la Enfermera e Investigadora Angela Gualí y por la Comunidad el Abogado Germán Humberto Rincón P., el Médico Ricardo Luque, el Sociólogo y Filósofo Manuel Velandia y representantes de GAEDS-UN (Grupo de Apoyo y Estudio de la Diversidad Sexual de la Universidad Nacional). Los resultados al igual que los de los otros semilleros fueron validados en el documento final. Y se pueden ver reflejados en algunos de los apartes citados a continuación.
En la versión informal de la Carta a Nosotros en el título “Propósitos del Juego” al referirse a La generación de la equidad entre las personas se lee: “La eliminación expresa de todas las formas de discriminación por razones sociales, de género, de edad, de etnia, de capacidad física o mental, o por orientación política, sexual, religiosa o cultural son objetivo de la convivencia en Bogotá. Las autoridades encargadas de administrar la justicia policiva en la ciudad deben aplicar la equidad como criterio orientador de sus decisiones”.
Para esa discusión en los Semilleros de convivencia ciudadana, yo preparé un documento al que denominé “Un Espacio para la Vida” . Es los semilleros igualmente participaron la Enfermera Ángela Guali que siendo maestra en la facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia era miembra de la Fundación Apoyémonos y Ricardo Luque, Medico del Ministerio de Salud y quien fue la persona enlace para conseguir la implementación de dicho semillero por parte de la Alcaldía. En el documento que yo presenté en la sede del Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá, el 23.11.97 y ante casi 200 personas, la gran mayoría de ellos población LGBT, textualmente se lee:
“… Las personas cualesquiera que sea su conducta u orientación sexual no pueden expresar públicamente su particularidad como personas sexuadas, es decir, a partir de su identidad sexual particular. Situación que se hace más frecuente en los homosexuales y lesbianas quienes además viven permanentemente bajo la presión que ejerce la familia, la escuela, la iglesia y en general el entorno social, condición que desencadena procesos de crisis que se intensifican por su vivencia particular de coming in. Esta presión, sumada a la necesidad de encontrar alternativas de intercambio, los induce a una vivencia clandestina de su sexualidad, tanto en espacios comerciales (algunos de ellos bastante cerrados y permisivos) como en espacios diferentes al ghetto comercial.
En estas circunstancias las personas se apropian tanto de los lugares privados como de algunos espacios públicos -permisivos o no- para tener la oportunidad de llevar a cabo los procesos que les posibilitan la construcción de su identidad sexual y por su puesto, de su identidad como personas.
Este intercambio clandestino perturba a los individuos y los coloca en conflicto consigo mismo y con la sociedad. La persona en crisis hace parte de la demanda sexuada y su participación en el «mercado sexual» los convierte a su vez para otras personas, en una oferta sexuada.
La presión (chantaje económico) ejercida por algunos miembros de la policía y por otros agentes de la comunidad hacia quienes al interior del mercado sexual se ven obligados a intercambiar en espacios comerciales privados y en espacios públicos motiva asumir la vivencia del encuentro con el otro y la otra como una actividad «anormal» vivida desde el ocultamiento.
La alternativa implantada desde los códigos de policía y por autodeterminación de algunos representantes de la autoridad para corregir a aquell@s quienes viven su sexualidad al margen del patrón socialmente aceptado parece ser la «limpieza». En un seminario sobre tolerancia y sexualidad realizado recientemente por el autor a agentes de policía en Santa Fe de Bogotá, algunos de ellos manifestaron que la mejor alternativa frente a este tipo de problemas se basa en la presunción que, «si en un cesto hay una manzana dañada la mejor manera de evitar que las otras se dañen es sacarla».
Esta «limpieza» implica ejercer permanentemente y como respuesta la violencia contra aquellos individuos que asumen «conductas inmorales». La violencia conlleva el chantaje, la agresión física y verbal, el pago de «peajes», el aislamiento social bajo la forma del encierro en una comisaría e incluso, la violencia sexual…
La comunidad no cuenta con espacios y agentes sociales que apoyen a los individuos en dicha construcción, la escuela, la familia y los diferentes estamentos en la sociedad, incluso generan procesos de violencia y discriminación sobre dichas personas. El individuo en proceso de coming in o de coming out no puede esperar ni espera encontrar en ellos la respuesta o el apoyo necesario, transformando la crisis particular en un problema social…
La violencia no es la mejor alternativa de respuesta a una crisis particular ni de apoyo en la solución de dicha crisis, como tampoco lo son la «limpieza», la discriminación, la intolerancia, la ghetización, o expulsar a las personas de la familia o de la escuela. La respuesta implicaría necesariamente apoyar a la persona en la construcción de su identidad particular, es especial a los jóvenes, ya que al fortalecerla disminuye la vulnerabilidad particular y la posibilidad de que tanto menores como adultos asuman conductas que les posibiliten o aumenten sus riesgos.
Las personas en esta situación y en especial l@s menores se encuentran en alto riesgo de encontrar en su búsqueda de alternativas situaciones que pueden violentarlos permanentemente, tales como juegos eróticos o relaciones genitales indeseadas que les pueden generar traumas físicos y mentales, riesgo de adquirir y desarrollar la infección por HIV/Sida y otras enfermedades de transmisión sexual y de convertirse en consumidores ocasionales o habituales de substancias psicoactivas.
Muy especialmente l@s menores y algun@ adult@s se encuentran ante el dilema de necesitar apoyo y no encontrarlo en la familia, incluso se ven obligados a negar las crisis y aquellas situaciones que esta les produce y ante las cuales se sienten imposibilitad@s para obtener respuestas, sobre todo al interior del bloque familiar y de la escuela, por que conocen de la violencia que pudiera ser ejercida por los familiares, por sus compañer@s en los planteles educativos e incluso por l@s docentes y por otr@s profesionales entre quienes están l@s de la psicología que trabajan con conductas relacionadas con la sexualidad. Esta situación motiva en las personas el rompimiento con sus padres y familia en general, aislamiento social y la deserción escolar, llevando incluso a algunos a convertirse en habitantes de la calle.
¿Qué Hacer?
Buscando evitar estos y muchos otros problemas es necesario crear espacios para la vida en los que hombres y mujeres puedan confrontar su realidad particular en lo referente a su sexualidad. Ya que el desarrollo de la sexualidad no es un problema exclusivo de homosexuales y lesbianas, sino que lo es en algún momento de la vida, un problema de todos los hombres y mujeres en el entorno social. De ahí que la respuesta no debe ser para un grupo minoritario (una extensa minoría) sino serlo para toda la comunidad. Aún cuando, no por ello se puede negar que cada grupo debido a sus particularidades requiere de respuestas particulares, y que dichas respuestas deben motivar e inducir al respeto y la tolerancia como ejes de la convivencia ciudadana.
Los servicios de apoyo que se estructuren desde la alcaldía no deben ser orientados desde las entidades de salud, por que las crisis particulares basadas en la sexualidad no convierten al individuo en un enfermo y el individuo rechaza sentirse o ser asumido como tal; de ahí la importancia de la participación activa de Organizaciones No gubernamentales y de otros estamentos de la sociedad civil con experiencia en trabajo con minorías sexuales.
Las acciones de apoyo que se emprendan deberán estar basadas en un conocimiento y reconocimiento de la población sujeto, ser prestadas a un bajo costo o subsidiadas buscando con ello que l@s jóvenes cuyos ingresos son controlados por otros y las personas adultas de bajos recursos no se vean imposibilitadas de ser apoyadas, deberán ser también de fácil acceso y orientadas por profesionales y expertos en el área de la sexualidad.”
2.10.4.3 Frente artístico y cultural
A los performances como trabajo educativo llegamos luego de un “descubrimiento”. En una mañana de domingo en que realizábamos una caminata hacia la cúspide del Cerro de Monserrate, ubicado en la periferia centro-oriental de Bogotá. Como broma, mientras ascendíamos, Jaime Galindo y yo, que no éramos una pareja, decidimos caminar tomados de la mano. Estando en ello, una pareja de chicas que bajaban del cerro por la misma ruta en que nosotros subámos se quedaron observándonos, se burlaron de nosotros y nos dijeron “mariquitas”, yo les respondí “lesbianas” y una de ellas acotó, no somos lesbianas, a lo que yo repliqué: ustedes se abrazan y pueden hacerlo porque no son lesbianas, nosotros nos tomamos de la mano porque podemos hacerlo, queremos hacerlo y además porque nos amamos… somos homosexuales. Las chicas inmediatamente dejaron de abrazarse y todos los que íbamos en el grupo de caminantes reímos por la ocurrencia.
Optamos por continuar el resto de la trayectoria tomados de la mano y les pedimos a nuestros compañeros de convite que observaran las reacciones de las personas. Nos llamó mucho la atención el hecho de que pocas personas parecían fijarse en lo que sucedía, pero además que quienes observaban y habían respondido positiva o negativamente, eran en su mayoría otros hombres homosexuales.
Mientras tomábamos el tradicional chocolate santafereño en uno de los puestos del mercadillo al lado de la iglesia del señor de los Milagros, ya en la cúspide del Cerro de Monserrate, discutimos sobre la homofobia; no sólo entendida como el rechazo hacia los homosexuales sino en especial de la internalizada, y como ella, nos conducía no solo a negarnos a nosotros mismos sino además a coartar la libertad de otros homosexuales.
Decidimos entonces que deberíamos hacer un trabajo militante contra la homofobia y realizar algo similar a lo que habíamos hecho subiendo a la cúspide del Cerro, pero hacerlo planificadamente, en el centro de la ciudad y en otros lugares, al medio día y otras horas de alta confluencia de ciudadanos.
De lunes a viernes y durante todo septiembre de 1981, un grupo de seis miembros de Ventana Gay, al medio día y hacia las 5 y media de la tarde, por ser horas pico en la movilización de transeúntes, salimos de la sede de la Revista, ubicada a tres calles de la zona más álgida del centro de la ciudad, y tomados de la mano caminábamos desde la esquina del edificio de Avianca (carrera 7ª con calle 15) hasta la esquina de la carrera 7ª con calle 19, cuatro calles que eran y siguen siendo el espacio de más alta movilidad peatonal del centro de la ciudad.
Una pareja, generalmente Galindo y yo, éramos quienes nos tomábamos de la mano y los otros cuatro observaban las reacciones. A la semana de estar en esta actividad decidimos que haríamos algo similar pero ubicándonos cerca de los semáforos en los cruces de las calles sobre la carrera séptima y ampliamos el espacio de trabajo en cinco calles más, hasta la calle 24, esquina de la Terraza Pasteur. La variación consistía en que justo en el momento en que el semáforo se ponía en rojo, la pareja elegida se besaba en la boca, mientras los demás miembros del equipo observaban.
En muy pocas oportunidades los transeúntes se dirigieron a nosotros para agredirnos verbalmente y nunca hubo una agresión física, pero cuando nos recriminaron respondíamos que el Código penal colombiano no condenaba la homosexualidad y menos aun las manifestaciones afectivas en público. En dos oportunidades, miembros de la policía intentaron detenernos y nosotros respondimos con el texto de nuestro “guión” preestablecido, haciendo énfasis en que el Código de Policía de Bogotá no podía estar por encima del Código Penal colombiano, argumento con el que disuadimos a la policía de nuestra detención.
Este performance cambió nuestra manera de saludarnos, la práctica de saludarse de beso en la mejilla o en la boca se fue extendiendo a casi todos los miembros del MLHC y de nosotros hacia otros homosexuales y lesbianas que aun cuando no eran nuestros compañeros de lucha, si lograron comprender la importancia de recuperar los espacios públicos y manifestaciones afectivas que nos habían sido arrebatadas.
Como en Bogotá algunos miembros de la Policía, sustentados en el Código que regía su actuar, detenían a los homosexuales en los bares cuando los encontraban bailando en pareja, se había convenido un acuerdo tácito entre los clientes y los dueños de los bares sobre no bailar cuando estaban presentes miembros de la Policía, el convenio se hacia efectivo cuando se anunciaba la presencia policial por medio de una luz roja, que se encendía sobre la puerta de acceso al bar y en algunos casos se acompañada del sonido de la campana de un timbre parecido en su sonido al de una sirena de ambulancia. En la Revista decidimos que nos haríamos presentes en los bares, bailaríamos en parejas del mismo sexo, justo cuando la Policía se hiciera presente y que ante la posibilidad de ser detenidos nosotros mostraríamos el Código Penal colombiano y demostraríamos que legalmente estábamos en nuestro derecho; y que, en caso de ser detenidos Guillermo Cortés en su función de abogado acudiría en nuestro auxilio.
Durante los viernes y sábados de todos los fines de semana de octubre y noviembre de ese mismo año, realizamos nuestro baile no solo como una acción educativa sino especialmente como un acto político; inicialmente los dueños de los lugares no estaban de acuerdo con nosotros en que hiciéramos nuestra representación en el momento de la presencia policial, pero Plinio, el dueño del “Piscis Bar”, nos apoyó en la idea e incluso nos facilitó los micrófonos para anunciar que bailar no era delito y tampoco lo eran las expresiones afectivas en publico.
En los primeros intentos de realizar el performance solo bailábamos Jaime Galindo y yo, pero algunos amigos se nuestros se fueron uniendo a la marcha que realizábamos por todos los bares del centro de la ciudad hasta que un grupo se amplió a más de 15 parejas, lo que nos permitió dividirnos en dos grupos de trabajo. La colaboración de los dueños y administradores de los lugares fue muy importante porque logramos que no se nos cobrara el ingreso, nos facilitaran los micrófonos e inclusive que nos dieran una bebida cuando les visitábamos para realizar nuestra actuación.
Esta recepción positiva por los dueños y administradores de los lugares era una ganancia obtenida previamente con las actividades de promoción de las reuniones del GELG y posteriormente al visitarlos para realizar la venta y difusión de la revista Ventana Gay. A partir de ese momento no volvieron a presentarse detenciones en los bares, que tuvieran como excusa la homosexualidad y dejó de ser necesario el bombillo rojo y el timbre sobre la puerta de ingreso a los bares.
Aun cuando inicialmente los performances surgieron como una improvisación a partir de una vivencia particular que no se había pensado como una estrategia comunicativa/educativa, al presentar la propuesta al Comité de educación de la revista Ventana Gay, se llevó acabo una reflexión sobre si tendría sentido realizarlos o no y luego de aceptar la propuesta se pasó a escribir un documento que justificara nuestra acción. Al respecto escribí un texto de uso interno denominado “Comunicación alternativa para la movilización de actitudes, conocimientos, prácticas y comportamientos, por medio del uso de Performances como estrategia educativa”, producido con fecha septiembre de 1981, en el que se lee textualmente :
“Tal vez uno de los problemas más preocupantes con los que nos encontramos en el GELG, posteriormente en el MLHC y finalmente en el Proyecto Ventana Gay es que son muy pocos los homosexuales quienes llegan a nuestras acciones educativas directas, así que es necesario plantearnos otras estrategias, partiendo del aprendizaje que ya tenemos sobre la necesidad de participación de los grupos destinatarios para hacer más efectiva la educación.
Saliéndonos del enfoque tradicional de la educación, proponemos centrarnos en un modelo de comunicación alternativa que recupere las bondades de lo participativo, en el que los asistentes desempeñen la doble función de emisores y receptores, con lo que se busca desarrollar en las personas en la calle (ciudadanos de los que no conocemos su orientación sexual) y especialmente en los bares (de quienes sospechamos que en su alta mayoría son homosexuales o lesbianas) su potencialidad como sujetos con la capacidad para pensar y decidir acerca de sus derechos, al motivar en ellos(as) la discusión en grupos naturales.
El punto de partida de nuestra puesta en común por medio de los performances logrará en los asistentes a los bares y los transmutes, como espectadores ocasionales, un proceso de discusión que se centra en su visión del mundo como sujetos políticamente sexuados o sexualmente politizados, tomando en cuenta sus necesidades en cuanto sujetos vulneradores o a los que se les ha vulnerado su derecho a la libre expresión de sus afectos y al ejercicio pleno de su sexualidad. Todo ello con el fin de motivar la toma de decisiones a partir del conocimiento que obtendrán con relación a los cambios en la norma legal en lo pertinente a la homosexualidad contemplada hasta el momento, como delito.
Común-unicar es hacer de uno lo que tiene el otro, en consecuencia toda comunicación es a su vez un compartir significados. No se comparte como un espectador inmóvil e inamovible sino se comparte desde la acción, ya sea esta una respuesta violenta, un acto de complacencia, un signo de probación, un guiño de complicidad; en tal sentido, participar es compartir con el otro acciones, explicaciones y emociones.
La educación es entonces el lugar en el que se construye la red de experiencias, conocimientos y sentimientos. La educación no es posible sin la comunicación, y la comunicación se construye en la red de conversaciones, en la red de los perfomances cotidianos, en la red de la expresión de los sentidos (tanto de la expresión de sentimientos como de la posibilidad de entender o dar razón, en cuanto discierne las cosas y está en posibilidad de hacer la recepción y reconocimiento de sensaciones y estímulos que se producen a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto o el tacto, o la situación de su propio cuerpo por medio de ellos) y del compartir conocimientos por medio de discursos verbales (narrativas), no verbales (gestos, movimientos) y de facto (el hecho mismo, en contraste con el dicho o con lo pensado).
Para nosotros, en el comité de educación en Ventana Gay, es evidente que la comunicación y la educación, aun cuando independientes, están estrechamente ligadas en cuanto que como seres humanos tenemos la necesidad de comunicarse-nos y aprender.
Nuestra experiencia en Heliogábalos nos ha demostrado igualmente, que algunos mensajes entregados oportunamente y con un contenido crítico sobre nuestra cotidianidad transforman la comunicación (en este caso por medio del arte) dado que pueden romper las barreras impuestas por los modelos tradicionales de comunicar y hacer arte, en una acción a la que denominamos “común-unicar-arte”.
Los performances han sido un descubrimiento en nuestro esfuerzo por hacer del “común-unic-arte” una experiencia que nos permite no solo reconocer-nos sino que además en dicho proceso conocemos sobre nosotros mismos y los demás, al mismo tiempo que aprendemos sobre el arte y nuestras propias posibilidades como comunicadores y artistas.
El modelo de “común-unicar-arte” implica dos fases en la estrategia comunicativa: en primera instancia la posibilidad de oír un mensaje y/o la visión del mismo y, posteriormente, la reflexión y discusión.
El performance contempla no sólo un audio en directo y siempre cambiante (que se improvisa en cada lugar al que tenemos acceso) y además una visualización de la actuación consistente en: a. ver a dos hombres caminar por la calle tomados de la mano; b. besarse en un espacio publico; o, c. bailar como pareja conformada por dos personas del mismo sexo en un lugar donde tradicionalmente no estaba permitido hacerlo. Por otra parte, en la comunicación alternativa que usa los performances cada observador igualmente se desempeña como emisor y receptor para convertirse en coautor de los mensajes, al crear-se las condiciones para que entre los presentes comenten sus propias percepciones, rechazos, temores o aceptaciones con relación a lo observado.
Los objetivos de actuar los performances ante estos públicos son: hacer del arte una experiencia comunicativa que posibilite la reflexión sobre la legislación, los derechos y la sexualidad; lograr que los asistentes vivan por sí mismos la posibilidad comunicativa haciéndose participes de la construcción de las obra a partir de sus propias experiencias, emociones y conocimientos; proveer a los participantes información sobre los cambios en la norma, utilizables en la construcción de sí mismo como sujeto de derechos y que además puede ser utilizada para sensibilizar-se como sujeto de una norma que ni siquiera conoce que existe pero que igualmente le afecta; autorizarse a vivir a partir de las posibilidades encontradas en el cambio del Código penal colombiano.
El resultado en los espectadores será eminentemente particular. Cada observador-participante tomara para sí a partir de su sensibilidad, su propia historia y del acercamiento o alejamiento que tiene con los temas tratados. Se movilizan actitudes y reflexiones con respecto a actitudes, comportamientos y prácticas.
Tomarse de la mano con una persona del mismo sexo, besarse en un espacio publica con otro homosexual, bailar con alguien que también es homosexual son además de procesos comunicativos educativos, actos políticos por cuanto desestabilizan al sistema social, transforman la norma cultural y nos expones públicamente como sujetos autodeterminados en su sexualidad, en su cuerpo y en las expresiones afectivo corporales propias de un sujeto homosexual.”
En 1998 realicé el video “Con todas las de la ley” este tiene como imagen de cierre un beso en la boca entre dos hombres (Luis posa y yo), parados en la esquina de la Calle 19 con carrera séptima en la zona centro de Bogotá, como una recordación de nuestro trabajo en torno a nuestros derechos sexuales, iniciado con el performance 17 años antes.
2.10.4.4 Frente educativo
La estrategia educativa planteaba la realización de una serie de talleres con relación a los cambios en el Código Penal colombiano y los efectos que estos tendrían en nuestros derechos y posibilidades como homosexuales, que fueron llevados a cabo por el equipo de trabajo de Ventana Gay. Las acciones de la estrategia educativa realizadas en otros departamentos del país fueron financiadas por los dueños de los bares en las ciudades en las que se ejecutaron, dicha financiación consistió en gastos de transporte, alojamiento en casa de una persona en la ciudad correspondiente, gastos de alimentación y de transporte local. Siendo esta la primera vez en la que recibimos dicha financiación para nuestro trabajo educativo.
Realizamos en el MLHC con el apoyo de la Revista Ventana Gay y de los dueños de bares en Bogotá, Bucaramanga, Medellín y Cali; bajo una misma necesidad se decidió trabajar con dos grupos de objetivos y con sus respectivos procesos educativos. Las acciones se desarrollaron en dos jornadas llevadas a cabo en un fin de semana, trabajando ocho horas el sábado y cuatro horas el domingo, siendo la primera vez en la que se convocó a lesbianas a un proceso de capacitación.
La actividad formativa en Bucaramanga y Cali fue coordinada y ejecutada por Jaime Galindo y Manuel Velandia, en Medellín fue realizada por León Zuleta en colaboración con Ebel Botero y en Bogotá al equipo de Galindo y Velandia se sumaron los abogados Guillermo Cortés y Duque Lemarie.
A continuación transcribo los documentos orientadores de la “Estrategia educativa sobre los cambios en el Código penal colombiano y los efectos que estos tendrán en nuestros derechos y posibilidades como homosexuales ” y sus respectivos talleres:
Necesidades:
Conocer cambios en el Código penal colombiano;
Disminuir agresión policial en Bogotá;
Comprender que la homosexualidad ya no es contemplada como delito;
Integración de lesbianas al MLHC.
Objetivos actividad Nº 1:
Conocer artículos pertinentes del Código penal colombiano.
Reconocerse ciudadano de segunda clase, que por no ser reconocido plenamente en iguales condiciones a las personas heterosexuales no goza plenamente de sus derechos.
Movilizar políticamente a los homosexuales para que exijan el cambio de la norma vigente; asumir que por ser homosexual se es delincuente.
Cambio individual esperado: Asumirse sujeto activo de la norma; asumirse sujeto político con voz ante los hacedores de la norma; reconocer-se en el rol de victima de la norma.
Transformación sociocultural esperada: Los magistrados pueden hacerse voceros de los intereses de los ciudadanos.
Estrategia: Taller de socialización. Actividad lúdica orientada a la reflexión. Publicación de artículos en Revista Ventana Gay.
Facilitadores del proceso Educativo: MLHC/Revista Ventana Gay/Lambda Gay. Guillermo Cortés, Abogado; Duque Lemarie; Abogado; Manuel Velandia, estudiante de sociología.
Duración: ocho horas
Usuarios: miembros y simpatizantes del MLHC; dueños de bares en cada una de las ciudades.
Objetivo actividad Nº 2:
Reconocerse en el nuevo status legal;
Asumirse vulnerable por efecto de la homofobia internalizada;
Movilizar políticamente a los homosexuales para que evidencien su presencia social ante la comunidad y ante la policía; hacerse visibles en espacios políticos de las izquierdas colombianas;
Transformar el imaginario de que los homosexuales son una "lacra social";
Integración de lesbianas al MLHC.
Cambio individual esperado: Asumirse sujeto activo de la norma; asumirse sujeto político y social conocedor de sus derechos; militancia política activa.
Transformación sociocultural esperada: Evidenciar que la norma ha cambiado y los homosexuales no son delincuentes. Participación activa en actividades políticas de los sindicatos;
Estrategia: Talleres de socialización en Bogotá, Cali, Medellín y Bucaramanga. Negociación con dueños y administradores de lugares; Performances en bares en presencia de la policía y en lugares de alta movilidad social en Bogotá; presencia en foros sociales, políticos y educativos; convocatoria y participación de lesbianas.
Facilitadores del proceso Educativo: MLHC/Revista Ventana Gay/Lambda Gay. Guillermo Cortés, Abogado; Ebel Botero, Filósofo; Manuel Velandia, Sociólogo; León Zuleta, Filósofo; Jaime Galindo, Militante gay: miembros del MLHC.
Duración: cuatro horas
Usuarios: miembros del MLHC y simpatizantes; dueños de bares en cada una de las ciudades.
El Instituto Lambda de Colombia se fundó en 1.982, al interior de la Ventana Gay, teniendo como germen a Lamida gay. Fue una asociación a favor de la causa homófila que se distinguió por su producción teórica y cuyas actividades coordinamos conjuntamente con Cortés y Víctor Hugo Duque Lemarie, igualmente profesor universitario, quien ingresó como miembro nuevo al movimiento en este mismo año, y quien igualmente fue nombrado jefe de redacción de Ventana iniciándose así la tercera y penultima etapa de la revista. Lambda se inspiró en una organización similar que el FAGC impulsó en España con el mismo nombre. Armand de Fluviá propició junto con Antoni Mirabet, la fundación del ya clausurado Instituto Lambda de Barcelona, creado en 1976 como proyecto dirigido especialmente al colectivo homosexual necesitado de información y orientación y de un espacio donde relacionare con otros homosexuales y lesbianas. Una asociación hecha para dar lugar al trabajo voluntario de aquellas personas dispuestas a un compromiso con las necesidades de los homosexuales, sin vincularse a ninguna opción política. A Mirabet tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en Montreal en 1989 durante la “V Conferencia Internacional de sida”, él es el autor del libro “Homosexualidad hoy”.
Una vez la homosexualidad dejó de ser delito en Colombia, el trabajo se orientó en grupos de trabajo mucho más pequeños y especializados, siendo más frecuentes reuniones como la de los grupos de apoyo a las parejas homosexuales, coordinados por Cortés y Velandia, y las del Instituto Lambda de Colombia.
Algunas mujeres ingresaron a “Ventana Gay” a partir de las capacitaciones sobre el tema de los aspectos legales de la homosexualidad e hicieron parte del equipo de trabajo, ellas fueron Maria Inés Armenta y Yolanda Clavijo. Ventana Gay ganó en 1982 el premio de la IGA (International Gay Association) a la mejor publicación gay internacional del año.
En un artículo de mi autoría publicado en Revista Semana, en septiembre de 1982 y titulado “Hacia una liberación gay” , se lee textualmente.
S Se admite comúnmente que en la sociedad postindustrial y neocapitalista ha habido un considerable aumento de la libertad sexual, e incluso se ha hablado de una revolución sexual, pero muy en el fondo sabemos que en nuestro medio no se ha dado un verdadero proceso de liberación. Es casi nulo el avance en cuestiones que se separan de la sexualidad oficial.
En Colombia el movimiento de liberación homosexual no ha tenido una historia tan larga como en otros países, pues nacimos pocos años después de lo que se llama la "tercera etapa", aquella marcha del "stonewall", que reunió cerca de 50.000 caminantes en junio de 1968, en la ciudad de Nueva York.
El reconocer como hipótesis ciertamente falsa el que los otros países que van adelante tienen el proceso ideal, nos hizo revisar nuestro trabajo y nos hizo buscar soluciones a nuestras necesidades, partiendo de las condiciones y posibilidades con que contábamos. Al replantearnos estas y otras cuestiones, observamos un problema aún más grave: estábamos perdiendo nuestra materia prima, el intelecto colombiano, o mejor aún, la intelectualidad y capacidad de lucha del gay colombiano. Tratando de salir del subdesarrollo en que nos encontrábamos, se buscó una orientación grupal, y nos decidimos por las propuestas de la antipsiquiatría de inspiración terapéutica radical. Ya en 1976 se dieron algunos pasos con base en la propuesta de "sex-pol", planteada por León Zuleta en el número 8 de "Sexo y Política".
Agustín Cortés, otros militantes y yo decidimos darles a nuestros compañeros gay la posibilidad de liberarse, de salir de la falocrática, heterosexista y homofóbica opresión en que la sociedad nos había venido sumiendo, y creamos el GEL --Grupo de Encuentro por la Liberación de los Gay--. Esto atrajo gente --conscientizada o no-- que se añadió a los grupos de trabajo y a las actividades realizadas. De allí surgió nuestro órgano informativo, la revista "Ventana Gay", que ya cuenta con diez números, y allí se decidió la no integración nuestra a los grupos políticos de izquierda o de derecha, a diferencia de casi todos los grupos y organizaciones homófilas del mundo. Nosotros no estamos integrados a la izquierda oficializada, pues ellos no han replanteado su posición frente a la opción individual del militante, y mucho menos se han replanteado su opción sexual. Ellos en su trabajo insisten en el fenómeno de la necesidad de la producción-consumo y en la alienación económica y material del sujeto en el proceso de producción. Aunque la época de Marx no conoció los adelantos en la psicosexualidad, esto no obsta para que busquemos un punto de entronque alejado de todo determinismo de uno u otro lado. Esta inserción origina una renovación de las categorías concretas -conceptuales- para el análisis de la sociedad a dos niveles: macro y microsocial, lo que redunda en cuestionamientos y creación de objetivos: consolidación de un marco para el análisis y el cuestionamiento político del Establecimiento a todos los niveles de producción, cultura, relaciones, rol sexual, religión, moralidad, educación, economía, etc.
El solo hecho de ser homosexuales nos sitúa ante la ley como individuos que atentan contra la moral pública y las buenas costumbres, ante la iglesia como pecadores. En el trabajo o en la calle no podemos manifestar nuestra afectividad, pues corremos el riesgo de ser señalados. Nosotros tenemos que ocultar nuestra vida privada.
Frente a esta realidad, los gay hemos querido no quedarnos con los brazos cruzados. Desde el siglo pasado se han venido dando reivindicaciones, hemos protestado. Nos hemos hecho solidarios cuando nos enteramos de algún caso. Nuestra lucha se dio y se sigue dando cotidianamente y en forma individual, cada vez que nos autorizamos a besar en la calle, a tomar una mano, ayudamos a alguien a superar su represión y levantamos nuestra voz para defender nuestros derechos.
Porque nuestra lucha es esencialmente ideológica, nuestro trabajo es ideológico. A este nivel realizamos charlas, mesas redondas, reuniones semanales, actividades culturales, fiestas, seminarios. Acudimos a simposios, conferencias relacionadas con la sexualidad. Nuestra voz es oída: respondemos con cartas a los diarios, revistas, programas televisivos y radiales que asumen una u otra postura frente a la gaycidad, buscando ofrecer claridad sobre este tipo de vida. Nosotros buscamos dar respuesta a las inquietudes religiosas, familiares, sociales, educativas, jurídicas, médicas, etc.
Nosotros nos hacemos solidarios en caso de discriminación, represión, violación de derechos, así como pedimos solidaridad a través de micromedios de comunicación.
En la vida cotidiana buscamos nuevas formas de relación entre nosotros mismos y con los demás.
Somos conscientes de una transformación de las estructuras sociales, por lo que no somos meramente una organización reivindicativa, sino un proceso revolucionario en la sociedad de la que hacemos parte.
2.10.4.5 La protesta política, un acto militante
En 1982 desde el MLHC y con el apoyo de “Ventana Gay” planeamos y realizamos el “Primer Encuentro Latinoamericano de organizaciones homosexuales” La sede de este evento internacional fue la de la ADE Asociación Distrital de Educadores, en Bogotá y como culminación de tres días de deliberaciones se llevó a cabo la “Primera Marcha del orgullo gay colombiano”, el miércoles 28 de junio de 1982.
El interés de la Marcha fue destacar la importancia que tenía lograr el cambio del Código de Policía de Bogotá ajustándolo al nuevo Código Penal, mostrar los logros obtenidos a partir del cambio en el Código Penal colombiano y distanciarnos de la idea de que por ser homosexuales éramos guerrilleros o delincuentes.
En esta marcha tan solo hubo unos 30 participantes de Bogotá, algunos caminantes procedían del “Greco” de Medellín, y muy pocos eran nuestros visitantes internacionales; un contingente de 100 policías estuvo rodeándonos desde que iniciamos el desfile hasta que culminó en la Plazoleta de las Nieves, con un acto político discursivo, realizado desde una tarima cedida por el Sindicato de trabajadores de la ETB, Empresa de Teléfonos de Bogotá.
En esa oportunidad León Zuleta y yo, nos dirigimos a los asistentes. No teníamos un discurso preparado, así que ambos improvisamos; León hablo se sexo y política, yo lo hice sobre las razones por las que habíamos marcado nuestras mejillas con un triángulo de color rosa (símbolo con el que marcaban a los homosexuales y objetores de conciencia en los campos de concentración en Alemania) e identificado con el numero de nuestro documento de identidad, también sobre por qué marchábamos enarbolando dos pendones que, igualmente a la estrategia del rostro pintado, yo había ayudado a diseñar, y cuyos textos decían “Ni delincuentes ni antisociales, simplemente homosexuales” y “madre si tu amas a tu hombre, deja que yo ame el mío”.
¿Yo, delincuente? Fue la pregunta que durante la preparación de la marcha, se hicieron y respondieron algunos de los treinta participantes que se atrevieron a dar públicamente la cara. Claro que si lo éramos y lo habíamos sido según el Código Penal colombiano del 36. Por ser delincuentes, nos había detenido en varias oportunidades la Policía, escudados en el Código de Policía de Bogotá; por ser delincuentes, según el Estatuto Docente, se nos podía excluir de nuestra actividad como maestros; por serlo, algunas personas estuvieron encarceladas y otras se cortaron sus brazos para no estarlo; pero además, así nos veían nuestros padres y madres que afirmaban coloquialmente algo que aun muchos padres y madres siguen afirmando “Prefiero un hijo delincuente, que un hijo homosexual”
Las fuerzas militares, durante mucho tiempo, nos habían identificado a los homosexuales con la guerrilla, pues era “vox populi” que en la cúpula del Ejercito de Liberación Nacional ELN había homosexuales. Por esa misma razón en la Primera Marcha uno de los pasacalles que hicimos y portábamos, afirmaba “Ni delincuentes ni antisociales, simplemente homosexuales”.
También se nos identificaba, y se sigue haciendo, con la “izquierda política”, con “ser comunistas” y la izquierda a su vez nos identificaba como “escoria política”. Para otros éramos la “degeneración de la especie”. Desde que Oswald Spengler escribiera “La decadencia de Occidente” somos entendidos, por algunos, como la causa de la disminución de la población en las curvas demográficas, y origen y resultado de la “corrupción espiritual”; ya que, empatando las ideas, para muchos “lideres espirituales cristianos”, se es causa de la corrupción espiritual porque se pertenecer a la izquierda o simplemente se es comunista.
Con relación a la marcha se publicaron artículos en los principales medios masivos de comunicación colombianos y Revista Semana dedicó varias páginas al tema . La estrategia que con los jóvenes y desde “Ventana Gay” habíamos planteado con posterioridad al Encuentro Latinoamericano fue tomar espacios en los sindicatos y en los grupos universitarios, y permear con nuestro discurso a los sindicalistas; así lo hicimos durante cinco años, incluso algunos de los miembros marchamos cada primero de mayo, entre 1.984 y 1.986 como “contingente de trabajadores homosexuales”.
Respecto a los cambios en el Movimiento homosexual, dice la Revista Semana “Un grupo de jóvenes intelectuales se dio a la tarea de editar la revista Carreta Libertaria, una de las primeras publicaciones que reflejaban este fenómeno y cuyo núcleo promovió posteriormente el surgimiento de movimientos como el Feminista Radical y otros del mismo tipo”.
En mayo de 1.983 Ventana Gay inició su cuarta y ultima fase con un ensayo de trabajo con otras formas organizativas, fundamentadas en el anarquismo y con dirección no autocrática. En el mismo año y con la misma filosofía surgieron la Agrupación Cóndor y su medio de comunicación “Hoja Gay Libertaria”. Los jóvenes se organizaron en el Colectivo Orgullo Gay, CORG un proyecto político anarquista.
Con dicho ensayo, a finales de 1.984 se acabó la revista Ventana Gay, que hasta el momento sigue siendo la revista con temática homosexual, de mayor permanencia en Colombia: 20 números y cuatro años continuos de trabajo. Ventana Gay circuló internacionalmente desde su número uno, ya que pensamos que era la mejor oportunidad de tener un instrumento de intercambio con las demás organizaciones gay del mundo.
La diversidad de posturas al interior del Movimiento homosexual colombiano, fue una permanente constante, que movilizó un gran desarrollo conceptual. Al respecto, la Revista Semana, al hacer en 1986 un recuento sobre la historia del movimiento homosexual colombiano, afirmó en sus páginas:
“En forma paralela al desarrollo de los movimientos urbanos de izquierda y de su lenguaje libertario importado de Francia y de sus legendarias jornadas de mayo de 1968, surgió la consigna entre los homosexuales colombianos de "salir de los closets". Nacieron entonces toda suerte de movimientos liberacionistas que pretendían otorgarle un carácter militante a la condición del homosexual.”
Un recuento posterior sobre la historia del movimiento fue escrito por mí, en 1999, con el titulo Historia de las organizaciones de minorías sexuales en Colombia: una historia de primera mano.
2.10.5 Sacar la cara por esa ventana, que son los medios
La primera marcha del orgullo gay me dio la posibilidad de realizar la segunda nota de televisión; fue la oportunidad más grande que se me haya dado para aprender sobre el poder que ejercen los medios de comunicación y la razón que me motivo a interesarme en trabajar en ellos.
En esta ocasión pude darme cuenta que los medios pueden utilizar a los entrevistados y lo dicho por ellos, en este caso a los homosexuales, para al editar las notas y artículos poner a sus fuentes a decir lo que el medio desea informar a pesar de lo que los entrevistados hayan dicho. Ilustro la anterior afirmación con un ejemplo: el periodista que en esa ocasión me entrevistaba, me preguntó ¿Cuántos homosexuales hay en Colombia? Yo le respondí “El cincuenta por ciento o más de los hombres (hice un corte en el texto y bajé el tono de la voz); luego seguí diciendo, “han tenido por lo menos una relación sexual con otro hombre”. Al ver la nota en la televisión me sorprendí porque habían editado mi respuesta justo en el corte que yo había hecho y tan solo salió al aire esa primera parte de la respuesta. No fui el único sorprendido, pues varias personas me recriminaron por haber dado “esa declaración” y por haberme inventado una cifra, tan poco real. Fue evidente que lo que se vio era mi imagen y lo que se oía era mi voz, y que por tanto, yo lo había dicho, así no fuera dicho de la forma como se hizo publico.
Aprendí el valor que tiene la puntuación en aquello que comunicamos; la necesidad de dar respuestas concretas, acordes con el tiempo que el medio espera utilizar en la noticia que con nosotros como fuente se produce; tomé conciencia de que cuatro segundos de silencio entre una parte de la respuesta y la siguiente, es el tiempo necesario requerido por un editor para cortar la respuesta cuando esta le parece demasiado larga o repetitiva.
Luego, hablando con periodistas que me fueron entrevistando a lo largo del tiempo, además fui asimilando otros conocimientos. Se debe responder usando la respuesta, porque de lo contrario la contestación se puede utilizar en un contexto y tema diferente al original; sin importar lo que el periodista pregunte, en especial si se está en directo (en la televisión o en la radio), se puede acomodar la respuesta como entrevistado para informar lo que se desea comunicar; los periodistas pueden ser excelentes aliados si logran comprender y asumir la importancia de lo que deseamos comunicar, de ahí que debe hacérselos sensibles al tema; los medios requieren de las fuentes pero estas pueden ser en muchos casos, tantas y tan variadas, que no somos indispensables, de ello se desprende que hay que estar disponible, pero no por ello hacerles las cosas tan fáciles como para suponer que pueden contar con uno, en cualquier momento o cuando ellos decidan.
Estos aprendizajes los utilicé desde cuando los asimilé en todas las entrevistas, posteriormente en mis propios programas de televisión y de radio, como también en los procesos de capacitación que en varias oportunidades hicimos para la formación de lideres LGBT, a quienes educábamos porque como parte del proceso se convertían en fuentes que debían comunicar a los medios con relación a las actividades que realizábamos como organizaciones gay, tales como promocionar las marchas del orgullo gay y las acciones y actividades de sus respectivas organizaciones de base.
La primera nota de TV con Fernández Gómez me permitió conocer a los periodistas Maria Luisa Mejía (Jefe de redacción) y Jairo Alberto Marín, quienes laboraban en el Noticiero de las 7; con ellos hice varias notas relacionadas con el movimiento homosexual en Colombia y sobre el sida. Fui amigo de Maria Luisa hasta su muerte y sigo siendo amigo de Marín.
Marín, quien es homosexual, posteriormente se trasladó a vivir a los Estados Unidos de Norteamérica, para trabajar con una importante cadena de televisión. En ese país publicó una serie de artículos sobre nuestro movimiento, muy especialmente relacionados con el tema de la “limpieza social” de homosexuales. Marín tenía un interés personal en el tema, dado que su hermano murió asesinado por miembros de la policía, en Villavicencio. Al respecto cito textualmente una parte del documento denominado “Movimiento gay en Colombia: una historia” .
En 1985 en Villavicencio se inicia en Colombia una serie de asesinatos a hombres homosexuales, siendo una de las primeras víctimas Guillermo Marín. Algunos de ellos fueron asesinados por el hecho de serlo, a otros se les “condenó” por ser travestíes o por estar vinculados a la prostitución. Jairo Alberto Marín un reconocido periodista colombiano residente en los Estados Unidos fue el primero en hacer eco en ese país de las denuncias que varios organismos de derechos humanos en Colombia hicieron ante organismos nacionales e internacionales sobre la muerte y tortura de más de 740 hombres homosexuales, entre 1985 y 1.992, en Bucaramanga, Villavicencio, Cali, Medellín, Manizales y Bogotá, por organizaciones tales como La Mano Negra, Muerte a Homosexuales, Amor A Medellín, limpieza de Cali, Escuadrón de Limpieza Social.
Los artículos de Marín, los testimonios de El Grupo de Ambiente y de Velandia quien fuera varias veces amenazado de muerte a causa de su militancia (quienes lograron documentar 328 casos de asesinatos ocurridos entre 1.986 y 1.990), aparecieron en Revistas como Los Angeles Times, The Advocate, Action Alert de IGLHRC, en los informes de la BBC y Amnistía Internacional entre otras. León Zuleta es tal vez el más reconocido de los asesinados por sus acciones en derechos Humanos de las minorías sexuales en Colombia. Sin embargo, la violencia contra los homosexuales en Colombia también es ejercida desde otros ámbitos, por ejemplo, en 1.989 el Ministerio de Salud por Intermedio del Jefe del Programa de Epidemiología le exigió a la ONG Grupo de Ayuda e Información GAI que cambiara su nombre si quería aceptar el presupuesto por ellos ofrecido para sus programas de Sida, porque “eso” sonaba a gay y podría ser identificado como que el Ministerio apoyaba a los homosexuales, tal vez olvidando que fue un homosexual: Velandia, quien inició 6 años antes (1983) los programas de prevención de Sida en el país.
Con la directora de cine Margarita Carrillo trabajé en la producción del video “Un vuelo de vida” para el Ministerio de salud, sobre la vida con sida de Gabriel Calvo Massie, el libreto fue de Ignacio Zuleta y la locución de Constanza Vieira. Dos años después la acompañé en la producción de “Todo va enlazado” realizado para la Defensoría del Pueblo: el video muestra la diversidad sexual a partir de la explicación de la biodiversidad del planeta. El guión del mismo fue elaborado por la periodista Constanza Vieira. En el video aparecen personas homosexuales en diversas formas de producción, una de ellas es una lesbiana habitante de la calle y recicladota, otro personaje es una transvesti “marica carolina quien se mueve en el mundo de la moda y la belleza; un homosexual que trabaja y es miembro de una asociación de impedidos mentales; un homosexual que es policía y un homosexual que es un maestro universitario, que soy yo, pero igualmente aparecen muchas otras personas que no son homosexuales pero si hacen parte de las minorías del país, como las étnicas y las religiosas.
Pareciera ser que el interés sobre el tema de la homosexualidad fuera exclusivamente de periodistas mujeres y de hombres homosexuales, ya que siempre han sido ellos y ellas quienes en su mayoría me han entrevistado, excepto cuando las entrevistas fueron sobre temas políticos, ya que estos temas generalmente son cubiertos por hombres, en Colombia.
Mi experiencia con las mujeres periodistas, es que ellas comprenden mucho mejor lo que nos sucede a los homosexuales, muy especialmente si son feministas; en muchos casos ellas se hacen amigas y cómplices, y que dicha complicidad parece estar relacionada con el hecho de que ellas como mujeres también han estado discriminadas y tienen una mayor conciencia de la significancia que tienen los diverso tipos de violencia ejercidas contra las minorías. Las mujeres, al igual que los homosexuales, también son minimizadas, estigmatizadas, excluidas, y muchas veces maltratadas verbal, emocional y físicamente.
Diría que también tiene que ver con que el objeto de su deseo lo mismo que para nosotros son igualmente hombres y que además, comparten con nosotros ciertos gustos que las hacen cercanas a nuestra cotidianidad. A ello habría que sumar que en nuestro país quienes mas se mueven en la estética femenina son homosexuales y que ellas tienen muchos amigos quienes son personas laborando en este ramo productivo.
2.10.5.1 Por- no-grafía
Grafía significa 'descripción', 'tratado', 'escritura' o 'representación gráfica. Por no grafiar, mejor dicho, por no escribir nuestras experiencias, los homosexuales hemos perdido parte de la historia, y cuando ésta no se escribe y asume, no es posible trascenderla. Durante muchos años nuestra palabra se quedó en el discurso de la oralidad, expresado en voz baja y a puerta cerrada, en la sala de un apartamento o en la silla trasera de un transporte publico.
En la medida que los homosexuales, posteriormente las lesbianas y mas recientemente las trans, nos dimos cuenta que uno de nuestros derechos es la Libertad de expresión, y lo asumimos, fuimos tomado conciencia de la importancia de construir estrategias comunicativas.
Yo decidí escribir porque generalmente otros lo hacían por mí, escribían lo que les provocaba a cerca de nuestras vidas, derechos, participación social como homosexuales, e ilustraban sus textos con las imágenes que deseaban, casi siempre expresando contenidos homofóbicos.
"Comunicar requiere prudencia. Disentir acerca de lo que alguien hace o deja de hacer en su intimidad no es tarea de los periodistas" La violencia infringida por la… (periodista) merece un análisis más profundo que la respetuosa nota publicada por ustedes en la sección ‘Enfoque’ bajo el título ‘Afrenta’, en la edición 996 de junio 4.
Lo que cada uno de nosotros decide ser o vivir es una cuestión eminentemente particular, hace parte de su autodeterminación y corresponde al libre desarrollo de la personalidad, es además un derecho fundamental explícito en nuestra Carta Política. La Constitución nos da los lineamientos del deber ser, y éste como lo afirma la Corte Constitucional debería ser el origen de la costumbre, de la ‘buena’ costumbre, entendida como la repetición constante y uniforme de actos por parte de la sociedad, además con sentido de obligatoriedad de actuar de determinado modo y no de otro, la ob-ligatio (ligado alrededor de), es un vínculo que nos une en el proceso de intercambio social, que nos debe llevar a reconocer y respetar a los demás partiendo del hecho de que los seres humanos somos idénticos en lo esencial y diversos en lo existencial
Utilizar lo que alguien hace en su intimidad con la persona que ama es interés de ellos y de nadie más. La (periodista)… una vez más, ha caído en el juego de considerar que informar es aprovecharse de la vida de los demás y transformar en “noticia” aquello que por principios y siguiendo la Constitución de este país debería evitar publicar. .
Inicialmente, se nos empezó a tener en cuenta como fuente en los programas de opinión de los diversos medios de comunicación, En Colombia, el pionero en tratar el tema de la sexualidad en la televisión fue el periodista Elkin Mesa, con “Hablemos de sexo”, un programa realizado a mediados de los 70.
La primera publicación hecha por homosexuales en Colombia fue la “Ventana Gay”, de ella se publicaron 23 ediciones y salio a la luz publica en 1980. Después se nos dio la posibilidad de escribir en medios masivos de comunicación. El primer artículo solicitado a una persona homosexual en Colombia apareció en el Nº 16 de Revista Semana, el 09/20/1982, se tituló “Hacia una liberación gay” , fue escrito por mi.
Hace algo mas de 20 años (03/10/1986), en el Nº 197 de la misma revista, respondiendo a la pregunta ¿Qué circunstancias y factores permitieron que la homosexualidad adquiriera carta de ciudadanía en el país? elaboró el primer informe sobre el tema a nivel nacional: “Colombia gay” .
La radio también creo su propio nicho para hablar de la sexualidad, Martha Lucia Palacio, psicóloga y sexóloga, produjo durante más de 10 años el programa “Hablemos de sexo”, un producto con un alto grado de sintonía que se escuchaba en todo el país, cada día, durante una emisión de una hora, al inicio de la tarde, de lunes a viernes. Al hacerme miembro titular de la SCS, fui un invitado permanente a este programa, en el que aparecía mínimo una vez al mes para hablar de homosexualidad y del tema del sida.
El programa tenía la particularidad de llegar a la franja familiar y a los estratos socioeconómicos bajo y medio. Asistí al mismo durante casi ocho años continuos. La importancia radicaba en que el programa utilizando un lenguaje muy sencillo y respondía a las dudas de la audiencia, expresadas por medio del teléfono o de cartas a la directora.
Un grupo grande de homosexuales y lesbianas, y uno mas reducido de trans y bisexuales aprovechaban la posibilidad de la doble línea para consultarnos sobre sus problemas sexuales particulares. Por medio de nuestro programa se ofertaba la línea telefónica 3101010, que a partir de 1989 y hasta diciembre de 2006 funcionó en mi residencia y en la que yo respondía, día y noche, cuando era necesario, a las preguntas de las personas que de todo el país e incluso del exterior consultaban. Por medio de esta línea, igualmente las personas se comunicaban para solicitar citas personales de apoyo, siendo mis áreas principales de trabajo la construcción de la identidad de orientación sexual y el temor a vivir con el sida.
La relación entre sida y homosexualidad se expuso por primera vez en 1986, en la TV colombiana, bajo la coordinación del periodista de Televisión y escritor Germán Castro Caicedo, en un programa llamado “Enviado especial” producido por RTI Televisión, castro fue ganador de varios premios de periodismo y su programa de TV gozaba de una alta sintonía en el país. Al respecto de dicho programa yo expongo:
En Septiembre de 1985, el Médico Infectólogo Guillermo Prada se encuentra con Velandia y le solicita participar en la consecución de 400 hombres homosexuales a quienes se les realizó una prueba de ELISA, prueba presuntiva para el diagnóstico del VIH, y así poder conocer el estado de la situación en esta población. La investigación reveló que el 12% de los hombres analizados estaba infectado, entre ellos “Rafico”, quien en el momento en que se obtiene su diagnóstico se encuentra hospitalizado a causa del Síndrome en la Clínica Santa Isabel de Bogotá, entidad que al conocer el diagnóstico saca al paciente de sus instalaciones hacia la calle y posteriormente, incinera todo el equipo utilizado en su asistencia.
Fue “Rafico” la primera persona interesada en hacer un programa de Televisión para hablar testimonialmente de su situación. Su testimonio se grabó y presentó, en Septiembre de 1986, por Germán Castro Caicedo, en el programa de emisión semanal “Enviado Especial”, siendo igualmente esta la primera oportunidad en que Castro y Velandia son amenazados de muerte y se les “solicita” no emitir la segunda parte de esta Grabación.
En 1989 le propuse a la periodista Alexandra Uribe, directora del Programa Enfoque que emitía RCN Televisión, realizar una emisión en la que habláramos sobre la importancia del uso del condón. Con imágenes explicitas en las que yo ponía un condón sobre un pene de látex cuya vista era muy natural, se abordó por primera vez y de manera directa el tema de la prevención del sida y las enfermedades de transmisión sexual en Colombia.
Con Alexandra hicimos el programa de TV, el “Show del corazón”, un talk show de una hora de duración que se transmitía en RCN Televisión los sábados en la noche, en horario triple “A”, después del noticiero. En este programa fui guionista, periodista callejero y presentador de un segmento. Fue esta mi primera experiencia de televisión ya no como entrevistado sino como persona trabajando en el medio; con Alexandra aprendí a manejar todas las funciones e intríngulis de la producción de un programa, experiencia que me sirvió para después, y con ella misma, trabajar en la producción de 40 mini-programas de TV, que a su vez eran anuncios institucionales para la televisión comercial, sobre derechos humanos realizados para la Defensoría del Pueblo en Colombia, de los que yo hice la investigación periodística. Uno de los programas tuvo una gran recordación de la audiencia pues mostraba la historia de una transvesti trabajadora sexual, quien relataba con su propia voz, cómo en la búsqueda de la protección a sus derechos, había acudido a la Defensoría y había sido atendida sin ninguna discriminación a causa de su identidad, su vestido o su actividad laboral.
Llegamos a la Internet muy rápidamente; iniciamos nuestra presencia con artículos ocasionales, luego semanales, posteriormente construimos nuestras páginas personales y acto seguido las de nuestras organizaciones, ahora además escribimos blogs tanto personales como en revistas comerciales.
La primera de las páginas de opinión gay para población LGBT se creó en Colombia a finales de 1999 y se llamó elcloset.com; tuve la oportunidad de publicar en ella, durante más de un año, una columna semanal; siendo la primera vez que se me pagaba en Colombia por ello. Al respecto dice Revista Semana, “el actual viceministro de Minas Manuel Maiguashca, quien a comienzos de 2000 lanzó Mequedo.com, un sitio de contenidos para jóvenes, y Elcloset.com, dirigido a la comunidad gay… él y sus socios lograron "estirar" por unos meses los 600.000 dólares con que arrancaron, pronto quedó claro que no les alcanzaba. "Teníamos que competir con portales que ya se habían consolidado y no teníamos ni la plata ni la infraestructura tecnológica para hacerlo", dice el viceministro”.
Luego se publicaron las páginas de salud, política y noticias hechas por gay, siendo las pioneras en este campo, la de la Liga colombiana de lucha contra el sida y la del Movimiento de solidaridad comunitaria, que promovía mi candidatura a la Cámara por Bogotá, en el 2001.
De los medios escritos privados saltamos al mundo de la política y pasamos a ser los entrevistados y participantes en los grandes debates nacionales. Nuevamente Revista Semana fue el primer medio en solicitar artículos para ser publicados en la Web, el primero de ellos se titulé “Política Sexual en Colombia” y salio a la luz publica el 09/03/2001 en la edición Nº 1005, en la sección denominada “Opinión on line” .
Dejémonos de maricadas publicado en semana.com, fue el primer blog homosexual en Colombia. Se publicó por primera vez el 11/10/2006 y el comentario se tituló “Salir o no salir: esa es la cuestión”. Luego el periódico El Tiempo abrió en su página Web posibilidades a bloguers homosexuales y lesbianas.
“Romper el silencio” fue un blog publicado al cumplir un año de artículos semanales, en al Revista Semana , en el yo afirmé:
“No siempre trascender el círculo del silencio es un acto agradable para quien decide vivirlo. En quienes hemos decidido romper con la “no-grafía”, recae el peso de la opinión sexista y LGTBfóbica, y se nos hace blanco de los estragos de la mal entendida opinión pública. Sigue siendo frecuente en nuestra vida cotidiana que los cristianos y otros grupos de derecha, incluyendo a los paramilitares, nos obliguen al desplazamiento forzado, nos amenacen de muerte e incluso que atenten contra nuestras vidas.
Cuando escribimos, los ataques de estos grupos y personas son bajos y viscerales; pareciera ser que en general, no se toman la molestia de entender los contenidos, sino que tan sólo están interesados es restregarnos los textos bíblicos, como si no los conociéramos.
Se esfuerzan en atacarnos desde cualquier flanco, por ejemplo se nos acusa de vulneradores sexuales de niños, así sea conocido que los informes de Medicina legal demuestren que no somos nosotros sino los heterosexuales los agresores frecuentes, y que justo son sus familiares cercanos y padrastros quienes mas les agreden. Los ataques se escriben así el tema ni siquiera exponga tangencialmente dicho aspecto, porque el objetivo no es debatir ni construir, sino violentar y destruir.
Suelen no opinar cuando son los jerarcas y pastores de las diferentes iglesias quienes abuzan de los niños, niñas y adolescentes. Esto es entendible porque no hay un discurso que apoye dicha situación, pero tampoco poseen la decencia conceptual y política para atacar a sus propios dirigentes. Lo hacen porque les es imposible permitirse revisar sus propias experiencias vitales y prefieren ver la paja en el ojo ajeno.
El respecto, la tolerancia, la apertura mental no caben como alternativa de construcción y de-construcción en aquellos para quienes su propia ceguera les es imposible comprender que la solidaridad y el respeto no están por encima de nuestras propias creencias, sino que son la base de la convivencia democrática, la cual asumo necesaria e importante para alcanzar la paz en nuestro país.
Por qué escribir
Escribo porque necesito hacerlo, porque es un acto político decir lo que pienso, porque ni siquiera las amenazas de muerte o un atentado contra mi vida son razones suficientes para dejar de pensar y expresar las ideas.
Porque espero que aun después de fallecido alguien tenga acceso a mis escritos y encuentre en ellos una voz de aliento que le ayude a convencerse de que tiene derecho a ser lo que desee ser; y que, sin importar quienes y cuanto le contradigan, tiene el derecho a opinar, sentir y vivir lo que ha decidido para su propia existencia.
Porque no podemos permitirnos callar, porque se hace necesario denunciar, porque es mejor morir feliz que oculto en un closet y porque de nada sirve pensar si nadie conoce nuestros pensamientos.
Opino porque el mundo avanza en la contradicción, incluso en aquella tan violenta y agresiva como la que puede encontrarse en los comentarios de algunos de los lectores que me leen en los medios o en la Internet y en especial, porque de ellos también aprendo a ser más respetuoso y tolerante con aquellos que consideran que la única verdad posible es la suya.
En últimas, escribo porque no me molesta que otros expresen sus ideas; moriría porque pudieran hacerlo. Porque tengo claro que la democracia es el camino hacia un mundo en el que todos podamos ser, sin distingos de etnia, orientación sexual, género, pensamiento político o credo”.
2.10.6 Discurso marica
Generalmente los hombres que asistían a las reuniones del GELG durante el desarrollo de las diferentes actividades, asumían conductas amaneradamente femeninas pero al tomar la palabra y dirigirse a los demás asistentes asumían comportamientos masculinos.
Desde un sentido político de reivindicación de la “pluma” (amaneramientos femeninos en el comportamiento) yo opté por hablar de manera amaneradamente femenina en el transcurso de todas las reuniones, a ello sumé hablar de mis experiencias anales como una opción placentera y una manera no machista y falocrática de relacionarme con otros hombres y además recalcar las ideas con amaneramientos corporales igualmente entendidos como femeninos.
Este “discurso marica” permitió que algunos de los asistentes se sintieran mas cómodos consigo mismos y que su participación se hiciera más efectiva pero a su vez produjo una gran tensión al interior de la coordinación del GELG porque muchos de los asistentes asumieron lo mío como una broma y no como una expresión discursiva y política de la sexualidad y en consecuencia resulte siendo la única persona expulsada del movimiento en toda la historia del GELG.
Como protesta a dicho rechazo escribí un cartel que decía “ser marica es cosa seria, es cuestión de hombres” el cual exhibía estando parado junto a la puerta del lugar de reunión y presentándome con la boca tapada con una esparadrapo. A la tercera semana de realizar consecutivamente mi acto de protesta se vieron obligados a hacerme ingresar a la reunión, oír mi postura, discutir la situación y aceptarme nuevamente como miembro del GELG.
Texto que hace parte del escrito por mí con motivo del día Gay Internacional en 1.979 , bajo el titulo “Liberación, liberación ¿Para qué?”. Reproducido por tercera vez en el 2006, con motivo de la marcha gay, adicionado el comentario: Algo claro me queda después de esta reflexión: la lucha se ha estancado y por eso, 26 años después, las necesidades siguen siendo similares.
Tan solo nos hace "diferentes" el hecho de ser Gay
Frente a esta realidad que nos reprime los gay no podemos quedarnos atrás. Desde hace muchos años (1.892, en Alemania) y de muchas maneras diferentes -como la primera marcha gay de América, organizada el 28 de junio de 1.969, luego de una redada, en el Stonewall Inn de New York- venimos luchando por nuestras reivindicaciones; en un principio lo hicimos - individualmente, luego nos ampliamos a nuestro circulo de amigos, posteriormente nos fue uniendo esta lucha a otros grupos. Esto nos demostró que no estábamos solos, nos dio el orgullo y la conciencia de pertenecer al movimiento gay.
Será que nuestras luchas no han hecho mella, que nos hemos conformado con asistir a eventos y expresar discursos pero en el fondo seguimos siendo sexistas y homofóbicos con los demás homosexuales.
Debemos darnos cuenta que no es suficiente con que se nos "tolerara”; hay que hacer algo, un trabajo más profundo...
Las transformaciones en la visión social con respecto a las homosexualidades y los cambios de los homosexuales y lesbianas no se logran centrando nuestros esfuerzos en la discusión sobre el color una bomba o una camiseta para un carnaval, no se alcanzan tras una máscara de maquillaje escondiendo nuestra identidad. Salir a marchar este domingo, más que un acto festivo debería ser un acto político. De nada sirve que cambien las normas o tomarse la vida pública por unas horas si no nos hemos tomado nuestras propias vidas y reivindicado nuestros derechos en todos los espacios de nuestra convivencia social y en nuestra propia intimidad.
Al tiempo en que se consolidaba el MLHC, en 1979, yo fui asumiendo más políticamente mi orientación sexual, en ello mi familia jugó un papel determinante. Mi primera experiencia de TV, fue en el Noticiero de las 7; en esa misma oportunidad coincidencialmente mi madre y dos de mis hermanas estaban viendo la televisión y se enteraron por este medio de que yo era homosexual; dadas las condiciones en que hizo la nota yo no tuve oportunidad de preparar a mi familia al respecto. Mi madre preguntó por qué yo salía en la TV hablando de “eso” y mi hermana Luisa le respondió que muy seguramente porque en casa nos habían preparado para defender aquello en lo que creíamos.
La actitud de Luisa sobre el tema gay era mucho mas abierta que las de otros miembros del partido comunista en Colombia, no creo que porque yo fuera su hermano sino porque su formación profesional y tanto su estancia de estudios en la Unión Soviética como sus paseos por Europa le permitieron conocer de primera mano las discusiones y los desarrollos de los marxistas europeos que le posibilitaron cierta apertura mental.
Dos años antes ella me había traído de regalo fotos de la primera marcha española de homosexuales, tomadas en su cámara fotográfica el 26 de junio de 1977, fecha en al que el FAGC organizó una manifestación pacífica en Barcelona. Fue la Primera marcha gay en España y a ella asistieron más de 5.000 personas entre homosexuales y simpatizantes, dijeron los medios de comunicación. La manifestación fue disuelta con dureza por las fuerzas de orden público con saldo de algunos heridos y detenciones, especialmente en la población de transvestis y transexuales, quienes encabezaban la marcha.
Coincidencialmente ese día mi hermana Luisa se encontraba en Barcelona, de paso en su viaje a Bogotá, estando de vacaciones dentro de sus estudios de Doctorado en San Petersburgo, y tomó unas fotos de la marcha que me llevó de regalo. Luisa nunca había hablado conmigo sobre el tema pero era evidente que suponía que yo era homosexual y aun cuando directamente no me habló del tema homosexual al entregarme las fotografías me dijo que las había tomado porque creía que eran de mi interés como sociólogo y como persona.
Mi madre no me hizo a mí, ni a mis hermanos, ningún comentario posterior al respecto pero por presión de otros miembros de la familia Luisa debió conseguir una cita en la unidad de salud mental del Hospital San Juan de Dios, para que atendieran allí mi homosexualidad. Yo fui a la consulta acompañado de mi hermana y ella me esperó un largo rato afuera. Ella, que era docente de la facultad de enfermería de la Universidad Nacional entidad a la que pertenecía el personal medico docente del hospital, habló sobre mi “condición”-como se le decía en ese momento- con el médico tratante-, luego de que yo salí de la consulta, y según ella misma me informó y luego a la familia, éste le dijo: él no tiene ningún problema, los que necesitan consulta son ustedes.
Luisa conversó con la familia sobre el tema y de la situación no se volvió a hablar hasta unos años después cuando otra hermana, Myriam, al enterarse que yo, que vivía con mi madre, había llevado vivir con nosotros a mi pareja. Me dijo que buscara apoyo emocional, a lo que yo le respondí que la homosexualidad no era una enfermedad que necesitara tratamiento, pero que la homofobia si; que mejor se gastara el dinero, que me ofrecía para viajar a los Estados Unidos de Norteamérica a “curarme”, en un tratamiento para ella misma. De esta afirmación me arrepentí inmediatamente la dije, pero no porque asumiera la posibilidad de la cura, sino porque pensé que había perdido la oportunidad de viajar a los Estados Unidos y conocer las organizaciones gay de ese país. Fue la primera vez que asumí, al interior de mi propia familia, una conducta política sexual explícita y de auto-aceptación, consecuente con mi manera de pensar.
Dos años después de la anterior situación, en 1986, Myriam me propuso ser socio de una propiedad familiar. Siguiendo en esa misma tónica, yo no acepté y expresé que me sentía en desventaja al no poder heredar mi parte a mi pareja, no sólo porque legalmente no era posible en el país, sino, especialmente, porque se pedía que en la escritura de la propiedad quedara escrito que hasta fallecer los propietarios y sólo a partir de la tercera generación de hijos de los socios iniciales, éstos estarían en derecho a vender la propiedad, pero además, porque yo no tenía ni pensaba tener hijos.
Aprovechando lo ya dicho, sumé mi protesta son relación a que en la finca familiar se realizaban muchas actividades a las que yo muy frecuentemente no asistía, y que tampoco me hacia presente en aquellas reuniones sociales en las que todos se reunían en Bogotá, como por ejemplo, durante la navidad, porque no se hacía una invitación formal a mi pareja y que, a partir de ese momento, no volvería a hacerme presente en ningún acontecimiento de los que tradicionalmente la familia celebraba en conjunto. A partir de ese momento siempre recibí de mi familia invitaciones en las que aparecían tanto mi nombre como el de mi pareja.
2.10.6.1 La inmunodeficiencia relacionada con los gay
En 1983 yo había decidido dedicarme más al trabajo en prevención del sida que a la homosexualidad, sin embargo, sucedía que los medios de comunicación cuando requerían a alguien que hablara sobre homosexualidad me llaman a mí, que en ese momento era el único colombiano que hablaba públicamente y en los medios sobre la homosexualidad. Esto me obligó a seguir trabajando en ambos temas pero insistiendo en separarlo del sida.
En Septiembre de 2002, Médicas UIS, Revista de los estudiantes de medicina de la Universidad Industrial de Santander me solicitó un artículo para ser publicado con motivo de los 20 años del sida. El artículo lo titulé “Una visión del sida a partir de 19 años de prevención en Colombia: éxitos y fracasos” En el resumen del mismo se lee:
“(…) una visión global de la historia del sida en Colombia, vista de modo impersonal y de manera crítica por el autor, un protagonista de la misma. Presenta en diferentes apartes un estudio histórico-crítico del avance de la epidemia vista desde un análisis epidemiológico, un relato de los primeros casos del sida en nuestro país; igualmente, analiza la relación sida - homosexualidad; cuenta sobre la conformación de las primeras organizaciones trabajando en sida en Colombia, y remata explorando sobre el tema de los derechos humanos de quienes viven con el VIH o con el sida, haciendo énfasis en el acceso a tratamiento integral, temas vistos a la luz de la legislación sobre el sida y la Constitución Política del país”.
Para ilustrar la relación de la que se habla en el resumen, transcribo a continuación algunos partes de dicho escrito :
“(…) En 1982, la Enfermera Esperanza de Monterroso, Profesora de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UN), sede Bogotá, implementó una investigación sobre la Presencia de ETS en Población General, en esta misma ciudad. Monterroso invitó a Velandia para que, en calidad de Sociólogo y Filósofo, hiciera parte del equipo interdisciplinario de apoyo a la investigación. Velandia, a partir de su experiencia como fundador en 1977 del Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia (MLHC) sugirió que se cubriera la población homosexual como un segmento importante de la población general, propuesta que luego de algunas discusiones y a pesar de la negativa del representante del Programa de Epidemiología del Ministerio de Salud, Doctor Manuel Guillermo Gacharná, fue aceptada.
En el transcurso de los acercamientos a dicha población, Velandia se sorprendió por lo observado, en especial por cuatro situaciones: primero, las actitudes de algunos miembros del Equipo de Salud, en especial de hombres entre los 35 y los 50 años, profesionales de la medicina, quienes se negaban a atender consulta a quienes explícitamente se identificaban homosexuales, remitiéndolos al en ese entonces, Programa de Enfermedades Venéreas del Centro de Salud Samper Mendoza de la Secretaría de salud de Bogotá, entidad especializada en la atención a mujeres vinculadas a la prostitución. Segundo, que algunos hombres encuestados manifestaron que se automedicaban haciendo uso de Penicilina Venzetacílica inyectada post relaciones penetrativas insertivas o receptivas de tipo anal, como una manera de hacer profilaxis frente a la posibilidad de desarrollar una ETS, particularmente Sífilis o Gonorrea. Tercero, gran temor a la presencia de Hepatitis “B” pero total desconocimiento de la misma, y cuatro, el miedo que se generaba al conocer de la existencia de una epidemia de aquella enfermedad en la población homosexual norteamericana, especialmente por referencias de esta situación en San Francisco.
Como resultado de la citada investigación se produjo un video, el cual fue considerado por el funcionario del Ministerio de Salud una “apología a la homosexualidad” razón por la que dicha entidad se negó a apoyar económicamente su producción. Las imágenes que hacían referencia a la homosexualidad consistían, una de ellas, en la presencia de una pareja de homosexuales quienes, estando sentados a la mesa de una cafetería en un barrio popular de Bogotá, se tomaban de la mano; y la otra, la aparición de las siluetas, en contraluz, de dos hombres que estando sentados de frente se acariciaban y posteriormente, se recostaban el uno al lado del otro.
Con este material de apoyo, producido por las Facultades de Enfermería y Cine de la UN, se llegó a los bares de encuentro de homosexuales en las diferentes zonas de la capital del país. Las charlas ofrecidas a esta población generalmente terminaban con preguntas referentes al sida a las cuales se les daba respuesta desde el poco conocimiento que Velandia tenía al respecto.
Durante el desarrollo de la investigación, se publican en junio de 1983, en el periódico El Universal, y un día después en el diario El Espectador, los primeros artículos en la prensa colombiana sobre el tema del sida, que hacían referencia a la muerte de una prostituta en Cartagena, a causa de esta enfermedad. Esta situación llamó la atención de Velandia por cuanto lo que el conocía del sida hacia referencia únicamente a homosexuales y lo motivó a proponer al MLHC, orientar los esfuerzos hacia este campo. Esta propuesta fue negada, sin embargo, Velandia realizó en Septiembre de 1983 la primera conferencia específica sobre este tema realizada en nuestro país y orientada exclusivamente a hombres homosexuales.
El comentarista deportivo del diario El Espectador Mike Forero Nuguez confunde, en 1984, en un artículo de su autoría, la sintomatología del sida con la de la Hepatitis “B”, y elabora una extrapolación epidemiológica demostrando que si hay tal incremento en la epidemia de la hepatitis esto favorecería a nuestro país porque no habría a quien “pagarle la deuda externa”. Este desafortunado artículo genera una lluvia de cartas al medio, en especial de hombres homosexuales, quienes en general parecen estar más informados al respecto que la comunidad científica nacional.
En Septiembre de 1985, el Médico Infectólogo Guillermo Prada se encuentra con Velandia y le solicita participar en la consecución de 400 hombres homosexuales a quienes se les realizó una prueba de ELISA, prueba presuntiva para el diagnóstico del VIH, y así poder conocer el estado de la situación en esta población. La investigación reveló que el 12% de los hombres analizados estaba infectado, entre ellos “Rafico”, quien en el momento en que se obtiene su diagnóstico se encuentra hospitalizado a causa del Síndrome en la Clínica Santa Isabel de Bogotá, entidad que al conocer el diagnóstico saca al paciente de sus instalaciones hacia la calle y posteriormente, incinera todo el equipo utilizado en su asistencia.
Fue “Rafico” la primera persona interesada en hacer un programa de Televisión para hablar testimonialmente de su situación. Su testimonio se grabó y presentó, en Septiembre de 1986, por Germán Castro Caicedo, en el programa de emisión semanal “Enviado Especial”, siendo igualmente esta la primera oportunidad en que Castro y Velandia son amenazados de muerte y se les “solicita” no emitir la segunda parte de esta Grabación.
En los citados programas se hicieron presentes como invitados, además de “Rafico”, los Médicos Gabriel Martínez y Bernardo Camacho, como también Velandia. Estas tres personas junto con la Enfermera Rosanna Alba de Rangel, la Bacterióloga Alicia de Weldeford y el Psiquiatra Álvaro Fernández conformaron el primer Comité Interdisciplinario trabajando para la prevención del sida en Colombia. Su actividad se realizaba en las tardes, los fines de semana, en los bares para homosexuales en Bogota. Fueron largas charlas en las que los seis profesionales, cada uno desde su saber informaba a los asistentes sobre sus riesgos, la manera de prevenir la infección y las posibilidades asistenciales con las que se contaba en aquel momento.
Estas charlas se fueron extendiendo en los siguientes años a estudiantes universitarios, equipo de salud, y carcelarios no solamente en Bogotá, sino además en otras ciudades como Medellín, Cali, Ibagué, Manizales, Bucaramanga.
En 1992 con apoyo del Ministerio de Salud, Velandia realizó con el Frente para la Anticipación Social al Riesgo FIASAR el primer programa nacional orientado a poblaciones vulnerables que tenía como objetivos a los homosexuales y a los(as) trabajadoras sexuales en 12 ciudades del país. Un programa que buscó capacitar a iguales y miembros del equipo de salud, teniendo como meta el que se crearan equipos que trabajaran conjuntamente la prevención del sida.
Por la presión de las Enfermeras Rosanna Alba de Rangel y Esperanza de Monterroso se crea en junio de 1987 el Programa Nacional de Sida, dependiente de la dirección de Epidemiología de esa misma Entidad. Velandia es invitado a trabajar en un comité epidemiológico interistitucional e interdisciplinario que depende del Programa Nacional y que desarrolla los esbozos de las primeras políticas en el país, siendo la primera de ellas no exigir la prueba a los turistas que visitan Colombia.
Son los homosexuales las personas que dentro de la comunidad en general más se han preocupado porque otras no se infecten o tengan una mejor calidad de información, atención, apoyo, asesoría y consejería. Ellos formaron las primeras organizaciones en Colombia y siguen siendo los líderes de las mismas y de las organizaciones que los convocan como personas viviendo con VIH/sida.
La organización FIASAR se creó en 1989 y se derivó de lo que fue el GAI, su nombre se tomó de una propuesta conceptual a la que yo denominé “Anticipación social al riesgo”. FIASAR es la sigla del Frente de Investigación para la Anticipación Social al Riesgo. Dicha propuesta conceptual fue presentada inicialmente en Medellín en 1989, en el II Congreso de Salud familiar en la que fue publicado como capitulo en el libro de Memorias del evento .
Posteriormente la propuesta se utilizó con algunos desarrollos adicionales en el libro “Desde el cuerpo: Una caracterización del riesgo y la vulnerabilidad de los y las menores es Explotación Comercial Sexual en la Zona Centro de Bogotá” publicado en 1996. En la investigación y libro “Creando puentes: Guía para el trabajo con poblaciones vulnerables” financiada y publicado por el Ministerio de Salud en Colombia, en el año 2000, fue igualmente el marco conceptual de investigación y del diseño de la estrategia preventiva. Una versión aun más desarrollada y relacionada ya no solo con la salud sino también con las sexualidades fue publicada por Secretaria departamental de salud de Santander y la Facultad de Medicina de la Universidad de Santander UDES, en abril de 2004, como documento base para la formación en el Diplomado en Prevención de las ITS/sida y salud sexual y reproductiva. Modulo VI. Bajo el titulo “Comunicación y promoción de la salud sexual y la salud reproductiva. El texto que a continuación reproduzco es tomado del libro “Desde el cuerpo” :
“(…) Utilizo el concepto de Anticipación Social y particular al Riesgo, uniendo dos enfoques: el sociológico y el epidemiológico, en uno que es mucho más amplio y que aporta a la comprensión de la realidad". La Anticipación social al riesgo se toma en este caso como una serie de riesgos sociales que son interactivos y que utilizados en conjunto pueden ser útiles para predecir más que un riesgo, la probabilidad de lograr un bienestar positivo y una calidad elevada de vida.
(…) Para el argot popular, el peligro, la inseguridad, la aventura sin desenlace conocido, son sinónimos de riesgo, que en epidemiología se traducen especialmente en una determinada probabilidad a partir de un porvenir desconocido, más no de la anticipación del fenómeno que se quiere evitar y por lo tanto no se trata de lograr anticiparse al evento, de prevenirlo, sino de conocer la probabilidad de que suceda.
El temor no necesariamente es la antesala de una respuesta efectiva, y más bien puede decirse que los mensajes apocalípticos (utilizados como eje de varias campañas informativas sobre drogadicción y SIDA) no generan una apropiación del riesgo y por tanto no logran que los individuos se asuman como personas vulnerables. En cambio, el temor enajena la posibilidad de respuesta, desarma al individuo imposibilitándolo para actuar. Por esto, incluir en los programas preventivos actitudes positivas genera una mayor posibilidad de respuestas asertivas y activas en favor del autocuidado.
Lograr que los menores tomen conciencia de los pasos en el proceso de la construcción de su identidad y de todas las variables al interior de la misma, como también en la apropiación y manejo de su cuerpo, de los valores positivos hacia la vida, hacia el cuerpo y la salud, permite que ellos y ellas no actúen bajo el temor, sino basados en una aproximación real a si mismos y que por tanto se constituyan en ejes de su propia existencia y sobre todo del propio autocuidado, es decir logren una anticipación particular al riesgo.
La anticipación particular al riesgo se refiere en este caso a un conjunto de riesgos particulares que son interactivos y que están asociados a una serie de conductas eminentemente particulares que pueden utilizarse en forma asociada para prevenir no solo la vulnerabilidad, sino también y especialmente para lograr que el individuo se asuma a sí mismo cómo alguien vulnerable y actúe con relación a su vulnerabilidad.
La anticipación social al riesgo, y la anticipación particular al riesgo pueden darse en cualquiera de los períodos de la historia natural de una enfermedad o de la adicción. Según el periodo en el que se ejerza, la anticipación recibe un nombre diferente en cada fase del proceso: en el período prepatogénico de una enfermedad (o en el caso de un no-consumidor de substancias psicoactivas) se considera prevención, en el período patogénico sub-clínico (o en el de un consumidor ocasional) es la fase de adaptación particular y social y en el patogénico (o cuando ya se es adicto) corresponde a la fase de asistencia o rehabilitación.
A los resultados de aplicar o no la anticipación social se les llama impacto social y a los de lograr o no una anticipación particular, se les denomina impacto particular.
Para comprender e interpretar el impacto social y el impacto particular es entonces necesario partir del supuesto de que estos fenómenos se dan como un proceso, y también es necesario tener en cuenta la complejidad de las mismas estructuras sociales en las cuales está inmerso el proceso.
Los menores en su vida cotidiana se ven abordados, reprimidos, reorientados, y encaminados a que cumplan con el "patrón" establecido socialmente como el deber ser para sus vidas. Para cumplir la norma, este control social es ejercido por la familia, la escuela, la iglesia, la clínica y el Estado. Y para los menores vinculados a la prostitución toda forma de control les resulta violenta y se asume como una vulneración a "sus derechos". A los elementos y mecanismos utilizados para ejercer el control se les llama instrumentos de control social.
(…) Los efectos de la implementación de programas o de la no-realización de los mismos, incluso tienen como consecuencia -como afirma Jonathan Mann- "…lograr cambiar las formas de relacionamiento social, creando mecanismos de control social como la discriminación, el estigma, y otras formas de prejuicio, histeria y hasta cacerías de brujas individuales y colectivas", producto de una deficiente anticipación social al riesgo.
Reducir el impacto particular y social, ya sea desde la prevención, la adaptación particular y social, o desde la asistencia y la rehabilitación, requiere conocer los riesgos particulares y los riesgos sociales que están asociados a las conductas que hacen vulnerables a los menores, como también, los instrumentos de control social utilizados para reprimir a quienes se consideran infractores.
Consideré en ese momento que existían riesgos particulares y sociales desde: lo cultural, lo psicológico, lo ecosistémico, lo ideológico, lo político, lo socioeconómico y que había además unos instrumentos de Control Social que era necesario conocer si se deseaba realizar una estrategia preventiva, posteriormente amplié los concepto al área de la sexualidad y como estos riesgos e instrumentos eran igualmente la fundamentación de la homofobia, la lesbofobia y la transfobia.
En junio de 1989 fui seleccionado por The PANOS Institute of London, entre personas de 40 países quienes desarrollaban estrategias preventivas comunitarias, e invitado para representar como líder social a América latina durante la Primera Conferencia Mundial de ONG "Oportunidades para la Solidaridad" y como uno de los primeros no miembros del equipo de salud trabajando en sida, en la “V Conferencia mundial del sida”, eventos llevados a cabo en Montreal, Canadá. The Panos fue la primera institución internacional que me pagó por escribir un artículo, texto que además fue utilizado como fuente para uno de sus libros.
Durante la realización de “Oportunidades” propuse a la Organización Mundial de la Salud OMS crear la “Red Latinoamericana de ONG trabajando en sida”, propuesta que fue aceptada. La OMS financió el proyecto y en el cumplimiento de la misión de este, tuve la oportunidad de viajar durante dos años por América del Sur, ayudando a la creación y consolidación de organizaciones trabajando en prevención del sida. Por supuesto muchos de los interesados eran homosexuales, algunos de ellos miembros de Organizaciones orientadas a esta población. Yo fui además el Director de la revista de la Red “Solidaridad Latinoamericana” y el encargado de desarrollar el primer “Directorio institucional de organizaciones con servicio en sida” producido en América Latina.
En la Primera Conferencia Mundial de ONG, un grupo de personas procedentes de diferentes países del mundo, entre quienes me encontraba yo, desarrollamos el texto de la "Declaración Internacional de Montreal sobre los Derechos Fundamentales de la Persona Portadora del Virus del Sida". Dicha declaración fue leída en la "V Conferencia" realizada en esa misma ciudad, mes y año y aprobada unánimemente por los asistentes. El evento recomendó a los participantes su promoción en sus respectivos países y que se buscara además su aplicación, transformándola en documento legalmente constituido.
Luego de mi viaje a Canadá me trasladé a New York, a donde fui invitado por Jairo Alberto Marín con el fin de hacer visitas a organizaciones gay trabajando en el tema del sida, se dio allí la oportunidad para grabar un segmento del programa norteamericano de TV “60 minutos”. Yo había llevado como soporte visual para mi travesía las imágenes de un programa de televisión denominado “Enfoque” realizado en Colombia por RCN Televisión bajo la dirección de la Periodista Alexandra Uribe. A ella yo la había abordado en un intermedio de la grabación de su programa en las instalaciones de RCN, en donde me encontraba en una reunión de trabajo como vestuarista de la telenovela “La Vorágine”, y le había insinuado la necesidad de hacer un programa sobre el sida en el que mostrara la importancia del uso del condón. Alexandra, quien a partir de ese momento fue mi amiga realizó un programa en el que mostramos con un pene de látex como se ponía el condón. El programa se emitió pensando en que la censura nos daría una reprimenda e incluso que la sancionarían, pero esto nunca sucedió; sin embargo, los directivos de “60 minutos” se negaron a utilizar las imágenes por considerarlas sexualmente explicitas, a pesar de que yo argumenté que algunas instituciones de educación media y superior habían solicitado las imágenes para usarlas como material de soporte a acciones informativas y educativas en sus instituciones.
El contacto con The PANOS Institute, me abrió las puertas no sólo a los eventos internacionales, sino a la escritura de mi primera publicación internacional (1989), por la que en ese entonces me pagaron la suma de 400 libras, como también al fortalecimiento de las organizaciones de homosexuales .
La reflexión que me hice con respeto a que era muy evidente la marcada presencia de una gran cantidad de líderes homosexuales, en los dos eventos de Montreal y en las visitas a organizaciones en New York, y sobre el rol que éstos jugaban en el control de la epidemia del sida, me condujo a tomar la determinación de no intentar separar más los temas de la homosexualidad y el sida. En consecuencia me obligué a construir y difundir un discurso mucho más político y militante; en ese momento acuñé la palabra “subversida” para denominar esa experiencia que me llevó a hacerme un contradictor permanente de las políticas estatales en Colombia y América Latina, sobre el sida y la homosexualidad.
En Montreal conocí a hombres y mujeres que ejercían la prostitución y que igualmente eran militantes en temas de sida, Lo mismo sucedió en la “Conferencia Panamericana de SIDA”, realizada en republica Dominicana en diciembre de 1989, a la que fui invitado como ponente y tallerista; como igualmente lo hice, en la “Primera Conferencia Mundial sobre Hotlines en sida” realizada en Curazao.
El haber sido ponente en cuatro eventos internacionales en menos de seis meses, influyó positivamente en el cambio de la imagen que sobre los homosexuales, tenía el doctor Gacharná. El La fuerza y la credibilidad en mi mismo que me dio la participación en estos eventos, tuvo un peso significativo en el hecho de que, al regresar a Colombia, presentara la propuesta de un proyecto preventivo al Ministerio de Salud colombiano, iniciativa que fue aceptada y financiada.
El proyecto apuntaba a desarrollar un trabajo orientado a grupos de hombres y mujeres en prostitución, siendo esta la primera oportunidad en la que presentaba un documento oficial hablando no de prostitutas sino de trabajadores sexuales, como también, la primera oportunidad en la que el Estado colombiano financió una actividad para esta población y para trabajar con hombres homosexuales en sus lugares de encuentro, ya que la acción hizo parte del “Primer Plan estratégico nacional para la prevención del sida”. El concepto “trabajadores sexuales” fue sugerido y aceptado como el termino mas apropiado para denominar a las personas que hasta ese momento llamábamos prostitutas/os. Al respecto en 1996, escribí el tercer capitulo de mi libro “Desde el cuerpo” al que titulé “Cada concepto tiene un significado preciso ¿Prostitución o trabajo sexual?” .
Para poder contratar la ejecución de la acción preventiva debimos organizar legalmente la creación de la ONG FIASAR “Frente para la Investigación y la Anticipación social al riesgo”. Este plan se ejecutó en 1991.
2.10.6.2 Sin el heterosexual es “straight”, yo soy torcido
En 1977 conocí a Julito Franco nunca fue militante, pero siempre fue un hombre atractivo y culto con quien me gustaba hablar, en 1998 él se interesó en mi deseo de recuperar la historia de la vivencia de la homosexualidad en Bogotá y me presentó a algunos hombres homosexuales mayores de 65 años. Uno de ellos fue el primero en hablarme de la década de los 40`s, de los primeros bares, sobre cómo se daba el ligue y de ciertas historias de homosexuales importantes en la política colombiana a quienes llamaron “Josefinos”, en homenaje a uno de ellos a quien detuvieron por escándalo publico, al encontrarlo vestido de novia en una fiesta con amigos y miembros de la familia presidencial a bordo. Posteriormente, en los 60`s, se les denominó “de ambiente”; un poco mas tarde, en los 70`s, se puso muy de moda entre los homosexuales llamarse a sí mismos “gay”; muy en finales de los 80`s y al inicio de los 90´s se introdujo la moda de denominar a los heterosexuales “straight”.
El uso cada vez mas frecuente que en la cotidianidad se hacía de la palabra “straight” me llevó a reflexionar sobre la homofobia internalizada de la que hacían los homosexuales (no las lesbianas) y sobre su reflejo en el uso del lenguaje cotidiano.
Tras llegar a Bogotá de New York y Montreal (1989) recordé una reflexión sobre la homofobia hecha conjuntamente con el periodista colombiano Jairo Alberto Marín, con relación a un acto que me había sucedido estando juntos, en un restaurante de la zona gay de Manhattan.
Una mujer se acercó a nosotros y muy amablemente nos saludo diciéndonos “Hello guys”, yo por problemas de oído para el inglés oí que ella nos dijo “Hello gays”. Le pregunté a Marín, ¿Ella nos dijo “Hola maricas”? Marín respondió, no, nos dijo “Hola muchachos”. En ese momento caí en cuenta de que mi homofobia internalizada, que yo creía superada, estaba presente y se había exacerbado ante lo que parecía para mi una “evidencia” de exclusión social. Lo que realmente era claro fue que quien tenía problemas con la homosexualidad era yo.
En ese instante recapacité sobre el hecho de que muchas veces había sentido que las personas me miraban al entrar a un lugar publico y yo pensaba que lo hacían porque me veían homosexual, pero que lo que realmente sucedía era que, las personas entraban a los lugares y siempre eran observadas por quienes ya se encontraban en el sitio y no solo lo hacían conmigo. Que por tanto quien miraba la homosexualidad era yo y no ellos, y en consecuencia, lo que se daba era una autoexclusión y no una heteroexclusión, por parte de los heterosexuales.
Marín me comento que al llegar a New York él había analizado lo mismo y que esto lo había llevado a ser mas libre, menos prejuicioso con los heterosexuales y a construir unas mejores relaciones sociales con personas heterosexuales, con las que antes se hubiera negado a interactuar, pero muy especialmente a darse cuenta cuando había un hecho excluyente homofóbico real.
En las conferencias de Montreal, igualmente había tenido la oportunidad de trabajar conjuntamente con personas transvestis, transexuales y con heterosexuales, cuya actitud era muy respetuosa y abierta con todos los que allí estábamos presentes, que evidentemente no éramos heterosexuales.
Los aprendizajes obtenidos en Montreal y New York me condujeron a profundizar sobre la importancia de que los homosexuales construyéramos un discurso diferente sobre la homosexualidad y dieron inicio a mi proceso de re-construcción política encaminada a re-conocer la importancia de la convivencia con otros grupos. Ya no solo de lesbianas, sino también de personas transvestis, transexuales y por supuesto heterosexuales. Esto condujo a la creación, por un lado de una organización en la que participaran personas en la amplitud de la diversidad sexual y por otro, en la de construir un discurso coherente con este nuevo aprendizaje.
2.10.6.3 Idénticos pero diversos
En 1992 decidí reorganizar las acciones del Movimiento homosexual colombiano, decisión que se deriva en la creación de Equilteros Proyecto colombiano de diversidades y Minorías sexuales, cuyas acciones se realizaban conjuntamente con la Fundación Apoyémonos, creada en ese mismo año, tres meses antes.
Desde Equilteros y con el equipo de fundadores(as) conformado por María Yaneth Pinilla Alfonso, Liliana Gómez Ángel, Javier Potes y yo (todos miembros de Apoyémonos), impulsamos una visión de la sexualidad fundamentada en los derechos humanos entendidos como derechos sexuales, una propuesta conceptual que yo estaba trabajando en ese momento y que sirvió de base a una serie de estrategias comunicativas impulsadas por Apoyémonos en 1992, en el “Proyecto de Comunicación Alternativa para la prevención del sida” realizado con fondos provenientes USAID/ Family Health International FHI–AIDSCAP (USA-Colombia), Proyecto del que fui Coordinador nacional.
Dos autoras influyeron directamente en mi discurso sobre los derechos humanos entendidos como derechos sexuales, así sus publicaciones fueran posteriores a las mías: Melba Arias Londoño y Maria Lady Londoño.
Mi concepción sobre los derechos sexuales y humanos se promovió desde Equilteros, al respecto puede leerse en el Documento constitutivo del Proyecto :
“Equilteros Proyecto colombiano de diversidad y Minorías sexuales es un colectivo, sin ánimo de lucro, que reúne a personas adultas, pertenecientes a la diversidad sexual, y en especial a las minorías sexuales, que buscan representar y asegurar sus Derechos Humanos, y derechos Sexuales, Individuales y Colectivos. Tiene como fin prestar servicios a hombres y mujeres cualquiera que sea su orientación sexual; sus miembros conforman un grupo de trabajo que reúne y convoca a hombres y mujeres, mayores de edad, sin distingo de su sexo, su género, su orientación sexual, sus maneras de obtener placer, su etnia, sus creencias religiosas, su pensamiento político; personas para quienes en el ejercicio de su sexualidad se exige el respeto por cualquier forma de vida y condición de edad, física y mental. Sus acciones son teóricas, para el desarrollo conceptual, de construcción de la identidad y para el desarrollo personal. La participación es voluntaria y permanente u ocasional.
Principios:
Los seres humanos somos idénticos en lo esencial, y diversos en lo existencial.
Aun cuando hombres y mujeres seamos esencialmente iguales, las múltiples experiencias de la vida, hacen de nuestra evolución, desarrollo y existencia una historia particular.
Las relaciones que establecemos con nosotr@s mism@s, con otros sujetos están fundamentadas en la necesidad de asumirse a sí mism@ y a l@s otr@s, y en la búsqueda de satisfacer nuestros deseos, afectividad, erotismo y genitalidad, teniendo como fin último, el placer o el displacer; situaciones que determinan la identidad de género y sus roles, las maneras de relacionarse e inclusive el tipo de sujeto u objeto del que o en el que se quiere obtenerlos y además cómo lograrlo, es decir, todo lo que hace en su conjunto a la sexualidad. Las sexualidades son inherente al ser humano y están influidas en el periodo prenatal (variables biológicas), el sexo, el ambiente y la cultura: los entornos social, familiar, educativo, laboral y los medios masivos de comunicación.
Cada ser human@ y su sexualidad son únicas e irrepetibles, por dicha razón se transforma de manera diferente, con una trascendencia particular y evolucionando de acuerdo con su propia historia.
Una existencia saludable requiere de una sexualidad saludable. La ciencia ha llegado a concluir que la salud implica un completo bienestar físico, psicológico, social y espiritual. En el análisis de la sexualidad al hacer referencia a comportamientos humanos algunos de éstos fueron considerados aberraciones, desviaciones, perversiones - conceptos ya desactualizados pero aún utilizados-; sin embargo, hoy en día algunas personas consideran el ejercicio de la sexualidad como algo sucio, pecaminoso o vergonzoso y lo conciben como objeto de valoración; correcto o incorrecto, apropiado o inapropiado, normal o anormal, ético o no, natural o antinatural, dependiendo del punto de vista desde donde sea contemplado.
Para Equilteros cada persona tiene el Derecho Fundamental a su autodeterminación y al Libre Desarrollo de su Personalidad. Éste l@ lleva a construirse un universo desde el cual el ejercicio de su sexualidad, le implica, al mismo tiempo un particular desempeño de su afecto, genitalidad y erotismo.
Las asociaciones de minorías sexuales se fundamentan en la necesidad de encontrar un espacio integral: social, cultural, político, económico, recreacional, personal y familiar en el que sus miembros se puedan expresar, en la búsqueda de su realización como individuos y como grupo en las diferentes posibilidades de desarrollo de su personalidad.
Equilteros se rige bajo el principio de igualdad entre sus miembros, y entre las diferentes variantes al interior de las minorías sexuales e impulsando la participación de personas adultas que se relacionan sexualmente con otr@s adult@s y bajo consentimiento. Menores de edad podrán participar de algunas de las actividades de Equilteros previo consentimiento de su madre, su padre o su tutor(a) legal.
En Equilteros entendemos el empoderamiento como la acción de darse cuenta de sí y construir una identidad positiva de sí mism@.
Consideramos que, las expresiones comportamentales sexuales hacen parte de la esfera de la privacidad y que por dicha razón, aun cuando seamos conocedoræs de la existencia de dicha diversidad con respecto al erotismo, la afectividad y la genitalidad, quienes asumen una o más de estas manifestaciones no tendrán en ningún caso éstas como criterio de pertenencia o exclusión de la organización, exceptuando a aquell@s que por la exteriorización de sus expresiones vulneren a un(a) menor de edad, a personas que no puedan autodeterminarse para el ejercicio de las expresiones sexuales o que induzcan a dichas prácticas sin un previo consentimiento informado de las consecuencias físicas y emocionales de dicha interacción.
Objetivos:
Trabajar conforme al preámbulo en beneficio de la Diversidad Sexual y en especial de las Minorías Sexuales colombianas mediante acciones concretas que permitan el libre desarrollo de la personalidad en todos los campos, en el marco de una sociedad pluralista.
Abogar por la formulación e implementación de políticas, proyectos, programas y acciones, que desde una perspectiva de respeto por la diversidad sexual, la identidad de sexo y de género, coadyuven al empoderamiento de las personas y grupos sociales discriminad@s por razón de su sexo, género u orientación sexual, y al logro de su salud integral y sexual.
Promover y apoyar el desarrollo de políticas, proyectos, programas y acciones que contribuyan al logro de la paz, la tolerancia y el respeto en el espacio público y privado, y al ejercicio de los derechos humanos y sexuales.
Trabajar en las esferas, local, regional, nacional e internacional por el progreso y derechos de los seres humanos durante todas las etapas de su ciclo vital.
Participar activamente en proyectos, programas y acciones organizados conjuntamente o por otras organizaciones cuyos principios y fines estén en concordancia a los de Equilteros.
Misión:
Promover el respeto, tolerancia y equidad de la Diversidad Sexual.
Visión:
Lograr el reconocimiento pleno de los Derechos Humanos y los Derecho Sexuales en Colombia”.
La necesidad de apoyar a menores de edad hizo que se creara por iniciativa de Nelson Alvarado el proyecto Ángelus. Este fue un proyecto de menores para menores en el amplio espectro de la diversidad sexual. La participación era voluntaria y permanente u ocasional; sus miembros tenían una edad mínima de 16 años y máxima de 23 (podían participar hasta el día en que los cumplían). Ángelus contó permanentemente con el apoyo logístico y teórico de Equilateros y se fundó en 1996 y terminó cuando Nelson Alvarado, quien propuso la idea, cumplió sus 23 años. Nelson participó de la “Primera Marcha gay” que se llevó a cabo en el resurgimiento o segunda época del MLHC y propuso que luego de esa primera marcha la actividad se celebrara en un día diferente al 28 de junio, en un día que recordara una situación mas colombiana. La primera actividad pública en la que participó Ángelus fue el Primer bazar realizado en el bar campestre San Antonio, ubicado en las afueras de Bogotá en las inmediaciones del municipio de La Calera.
Para pertenecer a Equilateros, a Ángelus o poder asistir a las reuniones semanales, se requería una invitación previa que se obtenía luego de una reunión personalizada que informaba ampliamente sobre el proyecto, expectativas y normas de trabajo.
Desde la iniciativa del tema de los derechos humanos entendidos como derechos sexuales, en el “Documento constitutivo” propuse utilizar los símbolos æ, @, siendo esa la primera vez en que en un documento nuestro de difusión masiva se uso esta iniciativa comunicativa. De la letra Lambda ya hemos hablado previamente; con relación a la arroba “@” la empleamos cuando el texto debe escribirse tanto en masculino como en femenino como una forma de ser incluyente en el lenguaje con las mujeres y las personas con una identidad femenina, con aquellas palabras en las que el masculino se crea con la letra “e”, por ejemplo, conocedores, decidimos dar uso al símbolo “æ” de tal manera que las palabras en las que se utiliza “@” y “æ,” se lean simultáneamente tanto en masculino como femenino.
2.10.6.4 Los derechos sexuales son también derechos humanos
En la Fundación Apoyémonos realizamos como parte del “Proyecto de Comunicación Alternativa para la prevención del sida en Colombia” financiado por USAID/ FHI–AIDSCAP una estrategia centrada en el tema de los derechos: los derechos humanos, los derechos sexuales y los derechos de quienes viven con el sida. Como parte de la estrategia comunicativa produjimos una serie de carteles, botones y camisetas, en estas tres estrategias comunicativas se diseñaron productos impresos con el eslogan “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”, en las camisetas este texto aparecía traducido a seis idiomas.
La estrategia culminó con la realización de un evento sobre Derechos Humanos en la Biblioteca Luís Ángel Arango del Banco de la República, en ese momento el centro cultural más importante de la ciudad, patrocinado por la Defensoría del Pueblo. En el evento se hicieron presentes personeros municipales provenientes de la mayoría de los municipios colombianos, estudiantes universitarios y de educación media (Bachillerato) y publico en general convocado a través de los medios masivos de comunicación.
El evento fue realizado del 10 al 12 de diciembre de 1992 teniendo como eje temático el Día mundial de los derechos humanos, fue la primera oportunidad en la que hablé del tema de los derechos humanos entendidos como derechos sexuales a un gran público, pues hubo en algunos momentos de la actividad más de 1200 personas. En esa oportunidad además realizamos desde Apoyémonos, performances e instalaciones relacionadas con los derechos humanos, los derechos sexuales y el sida. Todos los asistentes podían participar de las charlas temáticas e igualmente tenían tiempo para participar en las instalaciones y observar los performances.
La primera de las instalaciones se denominó “Deseo al cubo”, para su realización construimos un cubo de madera de 3 metros de lado, realizado en madera aglomerada perforada cada cinco centímetros. En su interior se proyectaban diapositivas de arte erótico, reproducciones de obras de arte de todo el mundo que podían ser vistas a través de las perforaciones en el cubo. En su exterior, pintado de negro, el pintor Cerón ilustraba con tizas de colores, una serie de pinturas eróticas. Al acercarse al cubo para observar lo que sucedía en su interior las personas asistentes se pegaban a sus paredes para lograr mirar con más facilidad lo que allí pasaba, de tal forma que fragmentos de la obra del ilustrador se fijaban en su cuerpo o sobre sus ropas.
Las imágenes de lo que allí sucedía y de las reacciones de las personas al verse impregnadas con las ilustraciones del cubo, eran tomadas por cámaras de video cuyas imágenes se proyectaban simultáneamente en un programa de televisión realizado en vivo, las mismas personas que observaban el cubo eran entrevistadas por un periodista y estas imágenes también se usaban en el programa de TV, instalación a la que llamamos “Televisión a tres bandas” y cuya producción fue dirigida por la productora y directora de cine Margarita Carrillo. En el programa de televisión animado pro la periodista Gloria Ortega, las personas presentes discutían sobre el tema de la sexualidad y los derechos sexuales de los seres humanos.
Uno de los performances estaba actuado por actores profesionales quienes vestidos como sacerdotes, monjas, médicos, enfermeras, deportistas y policías jugaban voleibol en una cancha improvisada en medio de la sala de conferencias y utilizando como balón un condón inflado. Lo extraño del performance era que ese público no era el que frecuentemente se hacia presente en actividades sobre derechos humanos, por lo que su presencia se destacaba entre los demás asistentes, pero además para los presentes era raro observar la presencia de personas vestidas con trajes para hacer deportes en lo que era un “templo” de la cultura y verlos a todos en su conjunto jugando con un condón.
Otra de las instalaciones era una exposición de carteles sobre sida y derechos provenientes de diferentes países y expuestos en una de las salas de exposiciones de la biblioteca, que había sido adicionada con un espejo de gran formato que simulaba una ventana y en el que, cuando las personas se acercaban, podían leer pequeños letreros a la altura de sus ojos con el texto “este es el rostro típico de alguien que vive con sida”. En este exposición se podía observar las imágenes de lo que había sucedido recientemente en el programa de TV, en cuyas imágenes se reconocían a los asistentes al evento, quienes a su vez acababan de pasar por la sala en que se producían las imágenes en mención, realizadas en el programa de TV, en que previamente habían participado como publico, panelistas o imágenes de apoyo. Sobresalían en el montaje de esta exposición siete carteles de los que hablaré a continuación.
Fueron siete carteles los producidos en total, todos con mí autoría en sus copies, entre los que se incluía uno orientado a población homosexual, cuya fotografía fue de mi autoría, en él se leía “Tu y el condón mi mejor pareja”, siendo la ilustración dos hombres desnudos, uno ubicado tras la espalda del otro y ambos orientados hacia el mismo lado, en la cual, quien se halla detrás, toca con una de sus manos la pierna del hombre que se encuentra adelante.
Se produjo igualmente un cartel que se ilustraba con la imagen de una transvesti, cuyo copy dice “Soy hombre, uso condón”; otro de los carteles tenia la imagen de un hombre viviendo con sida (Gabriel Calvo Massie) visto desde lo alto de un edificio, quien mira directamente a la cámara (el espectador), en el copy dice “Quienes vivimos con sida también tenemos derechos humanos”; se editó además un cartel sobre bioseguridad en cuyo texto decía “bioseguridad, una alternativa de vida”; y otro dirigido a cristianos en el cual se observaba de lejos construida con las letras, una cruz, y que decía “Amaos los unos a los otros, apoyaos los unos a los otros, cuidaos los unos a los otros”; por ultimo se hizo un cartel orientado a mujeres en el que se leía “Ellos creen que deciden, pero nosotras nos protegemos”, en el que la imagen fue la de una mujer, en ropa interior, quien tiene un condón en su mano. la estrategia de carteles fue trabajada en un equipo interdisciplinario conformado por Rafael Baena (fotógrafo), Jorge Rodríguez (diseñador gráfico) y yo (fotógrafo y creador de la mayoría de los copies).
La estrategia también produjo seis botones cuyos textos igualmente decían: soy hombre, uso condón”; “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”.
La estrategia total mereció el reconocimiento de USAID/ FHI–AIDSCAP en el libro “Making Prevention Work: Global Lessons Learned from the AIDS” como una de las de mayor éxito en el mundo, en el año 92.
Cuatro de los carteles, cuyos temas fueron la bioseguridad, lo derechos de quienes viven con el sida, mujeres y población homosexual, fueron reproducidos por el Ministerio de Salud en Colombia. El cartel para transvestis fue reproducido en Washington y en Republica Dominicana, con apoyo de USAID/ FHI–AIDSCAP; los carteles sobre homosexuales y “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” fueron reproducidos en Ecuador por una ONG coordinada por el colombiano Orlando Montoya.
La primera vez que hablé públicamente en Colombia del tema “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” a periodistas fue a un auditorio conformado por 40 de ellos, todos destacados en Colombia como prensa extranjera y a un grupo de periodistas de los medios nacionales, lo hice como parte de la capacitación sobre “Comunicación positiva, sida, derechos humanos y derechos sexuales” que hizo parte del proyecto para Colombia financiado por USAID/ FHI–AIDSCAP. Sobre el mismo tema del taller de los periodistas, se realizó uno dirigido a guionistas de televisión, actores y actrices nacionales.
Algunos de estos periodistas posteriormente fueron los autores de los artículos aparecidos en el “Magazín Apoyémonos”, en el que apareció también mi primera publicación en medios masivos sobre el tema, titulada “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”. Publicación de la que se editaron 120.000 ejemplares, que circularon el primero de diciembre de 1992 con el diario El Espectador y que además cada uno llevaba adherido un estuche con un condón. Este proyecto fue exitoso, además, porque al terminarse la agencia norteamericana tan solo proveyó el 12% del presupuesto total y el resto del capital fue aportado por organizaciones colombianas como el periódico El Espectador (que imprimió a precios de costo 120,000 revistas “Apoyémonos” y las puso como inserto en su periódico a nivel nacional, llevando cada una un condón adherido a su contra-carátula), la productora de papel Kimberly de Colombia (que donó todo el papel necesario para los carteles), Planeta Editorial (que contribuyó con parte de la publicación de carteles), Condones Today (que nos donó 240.000 condones).
El tercero de los talleres en Colombia sobre el tema de los “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” fue orientado a miembros del equipo de salud laborando en instituciones oficiales y privadas en Bogotá.
Sobre el tema “Derechos humanos y derechos sexuales”, Equiláteros, realizó un sinnúmero de talleres de formación, conferencias, charlas, foros y ciclos de cine, cuya población sujeto fueron personas de todas las orientaciones sexuales, siendo en 1994 la primera oportunidad en la que en un evento se reunían personas de diversas orientaciones sexuales además de transvestis y trabajadores/as sexuales.
Veamos a continuación alguna información sobre las actividades preparatorias a la celebración del Día gay internacional, realizadas en mayo de 1994. La siguiente es la justificación del Taller formativo “Construcción de la identidad sexual particular: Haciendo conciencia de mí” .
“La personalidad sana surge durante un proceso que hace a la persona más dueña de sí, capaz de ser auténtica, sin máscaras, de incorporar las experiencias propias, de descubrirse a sí mism@ en la experiencia total y de aceptarse con la libertad de ser realmente lo que es. Los procesos educativos formales no permiten generalmente cuestionar con respecto a la sexualidad; negar los posibles interrogantes niega las experiencias y temores que los originan. Construir una identidad particular es la única posibilidad de ser. Mientras no se use la libertad de construirse ser se hace imposible. Este taller es tan sólo una posibilidad para que usted asuma de una vez por todas, que usted y solamente usted, tiene el poder de ser”.
Veamos también y al respecto, la justificación de la Conferencia “No me soporto esa loca” .
“Busca resolver el interrogante ¿La convivencia entre nosotr@s es posible? Cada un@ es únic@, irrepetible, trascendente y evolutiv@, sin embargo, en la relación con el otro y la otra, ell@s son asumid@s desde nuestras propias negaciones. Ello nos conduce a negarl@s, reinterpretarl@s y asumirl@s no como seres iguales viviendo procesos similares, sino como parte de un ghetto, como posibles "partenaires" o a discriminarl@s y contemplarl@s como diferentes, incluso como enemig@s”.
Con respecto al tema de los “Derechos humanos entendidos como derechos sexuales” la primera presentación en un evento fuera de Colombia, fue en Washington en una actividad internacional programada por USAID/ FHI–AIDSCAP en la que se presentaron las estrategias más exitosas financiadas por al entidad, en los diferentes países del mundo en que FHI–AIDSCAP realizaba sus acciones, dado que bajo ese concepto se produjo toda la estrategia comunicativa producida en Colombia y reproducida en algunos de sus productos en otros países.
Fue en el “Encuentro sobre Paz y Tolerancia” organizado por el Sector de Pastoral de la Pontificia Universidad Javeriana realizado en octubre de 1995 en donde hablé a un publico totalmente diferente al que tradicionalmente hablaba sobre “derechos humanos y derechos sexuales”, ya que los asistentes eran miembros de diferentes organizaciones religiosas, inclusive no cristianas, y además estudiantes universitarios. Allí hice una ponencia denominada “Tolerancia y minorías sexuales” cuya publicación se hizo en la Revista Pastoral Xaveriana editada por la Universidad Javeriana de Bogotá, en 1996.
A esa publicación siguió una presentación en el “Seminario duelo, memoria, reparación” organizado por la Fundación Manuel Cepeda Vargas en agosto de 1997. Es esta oportunidad ya la ponencia aparece directamente titulada “Los derechos humanos también son sexuales, los derechos sexuales también son humanos”.
La Fundación Manuel Cepeda Vargas, conjuntamente con la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Cultura, publicaron en 1998 el libro “Duelo, memoria, reparación” en el que aparece un capitulo titulado de igual forma que mi presentación en el citado seminario ; siendo el primer libro que en Colombia, en el capítulo de mi autoría, se permitía la licencia lingüística, de usar el símbolo “@”, esta propuesta lingüística se utilizó en la totalidad del texto del libro “Y si el cuerpo grita... Dejémonos de maricadas”, publicado en 1999 por Editorial Equiláteros en el que todo el texto fue escrito utilizando los símbolos “@” y “æ”.
En 1998 fui invitado por CERFAMI, el Centro de Recursos Integrales para la Familia, organización colombiana con sede en Medellín institución que organizó el “Foro Derechos Humanos y Sexuales”, en el cual presenté el documento “Los Derechos Humanos también son Sexuales” publicado en la revista de la institución, que es el texto previo al publicado en presentado en el "Primer Simposio Ética y Sexualidad" 01.08.98 . CERFAMI propuso ese mismo año mi nominación al Premio Mundial de Derechos humanos “Felipa de Souza” que otorga la IGLHRC, Internacional Gay and Lesbian Human Rigths Comisión, con sede en San Francisco.
Dos meses después, en el “IV Congreso de riesgos profesionales” realizado igualmente en Medellín, en octubre de ese mismo año, participé como ponente en el Seminario Sexo, Trabajo y Sociedad con el tema “Sexualidad y Poder: una visión desde los Derechos humanos entendidos como derechos sexuales”, a continuación presento la trascripción del texto de las diapositivas presentadas en dicho evento :
“La gran diversidad de l@s seres que habitamos el mundo es tan enorme que aún ahora no se han podido clasificar los millones de especies que lo conforman: animales, vegetales, zoo-vegetales y la humana. Cada especie es un conjunto de sujetos muy parecid@s en sus formas, estilos de vida y maneras de sobrevivir.
Hemos nacido en un espacio, tiempo, lugar, cultura, sociedad particular, recorrido un camino diferente que nos hace pensar y actuar de manera distinta a l@s otr@s. Las diferencias son el principio de la vida, pero algun@s han considerado que su manera de contemplar la realidad, es el “deber ser” del actuar de la sociedad. Cabe preguntarse ¿Qué significa ser humano? L@s seres human@s, somos seres culturales, no biológicos, aunque seamos biológicamente homo sapiens sapiens, lo humano surge en su culturización, no antes. Somos concebidos homo sapiens sapiens no humanos, y nos hacemos humanos en el vivir humano... esto empieza cuando el embarazo comienza a ser un estado deseado por la madre. Si hay un aborto antes de éste momento desaparece un ser vivo, un embrión pero no un ser humano...”, afirma Humberto Maturana.
Todo aquello que sea imprescindible para la vida de l@s seres human@s es un Derecho. Tod@ ser human@ como tal es sujeto de derechos, entonces estos y para aquell@s son Derechos de human@s.
Principios para determinar derechos: el principio de autonomía (respeto por el/la ser human@), el principio de beneficencia (la intervención debería ser útil); el principio de no-vulnerabilidad no debería afectar negativamente); el principio de justicia (igualdad en la oportunidad); el Principio de No-Vulnerabilidad (no debería afectar negativamente); el Principio de Justicia (igualdad en la oportunidad).
Los derechos son preexistentes: anteriores y superiores a toda forma de organización política y prevalecen frente a cualquier norma positiva; son inalienables: no se pueden enajenar, ceder o transferir; son inherentes: constituyen un modo de ser intrínseco al sujeto; son esenciales: aquello por lo cual un ser es lo que es.
Somos parte de un problema en el que creemos no estar involucrad@s. Temas concernientes al poder y el trabajo en su relación con la sexualidad y la vulnerabilidad deben ser entendidos como situaciones que afectan las relaciones de trabajo. La vulnerabilidad social, particular y económica contribuye a la expansión de la falta de oportunidades para resolver los conflictos sexuales particulares. Los Derechos Humanos y sexuales de los grupos marginados o subordinados, las minorías sexuales, l@s subaltern@s laboralmente, l@s menores de edad, las etnias, deben ser conocidos y respetados.
Situaciones referentes a sexualidad y salud, “justifican” socialmente que quienes las vivencian sean asumid@s como marginales y minoritari@s. Los efectos del desarrollo e implantación de discursos preventivos y su utilización en los lugares de trabajo influyen hasta el punto de lograr cambiar las formas de relacionamiento social y motivar la implementación de mecanismos de control social.
La Tolerancia en general es mal interpretada, Se entiende como un «tener que aceptar todo lo que l@s otr@s hagan», incluso, si vulnera los derechos individuales. Comprender implica posibilitar el desarrollo de l@s demás, aunque este proceso no puede entorpecer ni negar el propio.
Los derechos humanos y sexuales propuestos son los siguientes:
1. Al reconocimiento y aceptación de sí mism@ como hombre o como mujer y como seres sexuados.
2. A la igualdad de Género.
3. Al fortalecimiento de la autoestima, la autovaloración y la autonomía para lograr la toma de decisiones en torno a la sexualidad.
4. Al libre ejercicio de la orientación sexual.
5. A elegir las actividades sexuales según sus preferencias.
6. Al ejercicio de su función sexual en su modo erótico y reproductivo.
7. A la Educación sexual positiva.
8. A espacios de comunicación familiar y escolar para tratar el tema de la sexualidad.
9. A la intimidad personal, la vida privada y al buen nombre.
Con respecto al primero y segundo de los derechos: “Al reconocimiento y aceptación de sí mism@ como hombre o como mujer y como seres sexuados”, y “A la igualdad de Género” he venido haciendo una serie de construcciones que me propongo compartir a continuación fundamentándome para ello en elementos del enfoque sistémico, y en las teorías del lenguaje como generador de mundos y de las emociones como motores de la acción humana, algunos de cuyos aspectos fueron previamente tratados en los desarrollos sobre el derecho “Al fortalecimiento de la autoestima, la autovaloración y la autonomía para lograr la toma de decisiones en torno a la sexualidad”.
En noviembre del 98 se celebró en Medellín organizado por la Sociedad Colombiana de Sexología, el "Primer Simposio Ética y Sexualidad", en el tuve la oportunidad de hacer cuatro presentaciones magistrales denoiminadas: Derechos de Human@s: Derechos Sexuales ; Principios éticos y su relación con los Derechos Humanos entendidos como Derechos Sexuales ; Principios éticos para el trabajo en sexualidad , y El Manejo Ético de la Información sobre Sexualidad en la Televisión e Internet , y un taller cuyo objetivo fue avanzar sobre el tema de los derechos sexuales entendidos no como derechos de las mujeres sino como derechos de todas las personas sin diferencia de su sexo, genero, orientación sexual o expresiones comportamentales sexuales; de cuyo contenido preparatorio se produjo el texto Los Derechos Humanos También son Sexuales, Los Derechos Sexuales También son Humanos .
Es importante recalcar que es el interés sobre los derechos sexuales y humanos, el fundamento conceptual con el que también se discutieron los derechos civiles de las parejas homosexuales y lésbicas en Colombia. Discusión que se derivó en las propuestas de ley sobre estos derechos. Tema del que hablaré más profundamente al hacerlo sobre los “Aspectos políticos de la homosexualidad”, en el ítem denominado “Derechos civiles de las parejas del mismo sexo: la puerta de entrada al mundo de la política”.
A partir de 2001, la difusión del tema de los derechos sexuales se fue profundizando hacia otros aun más específicos: la construcción de la identidad sexual, de orientación sexual y de géneros; las identidades de las personas que transitan de las masculinidades a la feminidades o de éstas a la masculinidades; la identidad de hombres que penetran a otros hombres pero que no se identifican como homosexuales; los derechos sexuales de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes y su relación con la violencia y la explotación sexual, inclusive la comercial; y, la identidad de las personas que viven con el sida.
Tuve la oportunidad de realizar algunas investigaciones respecto a los temas citados y de compartir los resultados en diferentes foros nacionales e internacionales. Incluso, algunas de las presentaciones son capítulos de publicaciones nacionales e internacionales. Cito a continuación algunas de ellas:
“La homosexualidad en nuestros tiempos: una lectura en clave militante”. En: Memorias IX Seminario Colombiano de Sexología: Sexualidad en el tercer milenio. Ministerio de Educación, Universidad Nacional de Colombia y Sociedad Colombiana de Sexología. Mesa redonda “La homosexualidad en nuestros tiempos”. Bogotá. 1997.
Taller y ponencia, “Construcción de identidad de orientación sexual, sexo y/o de género desde una visión de los derechos Humanos entendidos como Derechos Sexuales” presentadas en el: 7º Encuentro nacional y 2º Congreso Internacional LGBT Creando un mundo sin fronteras. Latino Lesbian and Gay Organization LLEGO. San Diego, California/ Tijuana México, 1999.
“Educación y Minorías sexuales: Un paso adelante, dos atrás”. Ponencia en el X Congreso Nacional de Sexología y Educación Sexual. ICBF – Sociedad Colombiana de Sexología. Bogotá, 1999.
Realicé dos videos con la producción y aporte económico de Chira Producciones: “Semana por la diversidad” (1997) y “Con todas las de la Ley” (1998) . Videos que se proyectaron como estrategia promocional de las actividades del día del orgullo gay en 1997 y como parte de la actividad cultural del día del orgullo gay en 1998, respectivamente. “Con todas las de la Ley” es una investigación documental sobre los derechos sexuales obtenidos por los colombianos hasta la fecha de su realización.
El tema de la Construcción de identidad sexual fue inicialmente abordado como investigación de tipo cualitativo, realizada con metodología etnográfica y utilizando entrevistas semiestructuradas, grupos de discusión y observación de campo. El marco teórico en el que se trabajó fue la epistemología sistémica y la ontología constitutiva, desde la que se entiende al lenguaje como generador de mundos y a las emociones, como motores de la acción humana; además, trabajando con una concepción del ser humano que lo asume como un sujeto relacional, único, irrepetible, trascendente, evolutivo e histórico. La primera de las investigaciones sobre la Construcción de identidad sexual se denominó “Comprensión de las masculinidades y feminidades de las transvestis trabajadoras sexuales y su relación con la infección por el VIH/sida”. Bogotá, Colombia” .
La segunda realizada con la misma epistemología, ontología y concepción de ser humano, la titulamos “El derecho a estar siendo o la posibilidad emocional, teórica y experiencial de las identidades móviles: una comprensión desde el mundo de las “travestis” trabajadoras sexuales”
Al respecto también hice una ponencia denominada “Las identidades móviles de los, las, les seres”, durante el X Seminario internacional de Bioética: Bioética y sexualidad, realizado por el Programa de Bioética de la Universidad del Bosque, en 2004, en Bogotá .
Un importante foro para discutir el tema de los derechos sexuales y la salud se presentó durante el desarrollo de la Universidad Itinerante Políticas públicas, mujer y salud. Organizada por la Red de salud de las mujeres Latinoamericanas y del Caribe, en Popayán en el 2003, evento en el que presenté una conferencia titulada “Experiencias alternativas frente a las políticas públicas: el caso de los homosexuales, las lesbianas y demás personas en otras variantes sexuales” .
En Barranquilla, Colombia realicé la investigación: “¿Cómo los hombres cigarrones (cucarrones, mayates) han construido su identidad de orientación sexual y su identidad de género?”, llevada a cabo con hombres entre los 17 y los 34 años, habitantes de esa ciudad, quienes se asumen e identificaban a sí mismos como heterosexuales, pero que tienen relaciones genito-anales penetrativas hacia otros hombres o permiten la realización de prácticas orales. Sobre este tema presenté una conferencia denominada “Construcción de la masculinidad a partir del sometimiento sexual a otros hombres”. En el II Coloquio Internacional de estudios sobre varones y masculinidades y I Congreso Nacional de la Academia Mexicana de Estudios del Género de los Hombres, 2006, Guadalajara. En ese mismo evento tuve la oportunidad de realizar la conferencia “Tránsitos de la masculinidad a la feminidad en transvestis y transformistas” .
En la Jornada Precoloquio Masculinidades Varones y Salud, de ese II Coloquio realicé un taller denominado “Relación entre la identidad sexual, identidad de género y riesgo de adquirir el VIH/sida” . En la misma línea ya había presentado en El Salvador, en el 2005 la conferencia “La homofobia como factor de riesgo para la propagación del VIH/sida” durante el IV Encuentro centroamericano de personas que viven con VIH/sida.
Relacionado con el tema de los derechos sexuales, participé en un proyecto piloto a nivel mundial en el 2005, en Colombia, financiado por el DANE Departamento Administrativo Nacional de Estadística denominado “Medición de la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes”, un proyecto que buscó medir el número de niños, niñas y adolescentes explotados sexualmente en Bogotá, Medellín, Ipiales y Manizales, tanto en las calles como en lugares de encuentro. Una segunda fase buscó medir, en el 2006, el mismo tema en las instituciones educativas de Bogotá en los grados 5 al 11. Esta investigación no pude terminarla, por mi salida forzosa de Colombia, pero algo que mucha gente discutió y no quería aceptar que se investigara fue mi interés en conocer la verdad sobre, si realmente los agresores sexuales de las niñas, niños y adolescentes son los miembros de la iglesia, agentes del ejercito oficial, de la guerrilla o los paramilitares. De todas formas en el desarrollo de la investigación sobre los chicos y chicas en la calle y en los espacios comerciales, fue evidente la presencia de paramilitares actuando como proxenetas, dueños, administradores y traficantes de estos.
2.10.6.5 Los maricas estamos en todas partes
Desde sus mismos orígenes la Sociedad Colombiana de Sexología SCS, con el apoyo de los Psicólogos y profesores universitarios Octavio Giraldo Neira y Nelsy Bonilla, fue abierta a la participación de los homosexuales y lesbianas en sus eventos e inclusive entre sus miembros. A Octavio lo conocí durante el I Congreso Colombiano de Sexología, realizado en Bogotá, en 1981; de Nelsy tuve la oportunidad de hacerme su amigo durante el Congreso de la SCS en 1994, siendo ella precisamente, como Presidenta, quien me invitó a hacerme miembro de la Sociedad, luego de conocer mi propuesta sobre conceptual sobre los derechos humanos entendidos como derechos sexuales. En la sociedad tuve igualmente la oportunidad de conocer a Maria Lady Londoño y su propuesta sobre los derechos sexuales de las mujeres, terma sobre el que ya había leído previamente algunas de sus notas, aun cuando su libro se publicara algún tiempo después.
En 1.982 Guillermo Cortes y yo, como miembros de Ventana Gay asistimos en calidad de participantes, en Bogotá, al “I Encuentro Internacional de Sexualidad y Sociedad y al II Simposio Colombiano de Sexología”, eventos para los que, desde Ventana Gay y su Instituto Lambda de Colombia, preparamos un documento extraordinario publicado como dossier en la revista al que titulamos “Homosexualidad: Rótulo sin objeto”, siendo nuestro objetivo la distribución del material a todos los interesados en el tema de la sexualidad, asistentes a dichos eventos. Aun cuando no estaba prevista nuestra participación en el programa, los organizadores Psicólogos Octavio Giraldo Neira y Rubén Ardila, quienes tuvieron acceso a nuestra producción conceptual, nos propusieron tomar un tiempo para hacer la presentación sobre nuestro documento y el MLHC, puesta en común que hice yo.
El hecho de que en el MLHC y la Ventana Gay nos hubiéramos dedicado más a la construcción política, no significó que yo me alejara de la construcción del discurso sobre la homosexualidad, pero si un alejamiento de las posibilidades que encontrábamos en la SCS, ya que allí el discurso seguía siendo bastante clínico, a pesar de que existía cierta apertura mental.
Estábamos en Ibagué en la realización del primer Foro departamental sobre sida organizado en Colombia (Departamento del Tolima), al que habíamos sido invitados como conferencistas en septiembre de 1989, cuando el doctor Gacharná en calidad de Presidente de la mesa, debió presentarme al auditorio para presentar mi conferencia. Él dijo: “Les presento al doctor Velandia que es homosexual”, yo le respondí “gracias doctor Gacharná, de quien creo es heterosexual”. En el auditorio se oyeron de fondo a mis palabras, las risas de los asistentes; yo continué diciendo: “porque a mí no me invitaron a este evento por marica sino porque soy la persona que inició loas acciones de prevención de sida en Colombia y uno de los pioneros en América Latina”. Se oyó a continuación un fuerte aplauso.
Al salir del evento, al medio día, reflexioné sobre lo que había sucedido y pensé que había perdido la oportunidad para hablar mas políticamente sobre la homosexualidad y de hacer énfasis en su relación y su separación con el sida, así que me propuse que al hacer mi siguiente intervención que sería en un taller sobre uso del condón, que haría esa misma tarde, yo aprovecharía la oportunidad para relacionar los dos temas.
Este “Foro departamental sobre sida” organizado en la Secretaria Departamento de Salud de El Tolima, fue la primera oportunidad en la que me abanderé como líder homosexual trabajando en prevención, recalcando allí la importancia que tenía el que los homosexuales fuéramos reconocidos no solo como “grupo con riesgo” sino especialmente como un elemento humano importante en el diseño y realización de cualquier estrategia y política de prevención.
Al doctor Gacharná, no le agradó mucho el giro que le di a mi taller y no tardó en hacérmelo saber, pero yo insistí en que yo como tallerista tenía plena autonomía en el sentido que le daba a mi actividad y que los organizadores, y en especial los asistentes, estaban muy satisfechos con lo que se había realizado. De paso, aproveché la oportunidad para recordarle que en la “V Conferencia él había adquirido el compromiso de movilizar las condiciones para que en Colombia se desarrollara una legislación sobre sida, que se fundaría en la "Declaración Internacional de Montreal sobre los Derechos Fundamentales de la Persona Portadora del Virus del Sida ", y que yo era el veedor internacional para ese cumplimiento, en mi calidad de Coordinador para el Área Andina en la “Red Latinoamericana de trabajo en sida”. Al respecto, en el documento “Una visión del sida a partir de 19 años de prevención en Colombia: éxitos y fracasos” se lee:
“Siguiendo dicha recomendación, el Ministerio de Salud de Colombia convocó a un grupo interdisciplinario de funcionarios de diferentes programas de sida pertenecientes al Estado, al Abogado Alfonso Tamayo y a Velandia, como representante de las ONG, para que realizaran el texto del Decreto 559 de 1991 sobre sida. Ese Decreto se fundamentó en la " Declaración Internacional de Montreal sobre los Derechos Fundamentales de la Persona Portadora del Virus del Sida” y tuvo como eje de su normativa al paciente considerado como sujeto de derechos. Una vez publicada la Constitución Política de Colombia, en ese mismo año, diferentes organizaciones y personas en la comunidad consideraron conveniente revisar el articulado del Decreto. Una primera aproximación a dicha revisión se realizó en el marco de la 2ª Conferencia Colombiana de ONG Trabajando en Sida (1992), actividad que también fue asumida por la Defensoría del Pueblo, el Ministerio de Educación y la Cruz Roja colombiana. Luego de múltiples intentos realizados por las ONG y los Grupos de Apoyo y Autoapoyo, en Febrero de 1994, el Programa Nacional de Sida, decidió adecuar el Decreto. En Mayo de 1995, en la Conferencia de Consenso sobre Aspectos Éticos-Legales y Sociales del VIH/sida en Colombia, organizada por el Ministerio de Salud, se retomó la discusión del tema bajo la Coordinación de la Médica Diana Peñarete y del Abogado particular Germán Humberto Rincón.
La revisión total y redacción solamente se hicieron posibles de manera oficial, en septiembre de 1996… El Decreto 1543 por el cual se reglamenta el manejo de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), el Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (sida) y las otras Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), fue promulgado en junio 12 de 1997, siendo expedido por la Presidencia de la República y subscrito por Alma Beatriz Rengifo López, Ministra de Justicia y del Derecho; Iván Moreno Rojas, Ministro de Trabajo y Seguridad Social; María Teresa Forero de Saade, Ministra de Salud; y Jaime Niño Diez, Ministro de Educación.”
En Bogotá, en la Universidad Nacional de Colombia UN, durante el IX Seminario Colombiano de Sexología: Sexualidad en el tercer milenio, realizado en mayo de 1997, conjuntamente entre la Sociedad Colombiana de Sexología, la UN y el Ministerio de Educación, en la mesa redonda sobre “la homosexualidad en nuestros tiempos”, debí hacer mi presentación con posterioridad a las presentaciones de las Psicólogas Florance Thomas, francesa, feminista, maestra universitaria y directora del grupo “mujer y Sociedad” y de la igualmente feminista y especialista en genero, María Lady Londoño, miembra titular de la SCS.
Aprovechando las palabras de mis antecesoras, decidí cambiar el inicio de mi discurso previamente preparado e improvisar, teniendo en cuenta los aspectos relevantes de mis notas. Lo hice, porque en el pasillo, camino al auditorio, oí a uno de los asistentes al evento, que decía a otra persona “Ese es el marica que va a hablar” y además, porque me molestó saber que nadie se refería a los demás ponentes en el evento como “ese es el heterosexual que va a hablar”.
El texto que transcribo a continuación fue tomado de las memorias del IX Seminario Colombiano de Sexología, que se distribuyeron en un CD sin clasificación bibliográfica, y del que circuló una gran cantidad de copias piratas, entre los maestros, maestras y lideres en temas de genero y sexualidades, dado que el Ministerio de Educación nunca proveyó los recursos necesarios para su publicación.
Muchos de los documentos allí presentados eran una fuerte crítica al “Proyecto Nacional de educación sexual”, que funcionaba porque el Senado había convertido en “Ley la “Educación sexual”, el cuatro de octubre de 1995. Esa norma legal estableció que todas las escuelas públicas y privadas del país debían impartir educación sexual desde el nivel inicial y hasta el superior de formación docente, contemplando en su diseño aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos. El texto del que vengo hablando se denomina “La homosexualidad en nuestros tiempos: una lectura en clave militante”:
“Es evidente para todos los aquí presentes que el marica en esta mesa soy yo y aun cuando las presentaciones de mis dos amigas aquí en la mesa hablan de lo maravillosa que es la vida de los homosexuales en Colombia, quiero decirles que esto no es así. Según los informes de Amnistía Internacional más de 640 homosexuales han sido asesinados en Colombia por grupos de limpieza social; el más importante homosexual profeminista colombiano, León Zuleta, acaba de ser asesinado por sus trabajos en el tema de los derechos humanos; y, aun cuando el Ministerio de Salud afirma que los homosexuales somos el “grupo de riesgo”, dije y oyeron bien “grupo de riesgo” y no “grupo con riesgo”, hasta el momento no se ha dedicado ningún recurso específico para trabajar con esta población; de ahí que no se pueda pensar en este país como tampoco es ningún lugar del mundo que ser homosexual es una maravilla.
Me pregunto por qué, ni en este ni en ningún otro evento hay una mesa de trabajo sobre la heterosexualidad y si las hay sobre la homosexualidad. Tengo la respuesta, tan solo se explica lo que es extraño, diferente, anormal, lo que no es la maravillosa heterosexualidad. Si ustedes consultan cualquier libro sobre la sexualidad que explique las orientaciones sexuales encontrarán que más del 75% de sus páginas se dedican a la homosexualidad, un 15% a los y las bisexuales y el porcentaje restante, a los heterosexuales y las lesbianas; porque las lesbianas como mujeres no existen y no requiere explicación aquello que no existe, tan es así que las mujeres de esta mesa, que todos sabemos tienen amigas lesbianas, no las han nombrado ni una sola vez y al escoger a los ponentes no se pensó en que en nuestra país hubiera una mujer lesbiana que pudiera tener un discurso construido y presentarlo en un evento de esta magnitud.
No voy a hablar de las lesbianas ni de las lesbianidades porque de ello deben hablar precisamente ellas, así que hablaré únicamente de las homosexualidades, así en plural, porque si parto de que soy tan único e irrepetible como cada uno de quienes aquí me escuchan, entonces tendremos que aceptar que la manera particular de vivir nuestras sexualidades es igualmente única e irrepetible, y que hay tantas homosexualidades como homosexuales hay, tantas lesbianidades como lesbianas hay, y tantas… (Problemas de audio que dificultan la trascripción de la información).
Cuando se habla de la diversidad sexual lo primero que se piensa es que la diversidad está en lo homosexual, pero si los homosexuales somos lo diverso entonces las demás sexualidades son lo igual. Y entonces los y las bisexuales dirán pero si somos diferentes, y los y las heterosexuales querrán que por ningún motivo se les equipare a las demás orientaciones sexuales, porque cada grupo de personas que se asumen en una orientación sexual se reconoce precisamente en la diferencia y se reafirma en la diversidad; pero cada persona en medio de esa diversa diversidad se reconoce en su propia unicidad. La diversidad sexual entonces está representada por los diferentes y sus diferencias, porque cada uno de nosotros al vivir su sexualidad vive su cuerpo, su genero, su orientación sexual, sus formas de obtener y dar placer y la aceptación de sí mismo de una manera única y particular, y es ello lo que nos y los hace diversos.
…Por supuesto que hay un modelo judeocristiano, medico, jurídico y cultural que socialmente nos dice como “debemos ser” en nuestra sexualidad, un modelo que niega la diversidad porque supone una única manera de ser heterosexual, hombre, macho, masculino, falocrático, misógino y una única manera de ser mujer, hembra, femenina, dependiente del macho y de su poder, y adoradora de los hombres y sus falos como representación del poder que ellos son.
Es esta la razón por la que en los libros y los sexólogos, sociólogos, antropólogos o psicólogos no hablan de la heterosexualidad, porque la heterosexualidad está dada, se nace heterosexual; porque a diferencia de los homosexuales, de las lesbianas, de los mismo bisexuales que por reconocerlo tenemos conciencia de nuestro proceso de construcción de la identidad de orientación sexual, los hombres y las mujeres heterosexuales nunca se preguntan con respecto a su identidad.
Les pido que me ayuden es esta reflexión y por favor responda cada uno y cada una de quienes están aquí a las siguientes preguntas :
¿Es su padre ó su madre responsable de su opción sexual?
¿Qué cree Usted que generó su opción sexual?
¿Cuándo y cómo decidió su opción sexual?
¿Es consciente de su opción sexual?
¿Cree que el rechazo a otras opciones sexuales l@ llevó a determinar la suya?
¿Sería que todo lo que Usted necesitara para cambiar su opción sexual, es un(a) buen(a) amante con una opción sexual diferente a la suya?
¿Considera que un fracaso en un intento sexual l@ llevó a determinar la suya?
¿Considera que personas con una opción sexual diferente siempre estarán dispuest@s a seducirl@?
¿Cree que su opción sexual l@ lleva a hacer de su vida un espectáculo público?
¿Ha consultado a un(a) terapeuta a causa de su opción sexual?
¿Considera que los menores deberían tener maestros con su misma opción sexual?
¿Permitiría que alguien a quien usted ama sostuviera relaciones con otra persona cuya opción sexual sea diferente a la suya?
¿Debería haber leyes especiales para quienes no tengan su misma opción sexual?
¿Quien tiene una opción sexual distinta a la suya, debería ser separado de la sociedad?
¿En qué se diferencia Usted de aquell@s que tienen una opción sexual igual a la suya?
¿En qué se diferencia Usted de aquell@s que tienen una opción sexual diversa a la suya?
¿Usted cree que vale la pena hacerse todos éstos interrogantes acerca de su opción sexual?, a la de otr@s?, para qué le sirve?
Inicié me presentación en este seminario aclarando que “el marica en esta mesa soy yo”, perogrullada pensarán algunos; evidente, afirmarán otros. Justo quiero recalcar sobre esa evidente evidencia.
No soy un hombre gay así algunos me entiendan como tal, no lo soy porque semánticamente no tengo existencia, en español no existe esta palabra y por tanto tampoco el hecho que ella designa. En inglés gay en su significado primigenio es alegre, divertido y a partir del movimiento de Stone wall en 1969 se le agrega la connotación militante a la idea de que somos gay porque los maricas somos “de ambiente” como en Colombia se nos dice. No uso la palabra gay porque como acto político de resistencia decidimos en el movimiento homosexual colombiano, usar la palabra “guëis”, tal y como un colombiano común y corriente como usted o yo lo diría, para referirnos a esos militantes homosexuales. Tampoco soy gay porque cuando pienso en mi amor por otros hombres no siempre me pienso como un sujeto político y si casi siempre como un sujeto sexuado que se relaciona genital y afectivamente con otros hombres, que desea a otros hombres y que hasta hace unos pocos años (1981) era un delincuente en este país por el hecho de ser homosexual.
Tampoco soy un hombre homosexual porque el concepto homosexual que fue acuñado en 1869 por Karl María Kertbeny, escritor y jurista, para definir la atracción sexual de algunos individuos por personas de su mismo sexo, como un aspecto inherente e inamovible de su personalidad, a través del siglo XX, ha sido transformado por diferentes escuelas psicológicas y ampliado por los profesionales de la salud hasta definir una enfermedad sexual y yo no soy un enfermo, tampoco lo considera así la Organización Mundial de la Salud OMS.
Evelyn Hooker En 1958, escribió el artículo La adaptación del hombre declaradamente homosexual. Trabajo que sería utilizado 20 años después para respaldar el trabajo de quienes quisieron eliminar definitivamente la homosexualidad de la lista de trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría. Apoyada por los Institutos Nacionales de Salud Mental de los Estados Unidos y tras observar que uno de sus estudiantes y sus amigos declaradamente homosexuales no cumplían con los imaginarios de los hombres homosexuales, aplicó un diseño experimental refinadamente simple a 30 pares de hombres, uno de ellos homosexual y otro heterosexual, equiparados por edad, educación y coeficiente intelectual (la media del coeficiente intelectual difiere menos de un punto); pidió a un panel de expertos que interpretase las pruebas sin conocer la orientación sexual de los sujetos de investigación; y pedirles que valoraran la salud psicológica sin conocer la orientación sexual. A modo de reto Hooker les pidió a los expertos que determinaran en función de la prueba quién era homosexual y quién era heterosexual. Las pruebas utilizadas fueron la prueba proyectiva de Rorschach o más popularmente conocida como de manchas de tinta, y una similar, el test de apercepción temática (TAT).
Los expertos sólo pudieron determinar correctamente al homosexual de la pareja en una 50% de los casos, lo mismo que hubiera predicho el azar de una moneda lanzada al aire. En algunos casos, una persona fue determinada como un “Kinsey 6”, por el Rorschach, y por el mismo experto como un “Kinsey 0” por el TAT. Hooker extrajo tres conclusiones de su estudio:
La homosexualidad no existe como entidad clínica. Sus formas son tan variadas como en el caso de la heterosexualidad;
La homosexualidad puede ser una desviación del modelo sexual que entra dentro del modelo de lo psicológicamente normal;
El papel que desempeñan determinadas formas de deseo y de expresión sexual puede ser menos importante para la personalidad y el desarrollo de lo que frecuentemente se ha asumido.
La Asociación Psiquiátrica Americana, APA, en abril de 1.974 consideró que la homosexualidad per sé no es un trastorno mental y por lo tanto no puede clasificarse como tal, por no ser esta una categoría diagnóstica; en su lugar, se crearon las de trastornos de orientación sexual. (DSM III R: Modern Synopsis of Comprensive Text Boock of Psychiastry IV). En el DSM-IV (APA, 1994) se agruparon los trastornos de género y de la identidad psicosexual en una misma categoría.
La posición de algunos colegios profesionales estadounidenses, con respecto a que la homosexualidad no es una enfermedad mental ni motivo de discriminación, se encuentra registrada en las resoluciones de las siguientes asociaciones americanas: Para el progreso de la ciencia (1.975), de la salud pública (1.975), de Enfermería (1.979), de Bibliotecarios (1.971), de Trabajadores Sociales (1.977), de Educadores (1.970), de Abogados Americanos (1.973) Asociación Psicológica Americana (1.975) y el Consejo Nacional de Profesores de inglés (1.979).
En la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, a partir de CIE-10,1987, no se incluye la homosexualidad como enfermedad. En ella se señalan, además los problemas psicológicos conductuales asociados al desarrollo y la orientación psicosexual, que pueden ser o no problemáticos para el sujeto y en esa medida pueden afectar el funcionamiento individual y a la relación con la pareja al actuar sobre las preferencias y patrones de relación eróticosexual.
La palabra “homosexualidad” sugiere muchas cosas distintas, pero no siempre el erotismo o la genitalidad entre hombres puede denominarse “homosexualidad”. Muchas de las palabras utilizadas para definirla o para hacer referencia a ella retoman los términos como: berdache, sodomía, enfermo, urnings, degeneración, perversión, inversión, tendencia, orientación, conducta, variante, opción, alternativa, decisión, determinación, natural, herencia, antinatural, congénito, consecuencia, influencia, y muchas otras. Las teorías expresadas en estos términos han sido utilizadas como fundamento de estigma y vulneración a los hombres homosexuales y las mujeres lesbianas.
Pero esa palabra también sugiere algo que yo soy: una marica. Esto lo tiene claro quien en el momento en que ingresaba a esta sala dijo “Ese es el marica que va a hablar”, pero también lo tienen claro muchas personas que me estigmatizan, me agreden, me vulneran y que consideran que al decírmelo, me ofenden. La palabra marica etimológicamente tiene es su origen lo femenino, la palabra María, los maricas somos las marías, por eso soy marica porque en esta sociedad machista el homosexual es menos hombre, y serlo es “ser mujer”, por eso no solo soy marica sino especialmente soy “una marica”. Porque de manera despectiva, incluso muchos que se piensan a sí mismos homosexuales, ven en nosotros un cierto amaneramiento femenino, a un sujeto al que hay que separar socialmente y reivindico el derecho a ser femenino como una manera de ser homosexual, por eso soy “una mariquita”, la mas minúscula de todas, no por lo bajita sino porque deseo reivindicar en mi a la mas excluida de todas las excluidas, la “loca mariquita”.
Sí, además soy “loca” porque al interior de los homosexuales a las maricas mas mariquitas, como una manera de agredirlas, vulnerarlas, separarlas se les dice “locas”.
Como acto político he decido, a partir de este momento, dejar de ser gay, dejar de ser homosexual, dejar de ser marica para ser “una loca mariquita”. Con este acto político que es mucho mas que un acto de trasgresión lingüística y de las normas judeocristianas de las buenas conductas, quiero que quienes están en este recinto, uno de los más prestigiosos del país en la creación y difusión del conocimiento, y que en su mayoría son maestros y maestras se vayan con la idea de que el más pequeño y excluido de los seres tiene el derecho a que en la escuela se le respete y asuma en su diversidad, a que se le reconozcan todos sus derechos humanos y en todos sus derechos sexuales.
Me dirijo específicamente a las maestras y los maestros porque considero que la educación juega un papel fundamental en las transformación de los imaginarios, en la construcción de una nueva ideología, en la modificación de las relaciones sociales, en la cotidianización de la sexualidad no como un tema aparte sino como una vivencia, un sentimiento, una explicación de la realidad en la que los derechos sexuales sean reconocidos en su plenitud como lo que son, derechos humanos, es decir que: la equidad entre hombres y mujeres sea posible; los géneros incluyendo al de aquellos que deciden asumir una identidad de genero que es la que no se espera socialmente de ellos sea reconocido en iguales condiciones a las masculinidades y feminidades por ser variaciones de estas; las personas puedan vivir su orientación sexual sin tener que dar explicaciones y sin que sean tratadas como enfermas, anormales, antisociales, delincuentes o pecadoras; puedan vestirse como les plazca y no como la norma dicta; educación sexual sea positiva y en consecuencia no se enseñe sobre la sexualidad como algo sucio de lo que se deba hablar en voz baja o exclusivamente de y en la intimidad sino como una manera de realizarse como sujeto social, cultural y político; las personas en la búsqueda del placer puedan asumir practicas, comportamientos y actitudes erótico-placenteras que no vulneres a sus parejas sexuales, sin que por eso se les considere aberradas; en el que nuestra intimidad no sea expuesta en publico sin nuestro consentimiento; y, en la escuela ningún miembro de la comunidad académica sea separado, excluido, estigmatizado, burlado, castigado, satanizado, aislado o segregado en razón de ningún aspecto de la vivencia de su sexualidad.
Es esta mesa de discusión nos convoca el tema de la homosexualidad en nuestros tiempos, por ello llamo la atención a los maestros y maestras porque es en las mentes, capacidades e intereses de ellos y ellas en quienes el Estado ha puesto la educación sexual en nuestro país, no porque se piense que no se educa sexualmente en la casa, en la familia, en la iglesia, en la sociedad, en los medios masivos de comunicación sino porque es con sus maestros y maestras que un niño y una niña pasa el mayor tiempo de su niñez y juventud y en tal sentido de quienes mas información positiva o negativa recibe entorno a las sexualidades.
Les hablo a ustedes porque los padres derivan en los maestros y maestras la educación de sus hijos, porque los niños, niñas y jóvenes creen en ustedes y asumen que lo que dice el maestro es una verdad incuestionable y apelo a su sentido ético para que reconozcan que ningún ser humano puede ser vulnerado en su derecho a la construcción de su felicidad y ésta está directamente relacionada, con la vivencia plena de su sexualidad.
Reclamo a las maestras y los maestros la evaluación y redirección del Plan nacional de educación sexual e insto al Ministerio de educación que nos convoca a este evento para que comprenda que en los proyectos educativos institucionales en, de y para la sexualidad todas las orientaciones sexuales son igualmente validas como también a que comprenda que la equidad de genero no es solo una posibilidad para las mujeres sino también una construcción para y junto con los hombres.
Este evento nos plantea el reto de discutir sobre la sexualidad en el tercer milenio, creo que las prácticas sexuales no han variado demasiado en la historia de las sexualidades y tan solo veo a unos pocos utilizando las nuevas tecnologías para obtener placer o provocarlo, pero de todos es sabido que en este siglo que está a punto de terminar si ha cambiado la manera como la sexualidades se explican y las leyes con la que esta se cohíbe o castiga; constitucionalmente en nuestro país ha cambiado el papel de la iglesia, en el código penal ya no nos asume como delincuentes y ya hablamos de derechos humanos y sexuales.
Yo confió plenamente en que las decisiones políticas en el tercer milenio, en este país, estén orientadas de tal manera que ningún ser humano sea excluido, limpiado socialmente por grupos de derecha como sucedió con León Zuleta con quien fundamos el movimiento homosexual en Colombia y quien fuera asesinado en 1993 por sus trabajos con relación a los derechos humanos y sexuales.
Muy a mi pesar considero que en el tercer milenio las enfermedades de transmisión sexual se seguirán presentando porque desde el libre desarrollo de la personalidad algunos seres humanos seguirán optando por la enfermedad en vez de hacerlo por el autocuidado y la vida pero muy especialmente porque el desinterés del estado en las poblaciones sexualmente vulnerables como los y las trabajadores sexuales, las minorías sexuales e inclusive las mujeres seguirá creando condiciones de iniquidad e inequidad y muy seguramente estos y algunos otros grupos de personas seguirán siendo excluidos ya que la pobreza, la ignorancia y el modelo judeocristiano seguirán teniendo un peso político en cualquier toma de decisiones en Colombia y en el mundo y seguirán siendo la excusa para que cada vez un grupo mas pequeño de ciudadanos y ciudadanas concentren el poder económico, político y educativo en nuestro país.
Gracias a los juegos de la vida y el poder, depende de nosotros los líderes y liderezas sociales y de los maestros y maestras que el futuro que se nos avecina sea diferente, porque es por medio de la educación que se suceden los cambios o se perpetúan los modelos. De cada uno de nosotros depende no solo nuestra existencia sino la vida que queremos para aquellos que ponen en nuestras manos la posibilidad de decidir, de proponer, de luchar por los derechos, no solo por los nuestros sino por los derechos humanos y sexuales de todos y todas.
Sueño con un mundo en el que por ser una loca mariquita ya no sea contemplada como una perdida o una pérdida sino como lo que realmente soy, un ser que en lo único que se diferencia de algunos de ustedes es en el sujeto que elegido para poner mis deseos, mis afectos, mi erotismo, mi genitalidad, y en el que se entienda, asuma y respete que al igual que algunas de ustedes tengo el derecho a optar por un hombre pero que a diferencia de muchos y muchas de los y las heterosexuales ha decidido ser lo que quiere ser y vivirlo plenamente y sin tener que esconderse para ser feliz.
Gracias por los aplausos pero estos no son para mi, son para cada uno de ustedes y no lo son solo por hoy sino para cada día en el que al ir a la cama con su pareja descubran que al revisar cada una de las acciones del día, en las que eso sea viable, han hecho lo posible para que otros y otras vayan a la cama con igual libertad con que ustedes pueden hacerlo o con mejores posibilidades de las que hasta ahora usted mismo o usted misma tiene.
Este evento y presentación fue un momento decisivo en el cambio del discurso sobre la homosexualidad en nuestro país, fue igualmente la primera oportunidad en la que hacia público en un evento a nivel nacional, organizado por un Ministerio, una sociedad científica y una universidad, mi discurso sobre los derechos humanos entendidos como derechos sexuales.
El siguiente texto relata algunos de las razones y ejercicios de construcción política sobre el discurso de la maricada:
Ser Marica: cuestión de hombres
“Ay, no me digas marica, dime gay” decía un amigo que pensa
