jueves, 20 de diciembre de 2007

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Etnografía sobre Salud Sexual y Reproductiva en Desplazados viviendo en Soacha, Cundinamarca, Colombia.

Manuel Antonio Velandia Mora[1]
Consultor e Investigador Principal.
Consultor Nº T6098
Consultoría C-002-02, EngenderHealth Colombia
Asistencia técnica COL-043-01 Soacha


Entidad Patrocinadora
EngenderHealth Colombia
Instituciones Involucradas
Hospital Mario Gaitán Yanguas, de Soacha. Empresa Social del Estado adscrita a la Secretaría de Salud de Cundinamarca.
Fundación Apoyémonos: Fundación Colombiana de Apoyo en Sida, Hepatitis y ETS.

Fecha de ejecución
4 de febrero a 4 de marzo de 2002

RESUMEN

Investigación cualitativa etnográfica sobre necesidades en salud sexual y reproductiva de mujeres y hombres entre los 23 Y 45 años, desplazados por la violencia y viviendo en localidad de La Florida del municipio de Soacha, Cundinamarca. Fue patrocinada por EngenderHealth de Colombia buscando fortalecer el programa de Salud Sexual y Reproductiva SSR del Hospital Mario Gaitán Yanguas de Soacha/ Secretaría de Salud de Cundinamarca, Colombia. La investigación se fundamenta epistemológicamente en el mapa del pensamiento sistémico, ontológicamente en el mapa de la ontología constitutiva y socio-antropológicamente en las emociones como dispositivos para la acción. Instrumentos: Grupos Focales y Entrevistas no estructuradas e informales. Objetivo: realizar un diagnóstico participativo de conocimientos, actitudes, necesidades y prácticas en salud sexual y reproductiva en hombres y mujeres de los diferentes grupos etáreos y la percepción de los servicios de la población de Soacha, que permita orientar una mejor prestación de los servicios de SSR.

Palabras Clave: Salud Sexual y Reproductiva, diagnóstico participativo, desplazados por la violencia.

ABSTRACT

Quantitative ethnographic research about needs in sexual and reproductive health, in women and men between 23 and 45 years old, forced by violence to move from their lands in the country and now living in the neighborhood of “La Florida” at the town of Soacha, nearby Bogota, Cundinamarca. Sponsored by EngenderHealth of Colombia, tries to find ways to achieve the strengthening of the Sexual and Reproductive Health Program SRH at the Mario Gaitán Yanguas Hospital in Soacha / Secretaría de Salud de Cundinamarca (Health Government Department of Cundinamarca), Colombia. Epistemologically, the research is based on the systemic thought map, ontologically on the Constitutive Ontology Map, and social – anthropologically on the emotions and feelings as devices or preceptives for action. Research sources: Focus Groups and Non - structured and informal Interviews. Objective: To determine a participative of knowledge, attitudes, needs and practices diagnosis in sexual and reproductive health in different ethareal groups and the perception that those people have about the services provided in Soacha, in order to orientate a better assistance in SRH.

Key word: Sexual and reproductive Health, Participative diagnosis, People forced by violence to move from the country to the cities.

La Investigación

La “Investigación cualitativa etnográfica sobre necesidades en salud sexual y reproductiva de las mujeres y hombres con edades entre los 23 Y 45 años, personas desplazadas por la violencia, quienes actualmente están viviendo en localidad de La Florida del municipio de Soacha, Cundinamarca” fue realizada con la financiación de EngenderHealth de Colombia buscando fortalecer el programa de Salud Sexual y Reproductiva que el Hospital Mario Gaitán Yanguas de Soacha perteneciente a la Secretaría de Salud de Cundinamarca, Colombia.

La investigación se fundamenta epistemológicamente en el mapa del pensamiento sistémico, ontológicamente en el mapa de la ontología constitutiva y socio-antropológicamente en las emociones como dispositivos para la acción. Los Instrumentos utilizados fueron Grupos Focales y Entrevistas no estructuradas e informales.

Propósito y objetivos de la Investigación

Realizar un diagnóstico participativo de conocimientos, actitudes, necesidades y prácticas en salud sexual y reproductiva en hombres y mujeres de los diferentes grupos etáreos y la percepción de los servicios de la población de Soacha, que permita orientar una mejor prestación de los servicios de SSR.

Identificación de la Investigación

Entidad Patrocinadora: EngenderHealth
Entidad Usufructuante: Hospital Mario Gaitán Yanguas, de Soacha Empresa Social del Estado adscrita a la Secretaría de Salud de Cundinamarca.
Localidad: La Florida, municipio de Soacha, Cundinamarca, Colombia
Población: mujeres y hombres con edades entre los 23 Y 45 años, personas desplazadas por la violencia, quienes actualmente están viviendo en dicha localidad.
Fecha de ejecución: 4 de febrero a 4 de marzo de 2002
Tipo de Investigación: Cualitativa Etnográfica.

Equipo de Trabajo

Manuel Antonio Velandia Mora. Gestor e Investigador y Principal.
Gabriela Luna Ávila. Investigadora Auxiliar. Aspirante a Maestría de Educación.
Carlos Ernesto Rojas Manosalva. Investigador Auxiliar. Aspirante a Especialista en Docencia Universitaria.
Álvaro Ricardo Molano Acevedo. Investigador Auxiliar. Publicista.
Gabriel Arias Hernández. Abogado.
Jacqueline Molano. Estudiante Cine y televisión. Trascripción


SUPUESTOS TEÓRICOS PARA EL DESARROLLO DE LOS GRUPOS FOCALES

En Colombia se utiliza el término “desplazados” para hablar de un grupo de personas “que se ven forzadas a salir de su lugar de residencia por amenazas o hechos que alteran su tranquilidad, su integridad física, su vida o su libertad personal, abandonando su hogar o su medio de subsistencia” (OPS, 2001).

Hasta hace unos años, los actores armados no tenían previsto el desplazamiento como estrategia, es decir que en una primera fase, los desplazados salieron huyendo de la confrontación armada como una consecuencia directa, inmediata de esta confrontación.

Hoy en día existen dos razones fundamentales parta el desplazamiento: primero, los actores armados dentro de su propósito de dominio territorial procuran cooptar más personal, más gente para sus filas. Quienes no estén interesados en ingresar a sus filas, deben abandonar inmediatamente el territorio. Segundo, porque los actores armados están muy interesados en copar los territorios geopolíticos y militarmente estratégicos, en ese sentido, dentro de esa avanzada, van empleando el terror, para desocupar todos estos campos y posicionarse militarmente en ellos, “es una reiteración de la contrarreforma agraria que se oculta detrás del conflicto armado y de la que se benefician terratenientes, latifundistas narcotraficantes y promotores de macroproyectos que acuden a procesos violentos de recomposición de la tenencia de la tierra” (Codhes, 2001). Así, tanto paramilitares como guerrilla y, en una medida muy ínfima todavía, la fuerza pública en particular el Ejército Nacional, también son agentes generadores de desplazamiento.

Inicialmente los desplazados eran líderes comunitarios, con una trayectoria política, expulsados de sus comunidades por las autodefensas (guerrilla de derecha). Los desplazados ya no son líderes ni izquierdistas, actualmente se están desalojando sin ninguna distinción a campesinos que salen de sus veredas, de sus corregimientos, huyéndole a la violencia.

La magnitud del problema
El Sistema Único de Registro de la Presidencia de la republica el Registro Nacional de Población desplazada por la Violencia informó que desde el 1º de Enero de 2000 hasta el 14 de Junio de 2002 se habían desplazado en Colombia 165838 Hogares y 740079 personas.

Según la editorial del 31 de enero de 2003 del periódico El Tiempo, “Ya suman dos millones los colombianos desterrados por el conflicto armado… Cada día, entre quinientas y mil personas son desplazadas violentamente en Colombia. Las cifras varían enormemente, según las fuentes, pero la magnitud de lo que está sucediendo, en las narices de una sociedad entre indiferente e impotente, es inocultable. Y lo es hace varios años... Codhes, la ONG más importante en este campo, habla de 2,7 millones de desplazados.

El Gobierno tiene registrados más de 800.000 y el director de la Red de Solidaridad Social, el organismo encargado, reconoció en el foro que son cerca de dos millones… Los indígenas, pese a ser solo el 2 por ciento de la población nacional, representan el 8 por ciento de los desplazados; las comunidades afrocolombianas ponen, como mínimo, casi 11 de cada 100 desplazados. La mitad de los desplazados son mujeres y una alta proporción, jefas de hogar. Casi el 50 por ciento de la población desplazada es menor de edad.”

La situación es de tal dimensión que el Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud declaró como evento catastrófico el desplazamiento masivo de población por causa de la violencia. Sin embargo, no se sabe y no se conoce por múltiples razones el número exacto de las personas desplazadas por la violencia en este país, entre otras razones, porque muchos de los desplazamientos ocurren en horas de la noche. Muchos de ellos prefieren pasar de incógnito en el municipio receptor o en la ciudad que los recibe por temor al estigma que pesa sobre ellos.
Los campesinos huyen de sus veredas y llegan a los municipios cercanos y de allí, ante la inasistencia local, buscan otros horizontes y por ello se desplazan a las ciudades buscando el apoyo, la seguridad del Estado. Barrios como el Nelson Mandela, de Cartagena; Aguablanca, de Cali, o Ciudad Bolívar, de Bogotá, o municipios como Soacha cerca de esta ciudad, ven aumentar su población en una magnitud que nunca tuvo la migración del campo a la ciudad. Las grandes ciudades están ante el reto de revisar sus metas de cubrimiento en materia de salud, educación y servicios públicos básicos.

La atención de los desplazados
Como parte de la estrategia nacional destinada a la atención a la población desplazada (alimentación, aseo personal, manejo de abastecimientos, utensilios de cocina, transporte de emergencia, alojamiento, seguridad y protección y organización comunitaria) se incluye la atención en salud. El Ministerio de Salud hace parte del Sistema y del Consejo Nacional de Atención Integral a la población desplazada por la violencia política y en la evaluación y seguimiento del plan.

El desplazamiento (OPS, 2001) ”es una oportunidad para realizar acciones de protección específica, detección temprana y atención integral de enfermedades de interés en salud pública, tales como la aplicación de vacunas, el control prenatal y la detección oportuna de enfermedades transmisibles”; este documento informa además que la salud sexual y reproductiva se puede promover apoyando la difusión de información y derechos en esta materia y solicitando información sobre la aplicación de métodos de planificación familiar y las actividades de control prenatal, prevención del cáncer cérvico-uterino, control de ETS y en especial del VIH-SIDA.

Son las administraciones las encargadas de garantizar la atención en salud a los desplazados. La asistencia debe ser coordinada por el director local de Salud, el director del hospital o el gerente de la Empresa Social del Estado y el costo se asume con cargo a recursos del situado fiscal para el subsidio a la oferta, y recursos de la subcuenta de promoción y eventos catastróficos del FOSIGA (Fondo de Solidaridad y Garantía). Las personas tienen derecho a acceso gratuito, entre otros, a atención de urgencias, detección oportuna de enfermedades transmisibles, hospitalización médico-quirúrgica, atención prenatal y del parto, y a servicios de ayuda diagnóstica.

En 1999, “las ayudas de emergencia fueron recibidas por el 60% de los hogares desplazados… lo que indica una importante intervención gubernamental y no-gubernamental… Las principales ayudas fueron en alimentación, salud y alojamiento”; sin embargo, una investigación de dicha entidad informaba que en ese momento “las principales necesidades de los desplazados con relación a salud tienen relación con los servicios médicos (82%), atención psicológica (14%) y rehabilitación física (4%)” (Codhes, 1999, Pág. 125-126).

La salud sexual y reproductiva de las desplazadas
Los resultados que se presentan a continuación hacen parte de los obtenidos en la primera gran Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva de mujeres entre los 13 y 49 años de edad que viven en condiciones marginales y de desplazamiento forzado en Colombia, fue Realizada por la Asociación PROFAMILIA, entre octubre del año 2000 y mayo del 2001, en sectores que registran los mayores índices de marginalidad en el país.

Se manifiestan variaciones notables en el tamaño de las familias que viven en condiciones de marginalidad. Por ejemplo, en 17 de cada 100 hogares se presentaron nacimientos, y en el 16% de los casos llegaron nuevas personas a las viviendas, provenientes de otras localidades. En síntesis, 33 de cada 100 familias incrementaron en una persona el número de sus miembros.
Con respecto a seguridad social, 44 de cada 100 personas se encuentran desprotegidas en caso de enfermedad o de urgencia. De quienes se hallan protegidas, un 28% pertenece a Administradoras de Régimen Subsidiado (ARS), y un 20% está vinculado al mismo régimen subsidiado. Sólo 8 de cada 100 personas pertenecen al régimen contributivo.

Entre las 2.072 mujeres entrevistadas, el 37% (766), ha sido desplazada por causa del conflicto armado que vive el país. En Colombia, la región Oriental tiene el mayor número de desplazadas del conflicto que provienen del campo (70%), le sigue Bogotá con un 68%.

Predominan las mujeres en condiciones de marginalidad que viven en unión libre (47%), le siguen las separadas (14.1%), después las solteras (22.4%), luego las casadas (13.5%) y finalmente las viudas (3.2%).

Las mujeres marginadas, víctimas de los desplazamientos armados y provenientes de zonas rurales son las que más hijos tienen. Actualmente, el promedio de hijos vivos que tuvieron las mujeres desplazadas que hoy cuentan entre 40 y 49 años de edad es: 5.3 hijos. La cifra es la más alta de todo el país, que indica que las mujeres de comunidades marginales aunque habiten en zonas urbanas, han mantenido un comportamiento reproductivo equiparable al de la zona rural.
El ocho por ciento de las mujeres encuestadas, entre los 15 y 49 años de edad, se encontraba embarazada al momento de la entrevista. Esta cifra dobla el porcentaje de mujeres del país (no desplazadas) que para el momento de la ENDS 2000 se encontraban gestando 4.7%).

Por cada 2 mujeres en unión que se encontraban en estado de embarazo al momento de la encuesta, 1 soltera también estaba en gestación. En las regiones Atlántica y Oriental se encontró el mayor número de mujeres embarazadas (9.2% y 8.2% respectivamente). Aquellas que han sido desplazadas por causa del conflicto armado tienen más embarazos a lo largo de su vida.
2 de cada 5 mujeres de las que se encontraban en gestación al momento de la Encuesta no deseaban ese embarazo.

Las proporciones de embarazos no deseados aumentan con la edad de las mujeres, la cifra es más elevada para aquellas que no están en unión, y entre quienes tienen menor nivel educativo. Se presenta con mayor frecuencia en la región Pacífica y con menor en la Oriental; es muy alto para las mujeres desplazadas por la violencia.

Del total de mujeres embarazadas al momento de la Encuesta, 47% no ha recibido control prenatal, un 49% recibió atención prenatal de un médico y un 4% de enfermeras.

A los 16 años, en promedio, las mujeres víctimas del desplazamiento forzado y aquellas residentes en sectores marginales, ya han iniciado su vida sexual. Edad mucho más temprana que la registrada en la Encuesta nacional de sexualidad para el promedio de las mujeres del país (Profamilia, 2000).

Las mujeres desplazadas por causa del conflicto armado son las que en menor proporción planifican sin tener hijos, y las que en mayor proporción iniciaron el uso de métodos después del cuarto nacimiento.

El 19% de las mujeres entre los 13 y 49 años de edad no sabe cómo evitar el contagio del SIDA. Las que menos saben de protección son las adolescentes, las mujeres mayores de 40 años, las solteras con o sin relaciones sexuales, aquellas con menores niveles de educación, migrantes que huyen del conflicto armado.

Pese a que el conocimiento de las ETS es alto, un 28% de las mujeres entrevistadas no sabe identificar ningún síntoma. Un 14% reconoce un síntoma, un 37% identifica dos o más. El 19% de las mujeres de zonas marginales no sabe qué es una citología, un 24% jamás se ha practicado el examen y un poco más del 10% ha dejado pasar más de 4 años desde la última citología.

Una de cada 2 mujeres entrevistadas es golpeada por su cónyuge. Entre las mujeres alguna vez embarazadas, el 20% ha sido objeto de violencia física durante el embarazo. Cerca del 80% de las mujeres padece situaciones extremas de control por parte de sus cónyuges. Normalmente, las acusan de infidelidad, las ignoran para sentir que ejercen sobre ellas algún tipo de castigo cuando han desobedecido una orden, y les limitan el contacto con los amigos y los familiares. En su orden, después del cónyuge, el principal agresor sexual de las mujeres residentes en zonas marginadas, es: un desconocido, un amigo, el ex marido, un pariente del esposo y el padrastro.

· Ontología

Tradicionalmente la ontología afirma que existe una realidad objetiva que funciona independientemente de los intereses que el observador tiene sobre ella, en razón de ello, se considera apropiado exigir que el investigador mantenga una distancia objetiva mientras la estudia; esta postura ontológica conduce a una epistemología entendida como ciencia que se ocupa del estudio del conocimiento humano, específicamente del conocimiento científico.

Asumimos que la realidad consiste en una serie de construcciones mentales que solamente se construyen y reconstruyen en la relación sujeto-objeto, por lo cual la objetividad carece de sentido ya que al posibilitarse múltiples relaciones se generan diversas realidades.

· Epistemología

Epistemología es ese punto de vista desde el cual la persona se relaciona con las cosas, con los fenómenos, con los seres humanos y eventualmente con lo trascendente.

Actualmente existen otras posturas epistemológicas hermenéuticas (Gadamer, 1977), constructivistas y holistas-sistémicas, en las cuales nos fundamentaremos, y que se caracterizan de la siguiente forma:

· Son hermenéuticas en cuanto consideran que las representaciones que las personas hacen de un objeto no coinciden con él ya que ellas los procesan, elaboran e interpretan a partir de su percepción que siempre es selectiva; cada quien asume, para su interpretación, una diferente parte del objeto y en consecuencia, como seres socioculturales que son, construyen diferentes representaciones del mismo.

· Son constructivistas en tanto que aceptan que las ideas, recuerdos o representaciones del mundo se construyen; al igual que toda etiqueta o clasificación no está en el mundo sino es una construcción de quien la aplica. Considera que para cada quien el mundo es la idea que ha construido de él. Esta epistemología concibe que es imposible separar al conocedor (sujeto) de lo conocido. Este enfoque asume que observador, fenómeno observado y proceso de observación forman un todo integrado. Los seres humanos operan mas interna que externamente, constituyen la realidad en el lenguaje. No hay leyes de la naturaleza u objetos externos; la legalidad y certeza de los fenómenos naturales son propiedades de quien describe. La lógica del mundo es la lógica de quien hace la construcción del mundo.

· Son holistas-sistémicas[2]; estudian totalidades ampliando el campo de observación en lugar de reducirlo a la parte más pequeña del objeto de estudio, y observa situaciones que en la relación entre sus partes no se habían considerado. Este enfoque, ha mostrado un éxito considerable en muchos campos, en especial cuando se trata de la comprensión de lo humano, de lo social. Este tipo de epistemología es holista, e interrelacionista, pues considera que no se pueden aislar los fenómenos porque están interrelacionados, porque el cambio en una parte afecta al todo.

La relación entre el sistema social y su entorno es esencialmente de comunicación, si bien el tipo de comunicación que se establezca depende exclusivamente de la naturaleza -siempre cambiante y distinta- de los sistemas y subsistemas sociales y sus entornos también particulares. El entorno de los sistemas sociales puede ser muy variado y complejo, para nuestro caso consideraremos como sus elementos los 14 subsistemas propuestos por Muller y retomados y profundizados para su propuesta teórica por Waldemar De Gregor[i].

El todo o sistema, en la teoría que desarrolla cibernética social, se puede analizar en su interior como constituido por catorce subsistemas o canales de energía; a su vez cada subsistema puede tomarse como sistema total en donde aparecen nuevamente de manera holográfica los catorce subsistemas, y así repetitivamente.

Los subsistemas son un esquema que subdivide al sistema en 14 áreas o aspectos que pueden contener o clasificar globalmente una realidad; revelan la constitución interna de cualquier sistema o comunidad en interacción. Todo sistema tiene dos necesidades básicas que son la reproducción y la sobrevivencia. El desempeño de un subsistema se puede medir por vectores entrópicos y neguentrópicos.

Los 14 subsistemas son: S01 Parentesco; S02 Salubridad; S03 Manutención; S04 Lealtad; S05 Recreación; S06 Comunicación; S07 Educación; S08 Patrimonial; S09 Producción; S10 Trascendencia; S11 Seguridad; S12 Político-administrativo; S13 Jurídico; y S14 Precedencia.

Los componentes operacionales, es decir los que le permiten a un sistema o un subsistema operar confluyen para la consecución de las metas del mismo. Estos componentes son 1º. El espacio, que responde a la pregunta dónde; 2º. La cronología, que da respuesta a la pregunta cuando; 3º. Los personajes, que hace referencia al quienes; y 4º. Los procedimientos, que determinan las respuestas a las preguntas sobre las acciones (qué), razones (por qué), metas (para qué), instrumentos (con qué), procesos (cómo) y evaluaciones.

Todas las preguntas de investigación utilizadas tanto en las entrevistas como en los grupos focales u el análisis de la información se sustentan en el modelo de Teoría de Sistemas y en especial en la propuesta de Cibernética Social de De Gregory, en lo que respecta a subsistemas y componentes operacionales.

· Acerca de lo que las personas comunican

Las opiniones particulares de los asistentes que conforman el grupo, en su suma como producto, representan un discurso social en torno al tema tratado, siendo este tan solo un verso al interior del multiverso que puede expresarse con respecto a ese ítem en particular. Los discursos expresados por una persona posibilitan a los demás participantes la producción de ideas nuevas y originales surgiendo así en el proceso grupal ideas comunes utilizables en el diseño de estrategias.

Esas ideas comunes son, en ultimas, entendidas como un texto de cuyo análisis, como discurso social, puede formarse un sentido de lo por ellos comunicado (Velandia, 1998). Dicho sentido no puede extrapolarse a ser identificado como el pensamiento de esa comunidad sino como una aproximación al mismo.

Lo expresado por los asistentes es considerado verdad. La verdad grupal surge a partir de la confluencia de opiniones de los diversos participantes con respecto al tema tratado.

Desde la propuesta de la ontología del lenguaje los seres humanos acontecemos en el lenguaje, es decir, nos constituimos en el lenguaje, el cual nos precede como mundo lingüístico con el que nos encontramos al nacer, y que nos configura en nuestra humanidad al aprehenderlo. Toda nuestra realidad humana es social y somos individuos, personas, sólo en cuanto somos seres sociales en el lenguaje.

En nuestra calidad de seres humanos nos socializamos en un ambiente donde se explica de cierta forma el mundo, desde relatos, creencias, prejuicios. Durante este proceso nos relacionamos con los otros, construyendo historias acerca de nuestra propia vida. Esta historia es la base de nuestra identidad, a través de la cual entendemos el mundo.

El vivir humano se da en el conversar y el emocionar le sucede a uno en el fluir de esa interacción, lo cual conlleva a concluir un circulo vicioso, en el cual, si cambia el conversar cambia el emocionar y si cambia el emocionar cambia el conversar. De allí la urgente necesidad de darle a las emociones su justo lugar, comprendiendo que lo humano no sólo se constituye desde la razón y que es imposible separarse de las emociones.

Por ejemplo, para una persona desplazada la manera como ve el mundo, como concibe las relaciones interpersonales, se ve afectada por la forma en que fue impactada por la violencia de la que fue sujeta, y ello se evidencia en la forma en que comunica su situación particular o en el temor que algunos tienen de ser reconocidos como desplazados. Así, cuando un individuo habla, no sólo describe una realidad sino que también actúa, al hacer distinciones lingüísticas y comunicativas en la interacción con los demás, los seres humanos adquieren identidad y, a su vez, se vuelven generadores de lenguaje y significado.

Cuando hacemos descripciones del mundo, de los demás o de nosotros mismos, lo que hacemos es operar formulando distinciones. Vemos con nuestros ojos pero observamos con nuestras distinciones. Las cosas no tienen nombres, nosotros se los damos, y en ese proceso las constituimos en la distinción en lo que para nosotros son.

En este sentido, tenemos que el lenguaje genera ontológicamente, es decir, genera ser, da ser a las cosas. El mundo es constituido por el lenguaje del observador que hace la distinción de los objetos que lo componen, y los significa desde él como entidad biológica determinada estructuralmente.

Teniendo como supuesto de trabajo el desarrollo anterior, se hace necesario evidenciar que la utilización del grupo focal como instrumento no permite conducir el diálogo con los participantes de tal forma que se les presione para hablar de un tema determinado, sino que se crean las condiciones para posibilitar el flujo normal de la conversación, con tal carácter, que la formación de sentido sea producto de dicha fluidez y sustentada en el propio interés de los participantes. El facilitador del grupo orienta el diálogo grupal a partir de los contenidos determinados como importantes para ser tratados al interior de los distintos grupos focales. Esta importancia establece los temas considerados pertinentes y los ubica en las guías de trabajo que serán implementadas en los grupos focales.


CONTENIDOS DE LOS GRUPOS FOCALES

Oferta de servicios
En este apartado se clasifica la experiencia y el conocimiento que tienen las personas en el uso de los servicios en salud.


a. Instituciones que ofertan programas y uso que se hace de ellos.
b. ¿Cómo se sienten tratados por el personal que brinda la asistencia?
c. ¿Se aplica el consentimiento informado en la toma de decisiones?
d. Razones para tomar la decisión de acceder a los servicios.
e. Importancia de un centro de servicios en salud.
f. Perfil de los proveedores de salud.

Demanda de Servicios

Supuesto investigativo: Las personas parten de una serie de necesidades. Desde ellas, constituyen sus imaginarios acerca de los que desean y lo que entienden por servicios de salud. Para tener acceso a ellos, buscan obtener servicios que les permitan la satisfacción de las necesidades que han determinado como problemáticas.

¿Cómo se debe hacer la promoción?
Promoción según sexo
¿Cuál es el espacio para ofrecer el servicio?
¿Cuál es el horario para ofrecer el servicio?
¿Cómo esperan ser atendidos?
Modalidades de atención (individual, grupal, mixto)
Cuál es la preferencia que tienen los demandantes acerca del sexo de los demandantes del servicio con quienes reciben información simultáneamente.
¿Quiénes demandarían el servicio?

Abordaje de las temáticas

Supuesto investigativo: La salud sexual y reproductiva es asumida por los y las miembros de la comunidad de formas eminentemente particulares, que se determinan no de manera racional sino emocional. Conocer las prácticas, creencias, actitudes, conocimientos y mitos acerca de la sexualidad nos permite aproximarnos a los imaginarios de dichas personas y las explicaciones que dan para actuar o no frente al tema.

¿Se habla de sexualidad con la pareja?
De qué aspectos se habla al abordar el tema de la sexualidad?
¿Cuándo se planifica?
¿Cuándo no se planifica?
¿Quién tiene la función de planificar?
¿Cómo se sienten planificando con los diferentes métodos?
¿Se experimentan cambios en la relación al estar planificando?
¿Cómo es la vida sexual en pareja?
Lo que se habla de sexualidad con los hijos e hijas.
¿Cómo se preparan para hablar?
¿Sus padres les hablaron de sexualidad?
¿Han recibido información acerca de la planificación familiar?
¿En que momento de la vida se habla con los hijos e hijas?
¿Quién debe hablar?
¿De quién recibe información los niños, niñas y adolescentes?
Semánticas de la sexualidad
Creencias en torno a la sexualidad y la planificación
Sexualidad y género
La ética de la sexualidad
Consentimiento para tener relaciones sexuales
Consentimiento frente al uso de métodos anticonceptivos

Tipos de servicios en salud sexual y reproductiva

Supuesto investigativo: Las personas, basadas en sus emociones e imaginarios, asumen una serie de prácticas que generan una experiencia cotidiana de vida, la que se articula, por un lado, con el acceso a métodos de planificación e información acerca de salud sexual y reproductiva, y por otro, con sus propios imaginarios y emociones. Las prácticas de las personas constituyen un punto de encuentro entre las informaciones que reciben por diferentes medios, lo que ellas mismas creen y lo que en ese momento consideran apropiado para su actuar.

Información básica
· Planificación familiar
· ETS, Sida
· Asesoría de pareja
· Embarazo
· ¿Cómo abordan las charlas con las niñas y niños?
· ¿Cómo hablar con las y los adolescentes?
· Efectos colaterales en el uso de los métodos
Prevención
Asistenciales
· Definitivos
· Temporales
· Métodos de Barrera
· Aborto

Temas considerados al margen que pueden ser tratados si son expuestos por los participantes.

a. Abuso sexual infantil
b. Desarrollo de los niños y niñas en torno al tema de la sexualidad
c. Violencia intrafamiliar
d. Infidelidad
e. Material de soporte.
f. Opiniones respecto a su situación social

DESCRICIÓN ESPACIAL Y DE LOS Y LAS SUJETOS DE INVESTIGACION

· Perfiles de las personas participantes en los grupos focales

Aspectos que se tuvieron en cuenta:
Sexo, edad, tiempo en la zona, que sean miembros o no de la Red de Solidaridad.

- El lugar de realización de la investigación

El paisaje de la localidad de La Florida en Soacha (Cundinamarca) es árido. Todo está cubierto de arena, constantemente salen camiones de las canteras, se siente un frío superior al del promedio de la ciudad de Bogotá, es de difícil acceso (caminos polvorientos sin pavimentar, pendientes, con calles minúsculas, y abismos). Son pocas las personas que pasan por las calles, las edificaciones se levantan a lo largo de la montaña sin planeación y en desorden, y el comercio establecido está sin control.

El espacio en donde se llevaron a cabo las reuniones fue el salón de un Jardín infantil (Manos Unidas) donde casi no se escuchan ruidos externos, las condiciones son humildes y la decoración es hecha manualmente.

· Un nuevo ambiente

Uno de los comentarios que aparece frecuentemente en las entrevistas no estructuradas e informales que fueron realizadas utilizando el mismo espacio de los grupos focales y en los tiempos en que las personas esperaban el inicio del grupo focal fue la añoranza hacia la finca, para otros referido como el campo. Particularmente el cocinar con leña y el anhelo de volver a comer directamente lo que da la tierra. Esto se convierte de algún modo en un referente para comparar su situación actual con la que vivían anteriormente en sus lugares de origen.

Algunos de los aspectos en los cuales se hace evidente tal cambio son:

· La Comida: acostarse sin comer era algo que, en palabras de algunas de ellas, “no pasaba en la finca”, pues con el vecino se podía compartir e intercambiar los alimentos.

· El vestuario: en algunos de nosotros causa impacto ver llegar a algunas personas aún con las ropas propias de climas templados y cálidos, coloridas y sueltas, que para nosotros serían demasiado osadas debido al frío imperante en la zona de Soacha.

· Los valores: A lo largo de los grupos focales como tal, se siente una percepción distinta de los valores en el campo y en la ciudad, en términos de no comprender fácilmente la nueva realidad que tienen que enfrentar, y ven a la “descomposición social” como causante de la falta de oportunidades que lleva a los jóvenes a convertirse en “vagos” debido al desempleo y la escasez de oportunidades.

· La propiedad: las personas sienten que esta ciudad es un lugar donde lanzan la mirada sin encontrar una pertenencia.

La Movilización: al elemento anterior se suma, el que se sientan atrapados en la ciudad. Una de las mujeres señalaba que en el campo la gente tiende más a movilizarse, mientras que en la ciudad se encuentran abocados principalmente al encierro.

Nivel de escolaridad: La mayoría de entrevistados tienen una formación básica de primaria. Una de las entrevistadas señaló que en su familia sólo algunos pudieron estudiar porque no se podía a todos, y que con esa excusa “se las dan” (son petulantes), estableciendo de algún modo “jerarquías”. Los que no estudiaron se dedicaron a labores domésticas o propias del trabajo en la finca. La salud cruzada por las creencias populares.

Los y las habitantes del barrio

Se ven mujeres rodeadas de muchos niños y niñas que parecen estar a su cargo, algunos de ellos presentan la piel quemada por el sol, están sucios, descalzos, y la mayoría de las veces en actividades de juego.

Las mujeres de más edad generalmente se visten con faldas largas abajo de la rodilla, tenis, o zapatos sin tacón, sacos abiertos, las mujeres jóvenes prefieren usar pantalón.

Observamos a mucha gente haciendo fila a la entrada de una escuela; esto nos hace pensar que pese a las condiciones socioeconómicas, las personas están interesadas en que sus hijos accedan a la educación. De hecho algunos de los asistentes a los grupos focales informaron que debían salir temprano para lograr un cupo de inscripción en una entidad educativa.

Algunas mujeres, en las entrevistas no estructuradas e informales hablaron de contrastes de edad muy grandes entre sus hijos (unos de catorce y otros de dos años). Las mayores hablan efusivamente de sus nietos, como hijos propios de quienes participan activamente en la crianza.

Algunas entrevistadas y de las participantes en los grupos focales hablan con respecto a su pareja como “mi marido” y otras del “papá de mis hijos” sin que sea claro a veces si tienen un vinculo formal, informal o son madres solteras. No se evidencia si estas dos formas distintas son maneras de llamar a la misma persona cualquiera que sea el vínculo establecido o si es un nombre que establece diferencias a partir del tipo de unión que tienen.

Hay frases recurrentes al referirse a los padres de los niños: “cinco niños, todos sin papá”, “al papá se lo mataron”.

Los hombres participantes de los grupos focales se caracterizaron (con algunas excepciones) por su silencio. Al remitirse a ellos buscando opiniones, sus respuestas fueron por lo general monosilábicas: “si”, “no” “de pronto”, o simplemente asintiendo o negando con movimientos de la cabeza. Sus expresiones eran difíciles de conocer, pues generalmente esas respuestas breves no dejan entrever muchas veces si tienen o no posiciones con respecto a los temas de los cuales se les hablaba.

· Identidad

Algunos(a) de los(a) participantes de los grupos focales manifestaron temor a ser identificados como desplazados. De ahí que fuera necesario aclararles que en los documentos resultantes del trabajo investigativo sólo iban a ser identificados(as) por medio de su sexo y edad, mas no con su nombre, dirección u otro dato particular. Adicionalmente, durante la ejecución de las reuniones no se les preguntó sobre su condición como personas desplazadas por violencia para efectos de registro en las grabaciones, dado el temor a ser estigmatizados, y ser víctimas de tratos discriminatorios o violentos, por parte tanto de la población de la ciudad, que según algunos de los asistentes, aprovecha para especular el costo de alimentos, como por el pánico a ser localizados por grupos armados al margen de la ley.

A nivel general, entre las personas entrevistadas, es evidente la recurrencia con relación a varios elementos: la adaptación a un nuevo lugar de vivienda, a un entorno social, la salud, la forma de comunicación con el equipo de salud, la coherencia entre práctica y teoría. A continuación se hará una descripción de los principales hallazgos al respecto, en esta investigación.

La salud y las creencias populares

Aquí hacemos una breve anotación de algunos términos utilizados por los entrevistados en las entrevistas no estructuradas e informales para referirse a enfermedades:

· Frío en la sangre. Infección que se caracteriza por el mal olor en la deposición. Se cura al introducir y retirar rápidamente un carbón caliente en el café.
· Cuajo. Cuando los niños están ojerosos, decaídos, se presume que están “descuajados”, fruto la mayoría de las veces de un golpe.
· Pujo, ombligo sangrante. Se produce cuando una mujer que no pertenece a la familia alza a un niño a sabiendas de que tiene la menstruación.
· Estar ojeado (mal de ojo). Referido a personas que tienen un “ojo muy bravo” y con solo mirar pueden afectar a algunos niños.
· Algunas actividades se consideran perjudiciales para la salud de un niño, como que este se acerca a una mujer que asiste a un funeral y tiene la menstruación.

“En el campo, si algo sirve (para tratar una dolencia), entonces se crea el mito” señalaba una de las asistentes a uno de los grupos focales, al explicar cómo nacían algunas de las creencias relacionadas con tratamientos, como en el caso de algunos remedios como el asar alas de paloma para tratar los “sapos” (aftas).

Obviamente, no es tema de la presente investigación el indagar en estas creencias[3], pero consideramos que la recurrencia a este tipo de creencias puede ser un punto que altere las relaciones de los equipos de salud con los usuarios, en el sentido de que algunas de las entrevistadas consideran que los médicos no las oyen, no las entienden o no las comprenden, y en consecuencia, no saben tratar ese tipo de dolencias.

Adicionalmente, algunas manifestaron sentir una barrera de comunicación con los médicos, al ver que ellos las regañan o se burlan de sus creencias.

La forma de comunicarse

Pese a la gran diversidad de culturas y personas que podemos encontrar en Bogotá y sus alrededores, podemos posiblemente hallar patrones de conducta adaptados a la ciudad tras muchos años de habitar en ella que determinan formar de comunicación. Esta no es la situación de los entrevistados en Soacha, un municipio que crece desordenadamente día tras día, dado que llevan muy poco tiempo de haber llegado, con creencias muy afianzadas y un estilo de vida, hasta hace unos semanas o meses, completamente distinto y diverso al que vienen llevando recientemente.

Es de resaltar que la mayoría de las veces el silencio de los hombres presentes en el lugar contrastaba diametralmente con algunas de las mujeres, que se expresaban efusivamente, de manera casi atropellada, mezclando la respuesta concreta a la pregunta planteada con infinidad de detalles: cronologías, paisaje, personajes, antecedentes, los hechos, los sentimientos. En algunas ocasiones hablaban bastante rápido, sin concluir algunas de las ideas con las que habían iniciado.

De la misma manera, es evidente en los hombres y mujeres participantes del grupo focal la insistencia de mantener un legado cultural, una “sabiduría” obtenida sus experiencias de vida, así como fuertes creencias religiosas. En muchos casos ellos mismos traducen este conocimiento del mundo en arraigo a tradiciones o creencias que hace difícil el abordar ciertos temas; O en otro extremo, generar desidia frente a nuevos planteamientos.

Al preguntarle a uno de las entrevistadas sobre que se piensa más es en la hija mujer y la planificación y menos en los hombres, respondió “ Pues yo no creo tanto en eso porque, digamos en el ejemplo mío pues yo conozco al señor Jesucristo ¿Si me entiende?, entonces pues conmigo por ahí sí es diferente... porque las niñas asisten mucho a fiestas, hay más fiestas, fiestas y fiestas y fiestas en las mujeres que no conocen al señor Jesucristo, entonces pues yo pienso diferente de que... por lo menos mis hijas, van a seguir los caminos de dios...” Estos son aspectos que pueden convertirse en limitantes al intentar una aproximación entre el equipo de salud y sus usuarios. En este punto se hace necesario recalcar el papel que juega el lenguaje en la construcción de estos procesos.

Las personas suelen hablar de sus enfermedades o de las que están viviendo sus familiares desde la manera como ellas las conciben, como entienden la sintomatología, como han aprendido que deben ser tratadas; los profesionales de la salud igualmente al hablar de enfermedad o de salud lo hacen desde sus propias vivencias, conocimientos, experiencias e imaginarios. Tanto los unos como los otros olvidan esta condición de sus interlocutores y de sí mismos.

HALLAZGOS PARTICULARES DE LOS GRUPO FOCALES

Para el análisis de los grupos focales se hace necesario tener en cuenta algunos antecedentes que no son evidentes en la trascripción y tienen que ver con las conversaciones informales que tenían los primeros asistentes que iban llegando, las cuales no quedaron registradas en medio magnético. Del primer grupo cabe anotar que esa conversación se llevó entre mujeres, que fueron las primeras en llegar en mayor número, mientras que los hombres presentes guardaban silencio.

Al inicio del grupo focal uno escuchamos a una mujer narrando un episodio de violencia sexual contra una niña. Por ese trauma ella también sufre, y más adelante pone en evidencia su recelo hacia los médicos hombres (“...lo manosean a uno”).

En el grupo focal dos encontramos una mayor variedad en cuanto al origen de las personas presentes en el lugar, con respecto al primer grupo. De entrada, algunos manifestaron tener problemas para lograr aclimatarse a la temperatura de Bogotá, incluso con síntomas como dolor de cabeza o en las piernas.

A diferencia del grupo focal uno, en éste los hombres tienen intervenciones más largas, con más conceptos. Esto nos muestra cómo este tipo de variables depende también del sitio de origen, la edad y otros aspectos de la persona, como decíamos anteriormente.

En la segunda reunión no hubo personas tan elocuentes como en el primero, donde algunas mujeres tomaban la palabra mientras otras personas se dirigían al grupo, y por tanto se puede hablar de que hubo un ambiente más relajado.

El grupo focal tres se caracteriza por la presencia de solo un hombre a la reunión, así como una polarización menor en las opiniones y un menor número de polémicas.

Conversaciones acerca de la sexualidad.

En general, los niños y niñas son seres hacia los cuales las mujeres manifiestan complicidad, afectividad, y también una libertad para que hagan y ayuden en las diversas labores. Sin embargo, estas mujeres dejan entrever que son más cercanas a las niñas que a los niños y que les hablan más y siempre primero a las ellas que a los niños, quizá por la identificación que tienen como mujeres hacia su historia personal, sus vivencias y las formas en que las perciben y asumen.

No obstante, en la posición de diferenciar las actitudes hacia los hijos y las hijas no es compartida por algunos presentes, que consideran que la necesidad de “cuidar” a hijos o hijas es igual, en la medida en que hablan de casos de mujeres que manipulan y engañan, o que llevan las riendas de la violencia intrafamiliar.

Dentro de las personas entrevistadas encontramos las que opinan que sólo se les debe hablar de sexualidad a los niños y niñas a partir de cierta edad (“a los diez años”, “a los siete años, antes no”, por ejemplo), y unas pocas mujeres manifestaron estar abiertas a hablarles de todo, mientras que otras no saben exactamente qué hacer. El temor a hablar nace, de acuerdo con lo manifestado por algunos de las entrevistadas, del miedo a “abrirles los ojos” a realidades para las cuales “no están preparados”.

Surgieron durante la charla algunas expresiones tales como “en el campo el que da un beso da otra cosa” y en consecuencia “Nunca se vaya a dejar besar”, con lo cual se pone de manifiesto que el tema de la sexualidad en muchos casos se maneja tergiversando la información. Algunos piensan que los niños de ahora “solo piensan en sexo” y “saben más de lo que uno cree” y dan ejemplos puntuales donde los niños abiertamente dicen que los actores de una novela “están haciendo el amor”. Una de las mujeres señala que su nieto “tiene cinco años y ya habla de eso”.

Al hablar de los niños, no obstante, muchos de los invitados no tienen muchos referentes, ni rastros de comunicación entre ellos y los padres. Entonces aparece el factor de la “pena” o “vergüenza” para abordar ciertas temáticas con ellos. “Uno no puede estar todo el tiempo hablando de sexo” afirmaba una de las entrevistadas.

También se aduce que a algunos muchachos “les entra por un oído y les sale por el otro”, que es algo que puede atribuirse al divorcio entre las necesidades íntimas de los jóvenes y las intenciones de los padres, quizás porque expresiones como “no se vaya a dejar besar” o “no se deje empaquetar (embarazar)” son frases que a las muchachas les pueden parecer descontextualizadas, pues puede que ellas piensen cosas como “ese muchacho me gusta y ella no quiere que salga con él”, pues la mamá no está exponiendo razones puntuales, y presenta alternativas o soluciones lejanas a sus expectativas y sentimientos.

También encontramos que una de las entrevistadas, que tiene ocho niños y se presentó a la reunión en estado de embarazo, al preguntarle acerca de los temas de sexualidad que aborda con sus hijos, sólo señaló que “yo le hablo a la niña de cuidarse de alguien que se le insinúe (en la calle. Muchas madres evaden el tema de la sexualidad, ante el temor de “abrirles los ojos” cuando al mismo tiempo sospechan que ellos saben más de lo que ellas (las mamás) imaginan.

Adicionalmente, se pone de manifiesto que las mujeres no hablan de sexualidad con sus hijos varones, sino que aparentemente esa labor la descargan en los hombres de la casa (si los hay). Cabe resaltar de manera importante que en algunos casos la ausencia del padre se da tanto por muerte, abandono o separación, como por la ausencia debido al trabajo.

Es reiterativo encontrar que al preguntarles a los entrevistados acerca del sexo, evaden abordar el tema de pareja y se enfocan en el tema de los hijos, y sobretodo, las hijas. Lo íntimo tampoco se revela, entre otras razones, por ser motivo de burla para otros.

Es recurrente la “risa nerviosa” cuando se tratan temas de sexualidad, asumiéndola como algo de lo cual normalmente no se habla, o no se debería hablar. Las risas en el grupo quizás eran desencadenadas por la osadía de algunas mujeres presentes que hablaban de sexo sin pudores.

En consecuencia, creemos que lo íntimo para ellas y ellos no es lo vergonzante, pero tampoco lo mostrable; el sexo es un aspecto más de la vida sobre el cual no se debe girar; es algo necesario, que está ahí, y se puede usar; no hablan del tema en primera persona, sino que prefieren utilizar referencias a terceros, incluso cuando se trata de tomar decisiones sobre el propio cuerpo.

“Hasta para eso hay que tener el cuerpo disponible” señalaba alguna de ellas haciendo referencia a la exigencia de su compañero para tener sexo. Algunas decían que no todas las noches quieren hacerlo, pero no lo manifiestan a su compañero. Una de ellas manifestó que “la mujer tiene que tener compresión”, legitimando esa actitud, mientras que otra decía que después de acceder a ello venía el sentimiento de haber sido usada.

Con respecto a los hombres, hay consenso acerca de su timidez. Uno de ellos dice que es fácil “solicitar” las relaciones sexuales, y para algunos otros no. Esta opinión, sumada a la de algunas mujeres, evidencia que el coito puede ser una decisión unilateral, no un acuerdo. Para una de las entrevistadas, la timidez de algunos hombres responde a la época en la cual fueron criados y por haber salido del campo, lo cual más bien implica que no existe un diálogo entre hombres y mujeres que permita intercambiar opiniones al respecto.

· Anticoncepción y prevención de ETS.

Las opiniones con respecto al tema de la anticoncepción se mostraron divididas. Unas manifiestan estar de acuerdo, pero en el momento en que quisieron usar un método permanente descubrieron que estaban preñadas y que era imposible hacerlo; algunas más quisieron usar condones pero no los tenían a mano; otras por el contrario se escandalizan de solo pensarlo (“Dios intercede, entonces uno tiene amor para todos los hijos, así sean diez o veinte”); o no ven a la mujer como la persona que debe tomar la decisión.

Varias de las mujeres manifestaron estar usando métodos de planificación (óvulos, preservativos, ligadura de trompas). Incluso alguna señaló que con preservativos “no es igual”, pero manifestó tener más tranquilidad.

Otras más comentaron que estaban de acuerdo con el uso del condón, pero no se imaginan en el papel de cargarlo. Un entrevistado dijo que “cargarlos es fácil, pero no hay necesidad”, pues al igual que en el caso de otros asistentes existe aún la concepción romántica de la fidelidad.

Con respecto a este tema, encontramos que en el caso de esta población estudiada, muchas mujeres quieren pensar que sus parejas son fieles, pero al mismo tiempo consideran que hay hombres muy “perros” y que por eso deberían ser ellos quienes deberían cargan con los preservativos, y de paso, hacerse responsables de la salud de la mujer al no llevar a casa ninguna enfermedad.

Una de las mujeres manifestó que el condón era, para ella, sólo un instrumento para planificación familiar, y que para otras personas sí podía constituir una herramienta para prevenir una infección, expresando de paso que se sentía ajena a la problemática de las ETS gracias a su estatus de mujer casada. Es evidente que para algunos entrevistados la familia y la fidelidad son instituciones que tienen en un concepto muy alto, atravesado por la religión, y que están dispuestos a defenderlas a pesar de las propias opiniones o sentimientos.

Otra entrevistada señaló que el esposo sí puede traer una enfermedad a casa, y que incluso podría llegar a señalar a la mujer por el hecho. Algunas de las entrevistadas, como esa, tenían un punto de vista diferente proveniente quizás de experiencias vividas. En este aspecto aparece una alternativa muy importante que puede servir para desarrollar las estrategias tendientes a llegar a la población: integrar a personas de la propia comunidad para que ellas mismas, en su lenguaje y con sus propias experiencias de vida, transmitan sus vivencias.

Al indagar acerca del uso de algún método de planificación, algunas de ellas dijeron estar operadas (ligadura de trompas) mientras que otras dijeron no usar ninguno y tampoco se imaginan usándolos. Un hombre dijo que, por su edad, ya no necesitaba hacerlo.

Varias de las mujeres presentes manifestaron su disgusto por la píldora anticonceptiva, pues según ellas ese método las enfermaba y era poco eficiente, pues a pesar de su uso, algunas de las mujeres entrevistadas quedaron embarazadas.

Una de ellas afirmó que le había ido bien con el DIU (Dispositivo Intra - Uterino) y que no se lo había hecho poner antes porque había escuchado que “los pelos del DIU” le lastimaban el pene al marido. Esto nos hace suponer que alrededor de los métodos de planificación, al igual que con las enfermedades, se manifiestan creencias que intimidan a las personas para no usarlos.

Como señalábamos anteriormente, encontramos en el grupo personas tradicionales, pero otras que partiendo de experiencias duras de su vida proponen “romper con el pasado” y tomar una actitud más abierta hacia los temas que se desarrollan en el grupo.

Algunos hombres entrevistados expresaron que la responsabilidad de la no procreación recaía en la mujer, no en ellos. Algunas mujeres comentaron que precisamente ese tipo de actitudes responden al machismo y egoísmo de los hombres. Uno de los entrevistados dijo que la mujer llegaba de un momento a otro con la noticia del embarazo, y que era algo que había que enfrentar, y por eso la responsabiliza del número de hijos.

Se pone en evidencia que muchos hombres hablan mal de las mujeres que utilizan métodos de planificación familiar, pues consideran que están dejando abierto el “territorio” para que otros vengan a usurpar “su propiedad”. Con respecto a esto último, algunas mujeres manifestaron que ciertos hombres llegan a pensar incluso que si ellas proponen la anticoncepción es “porque se están guardando para otro”.

Una entrevistada dijo que “hay hombres que no dejan planificar a la mujer porque esta se vuelve prostituta”, haciéndose muy evidente la desconfianza y la falta de diálogo de pareja, quizás porque es un tema que se evade; como decíamos antes, el sexo aparece como algo “que está ahí” pero que no se debe abordar.

Corroborando lo anterior, la mayoría de los hombres no están de acuerdo con las ligaduras de trompas o con el uso de otros métodos anticonceptivos bajo el supuesto de que ellas se pueden volver prostitutas, o por lo menos, infieles. Pero si la mujer se autoriza a tomar la decisión de realizarse la operación, en ese caso en particular el hombre se molesta por un tiempo y termina reconociendo los beneficios del método.

Incluso el tema de la planificación a escondidas para evitar la furia de los maridos (pues estos piensan que la anticoncepción es algo que las convierte en potencialmente infieles) no es censurado por algunas de las presentes, pues prefieren evitar traer más niños al mundo y a la par no disgustarse con sus maridos.

En cuanto al papel del hombre en la decisión de utilizar métodos de anticoncepción, fue recurrente que ellos manifestaran no cargar condones. Incluso uno de los asistentes señaló que accede al uso de métodos de planificación “si ella lo dice y uno cae en cuenta”, descargando la responsabilidad de usarlos en ella.

Según algunos testimonios los hombres expresaron no sentirse disgustados por la ligadura de trompas de sus compañeras. Incluso una de las mujeres dijo haberlo hecho a escondidas de su pareja, porque este no estaba de acuerdo, pero una vez hecha la operación él se sintió aliviado con el paso del tiempo por no haber tenido más hijos, en otras palabras, cuando los resultados de la práctica sobrepasaron a sus convicciones. En el grupo tres el único hombre presente afirmó que en pareja habían tomado la decisión de hacer la operación.

Se puede ver que muchos asistentes a la reunión tenían muchas razones para planificar (la situación, las carencias económicas, el tener ya muchos hijos a cargo) pero otras tantas para no hacerlo. Hay argumentos místicos, casi medievales, como “los niños son el futuro, y si no hay niños pues se acaba el mundo”. Unas cuantas mujeres vieron la posibilidad de planificar gracias a la muerte del cónyuge que se oponía a hacerlo, o a la ayuda de alguna amiga o familiar que les presta el dinero, es decir, llevando a cabo una decisión propia por presión de un tercero o de las mismas circunstancias, no por iniciativa genuina.

De igual forma, una de las entrevistadas afirmó que no se había hecho “operar” por ser una persona nerviosa, lo cual puede ser un impedimento real para muchas personas (el miedo a las intervenciones quirúrgicas).

Al preguntar a los entrevistados si alguien les había hablado de planificación, el grupo se dividió entre los que manifestaron que no, los que dijeron que sí en el centro de salud o la Red de Solidaridad, y alguien que dijo estar pendiente de leer cuanto material informativo caía en sus manos.

Una asistente, madre de ocho niños y en estado de embarazo, manifestó su incomodidad porque cada vez que tiene un parto el mismo médico la regaña por no planificar. “El regaño aguanta no más por un ratico, y después como que le da pereza a uno” señalaba la misma mujer, que nunca fue clara en la razón por la cual no planificaba. Consideramos que las personas tienen emociones, que no hacen públicas no porque no quieran sino por que no saben que existen en ellos.

La constante acerca de la gran cantidad de hijos y la diversidad de edades entre ellos se repite. Algunos señalan la muerte de algunos de ellos, por razones violentas (“uno de 16 me lo mataron”). Una de las entrevistadas dijo que decidió operarse (efectuar la ligadura de trompas) porque ya tenía demasiados hijos. Otra dijo que lo había intentado pero que le había dado muchas vueltas, probando varios métodos sin éxito, hasta que por fin dio con un programa de Profamilia.

Otra manifestó que se sintió feliz porque su pareja se operó y no tuvo que hacerlo ella. Alguna comentó que no le gustaba planificar, porque no le agrada, y menciona el caso de una conocida que tomó la píldora por muchos años y resultó embarazada.

Las “operadas” no sienten cambios en su vida sexual ni negativos.

Varias entrevistadas estuvieron de acuerdo en la conveniencia de brindar información a la gente, pues el desconocimiento de los temas de planificación en algunos casos es total. Algunos de los presentes dijeron no haber escuchado de planificación o que sólo han hablado de esos temas con los médicos cuando se van a operar.

· Dónde, a qué edad y con quién hablar.

La mayoría de personas dijeron preferir que las charlas tuvieran lugar en un centro de salud, más que en los colegios, aunque algunos de los asistentes anotaron que a estos últimos se puede ir con los hijos, mientras que otros dijeron que el lugar era indiferente. El argumento principal que hubo en contra de las aulas, ya reseñado en un apartado anterior, fue el del desorden e irrespeto causado por los niños compañeritos de salón (“muy vulgares”, “gamines” con las niñas especialmente). Una de las personas señaló que a los centros de salud “va la gente que quiere aprender” y no cualquier persona que pueda interrumpir o ser grosera. También se señaló que era “más serio en un centro de salud”.

Sin embargo es necesario analizar que mientras que los padres de familia pueden acudir más fácilmente a un llamado del colegio donde estudian sus niños, convocar libremente a las personas a asistir a un centro de salud puede ser algo más difícil.

Hay que señalar que uno de los presentes manifestó que la labor en los colegios era buena, pero que las actitudes y la disposición a respetar y escuchar a un interlocutor dependían de la formación que se brindara en la casa: “Así el muchacho vaya a un centro de salud y le expliquen esa vaina, si es un “güache” sale la misma vaina”,

En consecuencia consideramos que posiblemente el aspecto que querían señalar los entrevistados no era radicalizarse en solicitar las charlas en un hospital sino manifestar su desacuerdo en la forma en que se estaban llevando a cabo las cosas en el colegio. Se podría pensar que no necesariamente se busca suspender las actividades en colegios, sino más bien reorientar algunas estrategias con el fin de permitir a la población acercarse a las aulas de sus hijos sin tanta prevención, por ejemplo, charlas para padres de niños aparte de las que están dirigidas a las niñas, o reunir padres de familia de distintos grados para que no queden en un mismo salón compañeritos que puedan generar caos e irrespeto en las reuniones, entre otros.

Una entrevistada manifestó interés en que la información fuera proporcionada en la misma casa, pero con la asesoría de un experto.

Con relación a la posibilidad de escoger realizar charlas de sexualidad en los hospitales o en los barrios, la balanza finalmente se inclinó hacia estos últimos, debido a la facilidad para que las personas acudan y no incurrir en gastos adicionales por transporte.

En cuanto a la hora de las reuniones, algunas manifestaron que no importaba la hora, pues se encontraban desocupadas. Otras dijeron que era más conveniente en las tardes, cuando ya pueden estar tranquilas con respecto a las cosas del hogar y así lo reiteraron muchos de los asistentes. Podríamos pensar también que ese fenómeno es atribuible a las formas de producción de estas personas.

Algunas entrevistadas señalaron que tendrían dificultad en invitar a sus esposos o compañeros, debido a que ellos tomarían la actitud como una ofensa o duda acerca de sus actividades sexuales y por eso señalaron que sería mejor que las invitaciones las recibieran directamente los hombres.
Una de las entrevistadas en particular señaló que no invitaría a su esposo debido a los celos de éste. El señor que estaba presente manifestó que el poder de convocatoria hacia los hombres se vería limitado a la recompensa material puntual que pudieran recibir (mencionaba que muchos no asistirían si no hubiera “palo de cerveza” de por medio).

En cuanto a la posibilidad de realizar las charlas orientadas exclusivamente para mujeres o para hombres, las opiniones se manifestaron divididas. Los que estuvieron a favor defendían su posición argumentando una mayor facilidad para hacer ciertas preguntas, mientras que los otros señalaban que era importante que los dos miembros de la pareja tuvieran la posibilidad de intercambiar opiniones.

El mayor consenso acerca del sexo de la persona que contribuye en la formación se dio para el femenino. En términos generales, las madres aparentemente se sienten más tranquilas si sus hijos reciben información de una mujer, mientras que para algunos de los hombres presentes eso era indiferente; para algunas pocas mujeres tampoco era un requisito indispensable; siempre y cuando fueran expertos.

Pese a que muchos estuvieron de acuerdo con que es más importante la experticia que el género, algunas mujeres manifestaron que podría ser más cómodo hablar de ciertas cosas con otras mujeres. Basada en su historial de abusos (la narración del abuso de una niña al principio del grupo focal uno y los “doctores que manosean”), una de las madres manifestó la necesidad de que fuera una mujer.

Podríamos pensar que en una primera instancia la posibilidad de impartir información exclusivamente con mujeres podría ser una forma de abrir puertas de todo tipo entre los miembros de la comunidad y muchos hombres se podrían sentir cohibidos de hacer ciertas preguntas. En consecuencia, podríamos evaluar la posibilidad de probar organizando grupos implementados por hombres para hombres, de mujeres para mujeres, de hombres para mujeres y de mujeres para hombres para decidir cual es la mejor opción, aun cuando la gran mayoría de invitados coincidió en afirmar que preferían que las personas que dictaran las charlas fueran mujeres.

Esto es importante pues hay que generar la confianza suficiente entre la persona que apoya la formación y la comunidad, pues como señalaba una de las mujeres: “se puede generar una confianza para decir fulano me hizo, pues a veces encuentran más confianza en un tercero”.

Creemos que las personas buscan espacios donde las parejas puedan dialogar franca y completamente, sin dejar cosas ocultas que puedan seguir siendo motivo de discordia en el pasado. Incluso una de las mujeres relato su experiencia con un consejero, señalando la metodología pero sin explicar claramente si obtuvo beneficios tangibles para su vida.

Otro aspecto, es la edad de los niños y niñas que van a recibir la información; algunos entrevistados manifiestan que los más pequeñitos no les da pena ir acompañados de sus padres contrario a lo que sucedería con los adolescentes, lo cual puede implicar que las charlas para éstos últimos, pueden ser más relajadas si no están los padres. Esto podría abordarse como indicio tanto de la forma en que suele suceder la comunicación familiar, la cual no proviene necesariamente de un cambio generacional, sino de unas vidas que no encuentran puntos de contacto.

Aunque en un principio el mecanismo de las charlas exclusivamente para adolescentes podría tener sus ventajas, valdría la pena evaluar la posibilidad futura de incentivar el diálogo al interior de las familias para que los miembros de todas las edades (en una casa puede haber ancianos, adultos de mediana edad, adolescentes, niños y lactantes bajo el mismo techo) hablen acerca de sus necesidades y opiniones con respecto a una gran diversidad de temas que los afectan, no sólo los de sexualidad, pues es más fácil hablar de anticoncepción en un hogar si la persona siente que puede hablar de sus sentimientos de todo tipo, y si se pueden manifestar las inquietudes o el dolor acerca de los duelos, la salud, la vivienda, el nuevo medio ambiente, el entorno, etcétera.

En cuanto a la formación del profesional que debería apoyar la formación, la mayoría de entrevistados mostró estar de acuerdo con que la persona que hablara tendría que ser una experta en el tema sin hacer claridad sobre alguna profesión en particular.

Hubo gran aceptación en la posibilidad de asistir a charlas, incluso también con el objetivo de ser difusores o multiplicadores de la información que allí recibieran lo que nos lleva a pensar que pese a que no se les planteó la alternativa de evaluar que una persona de la comunidad que se formara en temas de planificación familiar fuera la que les impartiera la información, consideramos que puede ser una alternativa interesante, en la medida en que algunas personas expertas (los médicos, por ejemplo) tienen una imagen distante, como analizábamos en otros aspectos de los grupos focales. Al mismo tiempo, posiblemente correríamos el riesgo de no tener credibilidad, pero le estaríamos apostando a buscar puentes de integración más cercanos con la gente y sus necesidades.

Con respecto al lugar para realizar las charlas de planificación, la mayoría en el grupo dos no especificó lugares como en el grupo focal uno, sino que manifestaron que deberían ser lugares donde se sintieran a gusto para hablar, opinar y preguntar. Un hombre por timidez responde que sólo hablaría de eso de manera privada con la pareja.

Al poner a escoger a los asistentes entre enviar los hijos e hijas a un centro de salud para hablar del tema de la anticoncepción o en la propia casa, hubo consenso acerca del centro de salud, por encontrar en él personal experto.

En cuanto a la cercanía del lugar para asistir a un programa de salud, una respuesta fue contundente: “Desde que yo tuviera plata para los transportes si”. El factor económico, que es tan vital para los entrevistados, se cruza e interpone en el camino de la labor educativa. Esto podría hacernos pensar que llevar la información hacia las personas, y no al contrario, podría ser una forma eficiente de ganar más espacio en la comunidad, pues la decisión de gastar dinero en transportes en vez de otras necesidades primarias puede inclinar la decisión.

Al momento de abordar el tema de los hijos, surge el miedo a hablar con ellos de manera directa. Una de las entrevistadas afirma que le advierte al hijo de 25 años que no tenga tantos niños por la situación, pero no concretamente de métodos o información que lo guíe en ese aspecto.

Existen barreras para que algunas madres hablen con confianza con sus hijos, y especialmente hijas. Algunas otras manifiestan hacerlo, exponiendo sus historias de vida para supuestamente ilustrarlos, sin hacer alusión a la anticoncepción: “cuídese de un embarazo”. Otras, por su parte, relatan que son los hijos quienes vienen con las preguntas hacia ellas, muchas veces porque no se sienten en capacidad de hablar tranquilamente con los papás, y ellas tratan de responder con la poca información que poseen. Esta confianza hacia las madres manifestada por algunos hijos varones también puede reafirma un poco la propuesta de que las charlas sean dictadas por mujeres.

Al preguntarle a algunos de los presentes si en su juventud habían recibido información, la mayoría dijo que no, que las madres (no mencionan a los padres) huían del tema. Hubo quienes manifestaron haber recurrido a otras fuentes de información, como las amigas, pero sin conocer la calidad de la información que estas le transmitían.

Los entrevistados reconocen que los consejos de los amigos no eran los adecuados, y en el caso particular del hombre presente en la reunión, veía cómo sus amigos contraían enfermedades de transmisión sexual con las trabajadoras sexuales que ellos mismos recomendaban. Comentaban que los amigos y amigas, se limitaban a hablar las “delicias” del sexo pero que tampoco sabían como afrontar la realidad. Pero, en general, sus recomendaciones suelen ser más escuchadas que las provistas por los padres.

Una de las entrevistadas manifestó que no hubiera pensado que a los 13 o 14 años los hijos pudieran tener actividad sexual, situación que deriva en un embarazo y en la formación rápida de una nueva familia por personas que no han terminado la adolescencia.

Al indagar acerca de la aceptación que tendría el que el hombre le propusiera a la mujer el uso de métodos de planificación, hubo consenso total para aprobar dicha actitud, como una forma de respeto y valoración. Pensar en no tener tantos hijos es algo que les llama positivamente la atención.

· Creencias y hechos

Aun cuando las creencias atraviesan todas alas opiniones expresadas por los y las participantes en los grupos focales en este aparte hacemos referencia a algunas que por no estar relacionadas con los puntos analizados pueden dejarse de lado y olvidar el aporte al tema que desde ellas se hace.

Una de las entrevistadas dejó entrever una posible creencia acerca de las “operaciones”: que son algo propio de mujeres (ligadura de trompas) y no de hombres (vasectomía), dificultando que ellos tomen la iniciativa para hacerlo, pese a que, como mencionamos antes, una de las mujeres presentes dijo que su compañero se había mandado a operar y que eso había sido un alivio para ella.

Tal vez una de las carencias en el ejercicio de la autodeterminación que se observa en los grupos es que las personas no centran en sí mismas la necesidad de llevar las riendas de su vida y su sexualidad, llegando a escuchar frases como “mi marido no me dejaba operar”.
En el grupo focal dos se dio la oportunidad de hablar sobre el uso del condón. La mayoría manifestó que había intentado usarlo pero que la sensación no era la misma, y que no les había gustado. Uno de los entrevistados no quiso responder al respecto. Algunos dijeron no haberlo usado. Una mujer dijo haber tenido que usarlo por una infección, pero la sensación no fue del agrado de su compañero.

Por factores económicos y de receptividad, parece que el uso del condón no es la alternativa más cercana a las vidas de muchas de estas personas. Y más preocupante, puede ser que las personas no manifiesten las complicaciones que tienen con los métodos y decidan abandonarlos unilateralmente, sin consultar alternativas. Los métodos “definitivos” como la ligadura de trompas, y en menor medida la vasectomía, tienen mayor acogida y no parecen estar cruzados por muchas creencias acerca de su efectividad.

Una de las asistentes manifestó que no le ha hecho el seguimiento semestral a su dispositivo intrauterino. Esto nos permite ver que estas personas también carecen de constancia en los temas de planificación, razón por la cual abordar ciertos métodos en estas comunidades costaría mucho más trabajo; podemos llegar a deducir incluso que gran parte de las creencias sobre la baja efectividad de algunos métodos pueden derivarse de un uso inadecuado de los mismos.

El hombre toma ciertas decisiones de la pareja de manera arbitraria, como el tener hijos hasta que uno de ellos sea un hombre: “hasta que llegue el niño no se detienen”, y por eso se muestran irreflexivos hacia ciertas sugerencias que pueden hacer las mujeres a nivel de planificación. Ellas, a su vez, no asumen un papel activo y se convierten en espectadoras silenciosas de sus destinos. Incluso la sugerencia de “operarse” proviene de terceras personas, como vimos también en el caso del primer grupo focal.

Los nietos y nietas, hijos e hijas de los hijos varones, son considerados por una de las entrevistadas como “no hijos del todo”. Esta mujer censura el comportamiento de algunas mujeres, diciendo que “no son serias y quedan en embarazo”, responsabilizándolas de la preñez como si fueran las únicas involucradas: “Las hijas mujeres sí son nietas de uno”.

El hijo hombre tiene un estatus y una libertad adquiridas por derecho, mientras que las hijas mujeres son supuestamente protegidas del mundo exterior. A las madres no les importa las compañías en las que anda su hijo, pero sí le interesa estar al tanto de los movimientos de sus hijas.

Consideramos por todo lo expuesto hasta el momento que el papel del equipo de trabajo en salud debe ser el de asesoría y consejería, creando las condiciones para que cada usuario descubra en sí mismo sus emociones y por ende su forma de actuar.

Aborto.

En cuanto al aborto, las mujeres que respondieron se manifestaron opuestas a esa práctica por razones éticas y religiosas. El aborto es algo que tiene una carga de rechazo total desde el punto de vista religioso, para gran parte de las entrevistadas. Manifiestan preferir afrontar las dificultades económicas antes que someterse a ese tipo de procedimientos. Los entrevistados no manifestaron desconocer el tema, pero todos lo rechazan y señalan como algo que es “pecado grave”.

Plantean, además, que existe la posibilidad de que la mujer adopte esa práctica como una solución permanente hacia los embarazos no deseados que podría enfrentar a lo largo de la vida.

Esto podría tener repercusión de varias maneras: primero, implica que si las personas se someten a ese tipo de prácticas y no lo admiten, elevan el riesgo de muerte por complicaciones vinculadas con procedimientos quirúrgicos inadecuados. Segundo, al ser un tema tabú debe ser también algo vedado dentro de las conversaciones familiares, lo cual puede significar también que pueda tener una alta incidencia, presente o futura, en generaciones de individuos nacidos en la ciudad siendo hijos de personas que provienen del campo.

· Planificación como Solución, no como alternativa de vida.

La planificación es un tema que surge en la familia no como medida de prevención sino como solución, es decir, que las mujeres planifican cuando se tiene ya muchos hijos (ocho, siete, cinco) y no como medida de prevención, para evitar tenerlos.

La cultura de prevención puede tener tropiezos en desarrollarse en estas personas provenientes del campo. Eso lo percibimos en las respuestas de algunos de los invitados. No obstante, el trabajo de prevención es posible en la medida en que muchos testimonios apuntan hacia las penurias que están atravesando día a día por el número de hijos que las familias están tratando de sacar adelante.

También podemos encontrar un potencial especial en los más jóvenes, a quienes habría que abordar a tiempo y desde muy temprana edad, con estrategias tendientes a hacerlos más dueños de su sexualidad y con la capacidad de decidir el futuro que les puede tocar.

· Vergüenza

La pena es un factor que en muchos casos se interpone nuevamente entre los padres y los hijos, más aún si se trata de la madre a los hijos varones, pese a que muchas de ellas tienen que encargarse personalmente de ese tipo de tareas debido a su reciente viudez o a la ausencia del padre o padres de sus hijos.

Los hombres son los encargados de “hablar” con sus hijos varones, pero por lo que hemos podido apreciar, estas “conversaciones” se están limitando a visualizar ligeramente los problemas que un embarazo acarrea, sin una convicción en particular, ya que los hombres han manifestado en varias ocasiones que el tema de la planificación es responsabilidad de la mujer, como insinuando que ellas tienen la culpa de quedar embarazadas.

· Distintos versos frente a una misma realidad

A diferencia del primer grupo focal, no encontramos en la segunda reunión personas que hablaran en lenguaje escueto acerca de la sexualidad. En ese grupo focal se limitaron, por ejemplo, a decir que los niños “son muy adelantados” mientras que en la otra reunión algunas hicieron referencia a que sus hijos de cinco años veían algo en la televisión y atinaban a decir que se trataba de personas “haciendo el amor”. Esto implica nuevamente que las personas a las cuales van a estar dirigidas los esfuerzos van a tener infinidad de posiciones frente al tema de sexualidad, unos más abiertos, otros completamente “cerrados a la banda”... Pero más allá, existe el problema latente de que los unos se sientan cohibidos con los otros en las reuniones, pues una mujer puede hablar sin problemas del “pene erecto”, pero otra asistente puede sentirse intimidada o incluso ofendida por la franqueza de aquella.

La creencia popular puede llegar a ser un obstáculo, en la medida en que los especialistas no se apropien de las semánticas propias de la comunidad y no asuman como su función tratar de entender o esperan que el usuario se ponga a nivel del profesional que le está atendiendo.

Coherencia entre vivencias y saberes

Siempre se ha valorado más la razón, ésta es el centro cuando de explicar la conducta humana se trata: todo el proceso educativo tiene como finalidad el conocimiento. Se piensa que el comportamiento surge con base al conocimiento y que siempre se toman decisiones desde la “mejor opción racional”.

Fue común escuchar frases en los grupos focales acerca de la necesidad de implementar ciertas prácticas, pero también se detectó inmediatamente que en la mayoría de casos no aplican aquello que profesan. Algunos incluso tienen posiciones aparentemente claras sobre ciertos temas, pero ante ciertos impulsos responden mecánicamente de forma opuesta, entrando en una contradicción que no es visible para ellos mismos y que por tanto no la asumen como tal.

Lo anterior no permite reconocer la importancia de las emociones a la hora de actuar: cuando estamos en una emoción podemos hacer algunas cosas que bajo otra emoción no haríamos. Las emociones así, se convierten en motor fundamental de las relaciones que se establecen consigo mismo, con los otros y con el medio ambiente.

Por ejemplo, cuando se piensa en los hijos y se vive en el campo no se considera la comida como una necesidad, en el sentido de que siempre hay unos mínimos para satisfacerlas de donde se desprende que no sea un problema tener ocho hijos, pero al llegar en calidad de desplazados a la ciudad a hacinarse en un pequeño espacio con las mínimas condiciones de vida y sin tener una huerta o un cultivo de donde obtener algún alimento, la manera como se contempla la situación cambia diametralmente.

La comunicación

A partir de lo expresado tanto en los grupos focales como en las entrevistas no estructuradas e informales se hace necesario que quienes hacen parte del equipo de salud y los usuarios de sus servicios identifiquen formas para discernir y reflexionar sobre sus emociones, hacerse responsables de sus actos que ejecutan o dejan de ejecutar, y a transformar el sentir para que sus conductas se correspondan con lo que quieren ser y hacer. Es necesario manifestarle a las personas, antes de proferirles cualquier indicación, que pueden preguntar cualquier cosa, que no tienen por qué conocer sobre ciertos temas y que pueden manifestar su acuerdo o desacuerdo con lo que se está exponiendo.

En conveniente reconocer ciertas razones o creencias para no vulnerar los derechos de los pacientes; muchas mujeres pueden sentirse incómodas por ser atendidas por un médico hombre, por ejemplo. Pero esa no se puede convertir en una razón para señalarlas como “cansonas” o exigentes.

De otra parte, es necesario recordar que la comunicación humana tiene dos dimensiones: Hablar y escuchar. El fenómeno de la comunicación no depende de lo que se entrega, sino de lo que pasa con el que recibe. Todo lo dicho es dicho por alguien, y todo lo escuchado es escuchado por alguien, es decir que se habla desde donde se habla y se escucha desde donde se escucha. Principio que se hace necesario en la implementación de la consulta.

Influye también el estado de ánimo, que da forma y textura a la manera en que vemos el mundo, el pasado y el futuro, y también matiza lo que escuchamos, es decir, que para escuchar más efectivamente, deberíamos habituarnos a observar nuestro estado emocional cuando conversamos y el estado emocional de la persona a quién se esta tendiendo.

De igual forma las historias personales de los individuos afectan su escucha, no sólo desde experiencias de tipo individual sino desde su trasfondo histórico, trasfondo propio de la cultura en la que nos hemos socializado, de las experiencias que hemos vivido y de los conocimientos que hemos adquirido.

En consecuencia en el intercambio entre el profesional de la salud y el usuario del servicio hay ciertas condiciones fundamentales requeridas para que el escuchar pueda ocurrir: aceptación de la pluralidad y apertura en la diferencia del otro.

Es posible garantizar que las personas logren hablar abierta y tranquilamente sobre los temas que les preocupan, y poner en evidencia las emociones que impulsan sus acciones en un entorno en el cual puedan recibir información sin miedo a ser juzgados(as) o tratados(as) como ignorantes, con confianza y en condiciones de igualdad (que el profesional de la salud no sea asumido como un doctor detrás de un escritorio sino una persona a la cual se puede preguntar tranquilamente).

Un principio fundamental que mejora las comunicaciones interpersonales es escuchar; no sugerimos que los médicos tengan que especializarse en las creencias que como tales también cambian con el tiempo y de una región a otra, sino más bien que el personal médico esté dispuesto a escuchar y preguntar a sus pacientes sobre los síntomas que acompañan sus padecimientos y no descartarlos de plano, por ejemplo en vez de decirle a un paciente “el cuajo no existe”, preguntarle sobre los síntomas, con el fin de ir más allá y dejar la posibilidad abierta para que su paciente se pregunte acerca de la enfermedad por la que está siendo afectado. Con ello no se crea una nueva creencia ni se refuerza el existente.

PROPUESTAS PARA LA ACCIÓN

Para lograr mayores efectos en los programas de SSR se puede recurrir a ciertas estrategias.

Las personas pueden tener el temor a ser identificados como desplazados.
Es necesario reconocer y tener en cuenta que las personas están atravesando con problemas por su adaptación a un nuevo lugar de vivienda, a un entorno social, a cambios en su salud, a nuevas formas de comunicación con el equipo de salud.
El equipo debe prepararse para sumir que no hay coherencia entre práctica y teoría.
La recurrencia a creencias para acceder o no a una consulta, a tratamiento o a utilizar un método anticonceptivo puede ser un punto que altere las relaciones de los equipos de salud con los usuarios.
El silencio de los hombres suele contrastar diametralmente con la capacidad de verbalizar de las mujeres.
En los hombres y mujeres se presenta una marcada insistencia por mantener su legado cultural, la “sabiduría” obtenida sus experiencias de vida.
Recordar que padres y madres suelen diferenciar las actitudes hacia los hijos y las hijas.
Tener en cuenta que el estado de ánimo, da forma y textura a la manera en que vemos el mundo, el pasado y el futuro, y también matiza lo que escuchamos.
No olvidar que las historias personales de los individuos afectan su escucha.
Motivar la reflexión de tal manera que las personas reconozcan que se tiene un número grande de hijos y que esto hace difícil mantenerlos.
Es necesario que el equipo de salud se aproxime a la comunidad conociendo acerca de sus semánticas particulares, apropiándose de ellas dándoles uso en la consulta y en los materiales de soporte.
El equipo de salud debe evitar crear estilos de comunicación con los que los usuarios se sientan regañados o burlados por sus creencias ya que esto deteriora las relaciones con los pacientes y genera resistencia al uso de los servicios de las entidades que trabajan en salud.
El espacio de trabajo debe estar en un lugar ubicado dentro del área de influencia de la comunidad, de tal manera que no implique grandes desplazamientos, pues algunas personas manifiestan que no pueden acceder a servicios que impliquen afectar su economía, ya que esta es muy deficiente.
Reconocer falsas creencias sobre el uso de los métodos de planificación en general.
Identificar creencias sobre efectos colaterales de métodos anticonceptivos hormonales.
Insistir en la importancia del diálogo en la toma de decisiones para la implementación de cualquier método anticonceptivo.
Orientar acciones hacia los hombres, resaltando la relevancia del papel activo en la anticoncepción.
Identificar y manejar las emociones producidas por el temor a la infidelidad por parte de la pareja, cuando esta sugiere el uso de métodos anticonceptivos.
Se debe buscar que las charlas sean lo más didácticas posibles, visualmente muy dinámicas para atrapar y cautivar la audiencia.
Preguntar a todos los presentes sus expectativas frente a los temas que se van a abordar y responderlas.
Promover acciones orientadas a los hombres para que éstos se aproximen a los programas, y crear un ambiente donde ellos puedan expresar con tranquilidad sus inquietudes y temores, de tal manera que a partir del darse cuenta tomen un papel más activo en la prevención de ETS y la anticoncepción.
Trabajar con base en casos de la vida real o en las reflexiones en testimonios de los asistentes.
Materiales que las personas puedan rayar, romper, doblar, guardar.
Diseñar materiales informativos y preventivos más visuales, para personas que no saben leer y escribir, pues estas se pueden sentir indiferentes o agredidas ante materiales escritos, sin implicar que haya que aislarlos para trabajar con ellos aparte.
La persona usuaria del programa debe salir de la consulta en mejores condiciones emocionales de cómo llegó a ella.
Se deben crear las condiciones para que los usuarios se sientan escuchados.
Los usuarios de los programas suelen sentirse mejor cuando asumen que quienes los atienden los escuchan, esto crea en las personas disposiciones para la acción y actitud positiva para su tratamiento.
En la evaluación post grupos focales las personas expresaron que les agradó la acogida, está actitud debería asumirse como parte de la relación permanente con los usuarios.
Una manera adecuada de proceder consistiría en establecer antes de cualquier charla unas normas mínimas de convivencia (mente abierta a lo que los demás tengan que decir).
Abrirse mental y emocionalmente para comprender los términos con que las personas se comunican con respecto a la sexualidad y los métodos anticonceptivos.
El profesional de la salud que se apropia de las semánticas propias de los usuarios de su servicio logra “hablar un mismo idioma”, situación que posibilita el vínculo.
Asumirse puente de comunicación hacia el sentir genuino de la población, y complementar dicha actitud con el saber científico posibilita una aproximación más certera a las personas.
El lenguajear cotidiano no puede ni debe ser una barrera en la asistencia, tal y como los participantes expresaron suele suceder cotidianamente.
Existe aún la concepción romántica de la fidelidad razón por la consideran frente a los métodos de barrera, condones, la idea de que “cargarlos es fácil, pero no hay necesidad”, si se tiene una pareja considerada “conocida”.
Alrededor de los métodos de planificación, al igual que con las enfermedades, se manifiestan creencias que intimidan a las personas para no usarlos.
Algunos hombres asumen que la responsabilidad de la no procreación recae en la mujer, no en ellos.
Si se desea aprovechar el espacio escolar se hace necesario reorientar algunas estrategias con el fin de permitir a la población acercarse a las aulas de sus hijos sin tanta prevención.
Las personas buscan espacios en los que las parejas puedan dialogar franca y tranquilamente, en tal sentido la consejería de pareja puede crear las condiciones para que ello sea posible.
Hay aceptación de las mujeres hacia el hecho de que el hombre le proponga a la mujer el uso de métodos de planificación, inclusive dicha actitud se considera por ellas como una forma de respeto y valoración, sin embargo los hombres no se sienten muy cómodo haciéndolo, más aún cuando consideran que el uso de anticonceptivos aumenta las posibilidades para la infidelidad.
Las personas carecen de constancia en los temas de planificación en cuanto al seguimiento médico para el control.
La planificación es un tema que surge en la familia no como medida de prevención sino como solución ante un número grande de hijos, por tanto se deben crear espacios para plantearse las emociones que se producen al darse cuenta de esta situación.
La pena es un factor que en muchos casos se interpone nuevamente entre los padres y los hijos, se hace conveniente crear condiciones para expresar dichas emociones.

Notas al margen
[1] Velandia Mora, Manuel Antonio: Consultor e Investigador Principal. Sociólogo, Filósofo, Sexólogo, Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos, Magíster en Educación. Consultor Internacional. Investigador Social. Maestro Universitario.
[2] El biólogo alemán Ludwing von Bertalanffy fue quien integró y propuso esta teoría. La Teoría General de los Sistemas estudia totalidades formadas por partes interconectadas. Von Bertalanffy, en su crítica a los biólogos reduccionistas, propuso inicialmente estudiar al organismo como un todo y desarrolló un enfoque al que denominó "organísmico", el que comenzó a divulgar por medio de conferencias alrededor de 1930, aun cuando es a partir de 1940 que escribe sus postulaciones.
[3] Para hacer una aproximación más exhaustiva es necesario desarrollar una investigación en esta área.

Bibliografía:

· Gadamer, G. H. Verdad y método. Editorial Sígueme, Salamanca, 1977.
· Muller, A. R. Teoría da Organização Humana (e complementos). Editorial Sociología e Política. S. Paulo. 1958.
De Gregori, Waldemar. Cibernética Social I: Un método interdisciplinario de las ciencias sociales y humanas. ISCA Editores, Bogotá. 1992.
Velandia Mora, Manuel Antonio. La Investigación Cualitativa. GRUPOS FOCALES. Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Facultad de Educación Continuada, Fundación para la Salud, la Bioética y el Medio Ambiente, Diplomado en Infección por VIH/sida. Bogotá, 1998.