jueves, 27 de diciembre de 2007

Critica teatral: Al diablo la maldita primavera. Entre el dolor y la “locura”.

Manuel Velandia Mora
Teatro Nacional de la 71
Agosto 14 de 2004


En el Teatro Nacional de la 71, en Bogotá, se estrena la adaptación teatral de la novela de Alonso Sánchez Baute “Al diablo la maldita primavera”, ganadora del Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2002, un monólogo adaptado por el autor y el director teatral Jorge Alí Triana, protagonizada por el actor Orlando Valenzuela.

Para quienes esperan ver una copia fiel de la novela, la obra será toda una sorpresa ya que es un acercamiento diferente e igualmente creativo a la vida del personaje. Según Sánchez Baute “la obra es otra historia, es la vida de Edwin Rodríguez Vuelvas contada de otra manera”; dice Sánchez que para él fue imprescindible hacer la adaptación, al respecto afirma “Yo estoy vivo, quiero estar cerca a mi obra”.

Edwin es uno de los personajes más ricos de la literatura colombiana contemporánea, es un homosexual, funcionario del ICBF, quien se abre camino a codazos, viviendo cada instante como si fuera el último y para quien ganar el “Primer concurso Miss Universo Drag Queen”, representado a Turquía, es el mayor reto de toda su vida.

Edwin es un conocedor de la moda, amigo de los grandes diseñadores colombianos y de otros personajes no tan famosos de quienes es cercano, mas porque le temen a su lengua que porque realmente lo aprecien. Alexis Carrintong, la de Dinastía, es a quien más admira e imita; desde pequeño quiso ser como ella y lo logró, tal vez por ello conoce los secretos de quienes desea “hacerse amigo” y los usa en su propio beneficio. En su vida son igualmente importantes las canciones románticas que la ópera, las más reconocidas cantantes líricas y las de la música para planchar.

Un ser que reflexiona sobre temas universales como el amor, la muerte, el sexo, las drogas, el sida (al que llama “alergia hijueputa”), la rumba, los lugares de encuentro de los gay, la sociedad, el romance, la culpa y el amor, pero que también asume conductas deplorables como no pagar el arriendo, chantajear, robar y hacer trampa, por ejemplo al diseñar mal los trajes de sus contrincantes en el concurso de talento en el cual es una de las participantes.

Edwin es un arribista costeño, un barranquillero que ha vivido en New York y en Bogotá, lugar en que se desarrolla la historia; también es un convencido de la exclusión, estigma y discriminación de la que son víctimas los homosexuales; a pesar de ello, deja entrever la contradicción que le produce la “feminidad” cotidiana de algunos homosexuales a quienes, para recalcar que son “diferentes” a él, denomina “locas”.

Alonso considera que “el dolor no es de los homosexuales, es una emoción universal”; en el mismo sentido Valenzuela opina “del dolor hay que reírse porque si no lo hacemos nos quita la vida”, y eso es lo que hace en varios momentos de la obra en los que desnuda su alma y permite al espectador adentrarse en sus más íntimos momentos de soledad; en igual sentido, Jorge Alí diserta “es difícil desnudar el cuerpo, pero es mas difícil alcanzar lo que hace la obra, desnudar el alma”.

La obra, nos cuenta el actor Valenzuela: “tiene un gran trasfondo emocional… Yo descubrí en mí la mujer que hay en todo hombre verdadero”, pero la obra es también una burla a la feminidad de las mujeres, porque “la drag es precisamente eso… la drag busca la teatralidad en cada una de sus actuaciones, es un colega de uno”; con respecto a la actuación del protagonista Jorge Alí comenta “no hay escena fácil, la obra es una permanente escena difícil, porque para el actor toda la obra entraña la misma dificultades”.

Con vestuarios vistosos diseñados por Jair Trujillo, el mismo que despliega todo un derroche de creatividad en los espectáculos de Theatron, Edwin se va transformando durante el transcurso de la obra de un oficinista, algo rebuscado en sus ademanes, a una drag que no alcanza la feminidad exageradamente amanerada que solemos ver en algunas de la divas del mundo gay.

La puesta en escena deja en la mente de los espectadores, en especial de los heterosexuales, una idea cercana a lo que en la cotidianidad es la vida de algunos homosexuales, como también la idea, un poco falsa, de que los homosexuales son siempre personas cultas, inteligentes e incapaces de soportarse los unos a los otros.