lunes, 6 de agosto de 2007

Un espacio para la Vida

Aportes para la construcción del Código de convivencia en Bogotá.

Manuel Velandia Mora
23.11.97


El camino que debemos seguir debe ser, no el de ir de los programas a la realidad, sino todo lo contrario, ir de la realidad hacia los programas...
Los programas solo tienen sentido si son un espacio para la vida!

La definición de la identidad sexual de los hombres y de las mujeres no se produce de manera casual, requiere para su construcción de un proceso que cada individuo desarrolla a través de una serie de pasos graduales y directamente interrelacionados. Todas las personas desarrollan este proceso personal e íntimamente, aunque no estén conscientes de ello. Cuando la afirmación de la identidad sexual es diferente a la esperada socialmente para su sexo (homosexuales, bisexuales), este proceso se hace más explícito para la persona, quien de cierta manera se ve obligada a tomar conciencia del mismo.

La construcción de la identidad sexual está determinada por varios elementos que se conjugan en relación a cada sujeto-objeto de intercambio, como son el erotismo, la afectividad, la genitalidad y el deseo. Así mismo, depende también de la aceptación o negación que la persona hace de dicho proceso para sí mismo. Esta etapa en la construcción de su identidad sexual se denomina identidad sexual particular.

Un hombre posee una identidad sexual particular de homosexual o una mujer de lesbiana cuando el sujeto-objeto de su erotismo, afectividad, genitalidad y deseo es alguien del mismo sexo.

Los hombres y las mujeres, cualquiera que sea su identidad sexual particular y el desarrollo de ésta, se encuentran en un proceso de permanente intercambio con otras personas de la comunidad. La aceptación o rechazo de estas personas posibilita que cada uno se sintonice, confronte o aísle socialmente. La identidad sexual social está determinada por dicho intercambio.

La homosexualidad y el lesbianismo son variantes del «patrón oficial heterosexual» de la sexualidad -que es desde el cual se determina la identidad sexual social- como también lo son algunas de las llamadas parafilias (incluso las de los heterosexuales). Estas variantes motivan en algunos agentes de la sociedad rechazo hacia quienes asumen esas conductas y «parafilias» diferentes a las esperadas por l@s y para l@s heterosexuales. Rechazo que en algunas oportunidades se interioriza y se transforma en autorechazo.

El ejercicio de reconocerse a sí mism@ y posterior o simultáneamente de buscar ser reconocid@ por la sociedad, produce aislamiento en y hacia quienes se encuentran en crisis dentro de dicho ejercicio. Este adentrarse y reconocerse denominado coming in, generalmente induce a un análisis que la persona hace de sí misma, fundamentado en una falacia consistente en pensarse como único ser de la humanidad en proceso de asumir dichas conductas y/o «parafilias». Este proceso generalmente se oculta porque la sexualidad es interpretada bajo la influencia del esquema judeo-cristiano (que rige nuestro pensamiento) como algo sucio, pecaminoso y eminentemente particular, lo cual lleva a las personas a no compartir ni comunicar sus temores y a no solicitar apoyo externo.

En un momento posterior de la construcción de su identidad, la persona reconoce que ella no es la única que vive su situación. Este reconocimiento, la motiva a buscar a otras personas en procesos similares o en etapas posteriores de dicho proceso, como una forma de encontrar respuestas y solidaridad. A dicho proceso se le denomina coming out.

Las personas que son buscadas por el individuo en crisis generalmente han pasado o están pasando simultáneamente por su propio proceso de construcción de identidad. Pero como no están entrenadas para apoyar a otros individuos, aún cuando sean buscados por éstos para tal fin, transmiten a aquellas personas sus propias debilidades y fortalezas.

El proceso de salir hacia afuera (coming out), para los homosexuales y lesbianas, a diferencia del de los heterosexuales (quienes cuentan con algunos pocos espacios de socialización para ello), únicamente se posibilita en espacios particulares como establecimientos comerciales legalmente constituidos que ofertan servicios a esta población. Lugares que por sus propias condiciones, en la práctica hacen que asumir la identidad se convierta en un proceso clandestino.

Las personas cualesquiera que sea su conducta u orientación sexual no pueden expresar públicamente su particularidad como personas sexuadas, es decir, a partir de su identidad sexual particular. Situación que se hace más frecuente en los homosexuales y lesbianas quienes además viven permanentemente bajo la presión que ejerce la familia, la escuela, la iglesia y en general el entorno social, condición que desencadena procesos de crisis que se intensifican por su vivencia particular de coming in. Esta presión, sumada a la necesidad de encontrar alternativas de intercambio, los induce a una vivencia clandestina de su sexualidad, tanto en espacios comerciales (algunos de ellos bastante cerrados y permisivos) como en espacios diferentes al ghetto comercial.

En estas circunstancias las personas se apropian tanto de los lugares privados como de algunos espacios públicos -permisivos o no- para tener la oportunidad de llevar a cabo los procesos que les posibilitan la construcción de su identidad sexual y por su puesto, de su identidad como personas.

Este intercambio clandestino perturba a los individuos y los coloca en conflicto consigo mismo y con la sociedad. La persona en crisis hace parte de la demanda sexuada y su participación en el «mercado sexual» los convierte a su vez para otras personas, en una oferta sexuada .

La presión (chantaje económico) ejercida por algunos miembros de la policía y por otros agentes de la comunidad hacia quienes al interior del mercado sexual se ven obligados a intercambiar en espacios comerciales privados y en espacios públicos motiva asumir la vivencia del encuentro con el otro y la otra como una actividad «anormal» vivida desde el ocultamiento.

La alternativa implantada desde los códigos de policía y por autodeterminación de algunos representantes de la autoridad para corregir a aquell@s quienes viven su sexualidad al margen del patrón socialmente aceptado parece ser la «limpieza». En un seminario sobre tolerancia y sexualidad realizado recientemente por el autor a agentes de policía en Santa Fe de Bogotá, algunos de ellos manifestaron que la mejor alternativa frente a este tipo de problemas se basa en la presunción que, «si en un cesto hay una manzana dañada la mejor manera de evitar que las otras se dañen es sacarla».

Esta «limpieza» implica ejercer permanentemente y como respuesta la violencia contra aquellos individuos que asumen «conductas inmorales». La violencia conlleva el chantaje, la agresión física y verbal, el pago de «peajes», el aislamiento social bajo la forma del encierro en una comisaría e incluso, la violencia sexual.

La implementación del Proyecto Nacional de Educación Sexual (PNES) ha sido un aporte, más no la solución del problema. Sin embargo, los manuales de convivencia de un gran número de planteles educativos contemplan -basados en las normas generales de educación general del Ministerio y Secretarias de Educación contradice el PNES y la Constitución Nacional de 1991 al afirmar - «la cancelación definitiva e ipsofacto de la matrícula por faltas graves, dentro y fuera del plantel, contra cualquier aspecto de la moral cristiana tales como: embriaguez, tenencia, tráfico y /o consumo de substancias que produzcan adicción, prostitución, homosexualismo, aborto, relaciones prematuras que lleven o no al embarazo, frecuentar sitios indebidos y ser motivo de escándalo para la comunidad».

La comunidad no cuenta con espacios y agentes sociales que apoyen a los individuos en dicha construcción, la escuela, la familia y los diferentes estamentos en la sociedad, incluso generan procesos de violencia y discriminación sobre dichas personas. El individuo en proceso de coming in o de coming out no puede esperar ni espera encontrar en ellos la respuesta o el apoyo necesario, transformando la crisis particular en un problema social.

En Colombia y más específicamente en Santa Fe de Bogotá, a diferencia de otras grandes capitales del mundo como New York, San Francisco, Londres, Madrid, Viena, Frankfourt o Berlín, la sexualidad y los problema que ésta conlleva en la manera como es asumida por los individuos no hace parte de las políticas ciudadanas que el Estado implementa para el bienestar de la comunidad. En las citadas ciudades y en muchas otras, los ayuntamientos, alcaldías y comunidades autónomas han apoyado con infraestructura y económicamente la creación de centros conducidos por grupos comunitarios que fundamentados en dichas políticas presten su apoyo especializado a esas personas y grupos.

¿Cuál es la respuesta?

La violencia no es la mejor alternativa de respuesta a una crisis particular ni de apoyo en la solución de dicha crisis, como tampoco lo son la «limpieza», la discriminación, la intolerancia, la ghetización, o expulsar a las personas de la familia o de la escuela. La respuesta implicaría necesariamente apoyar a la persona en la construcción de su identidad particular, es especial a los jóvenes, ya que al fortalecerla disminuye la vulnerabilidad particular y la posibilidad de que tanto menores como adultos asuman conductas que les posibiliten o aumenten sus riesgos.

Las personas en esta situación y en especial l@s menores se encuentran en alto riesgo de encontrar en su búsqueda de alternativas situaciones que pueden violentarlos permanentemente, tales como juegos eróticos o relaciones genitales indeseadas que les pueden generar traumas físicos y mentales, riesgo de adquirir y desarrollar la infección por HIV/Sida y otras enfermedades de transmisión sexual y de convertirse en consumidores ocasionales o habituales de substancias psicoactivas.

Muy especialmente l@s menores y algun@ adult@s se encuentran ante el dilema de necesitar apoyo y no encontrarlo en la familia, incluso se ven obligados a negar las crisis y aquellas situaciones que esta les produce y ante las cuales se sienten imposibilitad@s para obtener respuestas, sobre todo al interior del bloque familiar y de la escuela, por que conocen de la violencia que pudiera ser ejercida por los familiares, por sus compañer@s en los planteles educativos e incluso por l@s docentes y por otr@s profesionales entre quienes están l@s de la psicología que trabajan con conductas relacionadas con la sexualidad. Esta situación motiva en las personas el rompimiento con sus padres y familia en general, aislamiento social y la deserción escolar, llevando incluso a algunos a convertirse en habitantes de la calle.

¿Qué Hacer?

Buscando evitar estos y muchos otros problemas es necesario crear espacios para la vida en los que hombres y mujeres puedan confrontar su realidad particular en lo referente a su sexualidad. Ya que el desarrollo de la sexualidad no es un problema exclusivo de homosexuales y lesbianas, sino que lo es en algún momento de la vida, un problema de todos los hombres y mujeres en el entorno social. De ahí que la respuesta no debe ser para un grupo minoritario (una extensa minoría) sino serlo para toda la comunidad. Aún cuando, no por ello se puede negar que cada grupo debido a sus particularidades requiere de respuestas particulares, y que dichas respuestas deben motivar e inducir al respeto y la tolerancia como ejes de la convivencia ciudadana.

Los servicios de apoyo que se estructuren desde la alcaldía no deben ser orientados desde las entidades de salud, por que las crisis particulares basadas en la sexualidad no convierten al individuo en un enfermo y el individuo rechaza sentirse o ser asumido como tal; de ahí la importancia de la participación activa de Organizaciones No gubernamentales y de otros estamentos de la sociedad civil con experiencia en trabajo con minorías sexuales.

Las acciones de apoyo que se emprendan deberán estar basadas en un conocimiento y reconocimiento de la población sujeto, ser prestadas a un bajo costo o subsidiadas buscando con ello que l@s jóvenes cuyos ingresos son controlados por otros y las personas adultas de bajos recursos no se vean imposibilitadas de ser apoyadas, deberán ser también de fácil acceso y orientadas por profesionales y expertos en el área de la sexualidad.