lunes, 6 de agosto de 2007

Los Derechos Humanos También son Sexuales.

Manuel Velandia Mora

Presentación en Evento. Cerfami, Medellín, 01.08.98. Publicado en la Revista de la misma institucion.

Texto previo al publicado en presentado en el "Primer Simposio Ética y Sexualidad" noviembre de 1998, Medellín.

Los Derechos Sexuales También son Humanos
La diferencia es suficientemente sutil para pasar desapercibida

Los derechos humanos parecen ser únicamente interés de quienes hacen parte de una minoría, pues para quienes están o se ubican al otro lado de la línea asumirse desde su visión como “dueños” del poder les hace creer que su análisis de la realidad es el correcto y que quienes no lo aceptan necesariamente están al margen. La oficialidad en el ejercicio de la sexualidad es la heterosexualidad, el sexo predominante son los hombres y el género la masculinidad, por tanto, cualquier persona quien no sea de dicho sexo, género y orientación será considerad@ marginal. Este pensamiento también hace parte del de quienes se piensan así mismos al margen, y es aún más demarcado en quienes están mucho más al margen, como es el caso de las minorías sexuales.

El respeto por los derechos humanos y más aún por los derechos sexuales, y el interés por que todo acercamiento a la sexualidad de una persona o al análisis de esta, se fundamente en unos principios éticos que lo son también de quienes asumen que todos los seres por el hecho de ser humanos poseen derechos que le son inherentes y que su actuar se fundamenta en dichos principios.

Explicar la ética para el trabajo de quien lo hace en el tema de la sexualidad implica pues entender los derechos humanos y su aplicación al tema de la sexualidad, de ahí el interés del autor en dar una explicación a los derechos humanos como derechos sexuales.

Sexualidad y Poder

En los campos de concentración en Alemania murieron varios millones de mujeres y hombres. A tod@s l@s marcaban con un número de serie, pero a l@s objetoræs (de conciencia los marcaban con un triángulo de color; el triángulo con el que señalaban a los hombres homosexuales era rosado y más grande que los otros, el de las mujeres era de color negro. Los homosexuales estaban sometidos a castigos adicionales: La pena del silencio y la separación de las personas de las otras orientaciones sexuales; no podían estar a menos de cinco metros de distancia de las otras barracas ni hablar con sus congéneres.

En Colombia desde 1986 hasta 1991 se registraron más de ochocientos asesinatos de hombres homosexuales, trabajadores sexuales y travestíes, su único delito fue pertenecer a una minoría sexual. Sin embargo, como los asesinados no nos son cercanos, esas amenazas que muchas veces son muertes parecen no afectarnos: Son parte de un problema en el que creemos no estar involucrados, probablemente por que los duelos que por éllos se hacen no son los nuestros.

Diversidad y Minorías

Una minoría sexual es un grupo de personas, hombres y/o mujeres que por sus actitudes, comportamientos o prácticas asumen conductas que de alguna forma los hacen diferentes a otras personas en la comunidad. Se puede ser minoría por múltiples razones, por ejemplo: por razón del sujeto-objeto de la genitalidad, por el sujeto-objeto de los afectos, por sus características corporales, por que las prácticas sexuales o genitales se asumen como actividad laboral y fuente principal de la economía, por los elementos con los cuales se logra el placer, por las situaciones en las cuales tanto las víctimas como los victimarios y otros obtienen placer. De igual manera se consideran minorías sexuales a amplios grupos de personas, como lo son las lesbianas, los homosexuales y los bisexuales. También se asumen minorías sexuales grupos de personas por cuestiones de género, por usar vestimentas o accesorios considerados propios del otro género, por pertenecer a un género específico como sucede con las mujeres. Las anteriores son tan solo una mínima parte de las razones que se consideran hacen diversa sexualmente a una persona, pero cuando dicha actividad sexual no es una actitud asumida como “normal, “correcta” ó “natural” por la mayoría, entonces, la persona se hace y es hecha parte de una de las minorías sexuales.

Frente a este extenso panorama se podría afirmar que las minorías sexuales son por su espectro una amplia mayoría. En nuestra comunidad se encuentra un vasto grupo de personas que por sus vivencias particulares han determinado que l@s otr@s, quienes vivencian experiencias diferentes a las suyas son minorías. Las razones de la auto-discriminación y posterior ghettización de quienes se han hecho parte de una minoría son múltiples, a saber: Falta de conciencia de sí mism@,, no reconocimiento de la diferencia y de la identidad de las demás personas; si fuéramos conscientes de que cada un@ de nosotr@s es únic@, irrepetible, trascendente, evolutiv@, podríamos entonces comprender y asimilar que necesariamente cada persona es en sí y por sí misma. Por sus características ontológicas, cada ser humano tiene un desarrollo particular y una historia que lo diferencia cada vez más de los otros seres. Cada hombre y mujer tiene el Derecho Fundamental al Libre Desarrollo de su Personalidad, es decir, a construirse un universo desde el cual el ejercicio de su sexualidad, le implica, al mismo tiempo, un particular desempeño de su afecto, genitalidad y erotismo. Esta particularidad y unicidad nos hace plenamente divers@s: La diversidad sexual es tan amplia como somos l@s human@s; de ahí que seamos únicos en lo esencial pero diversos en lo existencial.

La conciencia de sí mism@ tan sólo es posible desde el reconocimiento de la propia propia esencia. Este conlleva en sí la identidad. Dicha conciencia posibilita el reconocimiento del otro y la otra. Las situaciones particulares asumidas como diferentes a las de l@s demás, por tal razón, tienden a esconderse para no ser identificad@s socialmente como marginales o considerad@s minoría sexual.

Familia y Escuela

Los padres de familia y el circulo familiar en general construyen para cada persona un itinerario y unas metas de vida, que están enmarcadas en un esquema del “deber ser para la persona”, que a su vez corresponde a un esquema socializado de la identidad (identidad social). Cuando un hombre o una mujer rompe con dicho esquema, quienes se han convertido en los guardianes y defensores de la “moral pública” pasan a su vez por una serie de procesos hasta lograr adecuar su imaginario del “deber ser” a los comportamientos sexuales de la persona y “aceptar” a la persona, pero esta sigue siendo considerada como al margen durante otro tiempo hasta que realmente es tolerada y por tanto respetada en su existencia. Este proceso se vive como un duelo, ya que la vivencia particular de l@s otr@s se asume como una pérdida propia. Dichas pérdidas están relacionadas con el temor a que se asuman posiciones de género no esperadas para determinado sexo, o conductas sexuales diferentes a la heterosexual, a la negación de tener hijos, o simplemente, al asumir una profesión o un estilo de vida no considerado normal; es decir, siguiendo la norma del ”deber ser” socializado. Estos duelos permiten reparar las lesiones mentales autocausadas por la intolerancia al libre desarrollo de la personalidad.

La alternativa implantada desde los Códigos de Policía y por autodeterminación de algunos representantes de la autoridad para corregir a aquell@s quienes viven su sexualidad al margen del patrón socialmente aceptado, parece ser la «limpieza». Esta «limpieza» implica ejercer permanentemente y como respuesta la violencia contra aquellos individuos que asumen «conductas inmorales». La violencia conlleva el chantaje, la agresión física y verbal, el pago de «peajes» (pago de “multas” a la policía), el aislamiento social bajo la forma del encierro en una comisaría e incluso, la violencia sexual y la muerte.

Amnistía Internacional, Human Rights y otras ONG’s que trabajan en Derechos humanos en diferentes partes del mundo, han recogido en sus informes anuales denuncias de asesinatos de homosexuales en Colombia, por parte de organizaciones paramilitares –e inclusive militares- de “limpieza social”. Recientemente Amnistía Internacional publicó un libro destinado a denunciar las violaciones de Derechos Humanos motivadas por la orientación sexual de l@s afectad@s. En la obra se dan a conocer dramáticos hechos acaecidos en diversas partes del mundo, cuyo rasgo común es el de tener como víctimas a miembros de población homosexual. En el capítulo dedicado a Colombia, Amnistía Internacional, manifiesta que en nuestro país: “...Los Escuadrones de la Muerte matan a diario a: Gays –homosexuales- y a travestidos; pues las autoridades fomentan la grotescamente denominada Limpieza Social...” (Texto Original)

Debido a los efectos de los posibles duelos familiares y sociales así como individuales, muy especialmente l@s menores y algun@s adult@s se encuentran ante el dilema de necesitar apoyo y no encontrarlo en la familia, obligándose a negar las crisis y aquellas situaciones que ésta les produce, ante las cuales se sienten imposibilitad@s para obtener respuestas, situación que también sucede en la escuela. No plantean sus inquietudes y temores por que conocen la violencia de la que pudieran llegar a ser víctimas, por parte de sus familiares, compañer@s en los planteles educativos e incluso por l@s docentes y otr@s profesionales entre quienes están l@s de la psicología y de servidores de las diversas iglesias. Esta situación motiva en las personas el rompimiento con sus padres y familia en general, aislamiento social y deserción escolar, que l@s lleva incluso a convertirse en habitantes de la calle.

Sexualidad y Salud

Otras situaciones referentes a la sexualidad y la salud, también logran que quienes las vivencien sean asumid@s como marginales y minoritari@s, por ejemplo, las enfermedades de transmisión sexual y en especial el sida, que desde su primera definición en Occidente fue entendida como una enfermedad marginal al ser denominada GRID (Inmunodeficiencia Relacionada con los Gay). Uniendo de paso dos temas controversiales: Sexualidad y Muerte.

Los efectos del desarrollo e implantación de los discursos preventivos y su utilización en los programas influyen hasta el punto incluso, como lo afirma Jonathan Mann de “lograr cambiar las formas de relacionamiento social” e incluso, a implementar mecanismos de "control social" como discriminación, estigma y otras formas de perjuicio, como también, histeria, “cacería de brujas” individuales o colectivas; que son producto de una deficiente “anticipación social al riesgo”. Situación que este mismo autor denominó como la “tercera epidemia”.

Dicha discriminación motivó el desarrollo de una propuesta teórica que buscaba defender los derechos de las personas afectadas por el HIV/sida, promulgada en junio de 1989 durante la VI Conferencia Mundial de sida y conocida como Manifiesto de Montreal. Colombia fue uno de los primeros países en el mundo que retomó dicho manifiesto en su Decreto 559 de 1991, siendo también el primero en revisar su legislación sobre sida, resultados que se oficializaron en el Decreto 1543 de Junio 12 de 1997. El discurso sobre el sida ha consolidado también los de la diversidad sexual y las minorías sexuales, y reforzado el de los Derechos Humanos y Sexuales.

La Tolerancia: respeto por la Diferencia y la Diversidad

Sentirse únic@ y poseedor(a) de la verdad: Asumir que somos l@s únic@s en el planeta y que tenemos la respuesta adecuada, la conducta apta, la opción correcta, el comportamiento esperado, las prácticas acertadas, nos hace creer que somos l@s poseedores de la verdad; también nos permite olvidar que la verdad no es única, que es relativa y que incluso es probabilística, y sobre todo no nos permite elaborar los duelos de adecuación a los estilos de vida asumidos por las personas que amamos.

El intolerante cree tener la "verdad". Toda "verdad" diferente a la suya debe ser eliminada, incluso, llega al extremo de deshacerse de la fuente de esa otra "verdad" que no tolera. Según el ex-Defensor del Pueblo, Jaime Córdoba Triviño: "El intolerante no cree ni en el diálogo ni en el pluralismo, pues uno y otro son para él transigencia y debilidad".

Uno de los peligros de entender y explicar la realidad desde la visión como miembro de una minoría sexual es hacernos intolerantes ante otras formas de contemplar la realidad, al realizar interrogantes para l@s otr@s pero no permitirse hacerlos para sí mism@. Desde esta perspectiva la lucha política por la reivindicación de los derechos minoritarios se transforma en una acción auto-excluyente en las acciones por los derechos colectivos, marcando de paso la marginalidad y exigiendo incluso una mayor ghettización. Recientemente surgieron en el panorama político nacional una serie de candidat@s que se han asumido a sí mism@s como representantes de minorías homosexuales y de las trabajadoras sexuales; dichas personas han olvidado que los derechos sexuales y diversificadores (mas no reproductivos, por que no somos clones de nuestros padres y madres) conciernen a todos los seres humanos y no tan sólo a aquellos que están al margen.

La Intolerancia nace de la Ignorancia.

La adhesión a los propios valores: Cada uno de nosotros ha estado inmerso en un proceso económico, ecológico y bio-sico-social, concretado en la familia, la escuela, la iglesia, la comunidad y la cultura, desde el cual se ha conformado una serie de valores para el interactuar y desarrollar su particular modelo de vida.

Reconocer que cada persona tiene su propio esquema de valores y que éstos entran en contradicción, crea en el individuo una serie de tensiones entre la posibilidad de seguir adherido a los suyos y aceptar los del otro o la otra. El esquema particular de valores lleva a expresar opiniones particulares y a vivenciar prácticas en este mismo sentido. Sin embargo, el miedo a que la otra persona actúe desde sus propios valores está signado por el temor a la posible desestabilización que puede conllevar lo desconocido, lo nuevo. Los valores éticos y morales están directamente influenciados por el pensamiento religioso y la cultura. En general las diferentes confesiones no tienen una postura clara sobre los valores pertinentes a la sexualidad, situación que puede denotarse en la inexistencia de una pastoral para las minorías sexuales, para aquéll@s que parecen ser "las otras ovejas".

El actuar de las minorías sexuales usualmente logra que se genere en algunos individuos mayor contradicción de la que logran generar en la escala de valores otros modelos de comportamiento social. El actuar pertinente a la afectividad, y sobre todo al erotismo y la genitalidad de l@s otr@s seres human@s, provoca en cada persona una reflexión sobre su propio comportamiento. Cuando éste, y las actitudes, conocimientos y prácticas parecen no ser muy sólidos, los individuos tienen el temor de ser vulnerados, pero sobre todo, de cambiar su opción, y hacerse víctimas del proceso de marginación e intolerancia, desde el cuál ell@s mismas se han comunicado o incomunicado con esos seres puestos al margen, frente a los cuales son victimari@s.

La tolerancia en general es mal interpretada. Se entiende como un "tener que aceptar todo lo que los otros hagan", incluso, cuando este actuar vulnere los derechos individuales. Pero ésta exige una comprensión del otro, y no tener que aceptar que éste trascienda los límites individuales. Comprender implica posibilitar el desarrollo de los demás seres, aunque este proceso no puede entorpecer ni negar el propio.

Para algunos, tolerar parece significar "ignorar", ser indiferente a la expresión del otro o la otra, sin embargo, cuando estæ nos es indiferente, no estamos siendo tolerantes, sino que l@ estamos negando. Quien niega a su congénere asume que esta persona no existe. Para poder ser tolerante con alguien, es preciso brindar un espacio en el que el otro o la otra surja como legítim@ en sí mism@. Si la persona no es reconocida, implicaría la negación de su existencia, y por tanto, intolerancia.

Cuando somos intolerantes, nos atrevemos a cuestionar las opciones particulares de l@s otr@s, en este caso las de las personas diversas sexualmente que son minoría. En general, estos interrogantes son a su vez dudas, temores, inconsistencias en la dinámica individual de quien indaga. Las preguntas que expongo a continuación son algunas de las muchas preguntas que permanentemente se formulan a quienes hacen parte de una minoría sexual, tratando de obtener respuestas a los conflictos que nos crean aquellas situaciones para las cuales no las tenemos. L@ invito a cuestionarse, sobre todo a permitirse una respuesta para usted mism@, ya que en la medida en que tod@s y cada un@ logren definirse, también podrá comprender, entender, asumir y ser más tolerantes con l@s otr@s.

Algunos interrogantes acerca de su opción sexcuál:
las preguntas que a continuación se presentan fueron tomadas de

¿Es su padre ó su madre responsable de su opción sexual?
¿Qué cree Usted que generó su opción sexual?
¿Cuándo y cómo decidió su opción sexual?
¿Es consciente de su opción sexual?
¿Cree que el rechazo a otras opciones sexuales l@ llevó a determinar la suya?
¿Sería que todo lo que Usted necesitara para cambiar su opción sexual, es un(a) buen(a) amante con una opción sexual diferente a la suya?
¿Considera que un fracaso en un intento sexual l@ llevó a determinar la suya?
¿Considera que personas con una opción sexual diferente siempre estarán dispuest@s a seducirl@?
¿Cree que su opción sexual l@ lleva a hacer de su vida un espectáculo público?
¿Ha consultado a un(a) terapeuta a causa de su opción sexual?
¿Considera que los menores deberían tener maestros con su misma opción sexual?
¿Permitiría que alguien a quien usted ama sostuviera relaciones con otra persona cuya opción sexual sea diferente a la suya?
¿Deberían haber leyes especiales para quienes no tengan su misma opción sexual?
Quien tiene una opción sexual distinta a la suya, debería ser separado de la sociedad?
¿En qué se diferencia Usted de aquéll@s que tienen una opción sexual igual a la suya?
¿En qué se diferencia Usted de aquéll@s que tienen una opción sexual diversa a la suya?
¿Usted cree que vale la pena hacerse todos éstos interrogantes acerca de su opción sexual?, A la de otr@s?, Para qué le sirve?


Los Derechos Humanos y Sexuales.

Derechos Fundamentales

Son los que corresponden al ser humano en cuanto tal, es decir, como poseedor de una identidad inimitable caracterizada por su racionalidad, que le permite ejercer sus deseos y apetencias libremente, de ahí que se le reconozca una dignidad -La dignidad de la persona humana- que l@ coloca en situación de superior en el universo social en que se desenvuelve y por éllo es acreedor(a) de derechos que le permiten desarrollar su personalidad humana y sin los cuales esta se vería discriminada, enervada y aún suprimida[1]. El Estado reconoce sin discriminación alguna, la primacía de los Derechos inalienables de la persona[2]. Estos Derechos son los mismos que la Declaración Universal de 1948 proclama como Bienes Jurídicos iguales e inviolables de todos los miembros de la familia humana.

Para la Corte Constitucional, hablando de bienes jurídicos, "el corazón de la democracia es el respeto de los derechos de las personas". El fin último y fundamento mismo de la organización política democrática es la dignidad humana, la cual solamente puede ser garantizada mediante la efectiva protección de los Derechos Fundamentales.

Algunas Características de los Derechos Humanos[3]

Son pre-existentes por que: Los derechos de la persona humana son anteriores y superiores a toda forma de organización política (aparición del Estado) y prevalecen frente a cualquier norma positiva con la cual se pretenda desconocerlos.

Son Inalienables: Porque no se pueden Enajenar, Ceder ni Transferir

Son Inherentes: Porque constituyen un modo de ser intrínseco al sujeto.

Son Esenciales: Porque es aquello por lo cual un ser es lo que es.

Todos los Derechos Humanos son: Universales, Indivisibles e Interdependientes


Derechos Sexuales

1. Al Reconocimiento y Aceptación de Sí Mism@ como Hombre o como Mujer y como Seres Sexuados.

El Psicólogo Carl Rogers, cuando habla de la persona que funciona plenamente, plantea que “Una personalidad sana surge durante un proceso que la hace más dueña de sí, capaz de ser auténtico, sin máscaras”. Lo cual le permite incorporar las experiencias propias, descubrirse a sí misma en la experiencia total de su organismo y aceptarse a sí misma y a los demás, con la libertad de ser realmente lo que es.

Las Mujeres y Hombres pasan por un proceso de de-construcción re-construcción de su identidad sexual y de éll@s mism@s. Preguntarse acerca de sí mism@ y sobre otras muchas cosas relacionadas con ser hombre o mujer, sobre su papel en la sociedad y la significancia de serlo al interior de todos los procesos sociales de intercambio, surge como resultado de un cuestionamiento sobre la realidad de ser en sí mism@s y en su relación con l@s otr@s.

Los procesos educativos formales no permiten generalmente un cuestionamiento a los educadores por parte de los educandos. Lo que conduce a negar la existencia de los posibles interrogantes. Pareciera que para la sociedad las personas no tuvieran la necesidad de elaborar su sexualidad, que no fuera esencial dicho proceso, que las respuestas y la sexualidad se dieran "naturalmente" en la pubertad y que por tanto, los interrogantes y temores propios de este desarrollo no necesitaran ser respondidos o re-interpretados.

Los textos escolares, los materiales didácticos y sus ilustraciones responden a una presentación y contenidos sexistas. Existe una socialización diferencial; es decir, no se interactúa con hombres y mujeres de la misma manera. Esta diferenciación es reproducida igualmente en la familia, en el trabajo y en todos los estamentos de la sociedad, entonces, no es difícil que una visión y práxis sexista se perpetúe. No solo influye en nosotr@s aquello que se nos dice, también nos afecta lo que se nos deja de decir, lo que observamos y vivimos en lo cotidiano.

Pensarse a sí mism@, implica, pensarse a partir de una diferenciación sexo-género. Es decir, sobre los datos biológicos de la diferencia sexual se nos ha construido una identidad como niños y niñas, y desde esta dicotomía masculino-femenina observamos el mundo, pero sobre todo nos observamos a nosotr@s mism@s.

La identidad particular, entonces implica el reconocimiento de una cuádruple construcción: 1. Lo que somos en función de ser hombres y mujeres (identidad de género); 2. Lo que somos como hombres o mujeres (identidad de sexo); 3. La escogencia personal e íntima de él o la sujeto-objeto con el o la cual asumimos nuestra conducta sexual (identidad de orientación sexual); y además, 4. Lo que nos ha tocado representar en el papel (rol de género): justificado en "deber ser" del comportamiento de cada sexo.

La identidad de género: Se adquiere mas o menos a la misma edad en que el o la menor adquiere el lenguaje (entre los dos y los tres años). El género es un punto en un continuo en el que los extremos son lo masculino y lo femenino. La pertenencia a un determinado género l@ hace identificarse en todas sus manifestaciones: sentimientos y actitudes, comportamientos, juegos, etc., como niño o como niña (o más concretamente como masculino o femenino) y por este tamiz pasa todas sus experiencias.

La identidad particular de sexo: Implica un reconocimiento de la diferenciación anatómica entre los sexos. Ser mujer u hombre está sustentado desde nuestras características biológicas y en lo que le es "propio" a cada sexo, para ello es necesario el reconocimiento del propio cuerpo, de su genital y de su función. En el caso de la mujer ésta identidad está signada por una de sus representaciones asumidas socialmente como más significativa: su capacidad diversificadora de l@s human@s.

La identidad de orientación sexual: es una escogencia íntima y excluyente que hace la persona y que por lo tanto es clara para sí. No existe de por sí, requiere reflexión, justificación y comprensión para sí mism@ que permita hacer conciencia de él(-la). Esto significa que se identica (se asume desde sí mism@ y no en función de un modelo) como heterosexual, bisexual, homosexual o lesbiana. Para que esta identicación suceda, se necesita tomar conciencia del objeto-sujeto de su afectividad, de su erotismo y de su genitalidad.

El rol de género: se forma a partir del conjunto de prescripciones y normas que dictan la sociedad y la cultura, la clase social, el grupo étnico y hasta el nivel generacional de las personas. Se puede sostener una división básica que corresponde a la división sexual del trabajo aún más primitiva: las mujeres paren hijos, y por tanto, los cuidan; así que: lo femenino es lo maternal, lo doméstico, contrapuesto con lo masculino como lo público. La dicotomía masculino-femenina con sus variantes culturales, establece estereotipos, la más de las veces rígidos, que condicionan los papeles y limitan las potencialidades humanas de las personas, al estimular o reprimir los comportamientos en función a su adecuación al género. La indumentaria (vestido y accesorios) es el elemento desde el cual se ratifica el modelo del rol de género.

Sin embargo, hombres y mujeres se autodeterminan ante dichos modelos y asumen su propio actuar del rol, llegando incluso a asumir actitudes y comportamientos que pudieran considerarse transgénero; es decir, que son opuestos a lo esperado socialmente para un hombre o para una mujer. Por consiguiente se encuentran socialmente hombres con conductas de género femeninas, mujeres que asumen conductas de género masculinas, y hombres y mujeres andrógin@s en su actuar particular (un equilibrio entre lo masculino y lo femenino). Este rol de género consolida la identidad particular de género para la persona.

La identidad particular en todas sus posibilidades es, por tanto, como su nombre lo indica, un Proceso de Identicación en el cual el individuo se hace eje y motor de su propia existencia, donde el modelo corresponde a sí mism@.

La identidad social está referenciada en primera instancia por lo que se nos asigna socialmente por el hecho de ser mujeres o de ser hombres. Desde este patrón-modelo la sociedad espera que mi identidad particular, responda a lo que élla ha asumido como lo ideal para la identidad de género, la identidad de sexo, la identidad sexual y el rol de género.

La socialización diferencial es pues la endoculturación (la socialización en un espacio y tiempo determinados al interior de un grupo social) de lo identicado socialmente como propio del hombre y de la mujer. Es importante recalcar que únicamente será posible identificarse como un@ mism@ cuando se entiendan y desmonten como seres únicos e irrepetibles los efectos de la socialización en la existencia.

Construir una identidad particular es la única posibilidad de ser. Mientras no se use la libertad de construirse, Ser se hace imposible. Sin embargo, para la mujer, Ser se ha interpretado socialmente como una posibilidad que se torna imposible sin el apoyo del hombre. Desde esta perspectiva la mujer se ha escindido y tan sólo se le ha posibilitado ser la media naranja, la costilla, el "poder" detrás del hombre. Construir la identidad de sexo, la identidad de género, el rol de género, la identidad sexual haciéndose eje y fundamento de su propio desarrollo, coloca a la mujer en su verdadero papel social e histórico.

La mujer no está sola, la mujer hace parte de un quehacer social y su construcción como persona, aun cuando sea un ejercicio solidario con las otras mujeres, implica también un compromiso comunitario en el que el hombre no es el enemigo, ni la permanente reencarnación del poder y la violencia. Mientras los mismos hombres no revisen su papel de género -que no es lo mismo que el machismo- la convivencia en lo cotidiano se torna difícil. El hombre no puede ser el igual con el que se convive y trabaja hombro a hombro, si él mismo se concibe y asume como diferente. El hombre debe reconocerse igual a la mujer.

¿Son mis interrogantes similares a los de las otras? ¿Es correcto imaginar, ensayar, callar, desear? ¿Ocurrió algo que me hiciera ser distinta a ellos y a las otras? ¿Soy realmente un ser diferente o soy igual a las otras y a los otros? ¿Si yo no soy un ser escindido, si yo soy una persona completa, ser como soy y lo que soy, me convierte en sujeto-objeto de vulneración? Estos interrogantes y muchos otros más a los cuales la mujer le busca respuesta tienen ahora una perspectiva diferente en su análisis: la perspectiva de género. Para entenderla es necesario tratar de entender inicialmente ¿qué es el género?

2. A la Igualdad de Género

El Concepto de Género: Según la Secretaría de Mujer y Género de la Consejería para la Política Social, Género se refiere al conjunto de rasgos adquiridos en el proceso de socialización, que diferencian a hombres y mujeres en una sociedad. Son las responsabilidades sociales, pautas de comportamiento, valores, gustos, temores, actividades, expectativas, etc. que la cultura asigna en forma diferenciada a hombres y mujeres. En otras palabras, es el modo de ser hombre o de ser mujer en una cultura determinada. De allí se derivan necesidades y requerimientos diferentes de hombres y mujeres para su desarrollo y realización.

El Concepto de Sexo: Se refiere a los rasgos o características de naturaleza biológica que diferencian a los hombres de las mujeres. Es la conformación de los órganos sexuales, del aparato reproductivo, rasgos secundarios como la voz, el vello, la conformación ósea y muscular. Mientras los rasgos de género varían de una cultura a otra, de una generación a otra y están en transformación permanente por efecto de la cultura, los rasgos sexuales tienen un ciclo de desarrollo marcado principalmente por la edad y son difícilmente modificables.

Según la Antropóloga y feminista mexicana Marta Lamas para los fundamentalistas la Categoría género resulta amenazante para el pensamiento religioso fundamentalista porque pone en cuestión la idea de "lo natural" (tan vinculado con la de lo divino), y señala que es la simbolización cultural, y no la biológica, la que establece las prescripciones relativas a lo que es "propio" de cada sexo... Utilizar la categoría género para referirse a los procesos de diferenciación, dominación y subordinación entre los hombres y las mujeres obliga a remitirse a la fuerza de lo social, y abre la posibilidad de la transformación de las costumbres e ideas. Así, la perspectiva de género se aleja de las argumentaciones funcionalistas y deterministas, y busca explicar la acción humana como un producto construido con base en un sentido subjetivo.

La estructuración del género llega a convertirse en un hecho social con tanta fuerza que inclusive se piensa como natural; lo mismo pasa con ciertas capacidades o habilidades supuestamente biológicas, que son construidas y promovidas social y culturalmente. Hay que tener siempre presente que entre mujeres y hombres hay más semejanzas como especie que diferencias sexuales.

La Perspectiva de Género: La manera como se relacionan hombres y mujeres en los diferentes procesos sociales, ya sea como pareja, micro o macrogrupo determina las relaciones de género. Estas están presentes en todos los ámbitos de dominio: Pareja, familia, amigos, escuela, iglesia, trabajo, política, etc. Es decir no se circunscribe sólo a las relaciones entre personas, sino también a todos los procesos entre los diferentes estamentos y organizaciones. Hombres y mujeres están inmersos en un sinnúmero de relaciones que también lo son de poder, dominación, dependencia, equidad, exclusión, discriminación, tolerancia, equidad, o solidaridad; cómo se manifiesten estas relaciones depende de como el género se manifiesta en los procesos de socialización.

Se ha creído que la sociedad es un grupo homogéneo y que por lo tanto, el bien social es respuesta a la necesidad particular, sin embargo, los individuos tienen necesidades y expectativas particulares y estas son diferentes en función de un amplio número de factores tales como edad, sexo, grupo social, etnia, nivel de educación, poder adquisitivo, clase social, género, conductas y orientación sexual. Reconocer la diferencia y poder identificar esas necesidades particulares y preparar respuestas adecuadas a dichas circunstancias, favorece no solo un desarrollo integral, sino además una respuesta en equidad, en la que los mismos actores sean participes en la toma de decisiones. Dicha participación debe ser equitativa, pero sobre todo responder a las necesidades particulares de cada grupo y proceso.

La perspectiva de género parte del reconocimiento de que hombres y mujeres juegan un papel determinante en el desarrollo social y en consecuencia deben tener acceso a las decisiones, los recursos, y los beneficios obtenidos. Las diferencias de sexo y género por ser procesos culturales son cambiantes, redireccionables y por tanto, no son camisa de fuerza, limitantes de la participación social, o demostraciones del ejercicio mal entendido del poder.

La perspectiva de género no es un planteamiento de uso exclusivo para los programas de la mujer. El género es también una situación que afecta a los hombres y las relaciones entre éstos y entre aquellas y como ya lo hemos venido afirmando entre éllos y éllas, por tanto, debe ser tenida en cuenta en cualquier actividad o contexto determinado y proponer soluciones pertinentes. Éllo no niega, que en algunos casos se deban proponer programas específicos para mujeres y por supuesto para hombres, por que el enfoque de género no busca únicamente resolver los problemas de la mujer. Si no, establecer relaciones de equidad entre hombres y mujeres.

3. Al Fortalecimiento de la Autoestima, la Autovaloración y la Autonomía para lograr la Toma de Decisiones adecuadas en torno a la Sexualidad.

Autovaloración: El inicio de la heterovaloración: La construcción de la identidad particular y de la perspectiva de género son elementos fundamentales para la participación en los procesos de desarrollo social, sin embargo, aun cuando cada un@ de nosotros se reconozca a sí mism@ si no hace un reconocimiento de l@s otr@s su participación en dichos procesos surgirá de una negación de las personas, sin las cuales no sería posible el ejercicio de la democracia.

Quien no se reconoce vital pierde parte de la esencia que constituye su Ser, por lo tanto se podría afirmar que esta persona no es. Quien no es, no existe como tal, dado que la existencia como persona (del griego: Sonar a través de) está representada por lo que en esencia somos. A pesar de que nosotr@s mism@s no nos autovaloremos o nos autoreconozcamos l@s otr@s asumen de nosotr@s que somos personas. L@s otr@s me asumen persona a partir de su propio reconocimiento, me interpretan desde sus propias vivencias y particularidades. Cada un@ de nosotr@s no es tan sólo aquello que otr@s interpretan o quieren que seamos, también se es objeto de la voluntad ajena y por tanto sujeto-objeto de vulneración.

La Mismidad: Además del reconocimiento de la identidad particular, es el reconocimiento de la unicidad, de que soy un ser único y que por tanto no existe nadie igual a mí: Soy irrepetible y su proceso de desarrollo será necesario y eminentemente particular. El desarrollo implica un grado de evolución del Ser. Cada nivel de energía o de desarrollo a su vez posibilita un paso posterior (evolución). La tendencia evolutiva parece demostrar que la mayoría de los seres busca permanentemente niveles cada vez más elevados de energía (anatropía); sin embargo, algunos seres asumen procesos entrópicos, es decir involutivos.

El proceso evolutivo implica alcanzar permanentemente niveles superiores, es decir, hombres y mujeres somos trascendentes. Así mismo, todo nuestro desarrollo evolutivo, consciente o no, hace parte de nuestra existencia (somos históricos) y ésta, a su vez se encuentra determinado por nuestra condición de género y su representación en el proceso de intercambio social.

En resumen, toda mujer o todo hombre consciente de su mismidad, se fundamenta en su identidad particular, por tanto en su unicidad y en que es irrepetible, evolutiv@, trascendente e históric@. Cada un@ de nosotr@s es Ser plen@ en sí mism@.

La Otreidad: Los seres no estamos solos en el planeta, permanentemente estamos relacionándonos con otros seres, quienes a su vez también se reconocen en su mismidad. Entendemos a los otros y a las otras como diferentes (otreidades). Sin embargo, no siempre logramos asumirlos en su verdadera esencia, generalmente much@s de éll@s nos son indiferentes, incluso, parecen no tener sentido en nuestra existencia. Somos intolerantes por que al no reconocerl@s no estamos reconociendo nuestros propios límites.

Mientras el otro o la otra, siga siendo "otr@", no es posible un vínculo, ya que este implica un reconocimiento, convierte al "Otro" en "Tú". Cotidiana y generalmente el trato de "Tú" a una persona connota un interés, un acercamiento, un posibilitarnos ir hacia él o élla y permitirle llegar hacia nosotros.

La Liminaridad: Esos "Otros" y esos "Tú" son distintos a "Mí". Reconocerlos en su mismidad me implica a su vez asumirlos como una unidad plena y con las mismas condiciones en las que yo me reconozco. Al marcar la diferencia con aquellos "otros" y esos "Tú" estoy reconociendo que existe un límite. El ejercicio de ser permanentemente consiente de los límites de la inter-sujetividad en las relaciones ("Yo" - "Tú") se ha denominado liminaridad.

La Alteridad: Asumirse en un permanente juego de intercambio social en el que nuestro quehacer y cotidianidad afecta al "Tú" del otro y de la otra, y que su actuar permanentemente me afecta a "Mí", únicamente es posible desde el reconocimiento de mis propios límites: Liminaridad. Esta exploración de mi posibilidad de afectar desde mi "Yo" al "Tú" y de sentirme afectado desde su "Tú" se denomina alteridad. Dicha alteración es posible de ser analizada desde dos diferentes niveles de manifestación.

El primer nivel hace referencia a la oposición entre los mismos seres y entre éstos y las cosas, por el mismo hecho de existir. El segundo, está determinado por las cualidades particulares de esos "otros" y esos "Tú", es decir, por las relaciones planteadas desde la diversidad. Dicha diversidad nos plantea el relacionamiento desde nuestras mismidades y la posibilidad de la hostilidad, la oposición, el conflicto, la tolerancia, el respeto e incluso, nuestra propia vulnerabilidad y la de aquell@s con quienes socializamos o nos negamos a hacerlo.

El proceso de heterovaloración implica pues, la valoración de la diversidad, el reconocimiento pleno y total de esos "Otros" transformándolos en nuestros propios "Tú".

4. Al libre ejercicio de la Orientación Sexual

Cada persona hace una escogencia íntima y excluyente y por tanto clara para sí, de su identidad de orientación sexual. Esto significa que se identica (se asume para sí mism@ y no en función de un modelo) como heterosexual, bisexual, homosexual o lesbiana y que hace conciencia del(-a) objeto-sujeto de su afectividad, su erotismo y su genitalidad. Esta toma de conciencia es particular y por tanto pertenece a la esfera de la privacidad, y no atenta contra la convivencia y la organización social.

Para quienes asumen que la orientación sexual es una opción, ésta se desarrolla a partir de una vivencia. Este proceso es eminentemente pregenital (sin intervención de los órganos genitales), y radica básicamente en la asunción del afecto y el erotismo; siendo concretado posteriormente, en el intercambio genital con otras personas de su mismo sexo.

En general, en los homosexuales y las lesbianas este conocer no se presenta por negación de las personas del otro sexo (heterofobia), sino por reafirmación de las relaciones con personas de su mismo sexo, situación que no implica una negación total al grupo inicialmente mencionado. Hombres y mujeres son virtualmente afectiv@s l@s un@s con l@s otr@s, sin que por éllo se puedan catalogar como bisexuales.

En tal sentido, la homosexualidad, el lesbianismo, la heterosexualidad y la bisexualidad "no pueden transmitirse" por el simple compartir espacios (como si la identidad sexual fuera transmitida por un virus aerobio) o aprenderse de un momento a otro, pues requiere de un proceso en su construcción.

El proceso por el cual la sociedad identifica sexualmente al individuo se llama identidad social sexual. La sociedad ha creado un patrón «ideal» de identidad sexual: el heterosexual, desde éste modelo, quien asuma una identidad diferente a la preestablecida socialmente, se convierte necesariamente en un ser «diferente», y por tanto marginal. Ello ha «justificado» que para algunos individuos la identidad sexual particular y la identidad sexual social no estén «sintonizadas».

En la sentencia T-539/94 de la Corte Constitucional, que tuvo como ponente al Magistrado Dr. Vladimiro Naranjo Mesa, se afirma: "...los homosexuales tienen interés jurídicamente protegido, siempre y cuando en la exteriorización de su conducta no lesionen una conducta diferente, a la de los heterosexuales, no por ello jurídicamente carecen de legitimidad... en aras del principio de igualdad, consagrado en la Carta como derecho constitucional fundamental de toda persona humana, no hay título jurídico que permita discriminar a un homosexual..." En la citada sentencia existe Salvamento de Voto de los magistrados Jorge Arango Mejía y Antonio Barrera Carbonell, en la que expresan: "Toda consideración basada en la conducta sexual como factor de desigualdad, lleva en sí el germen de la discriminación. La corte por tal motivo, no debe hacer análisis que partan del supuesto de tratar a los homosexuales como seres distintos a la generalidad de los humanos".

5. A Elegir las Actividades Sexuales según sus Preferencias

La preferencia sexual responde a una amplia gama de posibilidades y su reconocimiento tan solo es posible desde la exploración. Cada individuo tiene derecho a realizar cualquier práctica sexual genital de forma privada o con otras personas si ella no es nociva para éstas. La actividad sexual no tiene necesariamente un fin coital. La genitalidad está limitada a la relación entre personas de sexos diferentes y el disfrute de ésta, es visto como una "corrupción de la carne".

Ante el caso del hombre que decide ejercer su inclinación por otros hombres, la iglesia católica sostiene en su Catecismo; "...La inclinación sexual no constituye una característica equivalente a la raza, el origen étnico u otras que se relacionen con la discriminación, por el contrario, la inclinación homosexual es una enfermedad... Como seres humanos los homosexuales tienen los mismos derechos que las demás personas... De todos modos, éstos derechos no son absolutos. Se los puede limitar de manera legitima en los casos en que existe una conducta enferma. A veces esto no sólo es legal, sino también constituye una obligación... Los homosexuales pueden participar en las actividades de la iglesia, sólo si practican la abstinencia sexual".

Para el análisis de la posición de la iglesia, prefiero citar textualmente al sacerdote jesuita Jhon J. Mc Neill en su libro "La iglesia ante la homosexualidad", cuya publicación fue autorizada por la jerarquía jesuítica. En la pág. 20 afirma: “...En 1971, el artículo de Joseph Mc Caffrey "homosexualidad. Aquinas y la Iglesia", publicado en Catholic Word, evidenciaba que la actitud de la iglesia hacia la homosexualidad había permanecido prácticamente inmutable desde lo que escribió Santo Tomás en el siglo XIII" en tal sentido "...Mc Caffrey ponía en entredicho el que la visión de Santo Tomás sobre la naturaleza y la sexualidad humana en general, así como su comprensión de la homosexualidad, pudiese seguir siendo base de la valoración moral presente". El análisis de la iglesia católica no tiene en cuenta a la mujer lesbiana ni a l@s bisexuales.

Las prácticas privadas que implican auto-agresión corresponden a la espera de la autodeterminación y por tanto son decisión particular. Las prácticas hetero-agresivas físicas o verbales corresponden a la autodeterminación de quien es el o la sujeto-objeto de las mismas y su ejercicio tan solo es posible tras un mutuo acuerdo que implica un previo consentimiento informado. La actividad sexual por ser una decisión particular no puede ser fruto del acoso o del abuso.

6. Al Ejercicio Responsable de la Función Sexual en su Modo Erótico y Reproductivo (o más correctamente diversificado).

Según Camilo José Cela, el erotismo es "...el apetito sexual contemplado en sí mismo o en función de los signos, las zonas erógenas, situaciones y objetos capaces de fijar su atención o despertarlo de su sueño. Es la exaltación -y aún la sublimación- del instinto sexual, no siempre ligada a la función tenida por sexual...". El erotismo implica el reconocimiento del otr@ en toda su extensión y no únicamente en su función genital.

María Lady Londoño considera que "La vivencia de la sexualidad debe originarse en los deseos, en la excitación, nunca en la obligación, ni en habito de la rutina, menos aun en el temor de ofender o como un acto de obediencia... para adentrarnos en el erotismo hay que aprender a desaprender constantemente, poniéndole alas a los sueños y a los proyectos de vida". Autorizarse a ser implica autorizarse a sentir-se vivo, y la vida es una experiencia que solo puede ser plena cuando nos autorizamos a vivirla. La vida no es una experiencia que pueda vivirse a medias, es la máxima y única experiencia que podemos vivir. El erotismo no está en lo dado, no es historia. El erotismo es la sensación, el sentimiento, el deseo que vivenciamos. No es una construcción terminada, es un proceso se construye en cada imaginario realizado o no, con cada ser con quien nos permitimos fantasear, tocar, oler, mirar, saborear, oír, el erotismo es un derecho, por que nos da sentido, no es un sin sentido, porque para ser requiere de nuestros cinco sentidos.

En el esquema judeo-cristiano la genitalidad está eminentemente ligada a la capacidad reproductiva de los individuos. Generalmente es analizada desde la perspectiva de los sexos y tiene como fin la procreación.

Cada hombre y mujer es dueñ@ de sí, de su ser, de su cuerpo. Colocar el cuerpo al servicio de la procreación, de la maternidad y la paternidad es una elección eminentemente particular y no una obligación. Paternar y maternar es un ejercicio que va delante de la capacidad de ser fecundo, es la posibilidad de generar vida. La unión de un espermatozoide y un óvulo, es tan solo el comienzo de un sinnúmero de procesos que únicamente terminan con la muerte. Proveerlos no significa entonces proveer la vida, cuando mucho es generar la posibilidad de ésta. El compromiso de la vida entonces no radica en la posibilidad de realizar un acto genital, sino en el compromiso de generar una existencia. Que como mínimo implica dar-se continuamente y hasta cuando la vida generada sea posible y plena por sí misma.

El hecho de estar consciente de realizar un coito no implica la conciencia de ser un generador de existencia. En tal sentido, estar anatómicamente y mentalmente preparados para el disfrute no significa estarlo para paternar o maternar. Como la genitalidad es un hecho disfrutable y valido en sí mismo, y diferente al decidir ser padre o madre, la procreación se convierte en un acto tan valioso por sí mismo, que debe ser validado en su propia esencia y no, como una consecuencia de otro acto cuyo fin es totalmente diferente. Los seres humanos no se reproducen se diversifican, por que las vidas generadas no son idénticas a las suyas sino únicas e irrepetibles, por tanto diversas. Procrear no es entonces una diversión sino la posibilidad de generar la diversidad.

7. A la Educación Sexual Positiva

Desde la infancia hasta la vejez, entendiendo como lo afirma Useche Bernardo que la Educación Positiva es el "...proceso formativo que le brinda a la persona según su desarrollo intelectual y emocional, los conocimientos científicos que le permiten superar la ignorancia sexual, la ansiedad y la confusión que esa ignorancia genera". Esta educación debe ser oportuna, laica, gradual, científica, respetuosa de la identidad particular y con enfoque de género

Para quienes la comprensión de la sexualidad se ha basado únicamente en el conocimiento de su práctica individual, aproximarse a un análisis sobre una identidad sexual en particular, puede constituirse en elemento fundamental para el entendimiento de la propia, la de otras personas y de la general.

Las personas que tienen como eje de su oficio la educación, apoyo, asistencia y asesoría a hombres y mujeres jóvenes, tienen la responsabilidad ética y moral de crear e implementar programas que brinden aceptación y sean sensibles a los requerimientos, inquietudes y necesidades de tod@s l@s jóvenes, incluyendo a los homosexuales, lesbianas y otras minorías sexuales.

Un desarrollo saludable integral, no discriminatorio y positivo, sólo es posible en sociedades, grupos laborales, familiares, educativos y de formación en que los hombres y mujeres hayan aprendido a no maltratar y discriminar, y las "minorías" a no permitir esta situación.

Un claro indicio del fracaso en la educación sobre la sexualidad y los Derechos Humanos (en especial sobre el libre desarrollo de la personalidad, la no-discriminación, la tolerancia y el derecho a la diferencia), radica en que, se permite en todas las instituciones formativas (escuela, familia, iglesia) los abusos verbales y físicos a lesbianas, homosexuales y otras minorías sexuales, étnicas y raciales, entre otras, desde un patrón de comunicación aceptado socialmente que se caracteriza por ser marcadamente homofóbico, heterosexista.é inclusive racial.

Muchas de las razones esgrimidas por quienes se consideran representantes de la ética y la moral social se basan en el desconocimiento del hecho de que la sexualidad es el componente más profundo de la personalidad humana. Ésta se desarrolla desde la más temprana infancia y continúa evolucionando hasta la edad adulta.

Si hombres y mujeres, lesbianas y homosexuales o de cualquier orientación sexual no pueden o no les es permitido asumir y vivir su sexualidad como algo hermoso y significativo para sus vidas, su crecimiento como personas y su relación consigo mism@ y con la sociedad, se desarrollará en una doble moral, y sobre todo, en un proceso cada vez más conflictivo y autodiscriminatorio.

8. A Espacios de Comunicación Familiar para tratar el tema de la Sexualidad.

La familia es la consecuencia de la interrelación entre quienes conscientemente decidieron generar una o más existencias, y aquell@s en quienes se diversificaron. El compromiso de paternar y maternar es posibilitar la vida en sus mejores condiciones de construcción. La sexualidad tan sólo es posible en el ser humano y es construida en el quehacer cotidiano, actividad que no es por sí misma, sino que únicamente es posible en el vinculo constructivo con otros seres. El vínculo no es únicamente posible con aquellos quienes consiente o inconscientemente generaron el principio de la existencia, sino también y en especial con aquell@s quienes son por decisión particular padres o madres.

9. A la intimidad personal, la Vida Privada y al Buen Nombre.

Cada persona decide autónomamente respecto a su vida sexual, dentro de un contexto ético social y unos principios fundamentados en la Ley positiva, esta ley esta circunscrita a la Constitución y por ende a los Derechos Humanos. El ejercicio consiente de la sexualidad es racional y por tanto autodeterminado y actuado bajo consentimiento informado.

Aun cuando hombres y mujeres seamos esencialmente iguales, las múltiples experiencias de la vida, hacen de nuestra evolución, desarrollo y existencia una historia particular. Dicha historia corresponde a su intimidad personal, es decir, a lo que decide para sí. Cada persona determina que hace publico sobre sí o que desea conservar de su intimidad y nadie puede hacer publica dicha información sin el consentimiento y autorización explícita de la persona directamente implicada.

Las relaciones que se establecen con nosotr@s mism@s y con otros sujetos están fundamentadas en la necesidad de asumirnos a nosotr@s y a l@s otr@s, de ser reconocid@s por est@s, y en la búsqueda de satisfacer nuestros deseos, afectividad, erotismo y genitalidad, teniendo como fin último, el placer o el displacer; situaciones que determinan la identidad de género y sus roles, las maneras de relacionarse e inclusive el tipo de sujeto u objeto del que o en el que se quiere obtenerlos y además cómo lograrlo, es decir, todo lo que hace es su conjunto a la sexualidad; ésta es inherente al ser humano y está influida por el periodo prenatal, el sexo, el medio, la cultura, los entornos social, familiar, educativo, laboral y los medios masivos de comunicación.

Lo que cada persona decide hacer o vivir en su sexualidad o en su vida en general, sí sea entendido por otr@s como una autoviolencia, hace parte de la vida privada de la persona, incluso lo que vive en relación con otros y fundamentado en su intimidad hace parte de la vida privada de la pareja, o la familia y no puede ser publicado por ningún medio sin autorización de la o las personas directamente implicadas.

Estrictamente hablando, se conoce como outing el proceso de dar a conocer la condición sexual (es especial la orientación sexual homosexual) de cierto personaje público, en la creencia de poder conseguir por este medio los objetivos, generalmente bien establecidos de antemano, que de otro modo no se alcanzan.[4] Tremendamente complejo, y con connotaciones que mezclan los derechos a la intimidad y a la información, con los objetivos, el fenómeno del outing está íntimamente ligado o la evolución de las organizaciones pro derechos y libertades a lo largo del Siglo XX, pero muy especialmente desde 1990. Generalmente se relaciona el origen del outing con el rechazo Social hacia la comunidad gay que la aparición del SIDA causó en los Estados Unidos en los primeros 80, pero aún habrían de pasar unos años antes de que los primeros casos sonadas tuvieran eco en los medios de comunicación y, Sobre todo, consecuencias políticas y sociales.

Mucha gente opina que el outing es siempre erróneo y contraproducente; otros lo contemplan como un arma, una herramienta que debe ser utilizada contra homosexuales no públicos en su orientación sexual que perjudican a otros, o a toda la comunidad. Los más acérrimos defensores del outing argumentan que este tipo de actuaciones debe efectivamente hacerse público, pero que utilizar el outing sólo con ese objeto significa equiparar la revelación de la homosexualidad a la imposición de un castigo; para éllos, el fin último del outing es evitar la degradación que supone dar o la homosexualidad un tratamiento distinto, sea el que sea, que o la heterosexualidad en todos los ámbitos de la vida, incluyendo el que se otorga a los personajes públicos en los medios de comunicación.

La interacción social logra que de la persona se construya una imagen socializada, dicha imagen hace referencia directa al status, que es la construcción que una persona hace sobre sí y que es reconocida socialmente. El buen nombre corresponde al derecho que tiene la persona a que aquello que hace público, en la interacción se conserve y se explicite tal y como es reconocido y no como es interpretado por los otros agentes sociales. La persona tiene derecho a conservar su intimidad, su vida privada y su buen nombre, es decir a conservarse integro.

Para el autor la “Integridad[5] es un concepto más complejo que el de autonomía. La integridad abarca la autonomía porque la pérdida de ésta impide que se obre como ser humano intacto y completo. Puede ser contemplada desde dos ángulos diferentes complementados entre sí: la integridad de la persona que a su vez se subdivide en integridad corporal o física, integridad Psicológica o mental e integridad social. La segunda es la Integridad Axiológica[6].

Integridad Corporal: toda persona tiene derecho a conservar intacto su cuerpo; quien acceda a éste debe hacerlo bajo el consentimiento del otro o incurre en violación de sus derechos. Esta se puede perder cuando est afectado un órgano o fila un proceso metabólico.

Integridad Psicológica o Mental: La unidad del propio ser con respecto a su cuerpo; la violencia física corrompe el equilibrio del ser en cuanto a la conciencia y manejo del mismo. Nuestra propia identidad está basada en la conciencia de la mismidad y con referencia a ella, logra un equilibrio emocional; una violación a esa conciencia des-integra la unidad del ser.

Integridad social: todo ser está inmerso en un juego de relaciones microgrupales, grupales, sociales, planetarias, universales y éste envuelve dentro de sí al individuo, haciendo suyas situaciones de los ámbitos de dominio en los que está inmerso. El individuo hace parte del juego biopsicosocial y, a su vez, es una resultante del mismo.

Integridad Axiológica: Cada uno de nosotros se define a sí mismo desde los valores que ha asumido como propios, sin importar de donde estos sean tomados. Toda interacción debe partir del respeto a los principios ético-filosóficos individuales”.

Bibliografía
[1] Mauricio Romero, Manuel Velandia Mora, Edgar Jiménez Cruz.
[2] Art. 5 Constitución Nacional.
[3] Mauricio Romero, Manuel Velandia Mora, Edgar Jiménez Cruz.
[4] El término outing (de out: sacar, salir a la luz), fue acuñado por la revista Time, y en concreto por el periodista William Henry III, en 1989.
[5] Integridad: Etimológicamente, el término integridad proviene del Latín integer, y significa totalidad, entereza o unidad intacta.
[6] Integridad Axiológica: la naturaleza intacta de los valores que apreciarnos y adoptarnos.