sábado, 22 de marzo de 2008

Manual para gozarse la vida

Tips para un sexo divertido pero libre de riesgo
2005 dic

Manuel Velandia Mora
[1]
E-mail: investigadormanuelvelandia@gmail.com
© Registro del autor.



¿Es seguro el sexo?
Esta pregunta nos la hacemos cuando el tema aparece en la vida cotidiana y si tenemos algún temor de infectarnos con el virus del sida, pero es casi frecuentemente para quien recién se recibe un diagnóstico en el que se le informa que está viviendo con él; igualmente, vuelve a nuestra mente, estemos infectados o no, cuando nos encontramos con alguien que parece ser el príncipe azul o la princesa fucsia en el tono perfecto y se nos ocurre que existe la posibilidad de “profundizar el dialogo” encontrándonos de maneras “algo más integradoras”.

Una forma de responder a la pregunta sería afirmando: ¡El sexo no es seguro! Bueno, es evidente que ni siquiera lo tenemos “seguro” con la pareja oficialmente constituida, ya que es posible que ante la expresión de nuestro deseo nos responda que le “duela la cabeza”, en ese momento llegue la tía de visita y se “dañe todo”, o simplemente, que el estrés, fruto de las tensiones de la vida cotidiana, haga que alguno de los miembros de la pareja ni siquiera se le “pare” o como dicen algunos, más clásicos con el lenguaje, no se logre la erección.

En otras oportunidades la pregunta nos remite a una concepción sobre cómo vivir la vida genital; frecuente, en los programas informativos y preventivos, se provee a l@s usuari@s información a la que han denominado “sexo seguro”; con ello se refieren a practicas genitales adecuadamente protegidas, pero, surge entonces una nueva pregunta

¿Es el Sexo algo inseguro?

Este el interrogante que se plantean hombres y mujeres cuando oyen hablar del tema. Yo creo que no hay sexo seguro. Que al sexo no se le debería dar esa denominación; por ejemplo, es evidente que el sexo es divertido, con él se pasa muy bien en su ejercicio; incluso, se considera que desarrolla la capacidad intelectual, la tonicidad muscular y el ritmo cardiaco, sin embargo, no se puede negar que si no se tiene la protección adecuada puede llegar a verse afectada la salud e incluso la vida.

¿Por qué tanta construcción teórica al respecto y tanto miedo alrededor de él?
Probablemente se debe a que luego de oír hablar a algunas personas de la sexualidad en los tiempos del SIDA, pareciera que como alternativa tan sólo nos quedara la posibilidad de encerrarnos en nuestros cuartos, botar la libreta de teléfonos, la lista de direcciones electrónicas, ponernos el cinturón de castidad y dar por perdida la llave. La Iglesia Católica, algunas Organizaciones No Gubernamentales y programas del Estado (o una parte de quienes allí trabajan) se han convertido en los profetas de la sexualidad de los nuevos tiempos y han sumado al discurso del SIDA una serie de planteamientos moralistas que niegan desde el ejercicio genital hasta la posibilidad del erotismo, el placer y el disfrute.

Por supuesto, nadie puede negar que el SIDA y las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) son una realidad, que directa o indirectamente nos afecta a tod@s y que nuestra vulnerabilidad aumenta cuando el riesgo existe; pero no por ello nos podemos negar y mucho menos negarle a quienes buscan servicios en las organizaciones, el gran disfrute y armonía emocional que representa el encuentro con el otro o con la otra, ya que la genitalidad no es el pan de cada día pero sí es parte fundamental de nuestra existencia e importante en la construcción de nuestra emocionalidad, de un estilo de vida positivo y del vínculo con el ser amado o tan solo deseado.

Recordemos que hay un estrecho vínculo entre la salud y la sexualidad. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sexología (WAS) acordaron en el 2000, en Guatemala, que la salud sexual se define como "la experiencia de un proceso progresivo de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad". Previamente, en 1994, en El Cairo, la "Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo", y en 1995, en Beijing, en la "Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer", se señaló que la salud sexual está encaminada al desarrollo de la vida y de las relaciones personales, y no meramente al asesoramiento y la atención en materia de reproducción y de enfermedades de transmisión sexual". Por tanto, la salud debe entenderse como “un estado general de bienestar físico, mental y social, y no como la mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, sus funciones y sus procesos”.

Por supuesto, el bienestar está directamente relacionado con tener una vida sexual y genital plenas y por tanto apoya la salud el que tengamos la posibilidad de experienciar nuestras prácticas genitales en las mejores condiciones posibles. La reflexión con respecto a las prácticas apropiadas me la hice, entre muchas otras oportunidades, en San Francisco. Allí conocí a un hombre, maestro universitario como yo, muy inteligente, tierno, cariñoso y atractivo (quiero aclarar que esto le pasa a todos los homosexuales que conozco, ya que nunca se reconoce la posibilidad de aceptar compartir con un tipo bruto, agresivo o feo, como tampoco que se disfruta plenamente la analidad). Estando ya en la cama, este hombre se dedicó a proveerme un sensual masaje con crema por todo el cuerpo. En un momento de muy alta excitación observé por casualidad el marbete (etiqueta) del recipiente de donde extraía la crema y me llevé la gran sorpresa del siglo: me estaba creando una barrera protectora y aislante con Nonoxinol 9, un producto que en ese entonces se creía que además de espermicida era un virucida. Quiero decirles que proseguí en el acto más por curiosidad científica que por deseo; después me vi envuelto con una película de material plástico a lo que se sumaban los guantes de uso quirúrgico que se había colocado desde el inicio del juego erótico.

Reconozco que la protección es necesaria, pero también que una relación tan aséptica pierde mucho del encanto que provee el encuentro. Fue este el motivo emocional que me indujo a investigar sobre cómo vivir mi sexualidad plenamente, sin riesgo y sin tener que llegar a tales extremos de temor y de violencia emocional para conmigo mismo y la pareja; y es esta la razón por la que el sexo seguro y lo que posteriormente llamaron “sexo mucho más seguro” me produce comezón en el cerebro y me quita las ganas de cualquier encuentro erótico y/o genital que envuelva exageradas demostraciones de “protección”.

No nos hace vulnerables ser homosexuales, tener un marido infiel (recordemos que ni los equipos de sonido de la más alta calidad y precio son fieles), estar con alguien de quien tan solo conocemos el nombre (y eso si nos dijo el real), no conocer el estado de seroprevalencia de la pareja sexual o estar con una persona de quien sabemos vive con el sida; lo que realmente nos hace vulnerables es asumir ciertas conductas en el intercambio genital.

Recordemos que para que ocurra una infección de cualquier orden, ya sea una ITS, una gripe o el SIDA, deben concurrir en el encuentro sexual, en la actividad laboral o en la práctica de salud una serie de situaciones. Si éstas no se presentan, por supuesto nunca nos infectaremos o nos reinfectaremos. Nuestras conductas de vida y, sumados a ellas ciertos hábitos y situaciones psicosociales nos hacen aún más vulnerables a la infección porque incrementan el riesgo; éstos y estas son conocidos como cofactores de riesgo.
Algunos de ellos son, por ejemplo:

· El número de contactos sexuales ya sea con conocid@s o desconocid@s. Por supuesto, a un mayor número de parejas sexuales se incrementa la posibilidad de infección, de que nos roben la billetera o se lleven algunos recuerditos del apartamento;
· La cantidad de personas nuevas que se infectan en un espacio y periodo determinado de tiempo (incidencia) y la cantidad de casos que se ha presentado (prevalencia) determinan también el riesgo, pues es imposible infectarse en un lugar en donde no se haya presentado algún caso y es mucho más factible en aquellas ciudades en donde se presenta un mayor volumen de infecciones. Por ejemplo, una reciente investigación[2] demostró que uno de cada seis hombres homosexuales que vive en Bogotá, Colombia, está infectado con el VIH; por supuesto, para un hombre homo o bigenital que vive en esta ciudad la posibilidad de encontrarse con otro hombre que vive con este virus es mucho mayor que en cualquier otro lugar del país. Igualmente si se es mujer heterosexual y se vive en Barranquilla, ciudad de este mismo país, el riesgo es mayor por cuanto allí la relación de casos de sida es de una mujer por cada hombre viviendo con sida; la epidemiología indica que allí existe un volumen elevado de hombres que tienen sexo con otros hombres, de hombres bisexuales y se puede extrapolar que también viven mujeres que les creen a su marido o prefieren no usar protección adecuada porque sus propias emociones las traicionan; También hay más riesgo al tener encuentros en colonias vacacionales sexuales, es decir, en aquellos pueblos y ciudades en los que suele encontrarse algún(a) ciudadan@ que le gusta comportarse como “plato típico” de la región;
· Está demostrado que el hacinamiento en cárceles, seminarios, batallones, como también en la convivencia familiar o neofamiliar[3] y los lugares que ofrecen condiciones particulares, como la oscuridad o la presencia de muchas personas con hábitos similares (saunas, videos, cuartos oscuros y ciertos bares que posibilitan actividades sexualmente explícitas), por la cercanía, la facilidad del toque y el roce, la vinculación afectiva propia de la convivencia, la presencia de muchas personas del mismo sexo quienes no tienen parejas sexuales permanentes, las relaciones deponer que allí se suscitan, el deseo genital reprimido y otras condiciones propias del hacinamiento inducen o favorecen el intercambio genital;
· Que existan o no políticas estatales orientadas hacia la prevención determina el riesgo por desinformación, ya que la falta de información nos hace vulnerables. La disponibilidad de condones, lubricantes y otros elementos de prevención, por ejemplo, incrementa nuestras posibilidades de infectarnos, reinfectarnos o infectar a otras personas el hecho de que no siempre tengamos a mano lubricantes, condones u otro tipo de barreras, ya sea porque nos da pena comprarlos, no se consiguen fácilmente, no tengamos dinero, sean muy costosos o porque algunas veces los hayamos cargado en el bolsillo por tanto tiempo que cuando los vamos a utilizar ya están dañados;
· Que se respeten o no los derechos humanos y sexuales ya que para quienes se dificulta asumir su orientación sexual, la discriminación, el estigma, el aislamiento social y la vulneración de la que son sujet@s, l@s conduce a practicas genitales y eróticas que incrementan su vulnerabilidad; por ejemplo, el sexismo en las mujeres y la homofobia en los hombres favorece la falta de empoderamiento de la práctica genital y crea condiciones para el maltrato físico y emocional, situaciones que redundan en baja autoestima, autodiscriminación, y a “aceptar” prácticas eróticas y genitales no deseadas; Por estas mismas causas otras personas se ven obligad@s a tener relaciones clandestinas, en la oscuridad, como también, por presión económica, afectiva, laboral, escolar e incluso por chantajes de agentes de la autoridad;
· Ciertas posiciones ideológicas, como las de la iglesia católica y otras denominaciones cristianas juegan un papel fundamental en el incremento de las infecciones al no aceptar éstas que los miembr@s de sus iglesias asuman relaciones no destinadas a la procreación; razón por la que se niega el uso del condón ya que hacerlo sería aceptar que una función de la genitalidad es el placer y no precisamente la mayor gloria de Dios[4].
· Otras condiciones que incrementan el riesgo y la vulnerabilidad son ciertas situaciones que se experiencian en la vida cotidiana como lo veremos a continuación:

Normas de cortesía sexual

No hay nada tan de mal gusto que encontrarse con alguien cuya higiene genital nos recuerde un basurero. El lavado genital pre-contacto es la norma de cortesía sexual más importante ya que evita la presencia de productos genitales en oxidación y rezagos de excreciones cuyo característico y desagradable olor alejan a cualquiera de un espacio que de por sí es bello y degustable. Por supuesto, la limpieza post encuentro igualmente se hace necesaria, más aun cuando se presentan secreciones y excretas que le quitan el encanto al momento o incrementan el riesgo de las ETS/VIH. Sin embargo, debe tenerse muy en cuenta que el uso de productos para el aseo genital que afecten la flora vaginal por cambien el PH natural de la vulva (o del pene) incrementan nuestra susceptibilidad.

No se le ocurra utilizar para la limpieza de secreciones y excreciones sobre la piel implementos abrasivos como toallas o esponjas ásperas ya que al roce agresivo de éstas con la zona genital producen traumatismos en el tejido, facilitando el ingreso de microorganismos.

¿Qué otras situaciones aumentan la vulnerabilidad?

En el caso de que ocurra un intercambio genital, la vulnerabilidad aumenta o disminuye con la presencia de secreciones (semen, moco precoital, menstruación, lubricante vaginal y del pene, y flujos vaginales), la cantidad de las mismas (el riesgo es mayor cuando más abundante es la secreción), el tiempo de exposición a ellas (a mayor tiempo mayor posibilidad) y los altos niveles de estrés (ya que altos niveles producen bajas en la capacidad de defensa del organismo) incrementan nuestro riesgo.

La ausencia de juego erótico previo, no sólo le quita el encanto al encuentro (a no ser que estemos en eso que algunos llaman un “rapidito” en donde el encanto erótico se halla presente en las condiciones propias del momento) sino que además, en la mujer imposibilita la lubricación vaginal y dificulta la penetración; la falta de lubricación natural en el recto determina la necesidad de utilizar lubricantes cuando se va a ser penetrad@ analmente, ya que por más que se los hombres y mujeres se exciten nunca lubricarán en esta parte.

Si se presentan lesiones en las mucosas (rectales, vaginales, orales o en el glande) durante el encuentro genital; si hay manifestaciones de lesiones previas en el tejido ocasionadas por desgarramientos, ulceraciones debidas a algunas ITS; si se producen traumatismos por uso de objetos contundentes, fisuras causadas por las uñas (de los dedos de la mano, por supuesto) en los juegos eróticos; si en medio de la efervescencia y calor producimos movimientos bruscos durante la penetración y estos producen lesiones o si simplemente éstas se manifiestan por falta de lubricación o porque ésta es inadecuada, es necesario evidenciar que la vulnerabilidad se incrementa.

Ver, tocar, oler, saborear...

Con la pareja se recomienda incrementar el juego erótico y disminuir, en cuanto sea posible, la penetración ya que está comprobado que es ésta la práctica sexual que implica el mayor riesgo. Podemos realizar una serie de actividades eróticas que resultan muy placenteras y que incluso hacen más agradable y pleno el intercambio, como por ejemplo, bañarse junt@s en la tina (por supuesto si tiene una a mano) colocándole al agua espumas aromáticas, bañarse en la ducha y jabonarse con un shower gel o un body shampoo (en el mercado hay unos maravillosos que dejan la piel muy suave y con una fragancia exquisita), masajear la piel con un jabón para tocador y una esponja de mar (una corriente o un estropajo también sirven, por supuesto).

Ya estando en la cama, le recomiendo hacerse mutuamente un masaje terapéutico, relajante o simplemente estimulante (sino cuenta con un buen manual a mano, simplemente ingénieselas, que lo importante es tocar y ser tocad@ y hacerle entender a la pareja que su cuerpecito nos encanta). Se puede masajear no sólo con las manos; también sirven los pies, las tetas, la lengua o el pecho, las nalgas, la entrepierna, en fin, hasta el cabello. Incluso puede valerse de una pluma (no vaya a desbaratar la almohada o a intentar quitarse una propia[5]), un pedazo de tela suave --seda es lo ideal--, el osito de peluche que le regaló en el cumpleaños o hasta un vibra-masaje eléctrico. Si desea lubricar (para el masaje no para penetrar) puede hacerlo con aceite de almendras, una crema con aloe vera --sábila- o cualquier crema para manos que tenga cerca. También se encuentran en el mercado aceites aromatizantes; no use los relajantes, de pronto de le queda dormida la persona… bueno, exceptuando que ese sea el interés.

La fantasía puede aumentar si mientras juegan eróticamente ven un video (no conozco muchos entre niñas pero entre tipos están super inn y hay alguno que otro video heterosexual cuya estética, producción y erotismo bien vale la pena), oyen música (puede ser algo bien clásico para "hacer el amor" como el Bolero de Ravel o algo más relajante, de la nueva era, Kitaro por ejemplo; si les gusta el mar, búsquense el CD Seductive Sea of Tranquility, que trae 25 famosos temas tocados al ritmo de las olas). Un buen striptease es algo muy excitante: en su ciudad probablemente puede aprender de profesionales en la materia o con algun@s aficionad@s de los que se presentan en aquellos sitios tan de moda y allí aprender uno que otro truquito. Recuerde, sin embargo, que no sólo quitar una a una las prendas es excitante, también lo es que se las coloquen al terminar el acto.

Es importante recordar que algunas situaciones que parecen incrementar el erotismo y la fantasía --que se realizan generalmente fuera del hogar--, como los encuentros en la oscuridad o en presencia de varias personas al mismo tiempo (como ocurre en los cuartos oscuros y algunas saunas, que también ya los hay para mujeres), debido a las condiciones en que allí se vivencia la actividad sexual, incrementan el riesgo, incluso hasta de que le manchen la ropa o le roben la billetera.

Es bien sabido que en estos espacios permisivos igualmente se realizan prácticas orales y que esta actividad se reporta como práctica con riesgo y que igualmente es muy probable tocar y ser tocad@ en las zonas genitales, convirtiendo algo que de por sí puede ser placentero en un problema pues cuando el toque se hace repetidamente a una persona tras otra y sin bañarse, las manos al pasar de un@ a otr@ generalmente tienen contacto con secreciones genitales; a pesar de que no haya penetración, al realizar juegos eróticos con nuestros propios genitales o con los de otra persona, nos transformamos en “vectores” que transportan secreciones que pudieran ser infectantes tanto para nosotr@s como para aquell@s otr@s con quienes compartimos. Esto se manifiesta de la misma forma en actividades sexuales grupales como tríos u orgías e incluso en actividades realizadas en pareja como la masturbación mutua.

Aumentando el placer y el disfrute

Un trago de una buena bebida puede aumentar el encanto del juego, en especial aquellos licores que son algo espesos pues estos se adhieren más fácilmente a la piel, como el Cointreau, el Bols chocolate-Mint o el Parfait Amour --que además tiene un color divino e incrementan la estética del encuentro--. Nunca utilice tequila, aguardiente, pizco u otro licor con un alto grado de alcohol, o cremas u otro tipo de productos que sean algo pegajosos. Evite excederse en la cantidad para no tener que correr a la ducha a quitarse lo que sobra; esto ocurrirá siempre que utilice leche condensada (azucarada). Algo muy rico que también es bien excitante consiste en friccionar el pecho, espalda o algo más abajo, melocotones o cerezas maceradas y posteriormente lamer hasta quitar todo sabor de la piel.

Los cambios de temperatura también logran una agradable sensación: Utilice pedacitos de hielo dentro de la boca al realizar las prácticas orales y evite tragar las secreciones de la pareja. No hay mucho riesgo si la pareja no lubrica demasiado, a pesar de ello lo más recomendable al succionar el pene (fellatio) es no hacerlo de frente sino de lado, como comiendo una mazorca, y estimulando con la punta de la lengua y desde atrás del glande al surco balano prepucial (mejor dicho, ahí en el orillo del glande), que es en donde más y mejor se siente. Para chupar la zona genital de su pareja también puede colocar una barrera oral o un condón, ahora, por suerte, se consiguen de muchos sabores. Recuerde tener cuidado de no morder el pene o rayarlo con los dientes o con los brakes.

Si la práctica es oral-anal (annilingus) u oral-vaginal (cunnilingus), introduciendo la lengua o chupando, para hacerlo sin riesgo fabríquese una barrera con un condón no lubricado o con saborizante; para ello, saque el condón del empaque, córtele con una tijera el receptáculo para el semen --la punta-- y corte la argolla que queda, desenrolle y colóquela en la zona en la que desea golosear.

Las barreras las puede comprar en las tiendas de artículos odontológicos, pero son más costosas y gruesas, y después del jueguito --como son tan fuertes-- no quedan ganas ni de hablar. En los Sex Shop encuentra algunas jaleas con sabores a frutas que puede colocar a la barrera y que le dan un rico sabor. Las jaleas o el gel son algo pastosos, aun cuando no puedo negar que tienen su encanto. Si está urgid@ y no tiene una barrera a mano, no se afane: desplácese rápidamente a la cocina, corte un pedazo de envoltura autoadherible (Vinilpel® es la marca que tengo en casa) y manipúlela como barrera. Se puede estimular el clítoris o la zona periférica sin riesgo si se ha bañado previamente el lugar. Algun@s teóric@s consideran que el riesgo en las prácticas orales es mínimo, pero es su decisión la que cuenta al momento de decidir con respecto a qué hacer y cuánto arriesgarse. Nunca reutilice las barreras y condones.

Si por error o por descuido entra alguna secreción en su boca, tranquil@: enjuáguesela con agua oxigenada u otro enjuague bucal y luego repita el proceso con agua corriente. Recuerde evitar estos juegos eróticos si tiene lesiones orales o se presentan lesiones genitales en la zona en la que realiza sus prácticas orales. Nunca se cepille los dientes y menos la encía antes de una práctica oral. De ser posible, deje pasar como mínimo cuatro horas entre la cepillada y el juego.

Jugando con los dedos

Sentirse estimulad@ por una mano experta es una sensación ante la cual es casi imposible negarse; por supuesto, no hay por qué dejar de hacerlo, sobre todo si la pareja tiene en cuenta los siguientes cuidados: es indispensable bañarse adecuadamente y como mínimo las manos y la zona genital. Unas uñas bien cortadas y limadas ayudarán a evitar lesiones en las mucosas. Se pueden proteger de las uñas con una barrera, si es necesario practique lo aprendido en el párrafo anterior.

Si no los consigue comercialmente sus propios "fingers" (pequeños condones para usar en los dedos) que se venden para los tactos que realizan l@s ginecólog@s, ¡fabríqueselos! Para hacerlos, tome un guante para uso quirúrgico de una talla menor a la de su mano y recorte los cuatro deditos --si usa el pulgar, recorte los cinco-- y coloque los "fingers" --uno por dedo-- cuando vaya a estimular a la pareja. Algun@s prefieren usar el guante completo, pero yo prefiero no hacerlo pues me siento como en sala de cirugía.

Nunca se estimule la vagina, el ano o el pene con la misma mano o dedo(s) que utiliza para hacerlo a su pareja, pues así estaría transportando de un lado al otro secreciones --que pudieran ser infectantes--. Algunas mujeres lesbianas consideran que si ellas no tienen relaciones genitales con hombres no corren ningún riesgo; recordemos que son muchas entre estas mujeres las que se ven obligadas a jugar el juego social heterosexual a pesar de pensarse en esta orientación sexual o simplemente, quienes tienen encuentros genitales con hombres porque les gusta; igualmente, si ellas tienen relaciones con mujeres bisexuales o por lo menos bi-genitales, existe en ellas un riesgo real de adquirir y trasmitir el VIH.

Jugando con juguetes

A algunas personas les parece estimulante jugar con juguetes eróticos, tales como falos o dildos, e improvisar con algunos objetos del hogar o con alimentos (cuya forma suele aproximarse a la de un pene). Cuando estos juguetes son de un material muy contundente suelen producirse fácilmente lesiones en las mucosas, de ahí que sea imperativo utilizarlos siempre con condón; si son muy frágiles se pueden romper. Si se desea compartirlos, lo ideal es lavarlos muy bien y cubrirlos con un nuevo preservativo cuando vayan a usarse en la otra persona. Nunca emplee elementos que puedan romperse con facilidad y jamás se estimule con un objeto de vidrio; los de madera deben estar bien lijados y lacados, Los más recomendables son lo de látex semirígido. Evite la penetración cuando haya partículas sanguíneas en el preservativo o en el juguete, ya que la presencia de sangre potencializa el riesgo de infección.

Juegos rudos

Si gusta de las prácticas sádicas o masoquistas, evite que los juegos lleguen al extremo de producir sangrado y tenga en cuenta tanto su capacidad de resistencia como la de su pareja. Si por descuido o casualidad se produce sangrado, debe esterilizar los implementos utilizados, y limpiar y cubrir adecuadamente la herida. Recuerde que el uso de algunos implementos como los Cock Rings[6] pueden producir lesiones graves, como rompimiento de vasos sanguíneos, e incluso, llegar a necrosar el tejido. Una práctica que sí le recomiendo que evite totalmente, por las lesiones que ella produce, es la llamada del brazo fuerte (penetración con la mano y parte del brazo). Esta práctica en poco frecuente en los hombres y más aún en las mujeres, pero he tenido consulta de algun@s quienes me han contado que en medio del placer que la estimulación les produce, llegaron a permitir este tipo de penetración. Aun cuando el tejido vaginal es elástico y el del recto no, ello no implica que en las mujeres la práctica no sea traumática.

Penetración

Si usted desea pasar del juego erótico a algo más “concreto” (algun@s creen que el juego erótico no pasa “nada”), como la penetración anal o vaginal es importante recordar que aun cuando en baja proporción, tanto el liquido preeyaculatorio como el lubricante vaginal poseen partículas virales; por tanto, el condón debe ser utilizado aun si la persona no eyacula al interior de la pareja y la penetración es durante un corto periodo, o tan solo es un roce con la punta del glande, ya que el riesgo existe tanto para quien penetra como para quien es penetrad@. Nunca utilice para penetrar un condón que ya haya sido usado previamente, esté vencido, su empaque presente imperfecciones, o haya cambiado de color de blanco hacia un amarillo quemado, cuando el empaque es de plástico. Tenga en cuenta que los condones sometidos a cambios bruscos de temperatura se afectan en la estructura de su componente fundamental, el látex.

Coma lo que quiera, cuando quiera, pero prepárelo bien.

En resumen, como usted comprenderá, lo importante en la vida sexual de hombres y mujeres, sin importar su orientación sexual o estado de seroprevalencia, no es dejar de hacerlo, sino hacerlo bien.
[1] Velandia Mora, Manuel Antonio. Sexólogo: Sociólogo, Filósofo, Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos y Magíster en Educación. Se desempeña como Investigador Social, Maestro Universitario y Consultor Internacional en temas de comunicación para la salud, sexualidad, sida y Derechos Humanos.
[2] Alfredo Mejía y otros. Liga Colombiana de lucha contra el sida / Instituto Nacional de Salud, Colombia. 2000
[3] Neofamilia: grupo de personas, generalmente con una actividad en común, que se organiza con una estructura similar a la de la familia tradicional y que comparten el espacio de vivienda, y en algunas ocasiones su economía doméstica.
[4] Información adicional sobre el tema de riesgo y vulnerabilidad puede encontrarse en: Velandia Mora, Manuel Antonio. Anticiparse social y particularmente al riesgo. En Desde el cuerpo: La construcción de la identidad particular y el redescubrimiento del propio cuerpo como puntos de partida de la prevención. Pág. 127 a 133. UNDCP – Naciones Unidas/ DAPC – Japón/ Fundación APOYÉMONOS, Colombia.
[5] Popularmente se denomina “pluma” a ciertos amaneramientos femeninos en los hombres homosexuales.
[6] Cock Rings : argollas en metal, caucho o cuero con broches, que se colocan alrededor de los testículos o en la base del balano --la parte larga del pene--, para aumentar la sensibilidad o para lograr que la erección permanezca por un mayor tiempo en razón a que se disminuye la irrigación sanguínea.