miércoles, 19 de mayo de 2010

Playing the enemy: entre el rugby y la política

Manuel Antonio Velandia Mora
Ciencias Políticas
Universidad de Alicante
Alicante, Mayo de 2010

“Nuestro pueblo ha muerto innecesariamente. No queremos un baño de sangre. Porque la única sangre que correrá será la del hombre negro.”

Nelson Rolihalahla Mandela

 Invictus

Lejos de la noche que me envuelve
como un pozo, negra de polo a polo,
agradezco al dios que exista
por mi espíritu inconquistable.



Atrapado entre las garras de esta circunstancia
No hice un gesto de dolor ni lloré en voz alta
Ante las puñaladas que me deparó el azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
no se avecina más que el horror de la sombra,
Pero la amenaza de los años por pasar
me encuentran y me encontrarán sin miedo



Ya no importa cuán estrecha sea la puerta
ni cuantos castigos acumule.
Yo soy el señor de mi destino
Yo soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley (1849-1903)


El presente análisis no pretende ser una crítica de cine sino una reflexión sobre la utilización del deporte como un instrumento político, la disolución de conflictos como una de las prioridades en la construcción de una nación y especialmente sobre cómo lograr el buen orden social.

“Invictus” (2009, Clint Eastwood, USA) está basada en la vida de Nelson Mandela, o más exactamente en la historia del libro de John Carlin (1) “Playing the Enemy, Nelson Mandela and the Game that Made a Nation”. Ambientada durante la Copa Mundial de Rugby de 1995 en Sudáfrica, está protagonizada por Morgan Freeman en el papel del entonces presidente de Sudáfrica, Mandela y por Matt Damon como François Pienaar, el capitán del equipo sudafricano de rugby.

El equipo sudafricano de rugby había sido excluido de los torneos internacionales por practicar el apartheid(2). El campeonato de 1995 fue la oportunidad recibida por Sudáfrica para regresar a los campos deportivos internacionales luego de que el 27 de abril de 1994, celebrara sus primeras elecciones multirraciales. Mandela fue elegido presidente pero no por ello el apartheid dejo de ser uno de los principales problemas con los que se encontraba este líder negro.

Breve biografía de Mandela

El asenso de Nelson Rolihalahla Mandela a estadista significó para éste, un largo proceso de crecimiento personal, intelectual y político que lo llevaron a la presidencia de Sudáfrica y a ser posteriormente un reconocido mundial en la causa del sida; biografía que se resume a continuación (3):

Conocido como Madiba (título honorario adoptado por ancianos de la tribu de sus ancestros, los xhosa), algunos sudafricanos también se refieren a él como 'mkhulu' (abuelo). Nació el 18 de julio de 1918 en Qunu, un poblado de 300 habitantes cerca de Umtata en el Transkei. Se casó tres veces, teniendo 6 hijos. En su 80º cumpleaños contrajo matrimonio con Graça Machel, la viuda de Samora Machel, el antiguo presidente de Mozambique y patrocinador del ANC, fallecido en 1986 en un accidente de aviación. El 6 de enero de 2005 murió el segundo hijo de Mandela, Makgatho Mandela, abogado y hombre de negocios, a la edad de 54 años en Johannesburgo a consecuencia de sida.

1939: tras completar la instrucción escolar, propia de un vástago de la nobleza xhosa, que parecía encaminada a convertirle en el funcionario y cortesano que había sido su padre, Mandela marchó a la ciudad de Alice para titularse en Derecho en el Fort Hare University College, una institución académica reservada a estudiantes no blancos. Allí conoció entre otros a Oliver Tambo, en lo sucesivo estrecho amigo y camarada. Siendo miembro del consejo estudiantil de la Universidad se implicó en una disputa académica en torno a un resultado electoral, lo que le acarreó la expulsión de las aulas en el tercer año de carrera, viéndose obligado a terminar su diplomatura por correspondencia en 1942.

1943: en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, en la que Sudáfrica combatía del lado del Reino Unido y los aliados bajo el liderazgo del mariscal y primer ministro Jan Smuts, Mandela se unió al Congreso Nacional Africano (ANC), organización abanderada del nacionalismo negro fundada en 1912 y cuyo liderazgo ostentaban en ese momento Alfred Bitini Xuma y James Calata.

1948: creación del Partido Nacional Sudafricano PAC, basado en la segregación racial (el apartheid).

1949: al año de producirse la victoria electoral del Partido Nacional (NP) y el inicio formal por la minoría blanca de estirpe afrikáner del sistema de segregación racial o apartheid, el Comité Ejecutivo Nacional (NEC) del ANC, con James Moroka de presidente y Sisulu de secretario general, aceptó un Programa de Acción, conforme a las tesis de la Liga de la Juventud del Congreso Nacional Africano +ANCYL, que fue elaborado y supervisado en su aplicación por un subcomité de seis miembros entre los que figuraba Mandela.

1952: Mandela comienza a destacarse dentro del CNA, especialmente en la campaña de desobediencia civil.

1955: Congreso del Pueblo, se escribe la 'Carta de la Libertad' que se convierte en programa principal en la causa contra el apartheid.

1955-1956: Mandela y su amigo, Oliver Tambo, abogado, son propietarios de un bufete de abogados que patrocinó, a bajo costo, la defensa de muchos negros. Mandela se compromete con los métodos no violentos de resistencia, inspirado en Mahatma Ghandi.

1956: Mandela y otros 150 militantes son arrestados el 5 de diciembre. Los líderes en libertad, Albert Luthuli, Oliver Tambo y Walter Sisulu, miembros del CNA comienzan el “Proyecto sociopolítico del arco iris”, refuerzan su posición mediante alianzas con pequeños partidos políticos de diversa representación étnica, construyendo horizontes más amplios que los africanistas. El CNA es infiltrado por el PAC; se crea el Congreso Pan-Africano (PAC), bajo la conducción de Robert Sobukwe y Potlako Leballo.

1960: marzo, masacre de los seguidores del PAC en Sharpeville, organización que pasó a la resistencia armada.

1961: Mandela y sus compañeros de arresto son sentenciados a prisión. Mandela hace un dramático llamado a las armas. En la Conferencia Pan-Africana todos los partidos deciden una estrategia común: anuncian la formación del comando 'Umkhonto we Sizwe' (Lanza de la Nación), copian modelo de los movimientos guerrilleros judíos (Irgun), recibe ayuda de los activistas judíos Denis Goldberg, Lionel Bernstein y Harold Wolpe.

1969: plan británico para rescatar a Mandela: reciben apoyo sudafricanos que pensaban dispararle durante el intento de fuga. Todo fue abortado por la inteligencia británica. En la cárcel, Mandela se compromete con el estudio, lo hace por correspondencia. Recibe de la Universidad de Londres su Licenciatura en Derecho.

1979: Mandela lleva 18 años de permanencia en Robben Island, sometido a trabajos forzados en las canteras de cal y habitando una celda de 4 metros cuadrados. Su reputación crece y llega a ser conocido como el líder negro más importante en Sudáfrica. El gobierno racista rechaza todas las peticiones de libertad. Es segregado junto a otros prisioneros por raza, al igual que otros presos negros recibe un menor número de raciones alimenticias. Como preso político es separado de los delincuentes comunes pero recibe menos privilegios que éstos. Solamente puede recibir un visitante y una carta cada seis meses.

1982: marzo fue transferido, junto con otros altos dirigentes del CNA (Walter Sisulu, Andrew Mlangeni, Ahmed Kathrada y Raymond Mhlaba) a la prisión Pollsmoor. Se especula que en Pollsmoor se dieron comienzo a los contactos discretos entre algunos sectores del partido en el poder y el CNA.

1985: febrero, el entonces presidente PW Botha ofreció la liberación de Mandela a cambio de que el CNA renuncie a la lucha armada. En noviembre, en Volks Hospital en Ciudad del Cabo, Mandela recibe una cirugía de próstata, allí ocurre la primera reunión con el Partido Nacional. Mandela rechaza la oferta, se niega a comprometer a su organización a cambio de la libertad personal. Por medio de su hija menor, Zindzi, revela un comunicado en el que cuestiona “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Sólo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede firmar contratos.”

1985-1989: ocurren varias reuniones para sentar las bases de negociaciones futuras, pero no hubo avances reales, el apartheid agonizaba y Mandela tenía conocimiento de ello.

1988: Mandela es trasladado a la prisión Víctor Verster, donde permanece hasta su liberación. Sus condiciones mejoran y algunos amigos suyos como Harry Schwarz pueden visitarlo. Se incrementan las presiones internacionales por la libertad de Mandela.

1989: el Presidente Botha sufre un derrame cerebral y fallese, es reemplazado por Frederik Willem de Klerk, quien anunció la liberación de Mandela en febrero de 1990.

1990-1991: Mandela visita Argelia y otros países, y descubre la profundidad del apoyo que recibe en Congreso Pan-Africano: recibe información de primera mano que reafirma la creencia generalizada de que el CNA era una pequeña asociación tribal de los xhosa manipulada por blancos comunistas. Mandela regresó a Sudáfrica a reorganizar el CNA.

1991: Antes de terminar el año el Gobierno de Klerk, en una espectacular demostración de solvencia, desmantela el entramado jurídico del apartheid disponiendo la caducidad o la derogación de la Ley de Separación en Lugares Públicos (1953), la Ley de Supresión del Comunismo (1950), la Ley Antiterrorista (1950), la Ley de Registro de la Población (1950), que clasificaba a los sudafricanos según su raza, la Ley de Áreas Grupales (1950), que asignaba a los grupos raciales diferentes zonas residenciales en las ciudades, y la más antigua de todas, la Ley de Tierras de Nativos (1913), que limitaba drásticamente las tierras que la mayoría negra podía poseer. 14 de septiembre: 26 organizaciones y partidos firmaron un Acuerdo Nacional de Paz, por el que se comprometían a promover "la paz, la armonía y la prosperidad" en el período de tránsito a la promulgación de una nueva Constitución democrática y la celebración de elecciones pluralistas.

1992: 17 de marzo, un referéndum, última consulta "sólo para blancos", aprobó con el 68,7% de los votos el proceso de reformas iniciado por de Klerk.

1993: recibe el Premio Nobel de la Paz.

1994: 27 de abril, “Día de la Libertad”, Sudáfrica celebra sus primeras elecciones multirraciales.

1995: campeonato mundial de rugby (25 de mayo al 24 de junio), oportunidad recibida por Sudáfrica para regresar a los campos deportivos internacionales. Sucede la historia que relata la película. La final se disputa entre Nueva Zelandia y Sudáfrica. 26 de julio, Mandela, en aras de la unidad nacional y la reparación histórica, convoca por decreto-ley una Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC) para elucidar las masivas violaciones de los Derechos Humanos cometidas durante el apartheid, aunque de sus conclusiones no podrían derivarse consecuencias penales con carácter vinculante.

1999: 16 de Junio, culmina su mandato presidencial.

2000: julio, XIII Conferencia Internacional sobre el sida, celebrada en Durban. Se distancia de la anticientífica –y universalmente censurada- postura de Mbeki y varios miembros de su Gobierno, que rehusaban distribuir los caros fármacos antirretrovirales (ARV) entre los cinco millones de sudafricanos infectados por el HIV porque “creían que el sida no tenía un origen vírico”.

2003: París, II Conferencia Internacional de la Sociedad Internacional de Sida (IAS, según sus siglas en inglés). Sólo el 5% de los infectados en el mundo recibe atención adecuada. En la apertura, Nelson Mandela reclamó medicamentos a "precios razonables".

2004: junio, Mandela anuncia su retiro de la vida pública con las palabras: “No me llamen, yo los llamaré”. Bangkok, 15 julio, XV Conferencia Internacional sobre Sida. El líder sudafricano Nelson Mandela urgió a los líderes mundiales a aportar más dinero a la lucha contra el VIH/sida y contra la tuberculosis en la reunión mundial especializada que se celebra en la capital de Tailandia; presenta su Campaña Mundial 46664 que se concentra en crear conciencia internacional sobre la enfermedad, y defenderá y colaborará con trabajos de cuidado, tratamiento y prevención, así como con la recolección de fondos tan necesarios con ese fin. El número recuerda su identificación en prisión en la isla Robben. Mandela, sufrió tuberculosis en la cárcel.

Relación entre deporte y política: de su uso en las dictaduras y la democracia

Ya sea el futbol, el rugby, el automovilismo o el tenis, los deportes tienen una marcada relación con la política. Los deportes crean un espacio de intercambio social y político que sirve de canal a la expresión de la gente y al mismo tiempo se presta para la explotación de las autoridades, quienes reconocen su potencial social.

En Chile, la relación entre el fútbol y la política, aunque existió desde siempre de mil maneras, se hizo más patente durante y después de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1989). Los años de represión de la dictadura influyeron la historia futbolística chilena y esta influencia sobre el fútbol se manifestó en varios aspectos. Primero, el trato de la dictadura afectó el valor simbólico de la pertenencia a los clubes en Santiago y en parte causó la formación de las barras bravas tal como se las conoce hoy. Segundo, el régimen reestructuró y transformó cualitativa la antigua asociación entre clase social y “pertenencia” a un club. Tercero, nuevas maneras de expresión cultural aparecieron bajo Pinochet y se siguieron manifestando en los años después de la dictadura. Cuarto, la dictadura provocó problemas de represión en la línea que divide expresión y control social. Finalmente, la dictadura de Pinochet cambió sustancialmente la configuración y la imagen de la identidad nacional. En estos cinco temas, el fútbol afecta la política mientras la política afecta el fútbol.(4)

En Chile, la dictadura impuso una nueva manera de vivir, y muchas personas huyeron del país para salvarse del peligro de la dictadura. En la época de Pinochet, “The anti-Marxist fervor ravaged friendships and family relations; marriages collapsed and sons were disinherited… More than seven thousand civilians were herded into the National Stadium, where, as many detainees later described, they were brutally interrogated in rooms beneath the bleachers. Some survivors watched fellow prisoners being marched out of sight, then heard bursts of heavy gunfire nearby, and never saw the men again.”(5) Miguel Zúñiga citado por Poolman dice que en las semanas después del golpe, la dictadura usó el Estadio Nacional por un tiempo corto, porque Pinochet y la dictadura no querían afectar las eliminatorias con una imagen mala del país. Dr. Helmut Kaser, FIFA´s general secretary, had visited Santiago in September to assess the situation. Having been entertained and chauffeured by representatives of the Pinochet regime for two days, Kaser declared that he had seen nothing untoward and that the match could go ahead as planned. On visiting the stadium, where so many had come to an untimely end, he had even commented on how nice the flowers looked.(6)

En argentina el peronismo tuvo una fuerte proclividad a resaltar las actitudes nacionalistas en todos los aspectos de la vida social y a favorecer una participación más efectiva de los sectores populares (a quienes estaba dirigida primordialmente la política del gobierno) en el quehacer nacional. Y esto quedó reflejado, entre otras cosas, en la esfera deportiva donde además de verificarse allí una mayor participación popular se lograron una serie de éxitos que ayudaron a consolidar una imagen positiva del deporte argentino tanto dentro de nuestra frontera como hacia fuera.(7) Eugenia Scarzanella describe la manera en que contribuyó el gobierno peronista a la expansión del deporte: "...Corredores de automóviles, maratonistas, boxeadores y futbolistas reciben condecoraciones y favores. Se construyen nuevas canchas e instalaciones deportivas. Para los chicos se distribuyen entradas gratis para los partidos y se organizan campeonatos especiales..."(8)

"Se podría decir que el fútbol ocupa el lugar simbólico dejado libre por la política o por las grandes religiones?" afirma Manuel Vázquez Montalbán; "No ha habido ninguna gran manifestación deportiva de la humanidad que no haya tenido su aprovechamiento político", corrobora Julián García Candau.(9)

El deporte es una manera de ganar el respecto ya sea como deportista o utilizando a estos como intermediarios. Tony Mason describe la importancia de la relación entre el fútbol y los políticos específicamente en América Latina: “When reigning monarchs and republican presidents patronize football they are both acknowledging its cultural importance in their society and adding to it. They are both offering support to football and displaying their own authority as they present the cup to the winning team… But in South America the relationship between politicians and football has often been much stronger than that. Military governments in particular have employed a well-tried mixture of repression, bread and circuses in order to control their peoples, and football has played a leading role in the circus”.(10)

Tiene razón Mason al afirmar que el deporte es una manera de ganar el respecto que difícilmente algunas personas encuentran en otras esferas. En 1990 Camerún, Roger Milla, la estrella del equipo Argentina, dijo que la imagen que él más atesoraba era la de Paul Biya, el presidente del Camerún, sacudiendo las manos con otros jefes gobierno después de la victoria argentina. Más recientemente en Argentina, el presidente de un club de fútbol quiso usar su posición para iniciar una carrera política. “El gobierno de Francia, por su parte, usó la imagen de la selección nacional en 1998 para intentar unir las razas en Francia. El presidente Jacques Chirac mostró la selección multirracial como una buena representación del país para combatir la popularidad de unos rivales políticos de la ultra-derecha y anti-inmigración, liderados por el Frente Nacional de LePen”.(11)

Los políticos conocen la importancia que tiene el hincha deportivo, esto lo relata muy bien Eduardo Galeano: “El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar”.(12)

El fanático igualmente juega un juego con el equipo adversario y con los hinchas del equipo contrincante. “No existís, el grito de guerra que acompaña al aguante, es otra de las marcas que podemos asentar en el debe de la dictadura militar. Negar la existencia del otro, lejos del contrato tolerante de una sociedad democrática, implica aceptar que el otro puede, simplemente, desaparecer, ser suprimido; o lo que es peor, que debe ser suprimido. Esto, claro, es contrario a un dato básico de la cultura futbolística, que exige otro permanentemente: cuando el equipo rival se va al descenso, los hinchas festejan, pero también ansían su retorno, porque su presencia es garantía de la propia identidad. Pero además, que el “no existís” sea tan aceptado y practicado, sin ninguna crítica o autocrítica, nos habla de un contexto donde la muerte del otro es legítima. Si el otro no existe, hacer que deje de existir de una vez por todas no está tan mal”.(13)

El deporte y la política requieren de estrategia. Tengo la convicción de que si Max Horkheimer estuviera vivo escribiría una “Crítica de la razón estratégica” afirma el candidato presidencial, ex alcalde de Bogotá y ex rector universitario Antanas Mockus. Según este matemático, filósofo y político, “la racionalidad estratégica pretende reinar en la economía del mercado y en la competencia política, entre individuos y organizaciones, y en la pugna y cooperación entre Estados. La racionalidad estratégica puede exacerbar los procesos de instrumentalización, privilegia la ética de los resultados, promueve los imperativos de eficacia y eficiencia, pero adicionalmente se apoya en un conocimiento inteligente y dinámico del otro y con ello busca ajustar el cálculo de sus propias jugadas a las posibles jugadas del otro. También exacerba y naturaliza la oposición ellos/nosotros (la naturaliza porque en la operacionalización -principalmente vía teoría de juegos- la incorpora como premisa y la vuelve rutinaria). La racionalidad estratégica agrava casi inevitablemente la percepción de riesgos, moviliza y racionaliza el miedo, y obliga casi inevitablemente (y especialmente a los más poderosos) a actuar considerando de manera preventiva el peor escenario o (lo que casi siempre es lo mismo) el escenario en que el “otro” o los “otros” son peores2. Una de las expresiones de la hegemonía de la racionalidad estratégica es el ataque preventivo. Obviamente hay una simetría dolorosa (una mutua justificación y una imbricación práctica) entre quienes están dispuestos a hacer todo por ganar y quienes están dispuestos a perderlo todo con tal de impedirle al otro ganar”.(14)

Mandela, la disolución de conflictos y el deporte

Para conseguir usar el deporte como estrategia Mandela, ya se había dado cuenta en la cárcel de la importancia que éste posee: “el deporte tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas... Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras raciales”. Mandela conocedor de ello hizo todo lo posible para que el rugby ejerciese esa función. No era una tarea fácil, porque en Sudáfrica durante los años del apartheid, el rugby fue el reducto deportivo de los blancos afrikaners. Su estrategia fue atraer a los blancos a la reunificación y para ello era necesario convertir el equipo de los Springboks, la selección nacional de rugby, en el símbolo de todo el país.

Mandela aprovechó que en 1995 se celebró en Sudáfrica la Copa del Mundo de rugby y la presencia de las mejores selecciones como una oportunidad para lanzar una campaña de apoyo a su selección, se ideó el slogan “Un equipo, un país”- slogan que se fue convirtiendo rápidamente en la nueva realidad social de Sudáfrica, evitando así la previsible guerra civil.

Mandela tuvo clara la importancia de tener un ícono, sabía que era necesario porque su propia historia personal lo reafirmaba en la idea de que las sociedades necesitan de símbolos, de mitos, de proezas, de héroes y de sueños. Su gran estrategia no estaba orientada a los moderados blancos y negros pues estos ya tenían clara la necesidad de alcanzar la paz social; la estrategia se orientaba a los grupos extremistas de ambos bandos, dispuestos a la violencia y a no permitir la estrategia de la pacificación. Comenzó por los lugares apartados, por los pequeños pueblos, consiguiendo el fervor de los niños por un equipo que consiguió llegar a la final, y que la ganó en un partido épico contra la que hasta ese momento era conocida como mejor selección del mundo, los temidos All Blacks de Nueva Zelanda. “Mandela había conseguido lo más difícil: unir en una misma ilusión a dos partes aparentemente irreconciliables”.(15)

Mandela fue un visionario al comprender la importancia del rugby para lograr que blancos y negros olvidaran rencores y construyeran una mística nacional. El rugby en Sudáfrica era un deporte de blancos, allí los negros jugaban al fútbol. Aun cuando por sus condiciones, ni los blancos se destacaban en el rugby ni los negros en el fútbol.

Él mismo en la experiencia carcelaria y en su propia enfermedad se convirtió en un símbolo de la capacidad del ser humano de ver más allá de su propio sufrimiento. Pero también reconoció la importancia que tiene la reconciliación, el tender una mano a quien se presenta como el enemigo, en este caso a la minoría blanca que lo había encarcelado. Albertina Sisulu le dijo a Alejandra Martins, de la BBC, refiriéndose a Mandela: "Cuando salió de la cárcel y nos habló de reconciliación nosotros pensamos: Esto es una locura. No podemos reconciliarnos con criminales, que asesinaron a nuestros hijos, que mataron a prisioneros en las cárceles… Mandela convocó a una reunión en la que nos dijo claramente: 'Nuestro pueblo ha muerto innecesariamente. No queremos un baño de sangre. Porque la única sangre que correrá será la del hombre negro'. Fue entonces que entendimos que quería decir con reconciliación", agregó ella.

Según el historiador Anthony Sampson, biógrafo de Mandela, "los blancos estaban aterrorizados de que una vez que saliera de la cárcel, Mandela llamara a la mayoría negra a marchar a Pretoria y a desmantelar por la fuerza el gobierno blanco. Pero, a medida que comenzaron a tener contactos con él, se dieron cuenta de que era un ser humano increíble, abierto al diálogo, que básicamente les tendía una mano". Mandela siempre había dejado en claro que el enemigo era la supremacía blanca, no los blancos. En un gesto que volvió a sorprender a los sudafricanos, Mandela decidió organizar un encuentro y físicamente tender una mano a Betsie Verwoerd, la viuda de Hendrik Verwoerd, el arquitecto del apartheid. El propio ex presidente Pik W. Botha, uno de los responsables del largo encarcelamiento de Mandela, se dio cuenta de que Mandela representaba la única esperanza de una transición pacífica. Botha lo relató así: "Mi primer encuentro con Mandela en libertad fue impresionante y nunca olvidaré sus palabras. En ellas no había amargura o sed de venganza, ni una sombra de odio. En ningún momento, durante su alocución, intentó explotar o mencionar el hecho de que había estado 27 años en la cárcel" (16). Este fue el preámbulo de lo que pudo lograrse con el apoyo a al equipo de rugby.

La única licencia que se dio el director al hacer la película está relacionada con el titulo que da nombre a la misma. Es un hecho real que Mandela conservó durante su estancia en la cárcel un poema de William Ernest Hensley titulado “Invictus”, el cual aparece en el cabezote de este texto, pero no es verdad que en realidad se lo haya entregado al capitán del equipo antes de la disputa de la final contra Nueva Zelanda. La realidad, es que Mandela le dio al jugador un discurso de Theodore Roosevelt. Lo utilizó como un apoyo para que el deportista pudiera darse cuenta de cuál era su misión y le acompañara en su propia misión: lograr el buen orden social. No todos los políticos saben darse cuenta de esta misión. Mandela supo cómo ganarse a la selección sudafricana de rugby, comenzando por el capitán; como parte de su estrategia llegó a memorizar las caras y los nombres de los jugadores de la selección, empleando la misma táctica que utilizaba Napoleón antes de las batallas, que consistía en aprenderse los nombres y circunstancias familiares de algunos soldados y, después, cuando desfilaba, los iba saludando, creando así el concepto de que “el Emperador los conocía a todos”. (17)

Este contacto “personal” es parte de la arriesgada apuesta de Mandela: apoyar el mismo con toda su fuerza moral al equipo nacional y que todos los africanos lo hagan, porque es consciente que los Springbroks, símbolo de los afrikáners y del apartheid, y que para lograr la confianza de los blancos es hora de olvidar agravios y apoyar a un equipo que debe ser de todos, sin distingos de color.

El espectador sale de la sala tan convencido como Matt Damon, capitán del equipo de rugby de los Springboks, de la veracidad de los versos del poema que titula el film: “soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”. Sin embargo ese no es solamente un discurso político en Mandela es su capacidad de trasmitir esperanza ante la diferencia y el dolor.

Tuve la oportunidad de oír a Mandela en Paris, en el 2003, en la II Conferencia Internacional de la Sociedad Internacional de Sida, logró trasmitirnos a todos los oyentes su solidaridad, su respeto, su voz de aliento y su interés y lucha por una sociedad más justa. Se atrevió a hablar de su hijo viviendo con sida -este aún no había fallecido- y demostró una vez más su compromiso con el respeto de los derechos fundamentales, un compromiso que igualmente se evidenció en los momentos que se relatan en “Invictus”, un compromiso de solidaridad con aquellos que como él estuvieron o están “Atrapados entre las garras de sus circunstancias” porque aun cuando “Mi cabeza sangra, no se inclina… Ya no importa cuán estrecha sea la puerta ni cuantos castigos acumule” pues “Yo soy el capitán de mi alma”.