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miércoles, 1 de junio de 2011

MANUEL, UN SOBREVIVIENTE



Lunes 8 Enero 1996 Edición 710 
Bogotá, Revista Semana.

A tiempo con el día internacional de lucha contra esa enfermedad, la Editorial Temas de Hoy lanzó el libro 'Peregrinos del sida', del periodista Luis Cañón, un recuento de episodios dramáticos de la incidencia...

 "El ramo de 76 rosas rojas, unas mustias, otras lozanas, otras apenas en flor, cayó súbitamente de la mesa de madera tallada al piso del pequeño apartamento, donde Manuel Velandia convive con una gama de pinturas de ventanales misteriosos que no cuentan lo que se esconde detrás de ellos, con pájaros y pescados de vidrio azul cobalto y con una montaña de libros y revistas, folletos y volantes, afiches plegables que hablan del sida: la enfermedad de la noche del amor. 
El apretado florero se rompió y las rosas se esparcieron por el suelo, dejando allí su aroma adolorido. Manuel se arrodilló y las rejuntó. Pensó un instante y en seguida, con algo de rabia, las tiró en un rincón. Fue como un intento vano por desprenderse de una parte de él mismo, por dejar olvidados a la vera del camino afectos y memorias. Pero no, los pétalos endurecidos, de un amarillo luctuoso, siguen allí, recordándole a esos 76 amigos suyos que la furia del VIH se había llevado hasta entonces: junio de 1993. (...)

Todavía no asoma a su rostro medio oculto tras dos gruesos lentes verdes, ni a su voz gruesa que se hace cálida y amable cada vez que responde al teléfono el llamado de personas que buscan orientación y, sobre todo, apoyo. Una rama de dónde agarrarse en medio de esos vendavales interiores que lo sacuden cuando se encuentran, en la realidad o en la imaginación, con el sida.


-Apoyemos, buenas tardes- dice él.
-Señor, tengo una gran angustia. Creo que tengo sida. Tengo fiebre y diarrea y sudo mucho y yo leí que así es el sida. Tengo miedo, mucho miedo.
-Tranquilo, por favor. ¿Cuánto hace que tiene la diarrea?
-Hace como una semana.
-La diarrea da por mil causas y tendría que llevar más de dos meses para creer que es de verdad un síntoma.
-Pero me siento mal, muy solo y afanado. Voy tres y cuatro veces al baño en el día.
-Usted cuenta con nosotros y mire: una diarrea de un seropositivo es hasta de ocho deposiciones diarias.
-Yo creo que me infectaron.
-Habría que ver si es que comió algo que le cayó mal o si es que tiene relaciones sexuales sin los cuidados necesarios, que le puedan generar ese temor.
-Sí, yo tuve una relación hace como un mes y creo que tengo sida.
-Pero el sida puede tardar hasta 10 ó 15 años para aparecer... y la prueba para ver si hay infección se debe hacer tres meses después de la relación.
-¿Verdad?
-Sí, claro.
-Gracias, es que tengo miedo, no sé si debo hacer el examen.
-Puede ser. Habría que pensar en...
-Mire, yo lo vuelvo a llamar.
-Por favor, si quiere seguimos hablando, si quiere hablamos en forma personal. Cuenta con nosotros.
-Gracias, lo vuelvo a llamar.
-Déjeme su número de teléfono.
-Sí, es el 267...


Esas llamadas de personas ansiosas, atrapadas por el pánico y la paranoia, de parientes angustiados, de hijos confundidos por la suerte de sus padres, se repiten a diario a través del viejo teléfono negro que acompaña a Manuel desde hace varios años.
Pequeño y robusto, dueño de un ego que revolotea, Manuel es consciente de que su carácter lo formó en el yunque de quien se atrevió a decirle a la sociedad que sentía distinto. Hace rato ya que lidera la causa de los gays en Colombia. Pelea por reivindicar el derecho a una opción sexual diferente, combate la discriminación contra las minorías sexuales, pone la cara y trabaja en la pedagogía del VIH y el sida, aquí y allá. (...)


Manuel, explorando caminos, tuvo en la universidad su primera relación homosexual. Lo comentó con dos compañeras de clase, mientras guardaba silencio en su casa. Poco a poco descubría la atracción que ejercían sobre él las personas de su mismo sexo. La familia miraba su comportamiento con relativo respeto, tal vez con excepción de una hermana que, alarmada, le ofreció tratamiento de especialistas, hospitalización, ayuda sicológica, lo que fuera. Pero él tomó distancia y se reafirmó en lo que quería. (...)


Hacia 1979 le escribió a León Zuleta, un gay de Medellín que trabajaba duro contra las murallas sociales. Hablaba de una organización gay en Colombia, que sólo existía en su imaginación. Se cruzaron cartas con Manuel, hubo identidad de propósitos y se juntaron en una primera reunión en Bogotá, a la que asistieron 35 homosexuales más.
Palabras, discursos, elocuencia, verbo hubo al por mayor y en esos terrenos Manuel se mueve bien.


Desde entonces, sus críticos hablan de su ego desmesurado, de su afán de figuración, de su carreta. Dicen que no vive para sus causas, sino que vive de sus causas. Él se defiende. En toda tarea quijotesca, piensa, no sólo hay que trabajar con las uñas, sino con la incomprensión. De los de adentro que cuestionan y ponen trabas y de los de afuera que quieren aplanar con el rodillo de la tradición toda diferencia.

En el camino, de manera adventicia, una mañana cualquiera de junio de 1984 se encontró con Marleny. (...) "Primer caso de sida en Colombia. Muere prostituta en Cartagena. Hace tres días falleció en el Hospital Universitario de esta capital Marleny N., una joven prostituta que murió víctima del sida, tras...".


La noticia lo atrajo porque él venía trabajando en el frente de la prevención de enfermedades venéreas entre homosexuales: sífilis, gonorrea, herpes genital y otras. A través de la múltiple correspondencia que mantenía con grupos gays de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Holanda y otros países desarrollados, había recibido alguna información sobre la epidemia que azotaba a los homosexuales en América del Norte y Europa, que golpeaba a personas con historias nutridas de venéreas. "Ya está en Colombia ese virus, pero qué extraño que sea una mujer", pensó. (...)


Hombre acelerado y académico, fue a donde un buen amigo y le pidió que le prestara el bar para dictar una conferencia sobre la epidemia del sida , que ya llegaba a Colombia. Le explicó que el blanco favorito de esa enfermedad eran los homosexuales, le comentó que crecía la alarma por ese problema en Estados Unidos y que la inminente celebración del Día Mundial de los Gays ofrecía un entorno ideal. Recibió la aprobación necesaria y, ya en su casa tomó úna hoja tamaño oficio y repitió en ocho cuadrados, trazados con lápiz y escritos a mano el mismo texto:
"Invitación. Tema: conferencia sobre el sida. Conferencista: Manuel Velandia. Hora: 3 PM Lugar: bar Amigos Fecha: 28 de junio, Día Mundial de los Gays". Sacó 15 copias de la hoja, cortó los cuadrículos y se dedicó a repartir las 120 invitaciones entre la población homosexual masculina de la ciudad.


La que sería la primera conferencia pública sobre el sida en Colombia estaba en marcha. Sólo que de una manera subrepticia, con una escasa docena de asistentes, en un sencillo bar. En Estados Unidos, en cambio, el asunto ya era un problema sanitario de marca mayor: el CDC de Atlanta, el Instituto Nacional del Cáncer y decenas de organismos federales le metían mano y recursos. Cinco mil muertos confirmaban la epidemia que se desataba, los homosexuales pedían a gritos alguna droga milagrosa, los hábitos sexuales empezaban a cambiar y la ciencia recibía una dura lección. (...)


"Pero era muy contradictoria la cosa. Yo hablaba de una enfermedad que atacaba a los homosexuales y citaba el hecho de que ya una mujer había muerto en Colombia. La gente me cuestionaba por eso. En esa primera reunión se decidió que el tema no era importante, que era un tema problema sobre todo para los norteamericanos y no para nosotros, que a nosotros no nos iba a afectar. Yo les decía que muchos teníamos relaciones con extranjeros, que otros viajaban a vacaciones a San Francisco, Nueva York, Los Ángeles, Miami, y que allá se podían contagiar. Les recordé que el ambiente gay allá era muy permisivo, que no había ni siquiera que entablar un diálogo para tener una relación. Pero no logré despertar mayores inquietudes". (...)


Hasta que un buen día la enfermedad se le apareció en carne y hueso. Un hombre antioqueño, de unos 38 años de edad, venía de Nueva York a morir en Colombia, junto a sus familiares. Se llamaba Rodolfo, era gay y había vivido durante 15 años en Estados Unidos. A través de una asociación de homosexuales, le escribió a Manuel pidiendo ayuda y compañía.


"A pesar de estar tan enfermo, porque él vino con el virus desarrollado, era muy atractivo. Era un hombre especial, alto, blanco, muy tierno. Su familia en Colombia era muy adinerada y prestante. El principal temor que él tenía era que ellos fueran a saber que era gay o que fueran a saber que tenía sida, porque iban a sospechar de su homosexualidad. No buscó consulta médica. Ya había escrito a su familia que tenía un cáncer terminal y que sólo quería venir a morir acá, y que no aceptaba tratamiento alguno porque ya estaba desahuciado. Su familia respetó esa decisión".

La experiencia fue muy difícil. Una cosa era hablar del sida a partir de folletos y otra muy distinta ver a ese hombre enfermo, atrapado por la muerte. Manuel no recibía ni jugo, ni café, ni agua siquiera, cada vez que lo visitaba. "Gracias, pero acabé de almorzar". "Antes de venirme tomé onces", eran sus disculpas más corrientes. "La contradicción era tenaz, yo no recibía nada por temor al contagio. Pensaba a la vez que alguien de la familia podría resultar infectado y no les decía nada porque ese era mi compromiso con él. Entonces me sentía mal cada vez que iba allí".


(...) Manuel, sentado en una silla china , contemplaba el rostro deteriorado de su anfitrión. El cabello se le caía a montones, los huesos cada vez se le marcaban más en los pómulos, en la frente, en la quijada. Entonces lo veía como una posibilidad estética. Siempre había querido pintar un cadáver y por momentos esa era la imagen que veía al frente. Pero reaccionaba confundido para intentar, sin mucho éxito, reanimar a su extraño interlocutor. 



El hombre murió y Manuel se enteró cuando ya lo habían sepultado. Tres meses después, en la Librería Nacional de Unicentro, se encontró a la hermana, quien lo saludó y de inmediato le soltó una pregunta que parecía tener atorada en su garganta desde hacía un buen tiempo: "¿ Oye, mi hermano murió de sida?". "Sí". No hablaron más. Cada uno siguió en lo suyo, 
como si no se hubieran visto jamás. (...)


Unos minutos antes, la conversación se había interrumpido para que Manuel pudiera atender a una monja de hábito gris, muy joven, de ojos negros, que vino desde Cereté, en la Costa norte, para llevar alguna información. El abanderado de los gays, de un cabello salpicado de canas prematuras, manos gordas y delicadas, ojos y rostro trigueños, le entregó varios afiches y decenas de folletos didácticos, y la invitó a que volviera. Luego atendió una llamada más -"Aló, Apoyemos"- para confirmar un viaje a Pereira, a dictar una conferencia sobre acompañamiento a enfermos de sida. 


Así, Apoyemos se mueve y trabaja contra el sida como si fuera una gran empresa, de la misma manera que lo hacían a fines de 1994 otras 42 organizaciones no gubernamentales -ONG- en Colombia. Pero en realidad en la 'casa matriz' esa mañana sólo estaba este hombre a ratos femíneo, con un arete en su oreja derecha, que viste sobre su camisa blanca una especie de pañoleta de seda, decorada con brillantes colores verdes, azules y rojos. Muy cerca de su vivienda, ubicada en un pequeño edificio de apartaestudios de Chapinero, esa noche y todas las noches, decenas de adolescentes travestis andan por ahí, por la Avenida Caracas, o más allá, en el centro de la ciudad, ofreciendo sus cuerpos por cualquier migaja de dinero, en un ambiente de droga, delincuencia, prostitución, venéreas y sida. 


Todo ese cuadro de marginalidad hierve en grupos de muchachos donde la orfandad, el desamparo y el abandono son casi la regla general, como lo estableció un estudio de la Cámara de Comercio de Bogotá presentado en junio de 1995 y que abarcó a 200 de estos jóvenes. Apenas el 1 por ciento se sometía con alguna regularidad a exámenes médicos. En el 90 por ciento de los casos sus clientes eran hombres de clase media y alta, que preferían a menores de 16 años, les pagaban entre 2.000 y 7.000 pesos por cada encuentro, les pedían que consumieran droga durante el acto sexual y no aceptaban la solicitud de usar preservativos. 


Tras la muerte del hombre que vino de Nueva York, Manuel siguió desplegando sus energías para difundir aquí y allá información sobre la enfermedad. En hojas de tamaño oficio, de su puño y letra, escribía sobre el nuevo virus, mostraba las primeras estadísticas de muertos en Estados Unidos, explicaba que ya se habían presentado algunos casos en Colombia. Repetía luego esa información, dividiendo la hoja otra vez en cuadrículos, y luego sacaba fotocopias que cortaba y regaba entre sus amigos y conocidos. Era una labor medio romántica. (...) 


Cuando Mario viajó, vino otra reflexión y una nueva rosa para el florero que más adelante se estrellaría contra el piso. Así como se fue él, decenas de miles de seres humanos más se morían entonces en una y otra ciudad, en uno y otro país. El misterioso virus que, al parecer, se incubó en África, muchos años atrás, en un lento y complejo proceso, seguía extendiéndose. Diversas investigaciones de la OMS realizadas en los últimos 15 años en genética viral, pruebas serológicas seleccionadas, análisis retrospectivo de muestras de sangre congeladas y casos clínicos, permiten aseverar que en los años 60, y aun antes, el virus ya prevalecía en el África. El Virus de la Inmunodeficiencia Simiana -SIV- que infecta hasta el 70 por ciento de los monos verdes africanos, parece emparentado con el HIV y tiene una estructura genética muy similar a la del HIV2. El HIV se podría haber cocinado allí, como resultado de mutaciones sufridas por el SIV. 
La epidemia del HIV en África fue en su génesis de trasmisión heterosexual, en un proceso lento y silencioso. Es posible que aun antes de la Segunda Guerra Mundial ya se hubieran presentado casos aislados en el Africa tropical. Al fin de cuentas, allí mismo nació el virus del Ebola, más asesino aunque el VIH. El Ebola también es una infección que se cocinó primero en el organismo de algunos monos salvajes. Ya desde 1967 se reportó su presencia en Marburgo, una ciudad alemana, donde un laboratorio especializado en la fabricación de vacunas importó cuatro monos de Uganda. El Ebola -que ataca todo el sistema de coagulación de la sangre, antes de destruir el hígado y los riñones- reapareció la última vez en abril de 1995 en la ciudad de Kikwit, Zaire, en el corazón mismo de África. Apenas en dos meses dejó más de 150 muertos, que despedían un vómito negro, antes de que se controlara su expansión más allá de las fronteras de esa ciudad de 500.000 habitantes.


No es de extrañar que el virus del sida, entendido como una amenaza contra la humanidad y no contra el grupo de personas seropositivas -que en este caso serían víctimas inocentes-, hirviera en África para luego invadir al mundo occidental, en una suerte de tardía vindicta. De allí, de Occidente, siglos atrás, partían los barcos que llegaban a las costas de África para regresar cargados de miles de negros, sometidos al escarnio de la esclavitud en un paisaje físico y espiritual que no era el suyo. A ese capítulo de la historia de la infamia se sumaría la invasión de franceses, ingleses, españoles, alemanes y belgas que, a partir de 1870, partieron entre sí, como si fuera una gigantesca torta, ese inmenso territorio, exuberante, tórrido y mágico.


Tampoco debe llamar a sorpresa que el VIH posiblemente se desprenda del organismo de los monos verdes, que jamás mueren por el desarrollo del virus. Al fin de cuentas sería una forma más de la que se valdrían los otros animales para cobrar al hombre, visto como especie, la voraz depredación a que sometió el planeta Tierra, convertido en un basurero tóxico, en un inmenso muladar de desechos no biodegradables, con una capa de ozono debilitada, unas fuentes de agua extinguidas y unos bosques que caminan, como la vida misma, hacia la muerte. La especie humana ha destruido, de la mano del capitalismo, una hermosa casa llamada Tierra, que no le pertenece sólo a ella. Los otros huéspedes defienden, a su manera, sus derechos. El sida, en esta perspectiva, es un enemigo que ataca a la sociedad entera, no a hombres y mujeres en particular.


En el caso del sida, aunque los primeros enfermos no fueron definidos como tales sino a partir de 1982, los casos iniciales en Haití y Estados Unidos parecen ocurrir desde los años 60. Fue a comienzos de esa década cuando 17 millones de homosexuales se lanzaron a las calles en Los Ángeles, San Francisco, Nueva York y otras capitales del norte. Mostraron la cara y desnudaron la opresión social y la clandestinidad en que vivían.


Aun así, a comienzos de 1995 todavía la comunidad científica no tenía la certeza absoluta sobre el origen específico del mortal germen que sigue llevándose a los amigos de Manuel, quien bien se puede definir como un sobreviviente de ese cataclismo. El, conservando todavía una dosis de miedo al contagio, sigue desde Apoyemos ayudando a los enfermos. Allí trabaja con las uñas, mediante uno y otro auxilio que la mayoría de las veces él mismo busca. Los afiches los financia con recursos de la Sociedad de Mejoras Públicas; los folletos didácticos los imprime en la tipografía de un seropositivo; el acompañamiento a una persona que desea hacer la prueba lo realiza algún enfermo asintomático que ya vivió esa difícil experiencia; el aviso en el directorio telefónico, que tanto ha servido, lo consiguió a cambio de unas conferencias sobre la epidemia y la forma de prevenir el contagio.


Un grupo de gentes con corazón, la mayoría mujeres, trabaja con él en Apoyemos. Prestan turnos al teléfono, asesoran y acompañan a los enfermos, hacen pedagogía en colegios y universidades. Todos ellos son nobles y silenciosos tramoyistas de esta obra sin final, en que los protagonistas centrales son los seropositivos.


Manuel sigue ahí, haciendo su trabajo, en medio de chapuzones de sus críticos: "Es un vividor del sida, un charlatán. En sus conferencias es agresivo, egocéntrico y promotor del homosexualismo".


Pero él le sale al atajo a esas críticas: "Yo soy bueno en lo que hago. He viajado por 26 países a dictar conferencias sobre el virus, sobre el acompañamiento a enfermos, sobre formas de usar los condones, sobre el trabajo desde organizaciones no gubernamentales. No me han invitado por ser marica".


Continúa en lo suyo, en su cuento, haciendo su aporte a gays y travestis, a padres 
angustiados y personas con paranoia, a madres de familia infectadas por sus esposos o convertidas en seropositivas en alocadas transfusiones de sangre. Lo que jamás volverá a hacer es recoger rosas rojas en los funerales".

domingo, 29 de mayo de 2011

“¿Se puede morir de amor?”: El VIH ahora más que nunca resiste los medicamentos

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Mayo de 2011

Ricardo, un colombiano de 37 años, es uno de los rostros de una amenaza de la que mucha gente ha oído hablar, pero no ha visto materializada: ser resistente a los tratamientos farmacológicos.

Por años, Ricardo Montes* vivió una historia de patologización. Primero fue su madre, quien le hizo asumir su vida como si hubiera nacido enfermo. A ella se sumó su padre, después vinieron los compañeros de clase, los vecinos y hasta el sacerdote del barrio. A sus 17 años, huyó de su pequeño pueblo en Santader, Colombia, hacia la capital, Bogotá, para poder ser lo que siempre había querido ser: un hombre homosexual, profesional, con una pareja estable y con la vida económica bien resuelta.

Durante una entrevista que recientemente mantuvimos Ricardo aseguró que lo logró todo, pero que nunca imaginó que en el amor encontraría su perdición. Según dice, cuando vio caminar con su ritmo pausado a quien hasta hace cinco meses y tres días fue su pareja -y experimentó la sensación de haber sido atravesado por su mirada verde intensa-, se deslumbró con sus maravillosos dientes blancos y quiso dejar perder sus dedos entre sus cabellos enredados, aun cuando lo que menos pensó fue que esta sería la primera de muchas veces en las que rompería sus normas y aceptaría tener relaciones sin condón.

“¿Quién puede resistirse al impulso del amor?”, aseguró entre triste y nostálgico; “¿quién puede negarse ante la posibilidad de tener lo que siempre ha deseado?”, continuó. “¿Quién puede decirle que no a alguien que sabe cómo enredarte en sus palabras al mismo tiempo que te hace sentir el ser más maravilloso del universo?”. Por un momento, sus expresiones me recordaron la misma expresión que he escuchado en hombres y  mujeres cuando descubren que portan el virus de inmunodeficiencia humana que causa el sida, VIH.

“Caí como un tonto... Lo peor de todo es que no me arrepiento, pero tampoco puedo negar que me siento algo culpable; no solo he oído hablar del sida, también sé perfectamente cómo se transmite y no se trasmite; es más, durante un tiempo fui voluntario en una organización que trabaja en este tema, pero luego de conocerlo me fui alejando de todo, incluso dejé a muchos de mis amigos y me entregué por completo a Alfonso, me entregué por completo, de cuerpo y alma... ¡sin ninguna barrera!”, afirmó Ricardo como quien reflexiona en voz alta.

Después de un momento de silencio, Montes recordó a Alfonso, su pareja durante 14 “cortísimos” meses, quien enfermó rápidamente. Recuerda Ricardo que cuando decidieron consultar al médico fue demasiado tarde. “El virus ya había invadido todo su cuerpo y las infecciones oportunistas siguieron unas a otras, por eso no pudieron darle medicamentos inhibidores del VIH.”.

Ricardo no quiso hacerse ninguna prueba para detectar en su organismo la presencia del “bicho” (así se refiere al virus), aunque, afirma que estaba seguro que se encontraba infectado. “Preferí esperar y acompañarlo, estuve con él hasta su muerte, vino rápido, mucho más rápido de lo que habíamos pensado”, agregó.

Cuenta, además, que lloró dos días sin parar. “Permití que fluyera hasta la última de mis lágrimas y creo que no sólo lloré por él, sobre todo lloré por mí, porque me sentí solo, porque me negaba a que me hubiera abandonado y sobre todo porque al decidir dejar Colombia, también dejaba mi trabajo, mi apartamento y a mi madre”.

Ricardo se mudó a España y no precisamente para buscar apoyo. Fue tres meses después de haber llegado a ese país que pidió por teléfono una cita para el counseling en una organización de hombres homosexuales. Dice que quien lo atendió para darle apoyo emocional le preguntó si quería saber si estaba infectado o no. Él dijo “sí” y unos minutos después le hicieron una prueba diagnóstica la cual fue con una pequeña gota de sangre. “Mientras hablábamos yo casi no oía nada, estaba seguro que sería reactiva. Unos treinta minutos después de haberme sangrado me dio el diagnóstico, fue positivo”. El hombre que le atendió le sugirió ir a la consulta médica y confirmar el diagnóstico.

Montes aceptó el acompañamiento. “Fuimos juntos al hospital, me hicieron una consulta médica, me tomaron una muestra y debí volver dos días después por el resultado”. Le dijeron que deberían confirmar el diagnóstico y que en caso de que fuera positivo le harían otras pruebas. Pasada una semana le informaron que debería hacer una prueba de resistencia a los medicamentos inhibidores del VIH.

El médico le informó que los virus que estaban en su cuerpo tenían la mutación Q148R combinada con las resistencias E138K, G140A y V541; que éstas se asocian con un nivel alto de resistencia a inhibidores de la integrasa (un tipo de medicamentos que inhibe la multiplicación del virus del sida). “Mejor dicho, mutaciones en la estructura del VIH que suelen observarse después de un fracaso a largo plazo”, agregó.

Enfrentar “la resistencia” 
Luego de meditarlo por un tiempo, Ricardo Montes asumió que su ex pareja se había infectado con alguien que era resistente a los medicamentos o había hecho un mal uso de estos “porque muy seguramente no era muy adherente al tratamiento y por eso tenía esas mutaciones que los hicieron a ambos resistentes a los retrovirales”.

Aseguró además que no sabía cuál fue la causa, pero “si él debía tomar medicamentos yo nunca lo vi hacerlo. Tampoco sé qué significan esas letras y números, pero tengo claro que no me sirven todos los medicamentos existentes”. El problema al que se enfrentó desde ese momento fue su resistencia a algunas de las posibilidades de tratamiento existentes, lo que hace que tenga menos opciones terapéuticas farmacológicas, por lo que le fue recomendado continuar con el apoyo emocional.

“Estamos hablando de una amenaza que nunca pensé que me pudiera afectar. Para mí es extraño pensar que la resistencia a unos medicamentos pueda transmitirse a otra persona, pero la resistencia antimicrobiana es una amenaza silenciosa que puede afectar a cualquiera”, agregó Ricardo con un rostro de preocupación.

Este virus no es el único “resistente”
La medicina ha registrado que no solo se puede ser resistente a los medicamentos que inhiben la presencia del VIH en la sangre, un ejemplo es la resistencia de las bacterias a los antibióticos lo cual se conoce desde hace varias décadas. Pocos años después de que fármacos para este virus empezaron a administrarse, la resistencia era ya evidente. Durante los últimos treinta años el problema de la resistencia a los antimicrobianos ha sido un foco de atención para profesionales médicos, especialistas en salud pública e incluso para organizaciones de consumidores.

Los esfuerzos de los gobiernos y las asociaciones comunitarias para que ello no suceda han aumentado pero los cambios todavía no son proporcionales a la magnitud de la amenaza. Al menos así lo registra el material informativo de ReAct Latinoamérica “Cuidar y Curar: Comprendiendo la resistencia bacteriana a los antibióticos”.

Por su parte, La Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Uppsala en Suecia ha comunicado por intermedio de ReAct Global que “la situación es grave puesto que hay un déficit de información que demanda una respuesta urgente por parte de activistas, instituciones y agencias relacionadas con la salud”; además, hay poco presupuesto público para financiar investigaciones al respecto pues la resistencia involucra a diversos patógenos, que son transmitidos de diferentes maneras y que causan una amplia variedad de enfermedades.

A esto se le suma que en los países donde los fármacos de segunda o tercera generación son accesibles, se ha cambiado la terapia a los nuevos antibióticos cuando los niveles de resistencia a los antiguos han llegado a índices ‘incómodamente’ altos. Esto conlleva serias implicaciones porque disminuye las posibilidades de tratar las enfermedades infecciosas exitosamente.

Actualmente los más vulnerables son aquellos con su sistema inmunológico deprimido: pacientes oncológicos, niños desnutridos y personas con VIH (como Ricardo), quienes por razones de supervivencia frecuentemente necesitan acceso a una terapia efectiva que prevenga y trate las infecciones severas.

Una persona seropositiva para el VIH que recibe tratamiento con antivirales reduce el riesgo de su transmisión en un 96%, según un estudio publicado por United States National Institutes of Health, el pasado 12 de mayo. Este avance de gran importancia supondrá una revolución en la prevención de esta enfermedad, pero para las personas que viven con el VIH que tienen  acceso al tratamiento y que no hacen un uso adecuado de sus medicamentos y para sus parejas en relaciones sin condón esta opción disminuye considerablemente.

El uso adecuado de los medicamentos es esencial en la lucha ante este desafío de salud pública. Una de las causas para la pérdida de efectividad de los antimicrobianos es la generalización del uso inadecuado, debido a una selección equivocada, a un tratamiento acortado por el alto precio de los fármacos o a que las personas abandonan el tratamiento cuando sienten que sus síntomas ya han pasado, o no siguen los lineamientos que el medico les sugiere para la toma adecuada de los mismos.

Las exhaustivas recomendaciones sobre uso adecuado de antibióticos, realizadas por la Organización Mundial de la Salud chocan de frente con su aceptación y aplicación por parte de las autoridades de cada país. En Colombia, el Instituto Nacional de Salud investiga sobre dichas resistencias pero sus esfuerzos requieren un mayor presupuesto, es necesaria una mayor difusión de sus resultados y una movilización social para que las personas en la comunidad estén adecuadamente informadas.

Las organizaciones de personas que luchan contra el sida han desarrollado grandes avances al respecto pero sigue habiendo muchos hombres y mujeres que no han tomado conciencia de que la resistencia a los medicamentos no solo les afecta a ellos sino también a otras personas en la comunidad, personas como Ricardo quien tan solo buscaba amor y encontró, por el descuido de otros y el suyo propio, que su vida se acorta. 


El caso de Ricardo podría considerarse ‘afortunado’, pues su situación económica le permite unas condiciones superiores de asistencia a las que hubiera podido lograr en Colombia o en otras regiones donde los antimicrobianos de segunda y tercera línea no están disponibles, razón por la que una cantidad indeterminada de personas mueren, aun cuando en cierta medida estas muertes podrían considerarse prevenibles.

* El apellido del entrevistado fue cambiado por solicitud expresa de la fuente.

lunes, 30 de agosto de 2010

Consejería en VIH/Sida: Por qué hacerla

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, 2010-08-30

Teniendo en cuenta que la epidemia de VIH/sida continúa aumentando, y está comprometiendo a personas cada vez más jóvenes, a más mujeres y a más población perteneciente a las minorías sexuales, aparte de estar presente en poblaciones tradicionalmente comprendidas como aquellas con mayor vulnerabilidad (trabajadoras sexuales transexuales) se hace necesario crear las condiciones para que los profesionales de la  salud laborando en las entidades públicas y privadas de las instituciones que conforman el sistema general de seguridad social en salud estén adecuadamente formados y emocionalmente preparados para soportar a aquellos quienes en su actividad laboral necesitan de su soporte profesional tanto en la consejería pre y posprueba como en algunas asesorías especiales, tales como el uso de medicamentos inhibidores.

El apoyo a quienes están afectados por el VIH y el sida no es muy diferente al que se provee a quienes manifiestan otras ETS o enfermedades que en su última etapa pueden llegar a significar la muerte; sin embargo, desde los mismos inicios de la pandemia por el VIH, quienes son sus portadoræs, se han visto permanentemente vulnerado/as tanto por personas de la comunidad como por aquello/as quienes hacen parte de los equipos de salud.

Se esperaba que la norma contribuyera a disminuir la estigmatización y discriminación de los portadores del virus. A pesar de la existencia de los instrumentos éticos y legales, las personas afectadas por esta dolencia siguen siendo vulneradas en sus derechos fundamentales, situación que ha motivado la interposición de un amplio número de tutelas, a través de cuyos fallos buscan que sus derechos sean respetados.
La consejería pre y post-prueba debe ser realizada por el médico o por un(a) profesional miembro/a del equipo interdisciplinario que trabaja en sida, quien estará debidamente entrenado/a para esta labor. A pesar de que existe la norma y la respectiva sanción, hasta el momento no se han interpuesto tutelas o demandas penales por la vulneración al derecho a la consejería.

Actualmente el apoyo y la consejería se vienen proporcionando desde cinco vertientes a saber: las líneas de apoyo e información, los grupos de apoyo y auto-apoyo, los programas de consejerías pre y posprueba, los programas de consejerías y terapias psicológicas y de acompañamiento, y los programas de consejería en otros campos como sexualidad, pareja, muerte y duelo, así como aspectos legales, espirituales y laborales.

El apoyo y consejería brindados por personal adecuadamente entrenado, mejora la atención integral, incrementa los índices de bienestar y de calidad de vida en las personas que viven con el VIH o con sida y, además, obtiene como resultado una disminución del volumen de personas infectadas con el VIH y de las afectadas directa e indirectamente por la infección.

Bibliografía
Velandia Mora, Manuel Antonio (2002). Alternativa vital. Manual de consejería pre y posprueba en VIH y sida. Ministerio de Salud, Programa de sida/ Fundación APOYÉMONOS -Fundación Colombiana de Apoyo en Sida, Hepatitis y ETS-. Bogotá, D.C., Colombia.
Velandia Mora, Manuel Antonio (2002). Secretaría Distrital de Salud/ Fundación APOYÉMONOS -Fundación Colombiana de Apoyo en Sida, Hepatitis y ETS-. Bogotá, D.C., Colombia. Talleres de capacitación y entrenamiento a profesionales de la salud de entidades públicas y privadas de las instituciones que conforman el sistema general de seguridad social en salud para la realización de pruebas pre y postest de diagnóstico de la infección por  VIH/Sida.

Información básica sobre el sida

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, 2010-08-30
Para manejar toda situación en la vida, hay que conocerla previamente. Cuanto más la conozcamos, más podremos dominarla. Por ello, toda persona que vive con el VIH o con el sida, si quiere lograr un manejo adecuado de su infección, debe estar consciente de que cuanto más conozca sobre ella más adecuado será su manejo. Es importante asesorarse con personas e instituciones que tengan un buen manejo informativo y que estén capacitadas para hacerlo.
Es fundamental saber, como mínimo, qué es la infección, cómo se transmite, cómo no se transmite, cuáles son las vías de transmisión y las conductas con riesgo; así mismo, identificar los cofactores de riesgo, en qué consiste la reinfección y la sobreinfección, cuáles son los tratamientos existentes y a cuáles se puede tener acceso en el país. No sobra saber cuáles son los derechos y obligaciones de quienes están afectados por la infección, cómo y cuándo informar a la pareja, a la familia y a sus jefes en el lugar de trabajo. Enterarse, sobre todo, de cómo asumir un estilo positivo de vida (hacerlo en las mejores condiciones posibles), dónde y con quiénes obtener servicios.
Recordemos y clarifiquemos, entonces, algunos conceptos ya conocidos.
Sida: síndrome de inmunodeficiencia adquirida
Síndrome: es un conjunto de síntomas, signos y condiciones que se presentan en una persona afectada por el virus, pero no tan específicos como para ser denominados enfermedad.
Deficiencia inmunológica: la incapacidad del sistema inmunológico de funcionar normalmente; hace que las personas que la padecen se vuelvan más susceptibles a ciertas enfermedades, que normalmente no las afectarían.
Adquirida: una situación que no es congénita ni heredada.
VIH (virus de la inmunodeficiencia humana): virus de la familia retrovirus y de la subfamilia lentivirus[1], causante del sida.

Cadena de transmisión
Para que una persona se infecte con el VIH es necesario que el virus se transmita desde el organismo de una persona que previamente esté infectada. El proceso para que pueda ocurrir la infección se llama cadena de transmisión. La infección puede evitarse rompiendo tan sólo uno de sus eslabones. Ello quiere decir que aun cuando los condones son efectivos, no son la única posibilidad de prevenir.

Pasos de la cadena de transmisión
1. Agente: microorganismo causante de la infección; en el caso del sida es el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana).
El VIH tiene una estructura sencilla pero compleja a la vez, por sus mismas posibilidades. La envoltura que recubre el núcleo está compuesta por proteínas. El núcleo contiene información genética del virus y la transcriptasa inversa. El VIH es llamado ‘retrovirus[2] porque en el proceso de multiplicación, que explicaremos más adelante, convierte sus moléculas de información genética, ARN (ácido ribonucleico) en ADN (ácido desoxirribonucleico), mediante una enzima viral llamada transcriptasa reversa.
En el tejido del sistema inmune, el VIH se replica o multiplica continuamente, en altos niveles y desde el mismo momento en que ocurre la infección. Inicialmente, no se creía que esto fuera así; se pensaba que el virus permanecía inactivo (dormido) por mucho tiempo, es decir, en estado latente y que por ello no había manifestaciones de la enfermedad. Tampoco había cómo medir la concentración de virus en el cuerpo.

2. Reservorio y huésped: reservorios del VIH son los macrófagos, glía del sistema nervioso y células como los linfocitos ayudadores en la respuesta inmune. El huésped es el organismo en el cual se aloja el microorganismo. El VIH tiene como único huésped posible al ser humano, lo que significa que hombres y mujeres pueden verse afectados por el virus, de todas las edades, de todas las orientaciones sexuales, con cualquier credo, etnia, posición social o económica, en todos los lugares del mundo.

3. Puertas de salida: son las secreciones o fluidos corporales en los cuales el microorganismo está alojado y que, saliendo de nuestro cuerpo, tienen contacto con las puertas de entrada de la otra persona, a través de una vía de transmisión.
Se necesita una cantidad suficiente (inóculo) del microorganismo para que la secreción sea infecciosa. «La eficacia de la transmisión es variable, ya que depende de la capacidad infectante del transmisor, la susceptibilidad del receptor, los mecanismos específicos de transmisión y posiblemente el tipo de virus… Igualmente, se desconoce el número exacto de exposiciones necesarias para una transmisión efectiva».

Las secreciones que transmiten el VIH son: el líquido preeyaculatorio (lubricante[3] del pene) y el semen, en el hombre; en las mujeres, las secreciones vaginales: menstruación, flujos vaginales y secreción lubricante. Se considera que la leche materna tiene potencialidad infectante. Tanto en hombres como en mujeres que viven con VIH o con sida, la sangre es su vehículo de transmisión; igualmente lo son el líquido cefalorraquídeo y la médula ósea. El virus no se trasmite por medio de las excreciones: sudor, orina, lágrimas, materia fecal[4], saliva, cerumen, mocos, ya que en estas excreciones la presencia de virus es mínima o no existe.

4. Vías de transmisión: son los caminos por los cuales el virus que sale de una persona infectada llega al torrente sanguíneo de otra que no lo está y la infecta o la reinfecta[5] (adquiere una cepa diferente del virus). Las vías de transmisión son:
Vía sexual: en cualquier tipo de contacto erótico o genital que implique mezcla de fluidos en el que uno contenga el virus, existe la posibilidad de que éste ingrese al organismo de la otra persona. Los contactos pueden ser penetrativos u orales (pene-vagina-boca-ano) de hombre a mujer, de mujer a hombre, de un hombre a otro y de una mujer a otra;
Vía sanguínea o parenteral: por medio de una transfusión de sangre o de cualquiera de sus derivados. También por el trasplante de órganos o tejidos que provengan de una persona portadora. Un profesional de la salud o cualquier persona que manipule material biológico, puede infectarse si no acata las normas adecuadas de trabajo (bioseguridad) y se expone accidentalmente (pinchazos, contacto directo con una herida abierta) a fluidos (secreciones) de una persona que vive con el VIH o con el sida. Aun cuando se habla de vía accidental, ésta realmente es una forma de transmisión parenteral;
Transmisión vertical: cuando el virus se trasmite de una mujer portadora a su bebé; puede ser durante el embarazo, en el parto o en la lactancia;
Conducta con riesgo: son situaciones que una persona no controla adecuadamente. Por ejemplo, se puede controlar el riesgo de infección por medio de una transfusión sanguínea, en ese caso la conducta con riesgo consiste en no exigir el sello nacional de calidad de sangre, el cual garantiza que la sangre, o sus derivados, han sido previamente analizados para detectar la presencia del VIH y de los microorganismos causantes de la sífilis, Chagas, hepatitis B, C y D. Se puede evitar el riesgo por vía sexual si se coloca una barrera entre las zonas genitales de las dos personas con el fin de evitar el intercambio de fluidos infecciosos.
La conducta con riesgo sería no usar condones y barreras orales. Otra conducta con riesgo es no aplicar adecuadamente las normas de bioseguridad sabiendo que así se puede disminuir el riesgo de infección por vía parenteral accidental.

5. Puertas de entrada: son los espacios corporales de una persona por los cuales pueden entrar las secreciones que contienen el virus. Las puertas de entrada, en orden de riesgo descendente son: el torrente sanguíneo, la mucosa anal, la placenta, la mucosa vaginal, la mucosa oral y la piel con solución de continuidad.
Características de las mucosas: las mucosas se caracterizan por ser tejidos blandos y húmedos. Todas las mucosas son susceptibles de infección. Se hallan en los ojos, la nariz, la boca, el glande, la vagina y en el recto.
Mucosa rectal: el tejido del recto es un epitelio[6] de forma cilíndrica, de una sola capa. Tiene una alta irrigación sanguínea, es muy frágil y rico en células CD4 o linfocitos T4, receptoras del virus[7]. No posee lubricación natural. Por ser la terminación del intestino grueso, es absorbente. Todas estas condiciones hacen que el recto sea el lugar del cuerpo que por sus propias condiciones es más susceptible a la entrada del virus.
Mucosa vaginal: el tejido de la vagina es un epitelio plano, con varias capas, elástico y poco frágil. En la menopausia, posee una menor irrigación sanguínea. Tiene lubricación natural, lo que facilita el desplazamiento del pene durante la relación genital. No es absorbente. Estas condiciones hacen que la vagina sea menos susceptible que el recto a la entrada del virus; sin embargo, el hecho de que las mujeres no se consideren vulnerables incrementa en ellas el riesgo.

Requisitos para la transmisión:
1. que una de las personas esté infectada; para poder infectar, las secreciones, los tejidos y órganos deben contener el virus;
2. debe ingresar al organismo una cantidad mínima del virus;
3. el virus debe penetrar el organismo de tal forma que llegue al torrente sanguíneo.
El pene: las excoriaciones o lesiones en el pene -especialmente, en el glande- que se producen durante la masturbación, en las prácticas orales o en la penetración en los movimientos del coito y en el contacto con el vello genital, facilitan la salida y entrada del virus.
Cuando el VIH entra al torrente sanguíneo, se adhiere a la superficie de la célula CD4 y penetra en su interior. Una vez allí, la partícula viral o virión[8] se descompone y libera su material genético, el cual está conformado por dos moléculas de ARN (ácido ribonucleico).
Este contiene todos los genes virales necesarios para su reproducción (replicación o multiplicación viral), es decir, para la formación de nuevas cubiertas y viriones.

Cofactores asociados con el riesgo de infección
Son las situaciones que se presentan en el organismo y que facilitan la entrada del virus. Algunos de estos cofactores son:
·        La presencia de lesiones en las mucosas o la piel, ocasionadas sobre todo por las manifestaciones de las enfermedades de transmisión sexual que producen lesiones de carácter ulcerativo (sífilis, herpes, ulceraciones genitales) y por el traumatismo que provoca una penetración inadecuada (sin suficiente lubricación, con el uso de objetos contundentes);
·        Los altos niveles de estrés generados por conflictos afectivos, emocionales, laborales, económicos o de otra índole;
·        Las dietas mal balanceadas;
·        Las relaciones genitales penetrativas reiteradas y sin protección adecuada;
·        El tiempo de exposición al virus;
·        La higiene genital inadecuada;
·        En las mujeres, el embarazo (porque el sistema de defensa, al adaptarse a la gravidez, disminuye su defensa como una manera de no rechazar al feto en formación);
·        El uso de medicamentos o substancias psicoactivas que afecten el sistema de defensa;
·        En general, todas las condiciones que vulneren la respuesta del sistema inmunológico del organismo;
·        Uso de medicamentos inmunosupresores.

6. Susceptibilidad: capacidad que tiene un cuerpo para admitir una modificación o recibir cierto efecto o acción. Con respecto a la infección por VIH, se consideraba que todos los hombres y todas las mujeres, sin distinción de su opción sexual, edad, credo, color, raza, condición religiosa o política, eran susceptibles a adquirir el virus (susceptibilidad universal).
Sin embargo, recientemente se ha conocido que existe una característica genética, alteración en el gen llamado CKR-5 (correceptor mayor para la entrada del virus a la célula), que imposibilita, en algunas personas, que su organismo reconozca el virus por no tener receptores para éste y, por tanto, evita que lo infecte; es decir, quien presenta esta alteración posee una especie de inmunidad natural.
La cadena de replicación del virus se puede romper por medio de una serie de medicamentos llamados inhibidores[9]. Los de transcriptasa[10] actúan al interior de las células ya infectadas, evitando que el virus utilice una parte de su estructura, llamada transcriptasa reversa, y genere viriones que posteriormente circularán en el torrente sanguíneo infectando nuevas células.
Los inhibidores de proteasa[11] actúan sobre una de las proteínas de los viriones, haciendo defectuosa su estructura. Así evitan que puedan infectar nuevas células.
Si las personas no usan medicamentos antirretrovirales su infección puede progresar al sida, aún cuando algunas que los usan sí lo hacen porque al iniciar el tratamiento con estos medicamentos ya tenían en progresión algunas infecciones o, simplemente, el estadio de enfermedad es tan avanzado que no logran el efecto deseado.

Etapas de la replicación del VIH
1. El VIH entra en la célula CD4.
2. El VIH es un retrovirus. Esto significa que su información genética está almacenada en una cadena sencilla de ARN (ácido ribonucleico) y no en una cadena doble de ADN (acido desoxirribonucleico), como ocurre en la mayoría de los organismos. Para replicarse, el VIH utiliza una enzima llamada transcriptasa reversa, mediante la cual convierte su ARN en ADN.
3. El ADN del VIH entra al núcleo de la célula CD4 y se inserta en la cadena de ADN de la célula; entonces le ordena a la célula que elabore muchas copias del virus original y copias de su envoltura.
4. Por medio de la proteasa se ensamblan nuevas partículas vírales que permiten que las células infecten a otras células CD4.

Agentes antirretrovirales para el VIH
Inhibidores no nucleósidos de transcriptasa reversa (INNTR)
Son la más reciente generación de medicamentos antirretrovirales. Actúan en la misma etapa que los análogos nucleósidos, pero lo hacen de una manera completamente diferente: detienen la replicación del VIH, aislando directamente la transcriptasa reversa, con lo que previenen la conversión de ARN en ADN.
Análogos nucleósidos
Son la primera clase efectiva de drogas antirretrovirales. Trabajan incorporándose al ADN del virus y así detienen el proceso de construcción. El ADN resultante es incompleto y no puede crear nuevos virus.
Inhibidores de proteasa
Los inhibidores de proteasa trabajan en la última etapa del ciclo de reproducción del virus. Previenen la posibilidad de que la información genética del virus sea ensamblada y evitan que el virus sea expulsado correctamente de la célula CD4 infectada.
Inhibidores de Fusión
Se trata de fármacos que dificultan o impiden la unión del VIH a los receptores que los linfocitos tienen en su superficie, esto es, a las proteínas por las que el VIH tiene gran afinidad.
El proceso de la fusión del VIH con la célula a infectar es muy complejo, no sólo intervienen esas proteínas o receptores que los linfocitos tienen en su superficie, sino también proteínas del propio virus y de la membrana celular del linfocito. De modo que cuando el virus se ancla a la célula, la membrana de ésta sufre una serie de cambios que la hacen permeable al virus y este consigue acceder al interior.
Los IF lo que hacen es evitar o dificultar el anclaje del virus a la célula y, con ello, impedir que la membrana del linfocito se vuelva permeable al virus. Si el virus no consigue su objetivo de introducirse en la célula, no puede reproducirse y su ciclo vital se detiene.

Tipo
Función
Inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleósidos (AN),también conocidos como análogos de nucleósidos
Se trata de la clase de fármacos antirretrovirales (ARV) más antigua; los AN bloquean la capacidad del VIH de copiar el ADN de una célula que necesita para realizar copias de sí mismo.
Inhibidores de la transcriptasa inversa no nucleósidos (NN)
Los NN bloquean la misma proteína que los AN, aunque su composición química es diferente. Si no se emplean en combinación con un AN, el paciente desarrolla resistencia a ellos muy rápidamente.
Inhibidores de la proteasa (IP)
Los IP bloquean la proteasa, una enzima que el VIH necesita para realizar copias de sí mismo. Como grupo, los IP son muy potentes y se toleran relativamente bien.
Inhibidores de fusión (IF)
Se trata de la clase de fármacos ARV más reciente; los IF evitan que el VIH penetre en las células sanas del cuerpo. Este fármaco sólo debe administrarse en inyección subcutánea.

Bibliografía:
Fuente principal: Velandia Mora, Manuel Antonio (2002). Alternativa vital. Manual de consejería pre y posprueba en VIH y sida. Ministerio de Salud, Programa de sida/ Fundación APOYÉMONOS -Fundación Colombiana de Apoyo en Sida, Hepatitis y ETS-. Bogotá, D.C., Colombia.
Sepúlveda Jaime et al (1989). Sida, ciencia y sociedad en México; México: Fondo de Cultura Económica.
Clases de fármacos. infosidas.es


[1] Lentivirus: los retrovirus son una familia de virus; existe un subtipo denominado de los lentivirus, es decir, los virus que actúan continua pero lentamente.
[2] Para que el virus pueda infectar al linfocito, debe insertar su código genético en el código genético de los linfocitos, logrando así que los dos códigos sean compatibles y que el virus se pueda multiplicar a expensas de la información de los linfocitos. Una vez sucede esto, el linfocito se destruye y, de esta forma, el sistema de defensa se ve progresivamente comprometido. El código genético del VIH está compuesto por ARN y es transformado en ADN por la acción de la transcriptasa reversa. 
[3] Lubricante: un mecanismo fisiológico que en las relaciones genitales facilita el acto mecánico de la penetración y que es producida por el mismo organismo para salvaguardar la integridad de la mucosa.
[4] La materia fecal no contiene el virus, sin embargo, es posible que contenga ciertas partículas sanguíneas, las cuales pueden llegar al torrente sanguíneo durante una relación anal con una persona infectada y producir la infección.
[5] Reinfectar: una persona ya infectada puede infectarse nuevamente con una cepa variante del virus, igual o diferente a la que tiene en su organismo y, así, complicar aún más su proceso de enfermedad, más aún cuando la reinfección se produce con virus resistentes a los medicamentos antirretrovirales, ya que en este caso la persona se hace igualmente resistente a dichos medicamentos.
[6] Epitelio: capa de células que recubre las cavidades externas, los conductos del cuerpo y la piel.
[7] Los linfocitos o células T: son un tipo de células de la sangre (glóbulos blancos), en cuyo desarrollo toma parte el timo. Son responsables, en parte, de llevar a cabo la respuesta celular específica del sistema de defensa del organismo o sistema inmunológico frente a los antígenos. Se conoce como antígeno cualquier substancia extraña al cuerpo. Los antígenos movilizan una respuesta inmunológica celular específica cada vez que se introducen en el organismo.
[8] Viriones: virus en proceso de desarrollo. Ahora se sabe que después de un día y medio de la infección inicial, grandes cantidades de viriones nuevos son liberados de una célula CD4, la cual, eventualmente, muere. Los CD4 infectados tienen una vida media de 1,6 días. Estos viriones son retirados del plasma después de una vida de seis horas. Al cabo de este tiempo, comienza un nuevo ciclo de infección de células CD4. Se estima que el 99% del VIH encontrado en el plasma sanguíneo proviene de este ciclo. Se calcula que diariamente se producen 10 mil millones o más de nuevos VIH (viriones) en la persona infectada y que, a su vez, más de 2 mil millones de células CD4 se mueren y son reemplazadas por el sistema inmune.
[9] Inhibidores: medicamentos que afectan negativamente el proceso de replicación del virus.
[10] Transcriptasa reversa: le permite al virus que ingresa a la célula transcribir su código genético ARN (en el que está inscrito el código genético del VIH) en ácido desoxirribonucleico (ADN). Esta enzima convierte la molécula de cadena sencilla ARN (material genético del virus) en una cadena doble de ADN, que es introducida en el material genético de la célula CD4 infectada. La copia ADN actúa como un molde para la replicación del ADN-VIH, el cual es ensamblado como una nueva partícula viral. Para poder infectar al linfocito, el virus debe insertar su código, compuesto por ARN, en el código genético de los linfocitos. Así se logra que los dos códigos sean compatibles y que el virus pueda multiplicarse a expensas de la maquinaria de replicación de la célula. Una vez esto sucede, el linfocito se destruye y, de esta forma, el sistema de defensa se ve progresivamente comprometido.
[11] Proteasa: es una parte de la estructura del virus, necesaria para que éste se reproduzca. La reproducción ocurre en varias etapas y todas deben completarse para que haya nuevos virus. Una vez que las nuevas partículas virales maduran, protruyen (atraviesan) la pared de la superficie celular y prosiguen a infectar otras células CD4, repitiendo el proceso de replicación. Durante una de estas etapas, algunas de las proteínas que se necesitan para crear el nuevo virus forman parte de una cadena larga. Dicha cadena debe ser cortada para poder pasar a la siguiente etapa de reproducción del virus. Una enzima, llamada proteasa, actúa como una ‘tijera’ encargada de cortar la cadena de proteínas. Si la tijera se daña (se inhibe), el virus no puede ensamblarse.