sábado, 22 de marzo de 2008

El caso de los homosexuales en el Partido Liberal Colombiano

Minorías sexuales y participación política: el caso de los homosexuales en el Partido Liberal Colombiano
Velandia Mora, Manuel Antonio
20.12.05


¿Será posible que nuestra gran eficacia para vivir en los más diversos ambientes se vea eclipsada y a la postre anulada, ante nuestra incapacidad de vivir los unos con los otros? ¿Será posible que la humanidad pueda estar llegando a su términoy nuestra civilización verse en peligro, sólo porque el ser humano no ha logrado conquistarse a sí mismo, comprender su naturaleza y actuar desde este entendimiento?
Rolf Behucke

Las distintas anatomías de los cuerpos femenino y masculino no bastan como referencias para registrar las diferencias entre hombres y mujeres ni para explicar los procesos de construcción identitaria.
Marta Lamas

Resumen

Los homosexuales más que otras minorías sexuales han participado en las contiendas políticas electorales colombianas, sin embargo su participación es más de forma privada que como fruto de procesos de construcción de comunidades, tal vez ello se deba a que el proceso de construcción de sus identidades se dificulta en un espacio en que la homofobia socializada no crea las condiciones necesarias y suficientes para desarrollar la identidad particular hasta el grado de evidenciarla públicamente. La cultura, la sociedad y las relaciones sociales, construyen un “modelo” del “deber ser” de la sexualidad, sin embargo cada persona construye con base a ese modelo su propio modelo de la que sexualmente “quiere ser” pero en la práctica y por las necesidades propias de la convivencia y la socialización se ve obligada a “estar siendo”, que es el producto de las relaciones simbólicas entre el “deber ser” y el “querer ser” o más concretamente entre la cultura, la sociedad y lo que cada persona identifica de sí mism@.

Algunos homosexuales y lesbianas han participado activamente como miembros del Partido Liberal o del Polo democrático en los procesos democráticos electorales colombianos, sin embargo, los homosexuales y lesbianas quienes pudieran ser sus electores y electoras no han asistido a las urnas tan masivamente como algunos especialistas y analistas lo esperaban. Cuáles son las razones para que los homosexuales, las lesbianas, los y las transgéneros, los y las bisexuales no se asuman políticamente como minoría y no tengan una participación activa en los partidos políticos.

El análisis que se presenta a continuación se basa en la experiencia participativa del autor como candidato a la Cámara de Representantes en las elecciones de 2002 y al Consejo de Bogotá D. C, en las elecciones de 2003; teóricamente se sustenta en la aplicación de la teorías sistémica, de las emociones como motores de la acción humana, y del lenguaje como generador de mundos construcción teórica que posibilita comprender a los seres humanos como sujetos en permanente construcción de sí mismos y por tanto en continua movilidad de sus identidades y de las de los demás.

Minorías sexuales y participación política

El movimiento homosexual colombiano se funda en 1976[1], sin embargo tan solo en lo que va corrido del siglo XXI los homosexuales han participado activamente en la actividad política partidista; por el partido liberal lo hicieron en las elecciones de 2003 al consejo la lesbiana Claudia Marisol Buitrago Saavedra en Palmira (Valle) y los homosexuales Aroldo Pinedo en Santa Marta, Humberto Tobón en Medellín y Manuel Velandia en Bogotá; por el Polo democrático y en estas mismas elecciones participó Germán Rincón, quien previamente había sido candidato a la Cámara por el Partido Liberal en las elecciones de 2001, y al Senado y en dichas elecciones Manuel Bermúdez por el Polo democrático.

Dicha participación se logró debido a la presión ejercida por algunos homosexuales quienes en el caso del Partido Liberal Colombiano[2] lograron que este aceptara a las minorías sexuales como un sector social con pleno reconocimiento. Es evidente que las minorías sexuales no existen para los políticos tradicionales como también lo es que aun para los liberales los derechos de estas minorías no parecen ser importantes, probablemente porque en su confusión los homosexuales y otras minorías tampoco son “derechos” sino seres extremadamente marginales a pesar de ser una inmensa y desconocida minoría.

En la convocatoria y reglamentación al Primer Congreso del partido Liberal Colombiano realizado en 2003[3], las minorías sexuales no se contemplaban como parte del “sector social” puesto que las únicas minorías sexuales que allí se nombran son las mujeres, razón por la que otras minorías sexuales por razón de cuerpo (travestis y transexuales), orientación sexual (homosexuales o gay -G-, lesbianas -L- y bisexuales -B-), expresiones comportamentales sexuales e incluso de género (transgenerístas -T-) se les dificultó inscribirse al Congreso.

Los principios doctrinarios del Partido (numeral 3) tienen su razón de ser en la promoción del ser humano y la defensa de sus derechos, incluyendo los de equidad y género, a pesar de ello, el partido nunca ha tenido como estrategia comunicativa la posibilidad de tener una perspectiva de género a pesar del reconocimiento del papel político de esta.

Teniendo en cuenta que el Partido, en su doctrina, se compromete a “buscar la solución política a los conflictos existentes en el seno de la sociedad colombiana” y que este es “el Partido del libre examen y de la tolerancia”, y que “en sus deliberaciones internas practicará la crítica y la autocrítica” Velandia propuso:

Que en la Plataforma política y declaración ideológica, del Partido Liberal Colombiano el ítem Principios Doctrinarios del Partido Liberal Colombiano, Numeral 4 quedara escrito de las siguiente manera:

El Partido Liberal tiene su razón de ser en la promoción del ser humano y la defensa de los derechos fundamentales de las personas, entre otros, el derecho a la vida, a la libertad, a la salud, a la educación, al desarrollo cultural, a la equidad, incluyendo la de género, sexo y orientación sexual, a la solidaridad, a la libre asociación, a la privacidad, a la información y a un desarrollo social sustentado fundamentalmente en la educación y la salud pública.

Igualmente formuló que en las convocatorias a los próximos congresos locales, regionales y nacionales o en cualquier otro documento del Partido al hacer referencia a los sectores sociales se redefiniera el concepto de sector social, siendo aprobada dicha propuesta y quedando definida de la siguiente manera:

“El sector social está conformado por las organizaciones sindicales, de pensionados, de campesinos, minorías étnicas, minorías sexuales por razón de sexo, género (como las mujeres), u orientación sexual, jóvenes, dirigentes sociales y de base del Partido, tales como: organizaciones de sectores formales e informales de la sociedad, organizaciones no gubernamentales con propósito social, juntas de acción comunal, asociaciones de padres y madres de familia, ligas de usuarios(as), cooperativas, organizaciones de la cultura, gremiales, empresarios, micro-empresarios, académicos(as), artesanos(as), profesionales, ambientalistas, tenderos(as) y taxistas. Este sector corresponde al 30% de los órganos plurales y colegiados de poder político del Partido, de conformidad con el artículo 17 numeral 2° de los Estatutos.[4]

Con base en la solicitud de Velandia para ser aceptado en representación de las minorías sexuales como candidato al Consejo de Bogotá, la Junta Directiva del Partido Liberal expidió la Resolución Nº 724 de 2003, en la que se habla de los criterios de inclusión en las listas únicas del partido liberal y "por la cual se reglamenta la conformación de listas únicas del Partido Liberal Colombiano a las Juntas Administradoras Locales, Concejos Municipales, Concejo Distrital de Bogotá y Asambleas Departamentales, para las elecciones que se realizarán el 26 de octubre de 2003". Según la resolución, en la integración de las listas para diputados, concejales y ediles, deberán estar representadas las mujeres, las organizaciones sociales y las minorías. Haciendo explícito que en las circunscripciones cuyos concejos estén integrados por más de quince (15) miembros se deberá garantizar un cupo para las minorías sexuales.

Aquí surge un interrogante, si es el Estado quien define las minorías, por qué los homosexuales no son reconocidos en esta condición y deben definirse a sí mismos como tales. De conformidad con el artículo 112 de la Constitución Política “los partidos y movimientos minoritarios tendrán derecho a participar en las mesas directivas de los cuerpos colegiados, según su representación en ellos”, el artículo 176 determina que “habrá una circunscripción nacional especial para asegurar la participación en la Cámara de Representantes de los grupos étnicos (indígenas y negros), las minorías políticas y los colombianos residentes en el exterior”.

Es evidente que para el Estado las minorías parecen ser tan solo las tres ya citadas, sin embargo, según la Corte Constitucional la participación de las minorías tiene como fin “contrarrestar las desigualdades fácticas que existen en la sociedad, en tanto medida de diferenciación positiva; es decir, se trata de una decisión que ubica a un grupo determinado de ciudadanos en condiciones más favorables que las que rigen para la generalidad de la población, como una forma de garantizar su supervivencia colectiva, o de superar las condiciones materiales o sociales desfavorables que les afectan”. Los homosexuales, las lesbianas, los y las transgéneros, los y las bisexuales parecen ser ciudadanos de segunda clase pues a pesar de estar en una condición social desfavorable no son reconocidos minoría.

Adicionalmente, dicho fallo señala que “cabe destacar que la voluntad de la Asamblea Nacional Constituyente, fue adoptar medidas a favor de las minorías con el fin de remediar esa situación desventajosa en que se encuentran, promoviendo su acceso a los diferentes cuerpos colegiados, a la educación y en general a aquellos beneficios que nunca han estado a su alcance". De igual manera se reconoce la necesidad de “proteger algunos intereses de nuestra sociedad colombiana atropellados, marginados, desconocidos, como son los intereses indígenas y de la raza negra” olvidando otros sectores igualmente vulnerados como las mujeres y otras minorías sexuales.

Sólo puede hablarse de una verdadera democracia, representativa y participativa, allí donde la composición formal y material del sistema guarda una correspondencia adecuada con las diversas fuerzas que conforman la sociedad, y les permite, a todas ellas, participar en la adopción de las decisiones que les conciernan. La relación inescindible que se establece entre el pluralismo y la participación en una democracia constitucional como la colombiana, trae como consecuencia inmediata la necesidad de que el sistema representativo refleje al máximo, en su conformación, las distintas alternativas políticas que plantea la sociedad. De ahí que sea importante la lucha del sector de lesbianas, gay, bisexuales y transgenerístas de ser reconocidos como minoría sexual.

Comunidad e Identidades LGBT

A pesar de su lucha y los logros obtenidos en algunos partidos políticos es evidente que los sectores LGBT no participan como minoría muy seguramente porque tampoco se configuran como comunidad.

Según Patrick Morales, el concepto de comunidad contiene en sí mismo la evocación de un relato social univoco (común-unidad) y ordenado, diseñado para construir el bienestar y la armonía. De esta mirada se escapan las múltiples dinámicas sociales e individuales y los nuevos contextos en los que los protagonistas ponen rasgos esenciales que los hacen interlocutores visibles y en los que se muestra su propia imagen reflejada en el espejo (Serge de la Ossa, Suárez Vargas y Pineda Camacho, editores; 2002).

Ese ser únicos y al mismo tiempo seres sociales con unas vivencias, explicaciones y emociones tan particulares dificulta para las minorías sexuales la construcción de la común-unidad muy seguramente porque los homosexuales como las lesbianas, los y las bisexuales y los y las transgenerístas antes de pensarse seres sociales políticos deben pensarse como seres individuales con cuerpos igualmente políticos. Este pensarse y repensarse conlleva la construcción y el reconocimiento de las identidades particulares y el reconocimiento de las diversidades sexuales que se evidencian en la vivencia de cada persona. En tal sentido la dificultad en el encuentro comunitario reposa en la imposibilidad de asumirse masa para redescubrirse actor social particular y homosexual con ciertos aspectos comunes con otros homosexuales, o actriz lesbiana con ciertos aspectos comunes con otras lesbianas.

De esta misma manera un homosexual se descubre estando siendo en una vivencia particular de la homosexualidad que hace parte de la gran diversidad de las homosexualidades y al mismo tiempo es un sujeto que se diferencia en su unicidad de otros quienes se afirman en una identidad similar.

El sujeto ya sea L, G, B o T, aun cuando único se siente, asume y experiencia a sí mismo como un ser escindido en múltiples posibilidades en lo pertinente a los diferentes aspectos de su ser-sistema. La cultura, la sociedad y las relaciones sociales, construyen un “modelo” del “deber ser” de la sexualidad, sin embargo cada persona construye con base a ese modelo el su propio de lo que sexualmente “quiere ser” pero en la práctica y por las necesidades propias de la convivencia y la socialización se ve obligada a “estar siendo”, que es el producto de las relaciones simbólicas entre el “deber ser” y el “querer ser” o más concretamente entre la cultura, la sociedad y lo que cada una identifica de sí mismo.

Desde el “deber ser” social las homosexualidades no deben existir; se espera que los hombres sean machos, masculinos, heterosexuales, machistas y falocráticos y que las mujeres sean hembras, femeninas, heterosexuales y adoradoras del falo, sin embargo los homosexuales son transgresores de dicho “orden”: no se asumen plenamente como machos ya que el macho es quien debe penetrar y la hembra debe ser penetrada y frecuentemente, en una relación genital, dichos roles se intercambian e inclusive algunos nunca ejercen el rol genital “activo” en la relación; no siempre asumen el modelo de la masculinidad puesto que es frecuente que se experiencien en ciertos amaneramientos de género que van desde la asunción de formas comportamentales femeninas hasta el extremo de la machificación del cuerpo con el sobre dimensionamiento y desarrollo de la estructura muscular; no son heterosexuales sino que transitan hacia la homosexualidad; no son totalmente machistas; en sus relaciones con las mujeres suelen ser respetuosos y más equitativos que los heterosexuales aun cuando es frecuente que en sus relaciones de pareja se vivencie algo de este comportamiento; tampoco puede negarse que la falocracia ha perneado las relaciones entre los homosexuales, sus imaginarios y relaciones sociales.

El machismo es una construcción ideológica, una forma de actuar e intercambiar socialmente, de ejercer poder directamente emparentada con el ejercicio del modelo de masculinidad imperante en la cultura. A quienes vivencian ésta situación desde su ser hombres se les denomina machos. El macho o quienes pretenden estarlo siendo se asumen seres superiores a quienes no lo son.

Los machos apoyados por las mujeres y sus proceso de endoculturación en la familia, la escuela, enmarcados por la cultura y las relaciones sociales han construido los imaginarios sobre cómo “debe ser” el comportamiento apropiado para la especie (ya sean hombres o mujeres) y excluyen, estigmatizan, vulneran y marginan a quienes no socializan como típicamente machos.

La separación social entre hombres machos, machos no tan machos, mujeres machas y mujeres femeninas por supuesto no es fruto de un desarrollo racional, sino consecuencia de procesos emocionales, lo que nos llevaría a confirmar el supuesto de que el machismo -y sus consecuencias- son el resultado de la emocionalidad y no de la racionalidad.

El poder autoreferenciado del macho, aceptado por algunas mujeres y homosexuales, ha dado a los hombres, y en especial a los “machos”, una serie de posibilidades para el relacionamiento que se derivan en formas de poder, que se auto y heteroafirman en el poseer uno de los elementos representativos de la imagen corporal del cuerpo del animal macho -el falo-. Este pone a quien lo posee en la escala superior de su especie, en lo que se ha denominado falocracia.

En ésta, tanto las mujeres como los hombres que no asumen el machismo como su referente pleno, son entendidos y asumidos socialmente como grupos a quienes se puede estigmatizar, vulnerar, agredir e incluso, se les considera faltos de hormonas: afirmando que “es la testosterona y no la emocionalidad lo que lleva a los hombres a la aproximación carnal”.

La explicación biologicista del ejercicio de la falocracia olvida que en el proceso de socialización y por los efectos de la cultura los hombres, al convertirse en adultos, aun cuando se afirmen como seres racionales no pueden negar su parte emocional e instintiva. El machismo niega la emoción como una posibilidad condicionada cerebralmente y excluye a todo aquel que aparezca como sensible o exprese su emocionalidad, más aún en situaciones en las que “todo hombre debe ejercer su autocontrol”, como en el duelo, el dolor y en la expresión de los afectos.

Tradicionalmente los homosexuales son una población estigmatizada, excluida, y separada socialmente por diferentes sectores sociales en razón al hecho de no ser tan machos como de ellos se espera. En las zonas en las que en Colombia es más marcado el conflicto con la guerrilla, especialmente con las FARC Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y los paramilitares, estos actores sociales armados se han convertido en los nuevos guardianes del orden moral. Las guerrillas y los paramilitares han obligado a algunas personas homosexuales a desplazarse fuera de sus territorios e inclusive, a las personas cualquiera que sea su orientación sexual a realizarse la prueba diagnostica de la infección por el VIH; esto con la complacencia de las autoridades civiles y militares.

Sin embargo, en estos grupos armados existe una doble moral; por ejemplo, en algunas zonas de conflicto las travestis y/o transgéneros que trabajan sexualmente se les permite estar en la zona si prestan favores sexuales o son informantes, de lo contrario se les obliga al desplazamiento cuado no es que se les asesina por causa de su identidad y su actividad laboral.

El machismo al interior del militarismo, ya sea de derecho, centro o izquierda siempre ha estado presente en nuestro país. Es frecuente la violencia policial contra homosexuales; esta situación afecta muy especialmente a los transgéneros y transvestis que trabajan sexualmente. Entre 1986 y 1991 los grupos denominados de “limpieza social” asesinaron en Colombia a más de 680 homosexuales.

Durante muchos años el ejército colombiano puso en las libretas militares, documento que informa sobre la prestación del servicio militar obligatorio, un texto en el que se leía profesión: homosexual, siendo esta la razón por la que se les excluía de prestar el servicio. A partir de fallos de la Corte Constitucional a tutelas (mecanismo constitucional que se usa en caso de buscar protección estatal en caso de amenaza o vulneración de los derechos fundamentales), ya no se puede excluir a alguien de las instituciones militares en razón de dicha “profesión”, como tampoco del lugar de trabajo, de estudio o de vivienda.

Aun cuando en Colombia desde el Estado por razón de su orientación sexual no se ha excluido de su cargo a maestros, el estatuto docente, norma que los rige, en uno de sus artículos consideraba la homosexualidad causal de mala conducta; artículo derogado por fallo de tutela. En Bogotá las milicias de las FARC, durante 2003, obligaron al maestro Manuel Gaviria a renunciar a su cargo como maestro en una escuela elemental teniendo como excusa para el “boleteo” su homosexualidad.

Manuel Bermúdez, de la organización Ciudadano Gay con sede en Medellín y quien fuera candidato al Senado en las elecciones de 2002 fue “boleteado” por grupos paramilitares durante su campaña; Manuel velandia, siendo candidato a la Cámara en las elecciones de 2002 fue victima de un atentado con una granada lanzada a su residencia por grupos opositores a su actividad. León Zuleta, cofundador con Velandia del Movimiento homosexual colombiano, fue asesinado en 1994 por razón de sus trabajos en derechos humanos.

“En todas las sociedades la avasalladora fuerza de la sexualidad, de la pulsión sexual, es celebrada, temida, reglamentada y simbolizada. Cada sociedad establece una distinción entre lo que considera "normal", aceptado como sexualidad sana, y lo que considera "anormal", conceptualizado como sexualidad enferma o problemática. Pero al revisar transhistórica y transculturalmente a todas las sociedades humanas, encontramos que cierta práctica sexual es respetada en unas culturas y en otras es repudiada. De forma sutil e insidiosa, la cultura inviste al acto sexual de cierto significado: valora o denigra algunas conductas. Cuando una sociedad condena determinados tipos de comportamiento, los obliga a llevar una vida subterránea o una existencia clandestina.” (Lamas, 1996).

Las experiencias particulares de los homosexuales en el vivenciar, emocionar y explicar el cuerpo trascienden las construcciones teóricas de los especialistas que pretenden ser interpretativas de las sexualidades y las identidades. También es claro que el “deber ser” de la sexualidad que ha sido socializado no logra incluir a las personas consideradas marginales, en especial a quienes vivencian y construyen relatos sobre su cuerpo, la percepción de sí mismos y sus relaciones con una singularidad tal que al tratar de identificárseles socialmente las construcciones explicativas vigentes en la cultura no son suficientes para definirlas y mucho menos para comprenderlas.

Estas condiciones de los homosexuales evidencian que las formas habituales de entender la identidad de una persona con respecto a la orientación sexual no dan respuesta a este otro orden que parece totalmente opuesto a lo normativo en materia sexual. En este caso la identidad necesita de nuevos elementos que permitan entenderla de una forma más compleja para acoger nuevas variaciones en su construcción en cuanto a las manifestaciones y vivencias sexuales.

Para hablar de identidad se retoma, entre otros, el concepto trabajado por Peter Wade (Serje y otros, 2002) quien la entiende como “la idea y la sensación de seguir siendo lo mismo a través del tiempo”. Para dicho autor, “en el mundo postmoderno los seres construyen identidades efímeras con los retazos culturales que encuentran en sus andares”. En el diccionario de uso del español de Moliner (1983) identidad es “la cualidad de idéntico, la relación entre cosas idénticas y la circunstancia de ser efectivamente la persona que se dice ser”. En el Diccionario ideológico Vox es el “hecho de ser una persona o cosa la misma que se supone o se busca” (1998).

Las ideas expuestas por Moliner y en el diccionario Vox conducen a la posibilidad de la movilidad. Para Moliner se expresa dicha movilidad en el énfasis en “la circunstancia de ser lo que se dice ser”. El concepto circunstancia hace referencia a un “accidente de tiempo, lugar, modo, etc., que está unido a la sustancia de algún hecho o dicho”; accidente no es algo permanente sino algo que sucede ocasionalmente. Tanto en Moliner como en Vox, “lo que se dice ser” y “lo que se busca” pueden relacionarse directamente con lo “efímero” de la identidad expuesto por Wade.

Recalcando el concepto de movilidad, la idea de que se construye en la cultura y enfatizando algunos principios de los paradigmas propuestos para el análisis, identidad sería entonces: la idea y la sensación móviles que tiene el ser humano, en una sociedad y tiempo concretos, de ser lo que busca ser con relación a la cultura, a otros seres en su entorno y consigo mismo, y de seguir siéndolo en el transcurso del tiempo. Esto implicaría que la identidad es un acto consciente por un lado y que se establece como necesidad para la socialización. Pero que a través de la educación se provee de un modelo de esta que hace posible la perpetuación de la cultura.

La identidad se explicó durante mucho tiempo desde su concepción clásica es decir como un algo inmutable, eterno y atemporal, en las que identidad y ser son lo mismo, por provenir dicha aproximación teórica de consideraciones matemáticas (A igual A). A continuación explicaré el aspecto de movilidad de la identidad desde el modelo sistémico.

Esto implica que desde las epistemologías convencionales o positivistas se vea el mundo de una manera lineal y se asuma la identidad aferrada a una voluntad lógica y lineal, lo cual se encuentra lejos de ser. Hoy se sabe que las trayectorias que parecen tan reales son idealizaciones: el mundo reversible es sólo un caso particular de la realidad. En un mundo determinista, la irreversibilidad no tendría sentido, ya que el mundo de mañana estaría ya contenido en el mundo de hoy. Con la termodinámica, surge el desafío a la física clásica; la segunda ley hace la clara diferencia entre procesos reversibles e irreversibles.

No se pretende con esta explicación un modelo de la identidad basado en la física sino explicar basado en los aporte de la física al modelo sistémico como desde este ultimo se puede explicar la construcción de la identidad.

El ser humano es un sistema abierto, y todo sistema se experiencia en un continuo recibir, transformar y dar energía. Toda persona está en permanente movimiento y por tanto en constante cambio; lo que nos lleva a aceptar que como persona no se es un ser terminado sino en permanente desarrollo: un ser dinámico, un(a) ser que está siendo en cada momento. Se está siendo en el encuentro con el otro o la otra, en una cultura y sociedad, cada uno se experiencia en el cotidiano, en cada tiempo y espacio, a partir de las vinculaciones que establece en razón de ser ecosistémicos.

En ese constante estar siendo hay algo en el ser que es esencial: lo que ha vivido, se es histórico. Cada situación que se experiencia en el encuentro tiene como fuente lo vivido y lo trascendido. Aun cuando en esencia se está siendo el mismo se han generado una serie de cambios que transforman la identidad; todo cambio es viable a partir de los aprendizajes, experiencias y emociones vivenciados previamente por tal razón la identidad es evolutiva. Si las reflexiones que la persona se hace están directamente relacionadas con su experienciación de estar siendo travesti necesariamente como lo es ahora no lo fue desde siempre sino que se ha venido siendo en dicha identidad de manera dinámica.

No se tiene una identidad como algo construido y terminado, se está siendo y haciendo una identidad de manera dinámica en relación consigo mismo, con los demás y con la cultura a partir de cómo la persona se experiencia a sí misma y con relación a las demás, explica dicha situación y se emociona con ella.

Una de las propiedades de los sistemas vivos es su contextualidad. Para la comprensión del sistema se debe pasar de entender sus elementos de manera simplificada, aislados y desligados unos de otros, para percibirlos como productos, productores y transformadores de los contextos en los cuales están inmersos, razón por la cual también lo son de la cultura. Los sistemas no pueden ser comprendidos por un método que aísle, desligue, simplifique, unicausalice, por cuanto existen en una compleja trama de interrelaciones que los determinan. En el caso de los sistemas vivos estos lo son gracias a esas relaciones con el medio, a lo que se ha denominado acoplamiento estructural con el medio.

Al intentar comprender la identidad esta debe ser entendida en su contexto y quien desea comprenderla debe reconocer que igualmente está influenciado por su propio contexto y por aquello que está en capacidad de observar o distinguir.

En tal sentido Peter Wade considera que las identidades se establecen por medio de repetidos actos de representación, es decir de identificación y que las diferencias que construyen la identidad tienen que ser marcadas, observadas e indicadas por unos sujetos en la vida cotidiana, en tal sentido la identidad es algo que se vuelve a establecer o a reforzar con cada identificación (Serje y otros, 2002).

La cultura y la sociedad fabrican las ideas de aquello que la persona “debe ser” para alcanzar el orden social y desde ese patrón de oposición binaria toman forma en las personas las prácticas, ideas, discursos y representaciones sociales por las que son reconocidas o estigmatizadas. En la aproximación contextual el sujeto debe pensarse a sí mismo a partir de la mirada externa (Agier, 2000). El sujeto construye desde lo particular, para sí y a partir de lo que le han dicho o ha entendido que “debe ser”, una identidad que puede entenderse como aquello que “quiere ser”. Este querer ser siempre tendrá como referente el “deber ser” ya sea para aceptarlo o negarlo en parte o totalmente.

Velandia (1999) plantea que “el proceso de construcción del "querer ser" implica una ruptura entendida como una toma de posición frente al "deber ser", el prefiere no llamar a este hecho proceso de identificación sino proceso de identicación. Nominándolo así, porque cada persona lo construye teniendo como referente sus propias vivencias y sentimientos, es decir, a partir de la conciencia de su “querer ser”, de lo que considera que quiere, desea y necesita para si. Identicarse significa que en las experiencias y las vivencias del "querer ser", la persona se reafirma hasta el momento en que logra identificarse con su deseo; en ese momento estaría identicado con su "querer ser". El "querer ser" prima sobre el "deber ser" en la medida en que reafirma el desarrollo de la estructura de identidad sexual”.

Los seres humanos en su proceso individual de "querer ser" pueden reelaborar el deseo y redireccionarlo. Incluso, una vez han llegado a la identicación de un deseo, pueden pensar en el reconocimiento de otro deseo e iniciar un nuevo proceso. Por ejemplo, algunas personas en la comunidad consideran que algunas prácticas no son adecuadas o pueden ser antinaturales o anormales, pero cada persona valora y describe para sí su expresión; para ello acepta o niega dicha valoración de acuerdo a lo que ha decidido que quiere para sí.

Las personas son reconocidas en una identidad que es construida y reconocida desde fuera: su identidad social. Su identidad particular está relacionada con su “deber ser”, pero en sus procesos de socialización no viven dicho “debe ser” como tampoco su “querer ser” dado que las representaciones sociales y culturales y su cruce de miradas (familiares, escolares, eclesiales) afectan su propia construcción subjetiva.

Como respuesta a aquello que ya hemos denominado acoplamiento estructural con el medio, en sus interrelaciones es traicionado, por efecto de la presión social, aquello que “quieren ser” y se ven obligadas a “estar siendo” asumiendo como identidad y vivencia una mezcla entre aquello que “se espera que sean” y lo que ellas mismas “desean ser”. El “estar siendo” es el producto de las relaciones simbólicas entre el “deber ser” y el “querer ser” o más concretamente entre la cultura y la sociedad y lo que la persona identifica de sí misma. O sea que la identidad es el efecto de la representación particular del mundo y el sí mismo, lo individual.

Género y contextualidad

Según Velandia (1999), la sociedad, y al interior de ella los propios hombres homosexuales, han discriminado a quienes no asumen el patrón de macho. A éstos se les ha estereotipado y se les ha llamado «locas». Son entendidos como «caricaturas» en la oposición entre lo masculino y lo femenino, como la negación del ser macho. Se tiende a creer que la «loca» asume como sus formas de producción e interacción las consideradas propias de la mujer. También se les ha llamado «maricas», originalmente, diminutivo de María. Entonces, ser «marica» es ser «mujer», o por lo menos ser contemplado socialmente como tal.

Los hombres homosexuales, o por lo menos una inmensa mayoría de éstos, hacen una doble lectura de su ser. Por un lado juegan a «ser machos», por otro, niegan en los otros hombres homosexuales la posibilidad de ser algo distinto al macho. El lenguaje discriminatorio y excluyente no es propio del heterosexual macho; lo es también del hombre homosexual, quien ante el temor de “no ser tan macho” prefiere marcar la diferencia con aquellos que hacen parte de su propio ghetto (con aquéllos que asumen un lenguaje propio no machificado e identificado como de «loca» y «marica»).

En general los hombres homosexuales catalogan como «plumas» aquellos amaneramientos considerados femeninos que asumen sus congéneres y que se niegan a aceptar que poseen por sí mismos.

En ellos la lógica del género se construye inicialmente desde el “deber ser” por asignación sexual de los padres y madres quienes lo hacen desde la lógica binaria a partir de la diferencia anatómica y la diferencia sexual en la que se organiza la sociedad, siendo su identidad asignada la masculina.

Para los homosexuales y las lesbianas el contexto es determinante. Para la investigación realizada por Velandia y citada en el libro “Y si el cuerpo grita… (dejémonos de maricadas,1999) se definió la pluma como el salirse del margen de los comportamientos esperados, ya sea acentuando o negando los arquetipo del “deber ser” para lo masculino y lo femenino. En dicha investigación el 47% de los homosexuales y el 49% de las lesbianas consideran que tienen plumas. Los hombres opinan en mayor proporción (30%) que las mujeres (9%), que las plumas se adquieren al entrar al mundo gay; un 22% en ellos y un 24% de ellas consideran que es innata. El 40% de los hombres cree que son innatas pero se desarrollan en el ghetto gay. Un 43% de las lesbianas tiene la misma opinión.

De los hombres homosexuales, el 48% reconoce que tienen plumas femeninas. El 18% de ellas considera que tiene plumas masculinas; Las mujeres (61%) en mayor proporción que los hombres (42%) creen que sus plumas son tanto másculinas como femeninas. Ello se debe a que el temor a ser señalados como homosexuales o lesbianas los obliga a exagerar actitudes propias de su género. Esta negación los lleva a separarse de esos «otros» a los que ven plumosos, quienes a su vez observan lo mismo de ellos. Bien podría concluirse que si lo que convierte en “loca” o «macha» a alguien es asumir dichos amaneramientos, todos los homosexuales son «locas» y las lesbianas «machas», ya que el amaneramiento no es necesariamente homosexual o lésbico, pero sí bastante evidente en muchos de ellos.

Quien teme no ser macho también ha de negarse aquello que pueda significar no serlo, de ahí el temor a comunicarse desde la ternura o a aceptar que se disfruta siendo penetrado, siendo “débil”. Ser penetrado es una cualidad propia «del sexo débil». Porque quien penetra de alguna manera parece conservar la penetración, ese algo de la esencia socializada del «ser macho», o más correctamente, del “ser hombre”. Ya que ser homosexual socialmente es asumido como negarse a ser hombre, quien penetra cree permanecer en el juego social del macho.

La movilidad de la identidad también se la da su condición situacional. Según Velandia (1999), algunos homosexuales y lesbianas frecuentan algunos espacios de socialización (cines, videos, bares, saunas, baños en centros comerciales, parques, apartamentos) aun cuando consideran que previamente se construyen en lo que se ha denominado ghetto de apartamento, lugares que por sus propias condiciones de oscuridad, clandestinidad o aislamiento, posibilitan acercamientos de tipo erótico, o que por sus posibilidades de intercambio social posibilitan la asunción de los afectos, elementos que hacen parte del proceso de construcción de la identidad de orientación sexual.

Para Mitchell, citado por Agier, el granero cultural se construye y utiliza según las selecciones situacionales, lo que puede hacer que sus componentes se vuelvan diversos y contradictorios. La identidad remite a una situación espacial (aquí) y temporal (ahora) y a lo que sucede en la persona y en su relación con las demás. La representación puede contemplarse desde dos ámbitos diferentes: el social y consigo mismo. La vivencia personal de la temporalidad y espacialidad determinan una forma particular de asumir el mundo a la cual llamaríamos identidad (haciendo énfasis en la función histórica del constructo).

Los sistemas sociales no se producen en el vacío, aislados completamente de otros fenómenos, por el contrario, tienen un entorno, es decir, están rodeados por otros fenómenos sociales y culturales que igualmente están sucediendo en otros seres y que usualmente incluyen a otros más con quienes se están relacionando.

Para velandia (1999), Todas las personas pasan por unas etapas en el proceso de la construcción de la identidad sexual, siendo este un proceso continuo y evolutivo en el que cada paso genera el posterior.

En esta construcción, tanto hombres como mujeres tiene deseos, acercamientos e incluso contactos afectivos, eróticos, y genitales. Estos se pueden presentar con personas de cualquiera de los dos sexos, sin que ello determine en las personas una orientación sexual específica, pero si es un elemento que puede apoyar la decisión hacia una orientación sexual. Esta situación puede crear conflicto en las personas cuando consideran que cualquier deseo y acercamiento a otras del mismo sexo es un acto que los determina como homosexuales o lesbianas. Quienes asumen orientaciones sexuales consideradas al margen, usualmente hacen más consciente este proceso; sin embargo, algunas personas con determinadas orientaciones sexuales diferentes a la más aceptada socialmente -la heterosexual- pueden negarse consiente o inconscientemente a culminar dicho proceso.

En el argot de la población homosexual se han identificado dos pasos en el proceso de construcción de la identidad de orientación sexual homosexual y lésbica, al primero de ellos se ha llamado “estar en el closet”; al segundo se le ha denominado “salir del closet”. Esta salida puede producirse por el “outing” (que otros hagan pública la orientación sexual, utilizando para ello medios masivos de comunicación).

Velandia (1999) ha definido cuatro etapas por las que atraviesan todas las personas en el proceso de identicación de su orientación sexual: coming in, coming out, establish itself y Self made. Éstas, aun cuando se presentan la una a continuación de otra, se manifiestan en tiempos diferentes en cada persona, y generalmente se superponen los momentos finales de una etapa del proceso con los momentos iniciales de la siguiente etapa del mismo.

El mundo es relacional y los sistemas (seres humanos) que lo componen tienen identidad en virtud del tipo de relaciones que establecen y en las cuales están inmersos, y de las propias e inherentes particularidades que nos permiten distinguirlos de los demás y que los determinan como tales.

Las demás personas que parecen no hacer parte del proceso de relación interpersonal o grupal, igualmente participan jugando un papel activo no solo porque hacen parte del entorno en el que se realiza el encuentro, sino porque además sus construcciones subjetivas -que se construyen en el aportar y recibir emociones, conocimientos y experiencias- de las misma manera generan otras emergencias o representaciones identitarias. Existen dos sistemas de representaciones, las sociales (lenguaje y significado oficial) y las individuales (significancia que tiene para cada persona ya sea quien identifica al otro o quien se identifica a sí misma).

La situación y el entorno en el que las personas se interrelacionan tienen una serie de características que influyen en el tipo de construcciones identitarias que entre todas y cada una producen. Sin embargo debe evidenciarse que el ser humano a diferencia de los otros seres vivos además de actuar en congruencia con el medio y la sociedad (al contexto), y a partir de sus representaciones (lo situacional), debe actuar en congruencia consigo misma.

Velandia explica que buscando espacios que le posibiliten explicitar la orientación sexual, la persona intenta comentar su situación con quienes cree tener seguridad suficiente y siente que puede fiarse. Dependiendo del grado de confianza que tenga con los amigos del colegio, del vecindario, de la universidad o del trabajo, el proceso se da hacia estas personas, encontrando tres tipos de respuesta principalmente; la de censura, la de aceptación y la de “compasión”. El grupo de personas que rodean a la persona, generalmente compuesto por heterosexuales, asume con sorpresa y curiosidad la declaración. Este “desahogarse” proporciona una ayuda al autoestima en la medida en que la persona no se siente aislada del mundo, pero no plantea soluciones reales a sus necesidades afectivas-eróticas, lo cual aun cuando lo tranquiliza lo lleva a buscar espacios donde éstas puedan ser satisfechas, o por lo menos intenta saciar de alguna manera su curiosidad.

Todo conocimiento es una representación de la realidad, de ahí que la epistemología constructivista plantea que el conocimiento se hace posible al percibir, distinguir y significar observaciones, teorías, vivencias, haceres, cuyos resultados constituyen las bases para la emergencia de otras nuevas percepciones, distinciones y significaciones.

Para el ser humano, el acto de conocer implica un juego en el que se suceden estos tres momentos que son interrelacionados, interafectados e interdependientes; es decir, la cognición opera en tres dimensiones: la persona conoce algo en la medida que lo distingue como algo, lo percibe como algo y lo significa para algo.

Cada persona, por su historia particular, ha venido configurando un sistema cognitivo que lo lleva a percibir, distinguir y significar de manera distinta y única, de ahí su necesidad de actuar en congruencia consigo misma respondiendo desde esa realidad que ha construido para sí. Aunque aparentemente quienes conversan se encuentran en un cierto contexto relacional, dicho contexto y lo que ocurre en cada uno de los interlocutoræs tiene un fondo particular e invisible de intenciones, inquietudes, intereses, emociones, significados y sentidos, de tal manera que la danza que es la conversación es una danza de icebergs: lo que ocurre en la estructura de cada bailarín(a) está oculto a su pareja de baile. Cada uno(a) está percibiendo del(a) otro, el medio en que se encuentra y de sí mismo lo que sus perceptores le permiten.

Otra alternativa es dirigirse a personas en quienes ha observado comportamientos que identifica como manifestaciones de alguien que tiene su misma orientación sexual. En ellas suele encontrar cierta apertura, pero generalmente son un camino más directo a los ghettos, lugares en los que generalmente es difícil encontrar personas con la sensibilidad y el tacto que implica apoyar a alguien que siente que lo que esta pasando en su vida es realmente difícil.

El Coming Out generalmente se logra tan solo hacia grupos pequeños de personas, primordialmente de la misma orientación sexual y en lugares públicos exclusivos o de uso mayoritario para estas personas. Estos grupos no generan comunidad como tal y su sentido político de la sexualidad en muy bajo, razón por la que no suelen ser fuente de procesos sociales o la motivación a una participación política más activa en la lucha por sus derechos civiles.

El coming out induce a una doble experiencia de vida: la del ghetto (bar, sauna, video, apartamento) y de los espacios íntimos (familia, escuela, trabajo). En el ghetto la persona se reconoce a sí misma homosexual o lesbiana, en este espacio encuentra “amigos”, gente con quien hablar, o simplemente personas a quienes observar desenvolviéndose con “naturalidad” con otros de su misma orientación sexual. Quienes recién acceden a estos lugares suelen tener aun mucho temor de ser identificados ingresando a ellos, inclusive ser reconocidos por otras personas, así ellas frecuenten esos mismos lugares. Para ellos es evidente que su identidad se construye dentro, desde y en la competencia al interior del ghetto; en la medida en que están inmersas en él manifiestan un rompimiento cada vez mayor con el “deber ser” socializado.

El ser humano percibe tan solo aquello para lo que está en posibilidad de hacer distinciones. Percibimos con nuestros sentidos, al igual que los otros seres vivos, pero distinguimos a partir de nuestros sistemas de percepciones teóricos, experienciales y emocionales. Los homosexuales perciben desde lo que están preparados para conocer.

Actuar en congruencia con el medio, consigo mismo y con la sociedad no se hace mediado únicamente por procesos lógicos racionales sino también desde lógicas construidas de acuerdo con las historias emocionales.

La necesidad de actuar en congruencia consigo mismos confronta a los homosexuales entre su “querer ser” y su “deber ser” hasta el punto en que muchas veces en la construcción de su identidad, en los procesos de socialización, se ven obligados a “estar siendo” en una experiencia heterosexual. Este tránsito es generalmente una ilusión particular: por ejemplo, para quienes se relacionan con ellos a pesar de dicho transito siguen viéndolos como homosexuales en crisis y para quienes los conocieron antes del transito de lo homosexual a lo heterosexual, siempre seguirán siendo homosexuales.

Disponerse emocionalmente para conocer es posible desde el significado que le damos a éste y al actuar. Lo que el ser está valorando como significativo, lo significa porque lo valora, ya sea como útil o indiferente, y desde esta valoración se pone en disposición para conocer y para actuar. Para los homosexuales que reasumen masculinos, así otros no los vean como tales es difícil separar la ilusión de su percepción.

La identidad es ilusión porque si comprendemos que la realidad se construye desde una ontología y sabemos que esta no necesariamente tiene que ser objetiva sino que puede ser constitutiva, entonces comprendemos también que el criterio de validez de la realidad del otro o la otra se da a partir de la efectividad que pueda tener para el observador(a) y de las condiciones en que ve o escucha.

La ilusión particular conlleva el deseo de ser frente al otro o la otra, de que la mirada del(a) otro coincida con lo que yo quiero mostrar; y es así, como en la descripción de lo que le sucede, la persona junta el explicar con su experiencia de lo que quiere explicar. La identidad es ilusoria igualmente porque parte de recibir desde el otro un nombre, una imagen que aseguran que se instaure una voluntad y una idea de unidad sin la cual no se puede sostener.

Los homosexuales en su proceso de coming in suelen creer que los demás no logran darse cuenta de su homosexualidad y se les hace imposible creer que los perciban homosexuales, igualmente sucede cuando ellos consideran no tener “plumas” pues esperan ser reconocidos masculinos.

La identidad se posibilita en la construcción de acuerdos o más concretamente en la posibilidad de aceptar diferentes realidades y validar las diferentes explicaciones.

Para los homosexuales que deciden romper con el bloque familiar y construir una relación de pareja en la que se comparte el espacio vital esto es de gran importancia en la reafirmación de su identidad y a pesar de los comentarios que esto causa o del rompimiento emocional y espacial que se genera continúan incrementando poco a poco y en algunos casos de manera permanente dichos cambios. Desde los dominios explicativos de los padres y familiares las explicaciones suelen ser diversas. Algunos de ellos afirman que sus familias prefieren ignorar la situación y no visitarlos o considerar que su hijo “ha muerto”, a otros los reconocen en la misma categoría que a las parejas de sus hermanas y hermanos heterosexuales, para otras la familia se “aguanta” porque ve en ellas una fuente de ingresos y prefieren “hacerse los de la vista gorda”, algunas más reciben tal presión social que se ven obligadas a comprometerse con sus familiares adultos a asumir cambios en los roles e inclusive a retornar al hogar como una estrategia para no romper el vinculo familiar.

Desde el enfoque sistémico se entiende tanto al ser humano y a la sociedad como sistemas y las identidades como emergencias sistémicas. Dadas las propiedades de los sistemas vivos (Velandia, 2003) se puede concluir que los enfoques contextual y situacional son complementarios y además interrelacionados, interafectados e interdependientes, pero además que en la construcción de la identidad, como ya lo hemos visto, juega un papel fundamental el encuentro consigo mismo ya que desde él se construyen las representaciones y se valida el contexto.

Para Marta Lamas (1996), la lucha por redefinir una nueva legitimidad sexual, en la que participan activistas gay, lesbianas y feministas, tiene que difundir una explicación sobre la homofobia. Para ella no basta con denunciar los discursos que imponen significados negativos a las identidades homosexuales; para enfrentar la homofobia hay que mostrar la genealogía de los arreglos sexuales vigentes y entender cómo opera el sexismo que regula socialmente la vida sexual. Hay que saber que la libido es idéntica en hombres y mujeres y que es la cultura --y no la "naturaleza"-- la que impone restricciones a las exigencias pulsionales.

La heterosexualidad tiene hegemonía cultural porque, por el peso simbólico de la reproducción, la ideología dominante católica la ha hecho aparecer como la opción "natural", como el mandato de Dios. Pero eso no la hace ni más natural ni menos antinatural que las otras sexualidades. Tratar de comprender la construcción de las identidades desde los procesos que explican, vivencian y emocionan las travestis es una forma de darse cuenta que existen sectores aun más estigmatizados incluso por las feministas, lesbianas, bisexuales y homosexuales, como también una manera de evidenciar que las construcciones teóricas parecen aproximarse más a la comprensión de aquellos que parecen menos anormales.

No puede negarse que los homosexuales y lesbianas en Colombia han logrado ciertos derechos, desde 1991, a partir de la nueva Constitución y desde la Corte Constitucional se han emitido sentencias y/o conceptos de algunos magistrados a favor de la Igualdad de Derechos para todas las personas: Heterosexuales, homosexuales, lesbianas y bisexuales. Así mismo se han proferido fallos de tutela sobre las relaciones entre homosexuales y entre lesbianas.

En Diciembre de 1993 la Corte Constitucional autorizó a un hombre a cambiar su nombre masculino por otro femenino que correspondía a su identidad personal. En Julio de 1993, la Corte dijo que la homosexualidad no es un impedimento para servir a la Patria y que “la sanción de una persona por razones provenientes de su homosexualidad no puede estar basada en juicio de tipo moral, y mucho menos puede ser motivo de exclusión de una institución”.

En Marzo de 1996, se protegió el Derecho a la Libre Opción Sexual. En Abril de 1996 se protegió la libre identidad sexual y dijo que la conducta y el comportamiento homosexuales tienen el carácter de orientaciones válidas y legítimas de las personas.

En Marzo de 1998 se tuteló el derecho a la educación. En Septiembre de 1998 se debatió e impugnó el Estatuto Docente que en su Art. 46 contemplaba que la homosexualidad constituye mala conducta o ineficiencia profesional. En 1998 se realizó en una notaria de Bogotá el primer “matrimonio homosexual” celebrado en el país, registrado mediante Escritura Pública. O más correctamente la oficialización de un convenio económico en el que consta que la sociedad la constituyen dos personas explícitamente homosexuales.

En Julio de 1999 la Corte Constitucional dijo sí a lo homosexuales en las fuerzas militares, advirtiendo que pueden revelar su condición sexual pero que están sometidos a las mismas normas de conducta que los heterosexuales.

La comprensión de la construcción de las identidades sexuales es una manera de aproximarnos a la comprensión de un mundo en el que las diversidades en razón de las unicidades deben ser reconocidas, valoradas y respetadas como la experiencia valida que determina como persona sujeto de derechos a cada uno de nuestros conciudadanos.

Dicha comprensión, para los y las heterosexuales, debe pasar por entender, asumir y valorar la historia de la sexualidades y en su interior, por ejemplo que: la heterosexualidad es un invento reciente e incluso posterior a la homosexualidad; los homosexuales y lesbianas tienen derechos civiles, tal y como lo han reconocido recientemente un buen numero de países; y que los derechos humanos son también derechos sexuales.

De igual manera los sujetos miembros de las minorías sexuales deben reconocer-se sujetos de derechos y en tal sentido exigirlos y vivirlos, autorizarse a construir comunidad y darse cuenta de que los demás por ser únicos explican, vivencian y se emocionan de una manera particular que en general no se vivencian en contra del otro sino como un ejercicio constructivo de su propia identidad, una identidad que no es sino que esta siendo como también lo esta siendo el sujeto que se construye a si mismo. La comunidad homosexual debe evidenciar que son muchos más sus puntos de contacto que de diferencia con otros sectores sociales igualmente discriminados como las mujeres, las etnias o los y las jóvenes.

Bibliografía

1 Asier, Michel; (2000). La antropología de las identidades en las tensiones contemporaneas. En Revista Colombiana de Antropología. Volumen 36, enero-diciembre 2000, Pág. 6-19.
2 Diccionario Ideológico de la lengua española VOX; (1998). Bibliograf S. A. Barcelona. Echeverría. R. (3ª Ed.). (1996). Ontología del lenguaje. Dolmen Ediciones. Santiago, Chile.
3 http://www.manuelvelandia.com/Comunicacion/laepistemologiaholistasistemica.htm
4 Lamas Marta; (1995). Cuerpo e identidad. En Genero e Identidad ensayos sobre lo femenino y lo masculino; Arango, Luz Gabriela; León, Magdalena; Viveros, Mara. Tercer Mundo Editores, Ediciones Uniandes, U. N. Facultad de Ciencias Humanas. Bogotá. Pág. 62-79.
5 Lamas Marta; (1995). Explicar la homofobia, en Letra S, No. 2, septiembre de 1996 (México).
6 G. Thiers y A. Lemperur; (1975). Diccionario general de ciencias humanas. Cátedra. Madrid.
7 Maturana, H. (1997). Emociones y lenguaje en educación y política. Dolmen. Bogotá.
8 Prigogine, Ll. (1996). El tiempo y el devenir. Gedisa.
9 Riera, E. del C.; (2001). La complejidad: Consideraciones epistemológicas y filosóficas. Universidad Nacional de Santiago del Estero. Argentina.
10 Velandia Mora, Manuel Antonio; (2003). Estrategias para la Formación en la Convivencia Democrática. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá.
11 Velandia Mora, Manuel Antonio; (1999). Proceso de construcción del “querer ser” o proceso de la identicación. En Y si el cuerpo grita… (Dejémonos de maricadas). Editorial Equiláteros. Bogotá.
12 Morales, Patrick. Comunidad, en Palabras para desarmar. Serge de la Ossa, Margarita Rosa; Suárez Vargas, Maria Cristina; Pineda Camacho, Roberto (editores); (2002). Ministerio de Cultura, Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Bogotá. Pág. 65-73.
13 Partido Liberal Colombiano (2003). Resolución Nº 724 de 2003. Bogotá.
14 Partido Liberal Colombiano (2003). Nuevos estatutos, plataforma ideológica y código disciplinario. Bogotá.

[1] Los fundadores del Movimiento Homosexual Colombiano son León Zuleta en Medellín y Manuel Velandia en Bogotá, en 1976.
[2] Nuevos estatutos, plataforma ideológica y código disciplinario. Partido Liberal Colombiano. 2003
[3] Convocatoria y reglamentación al Primer Congreso del partido Liberal Colombiano. Artículo 2º. Bogotá, 2003
[4] Convocatoria y reglamentación al Primer Congreso del partido Liberal Colombiano. Artículo 2º. Bogotá, 2003

Manual para gozarse la vida

Tips para un sexo divertido pero libre de riesgo
2005 dic

Manuel Velandia Mora
[1]
E-mail: investigadormanuelvelandia@gmail.com
© Registro del autor.



¿Es seguro el sexo?
Esta pregunta nos la hacemos cuando el tema aparece en la vida cotidiana y si tenemos algún temor de infectarnos con el virus del sida, pero es casi frecuentemente para quien recién se recibe un diagnóstico en el que se le informa que está viviendo con él; igualmente, vuelve a nuestra mente, estemos infectados o no, cuando nos encontramos con alguien que parece ser el príncipe azul o la princesa fucsia en el tono perfecto y se nos ocurre que existe la posibilidad de “profundizar el dialogo” encontrándonos de maneras “algo más integradoras”.

Una forma de responder a la pregunta sería afirmando: ¡El sexo no es seguro! Bueno, es evidente que ni siquiera lo tenemos “seguro” con la pareja oficialmente constituida, ya que es posible que ante la expresión de nuestro deseo nos responda que le “duela la cabeza”, en ese momento llegue la tía de visita y se “dañe todo”, o simplemente, que el estrés, fruto de las tensiones de la vida cotidiana, haga que alguno de los miembros de la pareja ni siquiera se le “pare” o como dicen algunos, más clásicos con el lenguaje, no se logre la erección.

En otras oportunidades la pregunta nos remite a una concepción sobre cómo vivir la vida genital; frecuente, en los programas informativos y preventivos, se provee a l@s usuari@s información a la que han denominado “sexo seguro”; con ello se refieren a practicas genitales adecuadamente protegidas, pero, surge entonces una nueva pregunta

¿Es el Sexo algo inseguro?

Este el interrogante que se plantean hombres y mujeres cuando oyen hablar del tema. Yo creo que no hay sexo seguro. Que al sexo no se le debería dar esa denominación; por ejemplo, es evidente que el sexo es divertido, con él se pasa muy bien en su ejercicio; incluso, se considera que desarrolla la capacidad intelectual, la tonicidad muscular y el ritmo cardiaco, sin embargo, no se puede negar que si no se tiene la protección adecuada puede llegar a verse afectada la salud e incluso la vida.

¿Por qué tanta construcción teórica al respecto y tanto miedo alrededor de él?
Probablemente se debe a que luego de oír hablar a algunas personas de la sexualidad en los tiempos del SIDA, pareciera que como alternativa tan sólo nos quedara la posibilidad de encerrarnos en nuestros cuartos, botar la libreta de teléfonos, la lista de direcciones electrónicas, ponernos el cinturón de castidad y dar por perdida la llave. La Iglesia Católica, algunas Organizaciones No Gubernamentales y programas del Estado (o una parte de quienes allí trabajan) se han convertido en los profetas de la sexualidad de los nuevos tiempos y han sumado al discurso del SIDA una serie de planteamientos moralistas que niegan desde el ejercicio genital hasta la posibilidad del erotismo, el placer y el disfrute.

Por supuesto, nadie puede negar que el SIDA y las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) son una realidad, que directa o indirectamente nos afecta a tod@s y que nuestra vulnerabilidad aumenta cuando el riesgo existe; pero no por ello nos podemos negar y mucho menos negarle a quienes buscan servicios en las organizaciones, el gran disfrute y armonía emocional que representa el encuentro con el otro o con la otra, ya que la genitalidad no es el pan de cada día pero sí es parte fundamental de nuestra existencia e importante en la construcción de nuestra emocionalidad, de un estilo de vida positivo y del vínculo con el ser amado o tan solo deseado.

Recordemos que hay un estrecho vínculo entre la salud y la sexualidad. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sexología (WAS) acordaron en el 2000, en Guatemala, que la salud sexual se define como "la experiencia de un proceso progresivo de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad". Previamente, en 1994, en El Cairo, la "Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo", y en 1995, en Beijing, en la "Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer", se señaló que la salud sexual está encaminada al desarrollo de la vida y de las relaciones personales, y no meramente al asesoramiento y la atención en materia de reproducción y de enfermedades de transmisión sexual". Por tanto, la salud debe entenderse como “un estado general de bienestar físico, mental y social, y no como la mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, sus funciones y sus procesos”.

Por supuesto, el bienestar está directamente relacionado con tener una vida sexual y genital plenas y por tanto apoya la salud el que tengamos la posibilidad de experienciar nuestras prácticas genitales en las mejores condiciones posibles. La reflexión con respecto a las prácticas apropiadas me la hice, entre muchas otras oportunidades, en San Francisco. Allí conocí a un hombre, maestro universitario como yo, muy inteligente, tierno, cariñoso y atractivo (quiero aclarar que esto le pasa a todos los homosexuales que conozco, ya que nunca se reconoce la posibilidad de aceptar compartir con un tipo bruto, agresivo o feo, como tampoco que se disfruta plenamente la analidad). Estando ya en la cama, este hombre se dedicó a proveerme un sensual masaje con crema por todo el cuerpo. En un momento de muy alta excitación observé por casualidad el marbete (etiqueta) del recipiente de donde extraía la crema y me llevé la gran sorpresa del siglo: me estaba creando una barrera protectora y aislante con Nonoxinol 9, un producto que en ese entonces se creía que además de espermicida era un virucida. Quiero decirles que proseguí en el acto más por curiosidad científica que por deseo; después me vi envuelto con una película de material plástico a lo que se sumaban los guantes de uso quirúrgico que se había colocado desde el inicio del juego erótico.

Reconozco que la protección es necesaria, pero también que una relación tan aséptica pierde mucho del encanto que provee el encuentro. Fue este el motivo emocional que me indujo a investigar sobre cómo vivir mi sexualidad plenamente, sin riesgo y sin tener que llegar a tales extremos de temor y de violencia emocional para conmigo mismo y la pareja; y es esta la razón por la que el sexo seguro y lo que posteriormente llamaron “sexo mucho más seguro” me produce comezón en el cerebro y me quita las ganas de cualquier encuentro erótico y/o genital que envuelva exageradas demostraciones de “protección”.

No nos hace vulnerables ser homosexuales, tener un marido infiel (recordemos que ni los equipos de sonido de la más alta calidad y precio son fieles), estar con alguien de quien tan solo conocemos el nombre (y eso si nos dijo el real), no conocer el estado de seroprevalencia de la pareja sexual o estar con una persona de quien sabemos vive con el sida; lo que realmente nos hace vulnerables es asumir ciertas conductas en el intercambio genital.

Recordemos que para que ocurra una infección de cualquier orden, ya sea una ITS, una gripe o el SIDA, deben concurrir en el encuentro sexual, en la actividad laboral o en la práctica de salud una serie de situaciones. Si éstas no se presentan, por supuesto nunca nos infectaremos o nos reinfectaremos. Nuestras conductas de vida y, sumados a ellas ciertos hábitos y situaciones psicosociales nos hacen aún más vulnerables a la infección porque incrementan el riesgo; éstos y estas son conocidos como cofactores de riesgo.
Algunos de ellos son, por ejemplo:

· El número de contactos sexuales ya sea con conocid@s o desconocid@s. Por supuesto, a un mayor número de parejas sexuales se incrementa la posibilidad de infección, de que nos roben la billetera o se lleven algunos recuerditos del apartamento;
· La cantidad de personas nuevas que se infectan en un espacio y periodo determinado de tiempo (incidencia) y la cantidad de casos que se ha presentado (prevalencia) determinan también el riesgo, pues es imposible infectarse en un lugar en donde no se haya presentado algún caso y es mucho más factible en aquellas ciudades en donde se presenta un mayor volumen de infecciones. Por ejemplo, una reciente investigación[2] demostró que uno de cada seis hombres homosexuales que vive en Bogotá, Colombia, está infectado con el VIH; por supuesto, para un hombre homo o bigenital que vive en esta ciudad la posibilidad de encontrarse con otro hombre que vive con este virus es mucho mayor que en cualquier otro lugar del país. Igualmente si se es mujer heterosexual y se vive en Barranquilla, ciudad de este mismo país, el riesgo es mayor por cuanto allí la relación de casos de sida es de una mujer por cada hombre viviendo con sida; la epidemiología indica que allí existe un volumen elevado de hombres que tienen sexo con otros hombres, de hombres bisexuales y se puede extrapolar que también viven mujeres que les creen a su marido o prefieren no usar protección adecuada porque sus propias emociones las traicionan; También hay más riesgo al tener encuentros en colonias vacacionales sexuales, es decir, en aquellos pueblos y ciudades en los que suele encontrarse algún(a) ciudadan@ que le gusta comportarse como “plato típico” de la región;
· Está demostrado que el hacinamiento en cárceles, seminarios, batallones, como también en la convivencia familiar o neofamiliar[3] y los lugares que ofrecen condiciones particulares, como la oscuridad o la presencia de muchas personas con hábitos similares (saunas, videos, cuartos oscuros y ciertos bares que posibilitan actividades sexualmente explícitas), por la cercanía, la facilidad del toque y el roce, la vinculación afectiva propia de la convivencia, la presencia de muchas personas del mismo sexo quienes no tienen parejas sexuales permanentes, las relaciones deponer que allí se suscitan, el deseo genital reprimido y otras condiciones propias del hacinamiento inducen o favorecen el intercambio genital;
· Que existan o no políticas estatales orientadas hacia la prevención determina el riesgo por desinformación, ya que la falta de información nos hace vulnerables. La disponibilidad de condones, lubricantes y otros elementos de prevención, por ejemplo, incrementa nuestras posibilidades de infectarnos, reinfectarnos o infectar a otras personas el hecho de que no siempre tengamos a mano lubricantes, condones u otro tipo de barreras, ya sea porque nos da pena comprarlos, no se consiguen fácilmente, no tengamos dinero, sean muy costosos o porque algunas veces los hayamos cargado en el bolsillo por tanto tiempo que cuando los vamos a utilizar ya están dañados;
· Que se respeten o no los derechos humanos y sexuales ya que para quienes se dificulta asumir su orientación sexual, la discriminación, el estigma, el aislamiento social y la vulneración de la que son sujet@s, l@s conduce a practicas genitales y eróticas que incrementan su vulnerabilidad; por ejemplo, el sexismo en las mujeres y la homofobia en los hombres favorece la falta de empoderamiento de la práctica genital y crea condiciones para el maltrato físico y emocional, situaciones que redundan en baja autoestima, autodiscriminación, y a “aceptar” prácticas eróticas y genitales no deseadas; Por estas mismas causas otras personas se ven obligad@s a tener relaciones clandestinas, en la oscuridad, como también, por presión económica, afectiva, laboral, escolar e incluso por chantajes de agentes de la autoridad;
· Ciertas posiciones ideológicas, como las de la iglesia católica y otras denominaciones cristianas juegan un papel fundamental en el incremento de las infecciones al no aceptar éstas que los miembr@s de sus iglesias asuman relaciones no destinadas a la procreación; razón por la que se niega el uso del condón ya que hacerlo sería aceptar que una función de la genitalidad es el placer y no precisamente la mayor gloria de Dios[4].
· Otras condiciones que incrementan el riesgo y la vulnerabilidad son ciertas situaciones que se experiencian en la vida cotidiana como lo veremos a continuación:

Normas de cortesía sexual

No hay nada tan de mal gusto que encontrarse con alguien cuya higiene genital nos recuerde un basurero. El lavado genital pre-contacto es la norma de cortesía sexual más importante ya que evita la presencia de productos genitales en oxidación y rezagos de excreciones cuyo característico y desagradable olor alejan a cualquiera de un espacio que de por sí es bello y degustable. Por supuesto, la limpieza post encuentro igualmente se hace necesaria, más aun cuando se presentan secreciones y excretas que le quitan el encanto al momento o incrementan el riesgo de las ETS/VIH. Sin embargo, debe tenerse muy en cuenta que el uso de productos para el aseo genital que afecten la flora vaginal por cambien el PH natural de la vulva (o del pene) incrementan nuestra susceptibilidad.

No se le ocurra utilizar para la limpieza de secreciones y excreciones sobre la piel implementos abrasivos como toallas o esponjas ásperas ya que al roce agresivo de éstas con la zona genital producen traumatismos en el tejido, facilitando el ingreso de microorganismos.

¿Qué otras situaciones aumentan la vulnerabilidad?

En el caso de que ocurra un intercambio genital, la vulnerabilidad aumenta o disminuye con la presencia de secreciones (semen, moco precoital, menstruación, lubricante vaginal y del pene, y flujos vaginales), la cantidad de las mismas (el riesgo es mayor cuando más abundante es la secreción), el tiempo de exposición a ellas (a mayor tiempo mayor posibilidad) y los altos niveles de estrés (ya que altos niveles producen bajas en la capacidad de defensa del organismo) incrementan nuestro riesgo.

La ausencia de juego erótico previo, no sólo le quita el encanto al encuentro (a no ser que estemos en eso que algunos llaman un “rapidito” en donde el encanto erótico se halla presente en las condiciones propias del momento) sino que además, en la mujer imposibilita la lubricación vaginal y dificulta la penetración; la falta de lubricación natural en el recto determina la necesidad de utilizar lubricantes cuando se va a ser penetrad@ analmente, ya que por más que se los hombres y mujeres se exciten nunca lubricarán en esta parte.

Si se presentan lesiones en las mucosas (rectales, vaginales, orales o en el glande) durante el encuentro genital; si hay manifestaciones de lesiones previas en el tejido ocasionadas por desgarramientos, ulceraciones debidas a algunas ITS; si se producen traumatismos por uso de objetos contundentes, fisuras causadas por las uñas (de los dedos de la mano, por supuesto) en los juegos eróticos; si en medio de la efervescencia y calor producimos movimientos bruscos durante la penetración y estos producen lesiones o si simplemente éstas se manifiestan por falta de lubricación o porque ésta es inadecuada, es necesario evidenciar que la vulnerabilidad se incrementa.

Ver, tocar, oler, saborear...

Con la pareja se recomienda incrementar el juego erótico y disminuir, en cuanto sea posible, la penetración ya que está comprobado que es ésta la práctica sexual que implica el mayor riesgo. Podemos realizar una serie de actividades eróticas que resultan muy placenteras y que incluso hacen más agradable y pleno el intercambio, como por ejemplo, bañarse junt@s en la tina (por supuesto si tiene una a mano) colocándole al agua espumas aromáticas, bañarse en la ducha y jabonarse con un shower gel o un body shampoo (en el mercado hay unos maravillosos que dejan la piel muy suave y con una fragancia exquisita), masajear la piel con un jabón para tocador y una esponja de mar (una corriente o un estropajo también sirven, por supuesto).

Ya estando en la cama, le recomiendo hacerse mutuamente un masaje terapéutico, relajante o simplemente estimulante (sino cuenta con un buen manual a mano, simplemente ingénieselas, que lo importante es tocar y ser tocad@ y hacerle entender a la pareja que su cuerpecito nos encanta). Se puede masajear no sólo con las manos; también sirven los pies, las tetas, la lengua o el pecho, las nalgas, la entrepierna, en fin, hasta el cabello. Incluso puede valerse de una pluma (no vaya a desbaratar la almohada o a intentar quitarse una propia[5]), un pedazo de tela suave --seda es lo ideal--, el osito de peluche que le regaló en el cumpleaños o hasta un vibra-masaje eléctrico. Si desea lubricar (para el masaje no para penetrar) puede hacerlo con aceite de almendras, una crema con aloe vera --sábila- o cualquier crema para manos que tenga cerca. También se encuentran en el mercado aceites aromatizantes; no use los relajantes, de pronto de le queda dormida la persona… bueno, exceptuando que ese sea el interés.

La fantasía puede aumentar si mientras juegan eróticamente ven un video (no conozco muchos entre niñas pero entre tipos están super inn y hay alguno que otro video heterosexual cuya estética, producción y erotismo bien vale la pena), oyen música (puede ser algo bien clásico para "hacer el amor" como el Bolero de Ravel o algo más relajante, de la nueva era, Kitaro por ejemplo; si les gusta el mar, búsquense el CD Seductive Sea of Tranquility, que trae 25 famosos temas tocados al ritmo de las olas). Un buen striptease es algo muy excitante: en su ciudad probablemente puede aprender de profesionales en la materia o con algun@s aficionad@s de los que se presentan en aquellos sitios tan de moda y allí aprender uno que otro truquito. Recuerde, sin embargo, que no sólo quitar una a una las prendas es excitante, también lo es que se las coloquen al terminar el acto.

Es importante recordar que algunas situaciones que parecen incrementar el erotismo y la fantasía --que se realizan generalmente fuera del hogar--, como los encuentros en la oscuridad o en presencia de varias personas al mismo tiempo (como ocurre en los cuartos oscuros y algunas saunas, que también ya los hay para mujeres), debido a las condiciones en que allí se vivencia la actividad sexual, incrementan el riesgo, incluso hasta de que le manchen la ropa o le roben la billetera.

Es bien sabido que en estos espacios permisivos igualmente se realizan prácticas orales y que esta actividad se reporta como práctica con riesgo y que igualmente es muy probable tocar y ser tocad@ en las zonas genitales, convirtiendo algo que de por sí puede ser placentero en un problema pues cuando el toque se hace repetidamente a una persona tras otra y sin bañarse, las manos al pasar de un@ a otr@ generalmente tienen contacto con secreciones genitales; a pesar de que no haya penetración, al realizar juegos eróticos con nuestros propios genitales o con los de otra persona, nos transformamos en “vectores” que transportan secreciones que pudieran ser infectantes tanto para nosotr@s como para aquell@s otr@s con quienes compartimos. Esto se manifiesta de la misma forma en actividades sexuales grupales como tríos u orgías e incluso en actividades realizadas en pareja como la masturbación mutua.

Aumentando el placer y el disfrute

Un trago de una buena bebida puede aumentar el encanto del juego, en especial aquellos licores que son algo espesos pues estos se adhieren más fácilmente a la piel, como el Cointreau, el Bols chocolate-Mint o el Parfait Amour --que además tiene un color divino e incrementan la estética del encuentro--. Nunca utilice tequila, aguardiente, pizco u otro licor con un alto grado de alcohol, o cremas u otro tipo de productos que sean algo pegajosos. Evite excederse en la cantidad para no tener que correr a la ducha a quitarse lo que sobra; esto ocurrirá siempre que utilice leche condensada (azucarada). Algo muy rico que también es bien excitante consiste en friccionar el pecho, espalda o algo más abajo, melocotones o cerezas maceradas y posteriormente lamer hasta quitar todo sabor de la piel.

Los cambios de temperatura también logran una agradable sensación: Utilice pedacitos de hielo dentro de la boca al realizar las prácticas orales y evite tragar las secreciones de la pareja. No hay mucho riesgo si la pareja no lubrica demasiado, a pesar de ello lo más recomendable al succionar el pene (fellatio) es no hacerlo de frente sino de lado, como comiendo una mazorca, y estimulando con la punta de la lengua y desde atrás del glande al surco balano prepucial (mejor dicho, ahí en el orillo del glande), que es en donde más y mejor se siente. Para chupar la zona genital de su pareja también puede colocar una barrera oral o un condón, ahora, por suerte, se consiguen de muchos sabores. Recuerde tener cuidado de no morder el pene o rayarlo con los dientes o con los brakes.

Si la práctica es oral-anal (annilingus) u oral-vaginal (cunnilingus), introduciendo la lengua o chupando, para hacerlo sin riesgo fabríquese una barrera con un condón no lubricado o con saborizante; para ello, saque el condón del empaque, córtele con una tijera el receptáculo para el semen --la punta-- y corte la argolla que queda, desenrolle y colóquela en la zona en la que desea golosear.

Las barreras las puede comprar en las tiendas de artículos odontológicos, pero son más costosas y gruesas, y después del jueguito --como son tan fuertes-- no quedan ganas ni de hablar. En los Sex Shop encuentra algunas jaleas con sabores a frutas que puede colocar a la barrera y que le dan un rico sabor. Las jaleas o el gel son algo pastosos, aun cuando no puedo negar que tienen su encanto. Si está urgid@ y no tiene una barrera a mano, no se afane: desplácese rápidamente a la cocina, corte un pedazo de envoltura autoadherible (Vinilpel® es la marca que tengo en casa) y manipúlela como barrera. Se puede estimular el clítoris o la zona periférica sin riesgo si se ha bañado previamente el lugar. Algun@s teóric@s consideran que el riesgo en las prácticas orales es mínimo, pero es su decisión la que cuenta al momento de decidir con respecto a qué hacer y cuánto arriesgarse. Nunca reutilice las barreras y condones.

Si por error o por descuido entra alguna secreción en su boca, tranquil@: enjuáguesela con agua oxigenada u otro enjuague bucal y luego repita el proceso con agua corriente. Recuerde evitar estos juegos eróticos si tiene lesiones orales o se presentan lesiones genitales en la zona en la que realiza sus prácticas orales. Nunca se cepille los dientes y menos la encía antes de una práctica oral. De ser posible, deje pasar como mínimo cuatro horas entre la cepillada y el juego.

Jugando con los dedos

Sentirse estimulad@ por una mano experta es una sensación ante la cual es casi imposible negarse; por supuesto, no hay por qué dejar de hacerlo, sobre todo si la pareja tiene en cuenta los siguientes cuidados: es indispensable bañarse adecuadamente y como mínimo las manos y la zona genital. Unas uñas bien cortadas y limadas ayudarán a evitar lesiones en las mucosas. Se pueden proteger de las uñas con una barrera, si es necesario practique lo aprendido en el párrafo anterior.

Si no los consigue comercialmente sus propios "fingers" (pequeños condones para usar en los dedos) que se venden para los tactos que realizan l@s ginecólog@s, ¡fabríqueselos! Para hacerlos, tome un guante para uso quirúrgico de una talla menor a la de su mano y recorte los cuatro deditos --si usa el pulgar, recorte los cinco-- y coloque los "fingers" --uno por dedo-- cuando vaya a estimular a la pareja. Algun@s prefieren usar el guante completo, pero yo prefiero no hacerlo pues me siento como en sala de cirugía.

Nunca se estimule la vagina, el ano o el pene con la misma mano o dedo(s) que utiliza para hacerlo a su pareja, pues así estaría transportando de un lado al otro secreciones --que pudieran ser infectantes--. Algunas mujeres lesbianas consideran que si ellas no tienen relaciones genitales con hombres no corren ningún riesgo; recordemos que son muchas entre estas mujeres las que se ven obligadas a jugar el juego social heterosexual a pesar de pensarse en esta orientación sexual o simplemente, quienes tienen encuentros genitales con hombres porque les gusta; igualmente, si ellas tienen relaciones con mujeres bisexuales o por lo menos bi-genitales, existe en ellas un riesgo real de adquirir y trasmitir el VIH.

Jugando con juguetes

A algunas personas les parece estimulante jugar con juguetes eróticos, tales como falos o dildos, e improvisar con algunos objetos del hogar o con alimentos (cuya forma suele aproximarse a la de un pene). Cuando estos juguetes son de un material muy contundente suelen producirse fácilmente lesiones en las mucosas, de ahí que sea imperativo utilizarlos siempre con condón; si son muy frágiles se pueden romper. Si se desea compartirlos, lo ideal es lavarlos muy bien y cubrirlos con un nuevo preservativo cuando vayan a usarse en la otra persona. Nunca emplee elementos que puedan romperse con facilidad y jamás se estimule con un objeto de vidrio; los de madera deben estar bien lijados y lacados, Los más recomendables son lo de látex semirígido. Evite la penetración cuando haya partículas sanguíneas en el preservativo o en el juguete, ya que la presencia de sangre potencializa el riesgo de infección.

Juegos rudos

Si gusta de las prácticas sádicas o masoquistas, evite que los juegos lleguen al extremo de producir sangrado y tenga en cuenta tanto su capacidad de resistencia como la de su pareja. Si por descuido o casualidad se produce sangrado, debe esterilizar los implementos utilizados, y limpiar y cubrir adecuadamente la herida. Recuerde que el uso de algunos implementos como los Cock Rings[6] pueden producir lesiones graves, como rompimiento de vasos sanguíneos, e incluso, llegar a necrosar el tejido. Una práctica que sí le recomiendo que evite totalmente, por las lesiones que ella produce, es la llamada del brazo fuerte (penetración con la mano y parte del brazo). Esta práctica en poco frecuente en los hombres y más aún en las mujeres, pero he tenido consulta de algun@s quienes me han contado que en medio del placer que la estimulación les produce, llegaron a permitir este tipo de penetración. Aun cuando el tejido vaginal es elástico y el del recto no, ello no implica que en las mujeres la práctica no sea traumática.

Penetración

Si usted desea pasar del juego erótico a algo más “concreto” (algun@s creen que el juego erótico no pasa “nada”), como la penetración anal o vaginal es importante recordar que aun cuando en baja proporción, tanto el liquido preeyaculatorio como el lubricante vaginal poseen partículas virales; por tanto, el condón debe ser utilizado aun si la persona no eyacula al interior de la pareja y la penetración es durante un corto periodo, o tan solo es un roce con la punta del glande, ya que el riesgo existe tanto para quien penetra como para quien es penetrad@. Nunca utilice para penetrar un condón que ya haya sido usado previamente, esté vencido, su empaque presente imperfecciones, o haya cambiado de color de blanco hacia un amarillo quemado, cuando el empaque es de plástico. Tenga en cuenta que los condones sometidos a cambios bruscos de temperatura se afectan en la estructura de su componente fundamental, el látex.

Coma lo que quiera, cuando quiera, pero prepárelo bien.

En resumen, como usted comprenderá, lo importante en la vida sexual de hombres y mujeres, sin importar su orientación sexual o estado de seroprevalencia, no es dejar de hacerlo, sino hacerlo bien.
[1] Velandia Mora, Manuel Antonio. Sexólogo: Sociólogo, Filósofo, Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos y Magíster en Educación. Se desempeña como Investigador Social, Maestro Universitario y Consultor Internacional en temas de comunicación para la salud, sexualidad, sida y Derechos Humanos.
[2] Alfredo Mejía y otros. Liga Colombiana de lucha contra el sida / Instituto Nacional de Salud, Colombia. 2000
[3] Neofamilia: grupo de personas, generalmente con una actividad en común, que se organiza con una estructura similar a la de la familia tradicional y que comparten el espacio de vivienda, y en algunas ocasiones su economía doméstica.
[4] Información adicional sobre el tema de riesgo y vulnerabilidad puede encontrarse en: Velandia Mora, Manuel Antonio. Anticiparse social y particularmente al riesgo. En Desde el cuerpo: La construcción de la identidad particular y el redescubrimiento del propio cuerpo como puntos de partida de la prevención. Pág. 127 a 133. UNDCP – Naciones Unidas/ DAPC – Japón/ Fundación APOYÉMONOS, Colombia.
[5] Popularmente se denomina “pluma” a ciertos amaneramientos femeninos en los hombres homosexuales.
[6] Cock Rings : argollas en metal, caucho o cuero con broches, que se colocan alrededor de los testículos o en la base del balano --la parte larga del pene--, para aumentar la sensibilidad o para lograr que la erección permanezca por un mayor tiempo en razón a que se disminuye la irrigación sanguínea.

Lucho, lucha por mi lucha

Andrés Vásquez,
Oficina de prensa Velandia al Concejo de Bogotá
17.10.2003


Velandia, líder homosexual y candidato del Partido Liberal al Concejo de Bogotá por las Minorías Sexuales afirmó hoy viernes en su encuentro matutino con su equipo de trabajo. “Estoy plenamente de acuerdo con la Dirección Nacional Liberal, no sé si muchos de los candidatos al Concejo por el Partido Liberal quieran aceptar la adhesión a Lucho Garzón, pero en mi caso particular siento y creo que esta es la mejor opción para Bogotá”.

Cuando conocí personalmente a Lucho Garzón, dijo Velandia, me sorprendió su franqueza, su manera directa de decir lo que piensa y lo que siente. Al acercármele, en mi calidad de líder homosexual, fue explicito al aclararme que para él la homosexualidad no existía ni como concepto ni como idea política pero que haría todo un intento en documentarse para poder hablar del tema con mayor propiedad dado que entendía que somos sujetos de derechos continuamente vulnerados. A partir de ese momento, cada vez que me lo encuentro observó en él y en muchos de quienes están cerca un cambio significativo en la actitud y en el discurso. Creo firmemente que lo suyo no es una actitud politiquera sino un real sentido de los derechos humanos y la comprensión de los derechos sexuales.

Son muchas las ideas que me unen a Garzón, en especial coincidimos en su visión de que la ciudad antes que bella debe resolver los problemas sociales que la aquejan. No hemos hablado nunca de que la convivencia ciudadana implica el reconocimiento pleno de que todos y todas somos ciudadanos de primera clase pero creo que en esto también estamos en acuerdo.

El candidato Velandia agregó “Me preocupa que desde la cúpula del Ejecutivo Nacional se esté estigmatizando de una manera irresponsable a los ciudadanos que por una u otra razón discrepan de los propósitos del Gobierno. La abstención activa al referendo es otro de los temas que me unen a Lucho y no consideró que por esto seamos terroristas. Tengo claro que el Presidente Uribe es incapaz de comprender que alguien decida pensar diferente a él y asuma que la guerra no es la mejor manera de resolver los conflictos. La abstención activa es una forma legítima de participar y nuestra manera de hacerlo.

Para quienes desde diferentes campos hemos trabajado por la paz y los derechos humanos y hemos sido víctimas de amenazas contra nuestras vidas e incluso atentados, como es mi caso, es evidente que incluso ante las manifestaciones de violencia extrema se requiere el diálogo.

Asesinar, masacrar a quienes divergen de nuestras ideas, así sea en nombre del Estado, sigue siendo asesinato y masacre así a los muertos de un lado se les llame héroes y los del otro bandoleros. La vida es un derecho fundamental, el más fundamental de todos los derechos, y debe ser respetado por todos los bandos. Los ciudadanos estamos en el conflicto y tenemos que dejar de ser observadores parea ser actores sociales; debemos exigir nuestro derecho a que no se nos calle, se nos llame terroristas y a participar democráticamente desde nuestra palabra y acción política.

La vida color rosa

Manuel Velandia Mora,.
06/25/2005 –Revista Semana. Edición 1208


Reflexión sobre los crímenes de odio contra las minorías sexuales en Colombia

Algunos estudiosos suelen medir nuestra calidad de vida comparándola con a lo que sucede en otros países. Muchas veces encontramos reportajes que dicen que estamos por encima de África en ingreso per cápita, o por debajo de Europa en participación de las mujeres en política.

Se puede afirmar que, sin ser un paraíso judicial, los homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgéneros en nuestro país gozan de muchos beneficios que no hay en otras latitudes, incluso más "avanzadas".

Pero también hay temas en los que las discusiones y las luchas contra la discriminación apenas comienzan. Es por esto que vale la pena hoy mirar en qué hemos ganado en términos de igualdad con los demás ciudadanos y por qué causas luchar, en vez de pensar a priori que todo está mal o bien.

Cuando se habla de crímenes, la palabra se suele relacionar con asesinatos o con hechos delictivos graves. Pero también es un término plenamente identificable con las acciones indebidas o reprensibles. Tristemente, ambas modalidades de crimen abundan en Colombia, y los homosexuales y lesbianas no somos ajenos. Somos víctimas permanentes de violencias sutiles, cotidianas, que pasan casi inadvertidas para muchos, pero que deterioran nuestra calidad de vida.

En la televisión frecuentemente vemos programas relacionados con las homosexualidades y poco con las demás minorías sexuales. Los colombianos se están acostumbrando al tema en los medios masivos de comunicación. Tal vez, porque algunos de los personajes son bastante respetuosos. Por ejemplo, actualmente se proyecta la telenovela Los Reyes, espacio en el que por primera vez se presenta a una trasvesti, Endry Cardeño, haciendo el papel de Laisa, alguien con similar identidad. Incluso hasta les llama la atención que asuma una posición política ante la defensa de sus derechos y los de otras minorías. A un puñado de homosexuales y lesbianas se nos invita a los medios masivos de comunicación a dar entrevistas, se publican nuestros artículos y aparecemos en las páginas sociales de las revistas.

Pero también, y con mucha más frecuencia, el humor suele recaer en el personaje chabacano que nos muestra una caricatura amaneradamente femenina del homosexual.

La Iglesia católica considera en su Catecismo que los homosexuales pueden serlo siempre y cuando no vivencien su homo genitalidad. Seguimos oyendo a pastores y ancianos de las iglesias cristianas cerrándoles las puertas del templo; a sacerdotes católicos negándoles la comunión y motivándoles a confesar el pecado de su orientación sexual; a líderes políticos y religiosos afirmar que los homosexuales son enfermos, anormales y aberrados, y a padres y madres de familia afirmando que prefieren un hijo ladrón o asesino que homosexual.

Los políticos, como Moreno de Caro, suelen menospreciar a sus contrincantes hablando de su supuesta o real orientación sexual no heterosexual y utilizan para ello términos bastante despectivos y excluyentes, como mariquita, como si fueran sinónimos de pusilánime, poco decidido o falto de carácter. Quienes desde las bases hacemos parte del Partido Liberal Colombiano y del Polo Democrático somos reconocidos en los estatutos como sectores sociales con derechos y representatividad. Pero aun aquellos que son representantes a la Cámara, senadores, concejales, ediles, alcaldes, gobernadores sienten temor de que se reconozca públicamente su homosexualidad, lesbianidad o bisexualidad; tanto es así, que en las discusiones del "Proyecto de ley de parejas del mismo sexo" votaron en contra de sí mismos, su propia existencia y su conciencia.

Al mismo tiempo, familiares de importantes políticos, como Virgilio Barco, dicen públicamente que son homosexuales y podemos organizar nuestras marchas como la que se realizará en Bogotá el próximo domingo 3 de julio y hasta podemos contar con el apoyo de las alcaldías, como sucede en Medellín y en Bogotá.

El lenguaje de la exclusión ha cambiado. Las formas de violencia se han refinado, las discusiones teóricas se han elevado y alcanzaron el estatus de tema universitario, producto de tesis y foros a los que somos invitados y en los que nunca hubiéramos imaginado estar; durante mucho tiempo. El Estatuto docente contó con un artículo que sancionaba a los maestros por el hecho de ser homosexuales pero, actualmente, en universidades como la Javeriana se acepta a un maestro trasvesti, y en muchas estatales, a los profesores abiertamente homosexuales o lesbianas; en algunas otras tantas, además, se apoya la organización de grupos de estudiantes en razón de su diversidad sexual.

Un simple observador podría creer que vivimos en un país muy abierto y con poca o ninguna censura a los temas relacionados con las minorías sexuales. Sin embargo, no por ello en todos los espacios de la cotidianidad las lesbianas gozan de los mismos derechos que los homosexuales. Ellas generalmente son mucho mas excluidas y discriminadas.

Se cree que todos los homosexuales somos vulneradores sexuales y que atacamos a cuanto niño o joven se nos acerca. Para evitarlo, nos excluyen de nuestros lugares de trabajo. A los y las bisexuales se les rechaza por asumir su identidad y se les obliga a definirse homosexuales o heterosexuales porque se cree que lo suyo es una ambigüedad. Pocas trasvestis y transgéneros son aceptadas/os como parte esencial de sus familias.

La Policía, como sucedía hace unas décadas, ya no nos saca de los bares justificándose en que estábamos bailando entre hombres o en razón de la orientación sexual, aun cuando algunos de sus miembros sigan atropellándonos. Tampoco nos montan en camiones, nos llevan a la vía a Monserrate, nos desnudan, nos bañan con agua fría o nos obligan a caminar en medio de la noche. Ahora es poco frecuente que a las trasvestis les rompan los vestidos y les destruyan los zapatos, accesorios y pelucas, por autorizarse a ser felices asumiendo en público su rol femenino. Tampoco se les pone a algunos en sus libretas militares, en el área de profesión, la palabra homosexual.

Es claro que ya no hay tantos asesinatos de homosexuales como los más de 640 que hubo a manos de los grupos de "limpieza social" en Bogotá, Manizales, Bucaramanga, Medellín, Pereira y Villavicencio, entre 1986 y 1989. Pero a algunos se les sigue obligando a desplazarse, se les asesina, como sucedió con León Zuleta, o se les hace atentados contra la vida como el perpetrado contra mí hace tres años.

En el tema de los derechos civiles, las lesbianas y los homosexuales no gozamos de similares derechos a los heterosexuales: pagamos más impuestos porque se nos dificulta explicar que sostenemos a nuestras parejas, ya que tampoco podemos afiliarlas a la seguridad social en salud ni a la familiar, como tampoco son reconocidos nuestros derechos como tales, menos aun podemos heredarlas. Y en caso de discriminación, exclusión o separación social por razón de orientación sexual, las personas que cometen el atropello no son sancionadas o enjuiciadas porque este no es un delito contemplado en el código penal.

No todos ni todas quienes pertenecemos a las minorías sexuales somos reconocidos sujetos con derechos plenos, ciudadanos en iguales condiciones y personas en el mismo nivel que las demás en la sociedad. Por supuesto que también hay ciertos derechos de los que legalmente podemos gozar: por ejemplo, desde 1981 no somos delincuentes o enfermos, no podemos ser excluidos de las fuerzas militares, del lugar de estudio o negársenos una vivienda en arriendo; al igual que las demás personas con cualquier otra orientación sexual, podemos tener expresiones afectivas en público y cambiar legalmente el nombre, inclusive a uno reconocido como "propio" del otro sexo.

No se puede negar que la tutela ha sido de gran beneficio en la reclamación y la obtención de derechos. Sin embargo, es evidente que, aun cuando ha cambiado la norma, no se han modificado las posibilidades de vivirlos plenamente. A ello se suma que los resultados de tantos años de discriminación siguen haciendo mella en nuestras existencias, hasta el punto de que algunos temen reclamar en caso de vulneración.

El mundo está cambiando, todos y todas lo sabemos. Es claro que así como la cultura, la sociedad y las relaciones nos transforman, nosotros/as podemos transformarlas. Pero, de la misma manera, se hace evidente que para evitar que se sigan cometiendo crímenes de odio, se requiere, primero, asumir y manejar nuestros propios temores que nos llevan a la auto o a la heteroexclusión. Segundo, dejar de asumir a nuestros semejantes como extraños y diferentes, y tercero, dejar de entender, erróneamente, que la única explicación y vivencia posible de la sexualidad es la heterosexualidad y el ejercicio poco democrático del poder ejercido por quienes ostentan la masculinidad.

La paz es posible. Pero alcanzarla requiere de una actitud realmente democrática y solidaria. De todos nosotros depende poner nuestro grano de arena para construir el castillo de la felicidad. Para que el rosa sea el color de la vida simple y no el del triángulo con el que marcaron a los más de 200.000 homosexuales "objetores de conciencia" que luego exterminaron en los campos de concentración en Alemania.

Investigación cualitativa, observación y grupos focales

Manuel Velandia Mora
Instrucciones, Convenciones y Coordenadas.
Proyecto Fondo Mundial en Colombia
Bogotá, 2005


“La Tierra no parecía la Tierra.
Nos hemos acostumbrado a verla
bajo la imagen encadenada
de un monstruo conquistado, pero
allí... allí podía vérsela como algo monstruoso y libre.
Era algo no terrenal, y los hombres eran...
No, no se podía decir que inhumanos.
Era algo peor, sabéis,
esa sospecha (...) de su humanidad,
igual que la de uno, la idea del remoto
parentesco...”.
El corazón de las tinieblas

Joseph Conrad

“... de manera contraria a lo que tantas veces se ha dicho, creemos que en Colombia hace falta narrar, entender y colectivizar los conflictos violentos que han maleado nuestra vida personal y colectiva”.
Mujeres de fuego
Alonso Salazar

Una pregunta que siempre nos hacemos es cómo transformar los hechos en programas efectivos para la comunidad. Generalmente se considera que las cifras ayudan a conocer la realidad que se investiga, y esto es así, pero a menudo para lograr la transformación se requiere obtener algunos elementos que complementen los datos estadísticos. La experiencia humana no siempre es cuantificable, en especial cuando ésta se relaciona con las emociones; de ahí que para conocer la realidad sea necesario saber la forma cómo las personas la interpretan y cómo sus interpretaciones determinan las decisiones que toman para su existencia.

Un investigador define qué quiere conocer pero son las personas entrevistadas quienes deciden el contenido con el que responden a dichos interrogantes. Cada persona tiene una manera única y particular de responder a una situación, pero las situaciones que las personas experimentan tienen elementos similares y en consecuencia, a pesar de la particularidad de las respuestas, encontramos en ellas ciertos elementos comunes que nos posibilitan aproximarnos a un conocimiento de la realidad comunitaria.

No siempre las personas responden o desean hacerlo; por este motivo, es conveniente observar, describir y explicar aquello que ellas hacen, para obtener un complemento a lo que nos dicen.

La investigación cualitativa es colaborativa ya que hace posible la participación de la comunidad involucrada en el conocimiento de la realidad que se pretende explicar. Dicho de otra manera, en este tipo de investigación las personas no sólo son proveedoras de datos sino que además nos apoyan con su visión particular del mundo, ya que cuando se investiga cualitativamente se requiere triangular la información para poder concluir que lo obtenido es correcto. Esto se hace desde el mismo momento en que se diseña, por ejemplo se le pide a las personas que evalúen las preguntas para poder concluir que son entendibles pero además que las respuestas nos aproximan a lo que queremos conocer. Una vez se obtienen los resultados estos se presentan a los/las participantes y a sus comunidades para que los comenten y los examinen.

En la investigación cualitativa no siempre la pregunta de investigación surge de los investigadores, en muchos casos la propia comunidad se da cuenta de sus necesidades y se apoya en equipos de investigación para que les ayuden a obtener sus propias respuestas.

En el Proyecto del Fondo Global en Colombia se privilegia la participación de los y las adolescentes y jóvenes, de las comunidades en las que están inmersos y de las organizaciones que en ellas trabajan, por consiguiente, ninguna alianza que ejecute el proyecto podrá negarse a que estos y aquellas participen y apoyen en el conocimiento de las unidades bases de acción, en las necesidades de los/las adolescentes y los/las jóvenes en situación de desplazamiento y en oportunidades de acción que se requieren para dar respuesta efectiva. A continuación profundizaremos sobre algunos elementos de investigación con el fin de proveer herramientas con cuyo uso se logrará un mejor conocimiento de la realidad y se buscará mejorar las posibilidades de acercamiento a la misma.

Concepto de etnografía

Para Goetz y Lecompte (1988) la etnografía es una descripción o reconstrucción analítica de escenarios y grupos culturales intactos. Según Woods (1987), trata de las creencias, valores, perspectivas, motivaciones y el modo en que todo eso se desarrolla o cambia de una situación a otra con el tiempo. El término de investigación etnográfica, según Schwartz y Jacobs (1984), se refiere a las investigaciones conocidas como etnografía, investigación cualitativa, estudio de casos, investigación de campo e investigación antropológica. La investigación etnográfica, según Torres (1988), se utiliza en la actualidad en un sentido muy amplio, como término definitorio tanto de las etnografías, como de la llamada investigación cualitativa, de estudio de casos, de la investigación de campo, de la investigación antropológica, etcétera.

Todos los autores coinciden en enmarcar la etnografía dentro de los métodos cualitativos de investigación.

La etnografía presta una especial atención en:
· Descubrir lo que acontece en la vida de cada día;
· Recoger datos significativos de forma descriptiva de lo que en la comunidad y las personas sucede;
· Estudiar lo que allí ocurre, las distintas interacciones, actividades, valores, ideologías y expectativas de los participantes;
· Interpretarlo;
· Comprenderlo.

La investigación etnográfica aporta un enfoque más amplio, rico y completo de los problemas, pues hace alusión al contexto en que se producen los hechos. En este tipo de investigación el/la etnógrafo(a) o investigador(a) aporta su visión particular del mundo a la interpretación que pretende hacer de la realidad que está investigando.

1. La investigación

Se considera que, frente a una misma realidad, cada individuo observa, analiza y comprende los objetos y a las otras personas de forma singular (Velandia, 2003). Es decir, que cuando los miembros de los equipos de investigación, de planeación de estrategias o de intervención confluyen en un mismo momento y en una misma situación, ésta es entendida y vivenciada por cada quien de una manera particular. Pese a que todos están inmersos en la misma realidad, cada uno hace su versión influenciado(a) por su experiencia particular de vida, su formación profesional, su experiencia de campo, y sus relaciones grupales, entre otros múltiples sesgos que interfieren en el análisis. Por consiguiente, la conjunción de las “realidades” de los miembros del equipo –multiverso– logra hacer una comprensión más global y aproximada de la realidad investigada.

Veamos un ejemplo gráfico: tenemos una pirámide que esta siendo vista por tres observadores “A”, “B” y “C”. Cada observador ve un lado de la pirámide. “A” la ve de un tono e imagina que la pirámide tiene sus tres lados del mismo tono; “B” la ve de otro tono e igualmente imagina que la pirámide tiene sus tres lados de ese mismo tono. “C” ve un tercer lado e imagina de la misma manera, pero un tercer tono. Si “A”, “B” o “C” se desplazara hacia uno de los vértices de la base podría darse cuenta que la pirámide tiene como mínimo dos colores y puede intuir que el tercer lado es: del mismo tono de uno de los dos que está visualizando o de un tercer color. Si los observadores pudieran comunicarse entre sí entonces su visión de la realidad “pirámide” sería diferente y su apreciación sería más global. Si uno de los observadores es daltónico y no conoce ese sesgo en la observación, siempre verá el color observado como si fuera de otro color, pero si el conoce su sesgo y lo advierte entonces se puede hacer la corrección necesaria y la observación será más cercana a la realidad.

Siguiendo la misma lógica, al realizar cortes de la realidad en el espacio tiempo, lo que los observadores ven es un plano y no el continuo de la realidad. Si la realidad representa un ciclo y tan sólo ven un corte, no lograrán observar el movimiento o cambios espacio-temporales, entonces podrán pensar que la realidad no es cíclica, dinámica y evolutiva sino inmóvil.
En las tres ilustraciones que se presentan a continuación vemos una gráfica que ilustra la realidad. En el primero, la observamos desde un plano superior bidimensional en el que no logramos observar claramente que en su interior se suceden diferentes ciclos.
Al observar la realidad desde un ángulo diferente podemos entender que un ciclo está a continuación del otro, como se observa en el segundo gráfico ubicado abajo a la izquierda, en el que podemos mirar la espiral desde un lado con un efecto de tridimensionalidad.

Sin embargo, cuando no se es consciente de los momentos de un ciclo o de los diferentes ciclos, la realidad se ve fragmentada, como se puede observar en el tercer gráfico que está al lado de este texto.

1.1 El sujeto que investiga

Quien investiga tiene su propia visión de la realidad y de sí mismo, y está dispuesto a crear un objeto de investigación; tiene una intención al plantear la realidad que desea investigar, al investigarla y al relacionarse con quienes la investigan y vivencian.

Todo aquello que investigamos está afectado por nuestra realidad, lo que concebimos como nuestro futuro, lo que conocemos y vivenciamos. Lo que investigamos nos afecta a todos y a cada uno de manera particular.

¿En dónde se ubica entonces el investigador o investigadora? Generalmente se plantea que el/la investigador(a) es un sujeto ajeno a la realidad que investiga, es objetivo, neutral y desapasionado.

Desde el paradigma que nos ocupa, el/la observador(a) se ubica, toma una posición en la observación de dicha realidad, no pretende mantenerse fuera. Sin embargo, si el/la investigador(a) no puede controlar su posición y su subjetividad, no producirá investigaciones sino informes de sus preferencias.

A su vez, el observador es observado por otros observadores que lo conciben como uno de los elementos que participan de la realidad observada.

1.2 Los temas de las investigaciones

¿Qué se desea investigar? ¿Cuál sería el tema o realidad que podemos investigar? Los temas de estudio responden a preguntas que no han sido aún planteadas y que merecen respuesta. Igualmente, puede considerarse una pregunta de investigación a aquella que ha sido respondida en un operacional diferente –grupo poblacional, tiempo, lugar–; en igual sentido puede serlo la pregunta cuya respuesta no nos satisface o la que se respondió desde y con un paradigma con el cual se posibilita ver el problema desde un lado diferente a la óptica que posee quien ahora se pregunta.

Uno de los problemas en la investigación es que quienes se hacen las preguntas, parten para su respuesta de criterios eminentemente particulares o de experiencias previas aparentemente exitosas. Con poca fundamentación, y de forma sospechosamente unilateral, deciden sobre cómo intervenir, cuál sería la mejor estrategia para informar, qué medios utilizar, qué tipo de materiales emplear, e inclusive sobre aspectos que igualmente determinarán el éxito o fracaso de una estrategia de intervención.

Las acciones que se desean orientar a la población sujeto/objeto se deben plantear desde una estructura horizontal, en la que se tengan en cuenta sus necesidades e intereses. De la misma manera, para el diseño y elaboración de los materiales de investigación e intervención, se debe tener como base las experiencias, saberes y estéticas de las poblaciones sujeto/objeto, para garantizar la coherencia y la pertenencia de estos productos y procesos.

2. La observación

Con la orientación anterior sobre la investigación etnográfica y sobre el rol de los/las investigadores(as), se explicará en qué consiste la observación como técnica de investigación cualitativa.

Para De Ketele (1984) la observación "es un proceso que requiere atención voluntaria e inteligencia, orientado por un objetivo terminal y organizador, y dirigido hacia un objeto con el fin de obtener información".

La observación puede transformarse en una poderosa técnica de investigación social en la medida en que esté:
· Orientada a un objetivo de investigación formulado previamente.
· Planificada sistemáticamente en fases, aspectos, lugares y personas.
· Controlada y relacionada con proposiciones generales en vez de ser presentada como una serie de curiosidades interesantes.
· Sometida a comprobaciones de fiabilidad y validez.

La observación proporciona al/la investigador(a) la materia de trabajo que será objeto después de tratamiento definitivo, mediante la clasificación, tabulación, análisis y explicación.

2.1 Métodos de observación

Ø Observación estructurada. Impone una serie de limitantes al o la observadora, con el propósito de incrementar su precisión y objetividad, y a fin de obtener una representación adecuada del fenómeno de interés. La recolección de datos suele realizar con base en una “lista de control”, herramientas diseñadas para registrar la ocurrencia o frecuencia de comportamientos o eventos y sus características y las “escalas de clasificación” mediante las que el/la observador(a) califica los fenómenos con base en una escala de clasificación en una serie de dimensiones.

Ø Observación externa o no participante. Es aquella en la que el/la observador(a) no pertenece al grupo que se estudia. Existen dos tipos de observación no participante:
· Directa. Comprende todas las formas de investigación sobre el terreno, en contacto inmediato con la realidad, y se fundamenta en la entrevista y el cuestionario.

· Indirecta. Se basa en datos estadísticos –censos– y fuentes documentales –archivos, prensa–, si bien el investigador no participa en la obtención de estos. En una participación pasiva, el/la observador(a) interactúa lo menos posible, consiguiendo una mayor objetividad.

Ø Observación no estructurada. Emplea el procedimiento de la “observación participante”.

Ø Observación interna o participante. Según Woods (1987), la observación participante es un medio para llegar profundamente a la comprensión y explicación de la realidad. El/la investigador(a) "participa" de la situación que requiere observar, es decir, penetra en la experiencia de los otros, dentro de un grupo o institución.

En una participación activa el/la observador(a) maximiza su intervención al integrar su rol con los demás y adentrarse en las tareas cotidianas que los individuos desarrollan. De esta forma conoce más de cerca las expectativas de la gente, sus actitudes y conductas ante determinados estímulos, las situaciones que los llevan a actuar de un modo u otro y la manera de resolver los problemas familiares o de la comunidad.

La observación es un instrumento para producir descripciones. “La observación le ofrece al/la investigador(a) social una manera distintiva de recolectar datos. No se apoya en lo que la gente dice que ellas o ellos hacen, o lo que ellas o ellos dicen que piensan. Es más directa que eso; obtiene la información sobre la evidencia directa ante el ojo que es testigo de los eventos de primera mano. Está basada en la premisa de que, para ciertos propósitos es mejor observar lo que está sucediendo en la realidad.” (Descombe, 2003).

3. Modalidades del registro de información

· No estructurada: Instrumento propio de la observación-interpretativa. En ella el/la observador(a) es el principal instrumento de trabajo, para su ejercicio carece de categorías a priori y por tanto no puede ser cuantificada.
· Estructurada: El objeto de estudio es producto del proceso de observación. Requiere por lo menos de dos observadores por cada observación, lo ideal es contar con tres personas para llevarla a cabo.

3.1 Elementos para realizar una observación estructurada

Una escala de observación contempla los siguientes aspectos:
Ø Concreción del tema objeto de estudio. Toda observación se realiza al interior de un proyecto; corresponde a una tarea específica y busca conocer algo en particular.
Ø Delimitación precisa del problema a estudiar. De este paso se desprende una guía de observación que guiará los pasos de los/las observadores(as).
Ø Definición de objetivos. Definir qué pretendo alcanzar con la observación.
Ø Definición del planteamiento. Debo tener claro desde dónde pretendo observar; es decir, teóricamente desde qué paradigmas estoy observando.
Ø Definición de la observación. Cómo realizaré la observación; encuadrar el lugar realizando un mapa o plano del lugar de observación en el que se ubique el lugar en que se pondrá cada uno de los observadores; determinando tiempo –fecha y hora a seguir– y situación –constancia, variabilidad y simple complejidad de la misma–. También se definirá cómo se anotará la información –registro de los comportamientos observados según la modalidad del registro de información–.
Ø Definición sobre cómo se realizará el análisis –requiere definir los elementos a observar y las categorías en las que se ubicará lo que se ha observado–.
Ø Informe final. En él se debe:
· Analizar los datos, en función del objetivo de la investigación, en busca de la posible existencia de patrones de conducta, análisis de tendencias, etcétera.
· Averiguar las posibilidades de generalización.
· Valorar e interpretar los resultados de acuerdo con el objetivo propuesto.
· Realizar una valoración metodológica.
· Sugerir nuevas investigaciones o campos de trabajo a partir de los resultados del estudio.

Se recomienda que:
· Se planifiquen los pasos y fases necesarias para llevar a cabo la observación, especificando los puntos a tener en cuenta y presentar posibles alternativas de planteamiento.
· Se elaboren diferentes tipos de registro a utilizar en el periodo de la recolección de datos.
· El/la observador(a) registre inmediatamente lo que ha observado y no lo confíe a la memoria.
· La grabadora no sustituya el registro manual.
· Se sea fiel a la textualidad del lenguaje, respetando los modismos propios de los discursos, cuando se hace necesario anotar frases textuales.
· Las/los observadores(as) sean los mismos que realicen las notas ampliadas –comentarios que se escriben en el documento de registro de la observación con posterioridad a la conclusión del tiempo estipulado para ella–.
· Las notas ampliadas sean anotadas antes de las 24 horas siguientes a la observación.

Para el registro de observación, las notas se tomarán de la siguiente manera:
· Comentarios subjetivos se escriben entre paréntesis. Por ejemplo: –la persona parecía estar pensando–.
· Descripciones objetivas se escriben entre barras. Por ejemplo: /hay cuatro mujeres sentadas en el banco M1, M2, M3 y M4/.

4. Metodología de grupos focales o de grupos de discusión

Esta metodología fue originalmente desarrollada por científicos sociales para recolectar datos sobre opiniones, percepciones, conocimiento e intereses de pequeños grupos de individuos acerca de un asunto particular. Involucra preguntar y escuchar dentro del escenario del pequeño grupo, permite a los participantes describir sus experiencias en sus propias palabras. (Glitz, 1998).

Para Delgado y Gutiérrez (1999), el grupo de discusión es una técnica de investigación social que trabaja con el habla. En ella, lo que se dice se asume como punto crítico en el que lo social se reproduce y cambia, como el objeto, en suma, de las ciencias sociales. En toda habla se articula el orden social y la subjetividad. El grupo opera en el terreno del consenso, por cuanto el sentido está dado en la convergencia de los individuos particulares en una topología imaginaria de carácter colectivo. El grupo constituye un dispositivo que permite la re-construcción del sentido social en el seno de una situación –grupal– discursiva.

En el grupo, la conformación de este es provocada por el investigador en la conversación. Cada interlocutor –prescriptor– no es considerado como una entidad, sino como parte del proceso –en la medida en que en el transcurso de la conversación sus partes cambian en la medida en que se moviliza el grupo y las ideas– y todo lo que puede haber de singular no interesa a la investigación, lo que se busca es por el contrario trazar la topología de ese campo de convergencia imaginario.

La conversación es dirigida por el/la observador(a), porque él construye el marco de discusión –el tema– y controla el desarrollo, debido al lugar que ocupa en el grupo y la acción que sobre él ejerce.

Para mayor claridad, quizá sea útil la presentación del grupo de discusión como un recorrido –simulando el que se sigue de hecho en una investigación–, desde su diseño y, aún antes, desde la demanda del cliente, hasta el momento del análisis.

4.1 La técnica del grupo de discusión

En los grupos de discusión participan exclusivamente expertos(as) o técnicos de los temas a tratar. Se considera experto(a), no necesariamente a un(a) profesional de un área específica del conocimiento, sino a cualquier persona cuya experiencia laboral o de vida le permite ser crítico frente a un tema concreto con el cual tiene una relación directa. Su capacidad de contextualizar en escenarios diferentes a su quehacer cotidiano, en consecuencia, le posibilita opinar con propiedad sobre dicho tema.

Toda investigación sociológica, depende como ya lo habíamos dicho de una pregunta. Por lo tanto, hay que partir de una pregunta inicial, la cual se convierte desde ese mismo momento en una dirección de búsqueda –de un vestigio–, y que ayude a ordenar un primer espacio para la mirada y la escucha. Es pertinente reorientar las búsquedas en la medida en que el investigador va capturando información y sentido.

A continuación, se presenta el recorrido del grupo de discusión:

4.1.1 El diseño
Depende de ese primer marco que hemos elaborado a partir de una demanda. Es el momento más arbitrario de la investigación, en el sentido de que precisa del arbitrio de la formación y la experiencia del investigador. El diseño habrá de abarcar los siguientes puntos:

- Número total de grupos “muestra”.
- Variables o atributos que definirán a los participantes en cada uno de ellos.
- Dispersión geográfica de los grupos.

La "muestra" que aquí nos ocupa, no responde a criterios estadísticos, sino estructurales; habitualmente, se emplean variables sociodemográficas –sexo, edad, estatus y población–, conjugadas con atributos pertinentes para el estudio de que en cada caso se trate –que consuman tal o cual producto, o que no lo consuman; que pertenezcan a tal o cual ideología, etcétera.–, y luego nos dedicamos a cruzarlos para configurar cada grupo, probablemente no consigamos sino multiplicar exponencialmente el número de los necesarios.

Partimos pues de las variables –lo visible– para reconstruir la estructura que las sostiene. Aquellas sólo cobran sentido en el interior de ésta: expresan posiciones diferentes –de edad, de sexo, de clase o grupo social, etc.–, que convergen estructuralmente, pues cada grupo ha de re-producir un discurso social y, por ende, común.

Todo grupo individualmente considerado, ha de combinar mínimos de heterogeneidad y de homogeneidad. Mínimos de homogeneidad para mantener la simetría de la relación de los componentes del grupo. Mínimo de heterogeneidad, para asegurar la diferencia necesaria en todo proceso de habla. El límite de la heterogeneidad lo constituyen las relaciones sociales de exclusión –la barra que separa a los agentes sociales–.

4.1.2 El número de actuantes

Depende de lo homogéneo o heterogéneo que queramos su diseño. El número de actuantes por clase, no obedece a ninguna lógica distributiva, sino que se basa en la pertinencia del número para que ese subconjunto de miembros pueda hablar desde su posición de tal subconjunto.

Un grupo ha de estar constituido necesariamente por más de dos miembros (Ibáñez, 1979); dos no constituyen grupo, sino una relación especular. En tres actuantes tendríamos un grupo embrionario: las diferencias entre dos miembros se articulan sobre el tercero; pero exige que ninguno de los participantes se inhiba o quede excluido. Más de nueve dificulta la participación real de la totalidad del grupo.

La experiencia del investigador juega también aquí un papel importante: para la determinación del número de miembros hay que contar con la relación entre el tema y los actuantes. Un investigador experimentado sabe que, si el tema es de carácter público –tomemos de nuevo el ejemplo de un estudio sobre la situación política–, un grupo de jóvenes obreros –que se perciben a sí mismos como despojados del saber– ofrecerá una dinámica lenta y costosa, obligando al prescriptor a intervenir en exceso. El caso contrario lo tendríamos, por ejemplo, en un grupo de profesionales que hubiera de abordar el mismo tema. Este hipotético(a) investigador(a) preferirá, entonces, contar con un grupo de jóvenes obreros de tamaño superior al de un grupo de profesionales. El primero podría aproximarse al límite superior; el segundo al inferior.

4.1.3 Fase de campo

Realizado el diseño, se entra en la fase de campo, que en la investigación con grupos responde básicamente a los aspectos "logísticos" y a la captación o selección de los individuos participantes.

La captación o convocatoria de los grupos, suele ser competencia de personal profesionalizado. Se sugiere que los participantes no se conozcan entre sí –para evitar la preexistencia de producción del texto–, por lo que lo ideal es utilizar las redes sociales reales –amigos, vecinos, parientes, entre otros–, diversificándolas.

Entre el/la investigador(a) y los participantes en los grupos hay una relación de contraprestación. Los segundos producen un texto que es objeto para el investigador. A cambio suelen recibir una prestación económica.

Todo espacio físico es, inmediatamente, significante. Podría hacerse, así, una semiología del espacio. Los grupos de discusión suelen realizarse en las salas de las empresas de investigación; en salas privadas existentes al efecto y que se alquilan por horas o días a los investigadores; o en hoteles.

Cada espacio produce efectos sobre el desenvolvimiento del grupo, por lo que es necesario borrar en aquel toda marca que pueda operar como marco, consciente inconsciente, del grupo. Los tres tipos señalados más arriba ofrecen un marco neutro –son espacios no marcados– en el contexto de la investigación social o de consumo habitual.

Dentro del local, en la sala en que se va a celebrar la reunión, la disposición del espacio y de sus componentes –mesas y sillas, fundamentalmente– posee también un valor significante.

Por ejemplo, la existencia misma de una mesa potencia el grupo de trabajo –la dimensión de trabajo del grupo de discusión–, e inhibe el grupo básico –digamos, simplificando la dimensión placentera vinculada al acto de "consumir" la relación grupal misma–.

El texto producido por los grupos de discusión es registrado en cinta magnetofónica o en video. Esto permite la trascripción de los componentes lingüísticos –se pierden los prosódicos–, del registro magnético. Cuando se realiza una grabación de audio se hace necesario elaborar una planilla que junto con un orden de toma de palabra permite seguir en la trascripción dicho orden. (Ver ejemplo de la guía de anotación a continuación).

El vídeo registra también los componentes secundarios kinésico –el cuerpo como medio de comunicación– y proxémico –relación con el espacio físico–. En determinadas ocasiones, permiten reconstruir el sentido de algunas locuciones que, de otro modo, permanecería oscuro.
El registro cumple dos funciones: por un lado, recoge el texto en toda su extensión y literalidad, de modo que el análisis pueda operar sobre este material bruto, sin ningún filtro intermedio. Por otro lado, viene a objetivar la dimensión de trabajo del grupo –el texto se produce como objeto para otro–.

La duración de un grupo de discusión es siempre un efecto de puntuación del prescriptor. Este inaugura el tiempo del grupo al exponer el tema del que quiere que se hable. El grupo muere –acaba su tiempo–, cuando el prescriptor decide que han sido suficientemente cubiertos los temas para cuya discusión había sido constituido.
Este tiempo es variable. Depende de la dinámica particular de cada grupo y del tema a tratar, lo que equivale a decir que depende del tipo de estudio y del grado de "cristalización" del discurso.

4.1.4 La dinámica del grupo de discusión
La intervención inicial. Los/las participantes tendrán a su debido tiempo el uso de la palabra, pero ésta se halla sujeta –preescrita– al prescriptor, que se la concede, que enuncia el encuadre técnico, el marco temático, y que opera sobre su producción a lo largo de la reunión.

Hay, por tanto, varios momentos lógicos en el proceso inicial de constitución del grupo, pero todos ellos se dan de una vez y como un todo en la intervención inicial del prescriptor. Una intervención inicial tipo, podría ser algo como lo que sigue:

Buenas tardes. Antes de comenzar quería agradecerles su asistencia. Les hemos convocado para hablar del consumo de alcohol; estamos llevando a cabo una investigación sociológica sobre este tema, y para ello estamos realizando diversas reuniones como ésta, en las que se trata de que ustedes discutan sobre el tema, como en una mesa redonda, abordándolo inicialmente desde la perspectiva que les parezca más relevante u oportuna. Después iremos concretando los diversos aspectos que vayan apareciendo espontáneamente y otros de interés para el estudio. Como comprenderán, para esta investigación es de capital importancia que sometan a discusión aquí sus opiniones, y que comenten todo cuanto se les ocurra sobre este tema del alcohol.

En esta intervención inicial, tenemos ya todos los componentes mencionados:

Inicialmente el tema se ha enunciado de modo muy general.
Obsérvese que el prescriptor de este hipotético estudio habla de "tema", término que repite varias veces, no porque su léxico carezca de los sinónimos adecuados, sino para evitar introducir la idea explícita o implícita de "problema". Será el discurso quien decida si el tema es o no un problema.

Luego, el encuadre técnico investigativo se ha realizado de un modo conciso, pero suficiente. La técnica es de la incumbencia del técnico y no se ha de implicar al grupo en exceso en sus razones y procedimientos.

El encuadre[1] es importante para “calmar inquietudes” de los/las participantes:
Ø Porque verbaliza y hace explícitas las preguntas que los participantes se hacen sobre la situación.
Ø Sale al paso de algunas posibles “prevenciones” que los participantes no se atreven a manifestar.
Ø En definitiva tiende, mediante información objetiva, a evitar “ruidos” en la participación de los componentes del grupo. Les ayuda a situar al técnico y a situarse con respecto a él.

Deben tenerse en cuenta los siguientes contenidos para el encuadre:
Ø El/la investigador(a) se presenta.
Ø Explica qué es lo que se va a hacer: cuál es su objetivo y su función.
Ø Explica cómo se va a hacer
Ø Qué espera de los participantes
Ø Cuáles son las reglas de participación
Ø Explica la función de los magnetófonos, micrófonos, cámaras de vídeo, etc. Si hay observadores en la sala los presenta como tales.
Ø Señala la duración que va a tener el grupo.

El tono cómo se dice es importante, porque marca el estilo de relación con el que el/la investigador(a) quiere trabajar.

Finalmente, hay un tercer aspecto fundamental: la evidencia de la contraprestación con el grupo, que comienza con el agradecimiento por la asistencia, y se retoma más adelante al hacerles ver la importancia de sus opiniones para el buen curso de la investigación.

Cuando el prescriptor –facilitador del grupo de discusión– concede valor a la palabra del grupo, se coloca del lado de la escucha de una palabra que se convertirá en saber en el análisis. Por grande que sea el conocimiento previo que el investigador posea sobre un tema determinado, no sabe. Y no sabe porque de lo que ha de saber es del texto que allí habrá de producirse. Y si no se ha producido, aún no sabe.

En este sentido, el prescriptor no puede querer situarse por encima del grupo y ocupar el lugar del saber, teorizando en exceso sobre la técnica o sobre el material lingüístico que el grupo vaya produciendo –por ejemplo, interpretando constantemente–.

4.1.5 La convergencia en la estructura del sentido
A partir de ese momento inicial, el grupo tendrá que configurarse en la palabra, esto es, haciendo converger cada uno de los decires individuales en el sentido social. Esto, naturalmente, no se produce sin algún titubeo. Esta dinámica puede describirse aproximadamente de la manera siguiente:

Al prescriptor se le pide que dirija la conversación, que formule preguntas o que imponga un turno si nadie se atreve a tomar la palabra3. Pero aquel rehusa la dirección formal y explícita de la discusión –mantiene, como es obvio, su posición asimétrica: negándose a aquello, reafirmará su dirección sobre el recorrido por el que el grupo transite–. De este modo, el grupo queda instituido como espacio de habla. El grupo debe converger en el grupo.

Este suele ser el momento que más teme el prescriptor novato, que se angustia porque teme al silencio que suele seguir. Para romper la angustia habrá de tomar la palabra.

Si quien toma la palabra se dirige al prescriptor, en busca de aprobación, éste no corresponderá a la demanda. Para el investigador no existe lo verdadero, ni lo falso en el texto que el grupo produce. Supongamos una respuesta primera que, después, pide verificación sobre su pertinencia –"¿es de esto de lo que quiere que hablemos?"–, el prescriptor no lo verificará, sino que devolverá la pregunta al grupo, para que sea este el que juzgue sobre su pertinencia estructural.

A partir de este momento, cada miembro del grupo girará hacia el centro. Las hablas individuales tomarán como centro al propio grupo. Las diversas opiniones se verificarán y recuperarán en ese espacio. El grupo comienza a caminar al cerrarse sobre sí mismo.

4.1.6 ¿De qué modo intervine el prescriptor durante la sesión?
En primer lugar, ha de continuar operando como motor del grupo. Esto implica que ha de fomentar las relaciones simétricas, la igualdad de los miembros.

En segundo lugar, interviene como testigo del encuadre, no permitiendo que las hablas vaguen por caminos ajenos a él. Esto permite re-situar al grupo en la dimensión de trabajo –errar es propio del componente básico del grupo–, lo que ha de hacerse, sin dejar de valorar su palabra.

Por último, interviene en los nudos del discurso. Bien requiriendo que se completen determinados argumentos, bien, señalando aquellas contradicciones en el texto que el grupo no aborde espontáneamente.

Todas estas intervenciones tienen también su regla formal. Deben hacerse mediante enunciados que no hagan presente la subjetividad del investigador, que en el grupo ha de ser antes que un sujeto –que posee su propio deseo, sus opiniones, sus creencias, etcétera–, una función.

Bibliografía

Allen, George y Urrain, Field Research: a Sourcebook and Field Manual, London, 1982.

Black, A. y Crann, M., A Mass Observation of the Public Library. London: The Library and Information Commission, 2000.

De Ketele, J. M., Observar para educar, Visor, Madrid, 1984.

Delgado, Juan Manuel y Gutiérrez, Juan, Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales, Editorial Síntesis, Madrid, 1999.

Descombe, M., The Good Research Guide. For Small-Scale Social Research Projects. 2da edición, Maidenhead, Gran Bretaña: Open University Press, 2003.

Glitz, B., Hamásu, C. y Sandstrom, H., “The Focus Group: a Tool for Programme Planning, Assessment and Decision –Making– an American View”, Health Information and Libraries Journal, No. 18, pp. 30-37, 2001.

Glitz, B., Focus Groups for Libraries and Librarians. New York: Forbes, 1998. Cited in: Glitz, B., Hamásu, C. y Sandstrom, H. “The Focus Group: a Tool for Programme Planning, Assessment and Decision –Making –an American View”, Health Information and Libraries Journal, No. 18, pp. 30-37, 2001.

Goetz, J. P. y Lecompte M. D., Etnografía y diseño cualitativo de investigación educativa, Morata, Madrid, 1988.

Holt, Reinhardt y Winston, Participant Observation, Bogdan,1979.

Ibáñez, J., Más allá de la Sociología. El grupo de discusión: Teoría y Crítica. Editorial siglo XXI, Madrid, 1979.

Schwartz. J. y Jacobs, L., Sociología cualitativa, método para la reconstrucción de la realidad, Trillas, México, 1984.

Torres, J., "La evaluación cualitativa en educación", Aldaba, No. 7, Centro Asociado, Melilla, pp. 47-60, 1988.

Velandia Mora, Manuel Antonio, La Categorización, Pontificia Universidad Javeriana, maestría en educación, Bogotá, 2002.

Velandia Mora, Manuel Antonio, Módulo de metodología de la investigación, Universidad Cooperativa de Colombia, Especialización en Docencia Universitaria modalidad virtual, Bogotá, 2003.

Woods, P., La escuela por dentro: la etnografía en la investigación educativa, Paidós/mec, Barcelona, 1987.

http://www.tecnicasdegrupo.com/articulos/que_observar_1.asp

[1] http://www.tecnicasdegrupo.com/articulos/que_observar_1.asp
3 Delgado, Juan Manuel y Gutiérrez, Juan, Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales, Editorial Síntesis, Madrid, 1999.

Del bombillo rojo a otras señales en la discriminación

Manuel Velandia Mora
05.08.05

En 1980, en el Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia propusimos, discutimos y generamos acciones para la despenalización de la homosexualidad en Colombia, que se hizo vigente en Código Penal de 1981.

Antes de esto, la homosexualidad era delito. Era frecuente que miembros de la policía llegaran a los lugares comerciales ofertados para el encuentro de las minorías sexuales, y aun cuando quienes allí nos encontrábamos no estábamos teniendo relaciones sexuales, éramos molestados, otros agredidos e inclusive conducidos a las afueras de Bogotá, por ejemplo cerca a Monserrate, desnudados y bañados con agua fría, o también conducidos en camiones a las comisarías en donde se nos obligaba a permanecer durante toda la noche y parte de la mañana siguiente. Para evitar ciertas agresiones, en los bares se colocaba un bombillo rojo que se encendía cuando iban a ingresar los miembros de la policía. Si este se iluminaba, todos dejábamos de bailar, nos sentábamos juiciositos a charlar y hasta nos tomábamos de la mano con nuestras cómplices lesbianas.

Actualmente, este tipo de violencias son esporádicas, sin embargo, los dueños de algunos lugares y los clientes suelen quejarse del abuso de autoridad del que suelen ser victimas. Si leemos detenidamente el Código de Convivencia Ciudadana, denominado por algunos como “Código de Policía”, cuyo objeto es regular el ejercicio de los derechos y libertades ciudadanas de acuerdo con la Constitución y la Ley, con fines de convivencia ciudadana, y establecer reglas de comportamiento para ella que deben respetarse en el Distrito Capital de Bogotá, encontramos que se instauran las competencias y deberes de cada una de las Autoridades de Policía en la ciudad y de los ciudadanos y ciudadanas.

Entre esos deberes no está maltratar a quienes pertenecen a una minoría sexual. Precisamente en el Artículo 37.- sobre el “Respeto por las diferencias” se lee: La convivencia ciudadana se sustenta en el reconocimiento y el respeto por la diferencia y la diversidad, en un plano de libertad, de igualdad ante la ley y de solidaridad, dentro del marco de la vida en sociedad. Por esta razón, deben ser respetados por las demás personas todos aquellos que asumen conductas diferentes no lesivas para los demás, por necesidad o por libre voluntad, y a su vez, ellos deberán ajustarse a las reglas distritales de convivencia ciudadana.

Una reflexión que me hago es: ¿en qué se sustentan los miembros de la policía para abusar de la autoridad? Pareciera ser que en el encuentro con algunos policías surgiera una emocionalidad en la que tanto ellos como algunos miembros de las minorías sexuales parecieran comprender al otro como “enemigos en potencia”. Este mutuo rechazo, inclusive manifiesto previo al encuentro, genera una actitud en la que la presencia del otro es el punto de partida de una agresión.

Hace poco, estando en la calle caminando a eso de las once de la noche, un policía me exigió que le mostrara mis documentos de identidad. Al pedirme que me parara, para requisarme me golpeó con su bota entre las piernas y me preguntó, burlonamente, si yo era roscón. Yo, que tengo claro qué soy, le dije amablemente que si se refería a si yo era homosexual. Él contestó que sí; yo pasé a explicarle que roscón es una comida y que lo mío es una orientación sexual cuya expresión vivencio en la intimidad, y que no entendía la razón de su pregunta puesto que el código de convivencia de la ciudad planteaba el respeto como principio de la relación ciudadano-autoridad. Él me ofreció excusas por la pregunta y se despidió amablemente de mí. Unos metros más adelante otro policía requisó a otro hombre homosexual. Éste se resistió y fue conducido a un auto patrulla…

Creo que la convivencia requiere de ciertas reflexiones sobre el poder, la tolerancia y el respeto, y que los homosexuales deberíamos solicitar el espacio para hablar con las autoridades competentes en un clima de distensión en el que podamos encontrar soluciones a nuestros conflictos. Yo me ofrezco a crear el espacio y considero que no se debe esperar a ser elegido concejal para lograrlo. Esparte de nuestro derecho, ya que según el código, nuestro sentido de pertenencia a la ciudad debe llevarnos a la confianza como fundamento de la seguridad y a la solución de los conflictos mediante el diálogo y la conciliación.